|
Hola amigos,
Neil Postman ha escrito al menos un par de ensayos clásicos sobre
educación, quizás de sus primeras obras. Luego se orientó
más sobre el impacto de los media y la revolución tecnológica en la
cultura, y donde más impactaron sus ideas.
Recordemos que lo que más influencia tiene hoy en dia sobre los
niños son, por este orden, la televisión y la escolarización. Son
dos "inventos" de apenas 50 y 100 años respectivamente, ligados a
la revolución del corporativismo industrial y las tecnologías de
la información. Neil Postman nos advirtió para que tomaramos
cautelas ante el cambio tecnológico, que debe ser controlado y no
servir para que nos controlen. La escolarización y la televisión,
¿están sometidos a un control democrático o sirven como mecanismos
de control del orden social?.
Saludos,
Carlos
LAS 5 ADVERTENCIAS DEL CAMBIO TECNOLÓGICO
Aun a riesgo de parecer algo condescendiente, quiero lanzarles un
mensaje de tranquilidad: dudo que el siglo XXI nos depare problemas
de una naturaleza más sensacional, desorientadora o compleja que
los que tuvimos que afrontar a lo largo del siglo XX, o durante el
XIX, el XVIII, el XVII, o en el mismo sentido, muchos de los siglos
anteriores a estos. Para aquellos que estáis excesivamente
inquietos sobre el nuevo milenio, puedo daros, desde el principio,
algunos consejos sobre como afrontarlo. Estos consejos vienen de
gente en la que podemos confiar, y cuya capacidad intelectual excede
a la del Presidente Bush, el candidato Kerry o incluso Bill Gates.
Esto es lo que Henry David Thoreau nos dejo dicho: "Todos los
inventos no son sino medios perfeccionados de alcanzar un fin
imperfecto". Esto es lo que nos dejo dicho Goethe: "Uno debería,
cada día, intentar escuchar una pequeña canción, leer un buen poema,
ver un bonito cuadro, y, a ser posible, expresar algunas palabras
razonables". Sócrates nos dejó dicho: "Una vida no escudriñada no
vale la pena vivirla". Rabbi Hillel nos dejo dicho: "Lo que no
quieres para ti, no lo hagas con otro". Y esto es lo que nos dejo
dicho el profeta Miqueas: "Lo que Dios quiere que hagas es que
actúes rectamente,que seas misericordioso y que camines humildemente
con Dios". Y podría añadir lo que Jesús, Mahoma, Isaías, Spinoza y
Shakespeare nos dejaron dicho. Siempre es lo mismo: no hay escape de
nosotros mismos. El dilema humano continua siendo el que era, y es un
engaño creernos que los cambios tecnológicos de nuestra era van a
dejar inservible la sabiduría milenaria y a los sabios.
Sin embargo, habiendo dicho esto, soy consciente de que vivimos en
una era tecnológica y que afrontamos una serie de problemas de los
que Jesús, Hillel, Sócrates y Miqueas no hablaron ni pudieron
hablar. No tengo la sabiduría suficiente para decir lo que
deberíamos hacer frente a estos problemas, por lo que mi
contribución se va a reducir a advertir sobre lo que debemos saber
a
la hora de afrontar los problemas. Voy a llamar a este discurso "Las
5 advertencias del cambio tecnológico". Baso estas ideas en mis
treinta años de estudio de la historia del cambio tecnológico
sin que llegue a pensar que son ideas de corte académico o
esotérico. Son esta clase de cosas que todo el mundo que esté
preocupado con la estabilidad cultural y el equilibrio debería saber
y yo os las ofrezco con la esperanza de que las encontréis útiles a
la hora de pensar sobre los efectos de la tecnología sobre nuestro
espíritu.
PRIMERA ADVERTENCIA
La primera advertencia es que todo cambio tecnológico implica un
compromiso. Me gusta denominarlo un trato faustiano. La tecnología
da y la tecnología quita. Esto significa que para cualquier
ventaja que la tecnología ofrece, siempre existe su correspondiente
desventaja. Las desventajas pueden llegar a superar en importancia a
las ventajas, o las ventajas pueden perfectamente valer la pena
sobre su contrario. Aunque parece una idea bastante obvia, es
sorprendente cuanta gente cree que las nuevas tecnologías son como
una bendición del cielo. Pensad solo en el entusiasmo con que la
mayor parte de la gente abraza su conocimiento sobre ordenadores.
