--- En clubdeestrategiaytactica@yahoogroups.com, jesusjolivares
<no_reply@...> escribió:
>
> Veamos, busco información sobre varios temas (libros, revistas,
> páginas webs, reglamentos...)
>
> 1) La campaña de la armada invencible
> 2) La batalla de Lepanto
> 3) La guerra naval en el siglo XVI y XVII
>
> Alguien puede ayudarme?
>
Para las dos primeras con poner "La armada invencible" y "La batalla
de Lepanto" en Google te sale un montón de información. En las
entradas de la Wikipedia tienes información a patadas.
Para el tercer punto, deberás leerte "El poderío naval español", de
David Goodman y "La batalla naval de las Dunas", de Víctor San Juan.
El primero es un historiador inglés de lo más serio; el segundo un
gran erudito pero que se podía ahorrar opiniones de lo más ofensivo
contra los ingleses, franceses y holandeses por mucho que tenga la
razón de su parte. Con estos libros se puede aprender que no existe
la deforestación española por la construcción de la Armada
Invencible, conocer que la derrota de la Serenísima es muchísimo
menor que los desastres más impresionantes de franceses e ingleses y
que tanto ingleses, franceses y holandeses ganaron en el terreno de
la propaganda mucho más que en el de la realidad.
Añadir a estos libros el de "Trafalgar y el conflicto naval anglo-
español del siglo XVIII", de Agustín Ramón Rodríguez González. Que te
demostrará que la mayoría de las cosas que dicen los ingleses sobre
los marinos españoles son memeces de gran calibre (y no estoy siendo
partidista español en este caso, porque los ingleses han mentido más
que lo que uno se puede creer diciendo incluso que ganaron guerras
que perdieron flagrantemente).
Con estos tres libros tendrías cubierto todo el período desde que
comenzaron a llegar flotas del oro hasta Trafalgar en el que la
Armada más efectiva de todas en esa época y sobre todo en marinería y
navegación fue la española, aunque tocada en el XVIII y con menos
recursos pero con grandes éxitos que los ingleses no llegaron a soñar
ni realizar jamás (y, por contra, chapuzas de gran calibre unas
cuantas).
Y para disfrute de los suscriptores (y en especial Crisanto, me
imagino), copio aquí el apartado de la Wikipedia sobre las
tergiversaciones más comunes de lo que ocurrió con la Armada
Invencible. Por todo lo que he leído es cierto, punto por punto...
aunque olvida otro desembarco español en Irlanda y que en el siglo
XIV una flota castellana asoló Londres.
Tergiversaciones históricas
Quizá la primera y la más extendida de las tergiversaciones que
sucedieron al desastre de la Armada, es precisamente la de traducir
dicho desastre en una victoria militar inglesa.
El abandono de la pretensión de invadir Inglaterra por parte de la
Grande y Felicísima Armada, se debe atribuir, principalmente a la
muerte (probablemente envenenado por agentes ingleses) del genial
almirante que había diseñado la Armada y que estaba destinado a
mandarla, Don Álvaro de Bazán, y a la imposibilidad de utilizar
libremente los puertos de Flandes, debido al levantamiento contra el
dominio español de aquella zona.
La afirmación carente de base y comúnmente aceptada incluso en España
hasta fechas recientes, de que la Gran Armada estaba formada
por «navíos muy pesados, que habían sido derrotados por los navíos
ingleses mucho más ligeros y con cañones de más alcance» ha sido
calificada recientemente por diversos historiadores como un absurdo,
ya que la flota fue diseñada por uno de los más notables marinos que
hubiese dado España, vencedor de la batalla de Lepanto, la batalla de
la Isla Terceira, y experto en el combate naval oceánico. Diversos
historiadores navales militares afirman que en principio, la Grande y
Felicísima Armada estaba perfectamente concebida y diseñada para el
propósito que se le había encomendado.
La Gran Armada, tuvo en todo momento una flota inglesa de barcos más
ligeros precediéndola, cuya misión era informar a la Corona Inglesa
de las evoluciones de aquella enorme fuerza de invasión. Fueron
precisamente las tripulaciones de esta pequeña y audaz flota inglesa,
las que añadieron el apelativo de «Invencible» a la Gran Armada. Así
pues, en sus inicios, el adjetivo de «Invencible» no tenía las
connotaciones irónicas que la leyenda negra española le ha añadido
con posterioridad.
Parece ser que, en efecto, los barcos españoles eran de gran porte y
peso, precisamente para obtener una mayor estabilidad de navegación y
por consiguiente, mayor precisión en el tiro, cualidades muy
adecuadas para el combate naval en las turbulentas aguas del Canal de
la Mancha. Asimismo, los barcos estaban dotados de una artillería
especial de gran calibre, potencia y alcance, servida por los mejores
artilleros que pudieron reunirse. En efecto, la flota inglesa de
seguimiento no pudo en ningún momento acercarse a la Gran Armada para
hostilizarla o retrasar su avance. Parece lógico pensar que el
invento inglés del tiro rápido no llegaba para contrarrestar la
potencia y precisión de tiro de la flota española.
