En el panorama crítico brilla con luz
propia EL INTERCAMBIO, última película de Eastwood estrenada hasta la fecha
(GRAN TORINO que llegará muy pronto a las carteleras, es mucho mejor), que
parece haber encandilado a propios y extraños. Yo os puedo decir que me ha
gustado mucho, aunque la encuentro inferior a la media habitual de su autor. En
cualquier caso lo mejor que hay en las carteleras.
Del resto dos comedias desiguales: la
divertida e intrascendente COMO EN CASA EN NINGUN SITIO y DI QUE SI típico
producto `made in Carrey´ para devotos seguidores del histrión. Un documental
muy interesante sobre Capa y su mítica foto titulado LA SOMBRA DEL ICEBERG y
poco más.
También han salido las candidaturas a esa
tomadura de pelo denominada `Premios Goya´ que aquí no daremos mayor cobertura
al carecer de cualquier interés por su falta de seriedad y profesionalidad.
Un avance de las críticas de los estrenos
del día de Navidad donde se producirá en duelo AUTRALIA versus THE SPIRIT. La
cinta de Luhrmann que ha fracasado en Estados Unidos parece que no obtendrá
buenas críticas en nuestro país aunque en mi caso la he visto con agrado que no
es poco para un metraje superior a las dos horas y media. THE SPIRIT demasiada
imagen y escasa sustancia.
Finalmente coincidiendo con la reposición
de DON GIOVANNI les hemos recuperado la crítica de Miguel Marías publicada con
motivo del estreno del film en 1981. El texto no tiene desperdicio y cuando lo
leáis os daréis cuenta que ya no se escriben críticas como antaño. Una
verdadera lástima.
Espero que podáis disfrutar de unos
excelentes días de cine.
Javier Mas
ROMANZO CRIMINALE
Los reyes de
la corrompida Roma
Era alarmante y triste la larga sequía del
cine italiano. Tenías noticias vagas de él si viajabas a los festivales, pero tampoco
allí retenías películas que durasen un poquito en la memoria. Consecuentemente,
esos títulos eran difícilmente exportables. Y tampoco el público nativo
mantenía no ya la pasión, sino ni siquiera la mínima fidelidad hacia una
cinematografía de admirable pasado y presente inexistente. El único creador que
despertaba mayoritario interés desde sus inicios dentro y fuera de Italia era
ese director tan personal como atractivo llamado Nanni Moretti.
AUSTRALIA
Cuando Anton Ego, el crítico culinario de
Ratatouille (2007), decía eso tan sensato de que los miembros de su profesión sólo
se arriesgan en el hallazgo y la defensa de lo nuevo, olvidaba mencionar algo:
que el riesgo, en muchos casos, está en saber distinguir lo realmente nuevo -o
sea, lo que generará descendencia, transformará el lenguaje del medio- del mero
hype -o sea, el efímero espejismo de seducción-. Con su segundo largometraje,
Romeo y Julieta (1996), el cineasta Baz Luhrmann hizo los suficientes méritos
para ser saludado como un innovador en toda regla. La posterior Moulin Rouge!
(2001), si bien le consolidaba como cineasta a medida para la era del sampler y
la apropiación, disparaba las alertas antihype.
THE SPIRIT
A pesar de que, en una historieta aparecida
en 1947, Will Eisner le tomó el pelo al mismísimo Orson Welles -a través del
pomposo personaje secundario Awsome Bells-, no resulta exagerado afirmar que
The Spirit bien podría ser el Ciudadano Kane de las viñetas: la sostenida
intensidad formal de ambos trabajos parece resuelta a explorar (y casi agotar)
las posibilidades expresivas de su respectivo medio en un deslumbrante recital
de virtuosismo exhibicionista.
PRIME TIME
Si se hubiese estrenado hace 15 años, en las
críticas hubiéramos podido hablar de su capacidad para la anticipación, de su
discurso moralista, de su carácter premonitorio, y de sus fundamentos
analíticos respecto de los peligrosos derroteros tomados por ciertos productos
televisivos y de Internet. Pero con la que ha caído en el cine y en la tele de
la última década, Prime time nace como una película muerta, como una película
antigua, como un refrito de ideas carente de identidad, como un producto
comercial de ínfimo nivel intelectual.
EL LINCE PERDIDO
Si ellos tienen el Parque Yellowstone,
nosotros tenemos el Parque Nacional de Doñana. Si ellos tienen las Montañas
Rocosas y el río Hudson, nosotros tenemos Sierra Morena y el Guadalquivir.
