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Otra experiencia sobre el Camino   Lista de mensajes  
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Re: [CaminoSantiago-info] Otra experiencia sobre el Camino

Enhorabuena, me ha encantado tu relato, ¡que envidia me das!.
Lo único, que antes de que vuelvas el año que viene entrena y llevarás mejor
los pies, y me imagino que ya habrás aprendido que cuanto mas llevas en la
mochila mas te pesa (el) llevarlo. Es una de las paradojas y enseñanzas del
Camino, el llevar demasiadas cosas se vuelve en nuestra contra.
Las AACS suelen organizar marchas durante todo el año, que vienen muy bien
para prepararse para el Camino.
¡ Ultreia!
Miguel

----- Original Message -----
From: "mamroldan" <roldanet@...>
To: <caminosantiago-info@yahoogroups.com>
Sent: Sunday, December 12, 2004 1:22 PM
Subject: [CaminoSantiago-info] Otra experiencia sobre el Camino


Llego a Sarria (Lugo), el día 6 de diciembre de 2004. Viajo en
automóvil, y mi intención es dejarlo aparcado en esta localidad
hasta mi regreso. Me dirijo al Cuartel de la Guardia Civil, y
después de hablar con el Sargento Comandante de Puesto de esta
localidad, muy amable, me facilita la credencial de peregrino y me
ofrece la posibilidad de poder aparcar el auto en las inmediaciones
del acuartelamiento, de lo cual, le quedo gratamente agradecido.
Además, me facilita gran cantidad de información sobre el Camino,
dado que ya lo realizó personalmente y ha recibido varios cursos de
especialización dirigidos expresamente a facilitar información al
peregrino.
Comienzo a caminar a las 15:00 horas -demasiado tarde- calculo que
pueden quedar dos horas y media de luz del sol. Llevo a espaldas una
pesada mochila de 15 kilogramos, que creo voy a lamentar durante
toda la marcha (creo que cargué demasiada ropa de invierno, tal vez
pensando que me dirigía al Polo Norte, si bien en Galicia hay mucho
mejor temperatura que en mi Palencia natal).
Mi intención en principio es quedarme en el albergue de Sarriá, pero
al llegar allí, la hospitalera me anima a caminar un poquito, al
menos hasta Barbadelo; así que comienzo a caminar con el sol ya
declinando. Llego a Barbadelo, pero está vacío, así pues, continúo
camino hasta el siguiente: Ferreiros, donde llego ya pasadas las
17:30 horas, con el sol perdiéndose en el horizonte.
En Ferreiros: seis peregrinos haremos noche. Descubro con horror
como las pesadas botas de gore-tex que llevo, no son las más
apropiadas para un caminante: tan sólo doce kilómetros de Camino, y
ya con ampollas en ambos talones y un comienzo de tendinitis, con lo
cual inicio un ritual que se ha de repetir todos los días en
adelante: ducha con agua y jabón, secar bien las heridas, betadine,
gasas y esparadrapo. Llevo los dedos de los pies vendados por
separado, para evitar que las uñas produzcan llagas en la piel
(empiezo a acusar estos cinco meses de inactividad debido a un grave
accidente que quemó el 15 por ciento de mi cuerpo).
A las siete de la mañana, comienzan a salir los peregrinos hacia un
nuevo destino: primero un joven futbolista con otro caminante de
Astorga, después un natural de la comarca de Santiago, más tarde un
cántabro de Santoña, y por último, Alfredo, un minero jubilado de
Ponferrada, que con sus 70 años, pasa gran parte de su vida en el
Camino, charlando con los peregrinos, y aportando valiosos consejos
que nos han de servir a todos los nuevos caminantes de una gran
ayuda. Volveré a encontrarlo varias veces por el Camino.
Soy el último que sale del Albergue, cuando a las ocho, abren la
taberna que hay próxima al albergue. Un buen desayuno: zumo de
naranja, tostadas y un gran café con leche; una buena forma de
comenzar a caminar por un suelo helado y en un terreno cubierto por
la niebla ( "siga siempre las flechas amarillas" me repite
interiormente la voz del Sargento de Sarriá). El suelo está
resbaladizo, y este piso de piedra, cubierto de planchas de hielo
convierte algunos tramos en pistas de patinaje. Amanece, un hermoso
amanecer en la Ribeira Sacra Galega: detenerse, mirar hacia el sol,
abrir los brazos y aspirar aire hondo, quedan muchas horas por
delante para poder pensar.
Apoyado sobre una liviana vara de avellano que alguien me vendió por
el camino, con el sonido acompasado de los golpecitos de la madera
sobre la tierra, continúo pasito a pasito. Había calculado poder
avanzar siete kilómetros a la hora sin mochila a la espalda, pero
sobre un camino más blando. Con un camino de piedra, y quince kilos
de más a la espalda, tengo que desplazar 105 kilos, y creo que puedo
caminar y de hecho camino, a unos cuatro kilómetros por hora, con lo
cual, el Camino me enseña, que no se ha de convertir la Ruta Xacobea
en una obsesión por devorar millas, sino en un placer reflexivo y en
un ejercicio para la mente.
Al llegar a Portomarín, encuentro al cántabro de Santoña, que me
hace señas desde lo bajo de la escalinata al otro lado del puente.
Tiene dificultades, se quedó sin plantillas en las botas, y lleva
dos compresas en las plantas de los pies para poder absorber algo de
humedad, pero se le ve cansado, y dice que no tiene prisa, que
seguirá a su ritmo, más despacio, con la idea de poder llegar a
Santiago antes del día 14.

