Hacer un acto de fe en cada una de mis peticiones y confiar en que obtendré eso que he pedido. Perdonar a todos y siempre. Nunca guardar rencor.
CONTRUYAMOS UN PUENTE No. 106
EL PECADO CONTRA LA VIDA DEL HOMBRE.
Cristo nos ha enseñado a perdonar. El perdón es indispensable también para que Dios pueda plantear a la conciencia humana los interrogantes sobre los que espera respuesta en toda la verdad interior.
Cristo nos ha enseñado a perdonar. Enseñó a Pedro a perdonar "hasta setenta veces siete" (Mt. 18, 22). Dios mismo perdona cuando el hombre responde a la pregunta dirigida a su conciencia y a su corazón con toda la verdad interior de la conversión.
Dejando a Dios mismo el juicio y la sentencia en su dimensión definitiva, no cesamos de pedir; "Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores".
La comunión de mesa en el judaísmo significa comunión ante los ojos de Dios, cuya bendición se ha invocado antes. En este contexto se comprende que la intencionalidad en las comidas de Jesús con los "pecadores" no es
puramente social, ni expresan simplemente la gran humanidad de Jesús. En esas comidas Jesús intenta hacer partícipes a los invitados de la mesa del Reino de Dios, es decir, ofrecerles en nombre de Dios la paz, el perdón, la confianza...Jesús, al comer con los "pecadores", quiere indicar simbólicamente que Dios los acoge y perdona. En este trasfondo se comprende, por ejemplo, la parábola de la gran cena, la gravedad de la acusación lanzada contra Jesús y la elevación de su respuesta (cfr. Mc. 2, 17). No hubiera sido criticado, si esas comidas hubieran sido con los "hombres de bien".
En el escándalo padecido por los
pretendidamente justos ante el comportamiento de Jesús, está el nervio de la cuestión. Con su actuación, Jesús invierte el orden vigente entre estos dos factores: penitencia y salvación. De esta inversión depende en gran parte la originalidad de Jesús. Aclaremos la cuestión. El judaísmo sabe que Dios es misericordioso y capaz de perdonar. "También para el pecador hay una salvación, pero sólo después de que haya mostrado su arrepentimiento por medio de la reparación y del cambio de su conducta".
Para ser amado por Dios, el pecador debe convertirse antes en justo; la conversión es así el presupuesto que concede al pecador la
esperanza de ser perdonado. Pero he aquí que en el comportamiento de Jesús lo primero es la oferta incendie tonada de la salvación; los acoge sin inquirir en su vida anterior. Así, "de la gracia brota la conversión". Esta inversión, fundada en el poder de la misericordia de Dios, es en realidad la única esperanza del pecador. Si nos salvamos es porque Dios es bueno sólo El lo es (cfr. Lc. 18, 19)- no porque nosotros lo seamos todos somos malos (cfr. 7,11)-.
Esta inversión operada por Jesús, tiene un alcance universal. ¿No es acaso el amor el que regenera de verdad a las personas, el que las encamina hacia la respuesta libre,
fiel y agradecida? ¿No es la experiencia de ser amados gratuitamente el surtidor que da la confianza fundamental en la vida? ¿No cierran más bien las acusaciones y condenaciones? El que Jesús, en la ética del Reino, pida el perdonar al enemigo se funda en el hecho de haber sido perdonado por Dios (cfr. Mt. 5, 43 y ss.). El perdón recibido sin presupuestos y el deber y la posibilidad de perdonar al enemigo se corresponden.
En esa inversión de las realidades penitencia y gracia está inserto el carácter de Buena Nueva propio de la predicación de Jesús y de toda su existencia;
por medio de Jesús se ilumina el futuro de los hombres perdidos. Jesús en persona es el "Evangelio" (cfr. Mc. 1, 1, que puede ser también genitivo objetivo). Y al mismo tiempo en esto radica el escándalo que sufren ante Jesús los que se creían justos.
Tal comportamiento de Jesús "era aparentemente la disolución de toda ética; era algo así como si el comportamiento moral no significara nada a los ojos de Dios...el Evangelio conmociona los cimientos de la religión". Tal escándalo no habría acontecido si esas comidas hubieran sido con los "justos".
Ante estas consecuencias Jesús da la justificación de su proceder, Fundamentalmente son tres: Los "pecadores" realmente le necesitan y los acusadores también son malos. Pero en la tercera justificación se esconde la pretensión de Jesús de ser la encarnación de la misericordia divina, de ser el portador de la salvación, de ser el espejo de lo que Dios es y como Dios actúa.
Esta justificación aparece con claridad en la parábola del "hijo pródigo" o mejor del "amor del Padre", que tiene un valor argumentativo, ya que es respuesta a la acusación de los fariseos y escribas (Lc. 15, 1-2). "El amor de Dios para con los pecadores que buscan el hogar es sin límites. Yo obro como corresponde a la naturaleza y a la voluntad de Dios". Dios es así, Dios actúa así, como se transparenta en la conducta de Jesús hacia los "pecadores". Con ello está redefiniendo a Dios, le caracteriza de forma distinta a como lo hacen los fariseos y los escribas.
Esta veta original del Evangelio de Jesús siempre será
atrayente y al mismo tiempo peligrosa. En Jesús se enciende la esperanza y ante El hay que tomar medidas para que los cimientos del orden no se tambaleen. La eliminación y la muerte de Jesús serán la consecuencia de su vida.
Me inclino reverentemente ante El Señor
M.E. Winston Pauta Avila
Iglesia Católica Agua Santa
Guayaquil – Ecuador
C. C. DE COLORES
Cursillista de Cursillo de Cristiandad de Guayaquil- Ecuador
“Chistifideles Laici”
Cursillista de Cursillo de Cristiandad de Barcelona- España
M.E. Winston Pauta Avila
Iglesia Católica Agua Santa
Guayaquil – Ecuador
C. C. DE COLORES
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