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#887 De: "Ronald Avery" <amc@...>
Fecha: Mar, 2 de Mayo, 2006 4:12 pm
Asunto: carnation
amc@...
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#886 De: "Kenneth Wheeler" <tewnt@...>
Fecha: Mar, 2 de Mayo, 2006 12:17 pm
Asunto: increasingly
tewnt@...
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#885 De: "Javier Baudino" <jbaudino@...>
Fecha: Mar, 2 de Mayo, 2006 11:37 am
Asunto: RE: : católicos del mundo en lengua hispana Re: : católicos del mundo en lengua hi spanaMAYO, MES DE MARIA. CU...
jbaudino@...
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    Agradecería recibir el zip del cuaderno de meditaciones de nuestra Santisima Madre y tambien los 20 misterios de El Santo Rosario.  Dios los Bendiga... Javier.

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#884 De: "Catholic.net" <vocaciones1@...>
Fecha: Mar, 2 de Mayo, 2006 7:50 am
Asunto: Vocaciones - El carisma palotino
vocaciones1@...
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 Vocaciones 02 de mayo de 2006
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El carisma palotino



El carisma palotino

Fuente: www.palotinos.net
Autor: n/a

La actividad apostólica de San Vicente Pallotti se funda en su experiencia personal del amor y de la misericordia de Dios. Él cree profundamente que Dios actúa animado por su amor infinito. Por ello el hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, encuentra el sentido de su existencia sólo cuando ama a Dios y a los hombres: “No puede vivir, Jesús mío, quien no ama” (San Vicente Pallotti).

Esta experiencia le permite comprender a Jesucristo como Apóstol del Eterno Padre. Jesucristo cumple el mandato del Padre sobre todo en la obra de amor y misericordia. Él revela a todos los hombres el diseño salvífico del Padre; se ha encarnado y ha aceptado la muerte en la cruz para redimir el mundo. Por ello, la vida apostólica de cada cristiano consiste en vivir, imitando Cristo, el amor hacia Dios Padre y hacia el prójimo. Las palabras de San Pablo: “el amor de Cristo nos apremia” (2 Cor 5,14) se convierten en la máxima de la espiritualidad de Vicente Pallotti. La imitación de Jesucristo y a la participación a Su misión son inseparables. Así como todos están llamados al apostolado.


Nuestra Patrona

Para Vicente Pallotti, María, Reina de los Apóstoles, es el más perfecto modelo de vida espiritual y apostólica. Este título es un programa para el apostolado de todos los fieles.

Nuestra Comunidad reunida alrededor de la Virgen María, Reina de los Apóstoles está abierta a toda persona que, como sacerdote o hermano, quiere vivir en ella, trabajar y crecer con ella.

Se exige aptitud física y síquica, espiritual y de carácter, para colaborar en la comunidad.

El vivir y el trabajar juntos se apoya en la fe común. Nos mueve la imitación de Jesús, “el Apóstol del eterno Padre”, y su amor es el motivo último de todas nuestras actividades apostólicas y de nuestro contacto y trato con nuestros hermanos.



¡Dios que te llama, pone ante ti una misión!
¿Cuál será tu respuesta?




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    #883 De: "Catholic.net" <jovenes1@...>
    Fecha: Mar, 2 de Mayo, 2006 6:52 am
    Asunto: Jóvenes - ¿Puede la Iglesia dar un paso hacia atrás?
    jovenes1@...
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     Jóvenes 02 de mayo de 2006
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    ¿Puede la Iglesia dar un paso hacia atrás?




    ¿Puede la Iglesia dar un paso hacia atrás?

    Fuente: Catholic.net
    Autor: P. Fernando Pascual

    Los católicos creemos que Cristo es el Hijo de Dios, que murió en una cruz para salvar a los hombres, que resucitó de entre los muertos, que fundó la Iglesia, que envió el Espíritu Santo. Creemos, por lo tanto, que la Iglesia es el camino que nos lleva al cielo, que no hay otro Salvador fuera de Cristo.

    Estas convicciones hieren a muchos. Especialmente a quienes no ven correcto pensar que uno posee la verdad y que los demás están equivocados.

    Por eso se han dado y se dan, especialmente desde hace unos 300 años, tantos ataques contra la Iglesia. Por eso hoy día la arremetida de ciertos grupos de poder y del pensamiento es constante.

    Libros, artículos, películas, reportajes televisivos, noticias y campañas más o menos organizadas: estamos ante un esfuerzo enorme, acompañado por un gran apoyo económico, orientado a desacreditar a la Iglesia, a mostrar los “errores” y “delitos” de los católicos (especialmente del Papa, de los obispos, de los sacerdotes), a señalarlos como enemigos de la democracia, de la libertad, de los derechos humanos, de la “modernidad”.

    Hay quienes insinúan, con un toque de fingida buena voluntad, que esta situación de ataques y de odios podría terminar fácilmente. Bastaría, nos dicen, con que la Iglesia diese “un paso hacia atrás”. Es decir, sería suficiente que los católicos renunciasen a la idea de que poseen la verdad, de que lo que dicen es cierto.

    ¿Qué tendría que hacer la Iglesia, según ellos? Tendría que decir que “sólo para nosotros, los católicos” Cristo sería Dios, pero que esta afirmación no es ninguna verdad absoluta. O decir que es un “pedazo de verdad” que puede convivir con muchos otros pedazos de verdad.

    En otras palabras, los católicos podríamos seguir con la idea, a nivel “privado”, de que la Iglesia es una sociedad muy hermosa; pero a la vez tendríamos que admitir que existen otros caminos válidos para llegar a la plena salvación, y que quienes los demás no están en el error.

    Además, tendríamos que suponer que nuestro Credo, las enseñanzas de la Biblia, de la Tradición, de los Papas y Concilios, serían algo sometido, como todo, al juicio de la historia. Serían algo cambiable: hasta ahora se ha pensado así, pero la Iglesia, como cualquier grupo humano, puede cambiar su punto de vista, y tendría siempre las puertas abiertas a cualquier crítica que pueda venir desde dentro o desde fuera.

    Con invitaciones como estas se cae en una contradicción no siempre bien evidenciada. Se nos dice y se nos repite, una y mil veces, que dejemos de ser dogmáticos, que nos atrevamos a pensar, que pongamos todo en discusión, que no creamos que tenemos la verdad absoluta. ¿Por qué hemos de pensar así? Porque los “antidogmáticos”, los relativistas de la modernidad, piensan dogmáticamente que sólo el relativismo es bueno. Piensan, con una convicción que a veces los pone en peligro de caer en el fanatismo, que sólo ellos, con su relativismo, son “buenos”, y que todo “dogmatismo” sería “malo” y peligroso.
    ¿No nos damos cuenta de que este modo de pensar es sumamente dogmático e intolerante? ¿No somos capaces de descubrir la falacia de quienes ven a la Iglesia como “peligrosa”, cuando en realidad no dudan en aplaudir a quienes insultan a los católicos, a quienes atacan iglesias y símbolos de culto, a quienes promueven mentiras y calumnias contra el Papa y los obispos, a quienes repiten en sus novelas y películas mentiras que provocan la vergüenza de cualquier historiador medianamente serio?

    Todas estas presiones contra la Iglesia muestran la enorme contradicción de quienes quieren “imponer”, en nombre de la libertad, sus propias ideas; de quienes buscan cancelar cualquier atisbo de la fe católica que no coincide con su ideología. En realidad, usan la palabra “libertad” para aplastar cualquier oposición, para difundir mentalidades sumamente injustas e inhumanas, como cuando justifican la “bondad” de un crimen tan grave como el del aborto. Incluso quieren eliminar la libertad de expresión en nombre de la misma libertad, una libertad que sólo se concedería a quienes piensan como ellos, mientras sería negada a todos los que no se sometan a sus proyectos.

    A pesar de todas estas presiones, la Iglesia no dará ningún paso hacia atrás. Porque nosotros no nos hemos inventado a Cristo, porque la Cruz y la Resurrección no son un mito, porque el Espíritu Santo actúa realmente en los corazones, porque existe un Dios que es Padre y que nos ha manifestado su Amor en Jesucristo. No podemos dar un paso hacia atrás porque no podemos cerrar los ojos a la verdad, ni podemos dejar de ofrecerla como el regalo más hermoso que tenemos que dar a quienes, libremente, quieran acogerla.

    Todos los seres humanos nacimos para amar. Todos deseamos encontrar el camino del verdadero amor. Somos buscadores de certezas, no soñadores de ilusiones o de tradiciones humanas pasajeras como las modas. Por eso no podemos dejar de decir que en la Iglesia está presente el Amor de Dios. Desde esta certeza, ofreceremos la mano tendida a todos, también al enemigo. De este modo muchos, libremente, podrán encontrar el Camino que lleva a la felicidad, la Verdad que satisface nuestros deseos de saber, la Vida que nos aparta del egoísmo y nos impulsa a amar en el tiempo y en la eternidad.

    Por amor al hombre, por respeto al que hierra, por sentido auténticamente democrático, seguiremos en nuestras certezas, no daremos ningún “paso hacia atrás”. Respetando a todos, también a quien no nos respete. Porque también el “dogmático relativista” está llamado a abrir los ojos para salir de sus engaños. Descubrirá entonces que Dios lo ama; que su vida, como la de cada hombre, tiene un valor casi infinito: el de haber sido hecho a imagen y semejanza de Dios, el de haber sido redimido por Cristo en el Calvario.


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    #882 De: Winston Pauta Avila <wpauta@...>
    Fecha: Mar, 2 de Mayo, 2006 8:01 am
    Asunto: Mayo 2 09H59 UNOS MOMENTOS CON JESUS Y MARIA, SANTORAL, LITURGIAS DE LAS HORAS
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    Unos Momentos con Jesús y María
     
    Lecturas del 2-5-06 (Martes de la Tercera Semana de Pascua)
     
    SANTORAL:
    San Anastasio
     
    Lectura de los Hechos de los Apóstoles 7, 51-8, 1a
     
    Esteban decía al pueblo, a los ancianos y a los escribas:
    «¡Hombres rebeldes, paganos de corazón y cerrados a la verdad! Ustedes siempre resisten al Espíritu Santo y son iguales a sus padres. ¿Hubo algún profeta a quien ellos no persiguieran? Mataron a los que anunciaban la venida del Justo, el mismo que acaba de ser traicionado y asesinado por ustedes, los que recibieron la Ley por intermedio de los ángeles y no la cumplieron.»
    Al oír esto, se enfurecieron y rechinaban los dientes contra él. Esteban, lleno del Espíritu Santo y con los ojos fijos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús, que estaba de pie a la derecha de Dios. Entonces exclamó: «Veo el cielo abierto y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios.»
    Ellos comenzaron a vociferar y, tapándose los oídos, se precipitaron sobre él como un solo hombre; y arrastrándolo fuera de la ciudad, lo apedrearon. Los testigos se quitaron los mantos, confiándolos a un joven llamado Saulo.
    Mientras lo apedreaban, Esteban oraba, diciendo: «Señor Jesús, recibe mi espíritu.»
    Después, poniéndose de rodillas, exclamó en alta voz: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado.»
    Y al decir esto, expiró. Saulo aprobó la muerte de Esteban.
     
    Palabra de Dios.
     

    SALMO Sal 30, 3cd-4. 6ab y 7b y 8a. 17 y 21ab (R.: 6a)
     
    R. Señor, yo pongo mi vida en tus manos.
     
     
     Sé para mí una roca protectora,
     un baluarte donde me encuentre a salvo,
     porque tú eres mi Roca y mi baluarte:
     por tu Nombre, guíame y condúceme.  R.
     
     Yo pongo mi vida en tus manos:
     tú me rescatarás, Señor, Dios fiel.
     Confío en el Señor. 
     ¡Tu amor será mi gozo y mi alegría!  R.
     
     Que brille tu rostro sobre tu servidor,
     sálvame por tu misericordia;
     Tú los ocultas al amparo de tu rostro
     de las intrigas de los hombres.  R.
     
     
    X Lectura del santo Evangelio según san Juan 6, 30-35
     
    La gente dijo a Jesús:
    «¿Qué signos haces para que veamos y creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: Les dio de comer el pan bajado del cielo.»
    Jesús respondió: «Les aseguro que no es Moisés el que les dio el pan del cielo; mi Padre les da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que desciende del cielo y da Vida al mundo.»
    Ellos le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan.»
    Jesús les respondió: «Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed.»
     
    Palabra de Dios.
     
     
     
     
    Reflexión   
     
     
    Nosotros tenemos hambre y sed. Es Cristo el que llena nuestras aspiraciones de verdad.
    Sólo en Cristo podremos saciar esa  nuestra hambre y nuestra sed.
    Jesús se quedó como alimento en el Pan de la Eucaristía, para que el mundo uno sufra más hambre.
     
    Los judíos rechazaban que Jesús fuese el pan bajado del cielo. No podían ni querían aceptar en aquel hombre pobre y sencillo, al enviado del Padre, del que había recibido el poder de dar la vida eterna. Eran incapaces de ver en Jesús, al Hijo de Dios.
    ¿Por qué?
    Porque no querían escuchar al Padre, cuyo designio era ¨que todo hombre que ve al Hijo y cree en él, tenga la vida definitiva, y pueda ser resucitado en el último día¨.
     
    Nadie puede creer en Jesús, si el Padre no lo empuja hacia él, sin la gracia del Espíritu Santo.
    La clara voluntad del padre es darnos la vida y la resurrección, la salvación definitiva por medio de nuestra adhesión a Cristo.
    Si creemos de verdad en él, ya tenemos desde ahora la vida eterna. Nuestra respuesta debe ser abrirnos al Espíritu Santo, para que nos enseñe a ser dóciles al Padre, que nos quiere dar la vida por Jesús.
     
    Por eso, al creer, en Jesús y adherirnos a él, tenemos ya desde ahora la vida eterna.
    Nos han enseñado a esperar la vida eterna después de la muerte.
    Y por cierto que será entonces cuando podamos alcanzarla en plenitud. Cuando el Señor nos resucite.
    Pero lo fe en Cristo, nos permite tener aquí también la vida verdadera.
    No podemos llegar al Padre, sino por Cristo. Es Jesús quien nos hace visible al Padre. El nos da a conocer el designio amoroso del Padre.  Y nos dice que nada de lo que el Padre le ha confiado puede perderse. Jesús nunca nos rechaza
     
    Por eso hoy, vamos a darle gracias a Jesús, por ser el pan de Vida que nos alimenta en cada Eucaristía para fortalecernos en nuestro camino hacia el Padre, y vamos a decirle a nuestro Padre, que regale el don de la fé, de una fe incondicional en Cristo, que murió y resucitó para conseguir la Vida Verdadera a cada uno de nosotros.
     
    Que la lengua humana
    cante este misterio:
    la preciosa sangre
    y el precioso cuerpo.
    Quien nació de Virgen
    Rey del universo,
    por salvar al mundo,
    dio su sangre en precio.
     
    Se entregó a nosotros,
    se nos dió naciendo
    de una casta Virgen;
    y, acabado el tiempo,
    tras haber sembrado
    la palabra al pueblo,
    coronó su obra
    con prodigio excelso.
     
    Fue en la última cena
    -ágape fraterno-,
    tras comer la Pascua
    según mandamiento,
    con sus propias manos
    repartió su cuerpo,
    lo entregó a los Doce
    para su alimento.
     
    La palabra es carne
    y hace carne y cuerpo
    con palabra suya
    lo que fue pan nuestro.
    Hace sangre el vino,
    y, aunque no entendemos,
    basta fe, si existe
    corazón sincero.
     
    Adorad postrados
    este Sacramento.
    Cesa el viejo rito;
    se establece el nuevo.
    Dudan los sentidos
    y el entendimiento:
    que la fe no supla
    con asentimiento 
    Amén.
    Himno de la Liturgia de las Horas
     
    SANTORAL: San Anastasio, Doctor de la Iglesia
     
    San Atanasio nació en el año 295 en Alejandría (Egipto).
    En su juventud estudió teología y derecho. Al finalizar sus estudios decidió llevar una vida solitaria a un lugar desértico, allí conoció a los ermitaños del desierto.
    Pasado un tiempo regresó a la ciudad, ya totalmente decidido a dedicarle su vida a Dios.
    Atanasio se destacó en el concilio de Nicea, defendiendo la verdad católica contra las herejías arrianas.
    Al morir san Alejandro, fue designado obispo de Alejandría. En este cargo fue perseguido por los seguidores de Arrio quienes trataron de echarlo no solamente de Alejandría sino también de Oriente.
    Debido a que se negó a recibir nuevamente a Arrio, fue desterrado a Tréveris por el emperador Constantino en el año 336.
    Allí permaneció hasta la muerte del emperador en el 338, año en el cual pudo regresar a Alejandría. Sin embargo fue desterrado nuevamente por en el 342 por luchar contra los herejes. Esta vez su destino fue Roma.
    En esta ciudad estuvo ocho años, al final de los cuales quiso regresar a su ciudad natal, pero no logró debido a la persecución de sus enemigos y debió ocultarse en el desierto durante 6 años.
    Atanasio sería desterrado dos veces más.
    Recién en el año 362 logró volver a tomar su cargo. San Atanasio es un modelo para todos los cristianos de fortaleza. Falleció el 2 de mayo de 373.
     
    Otros Santos cuya fiesta se celebra hoy: Fiesta de María Reparadora. Santos: Félix, Flaminia, Saturnino, Germán, Celestino, Exuperio, Ciriaco, Teódulo, Florencio, Eugenio, Longinos, Zoe, mártires; Antonino Pierozzi, confesor; Daniel, monje.
     
    Piden a Jesús una señal
    Fuente: Catholic.net
    Autor: P. Vicente Yanes
     
    Reflexión Evangelio san Juan capítulo 6,  versículos del 30  al  35
     
    Jesús quiso dejarnos como señal para creer en él (y sobretodo para amarle) la Eucaristía. Es lo más precioso que tenemos en la Iglesia: es Cristo mismo. No es sólo un símbolo, un adorno, un rito: es la presencia real del Señor entre nosotros todos los días hasta el fin del mundo.
     
    Jesucristo quiso quedarse bajo forma de pan, pero dejó claro que ése es el "verdadero pan del cielo". La Eucaristía es el alimento que elimina eficazmente el hambre más profunda del hombre, le comunica con Dios y le hace partícipe de su felicidad. Si deja en el alma algo de hambre, ésta sólo es de repetirlo de nuevo.
     
    En la vida de los santos encontramos como denominador común un gran amor hacia la Eucaristía. Ellos encontraron allí, por la fe, a Jesús, el Señor de sus vidas. "Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí... ": Jesucristo habló con suma claridad, no hay espacio para interpretaciones ambiguas. Él está en el pan eucarístico y nos está esperando a todos los que sentimos hambre y sed en nuestras almas.
     
     



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    #881 De: Winston Pauta Avila <wpauta@...>
    Fecha: Mar, 2 de Mayo, 2006 7:29 am
    Asunto: Mayo 2 09H20 DIVERSAS
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    Sta mañana, Yo deseo que tú mores completamente en Mí. ¿qué soy yo? YO SOY Vida y la Vida es eterna.  YO SOY Amor y Amor es ilimitado.
     
    YO SOY Espíritu y el Espíritu está en todas partes.
    Luego considera un momento: YO SOY dentro de ti.  Tu cuerpo es Mi Templo sagrado y Yo moro dentro de ese templo.  ¿Es para maravillarse que Yo te pida que expandas tu conciencia para que hagas más lugar para Mí?
     
    YO SOY tu conciencia.  Yo no puedo ser limitado, porque YO SOY ilimitado.   Tú te vuelves más consciente de Mí, no puedes evitar expandirte para hacer más y más lugar para Mí.
     
    El mundo del Espíritu, el mundo interior, crece diariamente.  Hay un crecimiento seguro, una expansión constante; cada vez hay menos lugar para lo viejo, porque estás desembarazándote de lo viejo para hacer lugar a lo nuevo.
     
    Sí, Hijo Mío, todo esto está ocurriendo.  Es por eso que de vez en cuando, tienes aflicciones crecientes.  Te sientes tan lleno de alabanza y agradecimiento que deseas romper todas las cadenas, deseas cantar y llorar.  Algunas veces ésas son lágrimas de perplejidad porque el crecimiento está siendo tan acelerado.
     
    Medita todo esto.  Tómate tiempo.  Serénate. Absórbelo.
     
    Que el prodigio de ello haga gritar a tu corazón de libertad, alegría y felicidad genuinos, y sobre todo de profunda, profunda gratitud.
     
     
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    NO SÉ ORAR
     
     
     
     
    Me lo dijiste un día mientras íbamos de camino: no sé orar
    y te sorprendió mi respuesta: yo tampoco. Y es verdad.
    ¿Quién sabe orar?... ¡Si no sabemos ni podemos decir Padre, sin la fuerza del Espíritu!
    Me encanta orar sin saber. Me fascina aprender todos los días
    la oración nuestra de cada día.
    Algunas veces, agotado y cansado, me acerco a Cristo, y le rezo desde mi pobreza.
    No sé qué decirle. No tengo ganas ni de hablar, ni de pensar,
    Entonces me recuesto sobre su pecho,  como hizo san Juan en la última cena.
    Me mantengo asombrado ante tanto amor.
    Me impresionan los latidos del Corazón vivo de Jesús.
     
     
     
     
     
     
    Cuentan que en una pequeña ciudad vivía una muchacha muy guapa que tenía dos pretendientes.
    Uno de ellos era un muchacho intelectual, excelente trabajador, pero súmamente tímido y con bajo perfil social.
    El segundo era un muchacho muy extrovertido, alegre, bohemio y algo fanfarrón.
    Ambos pretendían a la muchacha quien estaba confundida sobre a cual de los dos escoger. Cuentan que el muchacho extrovertido, a todo el mundo le hablaba de su novia, de lo guapa que era, de su hermoso cabello y sus ojos tan encantadores.
    No había reunión social en la que este muchacho no se llenara la boca y se vanagloriara de ser el pretendiente de la chica más bella de la comarca.
    Al cabo de unos meses todos los jóvenes del pueblo fueron invitados a la boda de la bella muchacha con el joven... tímido e intelectual.
    Cuando inquirieron al muchacho bohemio sobre qué había pasado, dado que el nunca se cansaba de hablar de las cualidad de su chica.
    Su respuesta, con un acto de contrición, fue...
    “¡Mientras yo hablaba DE ella, él hablaba CON ella!”
    Autor desconocido
    * Y así es en todo, podemos hablar de nuestros hijos, del esposo(a), de la familia, del patrón, y no con ellos, y lo que más triste aún, de Dios, pero no con Él... observemos qué podemos perder.
     
     
     



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    #880 De: Winston Pauta Avila <wpauta@...>
    Fecha: Mar, 2 de Mayo, 2006 7:15 am
    Asunto: MISA DIARIA MARTES 2 DE MAYO DE 2006 09H05
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    Edición:

     Nº 1230

      Caminando con Jesús

    www.caminando-con-jesus.org

    Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

    2  DE MAYO DE 2006

    MARTES TERCERA SEMANA DE PASCUA

    PAGINA CREADA EL 26 DE FEBRERO DE 2002

    + de 4 AÑOS EN INTERNET

    Para suscribirte:

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    ANTÍFONA DE ENTRADA Ap 19, 5; 12, 10

    Alaben a nuestro Dios, todos los que le temen, pequeños y grandes; porque llegó la salvación, el poder y el reino de Cristo, aleluya.

     

    ORACIÓN COLECTA

    Padre, que abres el Reino de los cielos a los que han renacido por el agua y el Espíritu, aumenta la gracia que has dado a tus hijos para que, purificados de todos sus pecados, no se vean privados de los bienes que en tu bondad les has prometido. Por nuestro Señor Jesucristo.

     

    LECTURA Hech 7, 51-8, 1a

    De los Hechos de los Apóstoles.

     

    En aquellos días: Esteban decía al pueblo, a los ancianos y a los escribas: "¡Hombres rebeldes, paganos de corazón y cerrados a la verdad! Ustedes siempre resisten al Espíritu Santo y son iguales a sus padres. ¿Hubo algún profeta a quien ellos no persiguieran? Mataron a los que anunciaban la venida del Justo, el mismo que acaba de ser traicionado y asesinado por ustedes, los que recibieron la Ley por intermedio de los ángeles y no la cumplieron". Al oír esto, se enfurecieron y rechinaban los dientes contra él. Esteban, lleno del Espíritu Santo y con los ojos fijos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús, que estaba de pie a la derecha de Dios. Entonces exclamó: "Veo el cielo abierto y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios". Ellos comenzaron a vociferar y, tapándose los oídos, se precipitaron sobre él como un solo hombre; y arrastrándolo fuera de la ciudad, lo apedrearon. Los testigos se quitaron los mantos, confiándolos a un joven llamado Saulo. Mientras lo apedreaban, Esteban oraba, diciendo: "Señor Jesús, recibe mi espíritu". Después, poniéndose de rodillas, exclamó en alta voz: "Señor, no les tengas en cuenta este pecado". Y al decir esto, expiró. Saulo aprobó la muerte de Esteban.

    Palabra de Dios.

     

    COMENTARIO

    Esteban, fiel a la inspiración del Señor, no puede cerrar sus labios ante la actitud del pueblo, de los ancianos y los escribas. Ellos que muchas veces se manifestaron como ejemplo de hombre creyente, cierran ahora sus oídos y sus corazones escandalizados, ante las palabras del primer mártir. La misión llega a su culmen con la oblación total de la vida: "Señor Jesús, recibe mi espíritu". En Dios está aquel que ha sido fiel en todo momento. Pidamos la gracia en nuestra vida, para que nos ayude a perseverar en nuestra fe y para que actuemos valientemente en los momentos de oposición.

     

    SALMO Sal 30, 3cd-4.6.7b.8a.17.21ab

    R. ¡Pongo mi vida en tus manos, Señor!

     

    Sé para mí una roca protectora, un baluarte donde me encuentre a salvo, porque tú eres mi Roca y mi baluarte: por tu Nombre, guíame y condúceme. R.

     

    Yo pongo mi vida en tus manos: Tú me rescatarás, Señor, Dios fiel. Confío en el Señor. ¡Tu amor será mi gozo y mi alegría! R.

     

    ¡Que brille tu rostro sobre tu servidor, sálvame por tu misericordia;

    al amparo de tu rostro ocultas a tus fieles de las intrigas de los hombres. R.

     

    ALELUYA Jn 6, 35ab

    Aleluya. "Yo soy el pan de vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre", dice el Señor. Aleluya.

     

    EVANGELIO Jn 6, 30-35

    Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

    La gente preguntó a Jesús: "¿Qué signos haces para que veamos y creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: 'Les dio de comer el pan bajado del cielo'". Jesús respondió: "Les aseguro que no es Moisés el que les dio el pan del cielo; mi Padre les da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que desciende del cielo y da Vida al mundo". Ellos le dijeron: "Señor, danos siempre de ese pan". Jesús les respondió: "Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed".

