Este correo va sin archivo adjunto, les envio varios textos de historias de Navidad, algunas son un poco tristes pero sirven para que en estas fechas tan especiales hagamos un alto en nuestro camino y reflexionemos un poco
Estas historias tambien estan publicadas en la pagina
Cordialmente
Juan Mendizabal
Entre Ríos - Argentina
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DOS BEBES EN EL PESEBRE
En 1994 dos americanos respondieron una invitación que les hiciera llegar el Departamento de Educación de Rusia, para enseñar moral y ética en las escuelas
públicas, basada en principios bíblicos., Debían enseñar en prisiones, negocios, el departamento de bomberos, de la policía y en un gran orfanato.
En el orfanato había casi 100 niños y niñas que habían sido abandonados, y dejados en manos del Estado. De allí surgió esta historia relatada por los mismos visitantes:
En el orfanato había casi 100 niños y niñas que habían sido abandonados, y dejados en manos del Estado. De allí surgió esta historia relatada por los mismos visitantes:
Se acercaba la época de las fiestas de 1994, los niños del orfanato iban a escuchar por primera vez la historia tradicional de la Navidad. Les contamos acerca de María y José llegando a Belén, de cómo no encontraron lugar en las posadas, por lo que debieron ir a un establo, donde finalmente el niño Jesús nació y fue puesto en un pesebre.
A lo largo de la historia, los chicos y los empleados del orfanato no podían contener su asombro. Algunos estaban sentados al borde de la
silla tratando de captar cada palabra. Una vez terminada la historia, les dimos a los chicos tres pequeños trozos de cartón para que hicieran un tosco pesebre. A cada chico se le dic un cuadradito de papel cortado de unas servilletas amarillas que yo había llevado conmigo. En la ciudad no se podía encontrar un solo pedazo de papel de colores.
Siguiendo las instrucciones, los chicos cortaron y doblaron el papel cuidadosamente colocando las tiras como paja.
Unos pequeños cuadraditos de franela, cortados de un viejo camisón que una señora americana se olvidó al partir de Rusia, fueron usados para hacerle la manta al bebé. De un fieltro marrón que trajimos de los Estados Unidos, cortaron la figura de un bebé.
Mientras los huérfanos estaban atareados armando sus pesebres, yo caminaba entre ellos para ver si necesitaban alguna ayuda. Todo fue bien hasta que llegué donde el pequeño Misha estaba sentado. Parecía tener unos seis años y había terminado su trabajo. Cuando miré el pesebre quedé sorprendido al no ver un solo niño dentro de él, sino dos. Llamé rápidamente al traductor para que le preguntara por qué había dos bebes en el pesebre. Misha cruzó sus brazos y observando la escena del pesebre comenzó a repetir la historia muy seriamente.
Por ser el relato de un niño que había la historia de Navidad una sola vez estaba muy bien, hasta que llegó la parte donde María pone al bebé en el pesebre. Allí Misha empezó a inventar su propio final para la historia, dijo: "Y cuando María dejó al bebé en el pesebre, Jesús me miró y me preguntó si yo tenía un lugar para estar.
Yo le dije que no tenía mamá ni papá y que no tenía un lugar para estar. Entonces Jesús me dijo que yo podía estar allí con El. Le dije que no podía, porque no tenía un regalo para darle. Pero yo quería quedarme con Jesús, por eso pensé qué cosa tenía que pudiese darle a El como regalo; se me ocurrió que un buen regalo podría ser darle calor.Por eso le pregunté a Jesús: Si te doy calor, ¿ese sería un buen regalo para ti? Y Jesús me dijo: Si me das calor, ese sería el mejor regalo que jamás haya recibido. Por eso me metí dentro del pesebre y Jesús me miró y me dijo que podía quedarme allí para siempre."
Cuando el pequeño Misha terminó su historia, sus ojitos brillaban llenos de lágrimas empapando sus mejillas; se tapó la cara, agacho la cabeza sobre la mesa y sus hombros comenzaron a sacudirse en un llanto profundo. El pequeño huérfano había encontrado a alguien que jamás lo
abandonaría ni abusaría de él. ¡Alguien que estaría con él para siempre! Y yo aprendí que no son las cosas que tienes en tu vida lo que cuenta, sino quienes tienes, lo que verdaderamente importa.
Las zapatillas doradas
Faltaban sólo cuatro días para Navidad. Aún no sentía el espíritu de la ocasión, a pesar de que el parqueadero de la tienda de descuentos estaba repleto. Dentro de la tienda era peor. Los carros de compras y los clientes de última hora causaban atascos en los pasillos.
¿Para qué vine hoy a la ciudad? Me pregunté. Los pies me dolían casi tanto como la cabeza. Tenía una lista de varias personas que decían no querer nada, pero yo sabía que se quedarían ofendidas si no les compraba algo.
Comprar regalos no tenía nada de entretenido para mí. Estaba comprando para gente que tenía de todo, y los precios eran exorbitantes.
Llené mi carro de compras a toda prisa con esas cosas de último momento y me dirigí a las cajas. Escogí la que tenía la fila más corta, pero tendría que esperar al menos veinte minutos para llegar a la caja.
Delante de mí había un niño y una niña. El niño tenía unos cinco años y la niña era un poco menor. Él llevaba un abrigo harapiento y unos tenis viejos y enormes que sobresalían debajo de unos pantalones que le quedaban muy cortos. En sus manos, que estaban muy sucias, tenía varios billetes de un dólar todos arrugados.
La ropa de la niña se parecía a la de su hermano. Su cabeza era una maraña de pelo ondulado. En la cara se le veían restos de la cena. Llevaba en las manos un hermoso par de zapatillas doradas para la casa. Se oía música navideña en el equipo de sonido del almacén y la niñita tarareaba feliz y desafinadamente.
Cuando llegamos a la caja, la niña puso los zapatos con mucho cuidado sobre el mostrador. Los sostenía como si se tratara de un tesoro. La cajera marcó la cuenta.
—Son seis dólares con nueve centavos —dijo.
El niño puso sus billetes arrugados sobre el mostrador mientras buscaba más en los bolsillos de su pantalón. Consiguió reunir 3 dolares con 12 centavos.
—Supongo que tendremos que devolverlas —dijo valientemente. Volveremos después, quizá mañana.
En cuanto oyó eso, la niña dijo con un leve sollozo:
—Pero a Jesús le habrían encantado esas zapatillas.
—Bueno, volveremos a casa y trabajaremos un poco más. No llores, volveremos después —le aseguró su hermano.
En ese instante le pasé tres dólares a la cajera. Esos niños habían esperado un largo rato en la fila, y a fin de cuentas, era Navidad.
De repente un par de brazos me rodearon y una vocecita exclamó:
—Muchas gracias, señora.
