"EL
AMOR A UNO MISMO"
Jorge
Bucay (capítulo del libro:
“El camino del Encuentro”).
Siyo
no pienso en mí... ¿quién lo hará?
Sipienso
sólo en mí... ¿quién soy?
Sino
es ahora... ¿cuándo?
(delTalmud)
Autoestimay
egoísmo son tomados generalmente como términos antagónicos,
aunque amboscomparten un significado muy emparentado: la idea de
quererse, valorarse,reconocerse y ocuparse de sí mismo.
Cuentauna
vieja historia que había una vez un señor muy poco inteligente al
quesiempre se le perdía todo. Un díaalguien le dijo:
-Paraque
no se te pierdan las cosas, lo que tenés que hacer es anotar dónde
lasdejás.
Esanoche,
al momento de acostarse, agarró un papelito ypensó:
Paraque
no se me pierdan las cosas..."
Sesacó
la camisa, la puso en el perchero, agarró un Iápiz y anotó: la
camisa en elperchero; se sacó el pantalón, lo puso a los pies de
la cama y anotó: elpantalón a los pies de la cama; se sacó lo
zapatos y anotó: Ios zapatos debajode la cama; y se sacó las
medias y anotó: las medias dentro de los zapatosdebajo de la cama.
A la mañanasiguiente, cuando se levantó, buscó las medias donde
había anotado que las dejó,y se las puso, los zapatos donde
estaban anotados, los encontró y se los puso;lo mismo sucedió con
la camisa y el pantalón. Y entonces se preguntó: -¿y yo dónde
estoy? Se buscó en la lista una yotra vez y, como no se vio
anotado, nunca más se encontró a símismo.
Aveces
nos parecemos mucho a este señor estúpido. Sabemos dónde está
cada cosa y cada personaque queremos, pero muchas veces no sabemos dónde
estamos nosotros. Nos hemos olvidado de nuestro lugar en elmundo.
Podemos rápidamente ubicar ellugar de los demás, el lugar que los
demás tienen en nuestra vida, y a veceshasta podemos definir el
lugar que nosotros tenemos en la vida de otros, peronos olvidamos de
cuál es el lugar que nosotros tenemos en nuestra propiavida.
Nosgusta
enunciar que no podríamos vivir sin algunos seres queridos. Yo
propongo hacer nuestra la irónica frasecon la que sintetizo mi real
vínculoconmigo:
NOPUEDO
VIVIR SIN MI.
Laprimera
cosa que se nos ocurre hacer con alguien que queremos es
cuidarlo,ocuparnos de él, escucharlo, procurarle las cosas que le
gustan, ocuparnos deque disfrute de la vida y regalarle lo que más
quiere en el mundo, llevarlo alos lugares que más le agradan,
facilitarle las cosas que le dan trabajo,ofrecerle comodidad y
comprensión.
Cuandoel
otro nos quiere, hace exactamente lomismo.
Ahora,me
pregunto: ¿Por qué no hacer estas cosas con nosotrosmismos?
Seríabueno
que yo me cuidara, que me escuchara a mi mismo, que me ocupara de
darmealgunos gustos, de hacerme las cosas más fáciles, de
regalarme las cosas que megustan, de buscar mi comodidad en los
lugares donde estoy, de comprarme la ropaque quiero, de escucharme y
comprenderme.
Tratarmecomo
trato a los que más quiero.
Pero,claro,
si mi manera de demostrar mi amor es quedarme a merced del
otro,compartir las peores cosas juntos y ofrecerle mi vida en
sacrificio,seguramente, mi manera de relacionarme conmigo será
complicarme la vida desdeque me levanto hasta que me acuesto.
Elmundo
actual golpea a nuestra puerta para avisarnos que este modelo que
cargabami abuela (la vida es nacer, sufrir y morir) no sólo es
mentira, sino que ademásestá malintencionado (les hace el juego a
algunos comerciantes dealmas).
Sihay
alguien que debería estar conmigo todo el tiempo, ese alguien
soyyo.
Ypara
poder estar conmigo debo empezar por aceptarme tal como soy, y no
quieredecir que renuncie a cambiar a través del tiempo. Quiere
decir replantear la postura. Porque frente a una característica de
mí queno me guste hay siempre dos caminos para resolver elproblema.
Elprimero,
el más común, es la solución clásica: intentar cambiar. El
segundo camino, el que propongo, es dejarde detestar esa característica
y como única actitud, permitir que, por sí misma,esa condición se
modifique.
Inclusopara
cambiar algo el camino realmente comienza cuando dejo de oponerme.
Nuncavoy a adelgazar si no acepto que estoygordo.
Elejemplo
que siempre pongo es una historia real que me tiene
comoprotagonista:
Yosuelo
ser bastante distraído. Cuandotenía mi primer consultorio, muy
frecuentemente me olvidaba las llaves, yentonces llegaba a la puerta
y me daba cuenta de que me había olvidado elllavero en mi casa.
Esto generaba unproblema, porque tenía que ir al cerrajero, pedirle
que me abriera, hacer unduplicado de la llave, era toda unahistoria.