Subo la escalinata de Portomarín, y llego hasta la extraña iglesia
que llama poderosamente la atención desde abajo, pero está cerrada,
y no abrirán hasta la tarde, así pues, continúo camino,
despidiéndome del cántabro y deseándole mucha suerte.
Paso por los Albergues de Gonzar y de Ventas de Narón, que también
están vacíos, y decido llegar hasta Ligonde, que según la credencial
está a 76 kilómetros de Santiago. En efecto, en el kilómetro 76 hay
un hito de piedra que marca el kilómetro 76, y un cartel de inicio
de población que indica "Ligonde", pero no hay más edificio que
una "ferrería", con lo cual, mucho me temo que este no es el lugar,
y que debo seguir adelante. No se ven caminantes, son las tres de la
tarde, y llego al Albergue de Ligonde cerca de las cuatro, en el
kilómetro 73, aunque tampoco hay nadie aquí, por lo que decido parar
aquí a comer, en uno de los dos restaurantes que hay al lado.
Poco más tarde llega Alfredo, y se pone a recoger leña para encender
la chimenea, y al rato, llegan Débora y Carlos, dos coruñeses, con
lo cual ya somos cuatro, y cuatro somos los que haremos noche en
este bonito albergue, al calor de la chimenea.
Durante el Camino he aprendido que estos albergues rurales y de
montaña, son más entrañables, más acogedores, te hacen sentir más en
familia, más en contacto directo con la gente.

