CURSO DE RUNA SIMI EN LINEA:
Perú: ¿Runasimita rimanquichu? - ¿Hablas quechua?
(Por Hildegard Willer)
Quechua continúa perdiendo espacio frente al castellano.
(Por Hildegard Willer)
Quechua continúa perdiendo espacio frente al castellano.
En agosto del 2006 el idioma quechua se volvió a sentir con fuerza en Lima, región donde los lingüistas datan su nacimiento hace 2,000 años. Fue durante la juramentación de los parlamentarios electos en el Congreso.
Las congresistas Hilaria Supa y María Sumire, ambas del departamento surandino del Cusco, juramentaron en quechua, su lengua nativa y además idioma oficial peruano en las zonas donde predomina. Sin embargo, la legisladora Martha Hildebrandt -lingüista y autoridad autonombrada para el castellano correcto- no les aceptó el juramento y quiso obligarlas a hablar en castellano. La opinión pública reaccionó apoyando mayoritariamente a las dos congresistas cusqueñas.
¿Será que el quechua, que durante siglos y hasta hace muy poco en el Perú fue considerado como una lengua inferior y vergonzante, por fin está reconquistando el espacio público que merece? Según los estudios actuales, el quechua, o “runasimi”, nació en la región central del Perú y se expandió como lengua franca en todo el imperio incaico hasta el siglo XVI. Hoy se habla quechua o quichua en Bolivia, Ecuador, Perú y algunas zonas de Argentina y Chile.
En el fondo no se trata de una sola lengua, sino de un conjunto de dialectos que varían según la región. Sólo en el Perú existen siete variantes del quechua, siendo la del sur -Ayacucho y Cusco- la más generalizada. Unos tres millones de peruanos hablarían el quechua -un 16% de la población peruana- según el censo de 1993. Sin embargo, esta minoría lingüística pasa casi inadvertida porque vive en pueblito alejados, es indígena y está compuesta en gran parte por mujeres.
»»Idioma (extra)oficial.- A pesar de que el quechua es un idioma oficial en el Perú, uno puede vivir toda su vida en el Perú y nunca siquiera escuchar el quechua. No sólo en Lima, sino también en las zonas quechuahablantes del sur. Casi no hay lugar con letreros bilingües; no existen periódicos en quechua ni canales de televisión. Para escuchar el quechua hay que ir a los pueblos y comunidades del Cusco y de Puno, o ir a los mercados de las ciudades del centro y sur andinos.
Historias como las de Natividad Mamani y de su hija Sonia Luque, residentes de Juliaca, en el departamento surandino de Puno, son típicas. Cuanto más joven y más urbano se es, menos se habla el quechua. “He nacido en el campo y he aprendido el castellano recién a los ocho años”, dice Mamani, de 44 años. “Hoy vivo en Juliaca, hablo los dos idiomas; hablo quechua con mi esposo, y quechua y castellano con mis hijos”.
Luque es una profesora de 21 años. “Entiendo el quechua perfectamente, pero no lo hablo bien”, dice. A veces lo habla con amigos de confianza, pero en su actual trabajo como profesora en un colegio particular en Juliaca no lo necesita. “Los chicos prefieren estudiar el inglés”, dice. El ejemplo de Luque demuestra que cuanto mejor se aprende el castellano, más se deja de hablar el quechua.
Los 60 estudiantes matriculados en los cursos de quechua de la Universidad San Antonio Abad en el Cusco constituyen una excepción. En la pared del salón está la tabla con el sistema fonético del quechua. La mayoría de los alumnos tienen nociones de quechua, pero en muchos casos sus padres no les han querido enseñar por miedo a que sus hijos sean discriminados por ello. Esta discriminación ha disminuido últimamente y ha dado espacio a un suave renacimiento de la lengua quechua, dicen los alumnos del salón.
“Estudio el quechua porque me da vergüenza no saberlo viviendo donde vivo”, contesta una joven estudiante de enfermería. “Además he trabajado en postas de salud en comunidades lejanas y sé cómo es no saber quechua”. Como ella, la mayoría de sus compañeros son educadores, enfermeros o abogados que necesitan el quechua para su trabajo.
»»Política precaria.- Sin embargo, la política del Estado para promover el bilingüismo es muy precaria. En apenas cinco institutos pedagógicos del Perú se forman profesores bilingües. Además el Ministerio de Educación ofrece cursos de capacitación para docentes que ya ejercen. Ana María Mamani trabaja como especialista en quechua en la Dirección de Educación Bilingüe dentro del Ministerio de Educación en Lima.
Mamani admite que su tarea es como remar contra la corriente. Además de la resistencia de los padres de familia y de los mismos docentes -que todavía asocian el quechua con la discriminación- falta también una enérgica decisión política para promover el bilingüismo castellano-quechua en el Perú.
Rodolfo Cerrón-Palomino ya no tiene ilusiones al respecto. En sus más de 30 años de investigación y docencia, el especialista en lingüística andina de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) ha visto todo tipo de proyectos para fomentar el quechua. Todos, dice, han fallado o tenido un impacto limitado.
“Los políticos andinos no tienen un compromiso con el quechua”, dice. Para revertir la situación se necesitaría una verdadera revolución cultural, y una estandarización de las distintas variantes del quechua que todavía son materia de disputa entre lingüistas. Pero la realidad ya ha superado las disputas entre académicos. “Los niños en las zonas quechuahablantes hablan cada vez menos el quechua”, asegura Cerrón Palomino.
