MOVIMIENTO HUMANISTA más comunicación, menos violencia
CAMPAÑA DE DESOBEDIENCIA CIVIL "YO NO PAGO", IMPULSADA POR LOS HUMANISTAS CHILENOS
Hola, amigos.
Los humanistas de Chile han puesto en marcha una campaña de desobediencia civil en respuesta a las intolerables condiciones que se le está dando a la gente en el servicio de transporte público. A través del Vocero Humanista para Sudamérica, Tomas Hirsch, se está organizando a la población para que no pague por el transporte hasta que no se arregle la situación. Para más información de la campaña, podéis entrar en http://yonopago.cl/
Tomás Hirsch es el Líder del Partido Humanista chileno, ex-candidato a la presidencia del año 2005 para el pacto "Juntos Podemos Más" y el Vocero Humanista para Sudamérica. Os adjuntamos algunos artículos que informan sobre la campaña.
Un fuerte abrazo,
"Sólo amarás cuando tengas la mirada puesta en el futuro".
"Quiero muy brevemente llamar la atención sobre una característica que tiene toda lucha no-violenta: es sobre todo, digna y permite, frente a la injusticia y la opresión, mantener la propia valoración.Esto es lo mas importante de la campaña de desobediencia civil "yonopago.cl", ya que mas allá de todas las dificultades e incomodidades que hemos tenido que enfrentar fruto de la desastrosa implementación del Transantiago, sin duda lo mas impactante ha sido la vejación y el maltrato a que nos hemos visto sometidos.Con qué gusto, con qué altura, con qué grata sensación de satisfacción podemos subir a un bus o traspasar las puertas del metro, declarando "yo no pago" y no lo haré hasta que no arreglen este desastre que hicieron y nos den el servicio que nos prometieron.Demás esta señalar que la desobediencia civil es además eficaz en el logro de sus objetivos, como muy bien lo mostraron Mahatma Ghandi y Martin Luther King, pero esto depende de la voluntad y decisión de los pueblos y sin duda alguna si la población de Santiago lograse sintonizarse y un buen numero de nosotros no pagáramos por este transporte deficiente hasta que no nos den un servicio decente, muy prontamente los responsables de este desaguisado encontrarían soluciones.No sé que resultado pueda tener esta campaña a la que nos ha invitado Tomás Hirsch, pero cuando imagino por momentos a millones de santiaguinos haciendo valer sus derechos, irguiendo su cabeza, subiendo dignamente a los buses del transantiago o cruzando las puertas del metro, diciendo "yo no pago", se me hincha el corazón de esperanza y se me afianza la certeza de que llegó la hora de los cambios y de poner fin a tanto abuso".José Gabriel Feres
Centro Humanista de las Culturas
viernes 23 de marzo de 2007
Carta de Tomás HirschHola amigos y amigas:
Como ven, ya comenzamos con la campaña de desobediencia civil yonopago.cl
Nuestro llamado a NO PAGAR por el Transantiago hasta que nos den un servicio digno ha causado revuelo. Muchos la apoyan y deciden no pagar. Otros se asustan un poco y algunos comentan que no es correcto no pagar por un servicio. Tienen razón, pero con ciertas condiciones: De acuerdo a la Ley del Consumidor se debe pagar por los servicios que uno recibe pero solo cuando se nos entrega lo que se prometió originalmente. Y ese no es el caso del Transantiago. No está cumpliendo con las normas básicas de un servicio de transporte de personas. Lo que vivimos cada día se parece al trato que se le da al ganado al transportarlo al matadero.Así que reafirmamos nuestro llamado inicial: No pagues por el uso del Transantiago hasta que te den un servicio digno de personas y no de animales.Les cuento que esta mañana fuimos a La Moneda a dejar la carta a la presidenta anunciándole el comienzo de la campaña. Estuvo toda la prensa y ya vimos que la noticia salió en todos los canales de TV y en muchas radios y sitios Internet. La carta está publicada en el Blog para que la puedan leer y distribuir a sus amigos..Además, estamos preparando nuevas actividades que llevaremos adelante a partir del Lunes. Ese día estaremos desde temprano en algunos paraderos. El Martes presentaremos una demanda judicial...pero de eso les contaré en unos días porque no queremos que los responsables se enteren de nuestros próximos pasos.Nos vemos en las calles,
