Tinne, mirando el pergamino imcompleto
To: cronicashiboria@yahoogroups.com
From: tecron@...
Date: Fri, 29 Apr 2011 00:23:56 +0200
Subject: Re: [cronicashiboria] Los escritos de Halîm. VI
Manda huevos que a estas alturas no haya escrito nada. De echo he encontrado un relato a medio acabar que empecé a escribir el año pasado. Al menos os dejare con el, para quien a estas alturas lee el correo.
Para los que no hayáis leído nada, podéis seguir el hilo (desde el grupo de yahoo).
En cualquier caso espero que disfrutéis de este texto a medio hacer.
i. Clamor
El dolor recorre la sien. Viene de la zona de detrás de las orejas y avanza con rapidez
hasta la cuenca de los ojos. Dedos fantasmales que estiraran de los bordes de los
glóbulos oculares. Todo se vuelve borroso. Siento de nuevo el mareo. Vértigo. Me
desplomo contra el suelo. Fundido en negro.
Un fluido denso empapa mis ropas. Me despierto, pero soy incapaz de abrir los ojos,
tumbado cabalgo a lomos de mi dolor sobre unos pastos negros. Los sonidos amortiguados,
avanzan con la fuerza de una ola sobre el horizonte. Los susurros se trasforman en
bramidos. El rugir de decenas de voces. El chocar del hueso y el metal. El olor rancio
del cuero sudado.
Alguien se me desploma encima. Lo sé y lo noto. Pero es como si la pasara a otro. Como
si no fuera mi cuerpo el que se asfixia bajo el peso. Casi lo agradezco, pasaré mas
inadvertido entre la muchedumbre enfurecida.
Sin abrir los ojos veo. Es algo que me ocurre desde pequeño. No hace falta creer en los
dioses. Basta que uno de esos bastardos se fije en un mortal, para putearle la vida. Tu
puedes no creer en ellos, ignorarlos y no rezar a ninguno. Ese no es el problema. Pero si
ellos creen en ti, en ese caso date por jodio. No se que dios me quiere hablar ahora. No
tengo ganas de escucharles. No me encuentro bien, estoy dolorido, contusionado y empapado
por un liquido que cada vez se extiende más. No estoy de humor ni para fornicar con la
mismísima Derketo.
Pero no es Derketo la que avanza sinuosa por los pasillos. Una repugnante víbora repta en
la oscuridad. A Set no le gusta que se meen en sus estatuas. Me advirtió que se alzaría
con el nodo. Se me mostró, para que no me pasara de listo. Lo cierto es que cuando muera
no se al infierno de que dios ire a parar. Solo espero que Bel cumpla su trato, que robe
mi alma al demonio que me espera. Ya veo a la serpiente. Es enorme Se lanza sobre mi.
-¡Quita bicho!
No se muy bien como, pero me he incorporado. Esta claro que el miedo da alas. A mi
alrededor solo un par de parroquianos y me están mirando. Pero están borrachos que no estoy
muy seguro que realmente puedan verme.
Miro la mesa, doy un paso hacia ella. ¡Diablos! Si estoy cojo. Por un momento el alcohol
me lo había echo olvidar. Vuelvo a caerme. Desde el suelo veo a unos mastodontes
vociferando, y chocando sus cuernos contra los yelmos, ambos elementos hasta el borde de
bebida. La loza es frágil y ha ciertas horas el posadero de "la mula tuerta" solo sirve
bebidas en los recipientes que lleven los clientes. Muchos llevan cuernos para beber y
otros tan solo tienen sus cascos.
¿Y yo? ¿En que mierda estoy bebiendo? La mesa esta en las alturas. Repto sobre una mole
obesa que ronca en el suelo. Seguro que es el cabrón que se me desplomo encima. Estiro el
brazo y trato de aferrarme al esquivo borde de la mesa. ¡Para tener patas de madera como
se mueve la jodida! La agarro con fuerza con los cuatro dedos de mi mano izquierda.
¿Donde se ha metido mi meñique de plata?