—¿A qué te referías cuando dijiste que a Jesús le habrían gustado esos zapatos? —pregunté.
El niño respondió:
—Nuestra mamá está enferma y se va a ir al Cielo. Papá dijo que es posible que se vaya a vivir con Jesús antes de Navidad.
La niña añadió:
—En la escuela dominical, mi profesora me dijo que las calles del cielo son doradas, como estas zapatillas. ¿No le parece que mi mamá se vería hermosa caminando por esas calles con zapatos del mismo color?
Los ojos se me aguaron al fijarme en la carita manchada por las lágrimas.
—Sí —le respondí—, no me cabe duda.
En ese momento le agradecí a Dios en silencio que se valiera de esos niños para recordarme lo que significa dar.
¿Para qué vine hoy a la ciudad? Me pregunté. Los pies me dolían casi tanto como la cabeza. Tenía una lista de varias personas que decían no querer nada, pero yo sabía que se quedarían ofendidas si no les compraba algo.
Comprar regalos no tenía nada de entretenido para mí. Estaba comprando para gente que tenía de todo, y los precios eran exorbitantes.
Llené mi carro de compras a toda prisa con esas cosas de último momento y me dirigí a las cajas. Escogí la que tenía la fila más corta, pero tendría que esperar al menos veinte minutos para llegar a la caja.
Delante de mí había un niño y una niña. El niño tenía unos cinco años y la niña era un poco menor. Él llevaba un abrigo harapiento y unos tenis viejos y enormes que sobresalían debajo de unos pantalones que le quedaban muy cortos. En sus manos, que estaban muy sucias, tenía varios billetes de un dólar todos arrugados.
La ropa de la niña se parecía a la de su hermano. Su cabeza era una maraña de pelo ondulado. En la cara se le veían restos de la cena. Llevaba en las manos un hermoso par de zapatillas doradas para la casa. Se oía música navideña en el equipo de sonido del almacén y la niñita tarareaba feliz y desafinadamente.
Cuando llegamos a la caja, la niña puso los zapatos con mucho cuidado sobre el mostrador. Los sostenía como si se tratara de un tesoro. La cajera marcó la cuenta.
—Son seis dólares con nueve centavos —dijo.
El niño puso sus billetes arrugados sobre el mostrador mientras buscaba más en los bolsillos de su pantalón. Consiguió reunir 3 dolares con 12 centavos.
—Supongo que tendremos que devolverlas —dijo valientemente. Volveremos después, quizá mañana.
En cuanto oyó eso, la niña dijo con un leve sollozo:
—Pero a Jesús le habrían encantado esas zapatillas.
—Bueno, volveremos a casa y trabajaremos un poco más. No llores, volveremos después —le aseguró su hermano.
En ese instante le pasé tres dólares a la cajera. Esos niños habían esperado un largo rato en la fila, y a fin de cuentas, era Navidad.
De repente un par de brazos me rodearon y una vocecita exclamó:
—Muchas gracias, señora.
—¿A qué te referías cuando dijiste que a Jesús le habrían gustado esos zapatos? —pregunté.
El niño respondió:
—Nuestra mamá está enferma y se va a ir al Cielo. Papá dijo que es posible que se vaya a vivir con Jesús antes de Navidad.
La niña añadió:
—En la escuela dominical, mi profesora me dijo que las calles del cielo son doradas, como estas zapatillas. ¿No le parece que mi mamá se vería hermosa caminando por esas calles con zapatos del mismo color?
Los ojos se me aguaron al fijarme en la carita manchada por las lágrimas.
—Sí —le respondí—, no me cabe duda.
En ese momento le agradecí a Dios en silencio que se valiera de esos niños para recordarme lo que significa dar.
Helga Schmidt
Un gran cuento de navidad
Nunca ha habido un hombre mas avaro que el señor Scrooge.Su oficio era de el prestamista. Y a las pobres gentes les quitaba todas sus posecuines cuando no podian devorveselos. Ademas, odia la navidad.Por eso aquel 24 de diciembre, cuando oyo a unos niños q cantaban villacincos , abrio la ventana del despacho y amenazandolos con su baston, les grito: - ¿Largo de aqui1 - ¡Feliz Navidad, señor! - Dijeron los niños. -¡BAH! - ESCLAMO Scrooge-. ¡paparruchas!. Mientras tanto su empleado, el pobre Bob Cratchit, pasaba un frio terrible, porque Scrooge no queria gastarse ni un centavo en calefaccion. Aun asi, Bob estaba contento, por que era el dia de Noche Buena. Y aunque apenas ganaba dinero para mantener a su mujer y a susu cinco hijos, pensaba celebrarlo todos juntos.Pero aquella nochele esperaba a Scrooge muchas sorpresas. La primera la tuvo al llegar asu casa. cuando vio que el llamador de su puerta se convertia por un momento en la cara de su difunto socio Jacobo Marley que habia sido un tipo tan miserable como el propio Scrooge.¡Es imposible! - penso el avaro- Mi socio murio tal dia como hoy hace siete años. ¡Esto debe ser una alucinacion! Pero nada mas meterse ala cama a Scrooge le parecio oir que se arrastraba por la casa una pesada cadena - HO dios- esclamo- ¡debo tener fiebre! Sim embargo su rostro cambio de dolor cuando un espectro atraveso la pared y se presento ante el . ¡Era el fantasma de Marley! Y arrastraba una larga cadena formada por cajas de caudales y libros de contabilidad. ¿Que quieres ? pregunto Scrooge - Ayudarte - dijo el espectro - ayudarte para qno te ocurra lo q ami y te condenes a una cadena como esta. ¿Y como vas a hacerlo ?N o lo hare yo si no tres espiritus q te visitaran. Adios y buena suerte. Aquella misma noche Scrooge tuvo la primera visita. - Soy el espiritu de las Navidades pasadas - se ´presento el espectro- Y voy a llevarte a traves del tiempo para que comtemples algunas Navidades de tu vida. Dicho esto, Scrooge y el espiritu volaron por el aire. Y casi al momento el avaro pudo verse asi mismo cuando era niño y participaba de la alegria de la fiesta. Scrooge se acordo de los pobres niños a los que habia amenazado esa mañana y se arrepintio. Despues visitaron una navidad en la que Scrooge fue muy feliz . E n aquella epoca era joven y estaba enamoradao de la hija de su patron. - Que bueno era mi jefe - ¡Y cuanto yo queria asu hija! -exclamo- Pero entonces recordo dos cosas: Que su avaricia le hizo romper con aquella joven y que el era un tirano con su pobre empleado. Scrooge volvio al lecho rendido por la fatiga y la pena.Cuando desperto, su misera y obscura casa se habia