Contesto a Santiago/metadona:
La ley del valor-trabajo rige el capitalismo. No existe el "capitalismo monopolista", al menos como un estadio donde ya no rige la ley del valor o rige de otra manera (como afirman sus defensores). Esta ley nos enseña muchas cosas, entre otras que no existe gran diferencia entre precios y cantidades:
1) Los precios se determinan por las cantidades del trabajo que produce las mercancías. Si la mercancía A vale 2 horas, y la unidad de dinero (un euro) vale 2 minutos, el precio de A será 60 euros.
2) Los precios relativos no son sino cantidades relativas: Si el precio de A son 60 euros por unidad de A, y el de B 30 euros por unidad de B, el precio relativo de A en términos de B es 2 unidades de B por cada unidad de A. Es decir, una cantidad relativa.
3) La abolición del dinero supone la abolición de los precios mercantiles del capitalismo, pero no supone la necesidad de establecer relaciones precisas entre cantidades de productos, ni la posibilidad de que dichas relaciones estén al servicio de las necesidades reales y democráticas de la población.
4) Lo que en una etapa de transición desde el capitalismo hacia el comunismo sí pueden calcularse y usarse, como referencia, son lo que habitualmente se llama "precios sombra", que tienen que ver con los precios mercantiles capitalistas de los que nacen. Me explico:
En cualquier sociedad, y también en la comunista y en la de transición, se necesita una determinada cantidad de trabajo directo (L) para producir cada tipo de cosa, y una determinada cantidad de insumos materiales. En el capitalismo, si esos insumos son producto del trabajo también tienen valor y entran en el valor de las cosas producidas que en ese sistema son mercancías. Si llamamos A a la matriz de insumos interindustriales en términos unitarios, entonces el valor de estos insumos es v*A, y por tanto el valor de la mercancía producida es la suma de L más v*A. La fórmula v = L + vA permite usar la "inversa de Leontief" --una aportación técnica de la economía burguesa que no debemos renunciar a usar-- para calcular los valores como v = L (I-A)^-1 [donde I es la matriz unitaria, y (I-A)^-1 significa (I-A) elevado a menos 1]. El precio de producción, p, es sólo una magnitud que difiere de v según la composición de capital con que se produce cada mercancía, pero que viene determinado por v, de forma que para el conjunto de las mercancías el valor, v, de todas ellas y el precio de producción, p, de todas ellas coincide.
Todo esto que explicó Marx en El capital puede usarse para la sociedad de transición al comunismo, pero antes pongamos un ejemplo numérico de lo anterior: si una sociedad produce sólo alimentos y abonos, y para ello se requiere una unidad de trabajo por unidad de alimento; 3 por unidad de abono; 0,5 unidades de abono por cada unidad de alimento; y 0,2 unidades de alimento por cada unidad de abono, los valores serían 2,78 para el alimento y 3,56 para el abono. Matemáticamente, es muy sencillo, y si en vez de 2 mercancías tenemos 2 millones, el mecanismo de cálculo será el mismo (sólo que ahora se requerirá una capacidad de computación mucho mayor). Afortunadamente, tenemos expertos en computación que son marxistas y comunistas, como por ejemplo Cockshott, W. Paul; Allin F. Cottrell (1993): Towards a New Socialism, Nottingham: Spokesman Books, y muchos más, y eso nos acerca cada vez a las posibilidades efectivas de planificar en el futuro.
En la sociedad futura habrá oferta (=producción) y demanda (se requiere x unidades de A, y unidades de B, etc.). Sabemos que la demanda final (DF) es la suma del consumo privado (C), la demanda pública (G), la inversión empresarial (I) yel saldo exterior neto (X-M), y que además está la demanda intermedia (DI). El producto total (PT) debe cubir toda la demanda (DF + DI), pero las fórmulas de Leontief sirven para determinar la DI a partir de la DF. Si suponemos que el país tiene equilibrio exterior, nos quedan 3 cosas: C, G e I.
El consumo privado (C) puede hacerse descentralizada y democráticamente, el público (G) democráticamente también pero de forma centralizada (por decisión política, por así decir). En una sociedad poscapitalista tiene que haber democracia y por tanto el consumo en principio --podemos tomar esa "regla" como referencia y luego discutir si se permiten unas u otras modificaciones-- debe ser igual (en cantidad y calidad, no en composición) para cada ciudadano, y la decisión política se producirá de acuerdo con una capacidad igual de decisión política. En esas condiciones, sólo queda I: ¿cómo determinar la inversión empresarial?
