El gasto militar contiene las cantidades de dinero público que irán a parar a fines de tipo armamentístico, militar o represivo. - El gasto militar español para el año 2007 será de 23.052 millones de euros, 300 millones más que el año anterior, un incremento de un 5´7%. - 63 millones de euros diarios es el gasto militar en España. - A nivel de los Presupuestos Generales del Estado, el gasto militar supone el 12%, una partida 32 veces superior a la de cultura, por ejemplo. Es la mayor cifra registrada en los últimos años. - España fue en 2006 el segundo país de la OCDE que más aumentó su presupuesto en investigación militar tras los EE UU. Las F.F.A.A. se gastaron sólo en publicidad 8.820.000 euros en 2004, a falta de los datos de 2005 y 2006. La campaña de 2007 de las F.F.A.A. es visible en cine, radio, televisión, prensa, marquesinas de autobús, estaciones de metro e Internet, y las F.F.A.A. están presentes en todas las ferias infantiles y foros de empleo que puede. A su vez, en 2004, Defensa gastó más de 18 millones de euros para técnicas de márketing militar, y sus campañas han llegado a ser premiadas por la Federación Española de Anunciantes. Un gran número de actuaciones militares se basan “en la constante búsqueda de legitimidad del Ejército”. Para ello se vuelve frecuente la usurpación de tareas exclusivamente humanitarias por parte del Ejército. Defensa incrementó en 2005 un 2.500% su gasto de ayuda humanitaria, pero los resultados fueron de dudosa eficacia. La información pública acerca del comercio de armas sigue siendo un tema semioculto. Los datos que se ofrecen acerca de productos, importes y países se limitan a 7 categorías; sin embargo, la oferta de exportación de productos es de 30 categorías. Reconocido por el mismo gobierno, continúan dándose ventas a destinos muy sensibles como Angola, India, Israel, etc. España es el octavo exportador de municiones para armas ligeras del mundo, y el principal exportador mundial de este material al África Subsahariana. Según el Gobierno, las exportaciones de material de defensa durante el año 2002 suman 274’7 millones de euros, lo que implica un incremento del 18’8% respecto al año anterior. Con varios meses de retraso, el Gobierno ha remitido al Congreso las estadísticas de exportación de Material de Defensa y de Doble Uso relativas al primer semestre de 2006, cuyas ventas supusieron 462,6 millones de euros. Se continúan dando importantes exportaciones de munición a países africanos no reconocidas por el Gobierno. Según el registro de aduanas, estas municiones pesan de media unos 40 Kg. y tienen un importe de 120 € cada unidad, pero el Gobierno afirma que se trata de munición de caza y de tiro deportivo. Un ejemplo es los 37 millones de cartuchos que vendió en 2004 a Ghana, el principal destino de las exportaciones españolas de munición, con el argumento de destino para caza, y que por tanto no están sometidas a autorización especial. Hay que poner en tela de juicio la veracidad de las afirmaciones del Gobierno por la importancia de los importes (teniendo en cuenta que la munición es un tipo de producto muy barato) y por los destinos de dichas exportaciones entre los que se encuentran muchos países africanos, inmersos todos ellos en graves deficiencias para sostener mínimamente a sus poblaciones: Guinea Bissau, Burkina Faso, Angola, Camerún, Ghana, Guinea, República Centro Africana, Mauritania, Costa de Marfil o Senegal. A la vista de los principales contratos pendientes de la industria militar española, es preocupante la incesante venta de armas a países que, en algunos casos, vulneran el Código de Conducta de la UE por estar inmersos en conflictos armados o por no ofrecer garantías de respeto a los Derechos Humanos. La Ley de comercio de armas que ha propuesto el Gobierno, es una ley con agujeros. La principal conclusión de este documento es que el proyecto de ley, si no se modifica durante su tramitación parlamentaria, no supondrá un verdadero avance para impedir que las armas españolas lleguen a destinos equivocados, incluyendo países donde se violan los derechos humanos o inmersos en situaciones de pobreza. Elevar a rango de ley la normativa sobre comercio de armas es un avance importante. Pero si la ley no mejora sustancialmente la transparencia de la información oficial sobre esta materia y no deja claros los criterios para autorizar o no las exportaciones, no supondrá ningún cambio importante sobre la situación actual En la actualidad no es posible saber qué se ha vendido exactamente desde España a un determinado país, cuál será el uso final del producto exportado, ni cómo se interpretan los criterios del Código de Conducta de la Unión Europea sobre exportación de armas, según el cual no deben exportarse armas a países con graves violaciones de derechos humanos, en situación o riesgo de conflicto armado o cuando haya riesgo de desvío, entre otras situaciones. Tampoco es