Otra idea que subsiste erróneamente, es que el fracaso de la Grande y
Felicísima Armada supuso un desastre decisivo para España, a raíz del
cual Inglaterra se consolidó como primera potencia naval, se dedicó
con total éxito e impunidad al saqueo de las flotas de Indias
españolas y sometió a todo tipo de humillaciones a la desastrada
marina española. En realidad, ocurrió justo lo contrario. Como se ha
mencionado previamente, el combate que la flota enviada por Felipe II
sostuvo con la Royal Navy fue tan solo una de las primeras
escaramuzas de una guerra intermitente que comenzó en 1585, y en la
que España terminaría por imponerse a Inglaterra en 1604. España se
recuperó muy rápidamente del desastre, y Felipe II mandó construir
una nueva flota tomando nota de las innovaciones introducidas por los
ingleses en la batalla de Las Gravelinas y aunándolas con la mayor
experiencia española en la construcción de barcos. A partir de estos
hechos y hasta el final de la guerra España derrotó a Inglaterra en
la gran mayoría de los combates librados por ambos reinos, tanto en
la mar como en tierra. Inglaterra permaneció a raíz de su
enfrentamiento con España como una potencia marítima relativamente
débil hasta mediados del siglo XVIII, cuando consiguió arrebatar el
rango de segunda potencia naval a la marina francesa.
Por otra parte, si bien es cierto que los nuevos barcos españoles
eran más ligeros que los empleados para conformar la Grande y
Felicísima Armada, esto les proporcionó una agilidad que unida a la
mejora del sistema de escolta de las flotas de Indias permitió
repeler todos los ataques de los corsarios y piratas ingleses,
holandeses y franceses con un éxito rotundo y sin precedentes. La
constatación de las grandes mejoras introducidas se deriva del hecho
de que España fue capaz de transportar con total éxito durante la
década de 1590 tres veces más cantidad de oro y plata de América que
durante las décadas anteriores. De hecho, una flota pirata inglesa al
mando de John Hawkins enviada con el objeto de capturar la flota del
tesoro española en 1590, fue totalmente derrotada por los buques de
escolta.
Otra tergiversación bastante común relativa a este episodio histórico
es la idea de que la flota inglesa era muy inferior en número de
barcos y número de cañones a la española, y que a pesar de ello, los
ingleses consiguieron con su pericia y astucia derrotar a la flota
española. Esto es absolutamente falso, ya que en realidad, los barcos
ingleses superaban en número a los españoles, a pesar de que la flota
española superaba en tonelaje a la inglesa, y la flota española era,
a priori, más poderosa. De hecho, la flota movilizada por la Royal
Navy constaba de 226 barcos, frente a los 137 que componían la Grande
y Felicísima Armada. En cuanto al número de cañones, ambas flotas
contaban aproximadamente con el mismo número total de piezas de
artillería (individualmente, los barcos españoles estaban mucho más
artillados que los ingleses).
Siguiendo con otra de las tergiversaciones más extendidas, hoy en día
es bien conocido el hecho de que los ingleses sufrieron menos bajas
que los españoles en la batalla de las Gravelinas, y que los
españoles, a su vez, sufrieron cerca de 10.000 bajas debido a un
feroz temporal que los sorprendió bordeando las costas inglesas. Un
hecho muy importante, y que al mismo tiempo es poco conocido, es que
los marinos ingleses fueron a su vez diezmados por causas ajenas al
combate, ya que unos 9.000 marineros ingleses fueron víctimas de
sendas epidemias de tifus y disentería que estallaron a bordo de los
barcos ingleses inmediatamente después del enfrentamiento con la
flota española. Además, el ambiente en Inglaterra tras la batalla
distó mucho de ser una algarabía de fervor patriótico y festejos por
el fracaso de la invasión española que la mitología popular pretende.
La realidad es que a la batalla, siguieron todo tipo de disturbios y
enfrentamientos políticos provocados por las penalidades pasadas por
los combatientes ingleses, que tardaron meses en cobrar sus sueldos
debido a que la guerra llevó al borde de la bancarrota tanto a la
corona española como a la inglesa.
La más curiosa de las tergiversaciones que implican el desastre de la
armada española de 1588, es que con frecuencia es referido por
historiadores anglosajones como un brillante ejemplo de la gran
tradición defensiva inglesa que ha impedido, desde la invasión
normanda del siglo XI, el desembarco en suelo inglés de cualquier
fuerza hostil por poderosa que fuera. En realidad esto es totalmente
falso. Obviando los fugaces desembarcos que marinos españoles
llevaron a cabo en las costas inglesas por motivos de
aprovisionamiento de urgencia, en julio de 1595 (siete años después
del desastre de la Grande y Felicísima Armada), una flota compuesta
por cuatro galeras españolas al mando de don Carlos de Amésquita, que
patrullaba en aguas inglesas, desembarcó unos 400 soldados de los
tercios en la bahía de Mount, en la península de Cornualles, al
suroeste de Inglaterra para aprovisionarse. Las milicias inglesas que
aglutinaban a varios miles de hombres, y que eran la piedra angular
de la defensa inglesa en caso de invasión de tropas españolas,
arrojaron las armas y huyeron presas del pánico. Los españoles
tomaron todo lo que necesitaban y quemaron las localidades de
Mousehole, Paul, Newlyn y todos los pueblos de los alrededores. Al
final del día, celebraron una tradicional misa católica en suelo
inglés, embarcaron de nuevo, arrojaron a todos los prisioneros por la
borda, hundieron una embarcación de la Royal Navy que les había dado
alcance y regresaron a España sin novedad, tras esquivar una flota de
guerra al mando de Francis Drake y John Hawkins que había sido
enviada para expulsarlos.