« TIEMPO FELIZ EL DE LA NIÑEZ YO NO SE PORQUÉ PASARÁ.. ».
Hola familia , una lectora de Barranquilla-que firma « Julieta de los Espíritus
»- nos envia un texto que lleva como encabezamiento « No a las bases gringas en
Colombia » Abajo Halloween. Long life to El Día de los Angelitos » con un pedido
de publicación y recordandonos que « a los gringos nos se le puede dar ni un
tantito así... »
Bueno Julieta como decían los abuelos su deseo son órdenes therefore ahí va el
texto de marras...
*Que no desaparezca nuestra tradición*
Hoy 1 de noviembre todos los niños deben disfrutar de su día.
Por Yolanda Paola Muvdi Colegio Cristophoro Colombo
Para esta época mi mamá siempre me cuenta que cuando ella era pequeña,
celebraban el Día de los Angelitos de manera diferente. En vez de salir a pedir
dulce, como pasa con el Halloween, los niños pedían limosnas, que consistía en
obtener frutas y otros alimentos. Por todo el barrio, los chiquillos celebraban
el 1 de noviembre cantando la canción: "Ángeles somos del cielo venimos pidiendo
limosnas para nosotros mismos", y hasta a veces me dice que le gustaba más esa
tradición, porque recogían dinero y no se celebraba en la noche, sino todo el
día.
Esto que me cuenta mi mamá, lo confirman los abuelos de la Región Caribe,
quienes dicen que mucho tiempo antes de que llegara a Colombia la tradición del
Halloween, procedente de Estados Unidos con sus brujas y calabazas, los niños y
niñas del país celebraban un día después, por ser el Día de todos los santos.
También se dice que en las diferentes casas entregaban dulces o galletas, si era
en la ciudad. Pero si era en el campo, daban lo típico de la región, ya fuera
caña de azúcar, panela, papa, yuca o frutas. Si los regalos eran muy generosos,
los niños felices respondían: "Esta casa es de rosas, donde viven las hermosas",
pero si por el contrario no obtenían lo que querían, el cántico era: "Esta casa
es de agujas, donde viven todas las brujas".
Al finalizar la jornada de visita a cada casa, los niños se reunían en el monte
o en el patio de alguna vivienda para armar un manjar con todas las golosinas.
Actualmente no se celebra con la misma intensidad el Día de los Angelitos, pero
con la ayuda de la Arquidiócesis, se está tratando de volver a esta fiesta
netamente nuestra. La tarea empieza en casa, donde cada papito debe procurar no
incentivar en sus hijos el festejo de la Noche de Halloween, ni disfrazarlos de
atuendos que inciten a la violencia. Luego, esta tarea sigue en los colegios y
en cada una de las fiestas que ellos realizan, y de ahí en cada barrio, donde en
equipo se debe trabajar por no dejar desaparecer esta bonita tradición propia de
nuestra cultura y de nuestro país.
Ángeles somos
A continuación anexamos apartes del cántico que identifica al Día de los
Angelitos, canción que los niños entonan de casa en casa. "Ángeles somos, del
cielo venimos, pidiendo limosnas pa' nosotros mismos. Pan y vino pa' Marcelino,
pan y ron pa' Marcelón. Busca el sencillo, busca el sencillo, cinco centavos pa'
mi bolsillo. No me veas, no me veas, saca el bollo de la batea. No te rías, no
te rías, que la mochila está vacía. Papaya fría pa' las querías, papaya asá pa'
las casadas. Rao, rao, rao, rao, que los caimanes están atoraos. Esta casa es de
agujas, donde viven todas las brujas. Esta casa es de rosas, donde viven las
hermosas. Esta casa es de rosas, donde viven las piojosas".
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Un airado lector de Aracataca y colaborador ad honoreum de este pasquin- ya que
due to la impagable deuda externa que cargamos sobre nuestras espaldas desde que
estabamos en el vientre materno estamos permanenetemente en la bruja y con
nuestra balanza de pagos vuelta mierda- que pertenece a esa raza de naradores
natos que marcan hitos en la Historia Universal del Verbo y que estamos seguros
ocupará un lugar prepondereante en la literatura de estas sufridas tierras por
los siglos de los siglos amén y hasta que el sol se apage...nos envia un texto
totalizador,devastador y definitivo para que lo incluyamos en el pasquin de cada
día danos de hoy...
