Errores de un estratega
CHÁVEZ, OLLANTA Y EL POLO DE MARADONA
Escribe: Dante Castro
Después que Hugo Chávez se ha manifestado sobre el marxismo-leninismo como algo "dogmático" y "obsoleto", no nos debería llamar la atención que algunos marxistas estén desconfiados. A pesar de ello no perdemos de vista el bosque por mirar el árbol y poniendo en práctica la dialéctica materialista, definimos cuál es la contradicción principal y el aspecto
principal de la contradicción. La contradicción principal sigue siendo entre los pueblos oprimidos y el imperialismo. Por lo tanto, los marxistas apoyamos la revolución bolivariana por lo que ello significa para el futuro socialista de América Latina. Nos interesa el desarrollo de la lucha de clases en Venezuela y el futuro promisorio de un cambio radical de estructuras. Más allá de la figura de Chávez, hay un pueblo que se ha echado a andar. Es una lástima que el líder venezolano se enfrente gratuitamente a sus aliados estratégicos, como también es una pena que cometa errores que le pueden restar posibilidades a otros aliados que considero tácticos.
Una exigencia previa.-
El presidente Hugo Chávez en conjunto con Evo Morales y los compañeros cubanos, hacen grandes cosas y por ello son injustamente criticados por todos los medios de
información. La operación Milagro, que le devuelve la vista a los ciegos por glaucoma, es lo menos criticable que pueda existir bajo los cielos de América del sur. Sin embargo, los noticieros, revistas y diarios denuncian la asistencia gratuita a los más pobres como "proselitismo político" por parte de Hugo Chávez. Para no quedarse atrás, el imperialismo yanqui ya mandó un barco hospital lleno de doctores y enfermeras al sólido norte aprista. Los médicos yanquis no hacen proselitismo mediante el asistencialismo: son "solidarios por naturaleza"; ninguna mala intención hay detrás del barquito de la esperanza gringa. Exigimos que el programa dominical Panorama (TV-5) vaya e investigue qué hay detrás de esta desinteresada labor de los médicos norteamericanos en las ciudades y puertos norteños. Que lo haga así como lo hizo en Puno y en Bolivia, acosando impertinentemente a los pacientes que esperaban que una doctora cubana y galenos de la misma nacionalidad les
devolvieran la capacidad de ver a los más humildes. Exigimos sin ninguna esperanza de ser escuchados, pues el monopolio de la información, mal llamado "libertad de expresión", hace imposible que nosotros los del pueblo llano le pidamos explicaciones a esa gavilla de ladrones y sinvergüenzas que manejan los medios de información. Los marxistas estamos con esos médicos cubanos, con ese plan social y continental de la revolución bolivariana, sin reservas.
Los errores de Hugo Chávez.-
Así como nadie que esté en su sano juicio puede condenar la solidaridad de cientos de médicos cubanos que con el apoyo del gobierno venezolano asisten a miles de pacientes de menores recursos, tampoco nadie que se precie de inteligente puede suscribir todo lo que hace y declara Hugo Chávez.
Por ejemplo, la
campaña electoral de Ollanta Humala sufrió una merma considerable de votos gracias a las declaraciones del comandante venezolano. Los votantes que ya tenían una convicción férrea de votar por el líder nacionalista, no constituían precisamente la masa que le hubiera dado la victoria en las ánforas. Los militantes del nacionalismo más los militantes de la izquierda marxista, sumados todos en un solo bloque, no eran suficientes para que Ollanta llegase al sillón presidencial. La mágica cifra, lo sabemos todos, la constituye el voto escondido: es el voto de miles de peruanos que no militan en partidos y que se animan a votar por el candidato que mejor represente sus anhelos inmediatos, no las esperanzas del futuro utópico y promisor.
Esa cifra del voto escondido tiene sus propias características y peculiaridades. Si alguien quiere hacer política en serio, debería incursionar en ciencias sociales, en métodos estadísticos y
en sicología social. Así se iría enterando que el voto escondido es tan lábil como impredecible. Precisemos: aparentemente "impredecible" . Mejor dicho: "impredecible" para los aficionados; "manejable" para los expertos en campañas.
