El día de hoy, sábado 30 de junio de 2007, a las 4 de la mañana, las fuerzas de ocupación de Bush lanzaron dos violentos ataques sorpresivos contra la barriada Ciudad Sadr. Hasta el momento el total de muertos llega a 26. Entre ellos se encuentra la niña de la foto, asesinada vilmente en una guerra que nunca tuvo justificación. Un portavoz del ejército de Bush, teniente coronel de rango, tuvo la osadía de declarar que "todos los que resultaron muertos estaban disparando contra las tropas yanquis". ¿Es que semejante bobo cree que nos tragamos esos cuentos?
Qué nunca nos suceda a nosotros, pero cabe preguntarnos: Si a alguno de nosotros, estimado lector, nos matan a una hija en las circunstancias narradas, ¿cuál sería nuestra reacción? ¿Qué haríamos? Pensemos un momento en nuestra respuesta y recordemos que el día de hoy se desarrolla una guerra criminal entre la principal potencia imperial del mundo y un pueblo subdesarrollado que cometió el error de vivir en un suelo rico en petróleo.
¡Alto al genocidio imperialista en Iraq!
Pinpoint customers who are looking for what you sell.

La violencia laboral y la prepotencia empresarial. La pedrada a la autoridad y la captura del local público son el pan de cada día. Anteayer, en Ayaviri, el presidente Alan García fue agredido con tomates, naranjas y huevos lanzados por maestros del Sutep, y en Juliaca, otro grupo apedreó a su comitiva e intentó tomar el aeropuerto por el que
debía despegar. Una revuelta en Pucallpa sí logró capturar el aeropuerto y 'liberar' de la comisaría a veinte dirigentes del Frente de Defensa que estaban detenidos, en el contexto del error de eliminar exoneraciones tributarias sin conversar el tema con los políticos locales. Pero el incidente que convocó más atención, por su cercanía a Lima, fue el de Casapalca, donde trabajadores mineros bloquearon la carretera central con una violencia mayor a la que suele acompañar este tipo de protesta, y con la lamentable muerte de un policía debido a una piedra lanzada desde el cerro. A diferencia de otros bloqueos, en este ni siquiera se dejó pasar a pie a las personas. Aunque nos estemos acostumbrando a estos hechos, vale la pena recordar que eso no es 'normal'. No se puede afirmar que los incidentes que se producen por todo lado sean parte de una protesta organizada a nivel nacional, como alguna vez deslizó erróneamente el gobierno. Cada
zona tiene su propia explicación local, aunque la violencia sea imitada de región a región. Para un gobierno que declara interesarse por los trabajadores y, al mismo tiempo, pretende preservar el orden, esta lluvia de piedras, naranjas y tomates le plantea un desafío que pasa por el entendimiento correcto del origen, en cada caso, de la protesta local. En Casapalca, por ejemplo, confluyó una violencia inadmisible de los trabajadores, con la prepotencia de una empresa 'cavernícola' que aplica prácticas laborales y del medio ambiente que son deplorables, lo cual plantea el dilema de quién es primero, el huevo o la gallina. Ninguna es aceptable. El gobierno debe tomar cartas en el asunto para impedir que la violencia se impregne en el país y que una empresa desarrolle prácticas que avergüenzan al gremio de la minería. 