    Palabra del Señor.

     

    COMENTARIO

    En tiempos de Jesús, la gente preguntó. Muchas veces las preguntas cuestionaban, exigían y expresaban una actitud lejana de quien sigue al Dios de Israel. Sin embargo, cada pregunta es aprovechada por Jesús para manifestar, revelar e interpelar a sus oyentes. La conversión implica un acto de humildad frente a Dios, descubrir aquello de lo que carezco y aceptar lo que Dios me ofrece: "Yo soy el pan de vida…". Caminamos en el mundo con la fortaleza del Señor en nuestro corazón. Proclamemos a todos, que Jesús es el alimento que todos los hombres necesitan y buscan. "Señor, danos siempre de ese pan".

     

    ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

    Padre, acepta los dones de tu Iglesia desbordante de alegría, y ya que le diste el motivo de un gozo tan grande, concédele participar de la felicidad eterna. Por Jesucristo nuestro Señor.

     

    PREFACIO DE PASCUA, I, pág. 7

     

    ANTÍFONA DE COMUNIÓN Rom 6, 8

    Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él, aleluya.

     

    ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

    Padre, mira con bondad a tu pueblo, y ya que te has dignado renovarlo con los sacramentos de la vida eterna, concédele alcanzar la gloria de la incorruptible resurrección. Por Jesucristo nuestro Señor.

    COMENTARIOS DEL EVANGELIO DE HOY

    Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

     

    "Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed".

     

    Jn 6, 30-35

     

     

    La gente preguntó a Jesús: "¿Qué signos haces para que veamos y creamos en ti?, Los que le preguntaban esto a Jesús, aún no están convencidos, en el capitulo anterior de este evangelio, había comentado que las gentes estaban impresionadas, maravilladas con Jesús, el milagro que él hizo multiplicando los panes fue extraordinario, entonces no querían  separarse de El. Sin embargo, estos que preguntan vienen, por una lógica insolente, a pedirle un nuevo milagro, y preguntan casi despectivamente: ¿Qué obra realizas?

     

    En ellos, esta presente el hecho del Éxodo. El desierto, la multiplicación de los panes en él, contra el que evocará la multitud el maná y dicen a Jesús: Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: Les dio de comer el pan bajado del cielo. La murmuración de estos judíos contra Jesús, como Israel en el desierto, y, por último, la Pascua próxima, es un nuevo vínculo al Israel en el desierto. Ya el solo hecho de destacarse así a Jesucristo es un modo de superponer planos para indicar con ello, una vez más, la presentación de Jesús como nuevo Moisés: Mesías.

     

    Los judíos exigían fácilmente el milagro como garantía. La multiplicación de los panes les evocaba fácilmente, máxime en aquel lugar desierto en el que habían querido proclamarle Rey-Mesías, el milagro del maná. Y esto es a lo que aluden y alegan. Los padres en el desierto comieron el maná (Ex 16:4ss). La cita, tal como está aquí, evocaba, sobre todo, el relato del maná, pero magnificado en el Salterio, en el que se le llama pan del cielo (Sal 105:40; Neh 9:15; Sal 16:20). La cita era insidiosa. Pues era decirle: Si Moisés dio el maná cuarenta años, y que era pan del cielo, y a una multitud inmensamente mayor, pues era todo el pueblo sacado de Egipto, y, a pesar de todo, no se presentó con las exigencias de entrega a él, como tú te presentas, ¿cómo nos vamos a entregar a ti? Por lo que le dicen que, si tiene tal presunción, lo pruebe con un milagro proporcionado.

     

    Estaba en el ambiente que en los días mesiánicos se renovarían los prodigios del Éxodo (Miq 7:15). El Apocalipsis apócrifo de Baruc dice: “En aquel tiempo descenderá nuevamente de arriba el tesoro del maná, y comerán de él aquellos años.”  Y el rabino Berakhah decía, en síntesis, “El primer redentor (Moisés) hizo descender el maná. E igualmente el último redentor (el Mesías) hará descender el maná.” 

     

    Si el Mesías había de renovar los prodigios del Éxodo, no pasaría con ello de ser otro Moisés. ¿Por quién se tenía a Jesús? ¿Qué señal tenía que hacer para probar su pretensión? Pero la respuesta de Jesús desbarata esta argumentación, entonces respondió: "Les aseguro que no es Moisés el que les dio el pan del cielo; mi Padre les da el verdadero pan del cielo. Jesús es muy claro con ellos, así se los hace ver. En primer lugar, no fue Moisés el que dio el maná, puesto que Moisés no era más que un instrumento de Dios, así Jesús les dice: mi Padre les da el verdadero pan del cielo porque el pan de Dios es el que desciende del cielo y da Vida al mundo. Es decir, aquel pan venía de otra realidad y no era el pan verdadero, porque sólo alimentaba la vida temporal; pero el verdadero pan es el que da la vida eterna; ni el maná tenía universalidad: sólo alimentaba a aquel grupo de israelitas en el desierto, mientras que el pan verdadero es el que desciende del cielo y da la vida al mundo.

     

    ¿A quién se refiere este pan que baja del cielo y da la vida al mundo? Si directamente alude a la naturaleza del verdadero pan del cielo, no está al margen de él su identificación con Jesús. Si la naturaleza del verdadero pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo, entonces es Jesucristo el que se identificará luego, explícitamente, con este pan. Los judíos, impresionados o sorprendidos por esta respuesta, tan categórica y precisa, pero interpretada por ellos en sentido de su provecho material, le piden que él les de siempre de ese pan, como la Samaritana (Jn 4:15).

     

    Es así como ellos le dijeron: Señor, danos siempre de ese pan. Jesús les respondió: Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed".

     

    Probablemente vuelve a ellos el pensamiento de que Cristo es el Mesías, y esperan de El nuevos prodigios. Pero ignoran en qué consistan, y no rebasan la esperanza de un provecho material. Pero ese pan, que aún no habían discernido lo que fuese, se les revela de pronto: Yo soy el pan de vida

     

    Nosotros estamos con hambre de verdad, sed de felicidad. Jesús, hace que estas aspiraciones sean verdaderas. En efecto, solo en Jesucristo podremos saciar esta hambre, solo con El podremos calmar nuestra sed. Jesús no solo nos entrega la verdad, el mismo es la Verdad del Padre. Entonces si nuestro corazón busca con desesperación la verdad y la felicidad, no la busquemos en otro lugar más que en Jesús.

     

    San Agustín, escribió: “Señor, nos hiciste para ti y nuestro corazón esta inquieto y sin sosiego, mientras no descasa en TI”

     

    La paz del Señor Sea con Ustedes

    Oh Jesús, todo los que haces, nos maravilla.

    Por comprender esto, Gracias Señor

    Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

    SANTORAL

    2 DE MAYO

     

    SAN ATANASIO, OBISPO Y DOCTOR DE LA IGLESIA

    Acaba de extenderse justamente por Occidente la persecución (311), cuando la herejía más radicalmente anticristiana sacudió a la Iglesia hasta en sus mismos cimientos: en Alejandría un sacerdote llamado Arrio empezó a negar la divinidad de Jesucristo.

    Se convocó en Nicea un concilio, el primero de los ecuménicos (325). Condenaría éste a Arrio definiendo que Jesús " es «Dios de Dios, engendrado, no creado, de la misma naturaleza que el Padre». La crisis seguiría creciendo durante más de cincuenta años. En algunas ocasiones parecía todo perdido para la verdadera fe, pero Dios suscitó unos defensores enérgicos de la misma. Uno de los más notables fue el obispo Atanasio de Alejandría.

    Era egipcio de Alejandría, y siendo un joven diácono, acompañó a su obispo al concilio de Nicea (325), donde contribuyó a que se condenaran las doctrinas de Arrio. Pocos años después él era el patriarca de Alejandría, y seguiría siéndolo durante cerca de medio siglo, que no fue precisamente apacible para este defensor acérrimo de la ortodoxia.

    Atanasio no temía ni al emperador, ni a los sínodos de obispos sometidos al poder imperial, ni a la fuerza pública, ni al mismo sufrimiento. A lo largo de cuarenta y cinco años de episcopado (328~373), hubo de soportar cinco destierros, inflexible en su fe, como modelo acabado de pastor que hace frente a todo por defender las razones de vida de su pueblo, más que las suyas propias. Siendo como era Atanasio un hombre de carácter, no sólo se mostraba intrépido en la acción, sino que también sabía escribir, tanto para cantar el estado de virginidad y exaltación de la vida eremítica, como para exponer la fe ante los arrianos o para mostrar la ternura de su amor hacia Cristo, Dios hecho hombre, en quien ponía toda su confianza, puesto que «Dios se hizo hombre para que el hombre se divinizara».

    «No veréis a nadie que se esfuerce realmente por su avance y que no se entregue a la lectura espiritual», señaló, «y en quien lo descuide, el hecho pronto se observará en su progreso».

    Las palabras de los santos a lo largo de los siglos proporcionan un maravilloso lugar para empezar a aprender lo que los grandes hombres y mujeres han pensado acerca de Dios, la creación, la santidad y la oración. Si queréis saber más acerca de los santos, lo que los motivó a la santidad y cómo su discernimiento puede ayudaros en vuestro propio viaje espiritual, necesitáis buscar y leer sus escritos por vosotros mismos.

    Finalmente, después de tantos trabajos soportados con invicta paciencia, pasa al Señor con cuarenta y seis años de sacerdocio el año 373, imperando Valentiniano y Valente. Ha sido llamado "el inmortal" Doctor de la Iglesia, aludiendo a su nombre griego.

    Santoral preparado por la Parroquia

    de la Sagrada Familia de Vigo-España

    www.caminando-con-jesus.org

    Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

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    #879 De: "Claud Ward" <kkw@...>
    Fecha: Mar, 2 de Mayo, 2006 6:31 am
    Asunto: proportional Adam's apple
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    #878 De: "Catholic.net" <evangelio-request@...>
    Fecha: Mar, 2 de Mayo, 2006 5:29 am
    Asunto: Evangelio diario comentado - Piden a Jesús una señal
    evangelio-request@...
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    Evangelio diario comentado 02 de mayo de 2006
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    Piden a Jesús una señal




    Piden a Jesús una señal

    Fuente: Catholic.net
    Autor: P. Vicente Yanes

    Juan 6, 30-35


    Ellos entonces le dijeron: «¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Pan del cielo les dio a comer». Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo». Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan». Les dijo Jesús: Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed.


    Reflexión


    Jesús quiso dejarnos como señal para creer en él (y sobretodo para amarle) la Eucaristía. Es lo más precioso que tenemos en la Iglesia: es Cristo mismo. No es sólo un símbolo, un adorno, un rito: es la presencia real del Señor entre nosotros todos los días hasta el fin del mundo.

    Jesucristo quiso quedarse bajo forma de pan, pero dejó claro que ése es el "verdadero pan del cielo". La Eucaristía es el alimento que elimina eficazmente el hambre más profunda del hombre, le comunica con Dios y le hace partícipe de su felicidad. Si deja en el alma algo de hambre, ésta sólo es de repetirlo de nuevo.

    En la vida de los santos encontramos como denominador común un gran amor hacia la Eucaristía. Ellos encontraron allí, por la fe, a Jesús, el Señor de sus vidas. "Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí... ": Jesucristo habló con suma claridad, no hay espacio para interpretaciones ambiguas. Él está en el pan eucarístico y nos está esperando a todos los que sentimos hambre y sed en nuestras almas.









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    #877 De: estrelladujo@...
    Fecha: Mar, 2 de Mayo, 2006 1:02 am
    Asunto: Re: : católicos del mundo en lengua hi spanaMAYO, MES DE MARIA. CU...
    estrelladujo@...
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    Hola, deceo recibir el zip del cuaderno de meditaciones de nuestra Santisima Madre y tambien los 20 misterios de El Santo Rosario.
     
    Dulce

    #876 De: "Gladys Wall" <fasp@...>
    Fecha: Mar, 2 de Mayo, 2006 4:58 am
    Asunto: ambitiously biblical
    fasp@...
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    #875 De: "P.S.A.DONOSO-BRANT" <p.s.donoso@...>
    Fecha: Mar, 2 de Mayo, 2006 3:33 am
    Asunto: MISA DIARIA MARTES 2 DE MAYO DE 2006
    p.s.donoso@...
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    Edición:

     Nº 1230

      Caminando con Jesús

    www.caminando-con-jesus.org

    Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

    2  DE MAYO DE 2006

    MARTES TERCERA SEMANA DE PASCUA

    PAGINA CREADA EL 26 DE FEBRERO DE 2002

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    ANTÍFONA DE ENTRADA Ap 19, 5; 12, 10

    Alaben a nuestro Dios, todos los que le temen, pequeños y grandes; porque llegó la salvación, el poder y el reino de Cristo, aleluya.

     

    ORACIÓN COLECTA

    Padre, que abres el Reino de los cielos a los que han renacido por el agua y el Espíritu, aumenta la gracia que has dado a tus hijos para que, purificados de todos sus pecados, no se vean privados de los bienes que en tu bondad les has prometido. Por nuestro Señor Jesucristo.

     

    LECTURA Hech 7, 51-8, 1a

    De los Hechos de los Apóstoles.

     

    En aquellos días: Esteban decía al pueblo, a los ancianos y a los escribas: "¡Hombres rebeldes, paganos de corazón y cerrados a la verdad! Ustedes siempre resisten al Espíritu Santo y son iguales a sus padres. ¿Hubo algún profeta a quien ellos no persiguieran? Mataron a los que anunciaban la venida del Justo, el mismo que acaba de ser traicionado y asesinado por ustedes, los que recibieron la Ley por intermedio de los ángeles y no la cumplieron". Al oír esto, se enfurecieron y rechinaban los dientes contra él. Esteban, lleno del Espíritu Santo y con los ojos fijos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús, que estaba de pie a la derecha de Dios. Entonces exclamó: "Veo el cielo abierto y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios". Ellos comenzaron a vociferar y, tapándose los oídos, se precipitaron sobre él como un solo hombre; y arrastrándolo fuera de la ciudad, lo apedrearon. Los testigos se quitaron los mantos, confiándolos a un joven llamado Saulo. Mientras lo apedreaban, Esteban oraba, diciendo: "Señor Jesús, recibe mi espíritu". Después, poniéndose de rodillas, exclamó en alta voz: "Señor, no les tengas en cuenta este pecado". Y al decir esto, expiró. Saulo aprobó la muerte de Esteban.

    Palabra de Dios.

     

    COMENTARIO

    Esteban, fiel a la inspiración del Señor, no puede cerrar sus labios ante la actitud del pueblo, de los ancianos y los escribas. Ellos que muchas veces se manifestaron como ejemplo de hombre creyente, cierran ahora sus oídos y sus corazones escandalizados, ante las palabras del primer mártir. La misión llega a su culmen con la oblación total de la vida: "Señor Jesús, recibe mi espíritu". En Dios está aquel que ha sido fiel en todo momento. Pidamos la gracia en nuestra vida, para que nos ayude a perseverar en nuestra fe y para que actuemos valientemente en los momentos de oposición.

     

    SALMO Sal 30, 3cd-4.6.7b.8a.17.21ab

    R. ¡Pongo mi vida en tus manos, Señor!

     

    Sé para mí una roca protectora, un baluarte donde me encuentre a salvo, porque tú eres mi Roca y mi baluarte: por tu Nombre, guíame y condúceme. R.

     

    Yo pongo mi vida en tus manos: Tú me rescatarás, Señor, Dios fiel. Confío en el Señor. ¡Tu amor será mi gozo y mi alegría! R.

     

    ¡Que brille tu rostro sobre tu servidor, sálvame por tu misericordia;

    al amparo de tu rostro ocultas a tus fieles de las intrigas de los hombres. R.

     

    ALELUYA Jn 6, 35ab

    Aleluya. "Yo soy el pan de vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre", dice el Señor. Aleluya.

     

    EVANGELIO Jn 6, 30-35

    Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

    La gente preguntó a Jesús: "¿Qué signos haces para que veamos y creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: 'Les dio de comer el pan bajado del cielo'". Jesús respondió: "Les aseguro que no es Moisés el que les dio el pan del cielo; mi Padre les da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que desciende del cielo y da Vida al mundo". Ellos le dijeron: "Señor, danos siempre de ese pan". Jesús les respondió: "Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed".

    Palabra del Señor.

     

    COMENTARIO

    En tiempos de Jesús, la gente preguntó. Muchas veces las preguntas cuestionaban, exigían y expresaban una actitud lejana de quien sigue al Dios de Israel. Sin embargo, cada pregunta es aprovechada por Jesús para manifestar, revelar e interpelar a sus oyentes. La conversión implica un acto de humildad frente a Dios, descubrir aquello de lo que carezco y aceptar lo que Dios me ofrece: "Yo soy el pan de vida…". Caminamos en el mundo con la fortaleza del Señor en nuestro corazón. Proclamemos a todos, que Jesús es el alimento que todos los hombres necesitan y buscan. "Señor, danos siempre de ese pan".

     

    ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

    Padre, acepta los dones de tu Iglesia desbordante de alegría, y ya que le diste el motivo de un gozo tan grande, concédele participar de la felicidad eterna. Por Jesucristo nuestro Señor.

     

    PREFACIO DE PASCUA, I, pág. 7

     

    ANTÍFONA DE COMUNIÓN Rom 6, 8

    Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él, aleluya.

     

    ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

    Padre, mira con bondad a tu pueblo, y ya que te has dignado renovarlo con los sacramentos de la vida eterna, concédele alcanzar la gloria de la incorruptible resurrección. Por Jesucristo nuestro Señor.

    COMENTARIOS DEL EVANGELIO DE HOY

    Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

     

    "Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed".

     

    Jn 6, 30-35

     

     

    La gente preguntó a Jesús: "¿Qué signos haces para que veamos y creamos en ti?, Los que le preguntaban esto a Jesús, aún no están convencidos, en el capitulo anterior de este evangelio, había comentado que las gentes estaban impresionadas, maravilladas con Jesús, el milagro que él hizo multiplicando los panes fue extraordinario, entonces no querían  separarse de El. Sin embargo, estos que preguntan vienen, por una lógica insolente, a pedirle un nuevo milagro, y preguntan casi despectivamente: ¿Qué obra realizas?

     

    En ellos, esta presente el hecho del Éxodo. El desierto, la multiplicación de los panes en él, contra el que evocará la multitud el maná y dicen a Jesús: Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: Les dio de comer el pan bajado del cielo. La murmuración de estos judíos contra Jesús, como Israel en el desierto, y, por último, la Pascua próxima, es un nuevo vínculo al Israel en el desierto. Ya el solo hecho de destacarse así a Jesucristo es un modo de superponer planos para indicar con ello, una vez más, la presentación de Jesús como nuevo Moisés: Mesías.

     

    Los judíos exigían fácilmente el milagro como garantía. La multiplicación de los panes les evocaba fácilmente, máxime en aquel lugar desierto en el que habían querido proclamarle Rey-Mesías, el milagro del maná. Y esto es a lo que aluden y alegan. Los padres en el desierto comieron el maná (Ex 16:4ss). La cita, tal como está aquí, evocaba, sobre todo, el relato del maná, pero magnificado en el Salterio, en el que se le llama pan del cielo (Sal 105:40; Neh 9:15; Sal 16:20). La cita era insidiosa. Pues era decirle: Si Moisés dio el maná cuarenta años, y que era pan del cielo, y a una multitud inmensamente mayor, pues era todo el pueblo sacado de Egipto, y, a pesar de todo, no se presentó con las exigencias de entrega a él, como tú te presentas, ¿cómo nos vamos a entregar a ti? Por lo que le dicen que, si tiene tal presunción, lo pruebe con un milagro proporcionado.

     

    Estaba en el ambiente que en los días mesiánicos se renovarían los prodigios del Éxodo (Miq 7:15). El Apocalipsis apócrifo de Baruc dice: “En aquel tiempo descenderá nuevamente de arriba el tesoro del maná, y comerán de él aquellos años.”  Y el rabino Berakhah decía, en síntesis, “El primer redentor (Moisés) hizo descender el maná. E igualmente el último redentor (el Mesías) hará descender el maná.” 

     

    Si el Mesías había de renovar los prodigios del Éxodo, no pasaría con ello de ser otro Moisés. ¿Por quién se tenía a Jesús? ¿Qué señal tenía que hacer para probar su pretensión? Pero la respuesta de Jesús desbarata esta argumentación, entonces respondió: "Les aseguro que no es Moisés el que les dio el pan del cielo; mi Padre les da el verdadero pan del cielo. Jesús es muy claro con ellos, así se los hace ver. En primer lugar, no fue Moisés el que dio el maná, puesto que Moisés no era más que un instrumento de Dios, así Jesús les dice: mi Padre les da el verdadero pan del cielo porque el pan de Dios es el que desciende del cielo y da Vida al mundo. Es decir, aquel pan venía de otra realidad y no era el pan verdadero, porque sólo alimentaba la vida temporal; pero el verdadero pan es el que da la vida eterna; ni el maná tenía universalidad: sólo alimentaba a aquel grupo de israelitas en el desierto, mientras que el pan verdadero es el que desciende del cielo y da la vida al mundo.

     

    ¿A quién se refiere este pan que baja del cielo y da la vida al mundo? Si directamente alude a la naturaleza del verdadero pan del cielo, no está al margen de él su identificación con Jesús. Si la naturaleza del verdadero pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo, entonces es Jesucristo el que se identificará luego, explícitamente, con este pan. Los judíos, impresionados o sorprendidos por esta respuesta, tan categórica y precisa, pero interpretada por ellos en sentido de su provecho material, le piden que él les de siempre de ese pan, como la Samaritana (Jn 4:15).

     

    Es así como ellos le dijeron: Señor, danos siempre de ese pan. Jesús les respondió: Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed".

     

    Probablemente vuelve a ellos el pensamiento de que Cristo es el Mesías, y esperan de El nuevos prodigios. Pero ignoran en qué consistan, y no rebasan la esperanza de un provecho material. Pero ese pan, que aún no habían discernido lo que fuese, se les revela de pronto: Yo soy el pan de vida

     

    Nosotros estamos con hambre de verdad, sed de felicidad. Jesús, hace que estas aspiraciones sean verdaderas. En efecto, solo en Jesucristo podremos saciar esta hambre, solo con El podremos calmar nuestra sed. Jesús no solo nos entrega la verdad, el mismo es la Verdad del Padre. Entonces si nuestro corazón busca con desesperación la verdad y la felicidad, no la busquemos en otro lugar más que en Jesús.

     

    San Agustín, escribió: “Señor, nos hiciste para ti y nuestro corazón esta inquieto y sin sosiego, mientras no descasa en TI”

     

    La paz del Señor Sea con Ustedes

    Oh Jesús, todo los que haces, nos maravilla.

    Por comprender esto, Gracias Señor

    Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

    SANTORAL

    2 DE MAYO

     

    SAN ATANASIO, OBISPO Y DOCTOR DE LA IGLESIA

    Acaba de extenderse justamente por Occidente la persecución (311), cuando la herejía más radicalmente anticristiana sacudió a la Iglesia hasta en sus mismos cimientos: en Alejandría un sacerdote llamado Arrio empezó a negar la divinidad de Jesucristo.

    Se convocó en Nicea un concilio, el primero de los ecuménicos (325). Condenaría éste a Arrio definiendo que Jesús " es «Dios de Dios, engendrado, no creado, de la misma naturaleza que el Padre». La crisis seguiría creciendo durante más de cincuenta años. En algunas ocasiones parecía todo perdido para la verdadera fe, pero Dios suscitó unos defensores enérgicos de la misma. Uno de los más notables fue el obispo Atanasio de Alejandría.

    Era egipcio de Alejandría, y siendo un joven diácono, acompañó a su obispo al concilio de Nicea (325), donde contribuyó a que se condenaran las doctrinas de Arrio. Pocos años después él era el patriarca de Alejandría, y seguiría siéndolo durante cerca de medio siglo, que no fue precisamente apacible para este defensor acérrimo de la ortodoxia.

    Atanasio no temía ni al emperador, ni a los sínodos de obispos sometidos al poder imperial, ni a la fuerza pública, ni al mismo sufrimiento. A lo largo de cuarenta y cinco años de episcopado (328~373), hubo de soportar cinco destierros, inflexible en su fe, como modelo acabado de pastor que hace frente a todo por defender las razones de vida de su pueblo, más que las suyas propias. Siendo como era Atanasio un hombre de carácter, no sólo se mostraba intrépido en la acción, sino que también sabía escribir, tanto para cantar el estado de virginidad y exaltación de la vida eremítica, como para exponer la fe ante los arrianos o para mostrar la ternura de su amor hacia Cristo, Dios hecho hombre, en quien ponía toda su confianza, puesto que «Dios se hizo hombre para que el hombre se divinizara».

    «No veréis a nadie que se esfuerce realmente por su avance y que no se entregue a la lectura espiritual», señaló, «y en quien lo descuide, el hecho pronto se observará en su progreso».

    Las palabras de los santos a lo largo de los siglos proporcionan un maravilloso lugar para empezar a aprender lo que los grandes hombres y mujeres han pensado acerca de Dios, la creación, la santidad y la oración. Si queréis saber más acerca de los santos, lo que los motivó a la santidad y cómo su discernimiento puede ayudaros en vuestro propio viaje espiritual, necesitáis buscar y leer sus escritos por vosotros mismos.

    Finalmente, después de tantos trabajos soportados con invicta paciencia, pasa al Señor con cuarenta y seis años de sacerdocio el año 373, imperando Valentiniano y Valente. Ha sido llamado "el inmortal" Doctor de la Iglesia, aludiendo a su nombre griego.

    Santoral preparado por la Parroquia

    de la Sagrada Familia de Vigo-España

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    Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

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    #874 De: "P.S.A.DONOSO-BRANT" <p.s.donoso@...>
    Fecha: Mar, 2 de Mayo, 2006 3:33 am
    Asunto: MARIA, VIRGEN PERPETUA, MATERNIDAD DIVINA Y PERFECTA SANTIDAD
    p.s.donoso@...
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    MES DE MAYO, MES DEDICADO A MARIA

    MARIA, VIRGEN PERPETUA, MATERNIDAD DIVINA Y PERFECTA SANTIDAD

    Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

     

    A través de los evangelios podemos descubrir como Maria madre de Jesús, es virgen perpetua, su maternidad divina y su perfecta santidad.

    I. VIRGEN PERPETUA

    1. Maria se encontraba sin mancha y perfectamente virgen cuando concibió a su divino Hijo, cuando dio a luz y cuando fue asunta a los cielos.

    2. La pregunta de María según san Lucas 1:34; María entonces dijo al ángel: « ¿Cómo puede ser eso, si yo soy virgen?». Esta pregunta es clara y deja establecida que María era virgen y sin mancha. Luego la respuesta del ángel ratifica el concepto anterior, según san Lucas 1:35,37; Contestó el ángel: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el niño santo que nacerá de ti será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel está esperando un hijo en su vejez, y aunque no podía tener familia, se encuentra ya en el sexto mes del embarazo. Para Dios, nada es imposible».