transformado. Habia luces por todas partes. Y una montaña de manjares llenaba la habitacion. Unsimpatico gingaton saludo a Scrooge , diciendo: Yo soy el espiritu de la navida presente ¿ te gustaria conocerme mejor? Al instante Scrooge y el espiritu volaban sobre las animadas calles de la ciudad. Las gentes hiban de un lado para otro y se saludaban con afecto, de ves en cuando el gigante derramaba sobre ellas la luz de una antorcha que les hacia estar aun mas alegres ¡Era el espiritu Navideño!El espiritu quiso que Scroge visitara la humilde vivienda de su empleado Bob, donde celebraban la navidad con alegria. Y el mas alegre era un niño que parecia muy emfermo. ¿ que le pasa? - pregunto Scrooge- Se llama Tiny Tim - dijo el espiritu - Y dudo que vea la proxima navidad. Mi colega, el espiritu de las Navidades futuras te lo podra decir. ¿Y ate vas? - gimio Scrooge - ¿No puedes quedarte un poco mas ? ¡Me lo he pasado tan bien! mi vida es corta - solo dura un dia - dijo ekl espiritu -Y al momento desaoarecio. El avaro quedo postrado sobre la nieve. T enia mucho miedo de lo que el proximo espíritu pudiera mostrarle. Y en es momento una campana dio las doce y un majestuoso y siniestro fantasma avanzo en dirrecio a Scrooge. - E l espiritu del futuro- dijo Scrooge - ¿donde yo me encontrare la proxima navidad. Por toda respuesta el fantasma condujo al avaro a una miserable habitacion cubierta con una sabana. El fantasma señalo el bulto pero Scrooge no tuvo el valor de levantar la sabana. En lugar de eso, pregunto ¿ Y Tiny Tim ? ¿ se ha podido curar ? Sin hablar el fantasma llevo a Scrooge hasta el cementerio. Alli vio a Bob y asu mujer llorando ante la tumba de hijo. Y vio tambien su propia sepultura.. El hombe muerto de la habitacion era el mismo. No,No - LLoro Scroge - ¡No puede ser ! D e pronto Scrooge se desperto . Estaba ya en su cama. Y estaba vivo. corrio a la ventana y a un niño que pasaba le pregunto enque dia estaban - dijo el niño- ¡El dia de Navida! ¡los espiritus lo han hecho todo en una noche! ¡Viva soy hombre nuevo !Scrooge abia aprendido la leccion y estaba dispuesto a cambiar por completo. Como primera medida se vistio elegantemente. Luego alquilo un trineo, lo lleno de regalos contrato aniños para que empujaran el trineo y se dedico arepartir obsequios y no dejando de repertir Feliz Navidad y por ultimo se dirijio a la casa de su empleado Bob y dijo -¡felices Pascuas!- y le dijo voy a aumentar tu sueldo y Tiny Tim tendra los mejores medicos. desde ese entonces se dice que si alguien posee la sabiduria adecuadamente de la navidad ese hombre es Scrooge.
Nunca ha habido un hombre mas avaro que el señor Scrooge.Su oficio era de el prestamista. Y a las pobres gentes les quitaba todas sus posecuines cuando no podian devorveselos. Ademas, odia la navidad.Por eso aquel 24 de diciembre, cuando oyo a unos niños q cantaban villacincos , abrio la ventana del despacho y amenazandolos con su baston, les grito: - ¿Largo de aqui1 - ¡Feliz Navidad, señor! - Dijeron los niños. -¡BAH! - ESCLAMO Scrooge-. ¡paparruchas!. Mientras tanto su empleado, el pobre Bob Cratchit, pasaba un frio terrible, porque Scrooge no queria gastarse ni un centavo en calefaccion. Aun asi, Bob estaba contento, por que era el dia de Noche Buena. Y aunque apenas ganaba dinero para mantener a su mujer y a susu cinco hijos, pensaba celebrarlo todos juntos.Pero aquella nochele esperaba a Scrooge muchas sorpresas. La primera la tuvo al llegar asu casa. cuando vio que el llamador de su puerta se convertia por un momento en la cara de su difunto socio Jacobo Marley que habia sido un tipo tan miserable como el propio Scrooge.¡Es imposible! - penso el avaro- Mi socio murio tal dia como hoy hace siete años. ¡Esto debe ser una alucinacion! Pero nada mas meterse ala cama a Scrooge le parecio oir que se arrastraba por la casa una pesada cadena - HO dios- esclamo- ¡debo tener fiebre! Sim embargo su rostro cambio de dolor cuando un espectro atraveso la pared y se presento ante el . ¡Era el fantasma de Marley! Y arrastraba una larga cadena formada por cajas de caudales y libros de contabilidad. ¿Que quieres ? pregunto Scrooge - Ayudarte - dijo el espectro - ayudarte para qno te ocurra lo q ami y te condenes a una cadena como esta. ¿Y como vas a hacerlo ?N o lo hare yo si no tres espiritus q te visitaran. Adios y buena suerte. Aquella misma noche Scrooge tuvo la primera visita. - Soy el espiritu de las Navidades pasadas - se ´presento el espectro- Y voy a llevarte a traves del tiempo para que comtemples algunas Navidades de tu vida. Dicho esto, Scrooge y el espiritu volaron por el aire. Y casi al momento el avaro pudo verse asi mismo cuando era niño y participaba de la alegria de la fiesta. Scrooge se acordo de los pobres niños a los que habia amenazado esa mañana y se arrepintio. Despues visitaron una navidad en la que Scrooge fue muy feliz . E n aquella epoca era joven y estaba enamoradao de la hija de su patron. - Que bueno era mi jefe - ¡Y cuanto yo queria asu hija! -exclamo- Pero entonces recordo dos cosas: Que su avaricia le hizo romper con aquella joven y que el era un tirano con su pobre empleado. Scrooge volvio al lecho rendido por la fatiga y la pena.Cuando desperto, su misera y obscura casa se habia transformado. Habia luces por todas partes. Y una montaña de manjares llenaba la habitacion. Unsimpatico gingaton saludo a Scrooge , diciendo: Yo soy el espiritu de la navida presente ¿ te gustaria conocerme mejor? Al instante Scrooge y el espiritu volaban sobre las animadas calles de la ciudad. Las gentes hiban de un lado para otro y se saludaban con afecto, de ves en cuando el gigante derramaba sobre ellas la luz de una antorcha que les hacia estar aun mas alegres ¡Era el espiritu Navideño!El espiritu quiso que Scroge visitara la humilde vivienda de su empleado Bob, donde celebraban la navidad con alegria. Y el mas alegre era un niño que parecia muy emfermo. ¿ que le pasa? - pregunto Scrooge- Se llama Tiny Tim - dijo el espiritu - Y dudo que vea la proxima navidad. Mi colega, el espiritu de las Navidades futuras te lo podra decir. ¿Y ate vas? - gimio Scrooge - ¿No puedes quedarte