Preguntad a cualquiera que sepa algo sobre ordenadores para que
hablen sobre ellos, y veréis como de forma descarada e implacable,
nos van a alabar las maravillas de los ordenadores. También vais a
ver como en la mayor parte de los casos van a obviar una sola
mención de las desventajas de los ordenadores. Esto es un
peligroso desequilibrio, ya que cuanto mayores son los prodigios de
una tecnología dada, también son mayores sus consecuencias
negativas.
Pensad en el automóvil, que después de sus muchas ventajas, ha
contaminado el aire, atascado nuestras ciudades y degradado la
belleza de nuestros parajes naturales. O podríamos pensar en la
paradoja de la tecnología médica que nos proporciona
prodigiosas curas pero que, al mismo tiempo, es causa demostrada de
ciertas enfermedades e incapacidades, y que ha jugado un rol
protagonista en la reducción de la capacidad de diagnóstico de los
propios médicos. También podemos recordar que después de todos los
beneficios sociales e intelectuales que nos ha brindado la imprenta,
sus costes fueron igualmente monumentales. La imprenta dotó a
Occidente de prosa, pero hizo de la poesía una forma elitista y
exótica de comunicación. Nos dio la ciencia inductiva, pero redujo
la sensibilidad religiosa a una especie de superstición
fantástica. La imprenta nos dio el concepto moderno de nación, pero
al hacerlo convirtió al patriotismo en una forma sórdida, sino
letal, de emoción. Podríamos decir que la impresión de la Biblia en
lenguas vernáculas introdujo la sensación de que Dios era un inglés
o un alemán o un francés, es decir, redujo a Dios a las dimensiones
de un poderoso señor del lugar.
Quizás la mejor manera de expresarlo sería diciendo que la
pregunta, "¿que va a hacer esta nueva tecnología?" no es más
importante que la pregunta, "¿que va a deshacer esta nueva
tecnología?". De hecho, esta última cuestión es más
importante, precisamente porque apenas es formulada. Diríamos que una
visión más sofisticada del cambio tecnológico debe incluir el
escepticismo ante las visiones mesiánicas y utópicas que nos
presentan los que no tienen un sentido histórico de los débiles
equilibrios sobre los que descansa la cultura. De hecho, si por mi
fuera, prohibiría a cualquiera hablar sobre las tecnologías de la
información a no ser que la persona pudiera demostrar que conoce
algo sobre los efectos sociales y físicos que causaron la invención
del alfabeto, del reloj mecánico, de la imprenta y del telégrafo. En
otras palabras, que sepa algo sobre los costes de las grandes
tecnologías.
Primera advertencia, es pues, que la cultura paga un precio por la
tecnología que incorpora.
SEGUNDA ADVERTENCIA
Esto enlaza con la segunda advertencia, y es que las ventajas y
desventajas de las nuevas tecnologías nunca son distribuidas
equitativamente entre la población. Esto significa que toda nueva
tecnología beneficia a algunos y perjudica a otros. Hay incluso
algunos que no les afecta para nada. Consideremos el caso de la
imprenta en el siglo XVI, de la que Martín Lutero llegó a decir
que era "el más alto y extremo acto de gracia de Dios, donde el
mensaje de la salvación cobra impulso". Colocando el mensaje de Dios
en cada mesa de comedor cristiana, el libro masivamente impreso
socavó la autoridad de la jerarquía eclesiástica, y provocó el cisma
en la Santa Iglesia Romana. Los protestantes de la época se
entusiasmaron con este invento. Los católicos aparecían por el
contrario enfurecidos y hasta enloquecidos. Puesto que soy judío, si
hubiera vivido en esa época, me hubiera traído sin cuidado unos u
otros, me hubiera dado igual si el pogromo fue inspirado por Martín
Lutero o por el Papa León X. Unos ganan, otros pierden, unos pocos
permanecen igual.