ESTAS NAVIDADES SINIESTRAS
Ya nadie se acuerda de Dios en Navidad . Hay tanto estruendo de cornetas y
fuegos de artificio, tantas guirnaldas de focos de colores, tantos pavos
inocentes degollados y tantas angustias de dinero para quedar bien por encima de
nuestros recursos reales que uno se pregunta si a alguien le queda un instante
para darse cuenta de que semejante despelote es para celebrar el cumpleaños de
un niño que nacio hace 2.000 años en una caballeriza de miseria, a poca
distancia de donde habia nacido, unos mil años antes, el rey David . 954
millones de cristianos creen que ese niño era Dios encarnado, pero muchos lo
celebran como si en realidad no lo creyeran. Lo celebran ademas muchos millones
que no lo han creido nunca, pero le gusta la parranda, y muchos otros que
estarian dispuestos a voltear el mundo al reves para que nadie lo siguiera
creyendo. Seria interesante averiguar cuantos de ellos creen tambien en el fondo
de su alma que la Navidad de ahora es una fiesta abominable, y no se atreven a
decirlo por un prejuicio que ya no es religioso sino social.
Lo mas grave de todo es el desastre cultural que estas Navidades pervertidas
estan causando en America Latina. Antes, cuando solo teniamos costumbres
heredadas de España, los pesebres domesticos eran prodigios de imaginacion
familiar. El niño Dios era mas grande que el buey, las casitas encaramadas en
las colinas eran mas grande que la virgen, y nadie se fijaba en anacronismos :
el paisaje de Belen era completado con un tren de cuerda, con un pato de peluche
mas grande que un leon que nadaba en el espejo de la sala, o con un agente de
transito que dirigia un rebaño de corderos en una esquina de Jerusalen. Encima
de todo se ponia una estrella de papel dorado con una bombilla en el centro, y
un rayo de seda amarilla que habria de indicar a los Reyes Magos el camino de la
salvacion. El resultado era mas bien feo, pero se parecia a nosotros, y desde
luego era mejor que tantos cuadros mal copiados del aduanero Rousseau.
La mistificacion empezo con la costumbre de que los jugetes no los trajeron los
Reyes Magos – como sucede en España con toda razon -, sino el niño Dios. Los
niños nos acostabamos mas temprano para que los regalos llegaran pronto, y
eramos felices oyendo las mentiras poeticas de los adultos. Sin embargo, yo no
tenia mas de cinco años cuando alguien en mi casa decidio que ya era tiempo de
revelarme la verdad. Fue una desilusion no solo porque yo creia de veras que era
el niño Dios quien traia los jugetes, sino tambien porque hubiera querido seguir
creyendolo. Ademas , por pura logica de adulto, pense entonces que tambien los
otros misterios catolicos eran inventados por los padres para entretener a los
niños, y me quede en el limbo. Aquel dia -como decian los maestros jesuitas en
la escuela primaria – perdia la inocencia, pues descubri que tampoco a los niños
los traian las cigueñas de Paris , que es algo que todavia me gustaria seguir
creyendo para pensar mas en el amor y menos en la pildora.