un poco mas ? ¡Me lo he pasado tan bien! mi vida es corta - solo dura un dia - dijo ekl espiritu -Y al momento desaoarecio. El avaro quedo postrado sobre la nieve. T enia mucho miedo de lo que el proximo espíritu pudiera mostrarle. Y en es momento una campana dio las doce y un majestuoso y siniestro fantasma avanzo en dirrecio a Scrooge. - E l espiritu del futuro- dijo Scrooge - ¿donde yo me encontrare la proxima navidad. Por toda respuesta el fantasma condujo al avaro a una miserable habitacion cubierta con una sabana. El fantasma señalo el bulto pero Scrooge no tuvo el valor de levantar la sabana. En lugar de eso, pregunto ¿ Y Tiny Tim ? ¿ se ha podido curar ? Sin hablar el fantasma llevo a Scrooge hasta el cementerio. Alli vio a Bob y asu mujer llorando ante la tumba de hijo. Y vio tambien su propia sepultura.. El hombe muerto de la habitacion era el mismo. No,No - LLoro Scroge - ¡No puede ser ! D e pronto Scrooge se desperto . Estaba ya en su cama. Y estaba vivo. corrio a la ventana y a un niño que pasaba le pregunto enque dia estaban - dijo el niño- ¡El dia de Navida! ¡los espiritus lo han hecho todo en una noche! ¡Viva soy hombre nuevo !Scrooge abia aprendido la leccion y estaba dispuesto a cambiar por completo. Como primera medida se vistio elegantemente. Luego alquilo un trineo, lo lleno de regalos contrato aniños para que empujaran el trineo y se dedico arepartir obsequios y no dejando de repertir Feliz Navidad y por ultimo se dirijio a la casa de su empleado Bob y dijo -¡felices Pascuas!- y le dijo voy a aumentar tu sueldo y Tiny Tim tendra los mejores medicos. desde ese entonces se dice que si alguien posee la sabiduria adecuadamente de la navidad ese hombre es Scrooge.
Autor: SHASA
La Navidad de un perrito abandonado
Era el primer domingo de Adviento, y yo me pregunté si era verdad lo que estaba viendo: el automóvil se detuvo, se entreabrió una puerta trasera y alguien hizo bajar a un perrito muy inquieto. “¡Bajate, Pulquete!”, ordenó una voz desde el interior. El pobre animalito quedó desconcertado cuando el automóvil se alejó a toda velocidad. Me partió el corazón verlo correr desesperado detrás del vehículo.
Pulquete tendría unos seis o siete meses; menudito, de patas largas y pelo corto color de canela, exhibía una oreja negra de llamativo contraste. No volví a verlo hasta mucho después, pero imagino que esa noche, agotado y tembloroso, durmió acurrucado en el primer agujero que encontró. Por la mañana comenzó a buscar a sus dueños. Ese día no comió y apenas bebió un poco de agua estancada. Los días y las noches se le hacen interminables. A las dos semanas está flaco y decaído, aunque se lo puede reconocer fácilmente por su orejita negra. Como es muy joven comienza a olvidar a quienes lo arrojaron a la calle. Tal vez recuerda vagamente un patio soleado donde retozaba despreocupado. No sabe qué le pasa, pero tiene hambre y mucho miedo porque otros perros callejeros lo corren, la gente lo echa de las veredas y cuando cruza las calles, unos artefactos rugientes se le vienen encima.
Pero a pesar de todo, Pulquete siente una irresistible atracción por las personas. Cuando descubre que alguien lo mira compasivo, se le acerca tímidamente con la cabeza gacha y ojos que imploran una caricia. Pero, invariablemente, esa persona que se detuvo misericordiosa endurece la mirada y sigue su camino, no vaya a ser que el pobre animal se le adose y la siga.
Diez días después de presenciar aquel acto incalificable, nuestro perro Budy, un maravilloso lanudo grandote y bonachón, de cuatro años de edad, se nos escapa, asustado por los cohetes, y se pierde. Lo buscamos días enteros por el barrio y por las calles de la ciudad, pero nuestro querido Budy no apareció.
Tomás, nuestro hijo de ocho años, estaba desconsolado; nunca lo habíamos visto tan afligido. Se acercaba la Navidad y todo hacía presagiar que la íbamos a pasar con mucha tristeza.
Budy se había alejado mucho de su casa. Cuando se le pasó el susto intentó regresar, pero caminó en sentido contrario y terminó en un mundo desconocido y ruidoso: el centro de la ciudad.
Durante días y noches corrió desesperadamente buscando a su familia, hasta que el desaliento y el cansancio detuvieron su atolondrada carrera. Su mirada vivaz se apagó y su abundante pelaje pronto fue una maraña sucia y enredada.
Un día que llovía copiosamente el pobre Budy trotaba pegado a la pared buscando algún recoveco donde guarecerse cuando se topó con un cachorro flaco, asustado y empapado que se detuvo y lo miró con curiosidad. El debilucho Pulquete, al que ya se le contaban las costillas, y Budy, corpulento y greñudo, se quedaron estáticos bajo el aguacero observándose con expectación. Pulquete, con sus orejitas paradas, movió tímidamente la cola y Budy se le acercó para olerlo. Enseguida se hicieron amigos y ya no se separaron en su vagabundeo. El pequeño seguía al grande a todas partes, buscaban comida juntos y en las noches frescas se daban calor pegaditos uno con otro. Budy seguía con su idea fija de localizar su casa, obsesión que sólo olvidaba temporalmente cuando se divertía con Pulquete en el novedoso juego de perseguir automóviles y motocicletas
Llegó el 24 de diciembre. Hacía ya catorce días que se había perdido nuestro perro, y desde entonces Tomás casi no hablaba ni se interesaba por nada. Mi esposa y yo, preocupados por tan prolongada apatía, decidimos llevarlo a la Misa del gallo que se celebraba a las diez de la noche en la Catedral. No sé cómo se nos ocurrió la idea, pero esa misma noche, al terminar la ceremonia, cuando todavía vibraban en nuestros corazones los conmovedores acordes del Gloria in excelsis y los ángeles aún aleteaban sobre nuestras cabezas, comprobamos que aquella decisión no había sido casual.
Al salir de la iglesia fuimos rápidamente hasta nuestro auto para llegar cuanto antes a casa, donde nos esperaban los abuelos de Tomás para la cena de Nochebuena. Iba a poner el motor en marcha cuando Tomás sale de su mutismo y me dice:
—Mirá, papá, ese pobre perrito, ¡qué flaco está!
Me fijo donde me señalaba mi hijo y reconozco al cachorro por su inconfundible mancha negra.