Entiéndase por "ellos", naturalmente, a los norteamericanos, a la industria
del cine y el espectáculo estadounidense. Y por "nosotros", al
esforzado cine español, a la industria de animación patria, empeñada en hacerse
cada fin de año con un trozo del inmenso pastel navideño de la taquilla,
verdadero oro en tiempos de vacaciones infantiles. En definitiva, si ellos
convirtieron en universalmente conocida una reserva natural gracias a las
aventuras del oso Yogui y su apesadumbrado amigo Bubu, ¿por qué no íbamos
nosotros a hacer lo mismo gracias a una especie tan autóctona como el lince
ibérico? Al menos así se lo han propuesto Antonio Banderas, desde su
apadrinamiento, y Manuel Sicilia y Raúl García, desde la dirección, con la
meritoria película de animación infantil y trasfondo ecológico El lince
perdido, la odisea de un ejemplar en peligro de extinción, ambientada a lo
largo y ancho del mayor espacio protegido natural de Andalucía.
CÁMARA OCULTA
La muerte del director neoyorquino Robert
Mulligan nos hace recordar aquellos tiempos de los cincuenta y sesenta en que
la televisión era el camino que abría las puertas del cine. Arthur Penn, Martin
Ritt, John Frankenheimer, Sidney Lumet y el mismo Mulligan, entre otros buenos,
trasladaron a la gran pantalla lo que previamente habían experimentado en la
tele emitiendo en directo historias complejas: El zurdo, Doce hombres sin
piedad, Marty...
Cine de gestión: 'El Intercambio'
"Una mujer
frente al 'mobbing': la firme resistencia de la verdad"
9 de marzo de 1928. Christine Collins
(Angelina Jolie) es una eficaz supervisora de un equipo de operadoras de la
Pacific Telephone. Abandonada por su marido al nacer su hijo hace siete años,
el niño espera en casa a la vuelta del colegio hasta que su madre acaba su
jornada laboral. Sin embargo en tal día Christine comprueba al regresar del
trabajo que su hijo -Walter Collins- ha desaparecido y lo denuncia al
Departamento de Policía de Los Angeles (LAPD), sin conocer el grado de
corrupción e ineficacia de dicha organización.
El Puntazo (Editorial de LA RAZON)
Más candidaturas
a los Goya que espectadores
Es notorio que el cine español demuestra
más habilidad en lograr subvenciones que en atraer espectadores. Las cifras de
este año serían para echar el cierre si este negocio se ajustara a la ley de la
oferta y la demanda y no a intereses cejijuntos. Pero es que, además, nuestros
incomprendidos cineastas están convencidos de que lo suyo es Arte con
mayúsculas, la expresión más sublime de toda la historia de la cinematografía.
O sea, la pera limonera, y si los españoles no van a ver sus genialidades, que
se fastidien. Resulta gracioso que haya largometrajes que casi tengan más
candidaturas a los Goya que espectadores. Por ejemplo, «Camino» tiene 7
candidaturas y 190.827 espectadores; «Sólo quiero caminar», que ha sido vista
por 173.703 personas, opta a 11 galardones; y «Los girasoles ciegos», que
aspira a 15 goyas por haber destrozado la magnífica novela de Alberto Méndez,
ha vendido 655.000 entradas.
EL INTERCAMBIO
Los ogros
que acechan a los niños
Desde que Clint Eastwood, este director en
posesión de esa cosa tan simultáneamente fácil y difícil de concretar llamada
clasicismo, nos demostrara en la extraordinaria Bird su capacidad para hacer
reales, emotivas y profundas las zonas de luz -pero sobre todo de sombra- de
gente perdurablemente herida, cada una de sus crónicas ha despertado unas
expectativas notables en los paladares selectivos, aunque, como certificara un
espíritu muy racional, nadie puede ser sublime ininterrumpidamente. La menos
inspirada de las películas de Eastwood es como poco interesante, y cuando le
acompaña el estado de gracia es capaz de parir incontestables obras maestras
como Sin perdon, Un mundo perfecto, Los puentes de Madison, Mystic river y
Million dollar baby. Saltando de un género a otro con poderosa personalidad y
consciente de que el lenguaje de la cámara y el arte de contar historias no
tiene secretos para él, el mejor cine de Eastwood se alimenta de guiones con
cuerpo y alma, guiones ajenos ya que él no los escribe ni los firma, pero a los
que transparentemente integra en su universo y los dota de complejidad.
