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La educación: el derecho a elegir cómo ser   Lista de mensajes  
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La educación: el derecho a elegir cómo ser

Editorial. Revista "Vitral".Año IV. No. 24.
marzo-abril. 1998

En muchos países del mundo, gran cantidad de hombres y
mujeres, niños y jóvenes, ni siquiera pueden elegir
entre el analfabetismo y la instrucción. La pobreza
material no da opción. La educación pública es un
derecho a exigir.

En Cuba, afortunadamente, eso no es un problema. Se
han hecho grandes esfuerzos para que la instrucción
pública llegue a todos. El problema aquí es otro: los
cubanos no podemos elegir el enfoque filosófico, los
métodos pedagógicos, la orientación religiosa, ni el
tipo de escuela que queremos para nuestros hijos.

A cambio de masividad hemos abandonado la
responsabilidad personal de educar. A cambio del
acceso gratuito a la instrucción no hemos ejercido la
libertad de elegir el tipo de educación. Y cuando
expresamos que esto es un problema se nos dice que
debemos dar gracias por la oportunidad de poder
estudiar gratuitamente. A cambio de la gratuidad hemos
descuidado la calidad.

La gratuidad tiene un precio en Cuba: agradecer y ser
fieles. Agradecer está bien, es bueno ser agradecidos
y ser ingratos es una forma de miseria humana. Pero la
ayuda que crea dependencia no libera, sino encadena;
ata con lazos invisibles y más crueles por ser
sutiles; cambia libertad por seguridad. Convierte al
hombre en prisionero de su miedo a perder las pocas
seguridades que le vienen dadas. Supervivir y tener
algo es preferible para muchos que asumir las riendas
de su vida con independencia, porque siempre supone
riesgo.

No desearíamos las brutales desigualdades que se viven
en otros sistemas y países. Pero las desigualdades
están viniendo de todas formas y no a cambio de mayor
libertad y responsabilidad sino impuestas por
mecanismos económicos que nos colocan ante lo peor del
capitalismo y lo peor del socialismo. Lo peor del
socialismo es la falta de libertad personal, la
dificultad para elegir, no tanto lo que podemos hacer,
sino lo que queremos ser. Lo peor del capitalismo son
las injusticias sociales que engendran desigualdad.

Lo esencial del problema de la educación en Cuba no es
el acceso a la instrucción sino la falta de pluralismo
dado su carácter ideológico único y excluyente. En
otras palabras: si es verdad que todos tienen acceso a
la instrucción, los padres no pueden elegir libremente
el tipo de educación que creen mejor para sus hijos.

Al escribir esto recordamos estas palabras del Papa
Juan Pablo II en Santa Clara: "Los padres, al haber
dado la vida a sus hijos, tienen la gravísima
obligación de educar a la prole y, por consiguiente,
deben ser reconocidos como los primeros y principales
educadores de sus hijos... Por tanto, los padres sin
esperar que otros le reemplacen en lo que es su
responsabilidad, deben poder escoger para sus hijos,
el estilo pedagógico, los contenidos éticos y cívicos,
y la inspiración religiosa en los que desean formarlos
integralmente. No esperen que todo les venga dado."
(Homilía en Sta. Clara, no.6)

Elegir el estilo pedagógico es, por ejemplo, poder
optar entre una educación paternalista y manipuladora
y una pedagogía liberadora y respetuosa de la dignidad
y los derechos de la persona.

La educación paternalista garantiza que todos los
"alumnos-hijos" reciban del "Estado-padre" una
instrucción segura cuya finalidad es repetir y
continuar en los hijos ideas y actitudes idénticas a
las de los mayores; esto también ocurre en el ámbito
de una familia autoritaria, o una institución
religiosa paternalista o no participativa. Una correa
de transmisión que impulsa y reitera el mismo
movimiento al mismo ritmo. No educa personas sino
máquinas repetidoras. Asegura fidelidad ciega o
ingenua, pero convierte a los ciudadanos en una carga
para el Estado, la Iglesia y la familia, en una masa
amorfa y sin voluntad que hace de la desidia un estilo
de vida cotidiano.

La educación paternalista y manipuladora es seguridad
para hoy e incertidumbre para mañana, porque cuando
toque decidir con cabeza propia en el momento en que
no se tenga la tutela de arriba, se cae fácilmente en
la indecisión y la corrupción.

La educación liberadora y pluralista, en cambio es
riesgosa e insegura hoy y garantía de la adultez
cívica y la autonomía de las personas y de la sociedad
civil mañana. Riesgo del niño que comienza a dar los
primeros pasos, pero todos sabemos que sin correr este
riesgo nadie sabría hoy caminar con sus propios pies.
¿De qué nos asombramos cuando vemos personas y grupos
postrados moral y socialmente?

