Es inmenso el esplendor de la persona que llega a conocer todo lo que
ocurre dentro de sí, porque siendo consciente, todo lo falso
desaparece y todo lo real se alimenta. El cambio debe surgir del
núcleo más íntimo, no de la periferia. Toda la agitación está en la
periferia; en lo profundo no hay agitación. Eres como el mar, toda
esa agitación, todas las olas chocando entre sí, sólo están en la
superficie. Pero a medida que profundices, cuanto más profundo vayas,
más calma encontrarás. En el fondo del mar no hay agitación, ni
siquiera una ola.
El estado de no-mente es el estado de lo divino. Dios no es un
pensamiento sino la experiencia de la ausencia de pensamientos. No es
un contenido mental; es la explosión que se produce cuando la mente
carece de contenidos. No es un objeto que puedas ver; es la misma
capacidad de ver. No es lo visto, sino quien ve. No es como las nubes
que se juntan en el cielo, sino como un cielo sin nubes. Es ese cielo
vacío. Cuando la conciencia no se proyecta en ningún objeto, cuando
no hay nada que ver, nada que pensar, y sólo hay vacío alrededor,
entonces uno cae sobre sí mismo. No hay lugar donde ir: uno se relaja
en su propia fuente, y esa fuente es Dios.
Para oír lo que no tiene palabras tendrás que abandonar las palabras,
porque sólo lo similar puede oír a lo similar, sólo lo similar puede
relacionarse con lo similar. Cuando te sientes junto a una flor, no
seas una persona, sé una flor. Cuando te sientes junto a un árbol, no
seas una persona, sé un árbol. Cuando te bañes en el río, no seas un
hombre, sé el río. Entonces recibes miles de señales. Y no se trata
de comunicación; es una comunión. La naturaleza habla y habla en
miles de lenguas, pero en ningún lenguaje.
Sé verdadero contigo mismo, porque tu propia verdad puede llevarte a
la verdad definitiva. La verdad de cualquier otra persona no puede
ser la tuya. Tienes una semilla dentro de ti. Sólo florecerás si esa
semilla brota y se convierte en árbol, entonces sentirás el éxtasis,
la bendición. Pero si sigues a otros, esa semilla seguirá muerta. Y
puedes acumular todos los ideales del mundo y tener mucho éxito, pero
te sentirás vacío porque nada te puede llenar; sólo la semilla,
cuando se convierta en árbol, te llenará. Sólo te sentirás pleno
cuando tu verdad haya florecido, nunca antes.
Haz las pequeñas cosas de tu vida con una conciencia relajada.
Mientras comas, come totalmente; mastica totalmente, saborea
totalmente, huele totalmente. Toca el pan, siente la textura. Huele
el pan, huele el sabor. Mastícalo, deja que se disuelva en tu ser y
permanece consciente; entonces estás meditando. Y entonces la
meditación no está separada de la vida. Cuando la meditación está
separada de la vida algo va mal. Se vuelve en contra de la vida.
Entonces uno empieza a pensar en ir a un monasterio o a una cueva del
Himalaya. Entonces uno quiere escapar de la vida, porque la vida
parece distraernos de la meditación. La vida no es una distracción,
la vida es una ocasión de meditar.
El corazón tiene razones que la razón no puede comprender. El corazón
tiene su propia dimensión de ser, que es completamente oscura para la
mente. El corazón es más elevado y más profundo que la mente; está
más allá de su alcance. Parece alocado. El amor siempre parece
alocado porque no es utilitario. La mente es utilitaria. Lo utiliza
todo para algún fin; esto es lo que significa ser utilitario. La
mente tiene un propósito y está orientada hacia un fin; lo convierte
todo en un medio. Y el amor no puede convertirse en un medio; ése es
el problema. El amor mismo es el objetivo.
El único problema que produce la tristeza, la desesperación, la ira,
la desesperanza, la ansiedad, la angustia, la desgracia, es que te
quieres librar de ellas. Ésa es la única barrera. Tendrás que vivir
con ellas. No puedes escapar. Ellas crean las situaciones en las que
podemos integrarnos y crecer. Son los desafíos de la vida. Acéptalos.