Ocho de diciembre, fiesta en toda España, inicio de etapa en
Ligonde , con una espesa niebla. Antes de llegar a Palas de Rei se
unen a este caminante solitario dos jóvenes de Almansa (Albacete),
lugar que todos conocemos de paso, por quedar a medio camino entre
Madrid y Alicante, y del cual sólo recordamos un imponente castillo,
visible desde la autopista. Un poco de charla durante el Camino,
paso por los Albergues de Mato-Casanova y Leboreiro, para llegar a
Melide, donde hartemos noche hoy, y donde, como no, volveré a
encontrarme con Alfredo, mi padre durante el Camino. El Albergue de
Melide es el primero que encuentro lleno de gente, es frío y carece
del encanto de los de anteriores etapas.
Nueve de diciembre. Me despido de Alfredo, que esta vez quedará muy
cerquita, en Ribadiso da Baixo. Llevo los pies muy doloridos, la
tendinitis es muy acusada ya, y las heridas de los pies me obligan a
tomar Nolotil para poder calmar los dolores. Cada vez recurro más a
la vara de avellano para descargar parte de mi peso sobre ella
(noble madera la del avellano, ligera y en apariencia frágil, pero
muy resistente).
Paso por Arzúa, por fin una parroquia abierta, pido fuerzas para
poder seguir adelante.
Llego a Santa Irene a la caída de la tarde, y decido pasar noche
allí, aunque para poder comer algo es necesario caminar unos dos
kilómetros.
En el Albergue de Santa Irene, hay un grupo de ocho personas,
alicantinos creo, que llevan una furgoneta y un coche de apoyo, y se
trasladan de un lado a otro con cocina, comida, mochilas, etc.
Reflexiono sobre que esta es una forma mucho más cómoda de hacer el
Camino, pero me alegro de poder hacer el Camino sin apoyo externo,
porque esto me hace poder sentir cada metro como un nuevo reto.
Amanezco a las siete, el día once de diciembre, y como no tengo
desayuno posible por aquí, decido comenzar a caminar con una
linterna en la mano. Hay una niebla poderosa, muy cerrada, y un
frío intenso, y la luz del día no aparecerá hasta las ocho y media,
con lo cual voy a tientas, con la pequeña linterna sujeta con la
mano libre, y deteniéndome en cada cruce, tratando de poder seguir
la Ruta. Paso Arca do Pino, todo está cerrado aún. En la subida a
un monte, sin apenas luz, alguien me da una palmadita en la espalda
y yo doy un respingo, sobresaltado. Un extranjero, de más de 50
años, vestido de militar, y a un paso tres veces superior al mío, me
rebasa como una motocicleta, con un "buen camino", en un acento que
no llego a identificar, tal vez alemán.
Desayuno en "la puerta de Santiago". A estas alturas, ya sólo hay
dolor, pero muchas ganas de llegar. La mochila pesa el doble, los
pies apenas se despegan del suelo, y cada paso, es como caminar
sobre alfileres. A las doce y media, llego al Albergue del Monte do
Gozo, debo esperar hasta la una y media para poder sellar la
credencial, y decido pasar la noche aquí, pensando en la misa del
peregrino de las doce de la mañana del sábado.
Dejo la mochila en una habitación y bajo caminando a Santiago
después de comer en un restaurante del Monte, y llego dolorido al
fin del viaje: la catedral de Santiago, y a partir de aquí, todo
sucede de forma improvisada. Entrada por la Puerta Santa, el Abrazo
del Apóstol, la visita del Sepulcro, una oración y el deseo que me
trajo hasta aquí, muchas lágrimas de emoción, y salida al exterior,
donde comienzo a encontrar gentes con las que coincidí por el Camino.
Me hacen señas Débora y Carlos, y con ellos quedo disfrutando el
momento, y juntos vamos a recoger la Compostela. Me piden que elija
entre la misa de las seis y la de las doce, y pido la de las seis
(mi Camino fue de paz, de relajación, y prefiero que siga siendo
así). Media hora después escucho en la Iglesia, que por el Camino
Francés, ha llegado un peregrino de Castilla y León y me emociono de
nuevo.
Fin de viaje, objetivo cumplido, mucha alegría, compenso el dolor,
con una alegría que me revienta el pecho. Volveré, sin duda, el
Camino es algo fuerte, intenso, y para quien lo vive y lo
experimenta, es una experiencia que debe repetirse.
Mi idea es poder hacer el Camino francés completo, pero por etapas,
tal vez el año próximo llegue hasta Sarriá desde Carrión de los
Condes, o desde Frómista, mi tierra natal, no lo se, lo que sí estoy
seguro es que he de volver: algo se me quedó en el Camino....





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Lun, 13 de Dic, 2004 7:54 am

rutalana
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Enhorabuena, me ha encantado tu relato, ¡que envidia me das!. Lo único, que antes de que vuelvas el año que viene entrena y llevarás mejor los pies, y me...
miguel
rutalana
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13 de Dic, 2004
7:59 am

Chaval, ante todo siento lo de tu accidente y darte la enhorabuena por tu fuerza de voluntad. Esto viene a demostrar lo que ya se ha dicho...
Karlos
peregrino_ma...
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13 de Dic, 2004
7:50 pm

Hola: Las notas de tu peregrinacion me han hecho recordar la mia. Te felicito por haber superado tus problemas y terminado tu peregrinacion. Las experiencias...
rafael martinez
kiliman100
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13 de Dic, 2004
8:43 pm

Me ha enganchado tanto tu relato que he sentido la llamada del Camino, a pesar de los avisos de no viajar y de bajada brutal de las temperaturas, el lunes...
Miguel Angel
rutalana
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24 de Dic, 2004
10:11 pm

Tocayo te deseo buen Camino, vas a despedir bien el año. Suerte compañero y sobre todo ten mucho cuidado, dicen que van a bajar mucho las temperaturas. Yo...
MANGELRO@...
picu_2001es
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25 de Dic, 2004
3:45 am
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