    3. Otra aclaración la encontramos en la manera de comportarse de José con María, el en un momento tuvo alguna duda, según san Mateo 1:19-21; Su esposo, José, pensó despedirla, pero como era un hombre bueno, quiso actuar discretamente para no difamarla. Mientras lo estaba pensando, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, descendiente de David, no tengas miedo de llevarte a María, tu esposa, a tu casa; si bien está esperando por obra del Espíritu Santo. Tú eres el que pondrás el nombre al hijo que dará a luz. Y lo llamarás Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados».

    4. Para mayor aclaración y para que no quepa ninguna duda continua según san Mateo 1; 22-25; Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta: La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que significa: Dios-con-nosotros. Cuando José se despertó, hizo lo que el ángel del Señor le había ordenado y tomó consigo a su esposa. Y sin que hubieran tenido relaciones, dio a luz un hijo, al que puso por nombre Jesús.

    5. El mismo Jesús se encarga en dirigir una aclaración a los judíos, las que demuestran como María conservó su virginidad durante la concepción de su divino Hijo. Así lo dice según san Juan 8:19; Le preguntaron: « ¿Dónde está tu Padre?» Jesús les contestó: «Ustedes no me conocen a mí ni a mi Padre; si me conocieran a mí, conocerían también a mi Padre».

    6. En la lectura según san Mateo 1; 18, expresa también claramente la virginidad de Maria y el origen de su embarazo, lo dice así; “Este fue el principio de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José; pero antes de que vivieran juntos, quedó embarazada por obra del Espíritu Santo. Se destaca la expresión “antes de que vivieran juntos”. Lo que es reiterado como se dijo según san Mateo 1; 25. “Y sin que hubieran tenido relaciones, dio a luz un hijo, al que puso por nombre Jesús.”

    7. Por otra parte, san Lucas nos dice que Jesús es primogénito, que significa primer engendrado, primer hijo, así se expresa en Lc 2:22-23; Asimismo, cuando llegó el día en que, de acuerdo a la Ley de Moisés, debían cumplir el rito de la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor. Tal como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor.”

    8. Por otra parte, como consecuencia de que se mencionan en los evangelios la expresión los hermanos de Jesús, algunos están empecinados, obstinados, encaprichados y empeñados con mucho afán en demostrar que son hijos de María. Sin embargo en ninguna parte se habla de los hijos de Maria.

    Al respecto es bueno aclarar lo siguiente sobre el término hermanos:

    Respecto de una persona, otra que tiene sus mismos padres o solo el mismo padre o la misma madre. Persona que vive en una comunidad religiosa o pertenece a ella sin tener ninguna de las órdenes clericales. Persona a la que está unida por algún vínculo ideológico o espiritual: “Los cristianos son hermanos en Cristo.” Miembro de una hermandad, de una cofradía o de una comunidad religiosa. Respecto de una cosa, otra a la que es semejante. Uno que tiene la misma ascendencia o de la misma raza o de una nación salida de un mismo antepasado. Aliado o correligionario. Hombre al que se ama con tanto afecto como al propio hermano o al que uno se dirige respetuosamente con este tratamiento. Sin exclusiones, todos los miembros de la gran fraternidad humana.

    Es así como nos queda claro que "los hermanos de Jesús" no son ni los hijos de María ni los hermanos de Nuestro Señor, en un sentido estricto del término, sino sus primos, los parientes más o menos cercanos, los de la misma raza, los de la misma nación, los hombre que lo aman, los que a El se dirigían con respeto.

    María, con el nacimiento del Hijo de Dios no disminuye, sino que consagró su integridad virginal y de madre, privilegio de María.

    II MATERNIDAD DIVINA

    Con todo lo anterior, según san Lucas y san Mateo, la maternidad divina de María no tiene lugar a dudas. Pero aún hay más, como se expresa según san Juan, 1; 13-14; “Han nacido, no de sangre alguna ni por ley de la carne, ni por voluntad de hombre, sino que han nacido de Dios. Y la Palabra se hizo carne, puso su tienda entre nosotros, y hemos visto su Gloria: la Gloria que recibe del Padre el Hijo único, en él todo era don amoroso y verdad.

    Jesús es la Palabra hecha carne, la Palabra que asumió la naturaleza humana en el vientre de María. Como María es verdaderamente la madre de Jesús, y Jesús es verdadero Dios desde el primer momento de su concepción, María es en verdad la madre de Dios. Maternidad Divina.

    III LA SANTIDAD PERFECTA DE MARÍA

    Nuestra primera y más grande Santa, es la Virgen María, Madre de Dios. Es concebida sin la mancha del pecado original. Ella tiene la mayor humildad que se conoce. María es madre de la paciencia en toda su vida. Ella es ejemplo de obediencia a Dios. Ejemplo de niña, Ejemplo de esposa, ejemplo de madre, ejemplo de mujer, ejemplo de santidad, como se expresa en las palabras según san Lucas 1: 39-48: “Una vez que cumplieron todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño crecía y se desarrollaba lleno de sabiduría, y la gracia de Dios permanecía con él. Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua. Cuando Jesús cumplió los doce años, subió también con ellos a la fiesta, pues así había de ser. Al terminar los días de la fiesta regresaron, pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres lo supieran. Seguros de que estaba con la caravana de vuelta, caminaron todo un día. Después se pusieron a buscarlo entre sus parientes y conocidos. Como no lo encontraran, volvieron a Jerusalén en su búsqueda. Al tercer día lo hallaron en el Templo, sentado en medio de los maestros de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que le oían quedaban asombrados de su inteligencia y de sus respuestas. Sus padres se emocionaron mucho al verlo; su madre le decía: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo hemos estado muy angustiados mientras te buscábamos».

    Esta es la dulzura de la Madre de Dios, según san Lucas 2; 6-7; Mientras estaban en Belén, llegó para María el momento del parto, y dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, pues no había lugar para ellos en la sala principal de la casa. San Lucas 2; 33; Su padre y su madre estaban maravillados por todo lo que se decía del niño.

    Pero ella también es fuerte en los momentos duros, según san Lucas 2: 34-35, cuando Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: «Mira, este niño traerá a la gente de Israel ya sea caída o resurrección. Será una señal impugnada en cuanto se manifieste, Mientras a ti misma una espada te atravesará el alma. Por este medio, sin embargo, saldrán a la luz los pensamientos íntimos de los hombres».

    María sabe asumir el dolor y acompaña a su hijo en su agonía, como lo dice san Juan 19; 25-27; Cerca de la cruz de Jesús estaba su madre, con María, la hermana de su madre, esposa de Cleofás, y María de Magdala. Jesús, al ver a la Madre y junto a ella al discípulo que más quería, dijo a la Madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Después dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquel momento el discípulo se la llevó a su casa.

    María, vivió libre de todo pecado por un privilegio especial de Dios. María fue inmaculada por privilegio divino.

    Te saludamos y te veneramos María, Madre de Dios, eres un tesoro venerado por el universo entero, tu madre nuestra eres la luz que nunca se apaga.

    Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

     

    María, madre mía, eres dueña de mi corazón

    Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

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    #873 De: wwwmngr@...
    Fecha: Mar, 2 de Mayo, 2006 1:07 am
    Asunto: Status (catolices@yahoogroups.com)
    wwwmngr@...
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    #872 De: registro@...
    Fecha: Mar, 2 de Mayo, 2006 1:06 am
    Asunto: Information
    registro@...
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    Important data!

    #871 De: "Desmond Maxwell" <vtx@...>
    Fecha: Lun, 1 de Mayo, 2006 11:52 pm
    Asunto: easterner
    vtx@...
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    #870 De: "Lesley Stanley" <zyes@...>
    Fecha: Lun, 1 de Mayo, 2006 10:32 pm
    Asunto: heady
    zyes@...
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    #869 De: Graciela Crespi <gracielacrespi@...>
    Fecha: Lun, 1 de Mayo, 2006 7:21 pm
    Asunto: Re: : católicos del mundo en lengua hispana Correo indeseado
    gracielacrespi
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     Gracias a vos Hugo por comprender nuestra vocación. Por acompañarnos en esta permanente tarea de poner los ojos nada más que en El
    Besisssss
    Graciela

    Hugo Pujszo <hugopj_lc@...> escribió:
    Gracias !!
                        Bueno  Graciela,  estamos  todos  bastante sorprendidos  con  los  anuncios,  pero  sabemos  en el camino en el cual estamos, y una piedra en el medio no nos     obstaculizara    el  paso,    un  saludo  enorme  y continuemos con nuestra fe,
                                                  gracias por tu mail, Hugo.

    Graciela Crespi <gracielacrespi@...> escribió:
     A todos los miembros
     
    He tratado con todo ahínco de solucionar los problemas de los mails que hemos estado recibiendo en estos días.
    He bloqueado direcciones, he mandado mensajes, sin resultado alguno.
    Gracias a la colaboración de una integrante, he mandado a los responsables de Yahoo, una nota explicando esta situación
    Espero que de ahora en mas, podamos dedicarnos a nuestros asuntos y no distraernos con correos indeseados
    Besissss
    Graciela
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    #868 De: Claudio Pinilla <clapibu@...>
    Fecha: Lun, 1 de Mayo, 2006 4:58 pm
    Asunto: Re: : católicos del mundo en lengua hispana Correo indeseado
    clapibu
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    Hola a todos:
     
    Me llamo Claudio y soy nuevo. Me podeis ayudar en esto de los foros???
    Hugo Pujszo <hugopj_lc@...> escribió:
    Gracias !!
                        Bueno  Graciela,  estamos  todos  bastante sorprendidos  con  los  anuncios,  pero  sabemos  en el camino en el cual estamos, y una piedra en el medio no nos     obstaculizara    el  paso,    un  saludo  enorme  y continuemos con nuestra fe,
                                                  gracias por tu mail, Hugo.

    Graciela Crespi <gracielacrespi@...> escribió:
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    #867 De: Fanny Zapata Olaya <fzapataolaya@...>
    Fecha: Lun, 1 de Mayo, 2006 4:43 pm
    Asunto: RE: : católicos del mundo en lengua hispana Evangelio diario comentado - Multiplicación de los panes
    fzapataolaya@...
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    Quiero quitarme de la lista de catolices. Gracias por aceptar. Fanny


    Que Dios lo@ bendiga. Con cariño.


    Fanny Zapata O



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    #866 De: Hugo Pujszo <hugopj_lc@...>
    Fecha: Lun, 1 de Mayo, 2006 3:34 pm
    Asunto: Re: : católicos del mundo en lengua hispana Correo indeseado
    hugopj_lc
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    Gracias !!
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    Graciela Crespi <gracielacrespi@...> escribió:
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    #865 De: Winston Pauta Avila <wpauta@...>
    Fecha: Lun, 1 de Mayo, 2006 12:07 pm
    Asunto: Mayo 1 14H06 La ley del amor, Sacúdenos, El Buda Incendiado y otras
    wpauta
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    LA LEY DEL AMOR
    En un momento determinado de la Eternidad, Jesucristo dirigiéndose a unos ancianos que estaban con El preguntó:
    -Dime anciano ¿cuantas unidades de tiempo terráqueos han transcurrido desde mi vuelta de allí?
    -Mil novecientos ochenta años, Señor.
    -Bien, voy a enviar a mis ángeles allá para que me informen de lo que está pasando, si la semilla que dejé ha crecido, si ya es un gran árbol en el que anidan las aves, da frutos abundantes para saciar a los hambrientos y sombra fresca a los viandantes acalorados.
    Y así lo hizo.
    De vuelta los ángeles y ante la presencia del Señor se dispusieron a informar. Jesús dirigiéndose al primer ángel de su derecha le indicó que comenzase.
    -Señor, me dirigí a la tierra donde te encarnaste, caminando hacia el norte llegué a una ciudad llamada Beirut, del país donde el sabio Salomón obtuvo la madera de cedro para el Templo de Jerusalén. Con gran espanto y sorpresa contemplé como la única ocupación de esos hombres era destruirse con armas mortíferas y ensordecedoras. Una noche, me encontraba en un campo de refugiados civiles, el campo de Shatila, cuando de improviso interrumpieron allí unos hombres armados que como posesos, llenos del espíritu del Maligno, con furia inusitada y saña comenzaron a asesinar, torturar, mutilar, y violar, borrachos de sangre, odio, vino y hachís y así continuaron durante dos días con sus noches..
    Jesús preguntó:
    -¿No había allí ninguna autoridad que mantuviera el orden, que impusiese a aquellos malditos cometer tanta atrocidad?
    Respondió el ángel:
    -El campo de refugiados estaba bajo la jurisdicción del ejército judío, que contemplo impasible la horrenda matanza.
    -¡El Ejercito judío! ¿es que aun no ha comprendido? ¿no saben que esa sangre inocente caerá sobre sus cabezas? ¿y porqué de esa matanza, ángel? ¿Quiénes eran los asesinos? .
    -Señor, en este pequeño trozo de tierra los hombres se odian y en nombre de lo más sagrado se matan.
    -Si ángel, ¿pero quienes eran los asesinos?
    -Se decían cristianos, Señor.
    Al pronunciar estas palabras, hubo un silencio y el rostro de Jesús se ensombreció.
    -¿Cristianos? ¿Mis seguidores?
    Y pequeñas gotas semejantes a sangre aparecieron en su frente. Mientras un segundo ángel se dispuso a informar.
    -Yo, Señor, recorrí unos pueblos aparentemente más pacíficos, no hay guerras como las que ha descrito mi compañero, pero los hombres de allí hacen violencia contra ellos mismos. Son hombres que adoran el dinero, el poseer el éxito. No reconocen ninguna norma moral que pueda obstaculizar los objetivos que se han marcado. Hay leyes llamadas civiles que son impuestas por sus gobernantes.
    -¡El dinero, el arma del Enemigo, motivo de culto!, dijo Jesús.
    -En esa sociedad, los hombres despliegan una actividad inusitada buscando ganar cada vez más. Las madres al trabajar para tener en la familia un dinero adicional al del marido, no pueden atender debidamente a sus hijos, dejándolos al cuidado de extraños, ponen impedimentos ala concepción, abortan en caso necesario y algunas hasta los abandonan. La vejez es ignorada, tiene para ellos una cara demasiado fea para mirarla de frente y ante, la muerte no tienen respuesta, siempre les pilla de improviso. Cuando esos hombres en un momento de lucidez contemplan su propio vacío existencial, se angustian y buscan la vida en las satisfacciones más primarias: Comida, sexo, drogas, fiestas, alcohol...........
    Jesús suspiró profundamente y dirigiéndose al tercer ángel le dijo:
    -¿y tú que tienes que decir?
    -Yo Señor he viajado por varios países y naciones que hasta hace poco estaban regidos por un sistema de gobierno omnímodo, con la pretensión de instalar la felicidad en la tierra con procedimientos exclusivamente humanos. Era un sistema basado según sus gobernantes en la ciencia y en la razón humana. Cuando por su propia naturaleza todo aquel sistema de gobierno se ha derrumbado de golpe, el vacío que ha dejado ha sido aterrador. La reacción de aquellos hombres sin ilusiones ni esperanzas ha sido terrible han dado un salto atrás en la historia, surgiendo con violencia en aquellos países, sentimientos tribales que parecían desterrados para siempre. Las guerras civiles han proliferado y antiguos vecinos que vivían en paz durante generaciones hoy se odian y se asesinan destrozando de camino lo poco que podían salvarse.
    Jesús preguntó a otro ángel:
    -¿ y mi Iglesia, que ha pasado con aquel germen que dejé en la tierra para que fructificase y orientase a los hombres?
    -Yo he investigado a tu Iglesia, Señor. Impulsada por el Espíritu Santo tu Iglesia comenzó a crecer, pero asombrados por el milagro los reyes de las naciones se la asociaron y lo que en principio parecía prometedor originó un crecimiento desproporcionado de aquel árbol, muchas ramas y pocas raíces, poco firme en consecuencia. Tu Iglesia se lleno de discusiones, la filosofía pagana quiso analizarlo todo, explicarlo todo, comprenderlo todo y sus dirigentes al no ponerse de acuerdo empezaron a dividirla.
    -Les invite a un banquete, no ha que discutieran como habían preparado los manjares, Jesús pensó en voz alta.
    -Hoy tu Iglesia está dividida, atomizada, tu mensaje tiene mil interpretaciones originando rivalidades e incluso odios.
    -Dime ángel ¿y la ley del amor, el nuevo mandamiento que le di antes de regresar, se da entre los que se llaman mis fieles seguidores?
    -Señor la mayoría cumplen los diferentes ritos y preceptos pero no conviven, no comparten, se ignoran, en definitiva no se aman.
    En ese momento el rostro de Jesús se ensombreció y unas tinieblas espesísimas cubrieron toda la tierra. Cuando hubo pasado un tiempo de intenso silencio, Jesús mirando la Tierra entenebrecida le preguntó al ángel:
    - ¿Que son aquellos puntitos de luz dispersos por la superficie de la Tierra tan potentes que son capaces de atravesar tinieblas tan espesas?
    -Señor en la Tierra hay hombres que creen simplemente en tu mensaje, que están abierto al Espíritu y que en su corazón ha aparecido el Amor. Esa es la luz potente que atraviesa las tinieblas.
    -Entonces ángel aún hay ESPERANZAS.
     
     
    "SACÚDENOS"
    Señor, no sonrías diciendo
    que ya estas con nosotros.
    Son millones los que te conocen.
    ¿Y de que sirve el conocerte?
    ¿Para que tu venida,
    si para los tuyos
    la vida prosigue como si tal cosa?
    Conviértenos.
    Sacúdenos.
    Que tu mensaje
    se haga carne de nuestra carne,
    sangre de nuestra sangre,
    razón de ser de nuestra vida.
    Que nos arranque
    de la tranquilidad
    de la buena conciencia.
    Que seas exigente,
    incomodo,
    porque no es otro el precio
    que pagar,
    para que nos traiga la paz profunda,
    la paz diferente,
    Tu paz...

    Helder Camara
     
     
    EL BUDA INCENDIADO
    Una fría noche de invierno, un asceta errante pidió asilo en un templo. El pobre hombre estaba tiritando bajo la nieve, y el sacerdote del templo, aunque era reacio a dejarle entrar, acabó accediendo: "Está bien puedes quedarte, pero sólo por esta noche Esto es un templo, no un asilo. Por la mañana tendrás que marcharte".
    A altas horas de la noche, el sacerdote oyó un extraño crepitar, acudió raudo al templo y vio una escena increíble: El forastero había encendido un fuego y estaba calentándose.
    Observó que faltaba un Buda de madera, y preguntó: "¿Dónde está la estatua?"
    El otro señaló al fuego con un gesto y dijo: "Pensé que iba a morirme de frío..."
    El sacerdote gritó: "¿Estás loco? ¿Sabes lo que has hecho? Era una estatua de Buda. ¡Has quemado al Buda!"
    El fuego iba extinguiéndose poco a poco. El asceta l contempló fijamente y comenzó a removerlo con su bastón.
    "¿Qué estas haciendo ahora?", Vociferó el sacerdote.
    "Estoy buscando los huesos del Buda que, según tú, he quemado".
    Más tarde, el sacerdote refirió el hecho a un maestro Zen, el cual le dijo: "Seguramente eres un mal sacerdote, porque has dado más valor a un Buda muerto que un hombre vivo".
     
     
     
    "EL INFORTUNIO DE LA OSTRA"
    Una ostra divisó una perla suelta que había caído en una gran grieta de una roca en el fondo del océano. Tras grandes esfuerzos, consiguió recobrar la perla y depositarla sobre una hoja que estaba justamente a su lado.
    Sabía que los humanos buscaban perlas, y pensó: "Esta perla les tentará, la tomarán y me dejarán a mí en paz".
    Sin embargo, llegó por allí un pescador de perlas cuyos ojos estaban acostumbrados a buscar ostras, no perlas cuidadosamente depositadas sobre una hoja.
    De modo que se apoderó de la ostra - la cual no contenía perla, por cierto- y dejó que la perla rodara hacia abajo y cayera de nuevo en la grieta de la roca.
    Sabes exactamente dónde mirar. Por eso no consigues encontrar a Dios.



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    #864 De: "Catholic.net" <homilia-request@...>
    Fecha: Lun, 1 de Mayo, 2006 8:06 am
    Asunto: Homilía dominical - B - Domingo IV de Pascua
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     Homilía dominical 01 de mayo de 2006
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    B - Domingo IV de Pascua
    Encuentro Internacional de Sacerdotes
    Reflexión ecuménica para la Pascua 2006




    B - Domingo IV de Pascua

    Fuente: Catholic.net
    Autor: P. Octavio Ortíz

    Sagrada Escritura

    Primera: Hch 4,8-12
    Salmo 118
    Segunda: 1 Jn 3, 1-2
    Evangelio: Jn 10,11-18





    Nexo entre las lecturas

    Hoy se celebra la jornada mundial por las vocaciones. En esta ocasión el Papa ha querido desarrollar el tema de la Vocación en el misterio de la Iglesia. El evangelio del Buen Pastor nos ofrece la oportunidad de centrar nuestras reflexiones de este domingo en el amor de Cristo que ha venido a servir. Jesucristo es el buen pastor que da su vida por las ovejas. Nadie le quita la vida, él mismo la ofrece para rescatar a las ovejas perdidas (EV). Él es la piedra angular y el único nombre bajo el cual podemos alcanzar la salvación (1L). En Él hemos llegado a ser "Hijos de Dios" (2L). Quien desee comprenderse a sí mismo, no según criterios superficiales, sino en la profundidad de su existencia, debe dirigirse a él, porque Cristo revela el hombre al mismo hombre. Más aún, Cristo revela al hombre el amor del Padre.


    Mensaje doctrinal

    1. El nombre de Jesucristo de Nazareth muerto y resucitado. Los apóstoles son tomados prisioneros por el grupo de los saduceos, encargados de custodiar el templo, con la acusación de subvertir el orden que reinaba en el mismo. En realidad, se trataba de quitar de en medio tan molesta presencia, es decir, la presencia de los apóstoles de Jesús que operan milagros y predican con vehemencia y convicción que Cristo ha resucitado. Se acusa, pues, a los apóstoles por haber curado al paralítico y haber creado confusión en el pueblo. Pedro, fortalecido por el Espíritu Santo, según la promesa de Jesús (Lc 12, 11-12), responde con claridad y firmeza: que quede bien claro a todo Israel que este paralítico ha sido curado en nombre de Jesús de Nazareth. ¡Hermoso testimonio del Señor!. ¡Hermosa amistad de Pedro que antes lo había negado! "Yo he sido el instrumento de la curación. Es Cristo quien lo ha hecho realmente. Es en su nombre que ha tenido lugar este milagro". El recuerdo solemne y completo del nombre de Jesús delante del sanedrín, da pie a Pedro para exponer la esencia del kerigma cristiano: la muerte y la resurrección del Señor. Este anuncio de salvación es rechazado por los judíos, a pesar de que era el fiel cumplimiento de la Escritura (Sal 118,22). Dios había ofrecido a los príncipes del pueblo una piedra de gran valor para que, sobre ella, edificaran el templo de Dios. Ellos, los constructores, la habían rechazado; sin embargo, Dios la había constituido cabeza de ángulo, piedra angular. Sobre esta piedra se edifica toda la casa. Esta predicación, como es de suponer, disgustaba abiertamente a los jefes del pueblo que se sentían acusados de no haber acogido la persona de Jesucristo y su obra de salvación. Sólo bajo el nombre de Jesús de Nazareth podemos alcanzar la salvación, afirma con claridad la segunda lectura. No se ha dado otro nombre bajo el cual podamos salvarnos. A este respecto nos dice la encíclica Redemptoris missio n. 5:

    "Remontándonos a los orígenes de la Iglesia, vemos afirmado claramente que Cristo es el único Salvador de la humanidad, el único en condiciones de revelar a Dios y de guiar hacia Dios. A las autoridades religiosas judías que interrogan a los Apóstoles sobre la curación del tullido realizada por Pedro, éste responde:

    "Por el nombre de Jesucristo, el Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por su nombre y no por ningún otro se presenta éste aquí sano delante de vosotros... Porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos " (Act 4, 10. 12). Esta afirmación, dirigida al Sanedrín, asume un valor universal, ya que para todos -judíos y gentiles- la salvación no puede venir más que de Jesucristo. (...) Cristo es el único mediador entre Dios y los hombres: " Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también, que se entregó a sí mismo como rescate por todos. Este es el testimonio dado en el tiempo oportuno, y de este testimonio -digo la verdad, no miento- yo he sido constituido heraldo y apóstol, maestro de los gentiles en la fe y en la verdad" (1 Tim 2, 5-7; cf. Heb 4, 14-16). Los hombres, pues, no pueden entrar en comunión con Dios, si no es por medio de Cristo y bajo la acción del Espíritu. Esta mediación suya única y universal, lejos de ser obstáculo en el camino hacia Dios, es la vía establecida por Dios mismo, y de ello Cristo tiene plena conciencia. Aun cuando no se excluyan mediaciones parciales, de cualquier tipo y orden, éstas sin embargo cobran significado y valor únicamente por la mediación de Cristo y no pueden ser entendidas como paralelas y complementarias".

    En estos tiempos de grande confusión, cuando parece fácil intercambiar una religión por otra, un camino de salvación por otro, una doctrina por otra más novedosa, nos resulta muy importante contemplar detenidamente esta verdad: sólo en Cristo tenemos la plenitud de la revelación del Padre y, por tanto, sólo en Él tenemos el acceso al Padre y a la salvación. Esta es la vía establecida por Dios mismo. Ciertamente no se excluyen otras mediaciones parciales, como comenta la encíclica, pero éstas únicamente tienen valor por la mediación de Cristo. Profundicemos en el conocimiento de Cristo y de su obra de salvación; avivemos nuestro amor por Él como Dios y hombre verdadero; amémosle con un corazón indiviso y enardezcamos el alma para transmitirlo a todas las generaciones, porque sólo en Cristo el hombre alcanza su plenitud y su felicidad. Sólo Cristo revela el hombre al mismo hombre. ¡Qué bien comprendieron esta verdad los grandes misioneros del siglo XVI, los evangelizadores de América! Pensemos en aquellos doce Franciscanos que emprenden la gran aventura de la evangelización de México. Pensemos en san Francisco Javier a quien se le negaban las naves para incursionar por las islas en la India por temor de su vida, y él amenazaba lanzarse a nado. Cuando se vive interiormente el misterio de Cristo, la persona se hace al instante misionera: siente la necesidad de anunciar la verdad que ha encontrado e ilumina su vida.

