Estimados compañeros: no sé si txikizioastop, que es quien la ha
transcrito suscribe por completo el contenido de esta carta.
Por mi parte, suscribo las alusiones a la incapacidad de algunos
políticos, de diversos partidos, para respetar el patrimonio
cultural y natural, y su más que visible ambición de medro. Pero me
parece que, siendo justos, explicar esto relacionándolo con la
afición a la tauromaquia me parece un desatino, si no algo más grave
que me callo.
Ya empieza la ceremonia de la confusión aludiendo a un decadente
teatro costumbrista madrileño y zarzuela, que tiene derecho a que no
le guste, pero si la razón por la que le repugna es el madrileñismo,
podemos estar ante un Savonarola redivivo. La Gran Vía, de Chueca,
zarzuela de ambiente madrileño, se representó en Roma a finales del
XIX, y allí la vio Nietszche, que la criticó favorablemente. Como
arte escénico y musical, es patrimonio de todo ser humano, puede
representarse donde cuadre, y cada uno la juzgue según su gusto,
pero si el costumbrismo madrileño es una perversión moral, empiezo a
preocuparme. --- Por poner, otro caso, La del Manojo de Rosas, es
otro magnífico ejemplo de situación madrileña resuelta musicalmente
con gran pericia por don Pablo Sorozabal, que nunca en su vida dejó
de ser un donostiarra y vasco irreductible, aunque sobre esto puede
que D. Iñaki Uriarte tenga alguna de las últimas palabras.
Otro tanto pasa con la tauromaquia. Sería negar la evidencia que es
un espectáculo de sangre, pero hay que vivir en la fosa de las
Marianas para creer que los espectadores de ese acto se regodean en
ella. Yo estoy convencido de que prefieren cuanto menos. Lo que
quieren son unas suertes (muerte incluida) bien ejecutadas según los
cánones del oficio. Si quisieran el sufrimiento, la pelea y la
tortura, en los siglos que se lleva practicando se podrían haber
inventado cien formas de incrementar el morbo gratuito. Pero no es
así, es justamente al revés, en ese tiempo se ha aliviado todo lo
posible... aunque a fin de cuentas sin dejar de ser lo que es. Lo
cual, si a uno ya le parece excesivo, es opinión a respetar. Pero se
soluciona con no ir a verlo si te disgusta, y no hablar de lo que se
ignora.
Caso que es atribuible a multitud de actividades: el arrastre con
bueyes (inútil trabajo desaforado motivado generalmente por una
apuesta), los gansos de Lekeitio (que algunos quisieran, cada año,
poder descabezar vivos), y, mirando con atención, muchos deportes de
élite: obviemos el boxeo por exceso de evidencia, pero el ciclismo
tiene un resabio inhumano que a veces se excede en la elección de
las carreteras, el balonmano requiere una corpulencia notable para
aguantar a pie firme los balonazos que suelta Mateo Garralda, y la
pelota a mano, tras unos buenos años de festivales tiene
necesariamente que dejar unos carpos que son un ultraje al sentido
común. Pues lo dicho: si no te convencen estas exhibiciones,
evítalas y listo, y tampoco las califiques si ignoras sus
condiciones. Por cierto, no sé si al firmante le parecerán estas
actividades que cito flagrantes españoladas, lo cierto es que
algunos les conceden notable raigambre vasca. --- Y otro año, si
procede, y no genera una guerra civil, hablamos del silogismo de si
los navarros son vascos, los sanfermines son navarros, y por lo
tanto, si este silogismo es en Bárbara.
No soy yo ningún abanderado en defensa de la tauromaquia. No
pretendo convencer a nadie de sus donaires, y si un día, abandonada
del público, va desapareciendo, no seré yo de los que más sufran con
ello. Ni acudo habitualmente porque prefiero dedicar mi exigua
economía a otros fines. Pero el calificativo de salvajismo no es
justo: no hay tal chusma pidiendo más líquido rojo en la arena, sino
que pide movimientos certeros para evitar una muerte que acecha
siempre. Para evitar, excuso decir, la muerte del torero que es el
que tiene derechos humanos. El toro no tiene derechos humanos (si
los tuviera habría que darle educación, asilo y voto), y su muerte,
nadie puede negarlo, se busca, pero se busca sin la saña que Uriarte
asegura. No sé dónde la ha visto. Yo jamás he visto caras de
satisfacción cuando un toro, por mal lidiado, sufre más de la
cuenta, sino recriminaciones estrictas al que lo hace mal. Y el
desarrollo de la lidia está perfectamente reglamentado, escrito y
sellado, y al alcance de cualquiera, de modo que no tiene por qué
producir confusionismo alguno.
