UN ALTO EN EL CAMINO
"A gritos, imploro al Señor" (salmo 142)
ALFONSO LLANO ESCOBAR, S. J.
Si seguimos el ejemplo de Jesús, pidiendo lo que conviene, dejando, por supuesto, el resultado a su voluntad, Dios nos oye.Se trata del comienzo del salmo 142 en el que David invoca, "a gritos", a Dios cuando se encontraba en una cueva, muerto de miedo, frente a su enemigo, el rey Saúl.
Son muchos los salmos que expresan con gritos la oración de los creyentes. El mismo Jesús lanzó, con un grito al Padre, su última oración en la Cruz.
Más de una vez me he preguntado: ¿Por qué habrá que gritarle a Dios para que le oiga a uno? ¿No es, acaso, Padre? ¿No, dizque (= dicen que) es omnipotente?
¿No nos insistió el mismo Jesús en que oráramos sin cesar?
De paso, recuerde que a ningún Apóstol de Jesús se le ocurrió pedirle: "Maestro: haz que me gane la 'expedición Robinson' (un concurso) de Gaza, ni se oyó la petición: "Jesús, concédeme el baloto de Sión" (una lotería), ni tampoco: "Señor, dame una docena de camellos de Arabia". ¡Qué tal! Esos antojos materiales no clasifican como peticiones a Dios. Ni el papá más rico del mundo les da a sus hijos todo lo que le pidan. ¡Cuántos papás sensatos, con excelentes resultados, han negado a sus hijos, una motocicleta, un arma o una botella de whiskey!
El hecho de que Dios sea omnipotente no nos autoriza a pedirle tonterías ni prodigios, ni objetos que estén a nuestro alcance, sin su especial intervención.
Con todo, es un hecho cierto que muchos salmos y oraciones nuestras, aun pidiendo cosas sensatas -como verse liberado de los enemigos, solución de un problema matrimonial, la salud de un ser querido- no han recibido respuesta positiva, al menos, en el sentido y con la rapidez que uno quisiera.
No sobra advertir que todo buen papá debe ser educador. De las contemplaciones no suelen salir hijos bien formados, que les hagan frente a los múltiples problemas de la vida. De eso se trata en la educación. Y Dios es el mejor educador. Bien sabe que la dilación pone a prueba la calidad de la fe y es el medio más eficaz para hacerla crecer. Aun el mejor padre se toma su tiempo para conceder los ruegos de sus hijos, máxime cuando se trata de peticiones costosas o peligrosas. ¿Acaso le basta al hijo decir: "Papá, deme un viaje al Japón" y, tiquete y visa en las manos del joven antojadizo, en menos de 24 horas? Así fuera el hijo del Bill Gates.
El mismo Jesús, con lágrimas en los ojos, pidió al Padre que lo liberara de la Pasión. Y, fue condenado a muerte y colgado en la Cruz. Y, con todo, afirma la Carta a los Hebreos, que fue escuchado 'por la forma respetuosa y obediente' con que oró. Lo cual nos revela el sentido más oculto y eficaz de la oración: el oír de Dios no siempre consiste en remover el obstáculo - hecho o persona, por ej. un cáncer para Caifás o un infarto para Pilatos-, sino en sostenernos para que no cedamos ante el mal.
Volvamos, entonces, a preguntar: ¿Por qué es tan difícil que nos oiga Dios?
Poniendo una comparación, le diría que orar de veras es un 'idioma' muy difícil de aprender. ¿Usted ha tratado, alguna vez, de aprender sánscrito o alemán?
De sobra que las comparaciones no resuelven el problema, pero ayudan.
Otra comparación. Todos sabemos lo difícil que resulta hoy día a un colombiano común y corriente conseguir la visa para entrar a USA. Y de sobra que sabemos la causa. La famita nos cayó a todos los colombianos por culpa de unos cuantos narcos y criminales. Con esta comparación -que falla, por supuesto, como toda comparación-, lo que quiero aclarar es que la 'visa' para hablar con Dios no es fácil de conseguir. Dios es Dios, y USA, a pesar de todo su poderío y sus dólares, ante Dios, no pasa de ser un soldadito de plomo, pero ante nosotros, es todo un gigante Goliat.
Una cosa es cierta: que si seguimos el ejemplo de Jesús, pidiendo lo que conviene, dejando, por supuesto, el resultado a su voluntad, Dios nos oye; a su manera, por supuesto, no a la nuestra.
Y no olvide que aprender sánscrito, cálculo o la teoría de la relatividad es hueso difícil de roer. ¡Cuánto más pedir a Dios como se debe y lo que se le puede pedir!
Estimados amigos de Cristo amigo:
A nombre de los colombianos que pertenecemos al grupo y a nombre de los 44 millones de colombianos que no estamos en el terrorismo (son sólo 30.000, de los cuales muchos son obligados y ¿los otros?) les pido una unión en la oración por este país. Lo último: 33 muertos y 167 heridos, entre los cuales se encuentran varios niños, en un club social de Bogotá.
Gabriel Escobar Gaviria
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