Hola, si hay alguien por ahí que no ronque profundamente:
Yo creo que ese instinto (ser madre) sí existe, pero no es reconocible en todo
momento, ni en todas las mujeres, ni está desligado de condicionamientos
personales y sociales. ¿Lis humanis no nos movemos por instintos? De momento no
puedo ofrecer argumentos de peso que puedan enriqueceros, pero sí decir que el
deseo de ser padre, con pe, existe. Yo lo tengo, y es distinto del instinto
sexual.
No sé si Dostoyevski habrá agotado el tema, sin embargo, yo noto que los
instintos de ser padre y ser amante pueden entrar en contradicción y pelear
entre ellos. Distingo entre el instinto de engendrar y el de sentir placer y el
de amar y el de sentirme amado. A mí me ha ocurrido soñar con una familia
numerosa sin tener pareja ni vivir en una sociedad donde ello sea factible sin
sumar los hijis engendradis con varias mujeres.
No es que subscriba la opinión infalible del papa de Roma, ni aplauda a los
países en que la pobreza se asocia con la superpoblación. Pero a mí me movió más
el deseo paternal que el sexual a encontrar pareja. No digo que sexual no
'habiera'. Digamos 55% cotra 45%, como nacionalistas y unionistas en el País
Vasco. Y digo diguísimo, que soy partidario de la escolarización casera, incluso
al borde de la rotura familiar, debido principalmente a ese instinto paternal
que vence al sexual. Comprar niñis siempre me ha parecido indigno (lo llaman
adoptar). Y un poco de hippismo, que no sé de dónde me vendrá, también hay.
La escuela pública me despaternaliza un mucho. Y por eso no la trago. Además se
da la circustancia de que pasiviza, laboraliza, masifica, zombiza a mis
pequeñis, lo cual debería ser suficiente para hacer tomar las armas a cualquier
adre. Estamos tan dessensibilizadis contra la injusticia (sangrientos noticieros
de sobremesa) que la opción casuela o crecer sin escuela parece idealista o
heroica o patológica. Pero lis enfermis son lis pasivis, lis que no reacionan
ante los malos tratos oficiales a que serán sometidis sus hijis. La silla
eléctrica es legal y ¿la vamos a acatar?
Es mejor que los malos tratos los suministren directamente lis adres,
artesanalmente. !Qué sensación de poder! (Debe entenderse mi afirmación matizada
por esta otra: la escuela es maltrato oficial).
Respecto al feminismo combativo. También existe el instinto de poder mediante
el dinero. Y ese se ejerce en el trabajo profesional y los negocios. Las mujeres
deben !de! disfrutar en la conquista social que supone ese instinto desentrenado
en generaciones anteriores.
La familia aún publicitada como ideal en nuestra sociedad tiene su fuerza en
proponer la satisfacción de un puñado de instintos con la misma persona (tratar
a una persona parece más simple que tratar a cuatro). Si se consigue, es una
bomba, es... total. Una profunda fusión. Sin embargo, genera mucha frustración,
porque es una carambola difícil. En la práctica suele vencer alguno de los
instintos y los otros quedan desatendidos, o solo furtivamente, poniendo en
peligro a la familia ese puñado de segundonis que por lo bajines claman
venganza. Son dinamizadores ninguneados, o rebeldes con causa.
Un abrazo. daf
Entiendan ustedes que el texto es jocoserio.
> El "deseo" de ser madre
> El instinto maternal: mito o realidad
>
> (publicado en El Mundo, 12-4-04)
>
> La psicóloga Daphne de Marneffe se enfrenta a las feministas y reactiva la
> polémica sobre el "deseo" de ser madre
>
>
> CARLOS FRESNEDA
> CORRESPONSAL
>
> NUEVA YORK.- Hay un "deseo" inconfesable que reprimen hoy en día
muchísimas
> mujeres y que no es precisamente el deseo sexual. Hablamos del deseo de
ser
> madre... Pero no una madre cualquiera, sino una madre volcada en el
cuidado
> de sus hijos, así la llamen "maruja". Una madre que se deja guiar por sus
> instintos y se baja del carro laboral, porque su nuevo "trabajo" le exige
> una dedicación plena...
> Hasta aquí, la tesis de la psicóloga Daphne de Marneffe, madre de
tres
> hijos y autora de "Deseo Maternal", el libro que ha está removiendo las
> conciencias de millones de mujeres trabajadoras en Estados Unidos.
> Tirando del otro extremo de la cuerda tenemos a dos mujeres, Susan
> Douglas y Meredith Michaels, madres también, autoras de un libro
> radicalmente distinto -"El Mito de la Mamá"- que denuncia la existencia de
> una trama oculta para hacer volver a la mujer al redil.
> "Estamos hartas de este mito, explotado hasta la saciedad por los
> medios, de que la maternidad te realiza y te colma de satisfacciones",
> escriben las autoras. "Estamos hartas de que nos insistan y nos recuerden
> que ninguna mujer es completa hasta que no tiene hijos, y que la única
> manera de ser una madre decente es entregándose física, psicológica,
> intelectual y emocionalmente a los niños 24 horas al día, siete días a la
> semana".