En el capitalismo la inversión la deciden las empresas en busca de la maximización de sus ganancias privadas, y en el poscapitalismo se decidirá de acuerdo con las necesidades reales de la gente. Ahora bien, el problema es: ¿quién decide la inversión? ¿Los trabajadores, los planificadores, los consumidores...?
En mi opinión, se trata de lo siguiente:
1) Una vez decidido democráticamente el porcentaje del "PIB" que irá a parar a C y a G, determinamos inmediatamente el porcentaje que irá a inversión (I) [y en gran medida el ritmo global de expansión o crecimiento]. Pero ¿cómo distribuir la inversión total entre las empresas?
2) Creo que se debe dejar que las empresas inviertan y desinviertan "individualmente". Esto significa que, al cambiar la estructura de la demanda de consumo (ya no se necesitarán bienes de lujo, por ejemplo, y se requerirán más productos básicos), algunas empresas tendrían que cerrar, otras seguir igual y otras aumentar mucho la producción. La oferta se ajusta a la demanda IGUAL QUE OCURRE EN EL CAPITALISMO, sólo que ahora la demanda no es plutocrática y antidemocrática, sino democrática. Como el pueblo no está sometido, querrá que parte del "gasto público" vaya destinado a mantener igual el consumo de los trabajadores en el periodo que media entre el cierre de sus empresas y su reasignación a otros lugares de producción. No se trata de un subsidio de desempleo porque las relaciones no son ahora monetarias y porque esos trabajadores no son ahora desempleados: la "renta" de la gente ya no se gana dependiendo del mercado de trabajo porque no hay mercado de trabajo. Se gana por la simple condición de ciudadano.
3) Por supuesto, quedarán múltiples problemas que resolver, pero se hará en democracia.
Lo importante es ver que en el capitalismo los valores (v) regulan los precios de producción (p), y éstos a su vez regulan los precios de mercado (m). Sin embargo, los m se pueden desviar de p por múltiples razones: impuestos, subvenciones, precios administrados, fluctuaciones de la oferta y la demanda a corto plazo... Pues bien, en el poscapitalismo,las cantidades de trabajo (los antiguos "valores" por decirlo así) son sólo una referencia:
a) en el comunismo pleno, como escribió Marx, no necesitará usarse prácticamente esa referencia porque el desarrollo técnico hará posible producir las cosas con una menor participación cada vez de L.
b) Pero en la transición parece aconsejable usar como referencia los "v sombra". Al igual que en el capitalismo los p se desvían de los v porque la competencia capitalista "obliga" a que la ganancia sea proporcional a todo el capital invertido y no sólo al capital variable, en el poscapitalismo los "p sombra" se desviarán de los "v sombra" (y los "m sombra" de los "p sombra") porque, y si, las necesidades de la gente así lo exige.
Todo lo dicho apenas es nada para pensar colectivamente el socialismo. Pero es algo. En mi opinión los comunistas deberían dedicarse a trabajar estas cosas, individual y colectivamente, y no a discutir si el PP es mejor o peor que el PSOE, y cosas así. Si no es porque se quiere llegar al poder, muchas veces trepando, la preocupación de algunos por el PP/PSOE, por la monarquía/república burguesas, etc., sólo son síntoma de idealismo inmtelectual. Hay que reclamar un análisis materialista.
Mando copia de una nota necrológica de Harry Magdoff, el compañero de Sweezy en la Monthly Review, recién escrita. Magdoff tenía muy claro que demócratas y republicanos eran la misma cosa en términos de política exterior, de imperialismo y de capitalismo. Seguro que él pensaría lo que pienso yo: que preocuparse por decir lo malo que es Bush y cosas así sólo es digno de alguien que piensa las tonterías burguesas del Partido Demócrata de los EEUU. Gente que, en el fondo, antes preferirían estar en las filas de ese partido que ayudar a una revolución comunista al servicio de los trabajadores.
