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De
vuelta a la vida
De repente comenzó a
sentirse muy ligera, como si fuera aire, y una sensación de
bienestar la envolvió. Cerró los ojos intentando recordar,
intentando situarse. No entendía porqué se sentía tan
desorientada a pesar de sentirse tan relajada, tranquila y
protegida. Miró a su alrededor. Todo era luz, una luz cegadora, y
paz, mucha paz.
En medió de todo aquello
surgió una voz como de la nada. Dios, esa voz que conocía y que
llevaba tantos años echando de menos. Un escalofrío recorrió su
espalda debido a la sorpresa.
-¡Papá!- a penas podía
hablar por la emoción.
Corrió hacia él para
abrazarlo pero cuando lo alcanzó no pudo hacerlo. Se paró en seco
y se le quedó mirando entre sorprendida y asustada. Él estaba
quieto, observándola con ternura, y rodeado de luz. Parecía un ángel.
De nuevo volvió a sentirse desorientada y cayó en la cuenta de
algo.
-Papa ¿Por qué puedo
verte ahora? ¿Donde estamos? ¿Por qué me siento así? ¿Como
estas? ¿Por qué te fuiste y me dejaste tan sola? ¿No sabes que te
echo mucho de menos?- Las palabras, las preguntas, las
exclamaciones, los sentimientos... todo se atropellaba en su boca.
-Cielo- al fin volvía a
escuchar su voz después de tanto tiempo- sé que tienes muchas
dudas y muchas preguntas pero ahora no hay tiempo para eso. Ahora
estoy aquí para ayudarte a recordar.
-¿Recordar? ¿Recordar qué?
- Ahora tienes que buscar
en ti...
En medio de su estado de
estupefacción intentó hacer lo que su padre le decía pero no era
capaz. Estaba tan contenta de volver a verlo que ya no le importaba
donde estaba o porqué, solo sabía que estaba a su lado, por fin, y
que era feliz.
-No me importa, no quiero
saberlo. No sabes cuanto te he echado de menos.
-Lo sé hija, yo también
te echo de menos pero, desde donde estoy, te veo cada día y cuido
de ti y por eso ahora tengo algo importante que hacer. Mira esto y
después escúchame.
Y entonces lo vio.
Se vio a si misma, echada
en la cama de un hospital. Estaba como dormida pero había cierta
expresión de felicidad en su rostro. Y él... Él estaba allí,
sentado a su lado, sujetándola de la mano y llorando sin poder
contenerse.
En ese momento comenzó a
recordar: Habían discutido. Ella llevaba varios días triste, había
llegado a pensar que él no la amaba lo suficiente y ya se había
cansado de esperar y de luchar. A pesar de amarlo con locura, las
dudas habían podido con ella y, aunque le dolió en el alma, decidió
dejarle. Se despidió de él con un beso y con la promesa de que
siempre estaría esperándole. Salió llorando y se subió al coche.
Cuando iba por la carretera las lágrimas que empapaban su cara a
duras penas la dejaban verla. Se sentía desesperada, apagada y de
pronto se sumergió en la oscuridad...hasta ahora.
-Dios mío, papá ¿estoy
muerta? En el accidente...¿yo? Es por eso... ¿Por eso te veo y
puedo estar contigo?
-No estas muerta, cielo.
Por eso estoy aquí, solo pensaste que ya no te quedaba nada por lo
que luchar y emprendiste el camino pero ya es suficiente, debes
parar aquí y volver.
-Pero si vuelvo dejaré de
verte, no estaré contigo. Yo aquí ya no tengo nada. Quiero ir
contigo.
-Date la vuelta y mírale.
Está ahí contigo, te ama. A pesar de tus dudas, te ama. Las cosas
tampoco son fáciles para él, debes comprenderlo. Confía en mi, su
amor es verdadero. Daría incluso su vida por ti sin dudarlo ni un
instante. Llevas días en coma y no se ha movido de tu lado. Lleva días
llorando, acariciándote y besándote para que despiertes. Se siente
responsable y nunca podría perdonarse el perderte. Tienes que
ayudarle, tienes que volver con él y debéis comenzar de nuevo,
pero juntos. Él ya ha tomado su decisión, ha tardado pero la sola
idea de perderte le abrió los ojos. Ya la había tomado antes de
que te fueras. Salió corriendo detrás de ti para decírtelo. Quería
dejarlo todo por ti y te siguió. Vio el accidente... él te sacó
del coche y te salvó...pero tu no lo sabias y dejaste de luchar.
Por eso estas aquí.
Se encontraba conmocionada
pero le hizo caso a su padre y lo miró de nuevo: él estaba
desesperado, abrazándola, llorando, susurrándole al oído, pidiéndole
por favor que no lo abandonara. Le decía que la amaba y que no podría
vivir sin ella.
-¿Lo ves, hija? Todavía
te quedan muchas cosas por las que vivir y él es la más
importante. Puedes volver allí con toda la seguridad de que eres lo
más importante para él. Vuelve a la vida que aún no ha llegado tu
hora.
-Si vuelvo no te veré más...Yo
le amo con locura.
Estaba confusa pero algo en
su interior le hizo ver que su padre tenía razón. Todavía le
quedaban muchas cosas por hacer antes de reunirse con su padre para
siempre.
-Gracias papá- Te quiero
mucho. Gracias por devolverme a la vida. Te echaré de menos.
-Yo también, hija. Acuérdate
de que desde aquí siempre velaré por ti. Ahora vuelve y se
feliz... para siempre.
Entonces si pudo abrazarlo
con ternura, un último abrazo, y emprendió el camino de vuelta.
En la habitación del
hospital, él seguía abrazándola, lloraba desesperado. Entonces
ella se movió. Abrió los ojos y lo miró.
-Te amo- le dijo.
-Dios, mi niña, al fin has
vuelto- las lágrimas que ahora bañaban sus ojos eran de pura alegría
y felicidad- yo también te amo. Tenía tanto miedo a perderte.
-Alguien me dio un buen
consejo para que regresara a tu lado.
-Sé quien fue y le estaré
eternamente agradecido por devolverte a mi lado, porque si te
hubieras ido, mi vida se habría ido contigo ¿Me equivoco de
persona?
Ella solo sonrió.
-¿Lo ves? Siempre te dije
que él cuidaba de ti y yo le prometo que mientras estés a mi lado
voy hacerte la mujer más feliz del mundo.
-Lo sé y tenías razón.
Ambos se fundieron en un
abrazo, que significaba el principio de su nueva vida juntos.
Mientras en su interior ella le daba las gracias, de nuevo, a su
padre. Tenían que aprovechar la oportunidad que el destino les había
dado y ellos sabían como hacerlo.
Desde arriba, su padre los
miraba sonriendo.
-Te quiero hija y siempre
estaré a tu lado.
Autor: Crystal I
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