Lasegunda
vez que me pasó decidí, furioso, que no podía pasarme más. Así
es que puse un cartelito en el parabrisasdel auto que decía:
llaves. Me subía alauto, veía el cartelito, entraba de nuevo a mi
casa y me llevaba las laves. Funcionó bárbaro las primeras cuatro
semanas,hasta que me acostumbré al cartelito. Cuando te acostumbrás
al cartelito ya no lo ves más. Un día me olvidé las llaves otra
vez, así esque le pedí a mi esposa que me hiciera acordar de las
llaves. Todas las mañanas ella me decía: ¿llevás lasllaves? Pero
el día que ella se olvidó, yo me olvidé y, por supuesto, le eché
laculpa a ella, pero igual tuve que pagarle alcerrajero.
Undía
me di cuenta de que, indudablemente, no había manera, que yo era
undespistado y que de vez en cuando me iba a olvidar las llaves. Por
lo tanto, hice una cosa muy distinta atodas las anteriores:
Hicevarias
copias de las llaves y le di una al portero, una al heladero de
laesquina (que era amigo mío), otra a una colega que tenía el
consultorio a cincocuadras, enganché una con las llaves del auto me
quedé con una suelta. Tenía cinco copias rondando por ahí. Este
relato no tendría nada de gracioso si nofuera porque, a partir de
ese día nunca más me olvidé lasllaves.
Todavíahoy
el portero del departamento de la calle Serrano, cuando me ve, me
dice: "Nosé para qué me dio esta llave si nunca lausó.
Lateoría
paradojal del cambio dice que solamente se puede cambiar algo cuando
unodeja de pelearse con eso, y si mi relación conmigo me condiciona
tanto por dejarde vivir forzándome a ser diferente, imaginemos cómo
condiciona mi relación conlos demás creer que ellos tienen
quecambiar.
Unode
los aprendizajes a hacer en el camino del encuentro es justamente
laaceptación del otro tal como es. Y esosólo es posible si antes
aprendí aaceptarme.
Enojarsecon
el otro por cómo es significa que, para que yo pueda quererlo,
tiene que sercomo yo quiero que sea. Si tu amiga esimpuntual y la
esperás una hora cada vez que te citás con ella, no teenojes. ¿Quién
te obliga a esperarla?Cuando yo espero a alguien que es usualmente
impuntual, la razón de mi espera esporque elijo esperarlo y no
porque él llegó tarde. ¿Debo hacer responsable al otro de
mispropias decisiones?
Miesposa
y yo decidimos hacer nuestra ceremonia de casamiento a un
horarioinusual. la hora que realmente anunciaba la invitación.
Esperamos quince minutos. Más de la mitad dela gente nunca llegó,
o mejor dicho, llegaron mucho después y se quedaron comomedia hora
en la puerta pensando que nosotros todavía no habíamos llegado
cuandoen realidad, ya nos habíamos ido.
Sonestilos,
maneras de plantear las cosas. Cada uno espera cuanto quiereesperar.
Tuconcepto
de la puntualidad es tuyo y yo no lo comparto. No tenés que ser
como yo, pero no me pidasque sea como vos.
Seradulto
significa hacerse responsable de la vida que uno lleva, saber que
lascosas que uno vive en gran medida las vive por se ocupa de que así
sea y, apartir de allí, animarme a quererme incondicionalmente, por
egoísta queparezca.
Sesupone
que el egoísmo es patológico cuando va en desmedro del otro,
cuando meimpide compartir. Pero, ¿por qué el otro se vería dañado
y afectado por el hechode que yo me quiera mucho? Sabemos yaque el
amor no se agota, que mi capacidad de amar es ilimitada, y por lo
tanto,que es ridículo pensar que por quererme mucho a mí mismo no
me va a quedarespacio para querer a los demás.
Elegoísmo
es para mí un mago poderoso, capaz de revelar nos algunas verdades
sobrenosotros mismos. Pero vivimosrechazándolo, lo queremos matar,
sin darnos cuenta de que no podríamos vivir sinél.
Siconseguimos
hacernos amigos del mago, amigarnos con nuestro egoísmo, entonces
nosólo podremos servirnos de él para engrandecemos sino que
podremos volvernos másgenerosos, más nobles, más sabios, más
solidarios y másinteligentes.
Todolo
que cada uno se quiere a sí mismo espoco.
Conseguridad,
a todos todavía nos falta querernosmás.
Ocurreque
cuando al individuo se le prohíbe ser egoísta, para encontrar un
lugar dondequererse, cuidarse y atenderse, se vuelve mezquino, ruin,
codicioso, canalla yjodido. El individuo se vuelvedespreciable
porque cree que tiene que elegir entre él y el otro, y cuando
seelige a sí mismo cree que lo hace en contra de su moral. La idea
que anima a concebir el egoísmo comoun desmedro de los otros es
plantearse la vida como una batalla mortal. Pero eso no siempre es
cierto. Habrá habido, y seguramente seguirá habiendo,batallas a
muerte, pero analizar el mundo de este modo en todo momento es
unavisión limitada con la cual no comulgo.