Salud,
Diego Guerrero
----- Original Message -----From: metadonainfantilSent: Monday, January 02, 2006 1:26 AMSubject: [economistasrojos] La Gran Cuestión, y más reflexionesPregunto otra vez:
¿ Cómo se elimina el mercado en un planeta poblado por 6000 millones
de personas ? -sólo se me ocurre progresivamente, como el Estado; el
cómo, no lo se- ¿ Admitirían todas esas personas las propuestas de
Enrico Barone -que era discípulo de Pareto- con esos "vales de
consumo" ? Y sin mercado para el cálculo económico racional, algo
necesario según Mises, ¿ quién o qué establecería los precios ? ¿ o no
habría precios ? Diego Guerrero creo, defiende la abolición del dinero
-que se me corrija si meto la pata-. Si se aboliera el dinero, ¿ qué
sistema de intercambio se utilizaría: los vales de consumo inspirados
en Barone, cartas de raciocinio (algo no muy lejos de lo que Barone
postula) u otro sistema ?
Agradecería respuestas a estos interrogantes.
A este respecto en Laberinto hay un artículo muy interesnte de
Franciso Umpierrez: "Economía de mercado y economía planificada", que
dice:
"1. Es necesario distinguir con todo rigor que una cosa es
producir la riqueza como mercancía y otra bien distinta es producirla
como capital. En los modos de producción esclavista y feudal una parte
de la riqueza se producía como mercancía. Por lo tanto, la riqueza se
puede producir como mercancía sin que necesariamente se tenga que
producir como capital. No obstante, es cierto que el capitalismo brota
de la producción y circulación de mercancías, y que en su evolución
intenta convertirlo todo en mercancía. Pero aunque esto sea cierto, no
es menos cierto que puede producirse la riqueza como mercancía sin
que necesariamente se produzca como capital. La historia atestigua tal
posibilidad. Pero también lo atestigua la teoría. Valga como ejemplo
lo que dice Marx en su investigación sobra la nivelación de la cuota
general de ganancia por medio de la competencia: "El punctum saliens
se destacará casi siempre si formulamos la cuestión así: supongamos
que los obreros se hallan en posesión de sus respectivos medios de
producción y que intercambien sus mercancías entre sí. Estas
mercancías no serán entonces productos del capital". Es obvio que Marx
habla aquí de una sociedad socialista, una sociedad donde los obreros
se hallan en posesión de sus respectivos medios de producción, que
produce la riqueza como mercancía. Así que no hay que tener reparo
alguno en hablar de un mercado socialista o de una sociedad socialista
de mercado. Es una opción, nueva respecto al socialismo de economía
planificada, y hay que mantener la mente abierta. Hay poco socialismo
en el mundo o sus áreas de realidad son muy reducidas. Si el
socialismo se extendiera, aunque fuera como socialismo de mercado, sin
duda que sería una alegría para todos. No debemos tenerle miedo a algo
que todavía tiene muy poca experiencia: la NEP del tiempo de Ilích
Ulianov y la reforma económica china iniciada en 1978. Bienvenida sean
las más variadas experiencias en materia de construcción del
socialismo. Y el socialismo de mercado es una modalidad de esa
experiencia. Esto no quita que la economía mercantil encierre muchos
riesgos para el socialismo, incluida una involución. El capital brota
de la economía mercantil y donde hay economía mercantil afloran las
tendencias capitalistas. Esto sólo indica que la lucha por el
socialismo es un camino tortuoso y lleno de riesgos. Ahora bien, lo
que no debemos hacer es ponernos a esperar el socialismo puro,
liberado totalmente de huellas capitalistas, y no transitar hacia el
socialismo por los medios que en la actualidad tenemos a nuestro
alcance. La política es el arte de lo posible. Lo importante es saber
que no debe confundirse la lucha por acabar con la forma capitalista
de producir la riqueza con la lucha por acabar con la forma mercantil
de producir la riqueza. La experiencia del modelo soviético de
socialismo demostró que acabar con la forma capitalista de producir la
riqueza supuso acabar con la forma mercantil de producir la riqueza.
Los precios no los dictaba el mercado, donde la sociedad expresa que
cantidad de trabajo social se debe invertir en cada bien, sino la
autoridad central estatal. Y al no permitir que fuera el mercado quien
estableciera los precios de los productos del trabajo, no se respetaba
la ley del valor. En esta clase de sociedad el precio no se
correspondía con el valor. La ley del valor no tenía posibilidad de
manifestarse de modo objetivo. Puesto que el valor sólo se objetiva si
los precios los establece el mercado. Por último, el plan y el mercado
son dos mecanismos económicos, y no es adecuado hablar de sí tienen o
no tienen carácter democrático. Pero si nos preguntáramos con que
mecanismo económico se tienen más en cuenta las necesidades,
apetencias y gustos de los compradores, de acuerdo con la experiencia
del capitalismo y del socialismo, hemos de responder que el mercado.
