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VIZCAYA
La fortaleza enterrada
El Ayuntamiento de Zalla ultima un proyecto para recuperar y dar a
conocer un antiguo castro amurallado de la Edad de Hierro, de 5.000
metros cuadrados
13.10.07 -
SERGIO LLAMAS
La historia, y más si es tan lejana como la de la Edad de Hierro, a
menudo yace olvidada por el paso de los siglos. Pero en ocasiones
aparecen indicios que permiten sacarla a la luz. En Zalla ha ocurrido
en Bolunburu, un lugar que esconde los restos de una antigua fortaleza
prerromana, que ahora el Ayuntamiento quiere recuperar y difundir. Con
este fin, el Consistorio ultima un proyecto para poner en valor el
enclave y con el que optar el próximo año a una subvención foral para
rehabilitar yacimientos arqueológicos.
El pico del Cerco, en lo más alto de la Peña de Bolunburu, fue el
lugar escogido por los antiguos pobladores de este monte encartado
para edificar su asentamiento. Se trata de un pequeño castro
amurallado de unos 5.000 metros cuadrados descubierto por Juan Luis
Díez de Mena, guarda forestal de Zalla.
La primera prueba sobre su existencia surgió a finales de los años 70.
Un incendio desatado en esta área boscosa liberó los restos del
antiguo castro. En aquel momento, Díez de Mena colaboró en las labores
de extinción del fuego y descubrió, por casualidad, parte de la
muralla de la fortaleza. Aunque sus compañeros afirmaban que el lugar
era un asentamiento de pastores, estas explicaciones no le
convencieron, y tan pronto como se convirtió en el responsable
forestal de Zalla regresó a la zona. Una vez allí, no tardó en dar con
la primera de las numerosas pistas enterradas: un antiguo molino de mano.
Fechado en torno a los siglos tercero y primero antes de Cristo, en la
segunda Edad de Hierro, el castro de Bolunburu disponía de un gran
cercado semienterrado que aprovechaba el pico de la peña como defensa
natural. «Parte del muro se derrumbó hace tiempo, y enterró su base»,
explica Díez de Mena. Este hecho, sin embargo, posibilitó su conservación.
Bien conservado
La muralla no es el único elemento que concede un gran valor al
enclave. Los numerosos restos de herramientas para moler hallados
llevan a pensar que el lugar fue escenario incluso de actividad
comercial. «Existen caminos labrados en la zona que podrían haber
servido para extraer la materia prima necesaria en la fabricación de
molinos de mano», apunta el guarda de Zalla. De hecho, «este lugar
estratégico se llama Peña de Bolunburu, que bien podría interpretarse
como 'molinos en la cabecera'», agrega Díez de Mena.
El técnico de Cultura de Zalla, Javier Allende, refrenda el interés
arqueológico de este castro, «que posiblemente fue abandonado con la
llegada de la romanización», por su alto grado de conservación. Estas
circunstancias convierten al enclave encartado en especialmente
apetecible para el estudio, ya que su pequeño tamaño limitaría el
perímetro de las excavaciones.
Según informa el experto, «en el año 2002 unos arqueólogos contratados
por el Ayuntamiento ya constataron la importancia de la muralla y «la
existencia de cabañas». A esta conclusión llegaron tras rescatar
restos de cerámicas y elementos decorativos. «No solamente era un
lugar defensivo, sino también habitado», añade.
Enclave turístico
Estas características han llevado al Ayuntamiento a plantearse la
posibilidad de explotar el yacimiento como futuro enclave turístico.
«La instalación de un panel interpretativo del castro y la
señalización de un recorrido para acceder desde el área recreativa de
La Brena son los primeros pasos que hemos dado en este sentido»,
puntualiza el alcalde de Zalla, Leandro Kapetillo.
Los restos de la vieja fortaleza estarán al alcance de todos hoy y
mañana. Y es que los responsables municipales han organizado una
visita guiada para dar a conocer el enclave. Después, continuará
oculto hasta que su recuperación sea un hecho.