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Artículo de Sam Harris (copy & paste)   Lista de mensajes  
Responder | Reenviar Mensaje #30691 de 31500 |
"Perder nuestras espinas dorsales para salvar nuestros
cuellos"

Por Sam Harris (www.samharris.org). Traducción de
Stergios Korfiatis (skorfiatis@...)


Geert Wilders, político holandés conservador y
provocador, se ha convertido en el proyectil más
reciente en la guerra cultural más importante del
mundo: el conflicto entre la sociedad civil y el Islam
tradicional. Wilders, que vive bajo continua
protección armada debido a amenazas de muerte, lanzó
recientemente una película de 15 minutos titulada
Fitna ("conflicto" en árabe) en la Internet. La
película ha sido juzgada como ofensiva porque
yuxtapone imágenes de violencia musulmana con pasajes
del Corán. Dado que los perpetradores de tal violencia
citan frecuentemente estos mismos pasajes como
justificación para sus acciones, el simple hecho de
describir esta conexión en una película no parecería
algo controversial. Polémico o no, uno seguramente
esperaría que políticos y periodistas en cada sociedad
libre defendieran vigorosamente el derecho de Wilders
de hacer tal película. Pero en ese caso uno estaría
viviendo en otro planeta, uno en el que la gente no
niega alegremente sus más básicas libertades en nombre
de la "sensibilidad religiosa."

Atestigüen la respuesta del mundo libre ante Fitna: El
gobierno holandés intentó prohibir la película
explícitamente, y los ministros de asuntos exteriores
de la Unión Europea la condenaron públicamente, al
igual que Ban Ki-moon, secretario general de la O.N.U.
La televisión holandesa rechazó transmitir Fitna sin
editar. Cuando Wilders declaró su intención de lanzar
la película en la Internet, su servidor de red en
Estados Unidos, Network Solutions, retiró su página
web.

Disonando en este tema apareció Liveleak, un sitio web
británico de videos compartidos, que finalmente
transmitió la película el 27 de Marzo. Recibió más de
3 millones de opiniones en las primeras 24 horas. El
día siguiente, sin embargo, Liveleak retiró Fitna de
sus servidores, habiendo sido aterrorizado hacia una
auto-censura debido a amenazas contra su personal.
Pero la película se había difundido demasiado en la
Internet para ser suprimida (y Liveleak, después de
tomar mayores medidas de seguridad, la ha colocado de
nuevo en su página también).

Por supuesto, de inmediato hubo llamadas para un
boicoteo de productos holandeses a través del mundo
musulmán. En respuesta, las corporaciones holandesas
colocaron anuncios en países como Indonesia,
denunciando la película en señal de autodefensa.
Varios países musulmanes bloquearon YouTube y otros
sitios de videos compartidos en un esfuerzo por evitar
que la blasfemia de Wilders penetrara las mentes de
sus ciudadanos. También ha habido protestas y ataques
aislados contra embajadas, y demandas abiertas por el
asesinato de Wilders. En Afganistán, mujeres en burkas
podían ser vistas quemando la bandera holandesa; el
Taliban realizó por lo menos dos ataques de venganza
contra tropas holandesas, dando por resultado cinco
muertes holandesas; y preocupaciones de seguridad han
hecho que los Países Bajos cierren su embajada en
Kabul. Hay que recordar, sin embargo, que nada todavía
ha ocurrido que equipare la feroz respuesta en contra
de las caricaturas danesas.

Mientras tanto Kurt Westergaard, uno de los dibujantes
daneses, ha amenazado demandar a Wilders por
infracción de copyright, ya que Wilders utilizó su
dibujo de un Mahoma bomba-Laden sin su permiso.
Westergaard vive oculto desde 2006 debido a las
amenazas de muerte dirigidas hacia él, por lo cual la
Unión Danesa de Periodistas se ofreció voluntariamente
a llevar este caso en su favor. Obviamente, hay algo
divertido acerca de un hombre amenazado, incapaz de
arriesgarse a aparecer en público por temor a ser
asesinado por religiosos lunáticos, amenazando con
demandar a otro hombre en la misma situación sobre
violaciones de copyright. Pero es comprensible que
Westergaard no quisiera ser lanzado al enemigo
repetidamente sin su consentimiento. Westergaard es un
hombre extraordinariamente valiente cuya vida ha sido
arruinada tanto por el fanatismo religioso como por la
sumisión del mundo libre ante él. En febrero, el
gobierno danés arrestó a tres musulmanes que al
parecer se preparaban para asesinarlo. Otros daneses
bastante desafortunados al también llamarse "Kurt
Westergaard" han tenido que tomar medidas para evitar
ser asesinados en su lugar. (Desde entonces Wilders ha
retirado la caricatura de la versión oficial de
Fitna.)

