Mario guzmán, sin ningún otro dato de su filiación, no dice nada al gran
mundo, ni al simple hombre de la calle, ni ha llamado la atención de los
periodistas. Son muy pocos los que conocen y, sin embargo, puede decir que
las cosas muy interesantes, que a todos debiera preocuparnos.
Sonríe ingenuamente, cuando le mando a mi despacho y le invito asentarse.
En aquellos momentos le parece que es algo muy importante se muestra
satisfecho. Tiene los ojos ligeramente rasgados y con un brillo mmmmmmmmmm
tranquilo como de un niño pequeño, aunque tenga ¡quien sabe ¡Estos hombres
de la selva tan pronto dan impresión de ser unos jovenzuelos como de
hombres maduros. Puedo decir que representa unos veinticinco años, aunque
quizá me equivoque.
Con sus ojos -muchas veces interrogante- persigue cada detalle, no se le
escapa nada y cualquier cosita le llama la atención. Puede pasar un largo
rato sin soltar prenda y no, claro esta, porque –ha recibido impresiones
muy intensas. Es un salto mortal el que ha dado, desde la selva a nuestra
maravillosa ciudad de lima.
No se puede reprochar, y no se le reprocho, pero si intentare “sondearle”
algo.
Comencemos, pues, a sacarle.
-¿A que tribu perteneces?
-A los huachipaires
-¿Cuanto tiempo; conoces que conoces al P. José, al apak-tone?
-Mucho tiempo; me he olvidado; en primera expedición, acaba diciéndonos.
Esto si es que ¡Quién sabe! El salvaje pierde con facilidad pasmosa la
noción de tiempo, no entra en sus catalogaciones.
-¿como le conociste?
-Fui yo a buscarle y le dije: quiero vivir contigo. Oí hablar a mis
paisanos mucho de él; que era bueno y que venia desde un rio muy lejano a
buscarnos para darnos ropa y machetes. Hace tres años que trabajo con él
(puede dudarse), Le ayudo en todo lo que hace. Apak-tone es bueno, le
queremos mucho.
-¿Por qué has venido a lima?
-Me trajo Uantupa (mons. Ariz).
Fui con el en la ultima expedición a los “amarakaires” y le serví de
interprete para hablar con ellos. Trabaje mucho en poco tiempo.
-¿Fue muy difícil la expedición?
-Si, hubo muchos peligros en el rio. El camino (para cualquier civilizado
no había tal) era muy malo, plena selva, se hizo penoso para todos.
Unantupa estropeo sus zapatos y tuvieron que prestarle.
-¿Temias encontrarte con los amarakaires?
-No contesta seguro. No yo ya los conocía.
-¿Cómo te entendías con ellos?
-la lengua de ellos si sabia.
-¿Cómo lo pasaste en su río?
-Bien, yo no tenía miedo, y me respetan y me impongo a ellos. Auntupa fue
muy agasajado y ellos mismos le invitaron. Vivió con ellos en su casa y
ellos muy contentos. Aquella nuche cantaron mucho y muy bonito.
En los cantos decían que estaban muy contentos porque les habían visitado
en su misma casa.
-¿Cantan mucho los amarakaires?
-Si y bonito, pero sobre todo bailan bonito. Ponen coronas y adornan
hombros con picos y plumas de aves.
-¿Te acuerdas de alguna escena que haya impresionado a todos?
-Al día siguiente de llegar, cuando los amarakaires vieron a “Uantupa”
ponerse ropa para “hablar con el dios”, se asustaron mucho y creyeron que
iban amatarles. Yo les grité y dije que eso mismo lo hacían todos los días
“Uantupa” y Apak-tone” y que hablaban con dios para echar los demonios de
su rio y quitarles todos los peligros.
-Y ahora que te encuentras en lima como premio a tu buen comportamiento,
¿Qué te ha parecido la ciudad?
En sus ojos brilla una expresión de sorpresa y dice: grande, muy grande.
Hartas casas hay. Mucha gente. Carros que no pueden andar, porque ocupan
todo
-¿Qué has visitado?
-Vi el río (mar) muy grande. Mucha agua; no había visto tanta en ningún
rio. Las canoas de mi rio son mas pequeñitas comparadas con las que hay en
este rio. En estas canoas cabe mucha gente, parecen casas y podrían vivir
todos mis paisanos y amarakaires.