Asomo la cabeza a la altura de la mesa. No hace falta que mire mucho para saber que
utensilio me hace de vaso. ¡El Grial de las Dos Serpientes! Rectifico, estoy pero que muy
borracho.
ii. Tambores en la oscuridad.
Los tres avanzan con mucho sigilo. Años de entrenamiento y una buena dosis de miedo.
Tienen el rostro cubierto de ceniza y barro. Y sobre las ropas, trozos de musgo.
Cualquiera puede pasar a dos pasos de ellos y no distinguir más que unas rocas. El truco
consiste en quedarse quieto y moverse lentamente. Estoy cojo y demasiado cansado para andar
ocupando cada hueco y resquicio. "¿Te harás invisible?" me preguntaron. Ni que fuera
tan sencillo. "Si mira, antes de ordenarnos sacerdotes, en segundo damos teología
avanzada e invisibilidad..." se piensan que uno goza de todas las bendiciones de Bel con
solo implorar su nombre. Pues no, o si... El dios de los ladrones cuida de los suyos. Antes
de acercarse a las cavernas, la bella Ayleen me dio una pócima. Menudo desperdicio, una
mujer tan atractiva y esta al servicio del único que no podría disfrutar de su generosa
naturaleza, de Shi'nk el eunuco. ¿Qué puede hacer un medio-hombre con semejante
hembra?... Empiezo a pensar en mujeres y se me va la cabeza. Tomo la pócima, su efecto
surge rápido. Esta fría, como tragarse el hielo de las bebidas. El frío se expande del
estomago y como un látigo recorre mi cuerpo, de la columna a los brazos. Los pelos se
erizan como los cristales rotos de una botella. Pero al igual que la botella empiezo ha
hacerme transparente. Bel abre una ventana cuando esta cerrada la puerta. Casualidades de
la vida, yo venia a entrar al submundo para oficiar una ceremonia, cuando me ofrecen una
poción de invisibilidad. A cambio, he de hacer aquello para lo que he nacido: robar.
Dejo que avancen los muchachos. Él va el primero. No espero menos. Un autentico líder. Un
corazón intrépido. No dudó ni un momento cuando le amenazaron con no permitir la boda.
¡Por los dedos de Bel que se casa!. No le asustan sus suegros. Ni las asquerosas criaturas
de las profundidades. Cualquiera puede casarse bajo la luz de mitra, entre flores y
mariposillas... solo un autentico devoto de Bel prefiere sortear a decenas de
vigilantes monstruos para casarse en las profundidades, rodeado de tesoros.
El movimiento es lento. Tienen un plano, pero de poco sirve sin luz. El tacto, el oído y
el olfato suplen a los ojos en la oscuridad. A veces pasa alguna criatura a nuestro lado.
Me alegro no poder ver bien su rostro. Recuerdo las otras veces que estuve antes aquí; y
mis negocios con ellas. ¡Asquerosas bestias!
Esta vez no hay palabras. Sino todo lo contrario. Lo contrario no es entrar a sangre y
fuego; viene a mi meroria el suelo alfombrado de cadáveres cimerios. Lo contrario es el
silencio. Avanzamos demasiado lento.
No me encuentro tranquilo. Las criaturas son harto ruidosas. Vociferan, gruñen y tienen
una pesada respiración, más próxima a la de un caballo que a la de un humano. Gracias a
su propio ruido no oyen los nuestros. Mis chicos son silenciosos, pero cuando el silencio
reina, por encima de los rítmicos goteos, oigo otros tambores: los corazones latiendo
desbocados en el pecho. Los tres son jóvenes, y sienten que están viviendo una proeza.
Pero como no bajen el nivel de sus pulsaciones, pasaremos de la proeza a la cena. No
quisiera que su noche de bodas la pasaran gritando mientras infestas criaturas les
arrancan la carne a mordiscos.