EL INTERCAMBIO Calificación:
★★★★
El punto de mira de Clint Eastwood es único
en estos tiempos, y su cine no es comparable a ningún otro de las últimas
décadas. Se suele decir: Eastwood hace un cine clásico, y ya con eso nos
quedamos más tranquilos y satisfechos. Y esa singularidad de su modo de mirar
es tanto ética como estética, y de sus películas nunca saltan pensamientos
fáciles, o hechos, o correctos... En fin, en su modo de pensar, de mirar y de
plasmar hay riesgo auténtico (no eso estéril, pretencioso e inocuo que a veces
se confunde con el riesgo), lo cual debiera de contradecirse con el hecho de
que, en efecto, su modo de hacer cine, de narrarlo, podría considerarse
clásico.
EL INTERCAMBIO Calificación:
★★★★ (Sobre cuatro)
Cumplió 78 años el pasado 31 de mayo, poco
después de haber presentado El intercambio en el Festival de Cannes, pero la
edad ha convertido a Clint Eastwood en cineasta infatigable y por encima de la
norma. El próximo 20 de febrero se estrenará aquí su nueva película como
director, Gran Torino, la última -según ha anunciado- en la que también
interviene como actor, y pronto hará realidad la promesa que le hizo a Morgan
Freeman (su compañero de reparto en la extraordinaria Million dollar baby):
filmar un biopic de Nelson Mandela.
COMO EN CASA EN NINGÚN SITIO
En The king of Kong, el documental que le
reveló como talento a seguir, Seth Gordon esbozaba algo parecido a una épica
degradada para tiempos antiépicos: el universo de las máquinas recreativas se
convertía en el escenario del titánico duelo entre un tipo empeñado en batir el
récord mundial de puntuaciones en el juego Donkey Kong y un legendario jugador
que se empeñaba en no ser expulsado del podio. Gordon ha pasado del documental
al cine de ficción -y, al mismo tiempo, de la independencia a la primera
división de los grandes estudios- con lo que sobre el papel -y en buena parte
de su metraje- se plantea como una estimulante vuelta de tuerca, en clave
cínica, a la comedia navideña. Lamentablemente, Como en casa en ningún sitio
tiene tiempo de transformarse, a pesar de su conciso metraje, en una comedia
navideña de fondo convencional y risas ahogadas en la mermelada del mensaje. En
otras palabras, Seth Gordon podría haber hecho la película de Navidad para el
espectador que odia las películas de Navidad: el resultado final combina una
eficaz dinámica cómica -que contempla las celebraciones familiares como
perfecto escenario para la humillación tronchante- con ese fastidioso punto de
giro que interrumpe la diversión para forzar la moraleja. El director de un
documental heterodoxo ha mejorado su estatus convirtiéndose en convencional
director de comedias engañosamente atrevidas: la buena noticia es que, hasta
que las cosas se tuercen, la propuesta resulta francamente hilarante.
COMO EN CASA EN NINGÚN SITIO
Calificación: ★★
¿Qué nos atrae? El desparpajo, la frescura,
la originalidad, la trasgresión inocente de las reglas sociales, los jetas
simpáticos, el salirse de la raya... De todo eso -más la explosión desenfadada
de unos cuantos tarados reflejados en unos «sketchs» ingeniosos, marginados en
sí mismos- nos ofrece Seth Gordon durante casi una hora de proyección. Así que
de una película en apariencia inerme, la clásica tontada norteamericana, se
empieza uno a creer cosas y, sobre todo, se empieza a caminar hacia un mundo
surrealista formado por una serie de familias partidas a cual más
descerebradas. Se consigue así entrar en la cabeza alborotada de unos
personajes pintorescos, absurdos e irreales.
COMO EN CASA EN NINGÚN SITIO
Calificación: ★ (Sobre cuatro)
A través de cuatro actos (las breves
visitas de una pareja a cada uno de sus divorciados padres y sus
correspondientes proles durante Navidad), esta comedia pretende desmontar la
dicha de estas fechas señaladas, pero el veneno acaba escaseando en la misma
proporción que aumenta el almíbar al final. Con todo, hay episodios
chispeantes: el de Duvall y sus salvajes hijos o el juego de mesa en el hogar
de Sissy Spacek.
DI QUE SÍ Calificación:
★★
Jim Carrey es un tipo de cómico que trabaja
en un trampolín y al borde del precipicio y no es raro que muchos consideren
que se despeña constantemente y que otros tantos, en cambio, admiren su
pericia, su valor y su desprecio al miedo (al ridículo). Dicho de otro modo: es
tan fácil reírse con Jim Carrey como que te brote un sarpullido, pero, de un
modo o del otro, él son sus películas. Y en todas ellas, por cierto, encarna a
personajes imposibles, que se convierten en Dios, o en alguien que no puede
mentir o, como ahora, en un tipo extravagante que sólo puede decir «sí».