Hugo Chávez, al manifestar sus preferencias por el candidato Ollanta Humala, hizo que éste perdiera a una parte considerable del voto escondido: el porcentaje que le hubiera dado el triunfo sobre el genocida aprista Alan García. Chávez violó una de las normas elementales en política internacional: la no intromisión en asuntos internos de otros países. Peor aún si prodigaba insultos (merecidos) al candidato aprista, convirtiéndolo aparentemente en víctima de las presiones de un presidente extranjero. Así lo vio el pueblo llano y contamos con bastantes testimonios. Muchos peruanos de a pie se sintieron ofendidos en lo más profundo de su derecho soberano para elegir a quien les de la
gana. Sin intromisiones tan flagrantes, tan directas y tan descarnadas como las de Hugo Chávez, el resultado posiblemente hubiera sido distinto. Decimos posiblemente no por azar, sino porque hubiera contado con más posibilidades o condiciones. Hay algo que deberían aprender todos los jefes de campaña: el voto escondido es sumamente sensible a esta suerte de estímulos.
El polo para Maradona.-
En el noticiero de la noche hizo noticia, valga la redundancia, el presidente Chávez al imponerle a Maradona una camiseta o polo con la imagen de Ollanta Humala. Para los militantes del Partido Nacionalista Peruano debe ser una grata novedad ver en pantalla y delante de todo un estadio cómo se propagandiza a su líder y candidato para el 2011. El presidente venezolano que dirige una revolución en su país, acompañado del presidente boliviano que intenta hacer lo
mismo, celebran con el mejor jugador de los últimos tiempos la publicidad de Ollanta Humala, candidato peruano. ¡Qué honor nuestro!... dirían algunos amigos de las emociones fáciles.
Sin embargo, no sabemos cuántos puntos le restará este gesto al candidato nacionalista. No es recomendable que un presidente extranjero se meta a propagandista electoral en tierra ajena. Volvemos a la teoría del voto escondido, del porcentaje de sufragantes que deciden a última hora por quien votarán y del sentimiento de independencia soberana, libre determinación, libérrima decisión, inalienable capacidad de optar que habita en el subconsciente colectivo de los peruanos.
¿Qué le hubiéramos recomendado los "obsoletos" marxistas a Chávez?... Nada que no se conozca a través del sentido común o de la lógica más elemental: PRUDENCIA. Poniéndonos en la otra orilla, si el
presidente de EEUU le impusiera un polo o camiseta con la imagen de Lourdes Flores Nano a un campeón deportivo, estaría quemando las posibilidades electorales de esta candidata de derechas para el 2011. El imperialismo tiene otras fórmulas para alzar candidatos en sus colonias: subrepticiamente financia campañas, disfraza asesores, nutre las arcas de sus favoritos. Cuando se hace evidente, como en el caso del postulante Mario Vargas Llosa en 1990, los votos se van, fugan, huyen hacia el más "nacional", hacia el menos ostentoso, hacia el que es aparente víctima de la inequidad o injusticia. Fue así que tuvimos al más "nacional": un japonés que luego el imperialismo convirtió en dictador. Increíble pero cierto.
Mientras aprende a usar la prudencia el presidente venezolano, la izquierda peruana debería recoger los platos rotos del desastre para reconstruir el frente único en perspectiva de los grandes
enfrentamientos que se avecinan. El frente único como instrumento de lucha, no como conciliábulo electoral de la misma gerontocracia de siempre. Al mismo tiempo, la izquierda peruana debería aprender a promover sus propios candidatos, surgidos de la lucha de clases, propuestos por las bases. No se trata que desde afuera nos impongan el candidato y que los luchadores sociales tengan que conformarse con esa imposición omnímoda y vertical. Para que haya una revolución en el Perú, se necesita que los peruanos estén en capacidad de hacerla. Es un derecho que les corresponde a los protagonistas de nuestra historia.
FIN