Todo aquello cambio en los ultimos treinta años, mediante una operacion
comercial de proporciones mundiales que es al mismo tiempo una desvastadora
agresion cultural . El niño Dios fue destronado por el Santa Claus de los
gringos y los ingleses , que es el mismo Papa Noel de los franceses , y a
quienes todos conocemos demasiado . Nos llego con todo : el trineo tirado por un
alce , y el abeto cargado de juguetes bajo una fantastica tempestad de nieve. En
realidad , este ursurpador con nariz de cervecero no es otro que el buen San
Nicolas ,un santo al que yo quiero mucho y porque es el de mi abuelo el coronel
, pero que no tiene nada que ver con la Navidad , y mucho menos con la
Nochebuena tropical de la America Latina. Segun la leyenda nordica , San Nicolas
reconstruyo y revivio a varios escolares que un oso habia descuartizado en la
nieve , y por eso lo proclamaron el patron de los niños . Pero su fiesta se
celebra el 6 de diciembre y no el 25 . La leyenda se volvio institucional en las
provincias germanicas del Norte a fines del siglo XVIII , junto al arbol de los
juguetes , y hace poco mas de cien años paso a Gran Bretaña y Francia . Luego
paso a Estados Unidos , y estos nos lo mandaron para America Latina , con toda
una cultura de contrabando : la nieve artificial , las candilejas de colores, el
pavo relleno y estos quince dias de consumismo frenetico al que muy pocos nos
atrevemos a escapar . Con todo , tal vez lo mas siniestro de estas Navidades de
consumo sea la estetica miserable que trajeron consigo : esas tarjetas postales
indigentes , esas ristras de foquitos de colores , esas campanitas de vidrio ,
esas coronas de muerdago colgadas en el umbral , esas canciones de retrasados
mentales que son los villancicos traducidos del ingles ; y tantas otras
estupideces gloriosas para las cuales ni siquiera valia la pena de haber
inventado la electricidad.
Todo eso , en torno a la fiesta mas espantosa del año. Una noche infernal en que
los niños no pueden dormir con la casa llena de borrachos que se equivocan de
puerta buscando donde desaguar , o persiguiendo a la esposa de otro que acaso
tuvo la buena suerte de quedarse dormido en la sala . Mentira : no es una noche
de paz y amor , sino todo lo contrario . Es la ocasion solemne de la gente que
no se quiere . La oportunidad providencial de salir por fin de los compromisos
aplazados por indeseables : la invitacion al pobre ciego que nadie invita, a la
prima Isabel que se quedo viuda hace quince años , a la abuela paralitica que
nadie se atreve a mostrar . Es la alegria por decreto, el cariño por lastima, el
momento de regalar porque nos regalan, y de llorar en publico sin dar
explicaciones. Es la hora feliz de que los invitados se beban todo lo que sobro
de la Navidad anterior : la crema de menta , el licor de chocolate , el vino de
platano . No es raro, como sucede a menudo , que la fiesta termine a tiros . Ni
es raro tampoco que los niños – viendo tantas cosas atroces – terminen por creer
de veras que el niño Jesus no nacio en Belen, sino en Estados Unidos.
Gabriel García Márquez
MUCHOS AÑOS DESPUES...
*La biografía sobre Gabriel García Márquez*
UNA VIDA
Por: Jaime García Márquez / Especial para El Espectado
Conocí a Gerald Martin el 25 de julio 1991, día del cumpleaños 86 de Luisa
Santiaga, en Cartagena de Indias. Para ese día Eligio, mi hermano menor, había
coordinado una cita con el inglés. Cuando llegamos al apartamento de nuestra
madre, Gerald nos recibió de pie, con una sonrisa amplia y generosa, que ayudada
por sus bigotes le alcanzó para los tres alegres compadres, como acostumbraba
Luisa a llamar a sus hijos, en virtud de la costumbre guajira de convertir a los
hermanos mayores en padrinos de los menores y después, padrinos de los sobrinos,
dando como resultado, ser hermanos, ahijados y compadres a la vez.
Luis Enrique le dio la mano y le preguntó ¿te tomas un trago? Después llegó
Mercedes. Ya en este momento en la sala había una algarabía producida por más de
30 niños, entre nietos, bisnietos y tataranietos. A partir de ese momento, para
toda la familia García Márquez, seguramente sin excepción, empezó a ser `el tío
Gerald' (apelativo que le dio La Kundy, hija de Luis Enrique). Le abrimos no
sólo las puertas de nuestros hogares, que no son pocos, sino también nuestros
corazones, cosa común en nosotros.
Durante los 18 años transcurridos desde entonces, se han construido muchos
puentes sobre los ríos, y también hemos perdido varios miembros de la familia.
Entre ellos, el inolvidable Yiyo (Eligio García Márquez), que hubiera cumplido
mejor esta misión de presentar el libro, que hoy me ha tocado en suerte, aunque
estaré igual de asustado frente al monstruo de mil cabezas, como él llamaba al
público, con la enorme diferencia de que él sí tenía una pluma hábil y
entrenada, la cual, por desventura, no metieron en mi equipaje.