Pongamos otro ejemplo, la televisión, aunque aquí tengo que
señalar que en el caso de la televisión hay muy pocos que no se vean
afectados de una u otra forma. En América, donde la televisión
ha calado más que en ningún otro sitio, hay muchas personas que la
consideran una bendición, no menos que quienes han conseguido
elevadas remuneraciones y gratificantes carreras profesionales como
técnicos ejecutivos, directores de realización, presentadores o
actores. Por otra parte, y a largo plazo, la televisión puede
terminar con la carrera de profesor de enseñanza puesto que la
escuela fue un invento asociado a la imprenta y permanecerá o
desaparecerá dependiendo de qué importancia demos al mundo de
lo impreso en el futuro. No hay perspectiva, claro está, de que sea
la televisión la que desaparezca pero los profesores de enseñanza
que se muestran entusiasmados por su presencia me recuerdan la
imagen de algunos herreros que durante el cambio al siglo XX no solo
alababan al automóvil sino que también creían que su negocio iba a
verse beneficiado por su desarrollo. Ahora sabemos que su negocio no
fue beneficiado por el automóvil, mas bien lo dejo obsoleto, como
cualquier inteligente herrero podría haber supuesto.
Las verdaderas pregunta, que no debe descuidar cualquier persona que
le preocupe el cambio tecnológico, son estas: ¿quienes se van a
beneficiar del desarrollo de esta nueva tecnología?. ¿Qué
grupos, qué tipo de personas, qué tipo de industria va a ser
favorecida?. Y por supuesto, ¿a qué grupos de personas va a
perjudicar?.
Estas cuestiones deberían estar presentes en nuestra mente cuando
pensamos en la tecnología de los ordenadores. No hay duda de que
los ordenadores han sido y seguirán siendo muy provechosos para las
grandes organizaciones tipo compañías aeronáuticas o el
complejo militar o los bancos o las agencias recaudadoras de
impuestos. También es igualmente claro que el ordenador es
indispensable para investigadores de alto nivel en física y otras
ciencias naturales. Pero hasta qué punto ha sido la tecnología de
redes y ordenadores una ventaja para el conjunto de la población?.
¿Qué ventajas para los trabajadores del metal, fruteros, mecánicos,
músicos, carniceros, obreros de la construcción, dentistas, teólogos
y la mayor parte de los oficios en los que el ordenador ahora se
inmiscuye?. Estas gentes tienen ahora sus asuntos privados mucho
más accesibles a las instituciones siempre tan poderosas. Ahora son
más fácilmente seguidos y controlados; están sujetos a muchos
más controles e inspecciones, y se encuentran desconcertados antes
las decisiones que se toman sobre ellos. Están siendo reducidos más
que nunca a meros objetos numéricos. Están siendo enterrados en
montañas de correo basura. Son objetivos fáciles de las agencias de
publicidad y agencias estatales de fiscalización.
En otras palabras, estas personas son perdedoras en la gran
revolución de los ordenadores. Los ganadores, entre quienes se
incluyen las compañías de ordenadores, las corporaciones
multinacionales y los estados nacionales, siempre van a animar a los
perdedores a que se muestren entusiastas con la tecnología de los
ordenadores. Así es como funcionan los ganadores, y desde el
principio contaron a los perdedores que con los ordenadores
personales la persona corriente puede llevar un balance de sus
cuentas domésticas más limpio, tener sus recetas bien guardadas
y hacer listas de la compra más lógicas. Luego les cuentan que
con los ordenadores será posible votar en casa, comprar en casa,
conseguir todo el entretenimiento que queramos en casa, y así
hacemos la vida comunitaria innecesaria. Y ahora, claro, los
ganadores hablan constantemente de la Era de la Información, siempre
dando a entender que cuanta más información tenemos, más seremos
capaces de resolver importantes problemas - no solo los personales
sino los problemas sociales a gran escala también. ¿Pero qué hay de
verdad en esto?. Si hay niños muriendo de hambre en el mundo - y los
hay - no es porque haya falta de información. Si hay violencia en
nuestras calles, no es porque haya falta de información. Si hay
violencia contra las mujeres, si el divorcio, la pornografía y las
enfermedades mentales están creciendo, nada de esto tiene que ver
con la falta de información. Diría que es porque algo más falta, y
creo que no es necesario que explicite que es lo que falta. Quien
sabe, la era de la información puede resultar ser una especie de
maldición que nos ciega de forma que no somos capaces de ver de
donde vienen realmente nuestros problemas. Por eso siempre es
necesario preguntar a aquellos que hablan de forma tan entusiasta
sobre las tecnologías de redes y ordenadores por qué lo hacen de esa
manera, qué intereses representan, a quien esperan dar poder y de
quien esperan captar poder.