—Pero si es Pulquete, el cachorro que tiraron a la calle desde un auto. ¿Te acordás que te lo conté? Fue antes de que se perdiera Budy. Qué desmejorado está, pobrecito.
—Mirá como nos mira, papi, como si quisiera venir con nosotros...
—No, Tomás..., no podemos...
—Quiero acariciarlo papá, por favor... ¡Vení, perrito...!
Yo sabía que si Tomás acariciaba a ese cachorro tendríamos que llevarlo a nuestra casa.
¿Pero cómo negarle ese gesto de ternura después de lo que había sufrido? Nos miramos resignadamente con mi esposa y asentimos en silencio.
Tomás bajó del auto y acarició efusivamente al cachorro. Había que verlo a Pulquete, estaba loco de alegría, movía la cola, le lamía las manos y la cara, saltaba feliz, se tiraba panza arriba.
—Papá, está hambriento, tenemos que darle de comer.
—Está bien, subilo al auto que lo llevamos a casa.
Tomás, entusiasmado y feliz como no lo habíamos visto en semanas, trató de inducir al cachorro a que subiera. Pero para nuestra sorpresa, Pulquete no avanzó. Se quedó parado expectante. Tomás insistió en llamarlo pero el perrito, lejos de subir al auto amagó con alejarse. Se puso a ladrarnos como si quisiera decirnos algo. Se alejaba de nosotros, se detenía y nos ladraba. Su comportamiento era muy extraño. Tomás intentó agarrarlo pero apenas se le acercó, el cachorro corrió para volver a detenerse y a ladrarnos varios metros adelante. Tomás quería ir tras él, pero se nos hacía tarde y no podíamos perder tiempo en los caprichos de un perro desconocido.
—Dejalo, Tomás, es muy tarde, vamos a casa.
—¡Papá, por favor...!
—Subí, vamos a casa, está claro que no quiere venir con nosotros.
Puse el motor en marcha y Tomás se largó a llorar. Pulquete había vuelto a correr y ya había doblado la esquina.
Lo que sucedió a continuación todavía hoy nos emociona y no lo vamos a olvidar en nuestras vidas. El motor del auto se detuvo inexplicablemente y no hubo forma de hacerlo arrancar. “¿Qué pasó?, me dije inquieto, ¿Se habrá ahogado? Sí, seguro...; bueno, paciencia, tendremos que esperar un poco”. Tomás lloraba en el asiento trasero y adiviné que mi esposa, con la cara vuelta hacia la ventanilla, también dejaba correr algunas lágrimas silenciosas.
En eso oímos unos ladridos familiares.
—¡Papá, papá! —gritó Tomás— ¡Mirá! ¿Ese no es Budy?
—¡Por el amor de Dios, sí, es Budy, es Budy! —exclamó mi esposa
¡Era Budy ! Había reconocido el automóvil y venía corriendo desde la esquina a toda velocidad. Y detrás de él, ladrando entusiasmado, venía Pulquete, el cachorro abandonado que no quiso abandonar a su amigo y por eso había tratado de hacernos entender que debíamos esperarlo hasta que él lo fuera a buscar.
Y adivinen qué pasó cuando los dos perros estaban ya dentro de nuestro automóvil y todos llorábamos y reíamos de alegría: el motor arrancó apenas giré la llave. Fue como si algún ángel de Navidad, un ángel tal vez de los animales, ¿por qué no?, hubiera dicho con una dulce sonrisa: “Bueno, ahora sí se pueden ir todos a casa a celebrar la Nochebuena"
Desconozco su autor
Era el primer domingo de Adviento, y yo me pregunté si era verdad lo que estaba viendo: el automóvil se detuvo, se entreabrió una puerta trasera y alguien hizo bajar a un perrito muy inquieto. “¡Bajate, Pulquete!”, ordenó una voz desde el interior. El pobre animalito quedó desconcertado cuando el automóvil se alejó a toda velocidad. Me partió el corazón verlo correr desesperado detrás del vehículo.
Pulquete tendría unos seis o siete meses; menudito, de patas largas y pelo corto color de canela, exhibía una oreja negra de llamativo contraste. No volví a verlo hasta mucho después, pero imagino que esa noche, agotado y tembloroso, durmió acurrucado en el primer agujero que encontró. Por la mañana comenzó a buscar a sus dueños. Ese día no comió y apenas bebió un poco de agua estancada. Los días y las noches se le hacen interminables. A las dos semanas está flaco y decaído, aunque se lo puede reconocer fácilmente por su orejita negra. Como es muy joven comienza a olvidar a quienes lo arrojaron a la calle. Tal vez recuerda vagamente un patio soleado donde retozaba despreocupado. No sabe qué le pasa, pero tiene hambre y mucho miedo porque otros perros callejeros lo corren, la gente lo echa de las veredas y cuando cruza las calles, unos artefactos rugientes se le vienen encima.
Pero a pesar de todo, Pulquete siente una irresistible atracción por las personas. Cuando descubre que alguien lo mira compasivo, se le acerca tímidamente con la cabeza gacha y ojos que imploran una caricia. Pero, invariablemente, esa persona que se detuvo misericordiosa endurece la mirada y sigue su camino, no vaya a ser que el pobre animal se le adose y la siga.
Diez días después de presenciar aquel acto incalificable, nuestro perro Budy, un maravilloso lanudo grandote y bonachón, de cuatro años de edad, se nos escapa, asustado por los cohetes, y se pierde. Lo buscamos días enteros por el barrio y por las calles de la ciudad, pero nuestro querido Budy no apareció.
Tomás, nuestro hijo de ocho años, estaba desconsolado; nunca lo habíamos visto tan afligido. Se acercaba la Navidad y todo hacía presagiar que la íbamos a pasar con mucha tristeza.
Budy se había alejado mucho de su casa. Cuando se le pasó el susto intentó regresar, pero caminó en sentido contrario y terminó en un mundo desconocido y ruidoso: el centro de la ciudad.
Durante días y noches corrió desesperadamente buscando a su familia, hasta que el desaliento y el cansancio detuvieron su atolondrada carrera. Su mirada vivaz se apagó y su abundante pelaje pronto fue una maraña sucia y enredada.