¿Es justamente éste el espectáculo más denigrante que existe?
Respeto la opinión del firmante, que no comparto, pero respeto
también la del poeta Miguel Hernández (que tampoco comparto del
todo, aunque sí en mayor medida) diametralmente opuesta. Ante los
ojos del Sr. Uriarte, Hernández figurará sin duda, ente los reos de
degradación sensorial y carencia de autoestima personal, dignidad y
humanismo. Y aún es culpable el oriolano de otro delito, que
seguramente explica, según la exposición de Uriarte, todos los
anteriores: Miguel Hernández, palmariamente, era español. También
proletario, desheredado, izquierdista, solidario, telúrico y
panteísta, pero nada de esto creo que le sirva, ante inquisidores
así, de atenuante de la ignominia de ser español de nacimiento,
español sin remedio, español hasta la médula.
Pues bueno. Por mi parte, si yo tuviera que escoger a uno de los dos
como vecino, guiándome por lo que he leído de ambos, sé
perfectamente a quién elegiría. --- Estoy casi seguro, al leerlos,
de saber con certeza quién de los dos era el entregado solidario a
la causa trágica del ser humano (de la que la tragedia del toro era,
para él, un símbolo pujante) y quién es el implacable denunciador de
nuestros peores pecados: sobre todo el españolismo y el
madrileñismo, que son lo más perverso de la creación.
Aunque, debo reconocerlo, con los políticos que cita, lo tiene
fácil, y no puedo ser yo quien les saque la cara. Lo único que
distingo es, que si son malos e ineficaces, no es a causa de su
taurinismo. Alguno más habrá que no asista a las corridas generales
y dé, igualmente, dentera.
Yo, ya lo he dicho alguna vez en esta lista, no puedo amar mucho a
España mientras sea (creo que fue Alberti el que lo dijo), a veces
madre, siempre madrastra, que no es capaz de amar, custodiar y
preservar un intenso patrimonio inmaterial (y aún material a veces,
la propia catedral de Burgos estuvo a punto de caerse de pura
desidia hace no tanto). Pero, qué queréis que os diga, a mí esta
carta, me da miedo. Yo temo a quien es capaz de diagnósticos tan
transparentes: espectador taurino es igual a español, que a su vez
es necesariamente igual a prebendado corrupto, que es igual a
antivasco depredador de patrimonio. Y sin posibilidad de remisión.
Supongo que de poco servirá aducir que ha habido toreros apellidados
Jaureguibeitia, Vigiola, Marcoartu... y aficionados llamados, por
decir uno, Rafael Moreno Aranzadi, que tiene calle en Bilbao, porque
se hizo famoso con otro espectáculo. Pero vale, es casi seguro que
eran todos una patulea de españoles, y con eso está todo dicho.
Y me intriga saber qué pensará Uriarte de la postrera adscripción al
independentismo vasco de un católico y taurino del calibre de José
Bergamín: porque si logró morir siendo a la vez vasco y español,
esto es un misterio mayor que la trinidad. Quién sabe, igual hasta
se puede; hará falta tener el raro ingenio de Bergamín, pero si hay
un precedente... nos queda la esperanza. Aunque, la verdad, no mucha.
En la pasada guerra civil, hubo gente (y por desgracia en los dos
bandos, aunque uno de ellos tuvo además la ocasión de seguir
violentando impunemente también en la posguerra) que fue fusilada
con excusas afines a las acusaciones dichas antes. Por haber ido a
un mitin de tal, o a una misa, o haber desplegado una bandera de
esto o un cartel de lo otro. ---- Si en un futuro más o menos
lejano, la Historia nos conduce a la secesión, emancipación,
liberación (podrá ser llamada de múltiples maneras) de Euskal Herria
y por ello nos vemos abocados (como lo requirió la de Cuba) a una
guerra (que no es humanamente deseable en principio, pero es el
procedimiento más utilizado históricamente para objetivos de esa
clase) temo que habrá algunos capaces de aplicar la ecuación
anterior contra quienes hayan sido visto saliendo de una plaza de
toros. Y yo estoy en una foto, sobre las rodillas de mi difunta
abuela, en una plaza de toros en Balmaseda. ¡¡Ay de mí!! (que por
cierto, es un motete que canta la coral balmasedana en la Pasión del
viernes santo). Me van a balacear desde ambas trincheras.
Lo cierto, por lo que respecta a esta lista, es que las
Encartaciones, aparte del lamentable expolio que con acierto
denuncia la carta, tienen también un notable patrimonio de historial
taurino, que a mí, a estas alturas, no me causa rubor, aunque
tampoco me fascina especialmente. Pero cada uno es libre de juzgarlo
como guste, sin faltar a la verdad.
Saludos a todos.