De este primer encuentro con Gerald se sucedieron muchos más, todos muy gratos,
en especial el viaje a La Guajira de la mano del primo inteligente Ricardo
Márquez Iguarán.
Una vida, la biografía de Gabriel García Márquez escrita por Gerald Martin,
densa no sólo por su connotación física sino por su contenido literario, cubre
con sobrada maestría la vida y obra de nuestro Premio Nobel. Martin, con
lenguaje directo, nos lleva de la mano, sin sobresaltos, por el mundo mítico de
las obras literarias y el mundo real del fabulador de Aracataca, dándonos las
claves para entender que la vida de este colombiano se entrecruza con su obra,
de tal suerte que las fronteras invisibles de esos dos mundos, en manos de
Gerald, aparecen nítidas, como por obra de prestidigitación, y lo confuso se
hace simple.
Los primeros quince capítulos son dedicados a su vida, su infancia, sus primeros
cuentos, su período formativo, entre la vida llena de vicisitudes y sus virtudes
narrativas y el ejercicio del periodismo. El análisis de su viaje a Aracataca
con su madre en 1950, que lo inspiró para su cuento La siesta del martes, en
donde describe la imagen de la señora vestida de negro, con su niña, que cruza a
las dos de la tarde el camellón de los almendros, en busca de las llaves del
cementerio para visitar la tumba un hijo enterrado allí.
Gerald explica en forma magistral por qué es tan importante esta imagen para el
futuro del joven escritor y concluye diciendo que García Márquez había alcanzado
allí su condición de narrador. La mirada de Latinoamérica desde Europa lo hace
tomar conciencia de su condición de tercermundista y crea las bases para que él
asuma posiciones políticas que servirán más tarde para escribir El otoño del
patriarca y mucho tiempo después para el discurso "La soledad de América
Latina", leído en Estocolmo el día anterior a la entrega del Premio Nobel.
Recomiendo a todos los compañeros "gabiteros" (categoría de los lectores
furibundos de Gabito que no tenemos formación literaria), que lean cuanto antes
esta biografía, porque estoy seguro de que se van a deleitar. Debo recordar que
ninguna biografía jamás será perfecta. Hay muchas interpretaciones, cargadas de
subjetividad y por supuesto de afecciones que distorsionan la realidad de
acuerdo con el color del cristal con que se mire. En mi caso, observo en las
investigaciones periodísticas, imprecisiones y suposiciones. No pretendo abrir
una polémica, sólo quiero la verdad, aunque duela. La verdad siempre es mejor
que la incertidumbre.
Utilizaré las voces de mis familiares fallecidos, para que expresen sus
comentarios con temas que a ellos involucran consignados en esta obra.
Habla el abuelo Nicolás Márquez: en verdad no hubo un duelo, hubo un encuentro
desgraciado que amargó toda mi vida. El señor Gerald debe tener pruebas
documentales para sustentar que yo soborné a las autoridades a fin de conseguir
mi libertad.
Habla mi padre, Gabriel Eligio: el señor Martin me hace muchos cuestionamientos
en relación con Gabito. Todos contribuyeron a que se quedara con sus abuelos,
incluyendo al Coronel. Cuando lo mandé a estudiar a Bogotá, no lo hice para
desterrarlo, lo hice para que tuviera una mejor educación. Más tarde mandé
también a mi otro hijo, Luis Enrique. Es decir, palos porque bogas y palos
porque no bogas. En cuanto al tema de la violación: la demanda la hubo, pero no
la violación. Concluir que sí la hubo, por ejercer yo la homeopatía, se me
ocurre calumnioso.
Habla mi madre, Luisa Santiaga: el pobre Gerald duró 18 años haciendo un libro
sobre mi hijo. ¿Por qué necesitó tantos años para hacerlo? Siendo él adivino. Él
sabe más de mí que yo, sabe, por ejemplo, la fecha de inicio de la gestación de
Gabito… ¿qué tal?
Alfredo (Cuqui): como diría Gustavo, ni lo uno ni lo otro, sino todo lo
contrario. El inglés del carajo sabe "Hasta de dónde son los cantantes".
