Mi viaje hacia Mar del Plata empezó bien. Asiento cómodo, buena vista (siete entrerrianas que venían viajando desde Paraná) y una opípara bandeja de sandwiches que me entregaron al subir. A la mañana, al despertarme, sentía algunas molestias: dolor de cabeza (ojos en particular), náuseas. Hígado clavado, y yo sin "buscapina" o similares.
Llegué a la terminal, no sin haber temido varias veces derramar el contenido de mis tripas en el pasillo (o en el baño) del coche.
Pasé la mañana en el hotel tirado en la cama, y recién al mediodía me levanté y salí. En una farmacia cercana adquirí las cápsulas salvadoras, y, lentamente, me dirigí al punto de encuentro con el bombonazo de Nicolás.
Recién a las cuatro nos encontramos, ya que el muchachito extendió su siesta.
Cuando finalmente llegó, abandonó los brazos maternos para dirigirse corriendo hacia los juegos. Me acerqué a él y lo besé, sin gran respuesta de su parte. Lo dejé
un ratito con mamá mientras iba a buscarle un yughurt, que consumirá cucharada a cucharada, conmigo siguiéndolo y exclamando "aaaaahhhhh" para que abra la boca y trague.
Como en la última ocasión, por momentos está de lo mejor jugando conmigo, y luego la busca a mamá. Incluso, en una ocasión, me toma de un dedo y me indica que me siente junto a la misma mesa en que está ella, para luego subirse él a su silla. Quedate tranqui, gordi, que intentaremos llevarnos lo mejor posible, porque ambos te amamos con locura!
Al enano le gusta que lo corra zapateando fuerte en el piso. A veces se ríe, y otras empieza su "bailecito", mientras hace un giro de 360 grados casi en el mismo punto. Problemas en la persecución: al intentar pasar por debajo de un caño metálico, mi cabeza "siempre" golpea en el mismo, no pudiendo hacerlo, provocando carcajadas del angelito, que, maliciosamente, repite sus pasadas por el mismo lugar, para provocar un nuevo "accidente".
Nuevo juego: tiro al aro. Como si supiera, emboco "doble" tras "doble" a medio metro de distancia, juntando abundantes cupones, mientras el chiqui agarra las pelotas y las tira "hacia adentro" pero muy lejos del aro. Nico, ya tendrás oportunidad de alcanzar y superar ampliamente mis lamentable puntería.
La tarde va avanzando. Nicolás se devora el contenido de una "cajita feliz", y salimos a caminar un rato. Viernes feriado en ciudad turística, una marea humana en las veredas, y veinte ojos para seguirlo al gordo, quién sube y baja escalones, hace gracias a quienes lo miran, empuja a los pequeños que se cruzan en su camino, e intenta juntar del piso cuanta porquería encuentra.
En un momento, intenta "apropiarse" de unos juguetes que exhibe en la vereda un vendedor ambulante. Le quito un celular de juguete que había tomado, y lo levanto en brazos. No se resiste, y al rato empieza a agarrarse las orejas, y a restregarse los ojitos. Le tarareo su
canción de cuna, y él apoya su cabecita sobre mi hombro izquierdo. Cada tanto, la levanta y mira a su alrededor, y vuelve a caer rendido.
Es evidente que nuestra jornada ha terminado. Quedamos en vernos de nuevo mañana a la tarde. Los veo alejarse cruzando Luro, mientras empiezo lentamente a alejarme por Independencia hacia el sur.
Mañana nos vemos de nuevo, enano de mi corazón!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
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