No pretendo atribuirles malignidad, dejemos siniestras motivaciones
a otros. Solo digo que la tecnología favorece a algunos y que
perjudica a otros, por lo que debemos preguntar al respecto. Por
tanto, la segunda advertencia es que siempre hay vencedores y
perdedores del cambio tecnológico.
TERCERA ADVERTENCIA
Ahí va la tercera. Dentro de toda tecnología se esconde una
idea-fuerza, a veces incluso dos o tres ideas-fuerza. Estas ideas se
ocultan a menudo a nuestra vista porque son de naturaleza algo
abstracta. Pero esto no significa que no tengan consecuencias
prácticas.
Quizás hayas oído hablar del viejo dicho: a un hombre con un
martillo, todo le parece como un clavo. Podríamos extenderlo a
regla: a cualquier persona con un lápiz, todo le parece como una
artículo. A cualquier persona con una cámara de televisión,
todo le parece una imagen. A cualquier persona con un ordenador,
todo le parece como datos. No creo que debamos tomar estos aforismos
literalmente. Pero lo que nos llama la atención es que cualquier
tecnología tiene su prejuicio. Como la propia lengua, nos
predispone favorablemente y valora ciertas perspectivas y
conclusiones. En una cultura no escrita, la memoria humana es de la
máxima importancia, como pasa con los proverbios, refranes y
canciones que contienen la sabiduría oral acumulada de siglos. Por
eso el rey Salomón fue considerado como el más sabio de todos los
hombres. En Reyes I nos cuentan que sabía hasta 3000 proverbios.
Pero en la cultura escrita, estas hazañas de la memoria son
consideradas una perdida de tiempo, y los proverbios son simplemente
fantasías irrelevantes. La persona de la era de la imprenta tiene
habito de organización lógica y análisis sistemático, no escribe
proverbios. La persona de la,era del telégrafo valora la velocidad,
no la introspección. La persona de la era televisiva valora la
inmediatez, no los hechos históricos. La persona de la era de los
ordenadores, ¿qué podemos decir de ella? Quizás podamos decir que la
persona de la era de las computadoras valora la información, no el
conocimiento, ciertamente no la sabiduría. De hecho, en la era de
las computadoras, el concepto de sabiduría puede que no tarde en
desaparecer por completo.
La tercera advertencia, por tanto, es que toda tecnología
incorpora una filosofía que es expresión de cómo la tecnología nos
hace usar nuestra mente, en qué medida nos hace usar nuestros
cuerpos, en como codifica nuestro mundo, a cuales de nuestros
sentidos se amplifica, a cuales de nuestras emociones y tendencias
intelectuales desatiende. Esta advertencia es la suma y la sustancia
de lo que el gran profeta católico, Marshall McLuhan quiso decir
cuando acuñó la frase: "el medio es el mensaje".
CUARTA ADVERTENCIA
Esta es la cuarta advertencia: el cambio tecnológico no es
aditivo, es ecológico. Lo explicaré mejor con la siguiente analogía.
¿Qué ocurre si vertemos una gota de tinta roja en una jarra de agua
clara? ¿Tenemos agua clara o agua clara con una gota de tinta
roja? Obviamente ninguna de las dos. Tenemos una nueva coloración en
todas las moléculas de agua contenidas en la jarra. Esto es lo que
pretendo explicar con el cambio tecnológico. Un nuevo medio no
añade algo, lo cambia todo. En el año 1500, después de que se
inventara la imprenta, no teníamos la vieja Europa más la imprenta.