Wilders, al igual que Westergaard y los otros
dibujantes daneses, ha sido calumniado ampliamente por
"intentar provocar" a la comunidad musulmana. Incluso
si ésta había sido su intención, esta crítica
representa una coincidencia casi supernatural de
ceguera moral e imprudencia política. El punto no es
(y nunca será) que un poco de rayo libre de la
persona, ni escribió, o ilustrado de tal manera en
cuanto a inflamar a comunidad musulmana. El punto no
es (y nunca lo será) que cualquier persona libre
hable, escriba o dibuje en tal manera que provoque a
la comunidad musulmana. El punto es que solamente la
comunidad musulmana reacciona de la manera en que lo
hace. La controversia alrededor de Fitna, como todas
tales controversias, delata un hecho especialmente
sobresaliente sobre nuestro mundo: Los musulmanes
parecen estar mucho más preocupados sobre los desaires
percibidos hacia su religión que sobre las atrocidades
que diariamente se cometen en su nombre. Nuestra
comodidad ante esta sicopática bifurcación de
prioridades ha tomado, más y más, la forma de un
cobarde y cerrado consentimiento.

Hay aquí una asombrosa ironía que muchos han notado.
La posición de la comunidad musulmana ante todas las
provocaciones parece ser: El Islam es una religión de
paz, y si usted dice que no es así, le mataremos. Por
supuesto, la verdad es a menudo más variada, pero ésta
es tan variada como pudiera ser: El Islam es una
religión de paz, y si usted dice que no lo es, los
musulmanes pacíficos no podemos asumir la
responsabilidad de lo que hagan nuestros hermanos y
hermanas menos pacíficos. Cuando quemen sus embajadas
o secuestren y maten a sus periodistas, sepan que les
haremos a Uds. principalmente responsables y
dedicaremos nuestra mayor energía a criticarlos por
"racismo" e "Islamofobia."

Nuestras sumisiones ante estas amenazas han tenido lo
que a menudo se llama un "efecto congelante" sobre
nuestro ejercicio de libre expresión. He
experimentado, en mi propia pequeña forma, esta
frialdad de primera mano. Primero, y más importante,
mi amiga y colega Ayaan Hirsi Ali se encuentra entre
los que están siendo cazados. Debido al fracaso de
gobiernos occidentales en hacer que sea seguro que la
gente pueda hablar abiertamente sobre el problema del
Islam, yo y otros debemos reunir una cantidad de
fondos privados para ayudar a pagar su protección
permanente. El problema no es, como se alega a menudo,
que los gobiernos no pueden permitirse proteger a cada
persona que hable abiertamente contra la intolerancia
musulmana. El problema es que tan pocas personas
hablen abiertamente. Si hubiera diez mil Ayaan Hirsi
Ali, el riesgo de cada uno sería reducido
radicalmente.

En cuanto a infracciones de mi propio discurso, mi
primer libro, El Fin de la Fe, casi no llegó a ser
publicado por miedo a ofender las sensibilidades
(probablemente sin haberlo leído) de fanáticos
religiosos. W.W. Norton, que publicó el libro, fue
ampliamente visto como arriesgándose -- riesgo
atenuado probablemente por el hecho de que soy un
ofensor en las mismas condiciones de toda fe
religiosa. Sin embargo, cuando llegó la hora de hacer
las correcciones finales a El Fin de la Fe, muchas de
las personas a quienes había agradecido por nombre en
mis reconocimientos (incluyendo a mi agente en ese
entonces y mi redactor en Norton) independientemente
me pidieron que quitara sus nombres del libro. Sus
preocupaciones eran explícitamente de seguridad
personal. Dada nuestra respuesta vergonzosamente
ineficaz al fatwa contra Salman Rushdie, sus
preocupaciones eran perfectamente comprensibles.