2. La contradicción entre capitalismo y socialismo se ha
planteado de forma tradicional como una contradicción entre economía
de mercado y economía planificada. Pero esta forma de representarte
esta contradicción no sólo oculta el aspecto principal de la misma, el
tipo de propiedad sobre los medios de producción, sino además no da
cuenta exacta de la relación entre mercado y planificación. Todos los
que hemos estudiado a Ilích Ulianov sabemos que es fundamental
distinguir dos tipos de mercado: el libre y el monopolista. Desde que
surgió el imperialismo, fase superior del capitalismo, el mercado
libre fue sustituido por el mercado monopolista. El capitalismo en su
desarrollo lleva a la concentración, esto es, al surgimiento de
grandes empresas y a los monopolios. Y según Ilích Ulianov desde
principios del siglo XX el mercado cayó en manos de los monopolios,
que se repartieron y se siguen repartiendo el mercado mundial. Y los
monopolios lo planifican todo: la fuente de financiación, las fuentes
de materias primas y los mercados. Y esta es una verdad histórica que
no debe ser perdida de vista: la planificación económica fue una
creación de los monopolios y no del socialismo. Lo que sucede es que
con los monopolios la socialización de la producción llega a tal nivel
que el paso al socialismo sólo es cuestión de un cambio de propiedad.
Pero el error, en el que incurrieron muchos marxistas, es pensar que
en la economía terminaría por existir sólo grandes empresas
monopolistas. Pero esto no es así: las grandes inversiones de capital
siempre generan las pequeñas inversiones de capital, los monopolios
crean la necesidad de las pequeñas empresas. Y son justamente las
pequeñas empresas quienes participan de un relativo mercado libre,
mientras que las grandes empresas participan de un mercado
monopolista, esto es, de un mercado planificado. Por lo tanto, no es
correcto plantear la contradicción entre capitalismo y socialismo como
si fuera la contradicción entre mercado y plan, sino que
históricamente la propia evolución del capitalismo llevó a supeditar
el libre mercado al mercado planificado, esto es, al mercado
monopolista. Así que la contradicción entre libertad ciega y
planificación es una contradicción que surgió en el seno mismo del
mercado capitalista. Y como es de esperar los monopolios capitalistas
sólo planifican aquello que les afecta al bolsillo. La vida y la
suerte de los trabajadores no cuentan en la planificación monopolista
capitalista.
2. Como mi punto de vista es que la esencia fundamental de El
Capital está en el análisis de las distintas formas del valor,
analicemos dos de ellas, la plusvalía y la ganancia, tal y como fueron
tratadas por Marx en El Capital. Así nos haremos con una idea concreta
de lo que yo defiendo. La mercancía producida bajo modo de producción
capitalista se representa mediante la fórmula: valor de la mercancía =
capital constante + (capital variable + plusvalía). El uso de
paréntesis en esta fórmula trata de alertar sobre una diferencia
cualitativa entre los distintos componentes del valor de la mercancía.
El capital constante representa valor viejo, el valor transferido
desde los medios de producción al producto del trabajo, mientras que
el capital variable y la plusvalía representan valor nuevo, el nuevo
valor añadido por el trabajador al producto del trabajo. De ahí que
para un marxista, y en este tema que nos ocupa, sean dos cosas las
fundamentales: una, cómo se divide el nuevo valor entre capital
variable y plusvalor, y dos, quién es el propietario del plusvalor.