    La declaración Dominus Iesus en los números 13 y 14, expone con gran claridad la doctrina de la unicidad y universalidad del misterio salvífico de Jesucristo: "Basados en esta conciencia del don de la salvación, único y universal, ofrecido por el Padre por medio de Jesucristo en el Espíritu Santo (cf. Ef 1,3_14), los primeros cristianos se dirigieron a Israel mostrando que el cumplimiento de la salvación iba más allá de la Ley, y afrontaron después al mundo pagano de entonces, que aspiraba a la salvación a través de una pluralidad de dioses salvadores. Este patrimonio de la fe ha sido propuesto una vez más por el Magisterio de la Iglesia: " Cree la Iglesia que Cristo, muerto y resucitado por todos (cf. 2 Co 5,15), da al hombre su luz y su fuerza por el Espíritu Santo a fin de que pueda responder a su máxima vocación y que no ha sido dado bajo el cielo a la humanidad otro nombre en el que sea posible salvarse (cf. Hch 4,12). Igualmente cree que la clave, el centro y el fin de toda la historia humana se halla en su Señor y Maestro ". (Gaudium et spes n.10).

    14. Debe ser, por lo tanto, firmemente creída como verdad de fe católica que la voluntad salvífica universal de Dios Uno y Trino es ofrecida y cumplida una vez para siempre en el misterio de la encarnación, muerte y resurrección del Hijo de Dios".

    Nos hemos alargado en estas dos citas, pero era necesario pues se está afirmando una verdad fundamental de la doctrina de la Iglesia católica.


    2. Jesucristo, Buen pastor, ama las ovejas y da su vida por ellas. El tema del Buen pastor aparece de modo relevante en este cuarto domingo de Pascua. La imagen del Buen Pastor, que se comprendía fácilmente en el tiempo de Jesús y que era frecuentemente usada en la Biblia, aparece aquí como una traducción concreta de cuanto ha sucedido en el misterio pascual: Cristo nos ha recogido de los pastos de muerte por donde nos habíamos dispersado, nos ha reconquistado para el amor de Dios, nos ha llevado a la plenitud de la comunión con el Padre. "Aquel buen Pastor que dio su vida por las ovejas salió a buscar la oveja perdida, por las montañas y colinas donde tú (hombre) ofrecías sacrificios a los ídolos. Y cuando encontró la oveja perdida, la cargó sobre sus hombros -sobre los que había cargado también el madero de la cruz- y así la llevó nuevamente a la vida eterna" (San Gregorio de Nacianzo, Disertaciones, Dis. 45, 26.28: PG 36, 658-659.662).

    Dos imágenes nos ayudan en nuestra reflexión. La primera es la pintura del siglo III del buen Pastor en las catacumbas de san Pedro y Marcelino. El buen Pastor se presenta como un joven que, en medio de los pastos, ha recogido la oveja perdida y la lleva sus hombros, rodeado por otras dos ovejas. En la sencillez de la pintura paleocristiana se pone en evidencia el interés de ese Pastor que no deja que se pierda ni una sola de sus ovejas; que va por la descarriada y que se alegra cuando, habiéndola encontrado, la carga a los hombros y la devuelve al redil. ¡Así será la alegría por un pecador que se convierta! Se trata de ese pastor generoso y magnífico, como comenta Celemente de Alejandría: "Tal es nuestro pedagogo en verdad bueno. No he venido a ser servido -dice- sino a servir (Mc 10, 45). Por eso, se dice en el evangelio que estaba cansado (Jn 4,6) aquel que se ha agotado por nosotros prometiendo, incluso, dar la propia vida en rescate por muchos (Mc 10,45). Demuestra así sólo de ser el buen pastor. Generoso y magnífico que llega al punto de dar la vida por nosotros. Verdaderamente al servicio de los hombres y pleno de bondad es aquel que pudiendo ser el Señor del hombre, ha venido a ser su hermano. Bueno hasta el punto de morir por nosotros".
    (San Clemente de Alejandría, El Pedagogo 9, 83 3- 85, 2).

    Otra imagen completa hoy nuestra reflexión: la del Pastor de la Puerta Santa en el vaticano. Aquí ya no aparece aquel joven satisfecho que camina sobre prados llevando feliz la oveja al hombro. Aquí tenemos un pastor esforzado, que se atreve a descolgarse por el abismo en busca de la oveja despeñada. Es el pastor que da la vida, que arriesga la propia existencia, que no se reserva nada para sí, pues está en juego la vida de la oveja. ¡Misterioso e inconmensurable amor del Padre que ha amado al hombre hasta el punto de dar a su Hijo en rehenes! Para rescatar al esclavo ofreció al Hijo. ¡Qué valor tendrá a los ojos de Dios la vida del hombre! ¡La salvación de las almas!


    Sugerencias pastorales

    1. El amor a Cristo.Todos los cristianos deberíamos sentirnos hoy como la oveja que ha sido rescatada del abismo. Deberíamos de experimentar aquello de san Pablo: dilexit me et tradidit semetipsum pro me. Me amó y se entregó a sí mismo por mí. ¡Qué agradecimiento debería nacer de nuestra alma hacia ese Jesús que, por mí, ha muerto en una cruz! Por mí, es decir, a favor mío. Por mí, es decir, en mi lugar. El secreto de la vida cristiana está todo en experimentar el amor del Padre en Cristo Jesús por el Espíritu. Todo lo demás viene por añadidura. Experimentar que Dios me ha amado con un amor eterno y que, por eso, mi oficio en adelante es también el del amor:

    Mi alma se ha empleado
    y todo mi caudal en su servicio.
    Ya no guardo ganado
    ni ya tengo otro oficio,
    que ya sólo en amar es mi ejercicio.
    San Juan de la Cruz, Cántico Espiritual 28

    Y Amado Nervo, hablando del Buen Pastor dice:

    Pastor, te bendigo por lo que me das.
    Si nada me das, también te bendigo.
    Te sigo riendo si entre rosas vas.
    Si vas entre cardos y zarzas, te sigo.
    ¡Contigo en lo menos, contigo en lo más,
    y siempre contigo!


    2. La promoción de vocaciones. Es un tema siempre importante en la parroquia, en la diócesis, en los movimientos, en las congregaciones religiosas. En este día, dedicado a las vocaciones, debemos renovar nuestro compromiso por buscar vocaciones y de tener esta tarea como primaria y prioritaria. ¿Cómo hacerlo? Ofrecemos tres sugerencias:

    - Formación de promotores vocacionales. La falta de sacerdotes se agrava aquí y allá. Lo vemos: no se dan a basto para atender las necesidades pastorales. ¡Faltan pastores y se pierden las ovejas! Por eso, se requiere que los laicos, diestros en las cosas del mundo, sean también diestros en la promoción de las vocaciones. ¡Ellos lo hacen bien y de qué modo! Un promotor vocacional puede descubrir contactos importantes, puede remitirlos a la instancia apropiada, puede poner en pie vigilias de adoración ante el santísimo para pedir al Señor nos envíe pastores según su corazón. Esos promotores los conocemos y existen, pero debemos multiplicarlos.

    - La formación en el servicio. Quizá nada mejor para sembrar las vocaciones -como nos recuerda el Papa en su mensaje- que educar a los jóvenes en el espíritu de servicio. Esto no es imposible. Más aún, es el camino más apropiado para conducir el corazón ardoroso de un joven. Al joven le gusta el riesgo, le gusta la entrega total, le gusta el sacrificio por una causa que valga la pena. Vemos a jóvenes sirviendo aquí y allá. Llevan grabada en el alma la necesidad de la donación. Encaucemos esta natural vivacidad por los caminos de Dios. Ayudémosles dándoles la oportunidad de servir con generosidad, sin límites. Muchas veces ellos levantan apostolados de envergadura con mayor perfección y rapidez que los mismos adultos e incluso religiosos o sacerdotes. Allí, en esa donación, nacerán las vocaciones consagradas.

    - El influjo en la opinión pública. Nos alarmamos por la propaganda en contra de los sacerdotes. Sabemos cuánto mal hace tal información a los niños y jóvenes, pero ¿qué hacemos por difundir los ejemplos de millares de sacerdotes que son fieles y santos? Aquí hay una omisión grande y una injusticia no pequeña. Omisión de parte nuestra por no difundir más amplia y adecuadamente los buenos testimonios de sacerdotes y religiosos (as) santos (as). Pero hay también una injusticia: ¡cuántos son los sacerdotes mártires del siglo pasado! Sacerdotes torturados, que pasaron casi la vida entera en un campo de concentración, que sufrieron la muerte por permanecer fieles a la Iglesia católica, al Papa, a su conciencia. Promovamos la lectura de la vida de estos mártires de la fe, de estos gigantes del espíritu que nos ayudan a mirar el futuro con esperanza.


    3. Juan Pablo II a los jóvenes: "Ésta es la razón por la que deseo decir a todos vosotros, jóvenes, en esta importante fase del desarrollo de vuestra personalidad masculina o femenina que si tal llamada llega a tu corazón, no la acalles. Deja que se desarrolle hasta la madurez de una vocación. Colabora con esa llamada a través de la oración y la fidelidad a los mandamientos. "La mies es mucha". Hay una gran necesidad de que muchos oigan la llamada de Cristo: "Sígueme". Hay una gran necesidad de que a muchos llegue la llamada de Cristo: "Sígueme". Hay una enorme necesidad de sacerdotes según el corazón de Dios. La Iglesia y el mundo actual tienen urgente necesidad de un testimonio de vida entregada sin reserva a Dios, del testimonio de este amor esponsal de Cristo, que de modo particular haga presente el Reino de Dios entre los hombres y lo acerque al mundo". (Juan Pablo II, Carta a los jóvenes, Dilecti amici, Roma 1985).



  • Foro para sacerdotes de Catholic.net




  • Encuentro Internacional de Sacerdotes

    Fuente: www.incontrorc.org
    Autor: Instituto Sacerdos




    ENCUENTRO INTERNACIONAL DE SACERDOTES

    en el marco del Encuentro Internacional de Movimientos Apostólicos
    convocado por el Papa Benedicto XVI

    Roma, 1 – 4 junio 2006


    El Santo Padre Benedicto XVI ha convocado a los nuevos movimientos eclesiales a tener un encuentro con él durante la próxima solemnidad de Pentecostés. Ha querido de este modo continuar la iniciativa que hace ocho años puso en práctica nuestro querido Juan Pablo II.

    El Movimiento Regnum Christi desea ofrecer a los sacerdotes que quieran participar en el evento un Encuentro Internacional de Sacerdotes en un ambiente de convivencia y caridad fraterna del día 1 al 4 de junio. A todos nos llena de entusiasmo la oportunidad de encontrarnos con el Santo Padre, peregrinar a Roma, hacer una pausa necesaria en medio de las ocupaciones cotidianas para renovar nuestro celo apostólico y empaparnos de amor a la Iglesia. En este Encuentro Internacional de Sacerdotes, se tendrá la oportunidad también de conocer el carisma espiritual y apostólico del Movimiento Regnum Christi, cuyo único anhelo es servir a la Iglesia, en colaboración con los obispos y los párrocos.


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  • Reflexión ecuménica para la Pascua 2006

    Fuente: www.centroecumenico.org
    Autor: Prof. Dr. Pedro Langa Aguilar, OSA

    «Ninguna cosa es más propia a Dios que el amor», dejó escrito para siempre Fray Luis con elocuencia lírica, ni al amor hay cosa más natural y conveniente, añado yo ahora, que la unidad. De lo uno y de lo otro tenemos clara experiencia, desde luego, pero también probada constancia de su difícil andadura en el camino interconfesional y de su compleja vivencia cuando el pragmatismo de las actuaciones llega inevitable.

    Pasado ya el cuadragésimo del Vaticano II, y con él la oportuna evocación de todos sus documentos, sobremanera el Decreto Unitatis redintegratio y las Declaraciones Nostra aetate y Dignitatis humanae; luego de haber comprobado lo mucho conseguido, pero también lo no poco que todavía queda por alcanzar, se hace casi necesario, urgente diríase, volver los ojos al Cenáculo y asistir con los Apóstoles a la Última Cena que allí trascurre como envuelta de mistérico y misterioso recogimiento, memorial de consagraciones y emociones, para escuchar una vez más con la respiración contenida y el silencio elocuente del momento, único en la historia de la Humanidad, las sencillas y solemnes palabras con que Jesús le pide al Padre por el amor de su Iglesia traducido a unidad a la vez que por la unidad de esa misma Iglesia resuelta en amor.

    Nunca sabremos calibrar en esta vida transitoria la trascendencia de aquel puntual e irrepetible ut unum sint (Jn 17, 21). En su Encíclica Deus caritas est Benedicto XVI puntualiza que «el término “amor” se ha convertido hoy en una de las palabras más utilizadas y también de las que más se abusa, a la cual damos acepciones totalmente diferentes» (n. 2). Es un implícito modo de reconocer hasta dónde puede extenderse el exacerbado pluralismo puesto a incordiar. Y más adelante, prevaliéndose de la Ut unum sint de Juan Pablo II, añade con acento de abierta consigna ecuménica: «para un mejor desarrollo del mundo es necesaria la voz común de los cristianos, su compromiso “para que triunfe el respeto de los derechos y de las necesidades de todos, especialmente de los pobres, los marginados y los indefensos” (n. 43: b)» (n. 30).

    En saber conjugar la pluralidad intereclesial con esa voz común de los cristianos estriba justamente la clave del movimiento ecuménico. A veces pienso si los cristianos habremos tomado en serio la súplica unionista del Maestro en el momento solemne de su partida. Ya sé que no se debe generalizar, y que responder con un rotundo no, suena mal y puede ser hasta injusto, porque en el tema de la unidad de la Iglesia –el del ecumenismo- nunca partimos de cero, es cierto, pero también se me alcanza que a menudo, por inercia, o quién sabe si timidez, cuando no fáciles concesiones y paños calientes, renunciamos a decir la verdad, a desenmascarar el error y, en fin, a sacudirnos el polvo de la indolencia. El hecho es que los datos dicen con fluidez inobjetable que las divisiones intereclesiales perduran, lo que supone un implícito modo de afirmar que algo falla porque no lo estamos haciendo del todo bien.

    En esta magna ciencia del ecumenismo cumple tener presente que si la verdad cuenta con sus derechos, la caridad tiene sus deberes, aunque tampoco sería descabellado invertir la frase. De la emocionante liturgia del Jueves Santo emerge luminoso el ministerio de servicio, asignatura todavía pendiente para tantos ministros empeñados en no querer ver fraternidad más allá de las bardas del propio corral, cuando ésta resulta claramente ecuménica de la cruz a la fecha, desde el Jueves Santo hasta la radiante mañana de Pentecostés. Pero los propios cristianos, que debieran esforzarse en afinar las notas cristianas del Cenáculo, siguen desconcertados detrás del primer predicador interreligioso de turno, como si la lección de Jesús en la Última Cena se estudiase ella sola y las Iglesias todas estuvieran bien concertadas, es decir, unidas con sólo palabras.

    Evidentemente que la carta fundacional del ecumenismo la escribe Jesús en la tarde del Jueves Santo con aquella oración sacerdotal al Padre y el mirífico lavatorio de los pies a sus Apóstoles. Desde entonces, como san Agustín advirtió penetrante a los hiponenses, «presidir es servir». El Siervo de Dios Pablo VI supo entenderlo así cuando besó los pies al Metropolita Melitón de Calcedonia. Lástima que hubiera entonces en Roma voces desafinadas de puro discrepantes con este gesto papal de humildad, fraternidad y sincero amor. Fue unos días después el propio Papa Montini quien se lo explicó a Monseñor Torrella en audiencia privada: nada de espontáneo había tenido el gesto; más bien había sido meditado y encajaba de lleno en el marco de la Última Cena.

    La florida mañana de Pascua invita igualmente a pensar, con el hecho central de la resurrección del Señor, que la vida acaba triunfando sobre la muerte, y el bien sobre el mal, y la unidad, añadiremos con lectura de teología ecuménica, sobre las divisiones. Un ecumenista que no acierte a descubrir esto, habrá de revisar urgentemente sus esquemas eclesiológicos. Los milagros del Señor resucitado, por otra parte, no hacen sino corroborar lo que digo. El misterioso peregrino que se hace el encontradizo con los discípulos de Emaús, mantendrá con ellos una catequesis que para sí la quisieran hoy los mejores ecumenistas. Su mismo gesto de caminante hablador imprime un aire de plasticidad a la estampa ecuménica: diálogo, aclaraciones, y un corazón desesperanzado que de pronto se inflama convirtiéndose por dentro en ardiente hoguera de cariño hacia el «extraño» personaje que tales cosas dice (Cf. Lc 24, 13-35). ¿No es el movimiento ecuménico acaso un camino a recorrer? ¿No debe estar el ecumenista, por ventura, dispuesto y disponible para dialogar? ¿Sabremos, en fin, también nosotros, cristianos divididos del siglo XXI, reconocer a Jesús en el hermoso gesto de partir el pan, es decir, en lo que puede interpretarse hoy como una clara invitación a deponer actitudes negativas y abrirse de lleno a la «intercomunión»? Los ejemplos pascuales podrían multiplicarse.

    Pero yo quiero rematar estas reflexiones acudiendo a la fuerza antibabélica de Pentecostés. San Lucas se preocupa de agolpar en las inmediaciones del Cenáculo, recinto del Jueves Santo, -no se olvide-, a toda una verdadera representación de la Ecumene, como para ilustrar que el ecumenismo es catolicidad o universalidad de la Iglesia unida; que el ecumenismo es unidad en la pluralidad del amor (había numerosas etnias escuchando a un Pedro desatado y absolutamente resuelto a beberse los vientos del mundo en un alarde de misionología sin fronteras, después de la eclosión pneumática de las lenguas de fuego [Cf. Hch 2, 14-36]). Unidad y pluralidad, sí. Pero una y otra en aras de un solo amor al Amor.

    La Pascua es pródiga en ejemplos ecuménicos. Sólo hace falta pulsar, con la sutil hermenéutica bíblica, la delicada nota de la introspección para libar sabiamente en esas flores pascuales, estremecidas de abejas líricas, el néctar del que saldrá la rubia miel de la unidad. Inefable prodigio el que nos asalta en el corazón de la Vigilia pascual, la «Madre de todas las santas vigilias», como bellamente dijo san Agustín. Es el dichoso momento en que un ecumenista puede advertir de la fugacidad de las cosas, del sepulcro vacío adonde deben ir a parar las divisiones, y del Cuerpo glorioso de Jesús resucitado, prenda de la infinita Unidad conseguida mediante sus llagas adorables, brillantes como rubíes. En la mañana de Pascua, en fin, el ecumenismo puede con todo derecho vestir sus mejores galas de triunfo, exultar de gozo con el Resucitado, vivir anticipadamente aquello por lo que sus obreros trabajan, luchan, sufren, se gastan y desgastan con ardor paulino en la Santa Viña de la Unidad. El buen ecumenista lo celebra estos días pascuales, bien con acento latino (Surrexit Dominus vere,/ Alleluia!), bien con melodía bizantino-eslava (Christós Voskrése, / Voístinu Voskrése!).

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    #863 De: Emiliana manolova <emiliana47@...>
    Fecha: Lun, 1 de Mayo, 2006 10:04 am
    Asunto: Re: : católicos del mundo en lengua hispana MAYO, MES DE MARIA. CUADERNO.
    emiliana47@...
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    QUERIDO Y RESPETADO HERMANO EN CRISTO, estare muy agradecida de recibi este ZIP
    de Meditaciones para el Mes de MARIA, el Mayo, aunque no se exactamente cuantas
    son las paginas y si mi ordenador lo recibe bien por la lejania, pues soy de la
    ciudad de Sofia, Bulgaria, y ademas tengo un ordenador viejito, de segunda
    mano....su hermana en Cristo, Emiliana
    
    
      >-------- Îðèãèíàëíî ïèñìî --------
      >Îò:  Ra&#250;l Moreno <raulmormx@...>
      >Îòíîñíî: [catolices]: cat=?ISO-8859-1?Q?=F3?=licos del mundo en lengua hispana
    MAYO, MES DE MARIA. CUADERNO.
      >Äî: catolices@yahoogroups.com
      >Èçïðàòåíî íà: Íåäåëÿ, 2006, Àïðèë 30 22:45:02 EEST
      >----------------------------------
      >
      >Hola hermanos y hermanas del grupo:
      >
      >Les OFREZCO el zip del cuaderno donde cada d&#237;a tenemos una peque&#241;a
      >meditaci&#243;n para nuestra Madre Sant&#237;sima Maria en &#233;ste mes de
    MAYO.
      >
      >Tambi&#233;n LES OFREZCO los zip de los cuadernitos de los 20 Misterios
      >de "El Santo Rosario". Les suplico a todos(as) que soliciten los
      >archivos que necesiten para imprimir en casa y al usarlos, seguramente
      >tendr&#225;n  frutos espirituales. Fraternalmente, Ra&#250;l.
      >
      >
      >
      >
      >
      >
      >*************************
      >--- A Jes&#250;s por Mar&#237;a ---
      >-------------------------
      >Si tiene cuenta en Yahoo
      >Puede tambi&#233;n acceder a la lista desde la p&#225;gina web:
      >http://es.groups.yahoo.com/group/catolices
      >*************************
      >Enlaces a Yahoo! Grupos
      >
      >
      >    catolices-unsubscribe@yahoogroups.com
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      >
      >
      >
      >
    
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    http://Host.GBG.bg - ðåãèñòðàöèÿ íà .EU äîìåéí èìåíà

    #862 De: "Gilbert Rosario" <ezg@...>
    Fecha: Lun, 1 de Mayo, 2006 7:52 am
    Asunto: footloose bled
    ezg@...
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    #861 De: Winston Pauta Avila <wpauta@...>
    Fecha: Lun, 1 de Mayo, 2006 7:53 am
    Asunto: Mayo 1 09H50 A nuestra Madre María
    wpauta
    Conectado Conectado
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    Hermanos en Jesús y María: Os envío este mail esperando que les sirva de mucho
    M.E.Winston Pauta
    Iglesia Agua Santa
    Guayaquil-Ecuador
     
     
    SANTA MARIA DEL CAMINO
    Mientras recorres la vida,
    tú nunca solo estás,
    contigo por el camino,
    Santa María va.
    VEN CON NOSOTROS A CAMINAR,
    SANTA MARIA VEN.
    VEN CON NOSOTROS A CAMINAR,
    SANTA MARIA VEN.
    Aunque te digan algunos
    que nada puede cambiar,
    lucha por un mundo nuevo,
    lucha por la verdad.
    VEN CON NOSOTROS A CAMINAR,
    SANTA MARIA VEN.
    VEN CON NOSOTROS A CAMINAR,
    SANTA MARIA VEN.
     
    Mayo
     
     
    Si por el mundo los hombres
    sin conocerse van,
    no niegues nunca tu mano
    al que contigo está.
    VEN CON NOSOTROS A CAMINAR,
    SANTA MARIA VEN.
    VEN CON NOSOTROS A CAMINAR,
    SANTA MARIA VEN.
    Aunque parezcan tus pasos
    inútil caminar,
    tú vas haciendo caminos,
    otros los seguiran.
    VEN CON NOSOTROS A CAMINAR,
    SANTA MARIA VEN.
    VEN CON NOSOTROS A CAMINAR,
    SANTA MARIA VEN
    La Virgen María, Madre de Dios

    «Salve, Señora, santa Reina, santa Madre de Dios, María, que eres Virgen hecha Iglesia y elegida por el santísimo Padre del cielo, a la cual consagró Él con su santísimo amado Hijo y el Espíritu Santo Paráclito, en la cual estuvo y está toda la plenitud de la gracia y todo bien» (San Francisco, Saludo a la B.V. María).
    «Santa Virgen María, no ha nacido en el mundo ninguna semejante a ti entre las mujeres, hija y esclava del altísimo y sumo Rey, el Padre celestial, Madre de nuestro santísimo Señor Jesucristo, esposa del Espíritu Santo: ruega por nosotros... ante tu santísimo amado Hijo, Señor y maestro» (San Francisco, Antífona del Oficio de la Pasión).
    «Francisco rodeaba de amor indecible a la Madre de Jesús, por haber hecho hermano nuestro al Señor de la majestad. Le tributaba peculiares alabanzas, le multiplicaba oraciones, le ofrecía afectos, tantos y tales como no puede expresar lengua humana» (2 Cel 198). «Francisco amaba con indecible afecto a la Madre del Señor Jesús, por ser ella la que ha convertido en hermano nuestro al Señor de la majestad y por haber nosotros alcanzado misericordia mediante ella. Después de Cristo, depositaba principalmente en la misma su confianza; por eso la constituyó abogada suya y de todos sus hermanos» (LM 9,3).
    «El misterio de la maternidad divina eleva a María sobre todas las demás criaturas y la coloca en una relación vital única con la santísima Trinidad. María lo recibió todo de Dios. Francisco lo comprende muy claramente. Jamás brota de sus labios una alabanza de María que no sea al mismo tiempo alabanza de Dios, uno y trino, que la escogió con preferencia a toda otra criatura y la colmó de gracia». «Puesto que la encarnación del Hijo de Dios constituía el fundamento de toda la vida espiritual de Francisco, y a lo largo de su vida se esforzó con toda diligencia en seguir en todo las huellas del Verbo encarnado, debía mostrar un amor agradecido a la mujer que no sólo nos trajo a Dios en forma humana, sino que hizo "hermano nuestro al Señor de la majestad"» (K. Esser).
    «El intenso amor a Cristo-Hombre, tal como lo practicó San Francisco y como lo dejó en herencia a su Orden, no podía dejar de alcanzar a María Santísima. Las razones del corazón católico y de la caballerosidad de San Francisco lo llevaban al amor encendido de la Madre de Dios... San Francisco cultivó con esmero y con toda su intensidad el servicio a la Virgen Santísima dentro de los moldes caballerescos y condicionado a su concepto y a su práctica de la pobreza. Nada más conmovedor y delicado en la vida de este santo que la fuerte y al mismo tiempo dulce y suave devoción a la Madre de Dios» (C. Koser).
     
     
     
    EL ÁNGELUS
     
    .
    El Ángelus, devoción de origen franciscano, que para el Diccionario de la Real Academia Española es «Oración en honor del misterio de la Encarnación», hace una síntesis admirable del mismo, de las personas que intervienen en tan gran acontecimiento y de la misión o actitud de cada una de ellas, con palabras tomadas del mismo Evangelio. En su extremada brevedad, ofrece materia sólida a la vez que asequible para la meditación cotidiana del creyente. San Lucas refiere que el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. El ángel le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» Luego añadió: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús.» María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?» El ángel le aclaró: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios.» Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Días después, María fue a casa de Zacarías y saludó a Isabel, la cual exclamó: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno» (cf. Lc 1,26ss). A modo de conclusión, San Juan añade en el prólogo de su Evangelio: «Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros» (Jn 1,14).
    .
    V. El Ángel del Señor anunció a María.
    R.
    Y concibió por obra del Espíritu Santo.
    Dios te salve, María... Santa María...
    V. He aquí la esclava del Señor.
    R. Hágase en mí según tu palabra.
    Dios te salve, María... Santa María...
    V. Y el Verbo se hizo carne.
    R.
    Y habitó entre nosotros.
    Dios te salve, María... Santa María...
    V. Ruega por nosotros, santa Madre de Dios.
    R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Cristo.
    Oremos:
    Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, que, por el anuncio del Ángel, hemos conocido la encarnación de tu Hijo, para que lleguemos, por su pasión y su cruz, a la gloria de la resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor.
    R. Amén.

