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LA BELLA Y NUESTRA BESTIA.   Lista de mensajes  
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LA BELLA Y NUESTRA BESTIA.

No, este
mensaje no trata de mi obra de teatro preferida, La Bella y la Bestia, sino de
una reflexión más profunda que se me ha antojado compartirte hoy... aunque
pensándolo bien, el mensaje quizá sea parecido al de la obra.

           
Me motivó hace unos minutos cuando leí una nota de un muy querido amigo mío,
conocido conferenciante norteamericano, cuando reflexionaba acerca de lo que
aprendió en estos días cuando ha pasado ya mucho tiempo con una parálisis
facial, como dice él, con media cara como de cera derritiéndose. Lo bueno es
que la abrumadora mayoría de las parálisis faciales, con el tiempo se curan y
todo vuelve a la normalidad. Pero verse media cara "bella" y media
"bestia", le dio a reflexionar y a mí también.

           
Pienso que todos nosotros tenemos nuestra etapa "bella" y nuestra
"bestia". Este viaje llamado experiencia humana, es un diseño
perfecto en tiempos para que, físicamente hablando, vivamos una etapa con un
cuerpo de características bellas y otra ya no tanto, cuestión de la edad. Pero
esa percepción ha sido única y exclusivamente por medio de nuestra
"imagen". Y lo más triste es que muchos han aprendido sólo a ver
precisamente la imagen. ¡Hasta cursos de eso hay! Pero pocos, muy pocos, han
alcanzado a ver qué hay más allá de la imagen. Incluso, lo que tú te crees por
dentro.

           
En mi caso personal, debo confesar que incluso hoy en día me sorprende que
alguien me halague o le parezca yo atractivo..., porque nunca me lo he creído
(y tengo mis razones). Viví una infancia donde -en aquel entonces-- no tenía
Nueva Conciencia y todo lo estaba aprendiendo por lo más elemental: la
superficialidad de la imagen. No estoy diciendo que eso sea bueno ni malo,
simplemente es lo más elemental, lo que de forma más sencilla captan nuestros
sentidos. Y cuando llegué al mundo y empecé a comparar con el bombardeo de la
televisión y los medios -donde en aquel entonces tampoco sabía que para salir
en televisión hay una gran selección basada en la belleza de la imagen-- pues
inconscientemente empecé a compararme viéndome a mí mismo y, en algún recóndito
lugar de mi mente concluí con una lógica abrumadora que yo no era hermoso como
las figuras que mis ojos alcanzaban a ver varias veces.

Mi padre me
llevó de viaje a lugares hermosos (con gente muy hermosa) desde que yo era muy
pequeño, y también la comparación con mi México y comigo mismo, me hacían
confirmar que lo bello, bello, bello, no era lo mío, ni lo de las partes que de
mi país conocía. Todavía recuerdo el shock de llegar a determinado país
de viaje y tener el primer contacto con la gente de allá, el primerísimo
contacto, gente que yo veía con tremenda admiración oculta en la llegada a
aquel país, en migración del aeropuerto. Altos, rubios, ojos claros, cuerpazos
que con gracia y fuerza movían su brazo y sellaban mi pasaporte y hasta ciertas
mujeres policías que veía caminar por ahí con cuerpos muy bien formados. Pero
también recuerdo mi regreso a México, también en migración, el primer contacto,
primerísimo, de los turistas en mi país. No quiero describir el tipo de gente
de migración del aeropuerto de la ciudad de México, pero sí te puedo decir que
eran -y siguen siendo--muy diferentes a lo que veía en otros países. ¿Qué
sentirá un alemán, un argentino o un americano promedio cuando llegan a
migración de México? Y si la primera impresión nunca se olvida, luego por eso
dicen de todos nosotros lo que sintieron en ese primer encuentro. Si yo fuera
algún dirigente de Relaciones Exteriores, por manejo de imagen en el lugar de
la primera impresión, para conveniencia del país, pondría en esa fila del
primer encuentro a gente con otros atributos físicos. Meramente cuestión de
conveniencia en relaciones públicas internacionales.

