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*Una macabra historia de complicidad murió con él.* ** *[image: Articulo
completo]* ***Saddam ahorcado: los secretos de Washington quedaron a salvo *
*Robert Fisk (The Independent/La Jornada)*
Lo hicimos callar. El momento en que el encapuchado verdugo de Saddam jaló
la palanca que abrió la trampa de la horca en Bagdad, la mañana del sábado,
los secretos de Washington quedaron a salvo.
El vergonzoso, excesivo y oculto poder militar que Estados Unidos y Gran
Bretaña dieron a Saddam durante más de una década sigue siendo la historia
terrible que nuestros presidentes y primeros ministros no quieren recordar.
Ahora Saddam, quien sabía la verdadera dimensión de ese apoyo occidental que
le permitió perpetrar algunas de las peores atrocidades desde la Segunda
Guerra Mundial, está muerto.
Se ha ido el hombre que personalmente recibió ayuda de la CIA para
destruir al Partido Comunista de Irak. Después de que llegó al poder, la
inteligencia estadunidense le daba a sus serviles colaboradores la dirección
en que vivían comunistas, tanto en Bagdad y como en otras ciudades, con el
fin de desbaratar la influencia que tenía la Unión Soviética sobre Irak. Los
mujabarats de Saddam visitaban cada hogar, arrestaban a todos sus ocupantes
y luego los asesinaban. Los ahorcamientos públicos eran para los
saboteadores; para los comunistas, sus esposas e hijos se reservaba un trato
especial: torturas extremas antes de ser ejecutados en Abu Ghraib.
Existe en todo el mundo árabe la evidencia de que Saddam sostuvo una serie
de reuniones con funcionarios estadunidenses de primer nivel antes de su
invasión a Irán de 1980. Tanto él como el gobierno estadunidense estaban
convencidos de que la república islámica se derrumbaría cuando Saddam
enviara a sus legiones al otro lado de la frontera, por lo que el Pentágono
recibió instrucciones de dar asistencia a la maquinaria militar iraquí
proveyendo inteligencia sobre las técnicas de batalla de los iraníes.
Un helado día de 1987, no muy lejos de Colonia, me reuní con un traficante
de armas alemán, quien inició esos primeros contactos directos entre
Washington y Bagdad por órdenes de Estados Unidos.
"Señor Fisk, muy al principio de la guerra, en septiembre de 1980, fui
invitado a ir al Pentágono", dijo. "Ahí, me entregaron las más recientes
fotos satelitales que Estados Unidos había tomado del frente iraní. Podía
verse todo en esas imágenes. Había emplazamientos de artillería iraní en
Abadan y detrás de Jorramshar, trincheras en la ribera este del río Karun,
barricadas antitanque miles a todo lo largo de la frontera iraní hacia el
Kurdistán. Ningún ejército podía desear más que esto. Yo llevé esos mapas en
un avión de Washington a Francfort y de ahí me trasladé directo a Bagdad en
uno de Iraqui Airways. ¡Los iraquíes estaban muy pero muy agradecidos!"
En ese entonces yo cubría la guerra con los comandos de avanzada de
Saddam, bajo las granadas iraníes, y ahí noté que los militares iraquíes
alinearon sus fuerzas de artillería en posiciones muy alejadas del frente de
batalla, lo que decidieron con base en los detallados mapas de las
posiciones iraníes con que contaban.
Sus bombardeos contra Irán en las afueras de Basora permitieron que los
primeros tanques iraquíes cruzaran el río Karun en sólo una semana. El
comandante de esa unidad de tanques alegremente rehusó decirme cómo fue que
adivinó cuál era el único puente que el ejército iraní no tenía defendido.
Hace dos años nos encontramos de nuevo, en Ammán, y sus subalternos lo
llamaban "general", rango que Saddam le concedió después de ese ataque de
tanques al este de Basora, cortesía de la información de inteligencia de
Washington.
La historia oficial iraní de la guerra de ocho años con Irak registra que
la primera vez que Saddam usó armas químicas fue el 13 de enero de 1981. El
corresponsal de Ap en Bagdad, Mohamed Salaam, fue llevado a ver el lugar en
que se consumó la victoria militar iraquí al este de Basora.
"Comenzamos a caminar y a contar los cuerpos", relató. "Caminamos
kilómetros y kilómetros en esa mierda de desierto, contando. Cuando llegamos
a alrededor de 700, perdimos la cuenta y tuvimos que comenzar de nuevo...
Los iraquíes habían usado, por primera vez, una combinación: gas nervioso
que paralizaría los cuerpos de sus enemigos y gas mostaza para ahogarlos
desde los pulmones, por eso es que todos habían vomitado sangre".
En ese momento los iraníes denunciaron que Estados Unidos había dado ese
terrible coctel a Hussein y Washington lo negó. Pero los iraníes tenían
razón. Las largas negociaciones que llevaron a la complicidad de Estados
Unidos en esta atrocidad continúan siendo un secreto. Se sabe que el ex
secretario de Defensa estadunidense Donald Rumsfeld era en ese momento uno
de los punteros del presidente Ronald Reagan. Seguramente Saddam conocía a
detalle esta historia.