También vi hombre meterse agua. Yo creía se ahogaba. Nunca había visto eso.
-¿Fuiste algún día al cinema?
-Si, eso si, varias veces.
-¿Te ha gustado?
-Mucho. Salían muchos animales y cuando peleaban me gustaba mucho. También
salió gente que vestía casi como amarakaires.
En este instante pienso en la sensibilidad de estos hombres de la selva y
el daño espiritual que pueda causarle que pueda causarle muchas veces el
hombre civilizado. Despierta a una vida orientada por el misionero y,
cuando y cuando ve que no todos se acomodan su vida ala doctrina que
profesan, sufren un gran choque y no sabemos el dialogo misterioso que se
establece en su interior.
Mientras pienso en estas cosas Mario se levanta y salimos al jardín de
Santa Rosa, para allí continuar nuestra entrevista. Paseo lentamente, como
pensativo en todo el mundo nuevo que le rodea.
Quiero seguir en diálogo con él y le pregunto nuevamente, ¿que más cosa te
han impresionado?
-Estuve dos días en fútbol. Había mucha gente. A mi me gusta mucho eso. Y
yo contento por que ganaron los de tu rio.
-¿Te han llevado al circo?
-Si, Bonito es. Muchos animales.
-¿Te dieron miedo?
-Yo no tengo miedo. El león no me gusta, feo.
-¿Qué fué lo que mas te agradó?
-Payaso sí me gusto. Gente muy chistosa, se reía mucho. También un hombre
se ponía una escalera sobre frente y subía muchacha arriba. ¡Tenia fuerza
frente¡
-¿Y los perros futbolistas?
-¿Bonito jugaban como gente reunida?
-En una procesión (La del sagrado corazón). Iban muchos hombres y cantaban
todos bonito. Me gusta mucho que canten. Hombres todos cantaban. Aquí mas
Cristo (mas religiosidad) que en otros partes. ¡Si lo vieran amarakaeires¡
Al hablar de la procesión se le ve animado, actuando sobre una impresión
fuerte que dejara huella indeleble en su alma de niño.
-¿Presenciaste la marcha militar?
-Si eso estuvo también bonito.
Cuantos aviones pasaban bajitos parecían patos. Así vuelan patos por montaña.
-¿Qué mas quieres ver en lima?
-Yo quería visitar presidente.
¿Para qué?
-Quiero pedirle escopeta para mí, ropa para mi mujer e hijita y machetes y
ropas para mis paisanos y amarakaires. Yo también les llevaría flechas,
arcos coronas, como las que te dí a tí.
El tiempo va pasando rápidamente. Cuesta “sonsacar” a Mario las cosas.
Responde muy escuetamente aunque se vuelve locuaz cuando comunica sus
deseos de escopeta. Es el mejor regalo que pueda hacérsele y ha venido con
esa ilusión. Desde el día que llego esta obsesionado con esa idea.
-¿Te gustaría quedarte en lima?
-Quiero irme. Me esperan los de mi rio. Voy donde mi Apak-tone para ayudarle.
-¿Qué vas a contarles?
- Que marcho contento. Cuando llegue me preguntaran que cosas has visto
–dirán- me cuentas.
-¿Querrán venir ellos a lima?
-¿Si es con Apak-tone, si. Todos quieren venir y conocer.
Es preciso acabar, pero antes se impone una última pregunta, ¿quieres que
diga alguna cosa que han de leer esto que me has contado?
-Diles que quiero escopeta y ropa para mis paisanos. No necesito más.
Y damos por terminada nuestra entrevista. Mario se ira dentro de unos
días, pero ahí queda su petición.
Cuando el este en su rio soñara con ilusión en esa posible escopeta que le
envía alguna persona caritativa.
También espera ropa. Ya llevo lo que otros muy espléndidamente le han
obsequiado. Ahora falta tu generosidad, lector. Eso que muchas veces
retiras, ya no usas, lo están esperando cuerpos desnudos de nuestros
hermanos amarakaires.
Fr. Manuel ALVAREZ RENARD. O.
Etiquetas: huachipaeri, turismo indigena
http://www.queros.net