Es un dédalo de pasillos estrechos y grandes grutas, de las que solo oímos el eco del
agua para hacernos una idea de su tamaño. En una de estas cavidades Esmeralda me clavo un
puñal. En otra, una mujer con peor suerte sufrió una eternidad. Solo ha pasado un año.
Pero entonces no estaba cojo, y podía gozar del consuelo de una vela alumbrando tras el
cristal de un farolillo. Lo cierto es que no me gustan los pasadizos subterráneos, ni las
cloacas. La imaginación popular siempre piensa que el gremio se reúne en insalubres
grutas existentes debajo de las ciudades. No robo a los habitantes más ricos de toda
Hiboria para después vivir como una rata. El honrado gremio de ladrones de Bel, se suele
reunir en alfombrados palacios, confortables tabernas, y en aquellos lugares en los que
el lujo y la riqueza hacen más soportable la existencia.
Avanzamos hasta el umbral de una sala, donde un monstruo monta guardia. La maldita
criatura no se mueve. ¿A qué esperas? Así Hanuman te arranque un ojo y te mee para que te
escueza... ¡Muevete! No hay manera. Tengo las articulaciones entumecidas. Estúpida
criatura. ¿No sabes que me han rajado la pierna? Mis muchachos no se pueden mover si tu
no te mueves. Todo su subterfugio se basa en la inmovilidad. Incluso una bestia tan
primitiva reacciona al movimiento. ¡Se acabo!, estoy harto de esperar. Mira como la
cabrona mueve la cabeza al sonido de mi bastón. ¿Qué pasa? ¿El eco te confunde?...
La criatura sigue mis pasos. Olfatea el aire, sabe que hay algo, pero no es capaz de
definir la dirección. Pasa cerca. Muy cerca. Demasiado cerca. Aun con tan poca luz puedo
distinguir los granos purulentos de su cara. El brillo de sus ojos. La tosca cuchilla de
metal silva junto a mi cabeza. Es poco más que un rectángulo de hierro oxidado, con el
filo dentado sacado a pedradas, unido a un asta de un brazo de largo. Un arma sucia y
barata para un ser pobre y sucio. No puedo pensar en nada más que en la cuchilla. Un
corte con ella y la cosa se pone desagradable. Si por azar me alcanza tendré que matarla,
después sobrevivir a las otras y tratar la infección que seguro me produce. Siento miedo.
Estoy paralizado, como un conejo. No me atrevo ni a respirar. Aire añejo y viciado de las
cavernas.
Por fin pasa. Se aleja y se pierde en alguna de las grutas. Seguimos avanzando por los
oscuros corredores. Los guardias aveces pasan tan cerca que su hedor nos impregna como la
arena en una tormenta. En otras ocasiones, les encontramos quietos. Vigilando el vacío de
las salas. Pero estoy cansado de esperar. De ser un conejo. Me meto por bifurcaciones y
cavidades continua. Les grito para que vengan en mi búsqueda. Pongo voz de mujer, las
bestias prefieren presas fáciles. Me buscan. Mis compañeros pueden avanzar.
Lo malo de azuzar a las bestias es que, a veces, se quedan demasiado cerca. Ya proximos al
final. Tan cerca. Me escondo en una pequeña bifurcación, apenas un hueco horadado en la
roca. Una tumba. Olfatea el aire como un cerdo. balancea su pesada maza. Golpea una roca
y otra. La sala retumba. Un golpe y otro, de una pared a otra. ¡Maldita sea! ¡vete por el
pasillo! Un golpe en la roca y otro, y otro. El retumbar de las paredes ahoga el crujido
de mi costilla al romper. Muerdo el brazo para ahogar el ruido. He violado los sagrados
templos de los dioses y robado en las salas de los tronos mas poderosos, para morir en la
ignominiosa oscuridad del olvido. Pero el mal hado no se ceba, la criatura ni se da
cuenta que ha golpeado en blando. Y se aleja con el retumbar de su maza sobre las
paredes.
Mi mano se agarra a la piedra para no caer. El pegajoso tacto de las telas de
araña me recuerda otro encargo. Arranco el amasijo de hilos y me los guardo en la bolsa.