Pero un documento del Senado que pasó casi desapercibido, titulado "Las
exportaciones de agentes químicos y biológicos para uso dual y relacionado
con actividades bélicas y su posible impacto en la salud durante la Guerra
del Golfo Pérsico", afirmaba que antes de 1985 y posteriormente, compañías
estadunidenses mandaban cargamentos de agentes biológicos a Irak. Estos
incluían el bacilus antracis, que produce el ántrax y el escerichia coli (E.
coli).
Dicho reporte del Senado concluía: "Estados Unidos ha proveído al gobierno
de Irak con materiales de 'uso dual' que ayudaron al desarrollo de programas
de armamento químico, biológico iraquíes, y programas misilísticos,
incluyendo elementos para la construcción de una planta química de
producción de agentes, dibujos técnicos y un programa para la elaboración de
equipo para la guerra química".
El Pentágono tampoco ignoraba hasta qué grado Irak usaba armas químicas.
En 1988, por ejemplo, Saddam dio personalmente permiso al teniente coronel
Rick Francona para visitar la península de Fao después de que las fuerzas
iraquíes recapturaron esta zona que los iraníes habían tomado. Francona era
un oficial de inteligencia defensiva de Estados Unidos, y uno de los 60
funcionarios estadunidenses que secretamente daba información sobre los
movimientos militares de Irán a miembros del estado mayor iraquí.
El reporte que Francona hizo a su regreso a Washington decía que los
militares iraquíes habían usado armas químicas para lograr su victoria. El
encargado de la inteligencia de la defensa en ese entonces era el coronel
Walter Lang, quien dijo que el hecho de que los iraquíes usaran gas en el
campo de batalla "no es asunto que nos preocupe profundamente, desde un
punto de vista estratégico".
Yo, sin embargo, vi los resultados. En un largo tren hospital, que volvía
a Teherán del campo de batalla, encontré a cientos de soldados iraníes que
tosían sangre y moco que provenía de sus pulmones. Los vagones apestaban
tanto a gas que tuve que abrir las ventanas. Tenían los brazos y la cara
llenos de pústulas en las cuales, en momentos, crecían nuevas ampollas.
Muchos presentaban quemaduras espantosas. Esos mismos gases después fueron
usados contra los kurdos de Halabja. No es sorpresa que Hussein haya sido
juzgado en Bagdad primordialmente por una matanza de chiítas,y no por sus
crímenes de guerra contra Irán.
Aún no sabemos y tras la ejecución de Saddam quizá nunca sepamos la
magnitud de los créditos que Estados Unidos concedió a Irak desde 1982. El
primer tramo, la suma que se pagó por armamento estadunidense proveniente de
Jordania y Kuwait, fue de 300 millones de dólares. Para 1987, a Saddam se le
había prometido un crédito por mil millones de dólares. En 1990, justo antes
de la invasión a Kuwait, el comercio entre Irak y Estados Unidos había
crecido a 3 mil 500 millones de dólares al año.
Presionado por el secretario de Estado, el mismo James Baker cuyo reporte
pretende sacar a George W. Bush de la catástrofe, concedió nuevas garantías
de préstamo a Irak por mil millones de dólares.
En 1989, Gran Bretaña, que también estaba dando ayuda militar secreta a
Saddam, garantizó 250 millones de libras esterlinas a Irak poco después del
arresto, en Bagdad, del periodista de The Observer Farzad Bazoft. El
reportero estaba investigando la explosión de una fábrica en Hilla que
estaba usando los mismos componentes químicos enviados por el gobierno de
Estados Unidos, y quien posteriormente fue ahorcado en prisión.
Un mes después de la detención de Bazoft, William Waldegrave, ministro de
la Oficina del Exterior, señaló: "Dudo que exista, en algún otro lugar del
mundo, otro posible mercado a una escala similar a ésta en la que Reino
Unido esté tan bien posicionado, siempre y cuando juguemos nuestras cartas
diplomáticas correctamente... Unos cuantos Bazofts más u otro brote de
opresión interna lo harían más difícil".
Aún más repulsivas fueron las observaciones del entonces primer ministro
adjunto, Geoffrey Howe, en lo referente a relajar el control sobre la venta
de armas británicas para Irak. Guardó este secreto, según escribió, porque
"se vería muy cínico si tan pronto como expresamos nuestra repulsión por la
forma en que se trató a los kurdos adoptamos un enfoque más flexible a las
ventas de armas".
Saddam conocía también los secretos en torno al ataque contra el USS Stark
cuando, el 17 de mayo de 1987, un jet iraquí lanzó una ráfaga de misiles
contra una fragata de Estados Unidos, matando a más de una sexta parte de la
tripulación de la nave, que estuvo a punto de hundirse. El gobierno
estadunidense aceptó la disculpa de Hussein, quien alegó que el navío fue
confundida con un barco iraní. Además, se le permitió a Saddam negar el
permiso para entrevistar al piloto iraquí.
Toda la verdad murió con Saddam Hussein en la ejecución que tuvo lugar en
Bagdad la madrugada del pasado sábado. Muchos en Washington deben haber
suspirado con alivio, una vez que el viejo quedó silenciado para siempre.
Traducción: Gabriela Fonseca
31/12/06
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