Un día que llovía copiosamente el pobre Budy trotaba pegado a la pared buscando algún recoveco donde guarecerse cuando se topó con un cachorro flaco, asustado y empapado que se detuvo y lo miró con curiosidad. El debilucho Pulquete, al que ya se le contaban las costillas, y Budy, corpulento y greñudo, se quedaron estáticos bajo el aguacero observándose con expectación. Pulquete, con sus orejitas paradas, movió tímidamente la cola y Budy se le acercó para olerlo. Enseguida se hicieron amigos y ya no se separaron en su vagabundeo. El pequeño seguía al grande a todas partes, buscaban comida juntos y en las noches frescas se daban calor pegaditos uno con otro. Budy seguía con su idea fija de localizar su casa, obsesión que sólo olvidaba temporalmente cuando se divertía con Pulquete en el novedoso juego de perseguir automóviles y motocicletas
Llegó el 24 de diciembre. Hacía ya catorce días que se había perdido nuestro perro, y desde entonces Tomás casi no hablaba ni se interesaba por nada. Mi esposa y yo, preocupados por tan prolongada apatía, decidimos llevarlo a la Misa del gallo que se celebraba a las diez de la noche en la Catedral. No sé cómo se nos ocurrió la idea, pero esa misma noche, al terminar la ceremonia, cuando todavía vibraban en nuestros corazones los conmovedores acordes del Gloria in excelsis y los ángeles aún aleteaban sobre nuestras cabezas, comprobamos que aquella decisión no había sido casual.
Al salir de la iglesia fuimos rápidamente hasta nuestro auto para llegar cuanto antes a casa, donde nos esperaban los abuelos de Tomás para la cena de Nochebuena. Iba a poner el motor en marcha cuando Tomás sale de su mutismo y me dice:
—Mirá, papá, ese pobre perrito, ¡qué flaco está!
Me fijo donde me señalaba mi hijo y reconozco al cachorro por su inconfundible mancha negra.
—Pero si es Pulquete, el cachorro que tiraron a la calle desde un auto. ¿Te acordás que te lo conté? Fue antes de que se perdiera Budy. Qué desmejorado está, pobrecito.
—Mirá como nos mira, papi, como si quisiera venir con nosotros...
—No, Tomás..., no podemos...
—Quiero acariciarlo papá, por favor... ¡Vení, perrito...!
Yo sabía que si Tomás acariciaba a ese cachorro tendríamos que llevarlo a nuestra casa.
¿Pero cómo negarle ese gesto de ternura después de lo que había sufrido? Nos miramos resignadamente con mi esposa y asentimos en silencio.
Tomás bajó del auto y acarició efusivamente al cachorro. Había que verlo a Pulquete, estaba loco de alegría, movía la cola, le lamía las manos y la cara, saltaba feliz, se tiraba panza arriba.
—Papá, está hambriento, tenemos que darle de comer.
—Está bien, subilo al auto que lo llevamos a casa.
Tomás, entusiasmado y feliz como no lo habíamos visto en semanas, trató de inducir al cachorro a que subiera. Pero para nuestra sorpresa, Pulquete no avanzó. Se quedó parado expectante. Tomás insistió en llamarlo pero el perrito, lejos de subir al auto amagó con alejarse. Se puso a ladrarnos como si quisiera decirnos algo. Se alejaba de nosotros, se detenía y nos ladraba. Su comportamiento era muy extraño. Tomás intentó agarrarlo pero apenas se le acercó, el cachorro corrió para volver a detenerse y a ladrarnos varios metros adelante. Tomás quería ir tras él, pero se nos hacía tarde y no podíamos perder tiempo en los caprichos de un perro desconocido.
—Dejalo, Tomás, es muy tarde, vamos a casa.
—¡Papá, por favor...!
—Subí, vamos a casa, está claro que no quiere venir con nosotros.
Puse el motor en marcha y Tomás se largó a llorar. Pulquete había vuelto a correr y ya había doblado la esquina.
Lo que sucedió a continuación todavía hoy nos emociona y no lo vamos a olvidar en nuestras vidas. El motor del auto se detuvo inexplicablemente y no hubo forma de hacerlo arrancar. “¿Qué pasó?, me dije inquieto, ¿Se habrá ahogado? Sí, seguro...; bueno, paciencia, tendremos que esperar un poco”. Tomás lloraba en el asiento trasero y adiviné que mi esposa, con la cara vuelta hacia la ventanilla, también dejaba correr algunas lágrimas silenciosas.
En eso oímos unos ladridos familiares.
—¡Papá, papá! —gritó Tomás— ¡Mirá! ¿Ese no es Budy?
—¡Por el amor de Dios, sí, es Budy, es Budy! —exclamó mi esposa
¡Era Budy ! Había reconocido el automóvil y venía corriendo desde la esquina a toda velocidad. Y detrás de él, ladrando entusiasmado, venía Pulquete, el cachorro abandonado que no quiso abandonar a su amigo y por eso había tratado de hacernos entender que debíamos esperarlo hasta que él lo fuera a buscar.
Y adivinen qué pasó cuando los dos perros estaban ya dentro de nuestro automóvil y todos llorábamos y reíamos de alegría: el motor arrancó apenas giré la llave. Fue como si algún ángel de Navidad, un ángel tal vez de los animales, ¿por qué no?, hubiera dicho con una dulce sonrisa: “Bueno, ahora sí se pueden ir todos a casa a celebrar la Nochebuena"
Desconozco su autor
Historia de Navidad
En ocasiones pensamos que nuestros problemas son los más grandes del mundo.
Algo parecido le sucedió a un muchacho llamado Francisco, hasta que le sucedió un encuentro inesperado con una señora.
Frank, así le llamaban, siempre había sido un buen estudiante y deportista. En sus estudios, era un alumno sobresaliente.
Le gustaba el básquetbol y sabía jugarlo.
En su casa le llamaban "el atleta de la temporada y él se sentía feliz.
Se había preparado especialmente para jugar la próxima temporada.
Incluso había comprado unos tenis muy suaves y cómodos para jugar.
Tal vez por esa situación tan halagadora le produjo un gran dolor cuando al leer la lista de los seleccionados no se encontró en ella.
Lleno de esperanzas buscaba frenéticamente su nombre,
pero no estaba.
Ese día sintió como si hubiera dejado de existir, como si se hubiese vuelto invisible.
Muy triste salió de los vestidores, tratando de encontrar una explicación a su exclusión del equipo.
Caminó durante un buen rato pero nada lo consolaba.
Duró varios días de mal humor, no queriendo hablar con nadie y respondiendo mal a sus padres cuando intentaban acercársele.
Nada le agradaba.
Pero un día de mucho frío y lluvia, tomó el autobús de costumbre y se sentó cerca del chofer.
Una mujer muy adelantada en su embarazo con paso lento subió al camión y se sentó detrás del asiento del chofer.
Entonces el chofer le preguntó en voz alta:
"¿Dónde están sus zapatos, señora?
Porque afuera habrá sólo diez grados".
Francisco no se había fijado, pero efectivamente la señora iba sólo con unas calcetas medio mojadas.
La señora le contestó al chofer:
"No puedo darme el lujo de tener zapatos.
Subí al autobús sólo para calentarme los pies. Si no le importa viajaré con usted un rato".