    ÁNGELUS DOMINI
    V. Ángelus Dómini nuntiávit Maríae.
    R. Et concépit de Spíritu Sancto.
    Ave María.
    V. Ecce ancílla Dómini.
    R. Fiat mihi secúndum verbum tuum.
    Ave María.
    V. Et Verbum caro factum est.
    R. Et habitávit in nobis.
    Ave María.
    V. Ora pro nobis, sancta Dei Génitrix.
    R. Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.
    Orémus:
    Grátiam tuam, quaésumus, Dómine, méntibus nostris infúnde: ut qui, Ángelo nuntiánte, Christi Fílii tui Incarnatiónem cognóvimus, per Passiónem ejus et Crucem ad resurrectiónis glóriam perducámur. Per eúmdem Christum Dóminum nostrum.
    R. Amen.

    REGINA COELI
    Durante el tiempo pascual, en lugar del Ángelus, se dice el Regina coeli:
    V. Reina del cielo, alégrate.
    R. Aleluya.
    V. Porque el Señor, a quien mereciste llevar.
    R. Aleluya.
    V. Ha resucitado, como lo había dicho.
    R. Aleluya.
    V. Ruega al Señor por nosotros.
    R. Aleluya.
    V. Goza y alégrate, Virgen María. Aleluya.
    R. Porque verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.
    Oremos:
    Oh Dios, que por la resurrección de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, has llenado el mundo de alegría, concédenos, por intercesión de su Madre, la Virgen María, llegar a alcanzar los gozos eternos. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor.
    R. Amén.

    A Sabbato Sancto in meridie usque ad meridiem sabbati post Pentecosten inclusive dicitur:
    V. Regína coeli, laetáre.
    R. Allelúja.
    V. Quia quem meruísti portáre.
    R. Allelúja.
    V. Resurréxit, sicut dixit.
    R. Allelúja.
    V. Ora pro nobis Deum.
    R. Allelúja.
    V. Gaude et laetáre, Virgo María. Allelúja.
    R. Quia surréxit Dóminus vere. Allelúja.
    Orémus:
    Deus, qui per resurrectiónem Fílii tui Dómini nostri Jesu Christi mundum laetificáre dignátus es: praesta quaésumus ut per ejus Genitrícem Vírginem Maríam perpétuae capiámus gáudia vitae. Per eúmdem Christum Dóminum nostrum.
    R. Amen.

    El toque y el rezo del Ángelus no existían en tiempo de San Francisco ni fue el Santo quien introdujo esta devoción en la Iglesia, aunque la espiritualidad y piedad que él practicaba y enseñaba era un terreno bien abonado para que florecieran prácticas piadosas como ésta; véanse, por ejemplo, sus Cartas a los Custodios (1CtaCus 8, y 2CtaCus 6) y su Carta a las Autoridades (CtaA 7), donde puede apreciarse un reflejo de la costumbre musulmana de convocar al pueblo a la oración mediante el pregón del muecín desde el alminar de las mezquitas, costumbre que Francisco observó en su viaje a Oriente. Por cuanto se sabe, fue Fr. Benito de Arezzo quien, hacia el año 1250, introdujo en el convento de Arezzo el Ángelus, haciendo cantar o recitar, a la caída de la tarde, la antífona El Ángel habló a María (Ángelus locutus est Mariae) mientras sonaban las campanas. El Capítulo general celebrado en Asís en 1269, y presidido por San Buenaventura, estableció que los hermanos exhortaran al pueblo a saludar a la Virgen con las palabras del Ángel cuando al atardecer sonara la campana de completas; posteriormente, ya en el siglo XIV, se introdujo el toque y el rezo del Ángelus por la mañana, y luego también al mediodía (cf. Waddingo, Annales Minorum, a. 1269, vol. IV, pág. 331; A. G. Little, en Archivum Franciscanum Historicum 7, 1914, p. 679 y nota 2, con la bibliografía allí citada).
     
     
    EL ROSARIO, CON LOS MISTERIOS COMENTADOS E ILUSTRADOS
     
    .
    Para una información más amplia y profunda sobre el Rosario, véase la Carta Apostólica de Juan Pablo II: «Rosarium Virginis Mariae» (16 de octubre del año 2002).
    El Rosario, una de las devociones marianas más extendidas en el pueblo cristiano y que arranca del celo apostólico de Santo Domingo, es para el Diccionario de la Real Academia Española: «Rezo de la Iglesia, en que se conmemoran los veinte misterios principales de la vida de Jesucristo y de la Virgen, recitando después de cada uno un padrenuestro, diez avemarías y un gloriapatri.» En verdad ahí están enunciados los elementos esenciales que lo constituyen, a los que se añaden, según las regiones y devociones, otros también importantes. Si se nos permite, podríamos decir que el Rosario está formado por materiales evangélicos de primera calidad: la selección de los misterios, ordenados en cuatro grupos, gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos, que son pasos decisivos de Jesús y de María que nos llevan de la Anunciación y Encarnación hasta la venida del Espíritu y la coronación de la Virgen; la oración que Jesús nos enseñó para dirigirnos al Padre, y la que la tradición de la Iglesia ha elaborado para saludar a María, empleando en parte las palabras que le dirigieron el Ángel y su prima Isabel; y, como broche de cada decena de avemarías, la fórmula de alabanza trinitaria. Hay que añadir que son partes esenciales del Rosario la meditación y contemplación de los misterios, sin la que su rezo quedaría como un cuerpo sin alma, y las oraciones vocales impregnadas de ese clima de oración y devoción. La Iglesia celebra el 7 de octubre la fiesta de Nuestra Señora, la Virgen del Rosario.
    En cuanto a la forma de rezar el Rosario, digamos que lo más habitual es contemplar cada día cinco misterios: los lunes y sábados, los Misterios Gozosos, los jueves, los Luiminosos, los martes y viernes, los Dolorosos, y los miércoles y domingos, los Gloriosos, a no ser que la celebración de las fiestas o tiempos litúrgicos aconseje otra opción. Suele formar parte del Rosario la letanía, "deprecación a la Virgen con sus elogios y atributos colocados por orden", de la que hay varias fórmulas. Ofrecemos también algunos otros elementos de uso particular, que pueden libremente omitirse.
    Para favorecer la contemplación y meditación de los misterios, enlazamos su enunciado con imágenes artísticas y redacciones evangélicas.
    Rezo del Santo Rosario
    V. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
    R. Amén.
    V. Dios mío, ven en mi auxilio.
    R. Señor, date prisa en socorrerme.
    V. Gloria al Padre...
    R. Como era en el principio...
    Los misterios que hemos de contemplar son


    Lunes y Sábados:
    LOS MISTERIOS GOZOSOS
     
    EL ROSARIO
    Primer misterio gozoso
     
    .
    LA ANUNCIACIÓN Y ENCARNACIÓN DEL HIJO DE DIOS EN LAS PURÍSIMAS ENTRAÑAS DE LA VIRGEN MARÍA
    San Lucas refiere que el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. El ángel, entrando a su presencia, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel añadió: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo». María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?» El ángel le aclaró: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios». Y la informó de que su pariente Isabel había concebido un hijo en su vejez, porque, le recordó, «ninguna cosa es imposible para Dios». Entonces María dijo: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». El ángel, dejándola, se fue. Días después, María marchó a casa de Zacarías y saludó a Isabel, la cual exclamó: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno». A modo de conclusión, añade San Juan en el prólogo de su Evangelio: «Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros».
    El relato evangélico ofrece numerosos temas para la contemplación y meditación cotidiana del creyente. Indicamos algunos. Cuando el ángel anunció a María el misterio de la Encarnación, la Virgen era ya la «llena de gracia», en quien Dios se había complacido, ciertamente por don y benevolencia del Altísimo, pero también por su colaboración y fidelidad, su vida de oración y sus obras... El plan que el ángel anunció a María incluía su embarazo, lo que llevaba consigo muchos riesgos y problemas graves con el esposo, con los padres, con la autoridad religiosa, con la gente... María dijo entonces “fiat- hágase”, “sí” a Dios, porque a lo largo de su vida se había acostumbrado a aceptar y secundar los planes del Señor; en lo sencillo y cotidiano se había habituado a creer y confiar en la palabra de Yahvé; y cuando llegó lo extraordinario, porque estaba en plena y perfecta sintonía con la voluntad de Dios, dijo una vez más, y no la última, “fiat”, “hágase”, “sí”, asumiendo todos los riesgos que pudieran sobrevenir y abandonándose en manos del Padre.
    Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.

    Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.
    [Al final de cada misterio suele decirse:]
    Dios te salve, María, Hija de Dios Padre; Dios te salve, María, Madre de Dios Hijo; Dios te salve María, Esposa del Espíritu Santo. Templo y sagrario de la santísima Trinidad, no permitáis, Señora, que ningún cristiano viva ni muera en pecado mortal ni venial. Amén.
    Segundo misterio: La Visitación de María Santísima a su prima Santa Isabel
    Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.
     
    EL ROSARIO
    Segundo misterio gozoso
     
    .
    LA VISITACIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA A SU PRIMA SANTA ISABEL
    Cuando el ángel anunció a María el misterio de la Encarnación, le dijo también que su pariente Isabel había concebido un hijo en su vejez, y ya estaba de seis meses aquella a quien llamaban estéril. Poco después, María se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá, Ain Karim, seis kilómetros al oeste de Jerusalén y a tres o cuatro días de viaje desde Nazaret. Llegada a su destino, entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!»
    El saludo profético y la bienaventuranza de Isabel despertaron en María un eco, cuya expresión exterior es el himno que pronunció a continuación, el Magníficat, canto de alabanza a Dios por el favor que le había concedido a ella y, por medio de ella, a todo Israel. María, en efecto, dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación...»
    El evangelista San Lucas no nos ha dejado más detalles de la visita de la Virgen a su prima Isabel, simplemente añade que María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa de Nazaret.
    Muchos son los temas de meditación que ofrece este misterio. Conocido el embarazo de Isabel, María marchó presurosa a felicitarla, a celebrar y compartir con ella la alegría de una maternidad largo tiempo deseada y suplicada: ¡qué lección a cuantos descuidamos u olvidamos acompañar a los demás en sus alegrías! El encuentro de estas dos santas mujeres, madres gestantes por intervención especial del Altísimo, sus cantos de alabanza y acción de gracias, y las escenas que legítimamente podemos imaginar a partir de los datos evangélicos, constituyen un misterio armonioso de particular ternura y embeleso humano y religioso: parece como la fiesta de la solidaridad y ayuda fraterna, del compartir alegrías y bienaventuranzas, del cultivar la amistad e intimidad entre quienes tienen misiones especiales en el plan de salvación. Sería delicioso conocer sus largas horas de diálogo, sus confidencias mutuas, sus plegarias y oraciones, sus conversaciones sobre los caminos por los que Yahvé las llevaba y sobre el futuro que podían vislumbrar para ellas y para sus hijos. Parece una constante en la historia de los santos que las almas de Dios se hayan encontrado y entre ellas haya abundado la fraternidad y amistad, el diálogo, las confidencias, todo género de ayuda recíproca. María e Isabel son un modelo.
    Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.
     
    EL ROSARIO
    Tercer misterio gozoso
     
    .
    EL NACIMIENTO DEL NIÑO JESÚS EN EL POBRE Y HUMILDE PORTAL DE BELÉN
    Al regreso de la visita a Santa Isabel, no permaneció mucho tiempo María en su casa. Sucedió que por aquellos días salió un edicto de César Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo. Cada uno iba a su ciudad. José subió desde la ciudad de Nazaret, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento.
    Había en la misma comarca unos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño. Se les presentó el Ángel del Señor, y la gloria del Señor los envolvió en su luz; y se llenaron de temor. El ángel les dijo: «No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor; y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre». Y de pronto se juntó con el ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: «Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace». Y sucedió que cuando los ángeles, dejándoles, se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros: «Vayamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y el Señor nos ha manifestado». Y fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, dieron a conocer lo que les habían dicho acerca de aquel niño; y todos los que lo oyeron se maravillaban de lo que los pastores les decían. Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho. María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón.
    San Francisco, nos refiere Celano, «celebraba con inefable alegría la solemnidad del nacimiento del niño Jesús; la llamaba fiesta de las fiestas, en la que Dios, hecho niño pequeñuelo, se crió a los pechos de madre humana. Representaba en su mente imágenes del niño, que besaba con avidez; y la compasión hacia el niño, que había penetrado en su corazón, le hacía incluso balbucir palabras de ternura al modo de los niños. No recordaba sin lágrimas la penuria que rodeó aquel día a la Virgen pobrecilla». El misterio de la Natividad de Jesús despierta profundos sentimientos de ternura, amor, fraternidad, humanidad, alegría, paz, solidaridad... Lo que dice y lo que deja entrever el relato evangélico invita a contemplar y meditar cómo los planes de Dios siguen su curso sorteando o valiéndose de los acontecimientos humanos; cómo en Belén se abrazaron la sublimidad de lo divino y la simplicidad y ternura de lo humano; cuánto debió sufrir José por no poder ofrecer a su esposa y luego a Jesús más que aquel portal; cuánta fe y confianza tenían José y María en la palabra de Dios para creer que el Niño nacido en aquellas circunstancias era el Mesías prometido; cuánto dista la escala de valores de Dios de la nuestra; qué ejemplo el de José, el de María, el de los pastores..., y el del Hijo del eterno Padre que tomó de María la carne de nuestra humanidad y fragilidad; etc. Como María, deberíamos guardar todas estas cosas, y meditarlas en nuestro corazón.
    Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.
     
     
    EL ROSARIO
    Cuarto misterio gozoso
     
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    LA PURIFICACIÓN DE LA VIRGEN MARÍA Y PRESENTACIÓN DEL NIÑO JESÚS EN EL TEMPLO
    A los cuarenta días del nacimiento de Jesús de la Virgen María, cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en su Ley: Todo varón primogénito será consagrado al Señor, y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la misma Ley para quienes, por su pobreza, no puedan pagar el precio de un cordero.
    Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel. El Espíritu Santo, que moraba en él, le había revelado que no conocería la muerte antes de haber visto al Mesías del Señor. Movido por el Espíritu, fue al templo; y en el momento de entrar los padres con el niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre él, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel».
    José y María estaban admirados de lo que se decía del Niño. Simeón les bendijo, y luego dijo a María, su madre: «Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción –¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!– a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones».
    Este misterio invita a contemplar y meditar la diligencia con que José y María, más tarde también Jesús, se aprestan a cumplir siempre los mandatos de la Ley del Señor y a practicar las tradiciones y devociones del pueblo de Dios, sin detenerse a pensar si también a ellos les obligan. Al ofrecer María en sacrificio tórtolas o pichones, como manda la Ley para los pobres, entrega en realidad a su Hijo, al verdadero Cordero que deberá redimir a la humanidad. Simeón, hombre profundamente religioso, cultivaba en su corazón grandes deseos y esperaba al Salvador de Israel; vivía abierto a la acción del Espíritu, que le reveló que vería al Mesías, y que luego le hizo reconocerlo, mientras pasaba inadvertido para los demás. El cántico de Simeón, proclama al Niño gloria de Israel, y luz y salvación de toda la humanidad. Después el anciano, dirigiéndose a María y completando el mensaje del ángel en Nazaret, le dice que una espada le atravesará el alma: es la primera vez que se le anuncia el sacrificio redentor a que está destinado el Mesías, mientras se le hace vislumbrar para sí misma un futuro de sufrimiento asociada a su Hijo. La piedad, la perseverancia confiada en Dios, la alegría exultante de los dos ancianos, Simeón y Ana, debieron confortar a María y a José. El cántico de Simeón provocó en José y en María el asombro; la reacción de la Virgen ante la profecía referente al futuro de su Hijo y de ella misma, tuvo que ser idéntica a la que produjo el episodio de la adoración de los pastores: «María guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón».
    Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.
     
    EL ROSARIO
    Quinto misterio gozoso
     
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    EL NIÑO JESÚS PERDIDO Y HALLADO EN EL TEMPLO
    Después de la adoración de los Magos, la Sagrada Familia tuvo que huir precipitadamente a Egipto para librar a Jesús de la persecución del rey Herodes. Muerto éste, José tomó consigo al Niño y a su Madre, y regresó a Israel. Pero al enterarse de que Arquelao era el nuevo rey de Judea, tuvo miedo, y volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. Allí el Niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él.
    Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. Cuando Jesús cumplió los doce años, subieron todos a la fiesta, según la costumbre; al volverse, pasados aquellos días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres. Creyendo ellos que estaría en la caravana, hicieron un día de camino. Luego se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; pero al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca.
    Y sucedió que, al cabo de tres días, lo encontraron en el Templo, sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; todos los que lo oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas. Al verlo, quedaron sorprendidos, y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando». Él les dijo: «Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?» Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio.
    Jesús regresó con ellos a Nazaret, donde continuó viviendo sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón. Y Jesús progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres.
    También María iba todos los años a Jerusalén, aunque era una obligación que la Ley mosaica imponía sólo a los varones. Los peregrinos solían hacer el camino en grupos numerosos, lo que facilitó que José y María no advirtieran la ausencia de Jesús durante horas; es fácil imaginar su preocupación, angustia e inquietud, como buenos padres, al comprobar que se les había extraviado. ¡Cuánto sufrimiento, hasta encontrarlo! Lo hallaron en medio de los doctores, formulando preguntas y respuestas que sobrepasaban el nivel de comprensión de un niño y que dejaban llenos de asombro a maestros y oyentes. El encontrarlo produjo en José y en María los sentimientos que la pérdida y posterior hallazgo de un hijo producirían en cualquier padre o madre. Las palabras de María son un cariñoso reproche de madre, a la vez que la expresión espontánea del dolor que les ha causado el hijo con su comportamiento. En su respuesta, Jesús llama a Dios «mi Padre», y manifiesta que su filiación divina y su misión han de llevarle en ocasiones a romper los naturales lazos humanos con su familia, de lo que era una primera muestra la aflicción causada ahora a sus padres, cosa que no se repetiría hasta el tiempo de su actividad mesiánica pública: Jesús bajó con ellos a Nazaret y siguió estándoles sujeto. Verdaderamente, los caminos de Dios son a veces muy difíciles de comprender, incluso para personas tan llenas del Espíritu Santo y tan dóciles a él, como María y José. Una y otra vez, María, ante los rasgos del misterio de Cristo que se le iban revelando y no acababa de comprender, guardaba todas esas cosas en su corazón y las meditaba.
    Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.
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    Jueves:
    LOS MISTERIOS LUMINOSOS
     
    EL ROSARIO
    Primer misterio luminoso
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    EL BAUTISMO DE JESÚS EN EL RÍO JORDÁN
    Después de los hechos que contemplamos en el quinto misterio gozoso: «El Niño Jesús perdido y hallado en el Templo», Jesús regresó con José y María a Nazaret, donde continuó viviendo sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón. Y Jesús progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres.
    Llegado a la edad de 30 años, Jesús decidió dejar el retiro de Nazaret para iniciar su vida pública en cumplimiento de la voluntad del Padre.
    Por aquellos días había aparecido Juan el Bautista, predicando en el desierto la conversión y bautizando en el Jordán a las multitudes que acudían a él y confesaban sus pecados.
    Entonces se presentó también Jesús, que venía de Nazaret (en Galilea) para ser bautizado por Juan. Pero éste intentaba disuadirlo diciéndole: «Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?»
    Jesús le contestó: «Déjalo ahora. Está bien que cumplamos así todo lo que Dios quiere». Entonces Juan se lo permitió.
    Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrió el cielo y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz del cielo que decía: «Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto, en quien me complazco».
    Así pues, «Misterio de luz es ante todo el bautismo en el Jordán. En él, mientras Cristo, como inocente que se hace "pecado" por nosotros, entra en el agua del río, el cielo se abre y la voz del Padre lo proclama Hijo predilecto, y el Espíritu desciende sobre Él para investirlo de la misión que le espera».
    Un nuevo punto de reflexión pueden ser los años que Jesús pasó retirado en Nazaret donde, como hombre, fue cuidado y educado por José y María. Estos le prestaban el cariño y atenciones que necesitamos los humanos de manera especial durante nuestro desarrollo, lo iban instruyendo en la Ley y los Profetas, le enseñaban las costumbres y tradiciones del Pueblo de Dios, lo formaban para el trabajo y lo introducían en la vida social, en fin, eran los padres que Jesús necesitaba para progresar en estatura, sabiduría y gracia.
    Cuando Jesús se marcha al Jordán, María, su madre, se queda sola en Nazaret. ¿Cuánto tiempo había pasado María cuidando, contemplando, dialogando, rezando... con su hijo Jesús? Toda esa convivencia en el hogar se termina con el inicio de la vida pública del Señor, que tuvo que ser para su Madre motivo de mucha pena y aflicción, aunque el Hijo hiciera lo posible por consolarla y ella, una vez más, estuviera dispuesta a colaborar en los designios de Dios.
    En este misterio contemplamos la primera manifestación pública de Jesús adulto. Tiene unos 30 años. Los relatos de la vida de Jesús señalan su bautismo como la inauguración de su vida pública. Además, el bautismo de Jesús es la gran teofanía o manifestación de Dios en que por primera vez se revela el misterio de la Trinidad. Las tres divinas personas se hacen sensibles: El Hijo en la persona de Jesús; el Espíritu en forma de paloma que se posa suavemente sobre su cabeza; el Padre mediante la voz de lo alto: Éste es mi hijo... que proclama la filiación divina de Jesús y lo acredita como su Enviado. Era conveniente este testimonio, porque Jesús salía del anonimato de Nazaret y se disponía a realizar su obra de Mesías.
    Evidentemente Jesús no necesitaba para sí mismo el bautismo de conversión que administraba el Bautista para el perdón de los pecados. Pero, para cumplir el designio del Padre, Jesús tenía que asumir los pecados del mundo, más aún, como dice San Pablo, «hacerse pecado por nosotros» y así, como cordero de Dios, quitar el pecado del mundo en la inmolación pascual a la que le llevaría el camino emprendido en el Jordán.
    Nosotros no somos bautizados con el bautismo de Juan, sino con el que inauguró Jesús y al que se refería el Bautista cuando decía: «Yo os bautizo con agua, pero el que viene detrás de mí os bautizará con Espíritu Santo y fuego». Y en nosotros, en el ámbito de la fe y de la gracia, se reproducen los prodigios del bautismo de Cristo: el Padre nos adopta como hijos y se nos da el Espíritu para que a lo largo de nuestra vida sigamos las huellas de Cristo.
    Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.
     
    EL ROSARIO
    Segundo misterio luminoso
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    JESÚS Y MARÍA EN LAS BODAS DE CANÁ
    Después del bautismo en el Jordán, Jesús empezó su ministerio público, y pronto lo siguieron los primeros discípulos.
    Según refiere el evangelista San Juan, por aquel tiempo se celebraba una boda en Caná de Galilea, cerca de Nazaret, y estaba allí la madre de Jesús. Fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos. Y, como faltara el vino, le dice a Jesús su madre: «No tienen vino». Jesús le responde: «Mujer, ¿qué nos va a mí y a ti? Todavía no ha llegado mi hora». Dice su madre a los sirvientes: «Haced lo que él os diga».
    Había allí seis tinajas de piedra, puestas para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Les dice Jesús: «Llenad las tinajas de agua». Y las llenaron hasta arriba. «Sacadlo ahora, les dice, y llevadlo al maestresala». Ellos se lo llevaron. Cuando el maestresala probó el agua convertida en vino, como ignoraba de dónde venía (los sirvientes, que habían sacado el agua, sí lo sabían), llama al novio y le dice: «Todos sirven primero el vino bueno y cuando ya todos están bebidos, el inferior. Pero tú has guardado el vino bueno hasta ahora».
    Así, en Caná de Galilea, dio Jesús comienzo a sus signos. Y manifestó su gloria, y creyeron en él sus discípulos. Después bajó a Cafarnaúm con su madre y sus hermanos y sus discípulos, pero no se quedaron allí muchos días. Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén.
    Por todo ello, «Misterio de luz es el comienzo de los signos en Caná, cuando Cristo, transformando el agua en vino, abre el corazón de los discípulos a la fe gracias a la intervención de María, la primera creyente».
    En este episodio podemos contemplar la primera intervención de María en la vida pública de Jesús, que pone de relieve su cooperación en la misión de su Hijo. El significado y el papel que asume la presencia de la Virgen se manifiestan cuando llega a faltar el vino. Ella, como experta y solícita ama de casa, inmediatamente se da cuenta e interviene para que no decaiga la alegría de todos y, en primer lugar, para ayudar a los esposos en su dificultad. Dirigiéndose a Jesús con las palabras: «No tienen vino», María le expresa su preocupación por esa situación, esperando una intervención que la resuelva, más precisamente, esperando un signo extraordinario, dado que Jesús no disponía de vino. Aquí la Virgen muestra una vez más su total disponibilidad a Dios. Ella que, en la Anunciación, creyendo en Jesús antes de verlo, había contribuido al prodigio de la concepción virginal, ahora, confiando en el poder de Jesús aún sin revelar, provoca su «primer signo», la prodigiosa transformación del agua en vino.
    La presencia de Jesús en Caná manifiesta, además, el proyecto salvífico de Dios con respecto al matrimonio. En esa perspectiva, la carencia de vino se puede interpretar como una alusión a la falta de amor, que lamentablemente es una amenaza que se cierne a menudo sobre la unión conyugal. María pide a Jesús que intervenga en favor de todos los esposos, a quienes sólo un amor fundado en Dios puede librar de los peligros de la infidelidad, de la incomprensión y de las divisiones. La gracia del sacramento ofrece a los esposos esta fuerza superior de amor, que puede robustecer su compromiso de fidelidad incluso en las circunstancias difíciles (Juan Pablo II).
    La respuesta de Jesús a su madre: «Mujer, ¿qué nos va a mí y a ti? Todavía no ha llegado mi hora», es difícil de comprender, y ha sido por eso objeto de las más variadas interpretaciones. En cualquier caso, el desarrollo de los acontecimientos nos muestra la confianza familiar entre madre e hijo, así como la profunda sintonía entre la confiada solicitud de María y la generosa condescendencia de Jesús.
    La exhortación de María: «Haced lo que él os diga», conserva un valor siempre actual para los cristianos de todos los tiempos, y está destinada a renovar su efecto maravilloso en la vida de cada uno. Invita a una confianza sin vacilaciones, sobre todo cuando no se entienden el sentido y la utilidad de lo que Cristo pide.
    Las palabras de María: «No tienen vino», nos invitan a meditar en la sensibilidad que deberíamos tener hacia las necesidades y carencias de los demás para contribuir por nuestra parte a llenarlas y presentárselas a Jesús.
    Las otras palabras de la Virgen: «Haced lo que él os diga», nos inducen a la total confianza en Cristo como medio y camino necesarios para que Él obre en nosotros incluso lo extraordinario.
    Las palabras de Jesús: «Llenad las tinajas de agua», nos indican que de ordinario Dios requiere nuestra colaboración, que hagamos lo que está de nuestra parte, aun cuando Él podría hacerlo todo sin necesitar de nosotros.
    La contemplación de la gloria de Jesús, manifestada en este misterio, debe llevarnos a creer y confiar en Él, tanto más cuando contamos con la intercesión de su Madre.
    Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.
     