La educación liberadora no es apertura al libertinaje
sino a la responsabilidad personal y social. Sólo el
que es libre de elegir puede asumir la responsabilidad
de su actuación. La educación pluralista no es
apertura al relativismo moral y al "todo vale", es
descubrir la riqueza de la diversidad y respetarla
como garantía del aprecio a los derechos de cada
persona.

Cada padre y madre cubanos tiene el derecho de elegir
entre estos dos estilos pedagógicos, que es como
elegir entre un hijo-robot pero que no tiene problemas
y un hijo adulto y libre con el riesgo de serlo.

Elegir el contenido ético y cívico de la educación es
otro de los derechos que los padres cubanos no debemos
dejar a la voluntad de otros. Se trata de que la
educación va más allá de la instrucción y al llegar a
la transmisión de valores y actitudes se está jugando
la vida de las personas que se educan. Ciertamente los
maestros y los padres forjan el carácter de los hijos
y alumnos, pero los padres tienen el derecho de elegir
el molde y el cincel, así como al herrero que lo
ayudará a completar la forja que empieza en casa.

Lo peor es que no exista, como durante mucho tiempo ha
pasado en Cuba, ni molde ni cincel. No estamos
hablando sólo de que la asignatura Moral y Cívica
fuera eliminada de nuestros programas como lo ha sido,
sin tener hoy todavía regreso pleno, pues lo que
existe es insuficiente y totalmente ideologizado.
Estamos refiriéndonos a que se destruyó como
"burguesa" la fragua que moldeaba el carácter de los
niños y jóvenes pero no se logró edificar un nuevo
ambiente favorable a la educación ética. Esa es la
raíz de la pérdida y crisis actual de valores que está
reconocida francamente hasta en la prensa oficial.

Se trata de enseñar para la vida y no sólo para coger
la Escuela Vocacional o una carrera. Se trata de
facilitar un ambiente favorable, se trata de aprender
a hacer un proyecto de vida, una escala de valores,
una opción fundamental y entrenarnos para ser
coherentes con ese proyecto. El Papa lo dice en su
Mensaje a los Jóvenes cubanos: "El mejor legado que se
puede hacer a las generaciones futuras es la
transmisión de los valores superiores del espíritu. No
se trata solo de salvar algunos de ellos sino de
favorecer una educación ética y cívica que ayude a
asumir nuevos valores, a reconstruir el propio
carácter y el alma social sobre la base de una
educación para la libertad , la justicia social y la
responsabilidad." (no.4)

Cada padre y cada madre cubanos tiene el derecho a
elegir estos contenidos éticos y cívicos que es lo
mismo que elegir entre unos hijos dependientes y sin
voluntad o unos hijos que puedan ser protagonistas de
su historia personal y social.

Elegir la inspiración religiosa de la educación es el
tercer aspecto del derecho que deben gozar y ejercer
las familias cubanas. Y en este aspecto habría mucho
que aclarar. Cuando hablamos de inspiración religiosa
no necesariamente estamos hablando de colegios
religiosos. En esto, como en lo anterior, hay
diversidad de opciones y caminos:

Está la escuela religiosa, propiedad de la Iglesia o
de una congregación religiosa, en las cuales las
monjas o frailes ya no necesariamente tienen que
administrar o dirigir sino ser testimonio y presencia
animadora, dejando a los laicos y otras personas de
buena voluntad la dirección del colegio o la
universidad y otras funciones más propiamente
laicales.

Está la escuela pública o del Estado en la que pueden
y deben tener acceso para enseñar o dirigir laicos y
religiosas con el mismo derecho y deberes de los
restantes profesores. En ellas puede haber,
opcionalmente, clases de religión y de moral según el
criterio de los padres y de los mismos alumnos.

Está la escuela privada no religiosa, o no
confesional, donde también los padres y alumnos pueden
optar por clases de religión o formación ética según
las creencias de sus familias.

En todas ellas pueden compartir el proyecto educativo
personas creyentes y no creyentes sin tener que
aferrarse a un modelo único y excluyente o sectario de
enfoque filosófico o religioso, ideal para todos los
alumnos y profesores. Esta es la diversidad . Es el
pluralismo educativo, que de ninguna manera puede
confundirse con el caos pedagógico, ni con la
indiferencia filosófica ni con el permisivismo moral o
el sincretismo religioso.

Cada padre y madre cubanos tiene el derecho y el deber
de escoger entre estas y otras formas de garantizar la
inspiración religiosa o atea de la educación de sus
hijos.

Fijémonos que se habla de inspiración religiosa y no
de clases de religión o catecismo solamente. La
diferencia está en que la inspiración religiosa cubre,
orienta y penetra toda la actividad educativa y las
clases de religión son un momento puntual y formal en
la actividad docente. No son excluyentes pero no se
puede reducir la inspiración a clases u otras
actividades religiosas.

La educación en un Estado laico debe permitir a los
padres hacer estas tres opciones. No hacerlo es no
sólo impedir la diversidad del quehacer pedagógico,
sino violar el derecho sagrado de que cada familia y
cada persona pueda elegir cómo quiere ser, que tipo de
ser humano desea ser. En esto radica la gravedad de
este tema y la urgencia para solucionarlo en Cuba.