El alquimista sabrá para que los quiere.
Doblado de dolor me reencuentro con mis acompañantes. Son como una planta que uno no ve
crecer, y sin embargo crece. Llegamos al altar. En mitad de las profundidades. Rodeados
de tesoros, frente a la esfinge dorada de un dios, o un héroe, del que ni me he molestado
saber su nombre. ¿Tal vez Aquerón? Uno más de los que mancillare. Recuerdamelo cuando
este muerto y pontee a la cola de los que quieren mi alma.
El ligero resplandor de las velas. Con su luz tímida y tambaleante. Los prometidos se
arrodillan. Él, valiente y aguerrido. Ella, no menos valiente y muy hermosa. Sus ojos
color esperanza... ¿Pudiera ser aquella exploradora que hace un año engañe para atraerla
a estas profundidades? No estoy seguro. Si eres aquella niña, suerte tuviste de que los
cimerios estuvieran pavimentando los suelos con sus cuerpos. De otro modo te hubiera
vendido, habrías sido violada. Toda tu inocencia destrozado por el odio y el malsano
deseo de los habitantes de estas profundidades. Al final, ya ves. Viniste conmigo y no ha
sido tan malo. Por fortuna las circunstancias han cambiado.
Hablo en susurros. Es una ceremonia al dios de los ladrones. Él no necesita de púlpitos y
gritos. Palabras susurradas en peligro. De rodillas profesando amor el uno al otro. Les
hablo de su brillante futuro, que seguro se labraran. Porque el futuro no es un plan de
los dioses. Es el esfuerzo de uno para modificarlo. Él cuidara de ella y la amara. Estoy
convencido que más allá de la muerte. Ella le admira, sabedora de tener su vida en sus
manos.
Tenéis algo que alguién como yo nunca tendra: el uno al otro. Un sentimiento más allá de
la pasión del sexo... Hay tanta ternura y cariño en sus gestos... Es tan... debil. Si
alguna vez me traicionas ire a por ella. Mas facil de localizar y engatusar. Demasiado
hermosa para que su amado la deje torturar. Esa es vuestra debilidad. Ellos jurandose
fidelidad eterna y yo pensando en traiciones. Mucho tiempo en este oficio. El gremio trae
grandes recompensas, pero el amor y la compasión no forman parte de sus cualidades. A
veces me pregunto como seria amar a alguién. A veces me lo pregunto, pero en seguida se
me pasa la tonteria. Mucho tiempo en el oficio. Quizas en otra vida.
Pero ellos son ajenos a futuros males, que si los dioses quieren, nunca han de llegar. No
me traicionaras muchacho. Eres un chico listo. Sabes que se gana más en mi bando, en el
gremio. Se besan con pasión. Su testigo, tras acabar la ceremonia y como buen ladrón,
daga en mano saca las piedras preciosas, que como ojos luce la estatua. Susurros. El mal
sabe que estamos aquí. Se desliza por las paredes. Como la cuchilla de una espada apoyada
en la roca. Bueno mi querido Aquerón. Tienes algo colgado en el cuello, que por Bel, me
tengo que llevar. Te arranco la pócima, que como amuleto, cuelga de la estatua. Nos veremos
en el infierno.
Cojo y magullado, no me entretengo. He entrado muchas veces en las profundidades
como para saber que cada vez puede ser la última. Pero ahora mismo tengo demasiados
planes como para dejarme matar.
Los escritos de Halîm VI.
Hola de nuevo:
A estas alturas alguno se tiene que estar preguntando por que me dejaron sin un dedo y no manco. ¡Qué manía con cortar las manos! Pues que sepáis que ya ofrecí mi mano y no la quisieron. Con lo que aquí me tenéis, escribiendo de nuevo.
En cualquier caso hablar de sexo a sido un éxito ¡Tres respuestas y un competidor! Un amplio grupo de lectores... Lo cierto es que me ha dado por reunir todos los escritos de Halîm en un único documento de texto, y con un mínimo de formato ya es una treintena de hojas. Si algún día se tercia, añadiré imágenes y lo dejare como pdf para quién lo quiera.