El chofer se rascó su cabeza calva y exclamó:
"Sólo dígame cómo es que no puede permitirse unos zapatos."
La señora le dijo:
"Tengo ocho hijos. Todos tienen zapatos.
No quedó dinero para mí.
Pero está bien, el Señor cuidará de mí."
En ese momento Frank miró hacia abajo, observó sus nuevos tenis Nike de Básquetbol.
Sus pies estaban cálidos y cómodos, igual que siempre.
Y entonces miró a la mujer, sus calcetas estaban desgarradas.
Pensó que esa persona era "invisible" en otro sentido.
Era una señora marginada y olvidada por la sociedad.
Él siempre podría darse el lujo de tener zapatos.
Ella tal vez nunca.
En un momento se quitó los tenis.
Pensó que tendría que caminar tres cuadras, pero el frío nunca le había molestado.
Cuando el autobús se detuvo en la parada final Frank esperó hasta que todos se hubieran bajado.
Entonces recogió sus tenis, se acercó a la mujer y se los entregó diciéndole: "Tenga señora, usted los necesita más que yo".
No esperó a que le diera las gracias, sino que bajó de prisa sin darse cuenta que caía en un charco.
No importaba, no sentía el frío.
En eso escuchó a la señora que desde la ventana del autobús le decía:
"Mira, ¡me quedan perfectos!".
A la vez, el chofer le preguntaba
"¿Cómo te llamas muchacho?".
Él respondió, "Frank".
El chofer le dijo: "Muy bien, Frank. En mis veinte años de chofer nunca he visto algo semejante".
La mujer, llorando, le decía al chofer:
"Ya ve. Le dije que el Señor cuidaría de mí"
Y volviéndose, dijo:
"Gracias Frank".
"No hay de qué. No es gran cosa; además es Navidad",
respondió Frank, quien se dirigió a su casa con los pies
helados pero con el corazón contento y riéndose por haberse preocupado de no jugar con la selección ese año.
Autor: José Martínez Colín
Sacerdote - Ingeniero
En ocasiones pensamos que nuestros problemas son los más grandes del mundo.
Algo parecido le sucedió a un muchacho llamado Francisco, hasta que le sucedió un encuentro inesperado con una señora.
Frank, así le llamaban, siempre había sido un buen estudiante y deportista. En sus estudios, era un alumno sobresaliente.
Le gustaba el básquetbol y sabía jugarlo.
En su casa le llamaban "el atleta de la temporada y él se sentía feliz.
Se había preparado especialmente para jugar la próxima temporada.
Incluso había comprado unos tenis muy suaves y cómodos para jugar.
Tal vez por esa situación tan halagadora le produjo un gran dolor cuando al leer la lista de los seleccionados no se encontró en ella.
Lleno de esperanzas buscaba frenéticamente su nombre,
pero no estaba.
Ese día sintió como si hubiera dejado de existir, como si se hubiese vuelto invisible.
Muy triste salió de los vestidores, tratando de encontrar una explicación a su exclusión del equipo.
Caminó durante un buen rato pero nada lo consolaba.
Duró varios días de mal humor, no queriendo hablar con nadie y respondiendo mal a sus padres cuando intentaban acercársele.
Nada le agradaba.
Pero un día de mucho frío y lluvia, tomó el autobús de costumbre y se sentó cerca del chofer.
Una mujer muy adelantada en su embarazo con paso lento subió al camión y se sentó detrás del asiento del chofer.
Entonces el chofer le preguntó en voz alta:
"¿Dónde están sus zapatos, señora?
Porque afuera habrá sólo diez grados".
Francisco no se había fijado, pero efectivamente la señora iba sólo con unas calcetas medio mojadas.
La señora le contestó al chofer:
"No puedo darme el lujo de tener zapatos.
Subí al autobús sólo para calentarme los pies. Si no le importa viajaré con usted un rato".
El chofer se rascó su cabeza calva y exclamó:
"Sólo dígame cómo es que no puede permitirse unos zapatos."
La señora le dijo:
"Tengo ocho hijos. Todos tienen zapatos.
No quedó dinero para mí.
Pero está bien, el Señor cuidará de mí."
En ese momento Frank miró hacia abajo, observó sus nuevos tenis Nike de Básquetbol.
Sus pies estaban cálidos y cómodos, igual que siempre.
Y entonces miró a la mujer, sus calcetas estaban desgarradas.
Pensó que esa persona era "invisible" en otro sentido.
Era una señora marginada y olvidada por la sociedad.
Él siempre podría darse el lujo de tener zapatos.
Ella tal vez nunca.
En un momento se quitó los tenis.
Pensó que tendría que caminar tres cuadras, pero el frío nunca le había molestado.
Cuando el autobús se detuvo en la parada final Frank esperó hasta que todos se hubieran bajado.
Entonces recogió sus tenis, se acercó a la mujer y se los entregó diciéndole: "Tenga señora, usted los necesita más que yo".
No esperó a que le diera las gracias, sino que bajó de prisa sin darse cuenta que caía en un charco.
No importaba, no sentía el frío.
En eso escuchó a la señora que desde la ventana del autobús le decía:
"Mira, ¡me quedan perfectos!".
A la vez, el chofer le preguntaba
"¿Cómo te llamas muchacho?".
Él respondió, "Frank".
El chofer le dijo: "Muy bien, Frank. En mis veinte años de chofer nunca he visto algo semejante".
La mujer, llorando, le decía al chofer:
"Ya ve. Le dije que el Señor cuidaría de mí"
Y volviéndose, dijo:
"Gracias Frank".
"No hay de qué. No es gran cosa; además es Navidad",
respondió Frank, quien se dirigió a su casa con los pies
helados pero con el corazón contento y riéndose por haberse preocupado de no jugar con la selección ese año.
Autor: José Martínez Colín
Sacerdote - Ingeniero
Historia y origen de las costumbres de Navidad
http://www.tuparada.com/
Les enviamos las principales costumbres que todos los países del mundo tienen para festejar
la Navidad. Estas hacen que esta festividad sea muy especial para todos.
¡TuParada les desea lo mejor para estas fiestas!
Festejen de la mejor manera posible, ya sea en familia, con amigos, o en algún lugar donde
se reunan todas las personas que por alguna razón se encuentran lejos de sus familias.
¡Lo importante es que el espíritu de la Navidad esté dentro de cada uno!
Historia del árbol de Navidad
Uno de los acontecimientos que se comparte en la preparación de la Navidad, es el armado del
árbol navideño, que acompaña todo el ciclo festivo.
