Reboto artículo de opinión de El Correo de ayer
EL CORREO, 3-DIC
ARTÍCULOS
Biodiversidad y exterminio
ARTURO IGNACIO ALDECOA/PORTAVOZ ADJUNTO DEL PP EN LAS JJ. GG. DE VIZCAYA
Durante siglos la ganadería tradicional ha convivido con la
presencia del lobo en una guerra silenciosa que ha legado en nuestra
cultura innumerables historia, leyendas y tradiciones. El lobo, un
animal inteligente que ha campado por los páramos, valles y montañas
de la vieja Iberia desde los montes vascos a las sierras andaluzas y
desde la brumosa Galicia al luminoso Levante ha sido el enemigo por
excelencia de los ganaderos, a la vez odiado y admirado, perseguido
y respetado porque incluso para sus más duros adversarios, los
pastores, el lobo era también el alma salvaje e indómita de este
país.
Durante el siglo XIX y XX el lobo ha ido siendo exterminado, como
tantas otras especies hasta que en los años centrales del pasado
siglo ha estado a punto de desaparecer por la persecución, el
desarrollismo sin control y la absoluta ignorancia de las
necesidades del equilibrio ecológico.
El lobo, predador necesario para regular las poblaciones de ciervos,
corzos, jabalíes y otras muchas especies, ha sido perseguido como
alimaña, palabra maldita, durante decenios, hasta casi borrarlo de
nuestra tierra. Afortunadamente, el abandono del campo a partir de
los años 60 ha permitido una pequeña recuperación del lobo al norte
del río Duero, aunque en el sur de España los escasos núcleos y
manadas que restan de esta especie están a un paso de la extinción.
Se calcula que en toda la península quedan en torno a unos dos mil
lobos, de los cuales escasamente unas docenas habitan en las sierras
del norte de Burgos y en los límites de Cantabria, y algunos pasan
ocasionalmente en sus correrías a las zonas limítrofes de Álava, a
los valles de las Encartaciones vizcaínas y a la zona del Gorbea.
Estos lobos naturalmente se comen alguna oveja u otro animal, pero
la cantidad de ovejas, cabras y más raramente caballos y reses
afectadas en tres años por el lobo no supera los 400, y ello sumando
las reses muertas, heridas, afectadas o desaparecidas, y sin entrar
a discutir cuantos ataques han sido en realidad de perros
asilvestrados o de 'lobos de dos piernas y con DNI', que también los
hay. No parece mucho 400 animales afectados en tres años, y ello
sobre una cabaña ganadera en Vizcaya -según la Diputación- de más de
66.000 ovejas, 10.000 cabras y 9.000 caballos (las reses ni las
contamos). Es decir, en este trienio cada año el lobo ha afectado en
promedio al 0,16% del ganado ovino, caprino y equino existente en
Vizcaya. Nada que no pueda compensarse mediante subvenciones a los
ganaderos y mediante ayudas paralelas a la tenencia de perros
mastines y la instalación de rediles, al igual que se hace en Álava
y otros territorios.
Los ganaderos pueden y deben ser resarcidos, y con creces, de los
inconvenientes que les causa la presencia ocasional del lobo en
Vizcaya. Este resarcimiento es un pequeño precio que nuestra
sociedad debe pagar por el lujo de mantener en pleno siglo XXI la
biodiversidad de nuestro territorio apoyando la presencia puntual
del lobo, que solo debe perseguirse, al igual que cualquier otro
animal, si los daños son excesivos o supone un peligro inaceptable,
lo cual no es el caso ni aquí ni en el resto de España.
Sin embargo, las Juntas Generales de Vizcaya han optado por ignorar
una reciente proposición popular para apoyar económicamente a los
ganaderos afectados y ha decidido apoyar a la Diputación para
convertir a Vizcaya en un territorio 'libre de lobos', esto es,
donde se responda a cada acción de este animal con una batida para
exterminarlo. Y a esta política de extinción algunos la llaman
piadosamente 'control' del lobo. Ya se ve que el eufemismo de
la 'caza científica' de ballenas ha abierto la creatividad
gramatical de los partidarios del exterminio de las especies.
En 1986 la Diputación decidió eliminar los lobos heráldicos del
escudo de Vizcaya porque consideró que lo que representaban 'era
ajeno' a nuestra historia, aunque tuvieran tanta antigüedad o más
que el propio escudo. En 2006, la Diputación ha optado por dar un
paso más y exterminar al propio lobo 'porque causa daños', aunque
los daños sean ridículos y el animal sea tan propio de esta tierra
como nuestra cultura pastoril, y su presencia sea mucho más antigua.
Vizcaya avanza hacia la protección de su biodiversidad a ritmo de
exterminio controlado de ciertos seres vivos. Y a esto nuestros
dirigentes forales lo llaman política ambiental. Cualquier día nos
cuentan que el canibalismo es gastronomía tradicional de la propia
especie . Los lobos al menos, y aunque coman ovejas, no dicen tantas
tonterías.