> Douglas y Michaels piden a sus congéneres que se revelen contra el
> yugo de la "maternidad intensiva" y contra la consignas que cantan en los
> medios la excelencias del "opting out" (como se ha bautizado a la
tendencia
> social de mujeres que abandonan sus carreras para volcarse en la
maternidad)
> .
> Las autoras de "The Mommy Myth" ondean a estas alturas la bandera
> feminista de Betty Friedan, la misma que hace 40 años incitaba a las
mujeres
> a salir del "campo de concentración doméstico".
> "El "nuevo "mamismo" llega enmascarado bajo un cuño progresista",
> advierten. La crianza natural, el trabajo en casa o la escuela en casa,
> advierten, no son más que trampas contra la liberación femenina. El último
> objetivo, según ellas, es dar un paso atrás de medio siglo y volver a esa
> imagen "idílica, romántica y falsa de la maternidad que existían en los
años
> cincuenta".
> Dejamos aquí a las abanderadas del nuevo/viejo feminismo, que
> confiesan "adorar" a sus hijos, aunque prefieren no entrar en detalles y
> despachar el asunto con más que dudoso humor: "Por ejemplo, ninguna de
> nosotras hemos encerrado a nuestros niños en la canasta del perro que
> tenemos en el sótano, aunque a veces hemos tenido la tentación de
hacerlo".
> Volvemos pues con la psicóloga Daphne de Marneffe, a cuestas con la
> teoría y práctica del deseo maternal: "Me ocurrió sobre todo con mi tercer
> hijo... Cada vez que lo dejaba en manos ajenas para ir a mi consulta de
> psicoterapia, sentía como una resistencia invisible, casi un dolor físico.
> Me costaba encontrar una razón de peso para abandonarlo".
> La psicóloga acabó renunciando a su trabajo a tiempo completo y
> empezó a buscar fórmulas para trabajar desde casa, pasar más tiempo con
sus
> hijos y robarle horas al sueño para investigar y escribir "Maternal
Desire".
> De Marneffe traza en su libro dos vías paralelas de exploración. Por
> un lado, recurre a una de las "abuelas" del psicoanálisis, Helene Deutsch,
> que ya en 1945 rompió una lanza por "la empatía y la reflexión" que la
> llegada de los hijos provoca en las mujeres. Según Deutsch, "la gran
> sabiduría de las madres resulta precisamente de la fusión de esa dos
> funciones: la afectiva-intuitiva y la intelectual".
> La autora de "Deseo Maternal" se pone también en la piel de los
hijos
> y recuerda los estudios del psiquiatra británico John Bowlby sobre la
> importancia del vínculo maternal: los niños, al igual que las crías de los
> primates, necesitan la proximidad física de un cuidador. La psicóloga cita
> los estudios de Erik Hesse sobre cómo ese vínculo de los primeros años
> afecta muy directamente a la conducta que manifestamos de adultos.
> En las últimas tres décadas, y pese a las incontables
investigaciones
> sobre la psique femenina, hay sin embargo un grandísima laguna que la
autora
> se propone iluminar en su libro: "La idea de cómo una mujer expresa su
> subjetividad en el cuidado de sus hijos y de cómo existe un deseo
maternal,
> tan psicológicamente rico y poderoso como el deseo sexual".
> De Maneffe reconoce los méritos de la "liberación femenina"
> capitaneada por Betty Friedan y tantas otras, pero se rebela contra la
> tendencia de sepultar a toda costa el "instinto maternal" y de negar ese
> conflicto interno que, aunque les cueste reconocerlo, acucia a infinidad
de
> mujeres.
> Llegados a este punto, Daphne de Marneffe se desmarca con esa ola
que
> ha provocado la reacción instintiva de las feministas: "El placer maternal
> no sólo alimenta las experiencias relacionadas con la crianza de los
niños,
> sino que es una poderosa fuente de energía para otras actividades y puede
> contribuir también a dar un mayor sentido y satisfacción en la vida".
> "Deseo Maternal" camina sobre la estela trazada en la última década
> por una larga colección de títulos ("Rindiéndose a la maternidad", "El
> precio de la maternidad", "Lo que nuestras madres no nos dijeron"), pero
ha
> conseguido provocar más que ningún otro la reacción del frente
neofeminista
> y cosechar críticas encendidas en los medios americanos.
> Patricia Cohen, en el New York Times, arremete contra los clichés
que
> empapan el libro, desde el feminismo ortodoxo al "mito de la "superwoman"
> que, según ella, sigue tiranizando a las mujeres cuando la verdad es que
> está más pasado de moda que las hombreras".
> Elizsabeth Kolbert, en las páginas del New Yorker, rompe sin
embargo
> una lanza por el "deseo maternal" y pone en evidencia los logros de las
> últimas décadas: "Si hay un consenso entre nosotras es que la edad de oro
de
> la "realización femenina", tal y como anticiparon Betty Friedan y muchas
> otras, no se ha materializado".
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