Yo iba a escribir un mensaje parecido al tuyo, después de hacer un viaje por Alemania de 1500 km en Baviera.
He visto niños solos ir en bici, alguno le calculo 4 años, por las calles de los pueblos, porque cuando son pueblos pequeños que no tienen carril bici ni acera para caber la bici hay que ir por la calle, pero los automovilistas tienen mucho respeto a las bicis...y los niños saben circular porque se les enseña.
Ha habido cosas que me han extrañado por no estar acostrumbrada a verlas:
- El máxino respeto de los peatones a la bici, siempre tienen en cuenta que puede venir una bici, están alerta, van por la orilla y sobre todo no se paran en medio de la acera o en medio del carril bici y de los ciclistas a los peatones.
- Cuando pasas con la bici y hay un perro, muchos metros antes, el dueño se pone entre el ciclista y el perro, desvía al perro fuera del camino del ciclista, coge al perro del collar para que no se mueva y, hasta que no los has ampliamente rebasado, no lo suelta. Que lección!!
- Mujeres en pandilla ( 3-6) mayores de 60 años que iban de cicloturistas, mujeres mayores solas de viaje, abuela-madre-hija todas en bici, matrimonios jubilados cicloturistas, personas con bastón pleglable en la cesta, varios jóvenes con una férula puesta en la rodilla, personas minusválidas físicas en triclicos, triclicos movidos por los brazos, señales para los ciclistas y hasta un conjunto de músicos jubilados que viajaban con sus guitarras y con el equipaje y hacian esto todos los años...
Creo que es muy importante que la esfera política se empeñe con la bici, con el espacio de los peatones en conquirtar la calle, así como otras medidas para respetar la naturaleza (no bolsas plásticos ni envases no reclicables), mientras esto no se haga, seguiremos estando subdesarrollados
Perdonad el tocho que he escrito, pero no me he podido resistir...
Salud
Alicia
De: juansansm <juansansm@...>
Para: biciconmotor@yahoogroups.com
Enviado: viernes, 29 de agosto, 2008 14:15:49
Asunto: [biciconmotor] Recomendable experiencia familiar de turismo en bicicleta en Berlín
Hola compañeros
Quiero explicaros mi experiencia ciclista en Berlín, donde he estado
unos días con mi mujer y mis dos hijitas, quienes van a cumplir 2 y
5 años.
Hay que decir para empezar, y comprender mejor lo que voy a
comentar, que ¡Berlín es enorme! Tiene vastos espacios para todo,
con grandes plazas, cada una de las cuales difícilmente se pueden
recorrer en menos de varios minutos por adultos. Berlín cuenta
también con avenidas muy largas. E, igualmente, también hay zonas de
parques, ríos y lagos… muy extensas, con amplias áreas sin
restaurantes ni servicios. Lo cierto es con dos niñitas, al
principio, se nos hizo una experiencia verdaderamente agotadora y
durísima. Tras más de dos horas diarias de preparativos para salir
de casa, y otra hora más en metro para cruzar la ciudad, al llegar a
un sitio apenas avanzábamos 100 metros más con respecto al día
anterior. ¡Casi no salíamos de Alexanderplatz! Con esas distancias
tan extensas, y los pises, las cacas, el hambre, el cansancio y la
siestecilla de la pequeña, la normal envidia de la mayor por ejemplo
a ir en el carro y las demás interrupciones múltiples no
avanzábamos. A menudo, teníamos que retroceder…, y vuelta a empezar.
Esta situación nos llevó a plantearnos e incluso comenzar a asumir
que tal vez un viaje así, con niñas tan pequeñas, era un desperdicio
de energía, tiempo y dinero. Sobre todo, un esfuerzo tremendo,
alejado del descanso que deben ofrecer unas auténticas vacaciones.
La verdad es que, dados nuestros problemas, especialmente de
movilidad, yo sufría viendo continuamente ciclistas incluso con
niños en sillas y carritos… Así que, lógicamente, vi ahí nuestra
única posibilidad de salvación. Dicho y, tras un cierto trecho,
hecho: pude convencer a mi mujer (lo cual de entrada -al menos con
los parámetros de Madrid-) me hubiera parecido muy difícil, y
alquilamos dos bicis con sillitas de bebé (sillas, regulables, más
cómodas que aquí, y reclinables) . Y ¡por fin pudimos llegar a todos
los sitios a los que aspirábamos!