Son bendiciones disfrazadas.
Siente continuamente algo dentro de ti que es igual, pase lo que pase
en la periferia. Cuando alguien te insulte, céntrate en el punto
donde sólo lo escuchas, sin hacer nada, sin reaccionar; simplemente
escucha. Te está insultando. Y después alguien te alaba; simplemente
escucha, insulto-alabanza, honor-deshonor, simplemente escucha. Tu
periferia se alterará. Obsérvalo, no trates de cambiarlo. Míralo;
permanece profundamente centrado, mirando desde allí. Así lograrás un
desapego que no es forzado, un desapego espontáneo, natural. Y una
vez que percibas ese desapego espontáneo, nada podrá alterarte.
Para el hombre ordinario lo que dicen los demás importa demasiado,
porque no tiene nada propio. Lo que piensa de sí mismo es sólo una
colección de opiniones de otros. Siempre tiene miedo; no debe
comportarse de tal manera que pierda su reputación, su
respetabilidad. Siempre tiene miedo de la opinión pública, de lo que
dicen los demás, porque lo único que sabe de sí mismo es lo que le
dicen los demás. Si lo retiran, lo dejan desnudo. Entonces ya no sabe
quién es. No tiene ni una vaga idea de su propio ser; depende de los
demás. Pero el hombre que está en meditación no necesita las
opiniones de los demás. Se conoce a sí mismo; por eso no importa lo
que digan. Aunque todo el mundo diga algo que va en contra de su
experiencia, simplemente se reirá. Esa puede ser, como mucho, la
única respuesta. Pero no va a dar ningún paso para cambiar la opinión
de la gente. ¿Quiénes son ellos? Ni siquiera se conocen a sí mismos y
están tratando de ponerle etiquetas. Rechazará las etiquetas.
Simplemente dirá: «Soy lo que soy, y así es como voy a ser».
Cuando no hay pasado, cuando no hay futuro, sólo entonces hay paz. El
futuro significa aspiraciones, logros, objetivos, ambiciones, deseos.
No puedes estar aquí y ahora; siempre estás corriendo tras algo,
yendo a alguna parte. Uno tiene que estar totalmente presente al
presente; entonces es cuando hay paz. Y de ahí surge la renovación de
la vida, porque la vida sólo conoce un tiempo, y ese tiempo es el
presente. El pasado está muerto; el futuro sólo es una proyección del
pasado muerto. ¿Qué puedes pensar del futuro? Piensas en términos del
pasado, ya que es lo que conoces, y lo proyectas, aunque mejorado,
por supuesto. Es más hermoso, está decorado; todos los dolores han
desaparecido y sólo quedan los placeres, pero siguen siendo el
pasado. El pasado no es, el futuro no es, sólo el presente es. Estar
en el presente es estar vivo, en el óptimo, y eso es renovación.
El cielo y el infierno no son geográficos, son psicológicos, son tu
psicología. El cielo y el infierno no están al final de tu vida,
están aquí y ahora. La puerta se abre a cada momento; a cada momento
transitas entre el cielo y el infierno. Es algo que ocurre de momento
a momento, es inmediato; en un momento puedes pasar del infierno al
cielo, del cielo al infierno. El infierno y el cielo están dentro de
ti. Las puertas están muy cerca una de otra: con la mano derecha
puedes abrir una y con la izquierda puedes abrir la otra. Con un
cambio mental, todo tu ser se transforma: del cielo al infierno y del
infierno al cielo. Cuando actúas inconscientemente, sin conciencia,
estás en un infierno; cuando eres consciente, cuando actúas con plena
conciencia, estás en el cielo.