Teníamos una Europa diferente. Después de la televisión, América ya
no era América más la televisión. La televisión dio una nueva
coloración a las campañas políticas, a las escuelas, a las iglesias,
a las industrias y a todo en general.
Esta es la razón por la que debemos ser cautos sobre la
innovación tecnológica. Las consecuencias del cambio tecnológico
siempre son amplias, a menudo impredecibles y en su mayor parte
irreversibles. Es por eso que debemos ser siempre cautos de los
capitalistas. Los capitalistas son por definición no solo gente que
asume riesgos personales sino, sobre todo, y más esencialmente,
gente que asume riesgos culturales. Los más creativos y osados de
entre ellos ansían explotar las nuevas tecnologías al máximo, y no
les importa que tradiciones son derrocadas en el proceso o si una
cultura está o no preparada para funcionar sin esas tradiciones. Los
capitalistas son, en definitiva, radicales. En América, nuestros
radicales más conocidos siempre han sido capitalistas: hombres como
Bell, Edison, Ford, Carnegie, Sarnoff, Golfwyn. Estos hombres
borraron de un plumazo el siglo XIX y crearon el XX, por lo que es
un misterio para mi por qué a los capitalistas se les supone
conservadores.Quizás porque tienen tendencia a llevar trajes oscuros
y corbatas grises.
Espero que entiendan que al decir esto, no estoy proponiendo
argumentos para el socialismo. Solo digo que los capitalistas deben
ser cuidadosamente observados y ordenados. De hecho, hablan de
familia, matrimonio, piedad y honor pero si les dejan explotar las
nuevas tecnologías en todo su potencial económico, pueden
llegar a destruir las instituciones que hacen estas ideas posible.
Ahora voy a poneros dos ejemplos de este punto, tomado del encuentro
de América con la tecnología. El primero se refiere a la
educación. ¿Quien, podemos preguntarnos, ha tenido el mayor impacto
sobre la educación americana en este siglo?. Si piensan en John
Dewey o cualquier otro filósofo de la educación, debo decir que
están muy equivocados. El mayor impacto lo produjeron hombres
discretos con trajes grises en un suburbio de Nueva York llamado
Princeton, New Jersey. Allí desarrollaron y promovieron la
tecnología conocida como los test estandarizados, que son los IQ
test, los SATs y los GREs. Estos tests redefinieron lo que
entendemos por aprendizaje, y supusieron una reorganización del
curriculum para acomodarse a los tests.
Un segundo ejemplo se refiere a nuestra política. Está claro
que la gente que más radicalmente ha influido en la política
americana contemporánea no son ideólogos políticos o protestatarios
estudiantiles con melenas y libros de Karl Marx bajo el brazo. Los
radicales que cambiaron la forma de hacer política en América
fueron los emprendedores vestidos con trajes oscuros y corbatas
grises que dirigieron la gran industria de la televisión en América.
No trataban de convertir el discurso político en una forma de
entretenimiento. No trataban de impedir que una persona obesa
pudiera optar a altos cargos políticos. No trataban de reducir las
campañas políticas a un anuncio de 30 segundos de TV comercial.
Todo lo que trataban de hacer es que la televisión se convirtiera en
una gran máquina de hacer dinero sin parar. Que destruyeran la
sustancia del discurso político en el proceso era algo que no les
incumbía.
QUINTA ADVERTENCIA
Ahora llegamos a la quinta y última advertencia, que dice que
tendemos a hacer de los medios algo mítico. Uso esta palabra en el
sentido de que fue usado por el critico literario francés Roland
Barthes. Utilizó la palabra "mito" para referirse a la tendencia
común a pensar en las creaciones tecnológicas como si fueran
creaciones divinas, como si formaran parte del orden natural de las
cosas. En alguna ocasión he preguntado a mis estudiantes si saben
de algún alfabeto que fuera inventado. La pregunta les sorprende. Es
como si les preguntara cuando fueron las nubes y los árboles
inventados. Creen que el alfabeto no es una invención humana. Si
que lo es. Así ocurre con muchos de los productos de la cultura
humana, pero especialmente con los derivados de la tecnología.