Nature, posiblemente el diario científico más
influyente en el planeta, publicó recientemente un
extenso encubrimiento de faltas del Islam (Z. Sardar
"Más allá de la relación problemática." Nature 448,
131-133; 2007). El autor comenzó, como si estuviera
encima de un minarete (torre de una mezquita),
simplemente declarando que la religión del Islam era
"intrínsecamente racional." Entonces procedió a
sostener, en medio de una altamente idiosincrásica
lectura de historia y teología, que la convulsión
actual de esta religión racional en las profundidades
violentas de la sin-razón se puede atribuir
completamente a la herencia del colonialismo. Después
de una cierta negociación, Nature también acordó
publicar una breve respuesta mía. Lo que los lectores
de mi carta al editor no podían saber, sin embargo,
era que fue publicada solamente después de que
oraciones, perfectamente basadas en hechos, juzgadas
ofensivas al Islam fueron expurgadas. Entendí las
preocupaciones de los redactores en ese entonces: no
sólo tienen las leyes de difamación británica de la
cual preocuparse, sino que médicos e ingenieros
musulmanes en el Reino Unido acababan de revelar una
tendencia hacia los atentados suicidas. Estuve
agradecido de que Nature publicara mi carta.

En un estremecedoramente irónico giro de
acontecimientos, una versión más corta del mismo
ensayo que usted ahora está leyendo fue encargada
originalmente por la página de opinión del Washington
Post y después rechazada porque fue juzgada demasiado
crítica al Islam. Por favor notar que este ensayo era
destinado a la página de la opinión del periódico, el
cual había solicitado mi respuesta a la controversia
sobre la película de Wilders. La ironía de su
rechazamiento parecía enteramente perdida en el Post,
el cual respondió a mi subsiguiente expresión de
asombro ofreciendo pagarme un "honorario de
compensación." Lo rechacé.

Podría enumerar, al igual que muchos escritores, otros
ejemplos de encuentros con redactores y editores,
todos ilustrando un solo hecho: Mientras sigue siendo
tabú el criticar la fe religiosa en general, se
considera especialmente imprudente criticar al Islam.
Solamente los musulmanes persiguen y buscan y asesinan
a sus apóstatas, infieles y críticos en el siglo XXI.
Hay, con seguridad, razones por las que esto ocurre.
Algunas de estas razones tienen que ver con accidentes
de historia y geopolítica, pero otras se pueden
remontar directamente a las doctrinas que santifican
la violencia que son únicas en el Islam.

Un punto de la comparación: La controversia sobre
Fitna fue seguida inmediatamente por una extendida
cobertura de los medios sobre un escándalo que
implicaba a la Fundamentalista Iglesia de Jesucristo
de los Santos de los Últimos Días (FSUD). En Texas, la
policía intervino en un complejo de FSUD y tomó a
centenares de mujeres y muchachas menores de edad en
custodia para protegerlas de las continuadas,
sacramentales agresiones de sus miembros. Mientras que
el Mormonismo predominante es ahora considerado como
una de las religiones importantes en los Estados
Unidos, su rama fundamentalista, con su adhesión a la
poligamia, abuso conyugal, unión forzada, niñas novias
(y, por lo tanto, violación de menores) se retrata a
menudo en la prensa como un culto depravado. Pero uno
podría discutir fácilmente que el Islam, considerado
tanto en general como en relación a sus casos más
negativos, es mucho más despreciable que el Mormonismo
fundamentalista. El mundo musulmán puede emparejar al
FSUD pecado por pecado -- los musulmanes practican
comúnmente la poligamia, matrimonios forzados (a
menudo entre muchachas menores de edad y hombres
mayores), y violencia conyugal— pero agreguen a estas
indiscreciones los incomparables males de las matanzas
por honor, la "circuncisión femenina," el amplio apoyo
al terrorismo, una fascinación pornográfica con videos
que muestran matanzas de infieles y apóstatas, una
vibrante forma de anti-semitismo que es explícitamente
genocida en sus aspiraciones, y una habilidad para
producir libros y programas de televisión para niños
en los que se glorifican atentados suicidas y se
representa a judíos como "monos y cerdos."