Me congratula ver que mi Visir se manifiesta. Casi me copias el siguiente escrito que estaba pensando, pero creo que se complementan.
Baya de Oro. Yo también me alegro de que no me cortaras otra cosa. Aunque seas una excelente costurera, no creo que me hubieras podido remendar... no seria lo mismo. Prepara el látigo cuanto quieras, mentirías si dijeras que no lo has probado ya conmigo. Pero esa historia ya la he contado:
<<Ella... ¿Por qué todas las candidatas al trono son tan excitantes? Con su látigo, fustigandome. Por Derketo que no puedo dejar de pensar en sexo, a cada latigazo que me lanza. Empiezo a sospechar que estoy enfermo. Al menos, esta vez sé que ella es una candidata al trono, y no como la otra. Que sin saber quien era, la alague y me insinué. Pocas cosas hay mas atractivas que el poder y el dinero.>>
Extracto de Los escritos de Halîm II. Robando Belleza.
Nabila... Tu huida me costara muy cara... Y de forma indirecta estarás presente en el siguiente relato.
Konejuss (¿así se llama tu personaje?). Grande tus colecciones de dichos y comparaciones. Gracias a gente como tu Hiboria adquiere sabor. Interesante tus escritos sobre la provincial cultura Nemedia. Nada, nada, todavía tienes tiempo de escribir algo más antes de que empiece el vivo.
Como siempre. Voy a escribir más de lo mismo. Así que no os volváis locos. Si la cosa no os interesa ya deberías de haber borrado este consejo. Y si no continuar por propia voluntad.
Disfrutar con la lectura.
Halîm nueve dedos. Sacerdote de Bel.
Paseando entre alacranes.
i. Los jardines.
El sirviente abrió las puertas del jardín. El Visir se encontraba leyendo a la sombra de un sauce, rodeado de fuentes y canales. A cierta distancia se encontraba un guardia, seguramente aquel eunuco que gano aquel duelo de Koth. No resulta tranquilizador ver al Visir escoltado por uno de sus campeones. Empezamos mal.
Excelencia Salêh al Yezir, visir del Sah Yildiz de Turán ¡Por mil años viva!.
Por mil años viva. - El visir levanto la vista – Mi leal Halîm. ¿Qué tal te tratan los dioses?
No me puedo quejar excelencia. – Lo cual era muy cierto. Desde que Turan conquistara Zamora, se dice que esta a robado más tesoros al resto del imperio, que lo que las tropas consiguieron saquear a su anexionada provincia. Por otro lado, puede que Derketo sea la religión oficial, pero el culto a Bel se ha extendido con rapidez. Seguramente por lo mucho que casa el dios de los ladrones con la mentalidad Turana. Se le reza para robar o para pedir que no te roben. Para desearte suerte en los negocios, todos aspectos muy importantes en una sociedad de mercaderes. Además, al institucionalizar el robo los delitos de sangre habían disminuido (aun muerto no se le puede volver a robar). Y los nobles Turanos recurren con frecuencia al culto de Bel, para que roben lo que no han sido capaces de comprar. En definitiva, el robo se ha convertido en una herramienta mas de las negociaciones. – Nuestro culto prospera y redunda en beneficio de todo Turan. ¿Necesitáis de los servicios de los fieles de Bel?
No, hoy no necesito conseguir nada. No te he echo llamar como sacerdote, sino como consejero.
Sabéis que mi vida se dedica a velar por tus sueños – añadió Halîm.
Quiero que hagas llegar mi invitación a Alyhod para que nos acompañe a nuestro viaje a Koth.
El visir lo dijo como si no fuera gran cosa. Pero en el fondo tiene que saber Alyhod es un rival acérrimo de Halîm. <<¿Por qué invitas a esa víbora?, maldito bastardo. ¿Qué tramas?>>.
Me temo que no sera posible Salêh.
¿Por?