     
    EL ROSARIO
    Tercer misterio luminoso
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    JESÚS ANUNCIA EL REINO DE DIOS
    E INVITA A LA CONVERSIÓN
    Nos dice San Marcos que Jesús, al enterarse de que Juan el Bautista había sido entregado en manos de Herodes Antipas, dejó Judea y marchó a Galilea, donde proclamaba la Buena Nueva de Dios, diciendo: «Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva». En estas palabras se describe, como en programa, el contenido de la predicación de Jesús. El Reino de Dios, su llegada y lo que para los hombres trae consigo forman el tema fundamental de la «Buena Nueva» o «Evangelio» de Jesús. A su vez, el mensaje de la llegada del Reino de Dios exige de los hombres una conversión total del pensar y querer, y fe. Conversión y fe forman en conjunto un solo acto, una determinada posición religiosa del hombre ante Dios.
    San Mateo, por su parte, nos dice que Jesús empezó a predicar y decir: «Convertíos, porque el Reino de los cielos ha llegado»; y añade que Jesús recorría toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y curanto toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Su fama se extendió por todas partes, le seguían las multitudes y Él les enseñaba incansablemente.
    A lo largo de su ministerio público Jesús pregona que todos los hombres están llamados a entrar en el Reino, para lo que es necesario acoger su palabra como semilla sembrada en el campo o levadura puesta en la masa de harina, imágenes de una verdadera conversión. En las Bienaventuranzas, código fundamental del nuevo Reino, proclama que ese Reino pertenece a los pobres de espíritu y a los que sufren persecución por causa de la justicia. En las parábolas Jesús nos hace entrever qué es el Reino y nos señala las disposiciones necesarias para vivir en el mismo.
    Repetidamente invita Jesús a los pecadores al banquete del Reino: «No he venido a llamar a los justos sino a los pecadores». Les invita igualmente a la conversión, sin la cual no se puede entrar en el Reino, pero les demuestra con palabras y con hechos la misericordia sin límites del Padre hacia ellos y la inmensa «alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta». La prueba suprema de este amor será el sacrificio de su propia vida «para remisión de los pecados».
    Por tanto, «Misterio de luz es la predicación con la cual Jesús anuncia la llegada del Reino de Dios e invita a la conversión, perdonando los pecados de quien se acerca a Él con humilde fe, iniciando así el ministerio de misericordia que Él seguirá ejerciendo hasta el fin del mundo, especialmente a través del sacramento de la reconciliación confiado a la Iglesia».
    Este misterio abarca muchas páginas del Evangelio. Son numerosas las escenas de la vida de Jesús que podemos contemplar o las enseñanzas suyas que nos estimulan a la meditación. Bien podemos recordar, sin duda, alguno de los evangelios escuchados en misa o pasajes leídos en diversas ocasiones. Hemos de pensar que Jesús se dirige a cada uno nosotros cuando nos dice que el Reino está cerca, que ha llegado, que está dentro de nosotros, donde hemos de descubrirlo y consolidarlo; es la gran noticia que nos da, y a lo largo de los episodios de su predicación nos va describiendo los rasgos y características de ese Reino, la vida que se vive en el mismo, las condiciones para entrar y permanecer en él; etc. La otra cara del Reino, la que mira hacia nosotros y de la que somos responsables, es la acogida del don de Dios, creer y aceptar lo que nos regala, dejarnos transformar por su gracia, ir conformando nuestra vida a la nueva vida de hijos de Dios, en una palabra, la conversión.
    El concilio Vaticano II, después de recordar la intervención de María en las bodas de Caná, subraya su participación en la vida pública de Jesús: «Durante la predicación de su Hijo, acogió las palabras con las que éste situaba el Reino por encima de las consideraciones y de los lazos de la carne y de la sangre, y proclamaba bienaventurados a los que escuchaban y guardaban la palabra de Dios, como ella lo hacía fielmente. Así avanzó también la Santísima Virgen en la peregrinación de la fe, y mantuvo fielmente su unión con el Hijo hasta la cruz» (Lumen Gentium, 58).
    Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.
     
    EL ROSARIO
    Cuarto misterio luminoso
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    LA TRANSFIGURACIÓN DE JESÚS
    EN EL MONTE TABOR
    En Cesarea de Filipo, al norte de Palestina, Pedro dijo a Jesús que era el Cristo, el Mesías, el Hijo de Dios vivo, y Jesús le prometió a Pedro el Primado de la Iglesia. Desde entonces, recuerda San Mateo, comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que Él debía ir a Jerusalén y sufrir mucho de parte de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, y ser matado y resucitar al tercer día.
    Pocos días después, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y se los llevó aparte a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. En esto, se les aparecieron Moisés y Elías que conversaban con Él. San Lucas puntualiza que hablaban de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén. Pedro entonces tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué hermoso es estarnos aquí! Si quieres, haré tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y de la nube salía una voz que decía: «Éste es mi Hijo, el amado, el predilecto, en quien me complazco. Escuchadle». Al oír esto los discípulos cayeron rostro en tierra llenos de miedo. Mas Jesús, acercándose a ellos, los tocó y les dijo: «Levantaos, no tengáis miedo». Al alzar los ojos no vieron a nadie más que a Jesús solo. Y cuando bajaban del monte, Jesús les ordenó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».
    Poco tiempo después Jesús les anunció de nuevo su Pasión: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; le matarán, y al tercer día resucitará».
    Así pues, «Misterio de luz por excelencia es la Transfiguración, que según la tradición tuvo lugar en el monte Tabor. La gloria de la divinidad resplandece en el rostro de Cristo, mientras el Padre lo acredita ante los apóstoles extasiados para que lo "escuchen" y se dispongan a vivir con Él el momento doloroso de la Pasión, a fin de llegar con Él a la alegría de la Resurrección y a una vida transfigurada por el Espíritu Santo».
    La Transfiguración, hecho que de suyo es glorioso, aparece enmarcado en la perspectiva de la muerte y resurrección de Jesús. Y los apóstoles necesitaban lo primero para afrontar lo segundo. También nosotros necesitamos momentos de gloria para mantenernos firmes en los momentos dolorosos.
    Este importante acontecimiento, en el que por un momento la divinidad y el mundo celestial irrumpen en la vida terrena de Jesús, estuvo envuelto para los discípulos que lo presenciaron, y también para nosotros, en el velo del misterio; no podemos llegar a una plena comprensión de él. Los evangelistas, para expresar lo inefable, se valen de imágenes como «... brillante como el sol... blancos como la luz», y añaden que los discípulos estaban llenos de miedo, aunque las palabras de Pedro revelan bienaventuranza y complacencia.
    De la nube, que es símbolo y revelación de la presencia de Dios, salió una voz divina que, al igual que en el Jordán, atestiguaba que Jesús es el Hijo amado y único de Dios. La voz del cielo constituye el elemento central de la escena del Tabor, y va dirigida expresamente a los discípulos, para quienes significaba una confirmación divina de la mesianidad de Jesús, afirmada poco antes por Pedro y ratificada por el propio Cristo. El «Escuchadle», que resuena aquí y no en el Bautismo, se refiere a toda la actividad doctrinal de Jesús, cuya personalidad ha quedado divinamente garantizada y definida.
    Santo Tomás de Aquino comenta que en la Transfiguración «apareció toda la Trinidad: el Padre en la voz, el Hijo en el hombre, el Espíritu en la nube luminosa». Y una plegaria de la liturgia bizantina dice al Señor Jesús: «Tú te transfiguraste en la montaña, y tus discípulos, en la medida en que eran capaces, contemplaron tu Gloria, oh Cristo Dios, a fin de que, cuando te vieran crucificado, comprendieran que tu Pasión era voluntaria, y anunciaran al mundo que Tú eres verdaderamente la irradiación del Padre».
    Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.
     
     
    EL ROSARIO
    Quinto misterio luminoso
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    LA INSTITUCIÓN DE LA EUCARISTÍA
    El evangelista San Juan introduce la narración de la Última Cena con estas solemnes palabras: «Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo». Y sigue el relato del lavatorio de los pies y demás.
    Por su parte, los Evangelios sinópticos nos dicen que, llegado el día de los Ázimos, en el que se había de sacrificar el cordero de Pascua, Jesús envió a Pedro y a Juan diciendoles: «Id y preparadnos la Pascua para que la comamos». Ellos le dijeron: «¿Dónde quieres que la preparemos?» Les dijo: «Cuando entréis en la ciudad, os saldrá al paso un hombre llevando un cántaro de agua; seguidle hasta la casa en que entre, y diréis al dueño de la casa: "El Maestro te dice: ¿Dónde está la sala donde pueda comer la Pascua con mis discípulos?" Él os enseñará en el piso superior una sala grande, ya dispuesta; haced allí los preparativos». Fueron y lo encontraron tal como les había dicho, y prepararon la Pascua.
    Cuando llegó la hora, Jesús se puso a la mesa con los apóstoles y, mientras estaban cenando, les dijo: «Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer; porque os digo que ya no la comeré más hasta que halle su cumplimiento en el Reino de Dios».
    Tomó luego pan y dando gracias lo bendijo, lo partió y se lo dio a sus discípulos diciendo: «Tomad y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros». Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz y, dando gracias de nuevo, lo pasó a sus discípulos diciendo: «Tomad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados. Haced esto en conmemoración mía». Y añade San Pablo: «Pues cada vez que coméis este pan y bebéis esta copa, anunciáis la muerte del Señor, hasta que venga».
    Terminada la Cena, en la que Jesús instituyó, además de la Eucaristía, el orden sacerdotal y dio a sus discípulos el que por antonomasia es su mandamiento: «Amaos los unos a los otros como yo os he amado», salió con ellos hacia el monte de los Olivos, y por el camino les anunció, una vez más, que eran inminentes los acontecimientos de su Pasión.
    En verdad, «Misterio de luz es la institución de la Eucaristía, en la cual Cristo se hace alimento con su Cuerpo y su Sangre bajo las especies del pan y del vino, dando testimonio de su amor por la humanidad "hasta el extremo" y por cuya salvación se ofrecerá en sacrificio».
    «Mientras estaban cenando...». Jesús utiliza el marco de la cena pascual judía, que celebra entonces por última vez, para instituir, en su lugar, una cena nueva, sagrada y repetible por los discípulos.
    El Concilio Vaticano II nos enseña: «Nuestro Salvador, en la última Cena, la noche en que fue entregado, instituyó el sacrificio eucarístico de su cuerpo y su sangre para perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el sacrificio de la cruz y confiar así a su Esposa amada, la Iglesia, el memorial de su muerte y resurrección, sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de amor, banquete pascual en el que se recibe a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria futura» (SC 47).
    La Eucaristía es «fuente y cima de toda la vida cristiana» (LG 11). «Los demás sacramentos, como también todos los ministerios eclesiales y las obras de apostolado, están unidos a la Eucaristía y a ella se ordenan. La sagrada Eucaristía, en efecto, contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua» (PO 5).
    El mandamiento de Jesús de repetir sus gestos y sus palabras «hasta que venga», no exige solamente acordarse de Jesús y de lo que hizo. Requiere la celebración litúrgica por los apóstoles y sus sucesores del memorial de Cristo, de su vida, de su muerte, de su resurrección y de su intercesión junto al Padre.
    San Francisco contempla enlazados los misterios de la Eucaristía y de la Encarnación cuando dice: «Hijos de los hombres, ¿por qué no reconocéis la verdad y creéis en el Hijo de Dios? Ved que diariamente se humilla, como cuando desde el trono real descendió al seno de la Virgen; diariamente viene a nosotros Él mismo en humilde apariencia; diariamente desciende del seno del Padre sobre el altar en las manos del sacerdote. Y como se mostró a los santos apóstoles en carne verdadera, así también ahora se nos muestra a nosotros en el pan consagrado. Y lo mismo que ellos, con la mirada corporal, sólo veían su carne, pero, contemplándolo con ojos espirituales, creían que Él era Dios, así también nosotros, viendo el pan y el vino con los ojos corporales, veamos y creamos firmemente que es su santísimo cuerpo y sangre vivo y verdadero».
    Y cuando escribe a sus sacerdotes: «Oídme, hermanos míos: si la bienaventurada Virgen es de tal suerte honrada, como es digno, porque lo llevó en su santísimo seno; si el Bautista se estremeció y no se atrevió a tocar la cabeza santa de Dios; si el sepulcro, en el que yació por algún tiempo, es venerado, ¡cuán santo, justo y digno debe ser quien toca con sus manos, toma en su corazón y en su boca y da a los demás para que lo tomen, al que ya no ha de morir, sino que ha de vivir eternamente y ha sido glorificado, a quien los ángeles desean contemplar!».
    Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.
    Martes y Viernes:
    LOS MISTERIOS DOLOROSOS
     
    EL ROSARIO
    Primer misterio doloroso
     
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    LA ORACIÓN DE JESÚS EN EL HUERTO DE GETSEMANÍ
    Nos refieren los Evangelios que Jesús, terminada la Última Cena, en la que instituyó la Eucaristía y el orden sacerdotal, y dio a sus discípulos el que por antonomasia es su mandamiento: «Amaos los unos a los otros como yo os he amado», salió con ellos hacia el monte de los Olivos. Por el camino les anunció, una vez más, que eran inminentes los acontecimientos de su pasión, en los que todos le abandonarían.
    Llegados al huerto de Getsemaní, donde Jesús se había reunido muchas veces con sus discípulos, se apartó del grupo, tomando consigo a Pedro, Santiago y Juan, a quienes les confió, lleno de pavor y angustia: «Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad conmigo». Pero ni siquiera estos escogidos fueron capaces de acompañarle velando y orando. Jesús fue y vino repetidas veces de la oración a la compañía de sus adormecidos discípulos. A solas, muy a solas, cayó rostro en tierra, y suplicaba así: «Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa, pero no sea como yo quiero, sino como quieras tú»; «¡Abbá, Padre!; todo es posible para ti; aparta de mí esta copa; pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieras tú»; «Padre, si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya». Entonces, se le apareció un ángel venido del cielo que le confortaba. Y sumido en agonía, insistía más en su oración. Su sudor se hizo como gotas espesas de sangre que caían en tierra. Finalmente, se levantó de la oración, fue donde los discípulos y les dijo: «¿Cómo es que estáis dormidos? Levantaos y orad para que no caigáis en tentación; ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de pecadores».
    Todavía estaba hablando, cuando llegó Judas, uno de los Doce, acompañado de un grupo numeroso con espadas y palos. El que le iba a entregar les había dado esta señal: «Aquel a quien yo dé un beso, ése es; prendedle». Y al instante se acercó a Jesús y le dijo: «¡Salve, Rabbí!», y le dio un beso. Jesús le dijo: «¡Judas, con un beso entregas al Hijo del hombre!» Entonces aquéllos se acercaron, echaron mano a Jesús y le prendieron. Los discípulos le abandonaron todos y huyeron.
    Mucho es lo que nos ofrece este misterio para la meditación y contemplación: los profundos sentimientos de angustia y tristeza que embargaban el espíritu de Jesús, la situación de soledad y desvalimiento en que se encontró, su entera disponibilidad para cumplir la voluntad del Padre, la trágica concurrencia del amor y amistad de Jesús, la traición de Judas, el odio de las autoridades del pueblo, la cobardía y huida de los discípulos...
    María no estuvo aquella noche en Getsemaní. Pero, ciertamente, seguía ansiosa y angustiada los pasos que iba dando su Hijo, y, sin duda, alguno de los discípulos, Juan por ejemplo, iría a contarle enseguida lo ocurrido. Además, ella sabía, cuando menos, tanto como los apóstoles sobre los misterios dolorosos que Jesús les había ido anunciando, con la diferencia de que ella sí entendía y creía la palabra del Señor. También para la Virgen tuvo que ser aquélla una noche atroz de dolor y de pena, compartiendo tanto la tristeza y soledad de su Hijo, como su total adhesión a la voluntad de Dios.
    Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.
     
    EL ROSARIO
    Segundo misterio doloroso
     
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    LA FLAGELACIÓN DE JESÚS, ATADO A LA COLUMNA
    Después del prendimiento de Jesús en el Huerto, lo llevaron a casa del Sumo Sacerdote; Pedro y otro discípulo lo fueron siguiendo, y se quedaron en el atrio. Allí empezó el proceso religioso contra Jesús, que lo condenó a muerte, por reconocer que era el Mesías de Israel y por confesar que era verdadero Hijo de Dios.
    Las autoridades judías no podían por sí mismas ejecutar esa sentencia; por eso, cuando amaneció, llevaron a Jesús ante el procurador romano y se lo entregaron. Pilato, al saber que Jesús era galileo y por tanto súbdito de Herodes, se lo remitió; pero éste, después de mofarse de Jesús, se lo devolvió. El relato de San Lucas nos dice que Pilato convocó a los sumos sacerdotes, a los magistrados y al pueblo, y les dijo: «Me habéis traído a este hombre como alborotador del pueblo, pero yo le he interrogado delante de vosotros y no he hallado en este hombre ninguno de los delitos de que le acusáis. Ni tampoco Herodes, porque nos lo ha remitido. Nada ha hecho, pues, que merezca la muerte. Así que le castigaré y le soltaré». Toda la muchedumbre se puso a gritar a una: «¡Fuera ése, suéltanos a Barrabás!» Éste había sido encarcelado por un motín que hubo en la ciudad y por asesinato. Pilato les habló de nuevo, intentando librar a Jesús, pero ellos seguían gritando: «¡Crucifícale, crucifícale!» Por tercera vez les dijo: «Pero ¿qué mal ha hecho éste? No encuentro en él ningún delito que merezca la muerte; así que le castigaré y le soltaré». Pero ellos insistían pidiendo a grandes voces que fuera crucificado y sus gritos eran cada vez más fuertes. Finalmente, Pilato, queriendo complacer a la gente, les soltó a Barrabás, condenó a Jesús, mandó azotarle y lo entregó para que fuera crucificado.
    Al sufrimiento del espíritu, tristeza, angustia y soledad de Getsemaní, siguió el dolor corporal y físico de la flagelación, en un contexto saturado de toda clase de vejaciones y desprecios. Entre los romanos, al flagelado que había sido condenado a muerte se le estimaba carente de todo derecho como persona y de toda consideración como humano, y quedaba totalmente a merced de los verdugos; a menudo se desmayaba bajo los golpes y no raramente perdía la vida. Jesús aquella noche fue de Herodes a Pilato, acabó convertido en deshecho humano, varón de dolores, como había escrito el profeta Isaías: «No tenía apariencia ni presencia; lo vimos y no tenía aspecto que pudiésemos estimar. Despreciable y desecho de hombres, varón de dolores y sabedor de dolencias, como uno ante quien se oculta el rostro, despreciable, y no lo tuvimos en cuenta».
    Aunque los Evangelios no lo refieran expresamente, María, además de las referencias que le darían las personas allegadas, pudo ver a su Hijo, maltrecho y desfigurado, en alguno de sus traslados de unas a otras autoridades, y cuando Pilato lo presentó ante la muchedumbre, y cuando ésta gritó que lo crucificara... Tuvo que oír a Pilato que lo iba a castigar, que lo entregaba para que lo azotaran..., y luego ver en qué había quedado el hijo de sus entrañas. Sin duda, la espada de que le había hablado el anciano Simeón, le iba atravesando el alma.
    Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.
     
    EL ROSARIO
    Tercer misterio doloroso
     
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    JESÚS ES CORONADO DE ESPINAS
    La misma noche en que prendieron a Jesús, Anás y Caifás comenzaron de inmediato su juicio. Terminados los interrogatorios y cuando ya prácticamente estaba decidida la suerte del Señor, lo entregaron a los guardias del Sanedrín para que lo custodiasen hasta que aquél, al rayar el día, empezara su reunión.
    Mientras tanto, los hombres que tenían preso a Jesús se burlaban de él, le escupían y le abofeteaban, y, cubriéndole con un velo, le preguntaban: «¡Adivina! ¿Quién es el que te ha pegado?» Y le insultaban diciéndole otras muchas cosas.
    En cuanto se hizo de día, se reunió el Consejo de Ancianos del pueblo, que condenó a Jesús y luego lo llevó ante Pilato. También el Procurador romano acabó condenando a Jesús y entregándolo para que lo azotaran y lo crucificaran.
    Entonces los soldados del procurador llevaron consigo a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la cohorte. Lo desnudaron y le echaron encima un manto de púrpura; trenzaron una corona de espinas y se la pusieron sobre su cabeza, y en su mano derecha una caña; y doblando la rodilla delante de él, le hacían burla diciendo: «¡Salve, Rey de los judíos!»; y después de escupirle, cogieron la caña y le golpeaban en la cabeza. Cuando se hubieron burlado de él, le quitaron el manto, le pusieron sus ropas y lo llevaron a crucificar.
    Jesús, a lo largo del proceso que le llevó a la muerte en cruz, recibió las más variadas y refinadas sevicias físicas y morales: en el primer misterio doloroso, fijábamos la consideración en la angustia y tristeza hasta la muerte que inundó su espíritu; en el segundo, pasaban al primer plano los atroces dolores físicos o corporales; el tercero nos subraya el ensañamiento con que, primero los guardias del Sanedrín y luego los soldados romanos, trataron de burlarse de Jesús, ofendiendo cuanto pudieron su dignidad y sus sentimientos con los más refinados escarnios, humillaciones, ultrajes, etc., sin escatimarle otros padecimientos y dolores. La corona de espinas y los demás ingredientes de la escena tenían como objetivo, sobre todo, burlarse de la realeza de Cristo.
    María, aunque no presenciara en directo cómo infligían a su Hijo todos los ultrajes y malos tratos, tenía noticia de ellos por los momentos públicos del proceso, por las informaciones y confidencias que le llegarían, por las secuelas de los mismos que luego iba viendo... Pensemos, por ejemplo, en la escena del “Ecce homo”, cuando Pilato saca a Jesús, flagelado y coronado de espinas, ante la muchedumbre y las autoridades del pueblo. Ella sabía en qué manos había caído su Hijo, las intenciones que tenían quienes tanto lo odiaban, su poder y sus formas de proceder, etc. Lo que la Virgen veía u oía, lo que como madre se imaginaba o se temía con toda razón, tuvo que ser para ella un lento y cruel martirio, con el que se asociaba al sacrificio redentor de su Hijo.
    Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.
     
    EL ROSARIO
    Cuarto misterio doloroso
     
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    JESÚS CON LA CRUZ A CUESTAS, CAMINO DEL CALVARIO
    Después de haberse burlado de Jesús, los soldados le quitaron el manto de púrpura que le habían echado encima, le pusieron sus ropas y le llevaron a crucificarle. Al salir, encontraron a un hombre de Cirene llamado Simón, y le obligaron a llevar la cruz detrás de Jesús.
    Lo seguía una gran multitud del pueblo y también unas mujeres que se dolían y se lamentaban por él. Jesús, volviéndose a ellas, les dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos...».
    Llevaban además otros dos malhechores para ejecutarlos con él. Llegados a un lugar llamado Gólgota, que quiere decir Calvario, le crucificaron allí a él y a los malhechores.
    Este misterio propone a la contemplación y meditación del creyente el Vía Crucis o Camino de la Cruz, los pasos que dio Jesús, por las calles de Jerusalén, caminando hacia el Calvario para ser allí ajusticiado. Es normal que los sumos sacerdotes y los demás miembros del Sanedrín trataran de dar la máxima publicidad a la ejecución de Jesús en una ciudad repleta de peregrinos llegados para las celebraciones pascuales; los enemigos del Señor no podían dejar escapar la oportunidad de prolongar y magnificar ante la muchedumbre su triunfo y la humillación de Jesús, cuyos seguidores y simpatizantes debían quedar advertidos. Las únicas personas que protestaron públicamente contra esa ejecución fueron las piadosas mujeres. Como, según la tradición, fue una mujer, llamada Verónica, la que, abriéndose paso entre la muchedumbre, limpió, llena de piedad, el rostro del Señor con un velo en el que Jesús dejó grabada su Santa Faz. Ciertamente, en el profeta Isaías podemos ver la descripción del rostro de Jesús, la imagen que ofrecía en aquel momento: No tenía apariencia ni presencia, lo vimos y no tenía aspecto que pudiésemos estimar; despreciable y desecho de hombres...
    El Evangelio, que habla de María junto a la cruz de su Hijo, no menciona su presencia durante el camino hacia el Calvario. La cuarta estación del Vía crucis tradicional considera precisamente el encuentro de Jesús con su Madre en la calle de la amargura. Bien estuviera cerca de Jesús, en medio de la multitud, bien se mantuviera algo más retirada, lo cierto es que le acompañaba en sus dolores y sufrimientos, y sentía en su propia alma el desprecio y ultraje público de que era objeto el Hijo, y que, en definitiva, vivía con la máxima intensidad su condición de madre de aquel ajusticiado, y de corredentora de los hombres, asociada al Redentor.
    Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.
     