posible saber con qué garantías cuenta el Gobierno al autorizar una venta de que la misma no tendrá un impacto negativo en el país de destino o en un país tercero, y por qué se deniega una licencia de exportación. Además, las actas de las reuniones del organismo interministerial que decide sobre las transferencias de armas, la JIMDDU (Junta Interministerial Reguladora del Comercio Exterior de Material de Defensa y de Doble Uso) continúan siendo secretas. Esta situación es la que ha permitido que entre los destinos habituales de las armas españolas de los últimos años se encuentren países como Colombia, Israel, Marruecos, China o Indonesia, entre otros. En algunos de estos países se cometen graves violaciones de los derechos humanos. Algunos de ellos están sumidos, desde hace décadas, en conflictos armados y en otros impera la pobreza. Todavía no se han enviado al Congreso de los Diputados las estadísticas oficiales sobre el primer semestre de 2006. - También es motivo de preocupación el retroceso en el escrutinio y la sensibilidad a la hora de controlar las autorizaciones de exportaciones de armas. Por un lado continúa habiendo ventas a destinos sensibles que vulneran el Código de Conducta de la UE. A esto hay que añadir el descenso en la cantidad de licencias denegadas por parte del ejecutivo (en base a la aplicación del Código de Conducta, se han pasado de 29 licencias denegadas el año anterior a 8). - El retraso con el que el Gobierno informa al Congreso de los Diputados sobre las exportaciones de armas realizadas (un mínimo de nueve meses) anula cualquier intento de llevar a cabo una política preventiva. El incremento de las misiones en el extranjero y de tropas en Afganistán desmintieron en 2006 la imagen pacifista del Gobierno. El Ejército realiza hoy operaciones en una decena de países, superando a las legislaturas anteriores. Las misiones principales son Afganistán, Líbano, R. D. Congo, Bosnia y Kosovo. Además, el Ejército español cuenta con efectivos en Sudán, Etiopía-Eritrea y países bálticos (Estonia, Letonia y Lituania). En el año 2006, se enviaron cerca de 1.400 nuevos soldados a operaciones en el extranjero. - Para el Consejo de Ministros del 30 de diciembre de 2006, el Ministerio de Defensa planteaba la posibilidad de suprimir el límite de 3.000 militares para misiones en el exterior. - De cara al futuro, además, se exigirán más tropas para formar parte de los grupos de combate de la UE, así como de la nueva Fuerza de Reacción Rápida de la OTAN. Y a partir del próximo julio el Estado español toma el mando de las unidades de operaciones especiales de la Alianza Atlántica. El mantenimiento de las misiones apuntala una deriva militarista que ha visto en 2006 uno de sus mejores años. En abril: envío de 150 soldados más a Afganistán, en medio de una serie de revueltas populares contra las tropas de ocupación. En junio: envío de 130 legionarios al Congo. En septiembre, nueva foto para la galería: llegada del primer contingente de los 1.100 militares españoles a una playa de Líbano atestada de bañistas, que observan el desembarco boquiabiertos, entre la incredulidad y la risa. De forma paralela, el músculo militar se desarrolla en el frente económico. Conclusiones La escalada militar española obedece a un objetivo claro de obtener un mayor protagonismo político y económico. España está en la órbita de los países más poderosos económicamente, está situándose a las puertas del G-8, pero para obtener peso en la esfera internacional el Gobierno piensa que con eso no basta, que además debe estar presente en determinados conflictos bélicos, de ahí el interés por enviar tropas a Líbano o Afganistán. Hay que recelar de las definiciones de “misión humanitaria” y “operaciones de paz”. En realidad el “imperialismo humanitario” disfraza una forma de colonialismo. Por otra parte, donde están las riquezas minerales, las rutas comerciales, el petróleo... es ahí donde están las tropas. El caso de Afganistán es el más nítido. Legalmente, no se diferencia mucho de Iraq. Desde octubre, las fuerzas de la OTAN han asumido la seguridad en todo el país y en ella se engloban hoy los efectivos de la operación Libertad Duradera de EE UU. La misión tampoco tiene carácter pacífico, como prueban los enfrentamientos directos con la insurgencia al sur del país. La proclama del presidente Zapatero de “ansia infinita de paz” que prometió en su discurso de investidura, muestra ahora su cara más contradictoria. Los datos producen un duro contraste con la imagen de antibelicismo de la que se ha dotado el ejecutivo de Zapatero. Dos años después, el golpe de efecto de la retirada de tropas de Iraq aún perdura. A eso se suman los gestos del presidente. Algunos discursos han sido muy bien recibidos, incluso entre sectores del pacifismo. La Alianza de Civilizaciones despierta menos animadversión que la guerra contra el terror de Bush y Aznar. El problema es que estos gestos