Yiyo: Jaime no te metas con Gerald. Él pertenece a una dinastía de ingleses
expertos en biografías. Son terribles, feroces y si les buscan la lengua, te
levantan las alfombras y te sacan los trapitos a la calle. Mira cómo cogió a
Krausen y lo desbarató. ¡Bien hecho! No te hagas el pendejo, también sé que te
gustó la biografía, resaltaste con marcador todo el libro, como lo haría yo. De
todas formas el nacimiento del hermano mayor sirvió para muchas cosas, entre
otras para que Gerald hiciera la biografía de Gabriel, Una vida, con la cual se
hará famoso, rico y de ñapa tendrá un pocotón de sobrinos. Además para que los
colombianos tengamos un Premio Nobel y yo pudiera estar con ustedes esta noche.
Muchas gracias
Falta la fe de erratas de Gabo
En entrevista con *El Espectador*, publicada el pasado 11 de octubre, el
biógrafo británico Gerald Martin respondió así sobre las posibles imprecisiones
de su investigación a lo largo de 17 años:
/¿Cuál fue la última vez que habló o se encontró con Gabo y qué balance final le
hizo de este libro?/
Me encontré con él en enero y no me dio ningún balance final, pero sí dijo que
sabía que a pesar de "ciertos errores" y "algún desacuerdo" el libro había sido
investigado y escrito de buena fe. También dijo que se alegraba mucho de verlo
terminado "porque yo siempre había querido ser famoso".
/¿Cómo asimiló él y su esposa historias privadas que se cuentan en el libro,
como la de Tachia Quintana, que fue novia de Gabo?/
No sé. Me imagino que habrán aceptado que ciertas experiencias han sido tan
influyentes —o incluso determinantes— a la hora de componer sus libros que a
veces la discreción tiene que sufrir cierta elasticidad. Pero también pienso que
obré con respeto y responsabilidad y que ellos lo saben. Por otra parte, ellos y
Tachia (para referirme a tu ejemplo) siguen siendo excelentes amigos.
/¿Cree que no cayó en la idolatría del mito literario? ¿Qué tan crítico pudo ser
con el Nobel?/
Bueno, algunos críticos ingleses y norteamericanos piensan que fui muy
"deferente" y demasiado "admirativo"; algunos colombianos piensan que soy
"amarillista" y que tengo "instintos malsanos". No puedo negar que mi visión de
García Márquez hombre es infinitamente más positiva ahora que hace veinte años,
pero me pregunto quién, sabiendo lo que sé, podría sacar otras conclusiones
(!veremos!). Te aseguro que Gabo no piensa que yo lo idolatré.
Las imprecisiones de Gerald Martin, según Jaime García Márquez
Que no hubo duelo:
"Medardo, un hábil tirador que había cabalgado con Nicolás (Márquez) en la
guerra y entonces vivía en la aldea vecina de El Papayal, desafió e insultó a su
antiguo comandante en repetidas ocasiones, tantas que éste se tomó en serio las
advertencias y a partir de entonces andaba al acecho del joven. Medardo fue al
pueblo el día de la fiesta, endomingado con una gabardina blanca, y tomó un
atajo por un callejón que ya no existe. Al descabalgar de su montura con un
manojo de forraje en la mano y una vela de peregrino en la otra, Nicolás le
preguntó: `¿Estás armado, Medardo?'. A lo que éste contestó: "No". "Bueno,
recuerda lo que advertí", y Nicolás disparó una vez, algunos dicen que dos… los
propios hechos parecen demostrar que fue Nicolás quien escogió cuándo, dónde y
cómo llevar a cabo el enfrentamiento final". Páginas 42 y 43.
Que no hubo soborno:
"Algunos comentan que logró comprar su puesta en libertad con lo que sacaba de
sus artesanías; que trabajó en un improvisado taller de joyería dentro de la
cárcel e hizo peces, mariposas y cálices, y que después se valió de sobornos
para salir. Nadie ha hallado todavía ningún documento en relación con el caso".
Página 44.
El día de gestación de Gabo:
"Luisa pudo quedar en cinta la segunda noche después de la boda —caso que no lo
fuera antes— y, según la leyenda familiar, la buena nueva prometía hacer más
cordial la gélida relación entre Gabriel Eligio y el coronel". Página 54.