El dolor es natural; tiene que ser comprendido, tiene que ser
aceptado. Como tememos el dolor de manera natural, de manera natural
tendemos a evitarlo. De ahí que mucha gente haya evitado el corazón y
esté colgada en la cabeza, viva en la cabeza. El corazón da dolor, es
verdad, pero sólo porque puede dar placer; por eso da dolor. El
placer llega a través del dolor; la agonía es la puerta por la que
entra el éxtasis. Si uno es consciente de él, acepta el dolor como
una bendición. Entonces, de repente, la cualidad del dolor empieza a
cambiar inmediatamente. Ya no eres su antagonista, y como ya no eres
su antagonista, ya no es dolor; es un amigo. Es un fuego que te va a
limpiar. Es una transmutación, un proceso en el que lo viejo se irá y
lo nuevo llegará, en el que la mente desaparecerá y el corazón
funcionará en su totalidad. Entonces la vida es una bendición.
Cuando es por la mañana, es por la mañana. Cuando es por la tarde, es
por la tarde. No se puede elegir. Abandona la elección y te sentirás
libre en todas partes: la libertad sólo puede hallarse en la ausencia
de elección. Así, cuando eres joven, es muy hermoso, cuando eres
anciano, es muy hermoso; cuando te estás muriendo, es muy hermoso;
porque nunca estás separado de la totalidad, eres una ola del océano.
La ola del océano puede pensar en sí misma como en un individuo;
entonces vienen los problemas. La ola del mar nunca piensa que está
separada; por eso, le le lleve donde le lleve el océano, ella se deja
llevar alegremente, bailando; está muy dispuesta a seguir esa
dirección.
Te has dado cuenta alguna vez de que el presente siempre es jugoso,
el presente siempre es dichoso. La preocupación y el sufrimiento
están creados por lo que quisiste hacer en el pasado y no pudiste, o
por lo que quieres hacer en el futuro y no sabes si podrás. ¿Te has
dado cuenta alguna vez? ¿Has visto esta pequeña verdad de que en el
presente no hay sufrimiento ni preocupación?. Ésta es la razón por la
que el presente no altera la mente; es la ansiedad la que altera la
mente. En el presente no hay sufrimiento. El presente no sabe de
sufrimientos, el presente es un momento tan breve que el sufrimiento
no cabe en él. En el presente sólo cabe el cielo, no el infierno. ¡El
infierno es demasiado grande!. El presente sólo puede ser en paz,
sólo puede ser felicidad.
El pensador crea con sus pensamientos; ésta es una de las verdades
fundamentales que tienes que entender. Todo lo que experimentas es
creación tuya. Primero lo creas, después lo experimentas y después te
quedas atrapado en la experiencia, porque no sabes que la fuente de
todo está en ti.
Cuando deseas algo, tu alegría depende de ese algo. Si te lo quitan,
te sientes desgraciado; si te lo dan, te sientes feliz, pero sólo
momentáneamente. Esto también tiene que entenderse. Cuando se realiza
tu deseo, sólo sientes una alegría momentánea. Es pasajera, porque
una vez que tienes ese algo, la mente empieza a desear más, a desear
otras cosas. La mente existe en el deseo; por eso nunca puede dejarte
sin deseos. Si te quedas sin deseos, la mente muere instantáneamente.
Éste es el gran secreto de la meditación.
Desgracia sólo significa que las cosas no encajan con tus deseos; y
las cosas nunca encajan con tus deseos, no pueden hacerlo. Las cosas
simplemente siguen su naturaleza. El hombre sabio es el que se relaja
con la naturaleza de las cosas; él sigue la naturaleza de las cosas.
Y cuando sigues la naturaleza de las cosas, no lanzas ninguna sombra.
No hay desgracia. Entonces, incluso la tristeza es luminosa, incluso
la tristeza tiene su belleza. No es que la tristeza no se vaya a
presentar; se presentará, pero no será tu enemiga. Serás amigo suyo
porque verás su necesidad. Podrás ver su gracia, podrás ver por qué
está ahí y por qué es necesaria.
Osho
Con Amor.
Carlos: NAMASTE el dios que esta en mi honra al dios que este ent ti.