           
En fin, el hecho es que cuando era adolescente la imagen me empezó a convencer
de que esa era todo yo, y así también todos. No sabía nada de lo que hoy he
creado como Nueva Conciencia. Y para acabarla de amolar tuve amigos y amigas en
verdad muy guapos. Muchos de ellos modelos. Y en más de una ocasión me
pregunté: ¿Qué hago aquí con ellos? Y por supuesto que luego fui discriminado,
en cuanto empezó mi obesidad, que para colmo fue en plena etapa de secundaria
engordando en forma soberbia. Por supuesto que poco a poco no fui requerido
para estar con la "gente bonita". Empecé a tener nuevos amigos y
amigas que, no más de recordarlos, me angustia lo que hoy sé de la ley de
semejanza. ¡Cómo me habré visto yo para que me buscaran tanto!

           
La semana pasada, terminando una de mis conferencias en el norte de la
República, noté que alguien se esperó a que terminara la sesión de autógrafos y
se me acercó. Era una señora, seria, formal y con tono de voz muy decidido que
me dijo: "Dr. Ariza, disculpe, pero seré breve y concisa. He alcanzado a
escuchar que algunas personas lo quieren invitar a cenar o a platicar un
momento, pero yo no. Yo directamente vengo a invitarlo que hagamos el amor,
pero ya". Al segundo inmediato siguiente al último sonido de sus palabras
se hizo un silencio total. Sonreí. Pausa. Volví a sonreír. Otra pausa. Mi mente
hurgaba desesperada en mi acervo cultural algunas palabras para expresarlas,
pero el archivo de esas invitaciones se encontraba vacío. La señora no
bromeaba. Ella no dejaba de clavarme la mirada y yo se la mantenía, hasta que
algo salió de mi boca: "Pues lo agendamos mejor, ¿no? Estemos en
contacto". Era cuestión de decir cualquier cosa para romper el peculiar
silencio que flotaba en el aire. Me respondió: "Lo espero aquí afuera...,
o mejor le dejo mi tarjeta para que me hable. Pero que le quede claro, yo lo
amo más de lo que cualquiera de su gente le ama, incluso más que..." Y
prefirió callarse. Yo seguía sonriendo. Bueno, en fin, lo que minutos después
mi "bestia" interior se cuestionó fue: "¿Cómo le puedo gustar a
alguien a ese grado? Yo creo que a esa señora le faltan lentes".

           
Hace aproximadamente un año y medio, me encontraba en una muy relajada comida
con un amigo gay demasiado apuesto y muy pulcro. Cuando súbitamente se le
empiezan a llenar sus ojos de lágrimas, se voltea, me dirige la mirada y me
dice: "Ariza, mirándote así a los ojos, te debo confesar que me estoy
enamorando de ti...". Pelé los ojos muy discretamente, la verdad ni se
notó. Mi entrenamiento como terapeuta me ha hecho no sorprenderme de nada
nunca, y más aún gracias a Nueva Conciencia, pero mi yo de adentro estaba que
se caía de la silla. Alcancé a decir: "Te agradezco mucho el afecto, pero
la percepción que tienes es más que nada un tipo de espejismo por lo que hemos
venido platicando a últimas fechas y por lo bien que te ha hecho sentir todo lo
que has aprendido de Nueva Conciencia. Pero eso es todo". Recuerdo que esa
noche le hablé a mi alma gemela y le dije: "¡Qué crees! Te tengo un chisme
de esos de serie de televisión...". Y le platiqué el suceso. Se rió. Nos
reímos. Sin embargo, mi "bestia" interior me dijo varias veces:
"¿Qué te puede ver de atractivo a ti, al grado de enamorarse, un wey tan
apuesto como él? Entiéndelo y comprende que todos pasamos por momentos de
terrible confusión, como este pobre hombre". Ya sabes, bien motivacional
mi "bestia" interior.