“En cada hogar donde los padres no transmiten el quechua, se está matando la lengua”. Pero, ¿qué perdería el Perú si ya no se hablara el quechua? Perdería la clave para acceder a una historia y una cosmovisión andina distinta de la occidental. “Perder una lengua es como perder el alma”, dice Cerrón-Palomino•
Las congresistas Hilaria Supa y María Sumire, ambas del departamento surandino del Cusco, juramentaron en quechua, su lengua nativa y además idioma oficial peruano en las zonas donde predomina. Sin embargo, la legisladora Martha Hildebrandt -lingüista y autoridad autonombrada para el castellano correcto- no les aceptó el juramento y quiso obligarlas a hablar en castellano. La opinión pública reaccionó apoyando mayoritariamente a las dos congresistas cusqueñas.
¿Será que el quechua, que durante siglos y hasta hace muy poco en el Perú fue considerado como una lengua inferior y vergonzante, por fin está reconquistando el espacio público que merece? Según los estudios actuales, el quechua, o “runasimi”, nació en la región central del Perú y se expandió como lengua franca en todo el imperio incaico hasta el siglo XVI. Hoy se habla quechua o quichua en Bolivia, Ecuador, Perú y algunas zonas de Argentina y Chile.
En el fondo no se trata de una sola lengua, sino de un conjunto de dialectos que varían según la región. Sólo en el Perú existen siete variantes del quechua, siendo la del sur -Ayacucho y Cusco- la más generalizada. Unos tres millones de peruanos hablarían el quechua -un 16% de la población peruana- según el censo de 1993. Sin embargo, esta minoría lingüística pasa casi inadvertida porque vive en pueblito alejados, es indígena y está compuesta en gran parte por mujeres.
»»Idioma (extra)oficial.- A pesar de que el quechua es un idioma oficial en el Perú, uno puede vivir toda su vida en el Perú y nunca siquiera escuchar el quechua. No sólo en Lima, sino también en las zonas quechuahablantes del sur. Casi no hay lugar con letreros bilingües; no existen periódicos en quechua ni canales de televisión. Para escuchar el quechua hay que ir a los pueblos y comunidades del Cusco y de Puno, o ir a los mercados de las ciudades del centro y sur andinos.
Historias como las de Natividad Mamani y de su hija Sonia Luque, residentes de Juliaca, en el departamento surandino de Puno, son típicas. Cuanto más joven y más urbano se es, menos se habla el quechua. “He nacido en el campo y he aprendido el castellano recién a los ocho años”, dice Mamani, de 44 años. “Hoy vivo en Juliaca, hablo los dos idiomas; hablo quechua con mi esposo, y quechua y castellano con mis hijos”.
Luque es una profesora de 21 años. “Entiendo el quechua perfectamente, pero no lo hablo bien”, dice. A veces lo habla con amigos de confianza, pero en su actual trabajo como profesora en un colegio particular en Juliaca no lo necesita. “Los chicos prefieren estudiar el inglés”, dice. El ejemplo de Luque demuestra que cuanto mejor se aprende el castellano, más se deja de hablar el quechua.
Los 60 estudiantes matriculados en los cursos de quechua de la Universidad San Antonio Abad en el Cusco constituyen una excepción. En la pared del salón está la tabla con el sistema fonético del quechua. La mayoría de los alumnos tienen nociones de quechua, pero en muchos casos sus padres no les han querido enseñar por miedo a que sus hijos sean discriminados por ello. Esta discriminación ha disminuido últimamente y ha dado espacio a un suave renacimiento de la lengua quechua, dicen los alumnos del salón.
“Estudio el quechua porque me da vergüenza no saberlo viviendo donde vivo”, contesta una joven estudiante de enfermería. “Además he trabajado en postas de salud en comunidades lejanas y sé cómo es no saber quechua”. Como ella, la mayoría de sus compañeros son educadores, enfermeros o abogados que necesitan el quechua para su trabajo.
»»Política precaria.- Sin embargo, la política del Estado para promover el bilingüismo es muy precaria. En apenas cinco institutos pedagógicos del Perú se forman profesores bilingües. Además el Ministerio de Educación ofrece cursos de capacitación para docentes que ya ejercen. Ana María Mamani trabaja como especialista en quechua en la Dirección de Educación Bilingüe dentro del Ministerio de Educación en Lima.
Mamani admite que su tarea es como remar contra la corriente. Además de la resistencia de los padres de familia y de los mismos docentes -que todavía asocian el quechua con la discriminación- falta también una enérgica decisión política para promover el bilingüismo castellano-quechua en el Perú.
Rodolfo Cerrón-Palomino ya no tiene ilusiones al respecto. En sus más de 30 años de investigación y docencia, el especialista en lingüística andina de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) ha visto todo tipo de proyectos para fomentar el quechua. Todos, dice, han fallado o tenido un impacto limitado.
“Los políticos andinos no tienen un compromiso con el quechua”, dice. Para revertir la situación se necesitaría una verdadera revolución cultural, y una estandarización de las distintas variantes del quechua que todavía son materia de disputa entre lingüistas. Pero la realidad ya ha superado las disputas entre académicos. “Los niños en las zonas quechuahablantes hablan cada vez menos el quechua”, asegura Cerrón Palomino.
“En cada hogar donde los padres no transmiten el quechua, se está matando la lengua”. Pero, ¿qué perdería el Perú si ya no se hablara el quechua? Perdería la clave para acceder a una historia y una cosmovisión andina distinta de la occidental. “Perder una lengua es como perder el alma”, dice Cerrón-Palomino•
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Chirapaq - Centro de Documentación
http://www.chirapaq.org.pe/htm/cendocset.htm
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