Por qué lo criaron los abuelos:
"… aunque la leyenda familiar sostenga lo contrario, al parecer su presencia (la
de el papá de Gabo) en la casa del coronel no era grata, finalmente decidió
llevarse a Luisa a Barranquilla y, tras ciertas negociaciones poco claras, se
acordó que Gabito se quedara con los abuelos". Página 57.
Que su papá no fue un violador:
"Una mujer de una aldea cercana contrató a un abogado que acusó a Gabriel Eligio
de haberla violado bajo los efectos de la anestesia, y aunque él negó el cargo
de violación, más grave, admitió ser el padre del hijo de aquella mujer.
Mantener relaciones sexuales con un paciente también infringía la ley, pero se
las arregló para salir impune del que tal vez fue el momento más delicado de su
carrera". Página 101.
Que sus padres no lo desterraron hacia Bogotá:
"…Gabito lloró por el mundo que había dejado atrás. Era un huérfano: no tenía
familia, ni sol, ni idea de qué iba a hacer". Página 105.
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"Tango que me hicistes mal y sin embargo te quiero..."
EL LAMENTO DEL CORNUDO...
"Ya en 1810 una de las obsesiones argentinas era alcanzar la grandeza. Lo que
ahora obsesiona al país es el miedo a la pequeñez."
BEFORE GOLPIZA DE MALVINAS
Argentina que me amuraste
en lo mejor de mi vida
dejandome el alma herida
y splin en el corazon,
sabiendo que te queria,
que vos eras mi alegria
y mi sueño abrasador...
Para mi ya no hay consuelo
y por eso me encurdelo
pa' olvidarme de tu amor./ /
AFTER GOLPIZA DE MALVINAS
Argentina, you dumped me
at the prime of my life
leaving my soul wounded
and dullness in my heart,
knowing that I loved you,
that you were my joy
and my burning dream...
There is no solace for me,
that is why I'm getting drunk
to forget about you love.
Don´t worry muchachos como dice esa canción de The Cats...Y la lluvia
caerá luego vendrá el sereno.
Saludos cordiales desde Las Montañas de Putonia
ARGENTINA EN SU BICENTENARIO
*Por: Tomas Eloy Martínez*
/Historia no es sólo aquello que se cuenta del pasado. Es también, y a veces
sobre todo, el relato de lo que se omite, de lo que queda en los márgenes./
En mayo de 1910 la Argentina celebró el primer centenario de su emancipación de
la Corona española.
Pocos meses después, el adolescente Juan Domingo Perón fue llevado por su abuela
paterna al Colegio Militar de la ciudad de San Martín, donde estudió amparado
por una beca de misericordia. Venía de un hogar inestable, errante, y en el
colegio descubrió el único modelo de familia que conoció en la vida. Se dijo que
si aquello era bueno para él, también debía ser bueno para el país.
Con esa escena empieza el siglo XX en la Argentina.
Tres décadas más tarde, cuando alcanzó el poder, Perón puso en práctica las
lecciones de disciplina y orden que había aprendido en la milicia. Organizó el
país en torno a la figura de un líder fuerte, carismático, cuya palabra era ley.
Si bien esos dictámenes dependían de la aprobación de instituciones formales
como las dos cámaras del Parlamento y las cortes de justicia, las instituciones
respondían por lo general a los designios del líder.
A ese modelo jerárquico y autoritario pueden atribuirse las alternancias civiles
y militares que se sucedieron a partir de 1955 y que cerraron el camino a todos
los proyectos de desarrollo.
Desde entonces la Argentina se convirtió en un campo de batalla entre facciones
que se disputaban fragmentos de poder y que obedecían, todas ellas, a diferentes
caudillos únicos intolerantes con las ideas de los otros. Cada uno de esos
caudillos, a su turno, fue debilitando las instituciones, estimulando formas de
corrupción cada vez más sofisticadas y más sometidas a la voluntad de quien
estuviera al mando.
El peronismo domina la política argentina aun desde antes de que Perón regresara
de su exilio en Madrid en 1973. Con el paréntesis de las dictaduras militares
—que trataron, en vano, de aniquilarlo— se ha mantenido en el poder de una
manera u otra hasta hoy y es posible que siga prevaleciendo durante otras dos o
tres generaciones.