(La primera cuestión es muy importante en la construcción del
socialismo, puesto que en la URSS la parte que representaba el
plusvalor siempre fue muy grande en proporción con la parte que
representaban los salarios. Y puede darse el caso, como así se dio,
que un Estado socialista se apropie de más plusvalor del que se
apropian los capitalistas. Resultando la paradoja de que los
trabajadores sean más explotados en el socialismo que en el
capitalismo). Aunque bajo el punto de vista de las relaciones
esenciales es fundamental la separación entre valor viejo y del valor
nuevo, bajo el punto de vista práctico, bajo las condiciones aparentes
en las que desenvuelve su actividad el capitalista, las cosas se
presentan de otro modo. Para el capitalista las nociones fundamentales
son dos: una, el precio de costo, cuánto le cuesta producir la
mercancía, y dos, la ganancia, cuál es la diferencia entre el precio
de venta y el precio de costo. En el precio de costo el capitalista
incluye el capital constante y el capital variable, de modo que borra
la diferencia esencial entre el valor viejo y el valor nuevo. Y como
la ganancia se le presenta como la diferencia entre el precio al que
puede vender la mercancía y lo que le ha costado producirla, se hace
con la idea de que la ganancia proviene, en parte, de todo el capital
invertido, y de otra parte, de sus habilidades en el mercado. Lo
importante en el análisis de Marx estriba en lo siguiente: una, en
exponer cómo la plusvalía se transforma en ganancia, y dos, en exponer
su necesidad. Esta es una de las cuestiones esenciales de El Capital:
exposición de la transformación de las categorías esenciales, por
ejemplo, la plusvalía, en las categorías aparentes, por ejemplo, la
ganancia. El capitalista se maneja con las categorías de precio de
costo y de ganancia, y la economía convencional sistematiza este
saber, y no conoce ni utiliza las categorías de capital constante,
capital variable y plusvalor. Marx no rechazó las categorías de precio
de costo y de ganancia, sino que demostró cómo se transforma la
plusvalía en ganancia y cómo se transforman el capital constante y el
capital variable en precio de costo. Demuestra la necesidad de esta
transformación y la necesidad y utilidad de las categorías de la
economía convencional. En lo que se refiere a la segunda cuestión, la
propiedad sobre el plusvalor, diré lo siguiente: Erróneamente se ha
definido la empresa privada como la empresa que busca beneficios,
mientras que de la empresa pública se dice que no debe buscar
beneficios. Planteada así las cosas parece que a la empresa privada
le es consustancial tener beneficios y a la empresa pública tener
pérdidas. Pero esto no se corresponde con la verdad del socialismo. El
problema no está en si una empresa arroja beneficios o no arroja
beneficios, como criterio para determinar lo privado y lo público,
sino quién es el dueño del beneficio. Y como es obvio a las empresas
de propiedad pública les interesa tener la mayor cantidad de
beneficios posible, incluso más beneficios que las empresas privadas,
para así demostrar su superioridad. En el viejo socialismo, de corte
soviético, el Estado se quedaba con todo el plusvalor, mientras que en
el nuevo socialismo, el representado por el modelo chino, el obrero
colectivo se queda con una parte del plusvalor."
Por otra parte, volviendo a Mises, me estoy dando cuenta de que,
siguiendo el texto de Umpierrez, sus conclusiones
económico-filosóficas tienen relación, más de la que los "austríacos"
piensan, con el marxismo. No sólo en lo referente al cálculo económico
(en la URSS, al establecer una dirección central los precios, se iba
así en contra de la Ley Del Valor, que es la que posibilita que el
mercado establezca los precios; y Mises, aunque parte del
marginalismo, llega a esas mismas conclusiones), sino incluso a los
métodos de análisis. Mises formuló en su momento lo que él llamó la
"praxeología". Según Wikipedia:
"La Praxeología es la ciencia de la acción humana. El término fue
acuñado en 1890 por Alfred Espinas en la Révue Philosophique, pero se
usa comúnmente en relación con la obra del economista austríaco Ludwig
von Mises y sus seguidores.
Von Mises intentó encontrar la raíz conceptual de la economía. Como
otros economistas clásicos, rechazaba el uso de la observación,
diciendo que los actores humanos eran demasiado complejos como para
reducirlos a sus componentes y demasiado conscientes de sí mismos como
para no alterar su comportamiento al saberse observados. La
observación de la acción humana, o la extrapolación a partir de datos
históricos, por tanto, sufrirían siempre de la contaminación por
factores pasados por alto, a diferencia de las ciencias naturales.
Para contrarrestar la naturaleza subjetiva de los resultados del
análisis histórico y estadístico, von Mises propuso el estudio de la
estructura lógica de la acción humana.
De la Praxeología, Mises derivó la idea de que cada acto consciente
del ser humano tiene como meta la mejora del nivel de satisfacción de
la persona. Tuvo especial cuidado en señalar que la Praxeología no se
ocupa de la definición individual de lo que es la satisfacción, sino
sólo el modo en el que el individuo la busca: la forma en que la
persona incrementa su satisfacción eliminando una fuente de
descontento. Ya que el futuro es incierto, toda acción es especulativa.
