| Los Ancianos Los ancianos son respetables, no
por el número de sus años, dice la Escritura, sino por la prudencia, que es la vejez del hombre. Vida sin mancilla es larga vida. No me he estrellado contra la prudencia, que es la vejez del hombre, más aún contra la intemperancia del corazón y la palabra. Viejos incautos, viejos malévolos, viejos agresivos son mozos desvergonzados a quienes conviene reprimamos en favor de las buenas costumbres. Los que en medio de los vicios y las malas obras alegan sus años como carta de inmunidad, no tienen en la memoria las leyes divinas, ni juzgan que las humanas les imponen obligaciones. Así como los ministros del culto, los sacerdotes de Dios, a causa de su investidura están más obligados a la continencia y la abstinencia que el globo de los hombres, asimismo a los viejos, en cuanto seres añosos, les obliga más fuertemente la cordura y la mesura. Viejo que se pierde el respeto a sí propio, no es acreedor al de sus semejantes. Oh ancianos, sed dioses en la tierra, sedlo por el
ejemplo del bien y la práctica de las virtudes, y no pasaremos por vuestro lado sin descubrirnos, como ante la sabiduría encarnada en cuerpo venerable. |