Coches, aviones, televisores, películas, periódicos etc han alcanzado
un status mítico porque son percibidos como regalos de la
naturaleza, no como artefactos producidos en un contexto histórico
específico.
Cuando una tecnología se hace mítica, es peligroso porque
entonces es aceptada como es, y no es entonces fácilmente
susceptible de modificación o control. Si propusiéramos al americano
medio que las emisiones de televisión no empezaran hasta las 5 de la
tarde y que terminaran a las 11 de la noche, o propusiéramos que
dejara de haber anuncios en la televisión, pensará que es una idea
ridícula.Pero no porque esté en desacuerdo con el plan. Lo tomará
como ridículo porque asume que le estamos proponiendo que cambie
algo de la naturaleza, como si sugiriésemos que el sol debería salir
a las 11 de la mañana en vez de a las 7.
Siempre que pienso en la capacidad de la tecnología para hacerse
mítica, me viene a la mente las palabras de Juan Pablo II cuando
dijo: "La ciencia puede purificar a la religión del error de la
superstición. La religión puede purificar a la ciencia de la
idolatría y los falsos absolutos".
Lo que estoy diciendo es que nuestro entusiasmo por la tecnología
puede volverse una forma de idolatría y nuestra creencia en sus
beneficios puede ser un falso absoluto. La mejor manera de ver a la
tecnología es como a un intruso extraño, recordando que la
tecnología no es parte de un plan divino sino el producto de la
creatividad humana y nuestro orgullo, y su capacidad para el bien o
el mal queda siempre pendiente de lo que los humanos digamos que
puede hacer por nosotros y a nosotros.
CONCLUSION
Así que estas son mis cinco advertencias sobre el cambio
tecnológico. La primera, que siempre vamos a pagar un precio por
la tecnología incorporada, cuanto mayor es la tecnología, más
grande es el precio. Segundo, que siempre habrá ganadores y
perdedores, y que los ganadores siempre intentarán persuadir a los
perdedores de que también ellos son ganadores. Tercero, que
incrustada a toda tecnología está un prejuicio epistemológico,
político o social. Algunas veces este prejuicio nos puede favorecer,
otras no. La imprenta aniquiló la tradición oral, el telégrafo
aniquiló el espacio, la televisión ha empequeñecido el mundo, los
ordenadores, quizás acaben degradando la vida comunitaria. Y así
todo. Cuarto, que el cambio tecnológico no es aditivo, es ecológico,
que significa que lo cambia todo a su paso, por lo que es demasiado
importante como para dejarlo en las solas manos de Bill Gates. Y
quinto, la tecnología tiende a hacerse mítica, esto es, que se
percibe como parte del orden natural de las cosas, por lo que tiende
a controlar más nuestras vidas de lo que sería deseable.
Si tuviera más tiempo, podría proporcionaros más elementos de
interés sobre el cambio tecnológico, pero os dejo estas advertencias
por el momento, y termino con el siguiente pensamiento. En el
pasado, experimentábamos la tecnología del cambio a la manera de un
sonámbulo. Nuestro slogan nunca explicitado ha sido "tecnología
über alles", y hemos deseado adaptar nuestras vidas para encajar los
requisitos tecnológicos, no los requisitos de la cultura. Esto es
una forma de estupidez, especialmente en una época de cambios
tecnológicos tan profundos. Necesitamos actuar con los ojos bien
abiertos para que utilicemos más la tecnología en vez de que
sea la tecnología la que nos utilice a nosotros.
-----------------------------------------------------------------
(*) Neil Postman fue Director del Departamento de Cultura y
Comunicación de la Universidad de Nueva York, escribió
importantes
libros sobre educación (Education as a Conserving Activity y The
Disappearance of Childhood), sobre los efectos de los media (Amusing
Ourselves to Death) y sobre los efectos globales de la tecnología
(Technopoly).
|
Mar, 16 de Nov, 2004 11:23 pm
"arkeofuturista" <arkeofuturista@...>
arkeofuturista
Sin conexión Enviar mensaje
|