Define al hombre de acción como uno capaz de pensar lógicamente -ser
de otro modo equivaldría a reducirse a un ente que reacciona
instintivamente a los estímulos del entorno-. De modo similar, el
hombre de acción debe tener al menos una fuente de desagrado que crea
poder eliminar, en caso contrario, no podría actuar.
Otra conclusión a la que llegó von Mises fue que las decisiones se
toman en modo ordinal: es imposible llevar a cabo más de una acción al
mismo tiempo, ya que la mente consciente es capaz de procesar una
decisión a la vez -aún cuando estas decisiones se tomen en rápida
secuencia, pareciendo simultáneas-. Así, el individuo actuará según
sus prioridades: removerá primero la fuente de su mayor descontento,
para ir progresivamente reevaluando su situación e identificando la
siguiente mayor fuente de descontento. Por lo tanto, su segunda meta
siempre será menos importante que su primera meta, y así
sucesivamente. Así, su satisfacción por cada meta subsecuente
alcanzada será menor que las que obtuvo de metas más apremiantes. Ésta
es la regla de la utilidad marginal diminutiva."
Aunque no estoy de acuerdo con esto último: "Por lo tanto, su segunda
meta siempre será menos importante que su primera meta, y así
sucesivamente. Así, su satisfacción por cada meta subsecuente
alcanzada será menor que las que obtuvo de metas más apremiantes. Ésta
es la regla de la utilidad marginal diminutiva.", ya que simplifica la
jerarquización de metas al no considerar el tiempo y la experiencia
del ser humano, que son los factores reales que llevan al individuo a
dejar unas metas por otras, a continuar con ellas o, una vez
conseguidas, a alcanzar una meta mayor. Yo a lo que quiero llegar es a
la relación de esta teoría con la filosofía de la praxis marxista, que
me parece ante todo más completa, ya que no obvia los elementos
"externos" a los seres humanos, como son la historia y el entorno (las
circunstancias concretas en las que el individuo se encuentra inmerso).
Gramsci sobre esto decía que la 'filosofía de la praxis' (un eufemismo
de marxismo que usaba para eludir a los censores de la prisión) no
puede confiar en 'leyes históricas' invisibles como los agentes del
cambio social. La historia está definida por la praxis humana y por lo
tanto incluye el albedrío humano. Sin embargo, el poder de la voluntad
no puede lograr nada que quiera en una situación determinada: cuando
la consciencia de la clase obrera alcance el nivel de desarrollo
necesario para la revolución, las circunstancias históricas que se
encuentren serán tales que no se puedan alterar arbitrariamente. Como
quiera, no se puede predeterminar por inevitabilidad histórica cuál de
los muchos posibles desarrollos tomará lugar.
Como veo la indeterminación juega un papel muy importante tanto en la
praxeología de Mises como en la Filosofía de la Praxis (marxismo). Sin
embargo, Mises a mi juicio obvia que la jerarquía de fines de los
individuos, incluso en un grupo social amplio, está condicionada por
las circunstancias históricas concretas, condicionadas por factores
económicos, sociales e ideológicos. La meta de un grupo de hombres, su
meta máxima, puede ser ir a Jupiter, pero si esa meta es prácticamente
imposible de realizar debido a que los medios para ello no están
disponibles a su alcance, jamás lo lograrán, y unos seres humanos que
condicionan su vida por una meta inalcanzable jamás serán felices (es
como el que se enamora de una persona a la que jamás podrá
conquistar). Además de esto, si llegan a conseguirla y, pongamos por
caso, después en la Tierra se ven al borde de la bancarrota económica
y de la indigencia, por mucha satisfacción que hayan obtenido de su
llegada a Jupiter, es imposible (a no ser que estén abrumados por su
meta y esto les haya cegado la razón) que consideren secundario el
conservar su anterior nivel de vida, su casa, su trabajo, su familia y
sus amistades.
El texto de Wikipedia, además, relaciona lo que antes he comentado (la
jerarquía praxeológica de metas) con la utilidad marginal diminutiva.
Como señalo un contertulio de liberalismo.org (supongo que de manera
inconsciente), la utilidad marginal no se mide en dinero ni en ninguna
unidad de medición, sino que es simplemente ordinal. Si simplemente es
una vía para medir la satisfacción de un bien, y no se mide en dinero,
es imposible que ninguna utilidad marginal explique los precios. Así
de simple.
¿ Qué opinais de estas reflexiones ?