Fernando Valenzuela, subdirector de Relaciones
Internacionales de la Agencia EFE
«La labor del corresponsal es profundizar en la información y en
el conocimiento de los protagonistas de la noticia»
Elena de Regoyos, Periodista Digital (30/09/04, 09.01 horas)
http://www.periodistadigital.com/boletin/object.php?o=32145
Ha cubierto muchos de los acontecimientos más importantes
de la Europa del este, ¿recuerda alguno especialmente?
Llegué a Polonia cuando aún estaba el régimen anterior, de
partido único, pero al poco tiempo se empezó a mover la
transición y a aplicar lo que querían, que era el modelo español
de transición democrática. Eso fue prácticamente nada más
llegar. Al cabo de un año, en Praga, empezó a moverse el más
inmovilista de los regímenes del este, que era el checo, con la
famosa manifestación del 17 de noviembre. Corrí kilómetros y
kilómetros, cada vez que encontraba una cabina llamaba a EFE
para contar lo que estaba pasando.
La tecnología y los medios de información han cambiado
mucho desde entonces, ¿cómo se traduce eso para un
corresponsal y su trabajo?
Desde luego que la situación de los corresponsales ha
cambiado mucho. Hubo un tiempo en que la información del
corresponsal estaba basada en los medios de comunicación
locales, a parte de las entrevistas, ruedas de prensa o noticias
de urgencia. A la prensa local hoy accedes desde Internet,
incluso antes de que salga en los papeles, por lo que la labor
del corresponsal, ahora, es profundizar en la información y en el
conocimiento de los protagonistas de la noticia. Ha cambiado
mucho, pero sigue cambiando.
¿En qué sentido?
Internet es una fuente de información nueva muy importante
para los medios. Hay mares de noticias en la red, lo que tienen
los medios, que no siempre tiene la red, es credibilidad.
¿Cree que no es creíble la información de Internet?
El problema es que la mayor parte de la información de Internet
es anónima. En medio de esta inundación informativa hace
falta información solvente, que la gente la reconoce porque lo
dice un periodista serio que si dice que está en un sitio e que
está ahí.
¿Es habitual que ocurra lo contrario? Me refiero, sobre todo, a
los corresponsales.
En esta profesión ha ocurrido muchísimas veces y seguirá
ocurriendo. Pero los corresponsales, si mienten, se les acaba
pillando.
Volviendo a los medios digitales, ¿Usted los sigue?
Muchísimo. El periódico digital de prestigio es un orientador
eficaz para cualquiera que quiera estar orientado. Sigo los
principales.
¿Se refiere a los periódicos impresos que tienen su versión en
Internet o a los que son exclusivamente digitales?
Los unos y los otros. En muchos casos recurro a Internet
porque si quiero estar informado sobre Polonia u otros países
es mucho más fácil. En otros casos recurro a la prensa digital.
¿También los confidenciales?
Menos. Algunas veces caigo en la tentación.
¿Qué futuro ve en el periodismo?
Los medios digitales tienen un futuro prometedor, pero no todas
las promesas se cumplen.
EFE en el extranjero
La red de corresponsales de EFE está disminuyendo, hay poca
gente para toda Asia o África. ¿Se pede cubrir bien esa
información así?
Tenemos la mayor red de corresponsales internacionales que
tiene ningún medio en castellano. La posición de EFE en el
mercado Iberoamericano es de liderazgo indiscutible.
¿No ha disminuido ese liderazgo tras las versiones en español
de Reuters y Europa Press?
Menos de lo que parece, porque la información dada desde el
idioma propio y una visión de cultura compartida es mucho más
cercana al lector. En América Latina el material de EFE es el
rimero al que se recurre.
¿Por qué en EFE no se firman las crónicas de los
corresponsales? ¿No daría más credibilidad y cercanía?
