¡Hacen falta voluntarios!
ALFONSO LLANO ESCOBAR, S. J.
Tanto dolor reclama de todo colombiano, sin excepción, una reacción inmediata, una acción eficaz y una participación constante de ayuda a nuestros hermanos visitados por el dolor.
El terrorismo resolvió derrotar la corrupción con más corrupción. Bojayá, Neiva, El Nogal son apenas unas cuantas manchas rojas de sangre y dolor con las cuales el terrorismo fratricida viene enlutando todo el suelo colombiano. Crece, día a día, el número de colombianos y colombianas gravemente afectados por las injusticias, la corrupción y el terrorismo: desplazados, secuestrados, asesinados, ricos y pobres privados de sus bienes, heridos, lisiados, mutilados, amenazados, familiares anegados de dolor por la muerte, el secuestro o las heridas con que quedaron sus seres queridos... Prácticamente no queda colombiano (a) que no haya sido afectado por la situación de violencia que sufre el país.
Tanto dolor reclama de todo colombiano, sin excepción, una reacción inmediata, una acción eficaz y una participación constante y comprometida en la labor de ayuda efectiva a nuestros hermanos, visitados por el dolor.
¡SE NECESITAN VOLUNTARIOS! No basta la inmediata labor de socorro, tan admirable y meritoria de oficiales y voluntarios, a las personas afectadas por la desgracia, la tragedia, el terrorismo. Hacen falta voluntarios que continúen la labor oscura y necesaria de ayuda: que visiten, que consuelen, que ayuden, por todos los medios a su alcance, a tantos hermanos nuestros colombianos, que empiezan a vivir una segunda tragedia, pasada la primera, la tragedia de las consecuencias imborrables, de la tragedia y del terrorismo; la tragedia de la soledad y el abandono, del hambre física y espiritual en que quedaron.
Hacen falta voluntarios que oigan el llamamiento que les hace el Señor para que se ofrezcan a ayudar eficazmente a los demás. Es mucho lo que falta por hacer y remediar. Es mucho lo que se puede hacer, tomando conciencia de la situación de extrema necesidad y ayuda física, moral y espiritual en que yacen. Es mucho lo que cada uno puede hacer visitando, consolando, dando apoyo, luz, calor.
Para todo esto, urgentemente, hacen falta voluntarios. No cinco o diez, ni mil o dos mil. Ojalá se ofrecieran millones, porque son millones los colombianos que se encuentran afectados gravemente por la violencia ciega y brutal.
Haga suya la siguiente oración que pongo en sus labios para que la musite al conciliar el sueño o al despertar el alba, para comenzar un día de amor fraterno y generosidad.
"Señor, tú me llamaste
Para ser instrumento de tu gracia,
Para anunciar la Buena Nueva,
Para sanar los cuerpos y las almas.
Instrumento de paz y de justicia,
Pregonero de todas tus palabras,
Agua para calmar la sed hiriente,
Mano que bendice y que ama.
Señor, tú me llamaste
Para curar los corazones heridos,
Para gritar, en medio de las plazas,
Que el Amor está vivo;
Para sacar del sueño a los que duermen
Y liberar al cautivo.
Soy cera blanda entre tus dedos,
Haz lo que quieras conmigo.
Señor, tú me llamaste
Para salvar al mundo ya cansado,
Para amar a los hombres
Que tu, Padre, me diste como hermanos.
Señor, me quieres para abolir las guerras
Y aliviar la miseria y el pecado;
Hacer temblar las piedras
Y ahuyentar a los lobos del rebaño".
Breviario III, 969
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