El argumento de que reconocer este derecho no
permitiría a personas o iglesias menos favorecidas o
minoritarias tener acceso a medios e instituciones
educativas es como pretextar que no se introduce la
computación porque no todos los ciudadanos tienen una
computadora personal., o que no se harán más
transmisiones de televisión porque todos no tienen
televisor. El deber del Estado laico es diversificar
la educación y crear las condiciones para facilitar a
las minorías el acceso a este derecho universal.

En Cuba la historia ha demostrado que los dos extremos
son despersonalizantes: ni colegios privados
excluyentes o discriminatorios por razones de raza o
economía, ni una escuela única en su orientación
filosófica e ideológica excluyente o discriminatoria
por razones políticas, religiosas o de opinión.

Esto no desconoce los logros de la instrucción y las
inversiones hechas por el Estado en Cuba durante estas
últimas casi cuatro décadas. El asunto está en el
resultado de esas inversiones materiales y de esa
instrucción. Recordamos las palabras del Papa en este
sentido: "las estructuras públicas para la educación,
la creación artística, literaria y humanística y la
investigación científica y tecnológica, así como la
proliferación de escuelas y maestros, han tratado de
contribuir a despertar una notable preocupación por
buscar la verdad, por defender la belleza y por salvar
la bondad: pero han suscitado también las preguntas de
muchos de ustedes: ¿por qué la abundancia de medios e
instituciones no llega a corresponder plenamente con
el fin deseado?

La respuesta no hay que buscarla solamente en las
estructuras, en los medios, en el sistema político o
en los embargos económicos que son siempre condenables
por lesionar a los más necesitados. Estas causas son
solo parte de la respuesta, pero no tocan el fondo."
(Mensaje a los jóvenes cubanos, no.2)

El mismo Santo Padre propuso, en el Aula Magna de la
Universidad de la Habana, cuál es la respuesta de
fondo del problema de la educación en Cuba, cuando
recordó que el Padre Varela "maestro de generaciones
de cubanos, enseñó que para asumir responsablemente la
existencia lo primero que se debe aprender es el
difícil arte de pensar correctamente y con cabeza
propia". (no.4)

Es esto lo que está en debate cuando hablamos del
derecho a elegir la educación de los hijos.

Pero no debemos quedarnos en el análisis de la
realidad. Debemos proponer soluciones, proyectos,
salidas respetuosas para todos. Ningún estado tiene
derecho a imponer un tipo único de educación, ni la
Iglesia puede imponerlo, ni ningún otro grupo social.

El Papa nos vuelve a proponer un camino: "... en el
proceso de construir un futuro "con todos y para el
bien de todos" como pedía Martí. La familia, la
escuela y la Iglesia deben formar una comunidad
educativa donde los hijos de Cuba puedan crecer en
humanidad. No tengan miedo, abran las familias y las
escuelas a los valores del Evangelio de Jesucristo,
que nunca son un peligro para ningún proyecto social"
(Homilía en Santa Clara no.4)

Esta fue la primera frase del Papa que el pueblo
cubano ovacionó en Santa Clara. Todos sabemos su
importancia. Pero, quizá, no todos hemos comprendido
cómo podemos llevar a la práctica esta comunidad
educativa. La Iglesia debe prepararse para entrar en
ella con su riqueza espiritual pero sin pretensiones
hegemónicas. El Estado debe abrir espacios legales
para estas comunidades educativas y otras iniciativas
que hagan realidad en Cuba el derecho al pluralismo de
opciones pedagógicas. La familia debe prepararse para
poder asumir su papel principal en este proceso.

Crecer en humanidad es el objetivo de toda educación.
Cuba debe abrirse a estas iniciativas pedagógicas,
éticas y cívicas, para que sus hijos crezcan como
personas que sean protagonistas de su vida, de su
familia, de esta Nación.

Recordemos que cuando el Padre Varela comprendió que
no se podía hacer nada más para alcanzar la libertad
de Cuba "se dedicó a formar personas, hombres de
conciencia, que no fueran soberbios con los débiles ni
débiles con los poderosos... generando de ese modo una
escuela de pensamiento, un estilo de convivencia
social y una actitud hacia la Patria que deben
iluminar, también hoy a los cubanos." (Discurso del
Papa al mundo de la cultura. No. 4)

No nos engañemos: con una única opción educacional el
carácter de los jóvenes se debilita en la rutina, no
se enriquece la vida en el debate, se deshumaniza el
alma de la nación por el tedio existencial del
monolitismo ideológico; y sin un sistema educacional
donde haya posibilidad real de acceso a alguna
inspiración religiosa, se seca el espíritu humano
"porque nada en él alimenta la virtud" (José Martí). †

Pinar del Río, 25 de Marzo de 1998



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