luego no se ven refrendados por políticas de no intervención militar. No halla un discurso decidido a favor de la paz “Carta 8 a mis amigos” (Silo, fundador del Movimiento Humanista) “Privatizada la educación, la salud, las comunicaciones, las reservas naturales y hasta importantes áreas de la seguridad ciudadana; privatizados los bienes y servicios, disminuye la importancia del Estado tradicional. Es coherente pensar que si la administración y los recursos de un país salen del área de control público, la Justicia seguirá el mismo proceso y se asignará a las fuerzas armadas el rol de milicia privada destinada a la defensa de intereses económicos vernáculos o multinacionales. Tales tendencias se han ido acrecentando últimamente en el interior de los países” “En la concepción tradicional se ha dado a las fuerzas armadas la función de resguardar la soberanía y seguridad de los países, disponiendo del uso de la fuerza de acuerdo al mandato de los poderes constituidos. De este modo, el monopolio de la violencia que corresponde al Estado se transfiere a los cuerpos militares. Pero he aquí un primer punto de discusión respecto a qué debe entenderse por "soberanía" y qué por "seguridad". Si éstas, o más modernamente el "progreso" de un país, requieren fuentes de aprovisionamiento extra-territoriales, navegabilidad marítima indiscutible para proteger el desplazamiento de mercaderías, control de puntos estratégicos con el mismo fin y ocupación de territorios ajenos, estamos ante la teoría y la práctica colonial o neo-colonial. En el colonialismo la función de los ejércitos consistió en abrir paso primeramente a los intereses de las coronas de la época y luego a las compañías privadas que lograron especiales concesiones del poder político a cambio de réditos convenientes. La ilegalidad de ese sistema fue justificada mediante la supuesta barbarie de los pueblos ocupados, incapaces de darse una administración adecuada. La ideología correspondiente a esta etapa consagró al colonialismo como el sistema "civilizador" por excelencia”. Más recientemente, siguiendo las enseñanzas de Clausewitz, se ha entendido a la guerra como simple continuación de la política y el Estado, promotor de esa política, se lo ha considerado como el aparato de gobierno de una sociedad radicada en ciertos límites geográficos. Desde allí se ha llegado a definiciones, caras a los geopolíticos, en las que las fronteras aparecen como "la piel del Estado". En tal concepción organológica, esta "piel" se contrae o se expande de acuerdo al tono vital de los países y así debe ampliarse con el desarrollo de una comunidad que reclama "espacio vital" dada su concentración demográfica o económica. Desde esta perspectiva, la función del ejército es la de ganar espacio conforme lo reclama esa política de seguridad y soberanía que es primaria respecto a las necesidades de otros países limítrofes. Aquí la ideología dominante proclama la desigualdad en las necesidades que experimentan las colectividades de acuerdo a sus características vitales. Esta visión zoológica de la lucha por la supervivencia del más apto, rememora las concepciones del darwinismo trasladadas ilegítimamente a la práctica política y militar. Son las mismas fuerzas armadas las que tienen una importante misión que cumplir al no obstruir la filosofía y la práctica del desarme proporcional y progresivo, inspirando además a los camaradas de otros países en esa dirección y dejando en claro que la función castrense en el mundo de hoy es la de evitar catástrofes y servidumbres dictadas por gobiernos ilegales que no responden al mandato popular. Entonces, el mayor servicio que las fuerzas armadas podrán aportar a sus países y a toda la humanidad será el de evitar que existan las guerras. Este planteamiento que pudiera parecer utópico está respaldado actualmente por la fuerza de los hechos que demuestran la poca practicidad y la peligrosidad para todos cuando aumenta el poder bélico global o unilateral. “En nada ayudará seguir sosteniendo que el mejor desarrollo de la sociedad se corresponde con el mundo actual. Más importante será comprender que la situación que estamos viviendo lleva directamente al colapso de todo un sistema que algunos consideran defectuoso pero "perfectible". No hay tal sistema actual "perfectible". Por lo contrario, en él llega a la cima la inhumanidad de todos los factores que se han ido amasando a lo largo de muchos años. Si alguien juzga a estas afirmaciones como carentes de fundamento, está en todo su derecho a condición de presentar por su parte una posición coherente. Y si piensa que nuestra postura es pesimista, afirmamos que frente a este proceso mecánico negativo prevalecerá la dirección hacia la humanización del mundo empujada por la revolución que terminarán produciendo los grandes conjuntos humanos, hoy por hoy despojados de su propio destino”
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