    EL ROSARIO
    Quinto misterio doloroso
     
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    LA CRUCIFIXIÓN Y MUERTE DE JESÚS
    Llegados al Calvario, crucificaron a Jesús y a los dos malhechores. Los soldados se repartieron los vestidos de Jesús por lotes, y la túnica, tejida de una pieza, sin costura, la echaron a suerte. Pilato redactó una inscripción que decía: «Jesús el Nazareno, el Rey de los judíos», y la puso sobre la cruz. Los que pasaban por allí le insultaban, meneando la cabeza y diciendo: «Tú que destruyes el Templo y en tres días lo levantas, ¡sálvate a ti mismo, si eres Hijo de Dios, y baja de la cruz!» Igualmente los sumos sacerdotes junto con los escribas y los ancianos se burlaban de él diciendo: «A otros salvó y a sí mismo no puede salvarse. Rey de Israel es: que baje ahora de la cruz, y creeremos en él. Ha puesto su confianza en Dios; que le salve ahora, si es que de verdad le quiere; ya que dijo: "Soy Hijo de Dios"». También los soldados se burlaban de él, y hasta uno de los malhechores crucificados con él le injuriaba, mientras el otro decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino»; Jesús le respondió: «Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso».
    Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.
    En el desarrollo de los acontecimientos, Jesús dijo también otras palabras: «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen»; «Tengo sed»; «¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?»; «Todo está cumplido»; «Padre, en tus manos pongo mi espíritu».
    Al mediodía quedó la tierra en tinieblas y se produjeron otros fenómenos extraordinarios.
    Hacia las tres de la tarde, habiendo dado perfecto cumplimiento a todos los designios divinos, Jesús se encomendó a su Padre con voz poderosa e inclinando la cabeza entregó el espíritu.
    El misterio de la crucifixión y muerte de Cristo da innumerables motivos para la contemplación y meditación. En la cruz muere el Justo, el Rey de los judíos, el Hijo de Dios, y Dios calla, no hace prodigios en favor de quien lo invoca como su Padre; deja que sus enemigos se sientan vencedores, que se le burlen a sus anchas, seguros en sus posiciones, con el triunfo completo y definitivo en sus manos, y con hechos y argumentos para convencer a todos. Así se cerraba el Viernes Santo. Siempre hay excepciones, y aquí cabe señalar al buen ladrón y al centurión. Cada uno de estos personajes, además de Jesús, María y Juan, las piadosas mujeres que estaban unas con María y otras más apartadas, así como también todos los que se burlaban de Jesús y lo insultaban, pueden darnos variadas lecciones y motivos diversos de reflexión, por su ejemplaridad o por todo lo contrario, y porque en casi todos podremos ver reflejado un algo de nosotros mismos. Por su parte, las “Siete Palabras” de Jesús en la cruz son otros tantos temas de oración.
    Para María, junto a la cruz se consumó la profecía de Simeón: «Y a ti una espada te atravesará el alma». Una madre hace suyos los sufrimientos del hijo. También ella debió de sentirse morir, tener la impresión de que Dios la abandonaba..., a la vez que tendría que potenciar toda su confianza y esperanza en el Padre. Para su soledad y para la ausencia definitiva del Hijo, Jesús encomendó mutuamente a la Madre y al discípulo predilecto.
    El creyente que acompañe a Jesús por los misterios dolorosos hasta la muerte, debe tener vivo en su espíritu que el paso por el sepulcro es preciso, pero sólo transitorio; si la unión a Cristo es auténtica, necesariamente ha de abrirse a la Resurrección y a los misterios gloriosos.
    Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.
     
     
    Miércoles y Domingos:
    LOS MISTERIOS GLORIOSOS
     
    EL ROSARIO
    Primer misterio glorioso
     
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    LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR
    Jesús, después de su muerte en la cruz, fue enterrado en un sepulcro nuevo que había en un huerto próximo al lugar en que lo crucificaron.
    Los evangelios no nos describen el hecho mismo de la resurrección ni el cómo y cuándo precisos en que sucedió, sino las consecuencias de tal acontecimiento: el sepulcro vacío, las múltiples y variadas apariciones del Señor y las circunstancias de las mismas. Al amanecer del domingo, María Magdalena y otras piadosas mujeres fueron al sepulcro; la piedra que cerraba la entrada había sido removida, y el cuerpo del Señor no estaba allí. Después fueron Juan y Pedro, que comprobaron lo que les habían dicho las mujeres. El mismo domingo, Jesús se apareció a las mujeres y a María Magdalena, a Simón Pedro, a los discípulos de Emaús, al conjunto de los apóstoles, etc. Las apariciones a personas en particular y a grupos incluso numerosos se sucedieron en Jerusalén y en Galilea, hasta la Ascensión del Señor.
    De las palabras de Cristo a los suyos después de la resurrección, recordemos algunas de las que dijo a los dos discípulos que el mismo domingo de pascua iban a Emaús. En el camino Jesús se les hizo encontradizo y entró en diálogo con ellos. Estaban tristes y desilusionados porque los sumos sacerdotes y los magistrados condenaron a muerte a Jesús y lo crucificaron. «Nosotros –añadieron– esperábamos que sería él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó...». Entonces el Señor les dijo: «¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?» Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras. Al acercarse a Emaús, lo invitaron a quedarse con ellos y, puestos a la mesa, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él desapareció de su lado. Ellos se volvieron a Jerusalén y contaron a los Once y a los que estaban con ellos lo que les había pasado. Estaban hablando de estas cosas, cuando Jesús se presentó en medio de ellos y les dijo repetidamente: «La paz con vosotros». Aún tuvo que serenarlos, comió y les añadió: «Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo». Finalmente les dijo: «Como el Padre me envío, así os envío yo... Vosotros sois testigos de todas estas cosas».
    San Pablo, camino de Damasco, vivió la experiencia del encuentro personal con el Señor resucitado, lo que cambió el rumbo y sentido de su vida. En sus cartas nos dice que los cristianos, en el bautismo, nos incorporamos a Cristo, a su muerte, y somos sepultados con él, para que, así como Cristo resucitó de entre los muertos, también nosotros, resucitados con él, andemos en una vida nueva, pues nuestra vieja condición de pecadores ha sido crucificada con Cristo y hemos quedado libres de la esclavitud del pecado. «Si habéis resucitado con Cristo –añade el Apóstol–, buscad las cosas de arriba, aspirad a los bienes de arriba».
    La Resurrección, dice el Catecismo de la Iglesia católica, constituye la confirmación de todo lo que Cristo hizo y enseñó, es cumplimiento de las promesas del Antiguo Testamento y del mismo Jesús. La verdad de la divinidad de Jesús es confirmada por su Resurrección. Hay un doble aspecto en el misterio pascual: por su muerte Jesús nos libera del pecado, por su Resurrección nos abre el acceso a una nueva vida. Ésta es, en primer lugar, la justificación que nos devuelve a la gracia de Dios. Consiste en la victoria sobre la muerte y el pecado y en la nueva participación en la gracia. Realiza la adopción filial porque los hombres se convierten en hermanos de Cristo, como Jesús mismo llama a sus discípulos después de su Resurrección. Hermanos no por naturaleza, sino por don de la gracia, porque esta filiación adoptiva confiere una participación real en la vida del Hijo único, la que ha revelado plenamente en su Resurrección. Por último, la Resurrección de Cristo –y el propio Cristo resucitado– es principio y fuente de nuestra resurrección futura. En la espera de que esto se realice, Cristo resucitado vive en el corazón de sus fieles, hasta la consumación de los siglos.
    Los evangelios no refieren la aparición de Jesús resucitado a su Madre. María estuvo en el Calvario, junto a la cruz, hasta que su Hijo expiró. Podemos contemplar y meditar la aflicción, dolor, amargura, soledad... que invadirían el corazón de la Virgen aquella noche. También, la ilusión y la esperanza con que aguardaría que Jesús, tal como había prometido, resucitara. Cuando Juan le diría el domingo por la mañana que había visto el sepulcro vacío, ¿María se sorprendería o más bien le diría que ya lo sabía, y que incluso Jesús se le había aparecido? Hasta su Ascensión, Cristo estuvo apareciéndose a unos y a otros, charlando y comiendo con ellos, etc. No nos habla la Escritura de las relaciones entre el Hijo resucitado y su Madre en ese tiempo; es materia que deja a nuestra consideración, para la que nos basta partir del hecho que él es el mejor hijo y ella la mejor madre.
    Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.
     
    EL ROSARIO
    Segundo misterio glorioso
     
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    LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR AL CIELO
    Después de su pasión y muerte, Jesús se presentó a los apóstoles que había elegido, dándoles muchas pruebas de que vivía, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca de lo referente al Reino de Dios. Les prometió que serían bautizados en el Espíritu Santo: «Recibiréis –les dijo– la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra». Y entre las muchas instrucciones que les fue dando, San Mateo recuerda que les habló así: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo».
    Por último, a los cuarenta días de su resurrección, el Señor Jesús llevó a sus discípulos fuera de Jerusalén, a la cima del Monte de los Olivos, cerca de Betania, y, alzando sus manos, los bendijo. Y sucedió que, mientras los bendecía, se separó de ellos, fue elevado al cielo, una nube lo ocultó a sus ojos, y se sentó a la diestra de Dios.
    Estando ellos mirando fijamente al cielo mientras Jesús se iba, se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco que les dijeron: «Galileos, ¿qué hacéis ahí mirando al cielo? Éste que os ha sido llevado, este mismo Jesús, vendrá así tal como le habéis visto subir al cielo». Entonces se volvieron con gran gozo a Jerusalén y perseveraban todos constantes en la oración, con un mismo espíritu, en compañía de María, la madre de Jesús.
    ¡Qué diferencia entre la escena del Calvario y ésta de la Ascensión! Pero aquélla era necesaria para llegar a ésta, pasando por la Resurrección. Son pasos fuertes de la vida de Cristo, que deben serlo también de la nuestra, no tanto en su cronología cuanto en su dimensión de factores y perspectivas de nuestro caminar cotidiano: morir con Cristo día a día a nuestro hombre viejo, para que crezca en nosotros nuestra nueva condición de hijos de Dios, lanzados hacia la casa del Padre por el camino que Jesús nos abrió. A los discípulos, el acontecimiento debió dejarles un sabor agridulce: de gozo y alegría por el triunfo del Señor, que ahora volvía al seno de la Trinidad, pero como Verbo Encarnado, hombre como nosotros, para interceder por nosotros; y de pena y tristeza por lo que tenía de despedida y separación. Además, Jesús les había prometido el Espíritu, y ellos tenían que prepararse a recibirlo permaneciendo unidos y constantes en la oración. El deseo y la esperanza de que esa promesa se cumpliera se volvían más vivos y ardientes en su ánimo al recordar la misión que Jesús les había encomendado: «Como el Padre me envió, así os envío yo... Seréis mis testigos hasta los confines de la tierra... Id, evangelizad y bautizad a todas las gentes...». ¿Cómo ser fieles al Señor y no defraudarle? La respuesta no tiene otro punto de partida: la perseverancia en la oración y la gracia del Espíritu Santo.
    Ciertos acontecimientos de los hijos causan en sus madres sentimientos de satisfacción y pesadumbre a la vez, por lo que significan de logro y mejora, y de ausencia y distanciamiento. María, después de lo que sufrió al pie de la cruz, tuvo que gozar lo indecible al ver a su Hijo resucitado y al presenciar su gloriosa Ascensión a los cielos, para sentarse a la derecha del Padre con el cuerpo que había recibido de su seno maternal; pero el triunfo del Hijo significaba también la separación y ausencia física, que no podían suplir ni los desvelos de ella hacia los discípulos ni las atenciones de éstos, y en particular de San Juan, hacia ella. Una vez más, la Virgen vivió la situación inmersa en un clima de plena confianza en Dios y de absoluto abandono a su voluntad, para secundar en todo sus designios.
    Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.
     
    EL ROSARIO
    Tercer misterio glorioso
     
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    LA VENIDA DEL ESPÍRITU SANTO SOBRE EL COLEGIO APOSTÓLICO
    Después de la Ascensión del Señor, cuantos le habían acompañado de Jerusalén al Monte de los Olivos regresaron a la Ciudad, y perseveraban constantes en la oración, en compañía de María, la madre de Jesús, aguardando el cumplimiento de la promesa del Resucitado: «Vosotros seréis bautizados en el Espíritu Santo dentro de pocos días... Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos...»
    Al llegar el día de la fiesta judía de Pentecostés, cincuenta días después de pascua, y de la Resurrección del Señor, estaban todos reunidos en un mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse.
    Había en Jerusalén hombres piadosos venidos de todas las naciones que hay bajo el cielo. Al producirse aquel ruido, la gente se congregó y se llenó de estupor al oírles contar cada uno en su propia lengua las maravillas de Dios. Entonces Pedro, presentándose con los Once, levantó su voz y les dijo: «Judíos y habitantes todos de Jerusalén: No están éstos borrachos, como vosotros suponéis, sino que Dios ha derramado sobre ellos su Espíritu. Escuchad, israelitas: A Jesús, hombre acreditado por Dios, vosotros lo matasteis clavándolo en la cruz por mano de los impíos, pero Dios lo resucitó, y todos nosotros somos testigos de ello. Exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo prometido, y ha derramado lo que vosotros veis y oís. Sepa, pues, con certeza toda la casa de Israel que Dios ha constituido Señor y Mesías a este Jesús a quien vosotros habéis crucificado». Al oír esto, dijeron con el corazón compungido a Pedro y a los demás apóstoles: «¿Qué hemos de hacer, hermanos?» Pedro les contestó: «Convertíos y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para remisión de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo».
    El día de Pentecostés se cumplieron las promesas de Cristo: «Recibiréis el Espíritu Santo..., Él os guiará hasta la verdad completa..., os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho..., seréis mis testigos...»
    La escena de Pentecostés es una de las más llamativas y espectaculares por sus efectos; entre otros, el cambio radical producido en los apóstoles. A pesar de los reiterados esfuerzos de Jesús, los discípulos eran tardos y torpes en entender y asumir sus enseñanzas; así, incluso después de la Resurrección y ya camino del Monte de los Olivos el día de la Ascensión, seguían preguntando al Señor: «¿Es ahora cuando vas a restablecer el Reino de Israel?»; por otra parte, manifestaron en diversas ocasiones estar dispuestos a dar la vida por Jesús, pero luego, a la hora de la verdad, se dispersaron abandonándolo, se encerraron en el Cenáculo por miedo a los judíos, se mostraron pusilánimes y hasta cobardes.
    Sin embargo, el Espíritu Santo los transformó por completo, les dio la inteligencia del mensaje de Jesús, los volvió audaces y grandilocuentes para predicar ante la muchedumbre, los liberó de sus miedos... ¿Quién diría que eran los mismos hombres de unas horas antes? Y aquel acontecimiento fue sólo el comienzo, porque a partir de entonces, asumiendo plenamente la misión que Jesús les había conferido, no cesaron en su tarea evangelizadora y extendieron por el mundo la Iglesia del Señor aun a costa de su propia vida.
    Al contemplar y meditar el misterio de Pentecostés se ve con mayor claridad cuán necesaria es la oración perseverante para prepararse a recibir al Espíritu, y dejarle a su disposición todo el espacio y energías de la propia vida, y qué maravillas puede hacer ese Espíritu en quien lo acoge y le deja actuar como le plazca.
    María, la «llena de gracia» desde su concepción, tuvo siempre una muy especial relación con el Espíritu Santo. El día de Pentecostés estuvo presente con los apóstoles en el amanecer de los nuevos tiempos que el Espíritu inauguraba con la manifestación pública de la naciente Iglesia, a la que ella acompañaría como madre en sus primeros pasos.
    Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.
     
    EL ROSARIO
    Cuarto misterio glorioso
     
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    LA ASUNCIÓN DE NUESTRA SEÑORA AL CIELO
    El día 1 de noviembre de 1950, el papa Pío XII declaró dogma de fe la Asunción de la Virgen María a los cielos. Decía el Papa en tan solemne acto: «Después que una y otra vez hemos elevado a Dios nuestras preces suplicantes e invocado la luz del Espíritu de Verdad, para gloria de Dios omnipotente que otorgó su particular benevolencia a la Virgen María, para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte, para aumento de la gloria de la misma augusta Madre, y gozo y regocijo de toda la Iglesia, por la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo y nuestra, proclamamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado: Que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrestre, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial».
    Pío XII, en la misma Constitución en que declaró el dogma, exponía que «los argumentos y razones de los Santos Padres y de los teólogos a favor del hecho de la Asunción de la Virgen se apoyan, como en su fundamento último, en las Sagradas Letras, las cuales, ciertamente, nos presentan ante los ojos a la augusta Madre de Dios en estrechísima unión con su divino Hijo y participando siempre de su suerte. Por ello parece como imposible imaginar a aquella que concibió a Cristo, le dio a luz, le alimentó con su leche, le tuvo entre sus brazos y le estrechó contra su pecho, separada de Él después de esta vida terrena, si no con el alma, sí al menos con el cuerpo. Siendo nuestro Redentor hijo de María, como observador fidelísimo de la ley divina, ciertamente no podía menos de honrar, además de su Padre eterno, a su Madre queridísima. Por consiguiente, pudiendo adornarla de tan grande honor como el de preservarla inmune de la corrupción del sepulcro, debe creerse que realmente lo hizo».
    Añadía el Papa: «A la manera que la gloriosa resurrección de Cristo fue parte esencial y último trofeo de su más absoluta victoria sobre la muerte y el pecado, así la lucha de la bienaventurada Virgen, común con su Hijo, había de concluir con la glorificación de su cuerpo virginal... Por eso, la augusta Madre de Dios, misteriosamente unida a Jesucristo desde toda la eternidad, “por un solo y mismo decreto” de predestinación, inmaculada en su concepción, virgen integérrima en su divina maternidad, generosamente asociada al Redentor divino, que alcanzó pleno triunfo sobre el pecado y sus consecuencias, consiguió, al fin, como corona suprema de sus privilegios, ser conservada inmune de la corrupción del sepulcro y, del mismo modo que antes su Hijo, vencida la muerte, ser levantada en cuerpo y alma a la suprema gloria del cielo, donde brillaría como Reina a la derecha de su propio Hijo, Rey inmortal de los siglos».
    La Asunción de María, madre de Dios y madre nuestra, es para nosotros motivo de esperanza y de alegría porque, pobres y necesitados como somos, vemos que la Virgen sube al cielo para abogar por nosotros ante el trono de Dios más de cerca y con mayor eficacia. La contemplación de este misterio tiene que acrecentar nuestra devoción y confianza cuando dirigimos a Dios nuestras plegarias invocando la intercesión de la Virgen, como hacen tantas oraciones litúrgicas.
    Como muestra de la tradicional creencia y devoción del pueblo cristiano en el misterio de la Asunción de María, reproducimos esta bella poesía de Fray Luis de León:
    Al cielo vais, Señora
    Al cielo vais, Señora,
    y allá os reciben con alegre canto.
    ¡Oh quién pudiera ahora
    asirse a vuestro manto
    para subir con vos al monte santo!
    De ángeles sois llevada,
    de quien servida sois desde la cuna,
    de estrellas coronada:
    ¡Tal Reina habrá ninguna,
    pues os calza los pies la blanca luna!
    Volved los blandos ojos,
    ave preciosa, sola humilde y nueva,
    a este valle de abrojos,
    que tales flores lleva,
    do suspirando están los hijos de Eva.
    Que, si con clara vista
    miráis las tristes almas deste suelo,
    con propiedad no vista,
    las subiréis de un vuelo,
    como piedra de imán al cielo, al cielo.
    Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.
     
    EL ROSARIO
    Quinto misterio glorioso
     
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    LA CORONACIÓN DE LA VIRGEN MARÍA COMO REINA DEL UNIVERSO
    Pablo VI dice en su Exhortación Apostólica Marialis cultus: «La solemnidad de la Asunción se prolonga jubilosamente en la celebración de la fiesta de la Realeza de María, que tiene lugar ocho días después y en la que se contempla a Aquella que, sentada junto al Rey de los siglos, resplandece como Reina e intercede como Madre». Se subraya así el vínculo profundo que existe entre la Asunción y la Coronación de la Virgen. En esa misma línea de pensamiento, el Concilio Vaticano II, en su Constitución sobre la Iglesia, enumera las grandezas de la Madre de Jesús, que culminan en su coronación: Los Apóstoles –recuerda–, antes de recibir el Espíritu Santo el día de Pentecostés, perseveraban unánimes en la oración con María, la Madre de Jesús. También María imploraba con sus oraciones el don del Espíritu, que en la Anunciación ya la había cubierto a ella con su sombra. Finalmente, la Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de culpa original, terminado el decurso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial, y fue ensalzada por el Señor como Reina universal con el fin de que se asemejase de forma más plena a su Hijo, Señor de señores y vencedor del pecado y de la muerte (Lumen gentium, 59).
    Pío XII, en su Encíclica sobre la Realeza de María, exponía que el pueblo cristiano, desde los primeros siglos de la Iglesia, ha elevado suplicantes oraciones e himnos de loa y de piedad a la “Reina del Cielo”, tanto en sus tiempos de felicidad y alegría como en los de angustia y peligro; y que nunca falló la esperanza en la Madre del Rey divino, Jesucristo, ni languideció la fe que nos enseña que la Virgen María, Madre de Dios, reina en todo el mundo con maternal corazón, y está coronada con la gloria de la realeza en la bienaventuranza celestial.
    Con razón –añadía el Papa–, el pueblo cristiano ha creído siempre que Aquella de quien nació el Hijo del Altísimo, Príncipe de la Paz, Rey de reyes y Señor de los señores, recibió de Dios singularísimos privilegios de gracia; y considerando luego las íntimas relaciones que unen a la madre con el hijo, ha reconocido en la Madre de Dios una regia preeminencia sobre todos los seres. En la tradición cristiana, ya los antiguos escritores, fundados en las palabras del arcángel San Gabriel, que predijo el reinado eterno del Hijo de María, y en las de Isabel, que se inclinó reverente ante ella llamándola Madre de mi Señor, llamaban a María Madre del Rey y Madre del Señor, queriendo significar que de la realeza del Hijo se derivaba la de su Madre.
    La sagrada Liturgia, fiel espejo de la enseñanza comunicada por los Padres y creída por el pueblo cristiano, ha cantado en el correr de los siglos y canta de continuo, así en Oriente como en Occidente, las glorias de la celestial Reina: Salve Regina, Regina caeli laetare, Ave Regina caelorum, etc. También el arte, al inspirarse en los principios de la fe cristiana, y como fiel intérprete de la espontánea y auténtica devoción del pueblo, ya desde el Concilio de Éfeso, ha representado a María como Reina y Emperatriz coronada.
    Desde el punto de vista teológico, el argumento principal en que se funda la dignidad regia de María es su divina maternidad: el ser madre de Jesucristo, el único que en sentido estricto, propio y absoluto, es Rey del Universo por naturaleza. A lo que hay que añadir que la Virgen también es proclamada Reina en razón de la parte singular que por voluntad de Dios tuvo, asociada a su Hijo, en la obra de nuestra eterna salvación.
    La Iglesia no ha cesado de avivar la devoción a María, madre de Dios y madre de nuestra, y de fomentar la confianza en su maternal intercesión.
    Así, decía Pío IX en la bula en que definió el dogma de la Inmaculada Concepción: «Con ánimo verdaderamente maternal al tener en sus manos el negocio de nuestra salvación, Ella se preocupa de todo el género humano, pues está constituida por el Señor Reina del cielo y de la tierra y está exaltada sobre los coros todos de los Angeles y sobre los grados todos de los Santos en el cielo; estando a la diestra de su unigénito Hijo, Jesucristo, Señor nuestro, con sus maternales súplicas impetra eficacísimamente, obtiene cuanto pide, y no puede no ser escuchada».
    La fiesta de María Reina, ahora trasladada al 22 de agosto, la instituyó en 1954 Pío XII, quien, después de fijarla para el 31 de mayo, escribía en su ya citada Encíclica: «Procuren todos acercarse ahora con mayor confianza que antes, todos cuantos recurren al trono de la gracia y de la misericordia de nuestra Reina y Madre, para pedir socorro en la adversidad, luz en las tinieblas, consuelo en el dolor y en el llanto, y, lo que más interesa, procuren liberarse de la esclavitud del pecado... Sean frecuentados sus templos por las multitudes de los fieles, para en ellos celebrar sus fiestas; en las manos de todos esté la corona del Rosario para reunir juntos, en iglesias, en casas, en hospitales, en cárceles, tanto los grupos pequeños como las grandes asociaciones de fieles, a fin de celebrar sus glorias. En sumo honor sea el nombre de María... Empéñense todos en imitar, con vigilante y diligente cuidado, en sus propias costumbres y en su propia alma, las grandes virtudes de la Reina del Cielo y Madre nuestra amantísima. Consecuencia de ello será que los cristianos, al venerar e imitar a tan gran Reina y Madre, se sientan finalmente hermanos, y, huyendo de los odios y de los desenfrenados deseos de riquezas, promuevan el amor social, respeten los derechos de los pobres y amen la paz».
    Como punto final ponemos la oración litúrgica de la fiesta de María Reina: «Dios todopoderoso, que nos has dado como Madre y como Reina a la Madre de tu Unigénito, concédenos que, protegidos por su intercesión, alcancemos la gloria de tus hijos en el reino de los cielos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén».
    Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.
     