Las antiguas civilizaciones europeas y asiáticas adoraban a los árboles, símbolos de la fuerza
de la Madre Tierra. Cuando llegaba el invierno y los árboles se quedaban sin hojas, los aldeanos
colgaban telas de colores y piedras pintadas de sus ramas, para que sus hojas y frutos volvieran
a brotar en Primavera, y así, asegurar la vida vegetal, la vida animal y la supervivencia.
En el siglo VIII, la Iglesia adoptó esta tradición, se tomó como árbol simbólico el pino y el
abeto, ya que la silueta triangular representa al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
También se agregaron las luces que representan el espíritu interior y el amor.
La estrella en la punta del pino representa a la estrella de Belén, también simboliza: unión
y paz hogareña.
El Pesebre
San Francisco de Asís tuvo la iniciativa de hacer una tradición del armado del Pesebre. Luego esta
costumbre se extendió a toda Europa y más tarde a América. El nacimiento de Jesús se puede representar
con personas en Parroquias o en un ámbito familiar. La escena es relatada en los Evangelios de San Mateo
y San Lucas.
El armado del Pesebre se realiza en todas las casas cristianas, colocando muñecos de barro o
arcilla pintados de María, José y el Niño, representando el momento del nacimiento. También se agregan
los reyes magos, la estrella de Belén y varios pastores. Algunas personas incluso realizan grandes
maquetas que pintan y adornan con musgo, árboles, animales y otros detalles que aporta la familia.
Las hojas de muérdago
El muérdago era considerado una planta sagrada, que atraía la buena suerte. También se dice que si una
chica se besa con su novio debajo de un muérdago en el día de Nochebuena, se casarán en el año que
comienza.
Las tarjetas navideñas
Henry Cole, en el año 1843, en Londres pidió que le imprimieran un diseño con un mensaje para todos sus
familiares y amigos, y así, evitarse escribir cada una de las tarjetas. Desde entonces el diseño de diferentes
mensajes y diseños evolucionó año tras año, utilizando diferentes tipos de papel, colores y frases. Hace ya
diez años que del papel pasamos a la tarjeta electrónica animada, que es la manera más fácil de llevar en
segundos y con un solo clic, mensajes y buenos deseos para la Navidad y Año Nuevo.
¡Envía a tus familiares y amigos las mejores tarjetas de felices fiestas de internet!
Haz click en el link:
http://www.tuparada.com/tarjetas/navidad-184-1-184.html
Papá Noel
El origen de Papá Noel más reconocido es el inspirado en San Nicolás, quien regaló todos sus bienes y se
internó en un Monasterio. San Nicolás fue muy reconocido por su generosidad con las personas carenciadas
y los niños. Su fama trascendió las fronteras y dio origen a muchas leyendas que se contaron de generación
a generación, hasta llegar a nuestros días.
Los regalos
Los regalos debajo del árbol es una costumbre que viene desde el siglo VIII a.C. en Roma. Cuando comenzaba
el año se regalaban ramas de árboles sagrados para que en el nuevo año tuvieran prosperidad. Luego las
ramitas se cambiaron por figuras de miel y monedas, acompañadas de buenos deseos de amigos y familiares,
hasta llegar a pequeños regalos que hacen felices a miles de niños y no tan niños.
http://www.tuparada.com/
Les enviamos las principales costumbres que todos los países del mundo tienen para festejar
la Navidad. Estas hacen que esta festividad sea muy especial para todos.
¡TuParada les desea lo mejor para estas fiestas!
Festejen de la mejor manera posible, ya sea en familia, con amigos, o en algún lugar donde
se reunan todas las personas que por alguna razón se encuentran lejos de sus familias.
¡Lo importante es que el espíritu de la Navidad esté dentro de cada uno!
Historia del árbol de Navidad
Uno de los acontecimientos que se comparte en la preparación de la Navidad, es el armado del
árbol navideño, que acompaña todo el ciclo festivo.
Las antiguas civilizaciones europeas y asiáticas adoraban a los árboles, símbolos de la fuerza
de la Madre Tierra. Cuando llegaba el invierno y los árboles se quedaban sin hojas, los aldeanos
colgaban telas de colores y piedras pintadas de sus ramas, para que sus hojas y frutos volvieran
a brotar en Primavera, y así, asegurar la vida vegetal, la vida animal y la supervivencia.
En el siglo VIII, la Iglesia adoptó esta tradición, se tomó como árbol simbólico el pino y el
abeto, ya que la silueta triangular representa al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
También se agregaron las luces que representan el espíritu interior y el amor.
La estrella en la punta del pino representa a la estrella de Belén, también simboliza: unión
y paz hogareña.
El Pesebre
San Francisco de Asís tuvo la iniciativa de hacer una tradición del armado del Pesebre. Luego esta
costumbre se extendió a toda Europa y más tarde a América. El nacimiento de Jesús se puede representar
con personas en Parroquias o en un ámbito familiar. La escena es relatada en los Evangelios de San Mateo
y San Lucas.
El armado del Pesebre se realiza en todas las casas cristianas, colocando muñecos de barro o
arcilla pintados de María, José y el Niño, representando el momento del nacimiento. También se agregan
los reyes magos, la estrella de Belén y varios pastores. Algunas personas incluso realizan grandes
maquetas que pintan y adornan con musgo, árboles, animales y otros detalles que aporta la familia.
Las hojas de muérdago
El muérdago era considerado una planta sagrada, que atraía la buena suerte. También se dice que si una
chica se besa con su novio debajo de un muérdago en el día de Nochebuena, se casarán en el año que
comienza.
Las tarjetas navideñas
Henry Cole, en el año 1843, en Londres pidió que le imprimieran un diseño con un mensaje para todos sus
familiares y amigos, y así, evitarse escribir cada una de las tarjetas. Desde entonces el diseño de diferentes
mensajes y diseños evolucionó año tras año, utilizando diferentes tipos de papel, colores y frases. Hace ya
diez años que del papel pasamos a la tarjeta electrónica animada, que es la manera más fácil de llevar en
segundos y con un solo clic, mensajes y buenos deseos para la Navidad y Año Nuevo.
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Papá Noel
El origen de Papá Noel más reconocido es el inspirado en San Nicolás, quien regaló todos sus bienes y se
internó en un Monasterio. San Nicolás fue muy reconocido por su generosidad con las personas carenciadas
y los niños. Su fama trascendió las fronteras y dio origen a muchas leyendas que se contaron de generación
a generación, hasta llegar a nuestros días.
Los regalos
Los regalos debajo del árbol es una costumbre que viene desde el siglo VIII a.C. en Roma. Cuando comenzaba
el año se regalaban ramas de árboles sagrados para que en el nuevo año tuvieran prosperidad. Luego las
ramitas se cambiaron por figuras de miel y monedas, acompañadas de buenos deseos de amigos y familiares,
hasta llegar a pequeños regalos que hacen felices a miles de niños y no tan niños.
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