Para entonces Alyhod estara muerto – explico Halîm.
¿Te lo han dicho los dioses sacerdote? – Pregunto el visir.
No, he contratado a un asesino – respondió con naturalidad Halîm – Alyhod es un peligro para Turan.
No tendrá nada que ver que Alyhod quisiera ampliar la protección a los robos de los que gozan los templos de Derketo a los de Set.
Desde la instauración oficial de los cultos de Derketo y de Bel en Turan, el culto de Bel prometió respetar los templos de Derketos. Convirtiéndose así en los lugares mas seguros de todo el imperio. Lo que a la larga a supuesto un mayor poder económico a la iglesia de la diosa de la lujuria.
Y sin embargo el culto de Bel prospera. Los comerciantes le rezan para conservar sus bienes o para conseguir buenos negocios a expensas de otros. Los nobles contratan los servicios de los sacerdotes de Bel para obtener aquello que no han conseguido comprar con dinero. De tal suerte que el robo se considera una herramienta más en cualquier negociación: Como me subas el precio dos oros mas, te juro por Bel que lo tendré por menos.
A quién has contratado.
A Abdul.
Es caro -concedió el Visir.
Es el mejor – añadio Halîm.
Por eso es mi asesino predilecto – concluyo el Visir, y el tono que utilizo provoco un escalofrío en la nuca de Halîm.
ii. La serpiente.
La pared vertical del foso apenas presentaba asideros. Pero por ella descendía un hombre con facilidad. Lo hacia en silencio, como una sombra escurriéndose según se acerca el mediodía en el desierto. Al fondo se erguía orgulloso su destino: una colosal estatua con forma de serpiente. La estatua debe tener la altura de tres hombres, recubierta de pan de oro, unos colmillos de marfil de un brazo de largo. Pero lo más interesante eran los ojos, dos hileras de rubís rojos como la sangre. Si una cosa hay que reconocerles a los setitas, es estilo. No son gente que racanee a la hora de rendir tributo a su dios. No es de extrañar que la gente se postre al ver tan majestruosa pieza.
El sacerdote de Bel llego hasta el cuello del coloso, con la misma facilidad con la que se había deslizado por la resbaladizas paredes del foso, trepo por la estatua. Sin levantar el finismo recubrimiento de oro. Pero no era la única criatura viva que tapaba por la estatua. Un ligero siseo le advirtió. En el templo de Set había algo más que meras estatuas de serpientes. Un ejemplar vivo, de un tamaño monstruoso, antinatural, retaba enrollándose en la estatua en dirección al intruso. El hombre avivo el ritmo, pero el monstruo le ganaba distancia palmo a palmo. El intruso se refugio en las fauces abiertas de la estatua. No podía ver por que lado aparecería la serpiente. El corazón le bombeaba con tanta fuerza que parecía un tambor marcando el ritmo de un funesto ritual, en el que el era el sacrificio. Deseaba gritar, llorar, pero el miedo lo tenia tan atenazado que estaba quieto como un conejo sorprendido. La cabeza de la bestia apareció por uno de los lados. Siseante, con su bifida lengua saboreando el banquete, y la mirada fija en los ojos de la víctima. El intruso no pudo contener la orina, que goteaba de los pantalones.
<<He visto águilas cazando serpientes. >> Una de las representaciones del dios de los ladrones es un águila con un rayo entre las garras... Parecía una locura y sin embargo... El intruso, muerto de miedo y sin dejar de mirar a los ojos de la serpiente, hizo acopio de todo su aplomo. Invoco el nombre de Bel. La bestia abrió sus fauces. Pero solo fue un bostezo. El milagro sucedió, la enorme serpiente yacía dormida. El corazón del intruso latía con tanta fuerza que parecía querer salirse del pecho. Las manos le temblaban. Estaba vivo por muy poco.