DI QUE SÍ Calificación:
★ (Sobre cuatro)
Al parecer, tras la fracasada El número 23,
Carrey ha decidido volver al terreno de la comicidad gestual, repitiendo la
fórmula de Mentiroso compulsivo (ahí no podía mentir, aquí no puede decir no a
nada), que deriva en una orgiástica exhibición de acrobacias faciales y
corporales. El filme es divertido, pero una vez más se echa en falta que los
exhibidores, con el pago de la entrada, no nos den un sonajero.
PROTEGIDOS POR SU ENEMIGO
Calificación: ★★
El errático rumbo que venía siguiendo la
carrera del antaño prometedor Neil LaBute no se endereza precisamente con esta
nueva obra. Lejos de los viciosos pero ajustados retratos de la guerra de los
sexos que labraron su fama (como su debut, «In the company of men»), nos
entrega ahora un thriller convencional; y el dramaturgo heredero de Mamet
devenido en cineasta en esta ocasión no se molesta siquiera en firmar el guión.
La guerra que narra aquí es entre razas y de aquí proceden los apuntes más
interesantes de la función, si bien luego se diluyen en la proverbial trama de
suspense y violencia. El racista es un policía negro que interpreta Samuel L.
Jackson, lejos de los excesos de su «Shaft» pero sin molestarse tampoco más que
en poner el piloto automático. El objeto de su intolerancia es el matrimonio
mixto que se muda a la casa de al lado, en especial el marido blanco al que le
afea enseguida que no va a hacerse más negro por escuchar música rap. La cosa
no queda ahí, claro, y la escalada de acoso y derribo del policía se nos
explica enseguida, lo han adivinado, porque tiene un trauma. Nada más que
reseñar más allá de la pura mecánica del género de combustión lenta. Sirve para
pasar el rato, pero sólo un rato: la verdad es que esperábamos, todavía, más de
La Bute.
PROTEGIDOS POR SU ENEMIGO
Durante un tiempo Neil LaBute estuvo muy
cerca de ser el heredero natural de David Mamet. Con las excelentes In the
company of men (1997) y Amigos y vecinos (1998), el hasta entonces dramaturgo
se presentó a la audiencia cinematográfica como un autor vitriólico, cargado de
cinismo y con una perturbadora visión acerca del género humano y sus relaciones
de poder (sexual, afectivo, laboral, social...). Sin embargo, como queriéndose
apartar de sus orígenes teatrales, de su lugar natural, LaBute fue convirtiendo
en esporádicas las adaptaciones a la pantalla de sus propias obras (tan sólo
Por amor al arte, de 2003) y acercándose a una suerte de cine de género,
recubierto de un halo de autor, más impersonal de lo deseable. Así, después de
insuflar frialdad en la volcánica Posesión, sensacional novela de A. S. Byatt,
y de realizar un innecesario remake de la tan extraña como inquietante Wicker
man, LaBute se acerca ahora al thriller psicológico con Protegidos por su
enemigo.
PROTEGIDOS POR SU ENEMIGO
Calificación: ★ (Sobre cuatro)
El ácido LaBute de En compañía de hombres y
Amigos y vecinos ya nada tiene que ver con el domesticado fabricante de
productos de consumo como el remake de Wicker man o este thriller psicológico
en torno al enfrentamiento entre una pareja recién llegada a una zona
residencial y su vecino policía, un ogro con la azotea averiada y los rasgos
felinos de Jackson. La tensión avanza a ritmo de caracol y no motiva.
LA SOMBRA DEL ICEBERG
Calificación: ★★★
«What´s wrong with this picture?», cantaba Van
Morrison dejando escapar una impensable carcajadita en mitad de la grabación. Y
esa misma pregunta, con nota irónica incluida, se la hacen Doménech y
Riebenbauer con «El miliciano muerto», icono bélico universal cuya concepción
sigue siendo un enigma incluso con el reciente descubrimiento de miles de
negativos de Robert Capa. Vertebrado a través de las «W» periodísticas, el
trabajo es un estupendo, innovador y apasionante rastreo de tal «expediente X»
(de hecho, el testimonio de un forense es el más desmitificador). Al final, lo
que menos importa es si la foto fue un posado, como la banderita de Iwo Jima.
Lo que más, su permanencia en la memoria colectiva 70 años después y el
homenaje a un bando aquejado de olvido y a un artista enfermo de inmortalidad.
EL VALIENTE DESPEREAUX
Calificación: ★★★
Aunque la ratonera animada ya estaba como
el metro de Tokio, la epopeya de este Topo Gigio con orejas de Dumbo se ha
colado por la puerta grande gracias a un prodigioso diseño de escenarios
«aflamencado», un argumento plagado de codazos clásicos, un mensaje heroico y
algunos detalles sorprendentes (ese ayudante de cocina recién salido de un
cuadro de Arcimboldo). Pulgar y medio arriba.