           
También recuerdo cómo nos admirábamos, como nos sorprendíamos, mi alma gemela y
yo cuando llegaba a mi casa alguna niña muy guapa, novia de un amigo mío, y
todo el tiempo mientras platicábamos, se estaban ve y ve en el espejo,
arréglese y arréglese el cabello. A momentos era ya un colmo. Cuando salía de
mi casa esta guapa mujer, por supuesto que decíamos: "¡Notaste la obsesión
de estarse viendo y viendo en el espejo incluso mientras platicábamos en la
sala?" -toda una pared de mi sala es un espejo de techo a piso--. La
pregunta era retórica meramente porque cualquiera podía observar el fenómeno
narcisista. Pero luego cuando me iba a dormir, mi "bestia" me decía
al oído: "Dejen de criticar a esa mujer. Comprendan que ella sí tiene algo
que verse al espejo que den ganas de ver y ver. Y comprende que tú no quieras
verte con esa frecuencia en el espejo. Buenas noches". Otra vez, bien
motivacional mi querida bestia.

           
El caso es que nunca me he creído lo suficientemente atractivo para nadie. Mi
mente siempre ha estado en otras cosas. Pero no fue sino hasta que creé Nueva
Conciencia que la vida me subió al escenario y comprendí que todos los que
pisamos un escenario nos rodea un alo (-bendito!-) que nos hace atractivos para
algún alma perdida y no tan perdida. Y así fue que fui descubriendo que hay
algo más, una parte más profunda dentro de nosotros mismos que puede ser bella
y atraer a alguien. Mucho de esto ya lo he compartido muy extensamente en mi
libro El verdadero éxito en la vida, más allá del ego.

           
Sé perfecto de la ansiedad que muchos humanos viven por querer permanecer
atractivos, jóvenes y sexys ("hot") como para toda la vida. Aunque me
es más evidente en la mujer, ya el hombre de hoy en día no se queda atrás. Por
ejemplo, la ansiedad de la mujer por manifestar su atractivo precisamente en la
tersura de su piel ha generado miles de millones de dólares en la industria de
los cosméticos y las cirugías. Hay gran ansiedad por sentirnos atractivos para
los demás. La gente no quiere envejecer, y qué frustrante para ellos cuando la
ley inalterable de la vida es que envejeceremos, hagamos lo que hagamos,
tomemos los antioxidantes que tomemos, nos untemos la crema que sea, para allá
vamos. Entonces, la etapa "bella", de piel tersa y fina, sin la más
mínima arruga, sin grasa en la cintura y abdomen (esa etapa yo me la salté) es
una etapa biológica idealmente programada por la naturaleza para encontrar a la
pareja ideal y emprender un viaje conjunto en este mundo diseñado para parejas.
Es esa "bella" etapa de los 14 a los 28 años en donde lo sexy-hot,
jovial y fuerte, predomina. Y gusta tanto esa etapa que luego vienen los
intentos por no querer pasar de ahí, el uso constante de tennis y jeans quizá
para seguir sintiéndonos atractivos jóvenes adolescentes de 35, 48 o 60 años,
cirugías, dietas, gimnasios y un sinfín de intentos por querer mantener en
nuestro escenario la imagen bella, cuando ya empieza el turno a escena de la
bestia. De hecho, yo siempre me he preguntado si gran parte del éxito del
atractivo de un señor Jesucristo es que siempre nos lo mostraron joven, apuesto
y fuerte y para colmo sin conocerlo más allá de los 33 años. ¿Qué hubiera
pasado sociológicamente en cuanto a fenómeno de atractivo y aceptación social
si nos hubieran permitido conocer a un Jesucristo viejo, arrugado y encorvado,
muriendo naturalmente enfermo en una cama con la gente que lo quiere? Pero no,
nos lo quitaron a los 33, con la última imagen de la resurrección, albeante e
intensamente atractivo ascendiendo mágicamente al cielo con todo y cuerpo
jovial y buen talante. Y por favor querido lector, lectora, no se tome esto
como una falta de respeto, ¡no en absoluto! Si trabajo para Él y con Él. Solo
es una mera observación de un fenómeno donde la publicidad y mercadotecnia de
la imagen también podría influir incluso en el atractivo de una religión.
Todavía recuerdo parte del gran contraste que para mí era de niño ver mi gran
panza comparada con el abdomen de lavadero con los 8 cuadros bien marcados del
Cristo crucificado en la misa de todos los domingos.