Restregó la mancha de orina de su pantalón por la estatua. Nadie sabría si se meo de miedo, o si por el contrario era tan valiente que se había meado en su dios. Prosiguió con su hazaña, desencajo los rubis que formaban los ojos de la estatua. Cualquier ladrón se abría quedado ahí. Pero el intruso no era cualquier ladrón. El robo solo era una parte. Extrajo de su bolsa dos paños envueltos y los coloco en sendas orbitas. Su contenido era una mezcla de estiércol. Para cuando vinieran los fieles la sala apestaría.
La expansión de la iglesia de Set al sur de Turan, no había sido tan exitosa como los sacerdotes estigios habían previsto. La iglesia de Set se sustenta en dos cosas: la avaricia y el miedo. Los turanos habían adoptado a Bel para cubrir la avaricia en sus negocios, un dios mucho menos exigente y mucho más cercano a su cultura. Y en cuanto al miedo... los templos de Set en esta zona eran frecuentemente robados y mancillados. ¿Qué miedo puede dar una iglesia a la que roban las joyas de la estatua más importante y las sustituyen por mierda?
iii. Las fuentes.
El Visir miraba despreocupado los canales de agua que corrían por el jardín.
Recuerdame Halîm, ¿por qué no te he matado todavía? - dijo el visir en un tono de aparente despreocupación.
Porque os sigo siendo muy útil – se apresuro a contestar Halîm – Os he conseguido cuantos robos habéis necesitado. He mantenido al gremio de ladrones en una tolerable nivel de actuaciones. Defiendo con firmeza vuestros intereses, ya que coinciden con los mios.
Y sin embargo me robaron lo que me era más preciado – respondió acusadoramente el Visir – He oído una historia muy curiosa, se llama "el ladrón y la concubina". ¿Las oido alguna vez?
Una historia de buhoneros para entretener al pueblo, algo he oído – respondió Halîm – ya sabéis que a la plebe le encantan inventar todo tipo de historias sordidas. Carentes de ningún fundamento.
El visir Salêh escribía letras en el agua, mientras el sacerdote de Bel permanecía ensimismado en sus pensamientos. <<¡Por la mano de Bel! ¡Como no iba a conocer el relato! Fui yo quién lo compuso... Nabila, maldita zorra>>.
iv. La madera y el hierro.
Los alaridos resonaban constantemente en las paredes de ladrillo. Era imposible encontrar un momento de silencio: el chirrido de las cadenas, el chillido agudo del que acaba de llegar, el ronco bramido del que ya rompió las cuerdas vocales de tanto gritar. En este sitio, hasta las mudas miradas llenas de miedo y resignación, suenan tan fuerte que se hace un nudo en la garganta.
El olor es nauseabundo. Te abofetea, y te revuelve las tripas, regurgitando los jugos gástricos. Es un olor profundo, y penetrante. Una mezcla de orina, excrementos, sangre, grasa y vómitos. Ni con el empaste mentolado debajo de la nariz se llega a disimular.
Definitivamente Halîm odiaba este lugar, al igual que cualquier ser humano. Pero no había bajado aquí para buscar humanidad, estos eran los territorios del medio-hombre, y a el había venido a ver. Halîm era precedido por un esclavo que portaba la antorcha. Los condenados retrocedían ante la luz entre estertores de miedo. Si te encierran aquí dejabas de ver la luz. Y tan solo se acerca la antorcha si te buscan para torturar. Tras múltiples pasillos, el esclavo le abrió una puerta de madera. Dentro estaba el eunuco, desinfectando las heridas de un pobre diablo. El eunuco era famoso por conseguir las sesiones de tortura más largas. Se sabia que era capaz de causar un dolor insoportable de forma continua, durante días. El se encargaba de que los desgraciados que caían en sus manos no buscaran refugio en la muerte, imponiéndoles la vida como castigo. El preso estaba sujeto en un complicado artilugio de madera y hierro. Una maquina perfecta de tortura. Una obra maestra. Halîm pensó si alguna vez se sentaría el mismo en ella. Seria una ironía, pues fue Halîm el que le consiguió los planos para construirla.
Lo sabe Shi'nk, el maldito hijo de camella lo sabe – irrumpió el sacerdote.
