A la mañana conocí la plaza donde habitualmente juega Nicolás. Comienza, viniendo desde el lado del mar por Avenida Libertad, en la calle 20 de setiembre, y consta de cuatro manzanas. Tiene un sector de juegos (con hamacas, tobogán y subibaja) y una calesita. Como toque local, más aros de básquet que arcos de fútbol.
A la tarde vuelvo a ese mismo lugar, y me dispongo pacientemente a esperar al gordo. Leo un rato, camino, busco un banco, vuelvo a caminar...Por fin me llega un sms avisando que están en camino.
Los veo llegar. Nicolás, abstraído, observa sentado en su coche los árboles y los pájaros de la plaza. Me acerco hacia ellos, y mamá lo baja del cochecito.
Nicolás, la luz de mis ojos, el bombón de mi corazón, con una sonrisa en los labios, se acerca velozmente en dirección a...la pelota de goma que está en mi mano derecha...
Jugamos un buen rato, con la pelota (que de a poco empieza a utilizar más con los
pies que con las manos), y con las habituales zambullidas por el togogán.
Definimos trasladarnos a la plaza España, a siete cuadras de distancia. Vuelve a subirse a su coche, pero esta vez lo lleva papá.
A mitad de camino, lanza exclamaciones de asombro, señalando imágenes de "Barney" y de "Backyardigans" que cuelgan del escaparate de un kiosco de diarios y revistas.
En plaza España, los juegos de siempre, más un par de "novedades".
Un par de payasos malabaristas convocan a grandes y chicos para su espectáculo "a la gorra". Todos los interesados se van sentando en unos escalones frente a la explanada donde los artistas callejeros despliegan diferentes objetos (pelotas, un "diábolo", palitos de madera, y esas "botellas alargadas" que usan los malabaristas), confiados en que nadie se acercará a ellos. Nadie? No contaban con la astucia del Chapulín Nicolás! El enano se "arroja" sobre ellos, y nuevamente, pasamos a ser parte de
un espectáculo. Tanto, que Nico pasa a ser designado oficialmente "asistente". El gordo toma las pelotitas, y una a una me las da. Cuando las devuelvo a su lugar original, repite el procedimiento. Cuando por fin se cansa, emprende su camino hacia otra zona, conmigo tras de él. Más tarde me enteraré que Verónica les dejó unas monedas...
Segunda acción depredadora: ve sobre un borde de la plaza una reposera con vivos colores blanco y amarillo. Se sube, y se instala cómodamente. Intento sacarlo y llora. Los dueños dicen: "dejalo, pobrecito. Ellos lo invitaron...
Nico se baja, y agarra un vaso medio lleno con "coca light" tibia (puaj!), que mitad bebe y mitad arroja sobre su remerita nueva. Después, se arroja sobre una bolsita con galletitas agridulces "9 de oro", toma un par y se sube a "su" reposera para engullirlas cómodamente instalado. Dos veces volverá a hacer lo mismo.
Volvemos con mamá. Un viento frío y húmedo viene del mar.
Emprendemos la retirada hacia la otra plaza, más cercana a su casita. Otras siete cuadras empujando el cochecito.
Una vez arribados a destino, jugamos con la pelota un buen rato. Nico observa a dos personas jugando a la paleta. Atrapa la pelotita, y se la da a uno de ellos. Parece que le cae simpático, porque intenta permanentemente "rescatarla" del contrincante, para dársela a él.
Siguen los juegos un rato más. El gordo está cansado, y empieza a ponerse caprichoso. La jornada se termina.
Sube a su cochecito, y lo despido con un sonoro beso. Lo veo alejarse, con mi corazón estallando de alegría en mi pecho.
Será hasta la próxima Crónica desde Mar del Plata.
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