Diplomáticas
Héctor Velarde
Héctor Velarde
Ayer me dijo Juanito:
-No bien me nombraron Agregado Cultural de la Embajada en Estetin, principié a asistir a todas las recepciones diplomáticas. Después de la ultima recepción, que estuvo magnifica - ¡cuantos bocaditos! -, me acosté y soñé que los ingleses nos habían conquistado. En lugar de españoles con coraza veía a gringos con shorts. La conquista no la hacían con arcabuces sino con pulverizadores de agua de colonia mezclada con marihuana. En vez de frailes evangelizadores convincentes repartían entre Ios indios paquetitos prefabricados envueltos en celofán; cada paquetito contenía un peine, un jabón, un frasco de Sal de Frutas y una botella de whisky.
Luego no quedó ni un solo indio en el Perú. Si, si, si. .. A lo lejos, un gran letrero que decía "Inca Land" y miles de turistas que estaban leyendo libritos y salían cargados con toritos de Pucará, huacos alemanes y llamitas recién nacidas. Lima era una ciudad de madera estilo "georgian" rodeada de campos de grass donde la gente perseguía continuamente con palos, a pie o a caballo, bolitas blancas de diferentes tamaños. Santoyo y Mendocita tenían agua y desagüe. San Lorenzo no era una isla para presos, sino el Coney Island de Lima. Me ponía smoking todas las noches para comer con mi mamá. Hablábamos un ingles apretadísimo, cortito y silbando las eses. Yo cantaba todos los domingos en la iglesia con una voz de flauta que nadie me conocía. Éramos muy importantes en la ONU y las autoridades quemaron todos los ómnibus y colectivos de la ciudad por respeto al Commonwealth. En el cerro de San Cristóbal se hacía ski con nieve artificial, y el Rimac estaba cruzado por lanchitas y puentes. Los sábados se veían en las orillas floridas del río, familias enteras pescando camarones con dispositivos eléctricos. Las gringas daban fiestas envueltas en mantos de Paracas y con tonguitos puneños. Se organizaban conciertos de mil doscientas quenas de latón de corneta. En Chorrillos se fabricaban locomotoras y Torre Tagle era de estilo Tudor. Los estudiantes usaban tarro y saquito corto de torero. A Santa Rosa se la consideraba como a una célebre enfermera nativa. Se mascaba chicle de coca. En Talara estaban los rascacielos y el desierto de Ica servía para explosiones atómicas.
Nadie se robaba el pan y la leche que dejaban en las puertas de calle. Miss Dolores, que era toda una señora, no podía recibirme en su cuarto del Hotel Queen of Chucuito si no tenia una salita al lado. Dejé de verla. Comíamos anticuchos con salsa dulce de porridge. Se exterminaron los suerteros, la rabia y las pulgas. Todas las tapas de desagüe estaban en su sitio. EI guano para jardines privados se vendía en botellitas que se confundían con las de mostaza. Las estatuas de Bolívar y San Martín me parecían extrañísimas; estaban con peluca blanca y calzoncito corto. Todos los premios en las exposiciones caninas, que eran grandes acontecimientos sociales, se los llevaban los perros chinos. Al gallinazo lo cruzaron con gallinitas escocesas "whitebottom", lo que dio una raza de ametralladoras de huevos largos y verdosos que constituían una de las grandes industrias coloniales. Por decirle un piropo a una gringa en la calle casi me linchan. (yo soy medio zambito). Corría, Coria, corría, y me perseguían unos cowboys con sogas para ahorcarme, hasta que me caí de la cama.
-Te golpeaste?
-No -me dijo Juanito-, me acosté de nuevo, pensé en la recepción diplomática y seguí soñando. El Nuevo Mundo había descubierto al Viejo. Las tres carabelas eran la "Coya", la "Yunga" y la "Kantuta". AI puerto de Palos lo dominaron con piedras. La honda era un arma secreta para los españoles. Un Inca ejecutó a Carlos V en Toledo después de exigirle, para salvarle la vida, doscientos treinta bargueños llenecitos de chucherías occidentales. El culto del sol dominó prácticamente porque los españoles ya los tenían en parte (sol y sombra). Las catedrales góticas estaban adornadas con motivos mochicas y había una escuela chachapoyana de pintura en Córdoba. Se comía cuy de Alicante y olluquitos a la sevillana. Asistí a un deporte rarísimo en Sierra Morena: rodaderos incaicos y toros sueltos. La suerte consistía en escapar del toro rodando o hacer rodar al toro con un quite. Se bailaba con unos pasitos entre fandanguillo y huayno. El cante jondo adquiría una tristeza de partir el alma. Brillaban grandes familias coloniales en Madrid; los marqueses de Tambo Yuca, los duques de Chasqui-Chasco, los condes de Caxa-Vicuña, los de la Quinua, los de la Jora y los del Algodón, con un celebre lema: "Do scupit llama non scupit godus". Mientras gobernaban en Aranjuez suspiraban por la madre patria: el valle de Huatanay. Los indios introdujeron a los negros en España lo que produjo una raza de zambitas de rechupete y un baile llamado el "oletamtam", especie de jota aragonesa acongada. Por último dieron la Ley de Europas para proteger a los blancos. Después de esto, recuerdo que un indio de Andahuaylas declaró la independencia de España en la Plaza Mayor de Valladolid. Los españoles se quedaron encantados hablando quechua y en plena democracia.
Lo curioso es que pasé de esta visión extraña a otra visión aun mas extraña: nos había invadido una inmensa inmigración escandinava. Me bañaba en la playa de la Herradura y contemplaba a todas mis amistades calatitas pero sin pecado original; habían crecido, estaban rubionas y tenían una expresión llena de bondad. De pronto me despertó un estornudo. Estaba destapado y tupido. Quise seguir soñando pero entró gritando Alfonsina, la chola frescachona que me cuida: "¡Pronto, pronto, señorcito, que ya están dando de nuevo en la radio El Derecho de Nacer!" Y con Alfonsina, la negra Tula, que me dio de mamar cuando era chico, y una suiza que vive en los altos, oímos, gracias a la radio, una vez mas, la historia de ternura y pecado sudamericano mas estirada y desesperada del mundo en la mas maravillosa de las tierras.
- Y cuando te vas a Estetin?
-Falta mucho todavía -me contestó Juanito-, esta noche dan un baile en la Embajada de Pakistán.
fuente:
Antología humorística
Héctor Velarde
Lima: PEISA, 1973, p. 89
Héctor Velarde
Lima: PEISA, 1973, p. 89
Chirapaq - Centro de Documentación
http://www.chirapaq.org.pe/htm/cendocset.htm
http://www.chirapaq.org.pe/htm/cendocset.htm