La mina Cobre las Cruces se convertirá
en la empresa más contaminante de Andalucía
La empresa
minera “Cobre las Cruces” cuenta con
una
Autorización de vertido al Guadalquivir de la
Consejería de
Medio Ambiente por la que se le
permite verter
hasta cinco veces más metales
pesados de lo
que vierten actualmente empresas
del Polo
Químico de Huelva.
La Autorización
Ambiental Integrada por la que la
Consejería de
Medio Ambiente ha autorizado los
vertidos al
Guadalquivir de la mina las Cruces
permite el vertido de 15 Kilos/ año de
mercurio y de cadmio y de hasta 75 kilos/año
de arsénico y de plomo, lo que la
convierte en la empresa más contaminante de
Andalucía en lo que a vertidos de
metales pesados se refiere.
La empresa minera “Cobre las Cruces”
se lleva la palma en cuanto a metales
pesados vertidos al agua en Andalucía.
Según consta en el registro de vertidos de la
Consejería de Medio Ambiente, el
vertido autorizado a “Cobre las Cruces” supera en
más de 50 kilos a la empresa más
contaminante por vertido de arsénico de
Andalucía, la refinería de la Rábida.
Dobla el vertido de la más contaminante por
vertido de Cadmio (Laminados Oviedo de
Córdoba) que aparece con un vertido
registrado de 7,44 kilos/año, casi
cuadruplica el mayor vertido por Mercurio que
también recaía en Laminados Oviedo y
supera en más de 20 kilos el valor de Tioxide
que era hasta ahora la más
contaminante por vertido de plomo.
Además el vertido de “Cobre las
Cruces” presenta el agravante de que se realiza al
Guadalquivir a la altura del municipio
de La Algaba, afectando a la seguridad
alimentaria de las producciones
ligadas al agua del río como son las más de 30.000
hectáreas de arrozal, la acuicultura
de Veta la Palma o las pesquerías del estuario.
Todos los metales vertidos son
extremadamente tóxicos para los humanos y en el
caso del mercurio se afecta el sistema
nervioso infantil en desarrollo. El mercurio
vertido, por acción microbiana forma
metilmercurio, que tiene la capacidad de
acumularse en organismos
(bioacumulación) y de concentrarse en las cadenas
tróficas (bioamplificación),
especialmente en la cadena alimentaria acuática. Los
peces, crustáceos y moluscos que se
capturan en el estuario acabarán acumulando
grandes cantidades de mercurio y demás
metales que pueden suponer un riesgo
para la salud de los consumidores. El
metilmercurio traspasa fácilmente la barrera
placentaria y la barrera sanguínea del
cerebro. Esto lo hace especialmente peligroso
para las mujeres embarazadas y en edad
fértil, que pueden acumularlo en su
organismo y traspasárselo a sus hijos.
Ecologisas en Acción
http://www.portaldelmedioambiente.com/html/gestor_denuncias/ver_denuncia.asp?id=\
452