Nadie, sin embargo, sabe con certeza qué es el peronismo. Y porque nadie sabe
qué es, el peronismo expresa el país a la perfección. Cuando un peronismo cae,
por corrupción, por fracaso o por mero desgaste, otro peronismo se levanta y
dice: "Aquello era una impostura. Este que llega ahora es el peronismo
verdadero".
La esperanza del peronismo verdadero que vendrá está viva en la Argentina desde
hace décadas, como si se tratara de un imposible Mesías que iluminará el fin de
los tiempos, cuando el país recuperará la grandeza de una vez para siempre.
La Argentina, así, se ha ido tornando impredecible, un enigma ante el que se
estrellan todas las respuestas. ¿Cómo imaginar el futuro inmediato, la
celebración del segundo centenario de la independencia entre las brumas de un
país a la deriva? Las instituciones siguen inestables. En la Argentina, a
diferencia de lo que sucede en Chile y Brasil, cuando un gobierno sustituye a
otro, los técnicos y los cuadros medios del gobierno que se va son desalojados y
reemplazados por otros funcionarios.
El seleccionado argentino de fútbol es una eficaz metáfora del país. Algunos de
sus jugadores se cuentan entre los mejores del mundo y los clubes europeos pagan
fortunas para tenerlos en sus planteles. En Europa deslumbran, pero en la
Argentina fracasan. Se pasean desorientados por los campos de juego, después de
que demasiados entrenadores les han dado directivas opuestas.
La grandeza está en la imaginación de todos. Nadie parece resignarse a los
límites de la realidad.
También el periodismo pierde la calma. Si el gobierno se crispa, si los humores
se enardecen, el periodismo lo imita: Se divide en facciones efervescentes,
sordas a las razones de los bandos opuestos. El periodismo debería releerse a sí
mismo. Muchos de los intereses y principios que defiende y predica hoy son
inversos a los que defendía ayer.
A partir de lo que aparece ahora en la superficie de los hechos se vislumbra la
silueta de un futuro más bien opaco, que en nada se asemeja al del primer
centenario.
En toda la despoblada extensión de la Argentina se oyen tambores de guerra. La
batalla por conservar el poder o por arrebatarlo es a vida o muerte. Sindicatos
adictos al gobierno contra sindicatos adversarios; piquetes contra piquetes.
La justicia se mueve a paso lento, tratando de proteger las instituciones.
Gracias a la justicia, el mejor legado del gobierno Kirchner no se ha perdido en
el polvo de las reyertas. Los imperdonables crímenes de la dictadura, los robos
de recién nacidos en cautiverio, las torturas despiadadas, los vuelos de avión
con prisioneros a los que se arrojaba vivos en el océano y en el río de la
Plata, no van a quedar ya sin condena y sin memoria.
Que se haya recuperado la dignidad vuelve aún menos explicable que la educación
agonice degradada en sótanos de negligencia que medio siglo atrás parecían
imposibles. La influencia de la Iglesia, que ha sido siempre un poderoso factor
de regresión e intolerancia, no cesa de crecer. La prédica de los últimos
tiempos trata de llamar la atención sobre el escándalo de la pobreza, pero no
recuerda que por la pobreza mueren cientos de madres adolescentes en abortos
clandestinos y que la mortalidad infantil supera.
Mucha de la infelicidad argentina nace de una lección que la realidad siempre
contradice. A los niños se les enseña en las escuelas que son hijos de un país
grande acechado por desgracias de las que no es responsable. Nunca le será fácil
alcanzar la dicha a un país que cree tener menos de lo que merece y que desde
hace décadas imagina que es más de lo que es.
Siempre se creyó que la Argentina estaba en un sitio distinto del que le habían
adjudicado la geografía, el azar o la historia. Pero nunca hubo tanto divorcio
entre la realidad y los deseos como en estos últimos seis años.
Ya en 1810 una de las obsesiones argentinas era alcanzar la grandeza. Lo que
ahora obsesiona al país es el miedo a la pequeñez.
*Novelista y periodista argentino.