http://yonopago.cl/
Tecnocracia y Transantiago
Tomás HirschHoy vivimos en un mundo “bizarro” donde todo está al revés. Hoy los fines se adaptan a los medios, lo abstracto condiciona a lo concreto, lo cuantitativo a lo cualitativo, el bienestar humano está supeditado al interés económico. Para graficarlo mediante un viejo aforismo campesino, se ha puesto la carreta delante de los bueyes. Esto es así porque se ha impuesto una mentalidad tecnocrática, que se caracteriza por desentenderse de los fines de su gestión y cuyo funcionamiento, aparentemente racional, en el fondo es pura irracionalidad, como ha quedado demostrado con trágica contundencia con el Transantiago. Se trata de funcionarios miopes, condicionados por la lógica computacional del paso a paso, que carecen por completo de una visión de proceso o de estructura, lo que les impide siquiera atisbar cuáles serán las consecuencias de sus acciones. Lo que ha pasado con el Transantiago tiene una sola explicación: los tecnócratas al mando son constitutivamente incapaces de ver más allá de sus propias narices y la realidad les explota, irremediablemente, en la cara. Los planes que diseñan no pueden funcionar porque su visión lineal se les impone, frente a cualquier consideración de orden más estructural.Hay que recordar que el nuevo plan de transportes para Santiago pretendía corregir el monstruoso caos que a su vez había producido en la ciudad la decisión de unos tecnócratas anteriores, los mismos que ahora critican a los actuales (¡socorro, están por todas partes y son inmortales!), en orden a dejar que el transporte público fuera automáticamente regulado por el mercado, cosa que –por supuesto- nunca sucedió ni de cerca. Pero como les cuesta un poquito aprender, al abordar el diseño del nuevo plan el primario seguía puesto en hacerlo viable económicamente, y no en que fuera realmente operativo para la gente. Ese pie forzado condicionó todo el desarrollo posterior. En algún momento se dieron cuenta que, con el actual precio del pasaje, los números no cuadraban porque los costos superaban a los beneficios. Entonces tenían tres alternativas: subir el precio del pasaje, subsidiar desde el Estado al transporte público o externalizar los costos. Su rigurosa formación tecnocrática los ha llevado a elegir, obviamente, esta última opción que, traducido al lenguaje vulgar, significa algo así como “tiremos estos problemas cargantes para afuera del sistema”. Entonces, empezaron a recortar, con el furor de un peluquero demente, distintas inversiones que eran fundamentales para que el plan funcionara medianamente bien: no construyeron las vías segregadas, ni las estaciones de trasbordo, ni los paraderos, disminuyeron el número de buses y así siguieron -sin distraerse, hay que decirlo- hasta que cuadraron los números. Lo más probable es que ni siquiera llegaran a prever las consecuencias de sus decisiones, porque el regocijo que los embargó al “optimizar” todo tan bien obnubiló por completo su escaso juicio.Para abreviar, entonces sucedió lo que hoy ya todos sabemos: los problemas “externalizados” cayeron -como es obvio- sobre quienes estaban “afuera del sistema” y no eran parte de la ecuación costo-beneficio, es decir, sobre los usuarios. Simple ¿no? Siempre resulta estimulante observar en acción esta gran capacidad matemática de las tecnocracias para simplificar lo complejo. El único problema es que la realidad humana es un tanto rebelde a dejarse encorsetar y siempre sale con alguna rareza. Como, por ejemplo, que la paciencia la gente se agotara, la indignación popular saliera a flote y ahora les esté pasando una cuenta que no incluyeron en sus cálculos. Los humanistas hemos puesto en marcha una campaña de desobediencia civil que convoca a la manifestación activa pero no violenta de ese descontento, considerando que al poder establecido no se le puede pedir mucho más, mientras sean los tontócratas allí enquistados quienes tomen las decisiones. Lo que está en juego aquí es la capacidad de respuesta que tiene una base social organizada y movilizada, hoy por hoy la única posibilidad efectiva de forzar los cambios sociales necesarios.