Las crónicas firmadas deberían tener más presencia de la que
tienen, incluso en las agencias. Además, existe esa demanda
por parte de los medios. Pero en la prensa hay modas, épocas
en las que los periódicos aparecen sembrados de firmas,
conocidas y desconocidas, y otras en las que sólo hay siglas de
agencias.
Resultará poco agradecido para un corresponsal no firmar su
trabajo, no verlo reconocido.
A todos los periodistas nos gusta muchísimo ver nuestro
nombre impreso. Hay una vieja frase en esta profesión que dice
que el periodista escribe para su abuela. Pero los agencieros
firmamos con siglas, iniciales de nuestros nombres, y en los
medios nos conocen, las mías son FVV.
Informador encamado
¿Qué la parece que EFE haya sacado a su corresponsal en
Bagdad, un lugar de gran interés informativo?
El informador encamado –el que va en el tractor militar con el
ejército que sea- es un informador muy peligroso. Al final
acabas dando la información que dejan ver, te llevan donde
quieren. Al final se crea una especie de connivencia peligrosa,
como en los autobuses de campañas electorales, donde es
difícil mantener la distancia.
¿Entonces sería mejor no llevar corresponsales a estos
lugares?
Hay que llevar corresponsales. El problema es que cuando la
situación del lugar no te garantiza ni un mínimo de seguridad de
que no van a matar al corresponsal, ante la gravedad del hecho
hay que actuar. Los periodistas somos malos, pero de ahí a ser
bellacos… El director de un medio asume una responsabilidad
con su gente, y en Bagdad es más que probable que le maten.
Las bombas hacen mucho daño, yo las he visto en Beirut, en el
Sáhara, en un montón de sitios.
¿Cómo puede seguir pensando como periodista alguien que
está tratando de huir de una explosión?
Es curioso, después de una explosión la gente corre desde el
punto de la explosión hacia fuera, pero los que tienen una
cámara –de fotos o televisión- hace el camino contrario, hacia el
lugar de la explosión. El periodista de casta sigue siendo
periodista y sigue pensando cómo va a contar la historia,
aunque parezca mentira. Incluso a veces ayuda.
¿Qué la parece la proposición no de ley que ha presentado
Izquierda Verde para que el Gobierno indemnice a la familia de
José Couso?
Todo lo que se pueda hacer por aclarar, airear y mantener
presente su historia hay que hacerlo. Es nuestro deber y
nuestra obligación, haciéndolo nos defendemos. La situación
de Julio A. Parrado y José Couso es distinta. Igual de
lamentable y dolorosa, pero una cosa es ser víctima de una
situación bélica y otra serlo de un disparo asesino.
FICHA
-Villagarcía de Arosa, 1947
-Primaria y Bachillerato en Argentina
-Licenciatura y doctorado en Filosofía y Letras en Praga
-Habla, contando el castellano y el gallego, nueve idiomas:
inglés, francés, italiano, portugués, checo, polaco y eslovaco
-Traductor de novelas: La insoportable levedad del ser, de Milan
Kundera; Trenes rigurosamente vigilados, de Bohumil Hrabal;
La hora estelar de los asesinos, de Pavel Kohout y El destino
(una ópera de Leos Janacek que se estrenó hace poco en el
Real)
-1ª promoción del master de periodismo de El País
-Entró en EFE a finales de los 80: dos años de "delegado" en
Varsovia y Praga
-Redactor jefe de El Sol, jefe de Internacional de Cinco Días y de
la Cadena Ser
-Asesor del Ministerio de Exteriores con Solana
-Regresó a EFE como "delegado" a Bolivia, casi cuatro años
-En 1999 pidió la excedencia y se dedicó a traducir y fue
corresponsal en España para la BBC en checo
-Proyecto de herramientas para periodistas en Internet
-En julio 2004 se reincorpora a EFE como subdirector de
Relaciones Internacionales
-Vicepresidente del Comité Ejecutivo internacional de la
Asociación de Periodistas Europeos