Cualquier comparación honesta entre estas dos fes
revela un extraño doble criterio en nuestro
tratamiento de la religión. Podemos celebrar
abiertamente la marginalización de los hombres de FSUD
y el rescate de sus mujeres y niños. Pero, dejando a
un lado la imposibilidad práctica y política de
hacerlo, ¿podríamos incluso permitirnos contemplar la
liberación de mujeres y niños del Islam tradicional?

¿Qué hay de todos los musulmanes civiles, amantes de
la libertad, moderados que están tan horrorizados ante
la intolerancia musulmana como yo? No hay duda que
millones de hombres y mujeres encajan en esta
descripción, pero elocuentes moderados son muy
difíciles de encontrar. Dondequiera que el "Islam
moderado" se anuncie, uno descubre a menudo un
Islamismo franco que está al acecho apenas uno o dos
eufemismos debajo de la superficie. La evasiva es
ofrecida al público en general por la corrección
política, el optimismo a ultranza, y el "sentimiento
de culpa blanco." Aquí es donde encontramos a gente
siniestra presentándose con éxito como "moderados"
--gente como Tariq Ramadan quien, frecuentado por
europeos liberales como el epitome del Islam
cosmopolita, no puede llegar a condenar realmente las
matanzas por honor de manera contundente (él
recomienda que la práctica sea suspendida, hasta que
finalice un estudio pendiente). Moderación también se
atribuye a los grupos como el Consejo sobre las
Relaciones Americano-Islámicas (CAIR), una firma
islámica de relaciones públicas que se presenta como
lobby de los derechos civiles.

Incluso cuando uno encuentra una voz verdadera de
moderación musulmana, a menudo aparece caracterizada
por una preponderante carencia de honestidad. Por
ejemplo alguien como Reza Aslan, autor de Ningún Dios,
excepto Dios: Debatí con Aslan para Book TV sobre el
tema general de la religión y la modernidad. Durante
el curso de nuestra discusión, dije algunas palabras
muy duras sobre la Sociedad de los Hermanos
Musulmanes. Mientras admitía que hay una diferencia
entre esta fraternidad y una verdadera organización
jihadista como Al Qaeda, dije que su ideología estaba
"bastante cercana" como para preocuparnos. Aslan
respondió con un grandioso argumento ad hominem
diciendo, "eso indica la profunda simpleza con la que
Ud. ve a esta región. Usted no podría estar más
equivocado" y afirmando que mi opinión sobre el Islam
la había tomado de Fox News. Tales maniobras, viniendo
de un iraní erudito sobre el Islam, acarrea el peso de
autoridad, especialmente ante una audiencia que está
desesperada por creer que la amenaza del Islam ha sido
toscamente exagerada. El problema, sin embargo, es que
el credo de la Sociedad de los Hermanos Musulmanes
realmente es "Alá es nuestro objetivo. El profeta es
nuestro líder. El Corán es nuestra ley. Jihad es
nuestra vía. Morir por Alá es nuestra más alta
esperanza."

La conexión entre la doctrina del Islam y la violencia
islámica simplemente no está abierta al debate. No es
que los críticos de la religión como yo especulemos
que tal conexión pueda existir: el punto es que los
propios islamistas reconocen y demuestran esta
conexión en cada oportunidad y negarlo es recluirse en
un mundo de fantasía de cortesía política y defensas
religiosas. Muchos eruditos occidentales, como la muy
admirada Karen Armstrong, parecen estar justamente en
ese punto. Todo su discurso acerca de cuan benigno
“realmente” es el Islam y de cómo el problema del
fundamentalismo existe en todas las religiones, sólo
ofusca lo que podría ser el más urgente tema de
nuestro tiempo: el Islam, tal como es entendido y
practicado actualmente por un extenso número de
musulmanes en el mundo, es antitético a la sociedad
civil. Una encuesta reciente demostró que treinta y
seis por ciento de los musulmanes británicos (edades
16-24) creen que una persona debería ser ejecutada por
abandonar la fe. Sesenta y ocho por ciento de
musulmanes británicos sienten que vecinos que insulten
al Islam deberían ser arrestados y ser procesados, y
setenta y ocho por ciento piensan que los dibujantes
daneses debieron ser llevados a los tribunales. Y
éstos son musulmanes británicos.