Biodiversidad y exterminio
ARTURO IGNACIO ALDECOA/PORTAVOZ ADJUNTO DEL PP EN LAS JJ. GG. DE VIZCAYA
Durante siglos la ganadería tradicional ha convivido con la
presencia del lobo en una guerra silenciosa que ha legado en nuestra
cultura innumerables historia, leyendas y tradiciones. El lobo, un
animal inteligente que ha campado por los páramos, valles y montañas
de la vieja Iberia desde los montes vascos a las sierras andaluzas y
desde la brumosa Galicia al luminoso Levante ha sido el enemigo por
excelencia de los ganaderos, a la vez odiado y admirado, perseguido
y respetado porque incluso para sus más duros adversarios, los
pastores, el lobo era también el alma salvaje e indómita de este
país.
Durante el siglo XIX y XX el lobo ha ido siendo exterminado, como
tantas otras especies hasta que en los años centrales del pasado
siglo ha estado a punto de desaparecer por la persecución, el
desarrollismo sin control y la absoluta ignorancia de las
necesidades del equilibrio ecológico.
El lobo, predador necesario para regular las poblaciones de ciervos,
corzos, jabalíes y otras muchas especies, ha sido perseguido como
alimaña, palabra maldita, durante decenios, hasta casi borrarlo de
nuestra tierra. Afortunadamente, el abandono del campo a partir de
los años 60 ha permitido una pequeña recuperación del lobo al norte
del río Duero, aunque en el sur de España los escasos núcleos y
manadas que restan de esta especie están a un paso de la extinción.
Se calcula que en toda la península quedan en torno a unos dos mil
lobos, de los cuales escasamente unas docenas habitan en las sierras
del norte de Burgos y en los límites de Cantabria, y algunos pasan
ocasionalmente en sus correrías a las zonas limítrofes de Álava, a
los valles de las Encartaciones vizcaínas y a la zona del Gorbea.
Estos lobos naturalmente se comen alguna oveja u otro animal, pero
la cantidad de ovejas, cabras y más raramente caballos y reses
afectadas en tres años por el lobo no supera los 400, y ello sumando
las reses muertas, heridas, afectadas o desaparecidas, y sin entrar
a discutir cuantos ataques han sido en realidad de perros
asilvestrados o de 'lobos de dos piernas y con DNI', que también los
hay. No parece mucho 400 animales afectados en tres años, y ello
sobre una cabaña ganadera en Vizcaya -según la Diputación- de más de
66.000 ovejas, 10.000 cabras y 9.000 caballos (las reses ni las
contamos). Es decir, en este trienio cada año el lobo ha afectado en
promedio al 0,16% del ganado ovino, caprino y equino existente en
Vizcaya. Nada que no pueda compensarse mediante subvenciones a los
ganaderos y mediante ayudas paralelas a la tenencia de perros
mastines y la instalación de rediles, al igual que se hace en Álava
y otros territorios.
Los ganaderos pueden y deben ser resarcidos, y con creces, de los
inconvenientes que les causa la presencia ocasional del lobo en
Vizcaya. Este resarcimiento es un pequeño precio que nuestra
sociedad debe pagar por el lujo de mantener en pleno siglo XXI la
biodiversidad de nuestro territorio apoyando la presencia puntual
del lobo, que solo debe perseguirse, al igual que cualquier otro
animal, si los daños son excesivos o supone un peligro inaceptable,
lo cual no es el caso ni aquí ni en el resto de España.
Sin embargo, las Juntas Generales de Vizcaya han optado por ignorar
una reciente proposición popular para apoyar económicamente a los
ganaderos afectados y ha decidido apoyar a la Diputación para
convertir a Vizcaya en un territorio 'libre de lobos', esto es,
donde se responda a cada acción de este animal con una batida para
exterminarlo. Y a esta política de extinción algunos la llaman
piadosamente 'control' del lobo. Ya se ve que el eufemismo de
la 'caza científica' de ballenas ha abierto la creatividad
gramatical de los partidarios del exterminio de las especies.
En 1986 la Diputación decidió eliminar los lobos heráldicos del
escudo de Vizcaya porque consideró que lo que representaban 'era
ajeno' a nuestra historia, aunque tuvieran tanta antigüedad o más
que el propio escudo. En 2006, la Diputación ha optado por dar un
paso más y exterminar al propio lobo 'porque causa daños', aunque
los daños sean ridículos y el animal sea tan propio de esta tierra
como nuestra cultura pastoril, y su presencia sea mucho más antigua.
Vizcaya avanza hacia la protección de su biodiversidad a ritmo de
exterminio controlado de ciertos seres vivos. Y a esto nuestros
dirigentes forales lo llaman política ambiental. Cualquier día nos
cuentan que el canibalismo es gastronomía tradicional de la propia
especie . Los lobos al menos, y aunque coman ovejas, no dicen tantas
tonterías.