           
Si tienes una burbuja biológica -más común conocida como cuerpo-- de atributos
atractivos para muchos, incluso para ti... ¡Disfrútalo! Si tu botarga te la
puso el destino genético como muy hot y sexy, y además has hecho lo necesario
para hacerla aún más hot y sexy, ¡disfrútala! Y por qué te digo esto.
Por lo efímero que será, dure lo que dure. Hagas lo que hagas se va a acabar,
entonces disfrútala, compártela (en el buen sentido). De hecho, si eres bella o
bello, tu presencia hará hermoso el lugar a donde estés en beneficio de todos
los que lo visitamos, porque lo atractivo de un lugar no es su construcción o
estilo, sino la gente que está ahí (que me disculpen mis amigos arquitectos,
pero así es). Y si no tienes una botarga muy atractiva que digamos te quiero
confesar lo que con Nueva Conciencia he aprendido a observar. Han pasado los
años y, contrariando la opinión de mi bestia, he tenido algunos amores muy
intensos, con gente demasiado hermosa, y parece que con el tiempo, donde mi
cuerpo empieza a dejar sus joviales atractivos (incluso los mínimos que me
dieron), magnetiza aún algo más... algo que la vida misma me ha hecho
atestiguar con el rigor de la evidencia:

-       Estés como
estés, tengas la botarga que te haya tocado, por pura estadística, en los
millones de habitantes del planeta que somos, allá afuera hay alguien a quien
le vas a parecer súper sexy y hot. ¡Créele! ¡Te está diciendo la verdad!
No permitas que tu bestia (que además de bestia puede ser p...) te convenza de
lo contrario.

-       Queremos ser
atractivos y sexys para toda la vida basados en nuestra imagen. Pero créeme que
podemos ser hermosos basados en nuestro espíritu. Y la gente, hasta la más
primitiva que sólo se fije en la imagen, se siente muy atraída por un espíritu
noble.

-       Claramente
existe la opción de ser intensamente atractivos más por nuestra capacidad de
disfrute que por los rasgos de nuestro cuerpo. De esto tengo intensas
evidencias.

-       Podemos ser
"hot" tan sólo con la dicha de atrevernos a ser nuestra verdadera
esencia y mostrarla. El atrevimiento puede ser más atractivo que ningún cuerpo.

-       Una mujer sin
arrugas no la hace atractiva, sólo la hace una mujer sin arrugas. Una mujer es
atractiva, sexy y hot cuando seduce viviendo desde la pureza de su
corazón, sintiendo cómo está conectada con Dios expresando en ayuda sus
talentos.

-       Si realmente
quieres sentir un gran poder de atracción, deja de mirarte en el espejo y
empieza a observar tu alma. Ahí está tu verdadera esencia. Y cuando te atreves
a mostrar tu verdadera esencia, ahí hay más atractivo, más sex-appeal,
más hermosura, que en ningún otra manifestación de belleza física.

-       No todo lo
que brilla es oro. Y el oro de toda mina suele estar en lo más profundo de
ella, no en la parte exterior de la misma. Si brilla algo en el exterior, nunca
es garantía de ser oro puro. Las mismísimas motas de polvo cuando hay
suficiente luz, también brillan.

 

Sé que estas
reflexiones, al final de una carta, podría decir: "Firma... El Feo. Feo
pero inspirado". Pero no, la verdad no es así. Y quien alcance estas
verdades, podrá sentir y saber que no es así.

Con el tiempo, creo que no se trata de tener un
buen look. Se trata de resplandecer por belleza interior. Ésta existe
realmente. Y si tienes los dos, qué bueno.

           
Cuando vives movido por tu corazón, cuando claramente vives tu misión y
propósito existencial, tu ser de bien, dadivoso y de verdad, resplandece en
belleza y atractivo para otros muchos, incluso contra toda lógica de tu bestia.
Esto lo conozco. Y saber esto también te genera... ¡Emoción por Existir!
-Alejandro ArizA.



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Lun, 11 de Ago, 2008 8:35 pm

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LA BELLA Y NUESTRA BESTIA. No, este mensaje no trata de mi obra de teatro preferida, La Bella y la Bestia, sino de una reflexión más profunda que se me ha...
J. Carlos Fernandez
jcfdez
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11 de Ago, 2008
8:46 pm
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