Hastaque
el individuo no descubre su mejor egoísmo, el poderoso mago dentro
de él, nose da cuenta de que él es el centro de su existencia y
decimos entonces que estádescentrado. Quiero decir, que vive ygira
alrededor de cosas externas, que hace centro en otrascosas.
Porsupuesto,
algunos aspectos de nuestro mundo están compartidos; vos y yo
podemoscharlar, podemos ponernos de acuerdo y también en
desacuerdo, podemos tenerespacios en el mundo del otro y espacios
comunes a los dos. Pero cuando vos te vas... te vas con tu mundoy yo
me quedo con el mío.
Siyo
renuncio a ser el centro de mi mundo, alguien va a ocupar ese
espacio. Si giro alrededor tuyo empiezo a estarpendiente de todo lo
que digas y hagas. Entonces vivo en función de lo que me permitas,
de lo que me des, de loque me enseñes, de lo que me muestres, de lo
que me ocultes... y por otro lado,cuando me doy cuenta de que soy el
centro del mundo de otro, me empiezo aasfixiar, me pudro, me canso y
quieroescapar...
Miidea
del encuentro es:
Dospersonas
centradas en ellas mismas que comparten su camino sin renunciar a
sucentramiento. Si no estoy centrado en mí, es como si no
existiera, y si noexisto, ¿cómo podría encontrarte en elcamino?
¿Porqué
es tan difícil aceptar esta idea delencuentro?
Porqueva
en contra de todo lo que aprendimos. Hemos aprendido que si algo
para vos es importante, debe serIo tambiénpara mí. Porque estamos
entrenados enprivilegiar al prójimo.
Perovengo
yo, Jorge Bucay, y provoco, escandalizo, pateo la puerta ydigo:
¡Paranada!
En realidad, lo que yo miro es más importante que lo que mira el
otro; misojos son prioritarios a los ojos del otro.
Cadavez
que explico este pensamiento, alguien salta indignado: ¡eso es egocéntrico!y
yo digo: sí, claro que es egocéntrico. Como todas las posturas
individualistas, esta postura es egocéntrica. Esindividualista,
egocéntrica y saludable, las trescosas.
Indefectiblemente,para
aprender esta idea del encuentro hay que desandar la otra, la de
ladependencia. Se nos mezclan,seguramente, pero hay que seguir
trabajando.
Hayque
tener el coraje de ser el protagonista de nuestravida.
Porquesi
se cede el protagónico, no hay película.
Cuandoestamos
en una negociación, el otro puede decir muyenojado:
-"Peroal
final vos estás haciendo lo que a vos teconviene”:
-Sí,estoy
negociando para hacer lo que más me conviene a mí, ¿para qué
otra cosanegociaría? ¿desde qué lugar negociaría si no me
prefiriera a mí antes que avos?
Negociocon
otro porque es imposible hacer todo lo que yo quiero, y si pudiera
hacerlo,sin dañar al otro, quizás lo haría. ¿Por quéno?
Puedoquererte
y estar dispuesto a ceder un poco porque además de quererme a mí
tequiero a vos; pero entre los dos, no hay ninguna duda de que me
prefiero amí.
Haydos
tipos de egoísmo, uno que se opone a la solidaridad (de ida) y otro
quecoincide con la solidaridad (de vuelta), este último se educa,
creo que tambiénse educa y hay un buen gusto en la moral.
Nose
nace sabiendo disfrutar el compartir, tampoco es obligatorio, pero
se puedeaprender.
Alprincipio,
la música clásica parece medio chirriante, pero después se
aprende aescuchar a Tchaicovsky; después ballet; y después, si uno
se anima un poquitomás, empieza a encontrarle el placercito al
barroco; y después empieza aescuchar música sinfónica. Uno
vaeducando su oído y no pierde el gusto por lo anterior, porque está
aprendiendo.y va creciendo hasta, quizás, escuchar y disfrutar de
laópera...
Cuandono
hemos sido entrenados para mirar pintura, vemos un cuadro famoso y
noentendemos. Pero así como se aprende aescuchar música, se
aprende a entender pintura. Se lee sobre pintura y se aprende
amirar.
Lamoral
también se aprende.
Nadiepuede
hacer que me guste Goya, nadie puede obligarme a que me guste
Picasso,pero si yo aprendo, si yo crezco, si yo educo mi buen gusto,
va a crecer laposibilidad de que me gusten esas cosas, voy a
encontrar aquello que realmenteestá ahí, para poder extraerlo
ydisfrutarlo.
Cuantomás
disfruto, cuanto más placer soy capaz de sentir, más entrenado está
mi amorpor mí. Si cuidarte y darte desde elamor me da placer, por
qué no pensar que es desde la búsqueda de este placer queyo actúo
y ejerzo el amor que te tengo.
Cómono
va a ser así, si el amor por vos proviene del amor pormí.
Hayque
darse cuenta de que hay en el mundo personas, cosas y hechos
muyimportantes, pero ninguna más importante para mí que yo mismo.
Porque nos guste o no nos guste, repito, cadauno de nosotros es el
centro del mundo en el quevive.
Apuestocon
todo mi corazón por nosotros. Perosi vas a forzarme a elegir...
entre vos y yo...yo.