EL VALIENTE DESPEREAUX
Calificación: ★ (Sobre cuatro)
Aunque se inspira en un cuento de Kate Di
Camillo, la correspondencia entre alta cocina y ratones hace pensar en
Ratatouille, y el organizado submundo donde viven los roedores, en Ratónpolis.
Vivimos una frenética moda ratonil en animación: siete días después del
ratoncito Pérez, he aquí el aguerrido Despereaux, en un lujoso envoltorio de
época, con ideas no desdeñables (esa criatura hecha de vegetales) pero un desarrollo
cansino, sin punch.
ESTÓMAGO
A pesar de estar directamente relacionada
con la comida, la palabra estómago suele estar más condicionada por la
problemática de las posteriores digestiones que por las delicias culinarias
previas al ejercicio del órgano en cuestión. Por eso el término se ajusta de
forma tan perfecta a las interioridades de esta película. Estómago, debut en el
largometraje del brasileño Marcos Jorge, pretende provocar una indigestión en
toda regla, basándose en la ascensión social de un joven de pocas luces pero
innegable talento para manejarse entre las cuatro esquinas de una cocina, desde
la más moderna y equipada hasta la más cochambrosa.
ESTÓMAGO Calificación:
★★★
Comedia
visceral, drama austral
Reza el dicho que a los hombres se los gana
por el estómago y esta película, de título explícito, viene a ser su
confirmación. En la cinta, un paria semianalfabeto llega a la gran ciudad en
busca del «gran sueño brasileño», si acaso existe tal cosa fuera de las canchas
de fútbol y las pasarelas. Raimundo Nonato encuentra cobijo en un bar, donde
trabajará como un esclavo a cambio de comida y un jergón. En un montaje
paralelo, vemos cómo el protagonista (impresionante Joao Miguel, quien más que
un actor parece un «nordestino» de verdad) sobrevive en la cárcel de la misma
con las mismas armas que en su prisión exterior, merced a su talento como
cocinero. Estamos pues ante un filme gastronómico, en el que los platos
desfilan apetitosos y humeantes ante nuestros ojos, un recurso del que el cine
no se cansa de extraer exquisitos manjares. Nos encontramos también ante un
drama de intriga, entreverado de crítica social, que resuelve a fuego lento el
misterio de por qué un hombre tan sencillo acaba en el talego.
ESTÓMAGO Calificación:
★★★ (Sobre cuatro)
La gastronomía como representación de la sociedad
ha proporcionado atracones de buen cine. De La grande bouffe a Comer, beber,
amar o El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante. A partir de un don nadie
que oculta grandes dotes para la alta cocina, Marcos Jorge estructura una
malévola, cómica y también trágica metáfora sobre la gastronomía, el sexo y las
desmedidas ansias de poder, todo ello aliñado con atinadas dosis de cinismo.
Una película muy bien cocinada en su ajustada mezcla de géneros.
Crítica de Cine
"Don Juan" (Don Giovanni) de Joseph Losey
«Mozart, en realidad, no necesita de ningún
teatro (...) Pueden ustedes representar sus obras en un granero y sin
decorados, pues causará la misma impresión que con la más brillante puesta en
escena.» (Karl Böhm)
Una
obra de arte puede ser una empresa individual o colectiva. Este Don Giovanni
«concebido» (?) por el administrador saliente de la Opera parisina, Rolf
Liebermann, es simplemente un «paquete»: igual que para lograr una película
taquillera se coge un best-seller, un par de «estrellas», un buen equipo
técnico y un realizador sumiso y eficiente, cuando la Gaumont decide producir
un film «de prestigio» elige una obra maestra de la música -basada, además, en
un mito literario universal-, contrata a los solistas de moda en la última
temporada y a un director que -sin ser un especialista en Mozart- tiene buena
reputación crítica y abundante discografía, y encomienda la puesta en escena y
su filmación a los prestigiosos Frantz Salieri y Joseph Losey; por si no
bastase con el decorador Alexandre Trauner, recurre a la arquitectura de
Palladio, sin preocuparse demasiado de los dos siglos que le separan de Mozart
ni de que Don Giovanni tenga España por escenario. Con tantos y tan abrumadores
«fichajes», a ver quién se atreve a poner pegas a la idea, que encima se
presenta -demagógicamente- como una tentativa de «democratizar» la ópera y
ponerla al alcance de las «masas ignorantes».