¿Quién sabe que Halîm?, ni un buenos días... – respondió con sorna el eunuco.
No soples los oídos, ya sabes de que estoy hablando – de repente Halîm miro a Shi'nk con un odio profundo – ¡Traidor! ¡Sabandija! ¡Tú ya sabias que él lo sabia! Ha hablado contigo y has conseguido salvar tu repugnante pellejo.
La sonrisa de triunfo se asomo en el rostro sudoroso del eunuco, al tiempo se acariciaba sus pezones ensangrentados por la sangre del preso.
¡Maldito medio-hombre! No se que trato has llegado, pero te aseguro que si caigo no lo haré solo.
Las carcajadas del eunuco sonaron a modo de respuesta.
Ya perdí un dedo por ti. Y te perdone la vida porque me resultabas útil. Si yo muero dejaras de hacerme falta. Hemos echo muchos negocios juntos. Apuesto que a nuestro querido visir le gustaría saber de ellos. Te abra perdonado de esta falta, pero hay cosas por las que te haría probar tu propia maquina sin dudarlo un instante.
El eunuco cambio su sonrisa por un rostro serio. Busco con la mirada entre sus afilados utensilios de trabajo.
Ni se te ocurra – desafío Halîm – Eres un ser miserable al que solo se le tolera porque gozas del favor de Salêh al Yezir. Pero a diferencia de una escoria como tu, aunque caiga en desgracia ante el visir, sigo teniendo un amplio poder. En el gremio a muy pocos les importa si me llevo bien o mal con el visir. Bel cuida de los suyos.
Deja de fanfarronear sacerdote, ninguno de tus creyentes sabe que estas aquí – el eunuco acompaño sus palabras de un gesto rápido en el que agarro una delgada y alargada cuchilla.
Abdul si – respondio Halîm con confianza – Le pague para que matara a unos cuantos si yo muero. Y entre ellos estas tu.
El solo nombre del asesino dilato las pupilas del torturador, aferro con más fuerza el arma, pero no se atrevió a blandirla.
Maldito folla-camellos. Debí matarte cuando tuve la oportunidad – escupió Shi'nk.
Bastante aprovechastes tus oportunidades – indico Halîm en alusión a su amputado meñique – Además nunca he fornicado con un camello. Lo máximo que he echo fue con una cabra en el desierto.
La soledad es dura – respondió el eunuco relajándose – Me temo que yo nunca conoceré esos placeres. ¿Te gusto?
Oh, no fue la soledad. Un asunto con unos adoradores de Yog, o completaba el rito con ellos, o sustituía a la cabra – añadió de mejor humor Halîm – Y hubiera disfrutado más si la hubieran cocinado antes de comerla. Creo que prefiero los ritos de Derketo donde no hay que devorar viva a tu amante mientras te acuestas con ella... Un asco.
El eunuco volvió a reír, al imaginarse la historia. Halîm supuso que si el eunuco tuviera un miembro viril que pudiera utilizar, probaría a sustituir la cabra por alguno de sus prisioneros. Criatura enferma.
Bien sacerdote, entonces ¿qué hacemos?
Escucha.
El susurro de las intrigas se acallaba con los gritos de los sótanos del palacio.
...Una cosa mas Shi'nk. He oído que vas a tener una discípula. No te fíes de ella o acabaras probando en tus carnes las lecciones que la des. En caso de duda, rajadla el cuello.
Lo tendré en cuenta sacerdote. ¡Qué Bel te cuide tus nueve dedos!
Que Hanuman te arrastre al inframundo – Halîm hizo amago de salir, pero añadió – Por cierto, si decides pagar más a Abdul para que no cumpla su trabajo... el sabe que he contratado a alguien para que lo mate si no cumple. ¡Todo por una dichosa cuenta cuentos!
Se despidieron los dos con el odio en las palabras. Pero ningún odio era tan grande como para desmerecer los negocios que les unían.
Así es Turan, y así son los Turanos.
Halîm nueve dedos.