
ISSN 1668-2351
BOLETIN LITURGICO
"San Pío X" ®
132
5 de septiembre de 2006
DIRECTOR
Pbro. Ricardo Dotro
EQUIPO DE REDACCIÓN
Prof. Paula Raiker
A.S. Emiliano Abib
Lic. Ana Schnaider
COLABORADORES
Fray Héctor Muñoz op
Pbro. Eduardo González
La vida litúrgica gira en torno a la celebración
y celebrar es proclamar, recordar, actualizar la obra de la salvación divina.
p. Félix María Arocena
11
Siguiendo la tercera Instrucción General del Misal Romano (2002)
A cargo del Pbro. Ricardo Dotro
v El texto de
(la numeración sigue el orden de
Oración universal
69. En la oración universal u oración de los fieles, el pueblo en cierto modo responde a la palabra de Dios recibida con fe y ejerciendo la función de su sacerdocio bautismal, ofrece súplicas a Dios por la salvación de todos. Conviene que esta oración se haga normalmente en todas las Misas con asistencia del pueblo, para que se eleven súplicas por la santa Iglesia, por los gobernantes, por los que sufren alguna necesidad y por todos los hombres y la salvación del mundo entero.[1]
70. Las series de las intenciones, de ordinario, serán:
a) por las necesidades de
b) por los gobernantes y por la salvación del mundo entero;
c) por los que sufren cualquier dificultad;
d) por la comunidad local.
Sin embargo, en algunas celebraciones particulares, como Confirmación, Matrimonio, Exequias, el orden de las intenciones puede considerar más de cerca esa ocasión particular.
71. Compete al sacerdote celebrante dirigir esta oración desde la sede. Él la introduce con una breve monición con la que invita a los fieles a orar, y la termina con la oración conclusiva. Las intenciones que se profieren sean sobrias, compuestas con sabia libertad y pocas palabras, y que expresen la súplica de toda la comunidad. Normalmente serán proferidas desde el ambón u otro lugar adecuado, por el diácono o un cantor o un lector o un fiel laico.[2]
El pueblo, de pie, expresa su súplica o con una invocación común después de cada intención, o con la oración en silencio.
v Nuestro comentario
La oración universal o de los fieles
"En
Esta plegaria se denomina también «Oración de los fieles», no porque las intenciones sean proferidas por la asamblea, sino porque los catecúmenos no podían asistir a ella, constituyéndola en exclusiva de los bautizados. Por el horizonte de dichas peticiones, de la denomina «universal», pues abre la pequeña asamblea a una dimensión verdaderamente católica y universal, siguiendo las indicaciones paulinas asumidas por el Concilio Vaticano II: "Restablézcase la «oración común» o «de los fieles» después del Evangelio y la homilía, principalmente los domingos y fiestas de precepto, para que -con la participación del pueblo- se hagan súplicas por
La estructura de esta oración es del tipo colecta:
"El presidente, dirigiendo la oración universal y, si es posible, conectando las lecturas de aquella celebración y la homilía con la oración, por medio de la monición inicial y de la oración conclusiva, introduce a los fieles en
"El celebrante preside la oración universal desde la sede, y las intenciones se enuncian desde el ambón" (OLM 31a;. IGMR 177).
"Bajo la dirección del celebrante, un diácono o un ministro o algunos fieles propondrán oportunamente unas breves peticiones, compuestas con sabia libertad, mediante las cuales el pueblo, «ejerciendo su oficio sacerdotal, ruega por todos los hombres» (IGMR 69)" (OLM 30). "Si no hay diácono en
"El orden de las intenciones de ordinario será:
a) por las necesidades de
b) por los gobernantes y por la salvación de todo el mundo;
c) por los oprimidos por cualquier necesidad;
d) por la comunidad local.
Sin embargo, en algunas celebraciones particulares, como confirmación, matrimonio, exequias, el orden de las intenciones puede referirse peculiarmente a esa ocasión particular" (IGMR 70)
"En razón de su estructura, las intenciones suelen proponerse de tres formas diferentes:
a) «Forma plena» (oremos por... para que...), en la cual se anuncia por quiénes se ha de orar y qué se ha de pedir para ellos. Así están conformadas las invitaciones a la súplica, en la primera parte de cada una de las oraciones solemnes del Viernes Santo.
b) «Forma parcial primera» (oremos para que...), en la cual, inmediatamente de anunciar la gracia que se ha de pedir, usando un solo verbo, se dice por quienes se hace la súplica. De esta forma son las peticiones en la última parte de las letanías de los Santos.
c) «Forma parcial segunda» (oremos por...), en la cual tan sólo se anuncia por quienes se intercede. Así son algunas letanías de súplica tanto en Oriente como en Occidente"[3].