¡El viaje realmente cambió de color! Y a partir de entonces fue
otro. Nos recorrimos toda la ciudad, alguna zona de los alrededores
con paisaje campestre y lagos e incluso una histórica ciudad
cercana, Postdam. Siempre hacíamos nuestro recorrido a un ritmo
tranquilísimo, unos 15 Km. diarios, pero nunca teníamos que
retroceder para conseguir, por ejemplo, un cuarto de baño o un
restaurante, porque siempre podíamos llegar a otros con facilidad.
El centro de Berlín, que se extiende sobre unos 12 Km. de longitud
de punta a punta (distancia nada despreciable, y que ni hubiéramos
soñado en poder hacerlo andando con las niñas), lo recorríamos sin
dificultad y, encima, disfrutando…
La verdad es que era una gozada, un paraíso para el aficionado a la
bici en ciudad. La ciudad está preparada para la bici. Más que eso,
está prediseñada para las bicis, exactamente igual que para los
coches y para los peatones. Los carriles bicis o equivalentes
existen en muchísimas calles y avenidas por las que fuimos. Las
aceras, además, están convenientemente rebajadas para que puedas
bajar y subir a ellas sin siquiera notarlo. En todas las estaciones
de tren y del metro había zonas para bicis, aparcamientos en casi
todas las tiendas, no digamos en supermercados; un ejemplo, los
ascensores del metro eran para personas con discapacidad, carritos y
¡bicicletas! Sí, habéis entendido bien, os lo resumo: EN VEZ DE
PROHIBICIONES, VERDADERA PROMOCIÓN DE LA BICICLETA. Otro ejemplo:
en la cercana ciudad de Postdam, había obras y los carriles bici
eran desviados, pues bien, no había que dar un solo salto de
bordillo pues habían puesto alquitrán en todos los bordillos de los
desvíos de las vías ciclistas; ¡ojo, sólo provisionalmente mientras
se hacían las obras!
En las zonas campestres de las afueras, con lagos y paseos repletos
de árboles -que les encantaban a las niñas-, también disfrutábamos
del mismo privilegio. Los lagos están rodeados de vías para peatones
y ciclistas, con piraguas, veleros, bañistas, excursionistas,
ciclistas… Donde todo está muy limpio y es muy silencioso, parece
una película. ¡No vimos ni oímos un solo quad o moto por las zonas
menos urbanas! ¡Qué diferencia con algunas zonas de aquí!
El hecho de que a mí me fascinara el turismo en bici parece lógico y
hasta podía ser más que previsible. Pero la moraleja que intento
aportar es que una afición similar se puede llegar a sentir por
otras personas, que, en principio, no tienen ninguna predisposició n
para ello. El dato de que este viaje en bici les encantara a mis
hijas y a mi mujer me parece lo más destacable, sobre todo cuando a
mi mujer ni siquiera le gusta especialmente ir en bici. Estoy
intentando conocer plenamente el quid de por qué la bicicleta le
pareció tan atractiva allí. Entiendo que no es sólo por un motivo,
sino por una serie de ellos: Berlín es totalmente llano; hay
carriles bici por doquier; hay todas las facilidades del mundo para
aparcar las bicis y a su vez para transportarlas; los ciclistas son
respetados y protegidos; la bici es un medio de transporte utilizado
por un porcentaje, que aunque sea relativamente pequeño, es muy
significativo en la ciudad y es continuo el paso de ciclistas… Un
detalle que me parece importante, en este sentido, es que, en la
cuestión de la movilidad ciclista, entendiendo que mi mujer, es
muchísimo más representativa del ciudadano medio que yo, ella
considera que sólo irá en bici en una ciudad si está llena de vías
ciclistas, ajenas a los coches, en las cuales éstos no puedan
meterse; esta concepción se acentúa más aún si cabe al llevar en la
bici a su hijita de dos años.
En fin, lo cierto es que hemos decidido que en los próximos años, si
visitamos una ciudad europea mientras las niñas todavía sean
pequeñas, será una ciudad con gran movilidad ciclista y protección
del transporte en bici.
En este caso sí se puede decir que siento una sana envidia,
¿verdad?: es obvio que me alegro infinitamente de esos logros, a la
vez que me da pena el que no los podamos disfrutar nosotros aquí.
¡Qué se le va a hacer! Habrá que ser constructivos. Intentamos ir
consiguiendo cosas aunque vayamos muy despacio…
Un abrazo
Juan San Segundo