    [Terminado el rezo de los misterios correspondientes, suele saludarse a la Virgen en sus "tres purezas" y recitarle la Salve:]
    V. Virgen purísima antes del parto.
    R. Purifica nuestros pensamientos.
    Avemaría
    V. Virgen purísima en el parto.
    R. Purifica nuestras palabras.
    Avemaría
    V. Virgen purísima después del parto.
    R. Purifica nuestras obras y deseos.
    Avemaría
    Para más obligar a la Virgen santísima, saludémosla con una "Salve": Dios te salve...
    Letanía lauretana
    Señor, ten piedad
    Señor, ten piedad
    Cristo, ten piedad
    Cristo, ten piedad
    Señor, ten piedad
    Señor, ten piedad
    Cristo, óyenos
    Cristo, óyenos
    Cristo, escúchanos
    Cristo, escúchanos
    Dios Padre celestial
    Ten misericordia de nosotros
    Dios Hijo, Redentor del mundo
    Ten misericordia de nosotros
    Dios Espíritu Santo
    Ten misericordia de nosotros
    Trinidad Santa, un solo Dios
    Ten misericordia de nosotros
    Santa María
    Ruega por nosotros
    Santa Madre de Dios
    Ruega por nosotros
    Santa Virgen de las vírgenes
    Ruega por nosotros
    Madre de Cristo
    Ruega por nosotros
    Madre de la divina gracia
    Ruega por nosotros
    Madre purísima
    Ruega por nosotros
    Madre castísima
    Ruega por nosotros
    Madre virginal
    Ruega por nosotros
    Madre sin corrupción
    Ruega por nosotros
    Madre Inmaculada
    Ruega por nosotros
    Madre amable
    Ruega por nosotros
    Madre admirable
    Ruega por nosotros
    Madre del buen consejo
    Ruega por nosotros
    Madre del Creador
    Ruega por nosotros
    Madre del Salvador
    Ruega por nosotros
    Madre de la Iglesia
    Ruega por nosotros
    Virgen prudentísima
    Ruega por nosotros
    Virgen digna de veneración
    Ruega por nosotros
    Virgen digna de alabanza
    Ruega por nosotros
    Virgen poderosa
    Ruega por nosotros
    Virgen clemente
    Ruega por nosotros
    Virgen fiel
    Ruega por nosotros
    Espejo de justicia
    Ruega por nosotros
    Trono de sabiduría
    Ruega por nosotros
    Causa de nuestra alegría
    Ruega por nosotros
    Vaso espiritual
    Ruega por nosotros
    Vaso digno de honor
    Ruega por nosotros
    Vaso insigne de devoción
    Ruega por nosotros
    Rosa mística
    Ruega por nosotros
    Torre de David
    Ruega por nosotros
    Torre de marfil
    Ruega por nosotros
    Casa de oro
    Ruega por nosotros
    Arca de la alianza
    Ruega por nosotros
    Puerta del cielo
    Ruega por nosotros
    Estrella de la mañana
    Ruega por nosotros
    Salud de los enfermos
    Ruega por nosotros
    Refugio de los pecadores
    Ruega por nosotros
    Consuelo de los afligidos
    Ruega por nosotros
    Auxilio de los cristianos
    Ruega por nosotros
    Reina de los ángeles
    Ruega por nosotros
    Reina de los patriarcas
    Ruega por nosotros
    Reina de los profetas
    Ruega por nosotros
    Reina de los apóstoles
    Ruega por nosotros
    Reina de los mártires
    Ruega por nosotros
    Reina de los confesores
    Ruega por nosotros
    Reina de las vírgenes
    Ruega por nosotros
    Reina de todos los santos
    Ruega por nosotros
    Reina concebida sin pecado original
    Ruega por nosotros
    Reina elevada al cielo
    Ruega por nosotros
    Reina del santo rosario
    Ruega por nosotros
    Reina de la familia
    Ruega por nosotros
    Reina de la paz
    Ruega por nosotros
    Reina de la Orden Franciscana
    Ruega por nosotros
    Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo
    Perdónanos, Señor
    Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo
    Escúchanos, Señor
    Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo
    Ten misericordia de nosotros.
    V. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
    R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Cristo.
    Oremos:
    Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, que, por el anuncio del ángel, hemos conocido la encarnación de tu Hijo, para que lleguemos, por su pasión y su cruz, a la gloria de la resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
    O bien, cuando se rezan los misterios gozosos:
    Te pedimos, Señor, que nosotros, tus siervos, gocemos siempre de salud de alma y cuerpo; y por la intercesión de santa María, la Virgen, líbranos de las tristezas de este mundo y concédenos las alegrías del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
    O bien, cuando se rezan los misterios luminosos:
    Dios todopoderoso y eterno, luz de los que en ti creen, que la tierra se llene de tu gloria y que te reconozcan los pueblos por el esplendor de tu luz. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
    O bien, cuando se rezan los misterios dolorosos:
    Señor, tú has querido que la Madre compartiera los dolores de tu Hijo al pie de la cruz; haz que la Iglesia, asociándose con María a la pasión de Cristo, merezca participar de su resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
    O bien, cuando se rezan los misterios gloriosos:
    Oh Dios, que por la resurrección de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, has llenado el mundo de alegría, concédenos, por intercesión de su Madre, la Virgen María, llegar a alcanzar los gozos eternos. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
    V. Ave María Purísima.
    R. Sin pecado concebida
     
     
     



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    #860 De: Winston Pauta Avila <wpauta@...>
    Fecha: Lun, 1 de Mayo, 2006 7:22 am
    Asunto: Mayo 1 09H21 Buscando a Dios, Fabricando un padre y otras
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    Si muero antes que tu, hazme un favor:
    Llora cuanto quieras, pero no te enojes con Dios por haberme llevado.
     Si no quieres llorar, no llores.
    Si no logras llorar no te preocupes.
    Si quieres reir, ríe.
    Si algunos amigos te cuentan algo de mí, óyelos y cree lo que digan.
    Si me elogian demasiado, corrige la exageración.
     Si me critican demasiado, defiéndeme.
     Si quieren hacerme un santo, sólo porque he muerto, di que yo tenía algo de santo, pero estaba lejos de ser el santo que pintan.
     Si quieren hacerme un demonio, muestra que yo tal vez tuve algo de demonio, pero toda la vida procuré ser bueno y buen amigo.
     Si intentan canonizarme di que yo nunca quise ser incensado en vida.
     Si hablan más de mí que de Cristo, llámales la atención. Si sientes tristeza y deseas rezar por mí, puedes hacerlo, pues quizás necesite tu ORACIÓN.
    Si quieres hablar conmigo, habla con Jesús y yo lo escucharé Espero estar con Él lo suficiente para continuar siendo útil para ti donde esté.
    Y si quieres escribir algo sobre mí, di sólo una frase:
     !Fue amigo, creyó en mí y me quiso para Dios! !Era una flecha que vivía apuntando en dirección a Dios! Ahí, entonces, derrama una lágrima.
    Yo no estaré presente para enjugarla, pero no hace falta, pues otros amigos lo harán en mi lugar.
    Y viéndome bien sustituido, iré a atender a mi nueva tarea en el cielo.
    Pero de vez en cuando, da una escapadita hacia Dios; no me verás, pero yo estaré muy feliz viéndote a ti mirar hacia Él.
    Y cuando llegue para ti la hora de ir a ver al Padre, ahí donde nadie puede separarnos, viviremos la amistad que aquí nos preparó para Él.
    Crees en estas cosas?
     Entonces, reza para que los dos vivamos como quien sabe que va a morir un día y que muramos como quien supo vivir bien. La amistad sólo tiene sentido si hace el cielo más cercano y si aquí inaugura su comienzo Pero, si yo muero antes que tú, creo que no voy a extrañar el cielo...
     Ser tu Amigo, Ya era Un Pedazo de Cielo........
     
     Enviado por Ana de Rivera
      
     
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    Sigues diciendo que el estado de presencia es la clave. 
    Creo entenderlo intelectualmente, pero no sé si he llegado a experimentarlo alguna vez.
    Me pregunto si es lo que creo que es o si es algo completamente diferente.
     
    ¡No es lo que crees que es!  No puedes pensar en la presencia, y la mente no puede entenderla.  Entender la presencia es estar presente.
     
    Intenta un pequeño experimento. Cierra los ojos y di internamente:
     
    “Me pregunto cuál va a ser mi próximo pensamiento”
    A continuación mantente muy alerta y espera a ver cuál es.  Sé como un gato observando una ratonera. ¿Qué pensamiento va a salir de la ratonera? Inténtalo ahora mismo.
     
    “El poder del ahora”
     
    FABRICANDO UN PADRE
    (Feliz día del padre)

    En el taller más extraño y sublime conocido, se reunieron los grandes arquitectos, los afamados carpinteros y los mejores obreros celestiales que debían fabricar al padre perfecto:
    -"Debe ser fuerte", comentó uno.
    -"También, debe ser dulce", comentó otro experto.
    -"Debe tener firmeza y mansedumbre: tiene que saber dar buenos consejos".
    -"Debe ser justo en momentos decisivos, alegre y comprensivo en los momentos tiernos".
    -"¿Como es posible -interrogó un obrero- poner tal cantidad de cosas en un solo cuerpo?"
    -"Es fácil", contestó el ingeniero. "Sólo tenemos que crear un hombre con la fuerza del hierro y que tenga corazón de caramelo".
    Todos rieron ante la ocurrencia y se escuchó una voz (era el Maestro, dueño del taller del cielo):
    -"Veo que al fin comienzan" -comentó sonriendo-
    - "No es fácil la tarea, es cierto pero, no es imposible si ponen interés y amor en ello".
    Y tomando en sus manos un puñado de tierra, comenzó a darle forma.
    -"¿Tierra? -preguntó sorprendido uno de los arquitectos- ¡Pensé que lo fabricaríamos de mármol, marfil ó piedras preciosas!.
    -"Este material es necesario para que sea humilde -le contestó el Maestro-.
    Y extendiendo su mano, sacó de las estrellas oro y lo añadió a la masa.
    -"Esto es para que en las dificultades, brille y se mantenga firme."
    Agregó a todo aquello, amor, sabiduría, le dió forma, sopló con su aliento y cobró vida, pero... faltaba algo, pues en su pecho le quedaba un hueco.
    -"¿Y qué pondrás ahí?" -preguntó uno de los obreros-.
    Y abriendo su propio pecho, y ante los ojos asombrados de aquellos arquitectos, sacó su corazón, le arrancó un pedazo, y lo puso en el centro de aquel hueco.
    Dos lágrimas salieron de sus ojos mientras devolvía a su lugar, su ensangrentado corazón.
    -¿Por qué has hecho tal cosa?" -le interrogó un ángel obrero-.
    Y aún sangrando, le contestó el Maestro:
    -"Esto hará que me busque en momentos de angustia, que sea justo y recto, que perdone y corrija con paciencia, y sobre todo, que esté dispuesto al sacrificio por los suyos y que dirija a sus hijos con su ejemplo, porque al final de su largo trabajo, cuando haya terminado su tarea de padre allá en la tierra, regresará hasta mí. Y satisfecho por su buena labor, yo le daré un lugar aquí en mi reino. Le extenderé mi mano, descansará en mi pecho y tendrá Vida Eterna".
    - "Pues yo también soy Padre, y por él, por su bien, para otorgarle vida, me arranqué del corazón un pedazo de amor y lo puse en su pecho, para que a Mí regrese, guiado por la sangre que derramé por él en una cruz, para darle perdón, para mostrarle que aunque es duro ser padre, cuando extiendes tus brazos y perdonas, la recompensa es vida, gozo y amor eterno. "
     
     
    MANOS SACERDOTALES - GRANDEZA SACERDOTAL (Día del Seminario)
    Tu poder sacerdote es inmenso
    da pena que no lo sepamos comprender
    que no nos sobrecoja esta grandeza,
    que no nos sobrecoja este poder.
    Tu palabra sacerdote es la de Cristo...
    tu vida ha de ser toda de El,
    que ha de rebosar de agua la fuente,
    para poder acercarnos a beber.
    Se diría que tu poder es infinito
    aunque, miopes, no lo sepamos ver...
    como dignas y santas son tus manos
    con las que sostienes al que te da tanto poder.
    Con ellas bendices, bautizas, perdonas,
    unges y alimentas...¡oh que gran quehacer!
    en nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu...
    "yo te absuelvo" dices y se renueva nuestro ser.
    Tus manos fueron santamente ungidas
    por eso tienen el mas grande poder,
    dices: "Este es Mi Cuerpo" y Cristo acude
    baja a tus manos sin temer...
    ellas son las que cada día Te reparten
    y de las que nosotros nos acercamos a comer.
    Sin ellas nuestra vida tendría otro sentido
    sin ellas se dibilitaría nuestro ser
    sin ellas ¿quién nos perdonaría?
    sin ellas ¿quién nos daría de comer?
    sin ellas consagradas, ungidas...
    el Cielo podríamos perder.
    Por lo tanto roguemos sin descanso
    para que realicen su sagrado quehacer...
    para que sean siempre manos blancas, limpias,
    porque Santo, es el Sumo Bien
    por y para QUIEN fueron consagradas...
    y para que nosotros lo sepamos comprender.
    ¡Gracias Señor! Por estas manos santas
    que, por amor, nos regala Tu querer.
    Roguemos que Tus sacerdotes sean santos,
    ya que para que seamos santos
    necesitamos tal poder.
    Carmen Cerezo Monsó
    Del libro: Otros Vuelos
     
     
    BUSCANDO A DIOS
    Cuando la vida pierde su brillo,
    cuando el tiempo deja de existir,
    cuando ya no queda esperanza,
    cuando no hay deseo de vivir,
    es hora de buscar a Dios.

    Cuando las flores no te impresionan,
    cuando no ves la belleza de una mariposa al volar,
    cuando no oyes música en el piar de un pájaro,
    cuando el arco iris no te hace pensar,
    es hora de buscar a Dios.
    Cuando el alborear no te habla,
    cuando el rayar del día no te hace sonreír,
    cuando el cantar del gallo no te anima,
    cuando el calor del sol no te hace mejor sentir,
    es hora de buscar a Dios.
    Si te preguntas el por qué,
    si buscas una explicación,
    si la vida no tiene sentido,
    si crees que nadie tiene razón,
    es hora de buscar a Dios.
    Si el embarazo de una mujer no te dice nada,
    si el nacimiento de un niño no te hace llorar,
    si un "papá dame un beso" no te llega al alma,
    si un nieto no te hace soñar,
    es hora de buscar a Dios.
    Si el Firmamento no te pasma,
    si las Estrellas no te vislumbran,
    si la Luna no te mira,
    si el Universo no te asombra,
    es hora de buscar a Dios.
     



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    #859 De: "Catholic.net" <evangelio-request@...>
    Fecha: Lun, 1 de Mayo, 2006 6:01 am
    Asunto: Evangelio diario comentado - La muchedumbre en busca de Jesús
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    Evangelio diario comentado 01 de mayo de 2006
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    La muchedumbre en busca de Jesús




    La muchedumbre en busca de Jesús

    Fuente: Catholic.net
    Autor: P. Vicente Yanes



    Juan 6, 22-29


    Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar, vio que allí no había más que una barca y que Jesús no había montado en la barca con sus discípulos, sino que los discípulos se habían marchado solos. Pero llegaron barcas de Tiberíades cerca del lugar donde habían comido pan. Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús. Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: «Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?» Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello». Ellos le dijeron: «¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?» Jesús les respondió: «La obra de Dios es que creáis en quien él ha enviado».


    Reflexión


    La muchedumbre busca a Jesús y no le encuentra. Toman las barcas y cruzan el pequeño mar de Galilea para estar con Jesús. ¿Para qué lo buscan con tanta insistencia? Pero dejemos a la gente del Evangelio y hagamos mejor la pregunta a nosotros mismos: ¿Por qué busco a Jesús? ¿Por qué voy a misa los domingos? ¿Por qué comulgo? ¿Busco a Jesús o me busco a mí mismo?

    Se puede seguir a Jesús por motivos diversos y no siempre honestos.

    En el Evangelio Cristo les echa en cara que le buscan no por haber visto en Él al Hijo de Dios sino porque sació su hambre con abundantes panes y peces. Él les ofrece dones del cielo pero ellos sólo ansiaban cosas terrenales. En nuestros días Jesús podría indignarse ante los que asisten a Misa dominical para que los vean o para encontrarse con los conocidos, o podría acusar a alguno de buscar solamente su "salud psíquica" sin preocuparse sinceramente por expulsar el pecado de su vida.

    ¿Qué es lo que nos falta? Lo que nos falta es fe. Esa fe que es antorcha para la vida del cristiano. Cuando todo se oscurece el creyente puede seguir andando sin temor porque lo alumbra la fe. La fe es la balanza segura en la que podemos descubrir lo que vale más para nuestra vida. La fe nos impulsa a desear las cosas del cielo... Y, si tenemos poca luz o nos falta por completo, pidámosela a Dios, Él es el Padre bueno que concede a sus hijos todo lo que le piden.







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    #858 De: Winston Pauta Avila <wpauta@...>
    Fecha: Lun, 1 de Mayo, 2006 6:51 am
    Asunto: MISA DIARIA LUNES 1 DE MAYO DE 2006 08H50
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    Edición:

     Nº 1229

      Caminando con Jesús

    www.caminando-con-jesus.org

    Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

    1 DE MAYO DE 2006

    LUNES TERCERA SEMANA DE PASCUA

    Enlace a:

    SAN JOSE OBRERO

    Reflexion escrita por el Padre Jesús Marti Ballester

    PAGINA CREADA EL 26 DE FEBRERO DE 2002

    + de 4 AÑOS EN INTERNET

    Para suscribirte:

    http://www.egrupos.net/grupo/caminando-con-jesus/alta

     

    SAN JOSÉ OBRERO

    ANTÍFONA DE ENTRADA

    Dichoso el que teme al Señor  y cumple su voluntad,  él gozará el fruto de su trabajo, tendrá prosperidad y alegría. Aleluya.

    ORACIÓN COLECTA

    Oremos:

    Dios nuestro,  creador del universo,  que has querido que el hombre colabore con su trabajo al perfeccionamiento de tu obra  y al bien de sus hermanos;  por intercesión de san José y a ejemplo suyo, concédenos comprender y realizar la misión que nos has encomendado,  a cada uno.

    Por nuestro Señor Jesucristo...

    Amén.

    PRIMERA LECTURA

    Llenen la tierra y sométanla

    Lectura del libro del Génesis 1, 26-31; 2, 1-3

    En el principio creó Dios al cielo y la tierra. Y dijo Dios:

    «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine a los peces del mar, a las aves del cielo, a los animales domésticos y a todo animal que se arrastra sobre la tierra».

    Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen suya lo creó; hombre y mujer los creó. Y los bendijo Dios y les dijo:

    «Sean fecundos y multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todo ser viviente que se mueve sobre la tierra».

    Y dijo Dios:

    «He aquí que les entrego todas las plantas de semilla que hay sobre la faz de la tierra, y todos los árboles que producen fruto y semilla, para que les sirvan de alimento. Y a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra, a todos los seres que respiran, también les doy por alimento las verdes plantas».

    Y así fue. Vio Dios todo lo que había hecho y lo encontró muy bueno. Fue la tarde y la mañana del sexto día.

    Así quedaron concluidos el cielo y la tierra con todos sus ornamentos, y terminada su obra, descansó Dios el séptimo día de todo cuanto había hecho. Dios bendijo el séptimo día y lo consagró, porque ese día cesó de trabajar en la creación del universo.

    Palabra de Dios.

    Te alabamos, Señor.

     

    SALMO RESPONSORIAL

    Del salmo 89

    Dales, Señor, prosperidad a nuestras obras.

    Desde antes que surgieran las montañas y la tierra y el mundo apareciesen, existes tú, Dios mío, desde siempre y por siempre.

    Dales, Señor, prosperidad a nuestras obras.

    Tú haces volver al polvo a los humanos, diciendo a los mortales que retornen. Mil años para ti son como un día que ya pasó, como una breve noche.

    Dales, Señor, prosperidad a nuestras obras.

    Haznos captar lo breve de la vida y seremos sensatos. ¿Hasta cuando, Señor, vas a tener compasión de tus siervos? ¿Hasta cuándo?

    Dales, Señor, prosperidad a nuestras obras.

    Llénanos de tu amor por la mañana y júbilo será la vida toda. Haz, Señor, que tus siervos y sus hijos, puedan mirar tus obras y tu gloria.

    Dales, Señor, prosperidad a nuestras obras.

     

    ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO

    Aleluya, aleluya.

    Bendito sea el Señor día tras día, que nos lleve en sus alas y nos salve.

    Aleluya.

     

    EVANGELIO

    ¿No es éste el hijo del carpintero?

    Lectura del santo Evangelio según san Mateo 13, 54-58

    Gloria a ti, Señor.

    En aquel tiempo, Jesús llegó a su tierra y se puso a enseñar a la gente en la sinagoga, de tal forma, que todos estaban asombrados y se preguntaban:

    «¿De dónde ha sacado éste esa sabiduría y esos poderes milagrosos? ¿Acaso no es éste el hijo del carpintero? ¿ No se llama María su madre y no son sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿Qué no viven entre nosotros todas sus hermanas? ¿De dónde, pues, ha sacado todas estas cosas?»

    Y se negaban a creer en él. Entonces, Jesús les dijo:

    «Un profeta no es despreciado más que en su patria y en su casa».

    Y no hizo muchos milagros allí por la incredulidad de ellos.

    Palabra del Señor.

    Gloria a ti, Señor Jesús.

     

    ORACIÓN SOBE LAS OFRENDAS

    Dios de toda bondad,  acepta los dones que te presentamos en esta conmemoración de san José, obrero, y haz que esta Eucaristía sea para nosotros fuente de vida cristiana y salvación eterna.

    Por Jesucristo, nuestro Señor.

    Amén.

     

    PREFACIO

    Misión de san José

    El Señor esté con ustedes.

    Y con tu espíritu.

    Levantemos el corazón.

    Lo tenemos levantado hacia el Señor.

    Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

    Es justo y necesario.

     

    En verdad es justo y necesario,  es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno.

    Y alabar, bendecir y proclamar tu gloria en la conmemoración de san José, el hombre justo

    que diste por esposo a la Virgen Madre de Dios; el fiel y prudente servidor a quien constituiste jefe de tu familia para que, haciendo las veces de padre, cuidara a tu Hijo unigénito, concebido por obra del Espíritu Santo, Jesucristo,  nuestro Señor.

    Por él, los ángeles y los arcángeles, y todos los coros celestiales celebran tu gloria,  unidos  en común alegría. Permítenos asociarnos a sus voces cantando humildemente tu alabanza:

    Santo, Santo, Santo...

     

    ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN

    Todo lo que hagan de palabra o de obra, háganlo en el nombre de Jesús, el Señor, dando gracias por su medio a Dios Padre. Aleluya.

     

    ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

    Oremos:

    Señor, tú que nos has alimentado con la Eucaristía; por ello te pedimos que, dando testimonio, como san José, del amor que infundes en nuestros corazones, podamos gozar continuamente de la paz verdadera.

    Por Jesucristo, nuestro Señor.

    Amén.

    COMENTARIOS DEL EVANGELIO DE HOY

    Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

     

    "¿De dónde le vienen, decían, esta sabiduría y ese poder de hacer milagros? ¿Acaso no es éste el hijo del carpintero?”

    Mt 13, 54-58

     

    En su pueblo, (Nazaret), Jesús se puso a enseñar a la gente en la sinagoga, de tal manera que todos estaban maravillados, sin embargo de entre sus mismos coterráneos, celosas palabras de admiración escandalosa brotan de ellos;"¿De dónde le vienen, decían, esta sabiduría y ese poder de hacer milagros?. Esto que sucede en esta escena sigue siendo habitual, no concebimos posible que alguien que convive con nosotros pueda ser mejor o que tenga cualidades extraordinarias.

    Siempre habrá grandes cualidades que admirar en las personas que nos rodean, y no tiene sentido escandalizarse y entristecerse porque son mejores, ya que no podemos ser nosotros los mejores en todos los aspectos, admirar cualidades de los demás es un hermoso sentimiento, y para los envidiosos una amargura.

    Si nosotros vemos en esta expresión ¿de donde le vienen?, incomprensión, especialmente porque conocemos a Cristo, hagamos un esfuerzo por captar lo bueno y positivo que hay en quienes nos rodean, y así, buscar que en nosotros haya capacidad de admiración por la gente a la que conocemos.

    ¿No es éste el hijo del carpintero?, se preguntan sus paisanos, como queriendo decir que los son hijos de un artesano, no pueden mostrar sabiduría. Es conocido como sufre aquel que siente celos y envidia porque uno de condición mas humilde es mas alabado, seguramente porque piensa que la gloria que se le tributa se la están robando a él, entonces sus mal corazón intenta calmar este dolor despreciando el origen de quien sobresale mas que él.

    Y Jesús era para ellos fue un motivo de escándalo. Entonces les dijo: "Un profeta es despreciado solamente en su pueblo y en su familia". Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la falta de fe de esa gente.

    Así fue como Jesús, dejo a los suyos y se fue a predicar a otro lugar, y esto para nosotros hoy debiera entristecernos mucho, que EL no abandone por nuestra falta fe, es así como pongamos todo lo necesario de nuestra parte para que el Señor nunca nos deje, para que esto no ocurra, nuestra fe debe ser honesta y sincera.

    También nos esta enseñando este Evangelio, que no podemos amar al Señor, si sentimos desprecio por algún hermano, especialmente si en el miramos su condición social, económica o racial.

    Hagamos un esfuerzo para no juzgar a los demás por las apariencias, y sepamos ver en otros su coherencia de vida, la rectitud de su espíritu, su calidad humana, capacidad de justicia, su sabiduría y que sea para nosotros un ejemplo su camino de santidad.

    En este Evangelio, Jesús nos hace ver como nuestra ceguera espiritual no nos deja ver sus obras salvadoras, que el nos esta mostrando su voluntad y no somos capaces de verla, ¿esta contrariando nuestros gustos?, ¿nos esta delatando nuestra soberbia?.

    Vivencia personal.

    Mi padre fue carpintero, el oficio de san Jose, aún vive con más de ochenta años junto a mi madre, tuvo seis hijos, el participa en la celebración de la Eucaristía, observando el trabajo que se dejo hacer a través de sus manos en bancos y altares que hay en la parroquia, me enorgullece su calidad humana, su carácter afectuoso, su inclinación a hacer el bien, la fuerza de su fe, y su amor al Señor.

    La paz del Señor Sea con Ustedes

    Oh Jesús, todo los que haces, nos maravilla.

    Por comprender esto, Gracias Señor

    Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

    SANTORAL

    FIESTA DE SAN JOSE OBRERO 1 DE MAYO

     

    EL SECRETO DE JOSÉ

    Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

    José era el esposo legítimo de Maria, y ella esperaba un hijo que no era como consecuencia de la relación conyugal con su esposa.

    El matrimonio de José con María, tenía una misión importante, ser padre del hijo de María, José es un "justo" elegido por Dios para esta misión

    “El origen de Jesús como Cristo fue así: estando desposada María, su madre, con José, antes de que conviviesen, se halló encinta por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, siendo justo y no queriendo denunciarla (o revelarlo), resolvió separarse secretamente (Mt 1,18-19).”

    María no le dice a José lo ocurrido en ella, no interfiere en los planes de Dios para con José y así espera que Dios envíe un ángel para revelarle su designio sobre ella, y sobre él.

    Sin embargo José, en silencio sufre las dudas, pero aguarda la intervención de Dios, sabiendo que el embarazo de María se debe a la acción del Espíritu Santo, José decide "apartarse ante el misterio". José, comprendiendo que Dios está actuando, decide no interferir en el designio de Dios con María. Por ello decide apartarse de María en secreto.

    José, es justo, pero no ante la ley de su pueblo, es ante Dios, aceptando totalmente su voluntad, es así como le lleva alejarse de María en secreto, el no revela el misterio de la concepción virginal del Hijo de Dios en María.

    El secreto de José, lo guarda en su corazón, es algo maravilloso, es algo precioso, no se pregunta en ningún caso si María es culpable de algo, ¿pero porque tiene dudas? Porque José necesita saber como actuar frente a este misión, su esposa esta en cinta por obra del Espíritu Santo.

    En el secreto ve la salida José, esto es separarse de ella secretamente, el se da cuenta que Dios puso la mano en su esposa, y tiene respeto por la santidad de María.

    Talvez José, se consideraba indigno estar junto a María, cuya maravillosa y superior dignidad admiraba, y temió ante la profundidad del misterio, y quiso dejarla secretamente.

    Sin embargo, José, con gran respeto hacia María, en quien el Espíritu Santo ha obrado grandes cosas, deja todo en las manos de Dios. Así fue que en el momento decisivo, se le apareció en sueños un ángel del Señor y le dijo: No temas recibir en tu casa a María, tu esposa" (Mt 1,20). José, es un hombre sencillo, y siente temor ante la presencia y acción de Dios en María, es por eso que el ángel le dice: "No temas recibir en tu casa a María, tu esposa; pues, ciertamente, lo concebido en ella es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados" (v20-21).

    José no es el padre carnal del hijo de María, él recibe la misión de hacer de padre a Jesús. José, acogiendo la voluntad de Dios, actúa como esposo de María y como padre legal de Jesús.

    En José, encontramos un hombre sencillo, de gran respeto, humilde, que supo acoger en secreto este misterio de la acción de Dios en María y así fue que el hizo lo que el ángel del Señor le había mandado, recibir a su esposa, respetarla, cuidarla, acompañarla siempre, participar del nacimiento del Hijo, a quien “puso por nombre Jesús" (Mt 1,24-25).

    El Secreto de José, un acto de amor a Dios Padre

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