"La asamblea participa de pie en la oración, diciendo o cantando la invocación común después de cada intención, o bien orando en silencio" (OLM 31b; menos clara en IGMR 71.
"La parte más importante de la oración común es la que corresponde a la participación del pueblo. Para que esta participación sea verdadera y activa, es mejor que se repita después de la presentación de cada intención, y puede hacerse de cuatro maneras:
a) Mediante una breve aclamación, siempre la misma en la misma celebración: esto facilita la participación, y desde antiguo lleva el nombre de «letanía».
b) Mediante la oración en silencio durante una pausa conveniente, tras la presentación de cada intención: esta participación silenciosa, de venerable tradición en las oraciones solemnes del rito romano, aunque parezca menos activa, puede, sin embargo, dar a la súplica una mayor plenitud.
c) Mediante la recitación comunitaria de una fórmula de súplica más larga: a fin de que la repetición de dicha fórmula no resulte cansadora, es necesario variar su composición, y esto requiere que los fieles tengan en sus manos los textos pertinentes.
d) La última forma resulta de la unión de la primera con la segunda, es decir que, después de la oración en silencio, mediante una nueva y brevísima intervención del diácono, se invita a los fieles a pronunciar una aclamación. Esta forma puede usarse en algunas celebraciones más solemnes.
Nadie duda que el primer modo es el más recomendable, aunque haya plena libertad para usar cualquiera de los descritos"[4].
"Corresponde al que preside concluir
v Errores más frecuentes
¨ Que se haga decir a los fieles la respuesta (ej. Te lo pedimos, Señor), después la indicación de cual será la que se utilice que se exprese la intención. En ese caso sería una suplica sin intención.
¨ Que la intención se dirija a Dios en lugar de hablar a la asamblea. En ese caso dejan de ser intenciones y se transforman en oraciones. En la dinámica de la oración universal la intención se propone a la asamblea y esta la hace súplica cuando eleva su oración a Dios.
¨ Hacer siempre la misma súplica (ej. Señor danos la paz) cuando son diversas las intenciones. En ese caso, los fieles piden cuatro o cinco veces la paz, en lugar de pedir por la necesidad expresada en la intención.
¨ Incluir intenciones por el descanso eterno de los difuntos, a excepción de la misa de difuntos.
¨ Incluir intenciones de acción de gracias, cuando deben ser siempre súplicas por necesidades.
v Sugerencias para mejorar la celebración
¨ Hacer que la súplica de la asamblea sea cantada.
¨ Variar la súplica en los diversos tiempos litúrgicos.
¨ Que sean dichas las intenciones por un ministro distinto del guía. Si hubiere diácono, le corresponde a el.
¨ Decir las intenciones desde el ambón.
¨ Expresar intenciones concisas. Que claramente se sepa lo que se pide.
¨ Al anunciar las palabras que dirán los fieles, decir: después de cada intención, rezamos diciendo… en lugar de respondemos…. Esto ayudará a que se tome conciencia de que es oración y no respuesta.
No parece conveniente que cada intención la profiera una persona distinta, ya que es un ministro quien presenta a la asamblea las intenciones para la oración. Y si fuera que cada uno presenta una intención, no conviene que un matrimonio pida por los esposos cristianos, un niño por todos los chicos, etcétera. Esto daría la sensación de que cada uno pide por los de su propio grupo y no que
La presentación de los dones, pan y vino, y ofrendas del pueblo (colecta de dinero) es una sola, y la asamblea permanece sentada. Muchas veces observamos dos procesiones de dones. Primero algunos miembros de la asamblea llevan el pan y el vino, y los recibe el celebrante. Después, otras personas llegan al altar trayendo la ofrenda del pueblo, esta vez sin que las reciba el sacerdote, y muchas veces más allá del momento propio, en medio de
[1] Cf. CONC. OECUM. VAT. II, Const. sobre la sagrada Liturgia, Sacrosanctum Concilium, n. 53.
[2] Cf. S. CONGR. RITUUM, Instr. Inter Oecumenici,
[3] CONSEJO PARA