De vez en cuando, sin embargo, una voz solitaria se
puede oír reconociendo lo que es innegable. Hassan
Butt escribió en el Guardian:


Cuando era todavía miembro de lo que es
probablemente mejor conocido como la Red Británica de
Jihad, una serie de grupos terroristas musulmanes
británicos semi-autónomos unidos por una sola
ideología, recuerdo cómo reíamos siempre que la gente
en la TV proclamaba que la única causa de los actos
islámicos terroristas como el 9/11 y los bombardeos de
Madrid y Londres era la política extranjera
occidental. Al culpar al gobierno por nuestras
acciones, hicieron nuestro trabajo de propaganda por
nosotros. Más importante, también ayudaron a evitar
cualquier investigación crítica del verdadero motor de
nuestra violencia: la teología islámica.

Es asombroso cuan poco frecuente se oye tal honestidad
entre las voces públicas del Islam "moderado". Esto es
lo que le debemos a los verdaderos moderados del mundo
musulmán: debemos considerar a sus co-religiosos con
los mismos estándares de civismo y sensatez que
suponemos en el resto de la gente. Solamente nuestra
voluntad de criticar abiertamente al Islam en sus
demasiado obvios defectos hará que sea seguro para los
musulmanes moderados, los seculares, los apóstatas --
y, de hecho, las mujeres -- levantarse y reformar su
fe.

Y si a alguien en esta discusión se le puede acusar de
racismo, es a los defensores occidentales y
"multiculturalistas" quienes juzgan a árabes y
musulmanes demasiado inmaduros para cargar con las
responsabilidades del discurso civil. Como Ayaan Hirsi
Ali ha precisado, hay una forma calamitosa de "acción
afirmativa" en el trabajo, especialmente en Europa
occidental, en donde eximen a inmigrantes musulmanes
sistemáticamente de estándares occidentales de orden
moral en nombre del "respeto" a las garrafales
patologías en su cultura. Hirsi Ali también ha
observado que hay un cuasi-racista, doble-moral
pensamiento que se muestra siempre que potencias
occidentales pregonan que "el Islam es paz," al mismo
tiempo que toman medidas heroicas para protegerse de
la próxima vez en que los bárbaros enloquezcan en
respuesta a una película, historieta, ópera, novela,
desfile de belleza -- o el mero nombramiento de un oso
de peluche.

¿Ha visto Ud. las caricaturas danesas que tanto
irritaron al mundo musulmán? Probablemente no, ya que
su publicación fue suprimida por casi cada periódico,
revista, y estación de televisión en los Estados
Unidos. Dada su candente recepción -- centenares de
millares de musulmanes furiosos, centenares de
personas asesinadas -- su simple banalidad debe haber
dado a estos dibujos una extraordinaria notabilidad.
Una revista que sí los imprimió, Free Inquiry, (para
cuál estoy orgulloso de haber escrito), tuvo sus
ejemplares prohibidos en todas las librerías del país.
Ésta es precisamente la clase de capitulaciones que
debemos evitar en el futuro.

La lección que debemos obtener de la controversia
sobre Fitna es que necesitamos más crítica del Islam,
no menos. Dejemos que haya en tales cantidades que ni
siquiera el más fanático islamista pueda concebir el
contenerlo. Como Ibn Warraq, autor del inspirado
Porqué no soy musulmán, dijo en respuesta a eventos
recientes:

Es perverso que los medios occidentales lamenten la
carencia de una reforma islámica y obstinadamente
ignoren trabajos como la película de Wilders, Fitna.
¿Cómo piensan que habrá reforma si no es con crítica?
No existe tal cosa como el 'derecho a no ser
ofendido’; de hecho, yo estoy profundamente ofendido
por el contenido del Corán, con su odio abierto hacia
cristianos, judíos, apóstatas, no-creyentes y
homosexuales, pero no puedo exigir su supresión.

Es tiempo que reconozcamos que los que exigen el
"derecho a no ser ofendido" también han anunciado su
odio a la sociedad civil.


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Jue, 8 de Mayo, 2008 4:20 am

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