Entrar
¿Usuario nuevo? Regístrate
esperpentu · dissendlist' por distre diskuti, ridigil' kun reagaj ridindoj, amuzuj' per amika alidiro
? ¿Ya estás suscrito? Entrar en Yahoo!

Consejos de Yahoo! Grupos

¿Sabías que...?
Puedes buscar mensajes antiguos en un grupo.

Mensajes

  Mensajes Ayuda
Avanzado
manuel aznar zubigaray   Lista de mensajes  
Responder | Reenviar Mensaje #670 de 940 |
Buscant sobre l'avi de l'Aznar, m'he trobat això d'un Deia de l'any passat...
Salut,
Hèctor


La sangre bilbaina de *Aznar*


Josu Erkoreka


El presidente del Gobierno español ha justificado su incorporación al último
puesto de la candidatura del Partido Popular al Ayuntamiento de Bilbao,
esgrimiendo el estrafalario argumento de que tiene sangre bilbaina.
Siguiendo una técnica relativamente habitual entre los cuneros vergonzantes,
José María *Aznar* ha querido compensar la enorme distancia que le separa de
la capital de Bizkaia, aportando un punto de conexión que acredite de modo
incontestable su vinculación familiar con la populosa villa. Y para ello, no
ha encontrado, al parecer, mejor cauce que el de apelar al extravagante
argumento de la sangre.




Pero el esfuerzo no era necesario. Se lo podía haber ahorrado. Entre los
aspirantes a integrar el gobierno municipal bilbaino, son muchos los que han
nacido fuera de Bilbao ­e incluso del País Vasco­ y tampoco faltan quienes
­como él­ jamás han residido de modo estable en la villa. Sin embargo,
ninguno de ellos ha sentido la necesidad de aportar títulos de legitimidad
tan estrambóticos. Y no lo han hecho porque saben que Bilbao es una ciudad
lo suficientemente abierta como para asumir, sin sobresaltos ni
estridencias, la presencia de candidatos extraños a la vida local entre los
aspirantes a los cargos públicos del municipio. Pero *Aznar* ha querido
significarse de modo especial. Siempre tan joseantoniano, ha pretendido
legitimar su candidatura invocando nada menos que una especie de ius
sanguinis, o derecho de sangre, de muy difícil encaje en la cultura
democrática aunque, es preciso reconocerlo, de gran predicamento en la épica
falangista del sacrificio y el martirio, que tantos destellos deja todavía
en el discurso habitual del presidente.


Pues bien, ya que José María *Aznar* nos invita a tomar en consideración el
significado político de su estirpe bilbaina, hagámoslo con la atención que
el personaje merece.


El arraigo bilbaino del linaje del presidente, es, pese a los desmedidos
aspavientos con los que ha querido remarcarlo, de un reducido alcance
temporal. Se agota en su progenitor, *Manuel **Aznar* Acedo, que nació en la
villa de don Diego el 14 de septiembre de 1916, y su abuela paterna,
Mercedes Acedo Villanueva, que fue también natural de Bilbao. Eso es todo lo
que da de sí la bilbainidad de la sangre de José María *Aznar*. Lo que el
presidente no cuenta ­ni quiere que se lo recuerden­ son las circunstancias
en las que se produjeron los hechos de los que, en caso de existir,
procedería su pretendido derecho de sangre a concurrir como candidato a las
elecciones al Ayuntamiento de la villa. Los abuelos paternos de José María
*Aznar* se conocieron en la capital vizcaina, pero lo hicieron bajo un cielo
fuertemente teñido de nacionalismo vasco. El abuelo, *Manuel **Aznar
**Zubigaray*
era, por aquella época, un ardiente abertzale, que militaba en la Juventud
Vasca de Bilbao ­donde pronunció aplaudidas conferencias y célebres charlas
sabinianas­ y trabajaba como periodista en el diario Euzkadi, el órgano
oficial de la comunidad nacionalista vasca. Por su parte, la abuela
regentaba en la Gran Vía un establecimiento de moda especializado en
sombreros de señora, que se anunciaba, también, en las páginas de publicidad
del diario Euzkadi. En este escenario patriótico germina lo que José Maria
*Aznar* considera su sangre bilbaina.


*Aznar **Zubigaray* fue un apasionado seguidor de Arana-Goiri, que consideraba a
Sabino el Maestro, “el héroe por excelencia, el patriota, el más benemérito
mártir inmolado en el altar de la Patria, [que hizo] nacer al nacionalismo,
fuerza motriz que movió un día las voluntades de todos los héroes hacia la
defensa de los derechos patrios”. El abuelo del presidente fue, además, un
gran propagandista de la causa nacional vasca. En enero de 1915 expresaba su
compromiso personal con la expansión del nacionalismo, identificándose,
metafóricamente, con una flecha lanzada al viento y llamada a trazar una
amplia y ambiciosa trayectoria en la difusión de las doctrinas de
Arana-Goiri: “Un día ­escribía *Manuel*­ Sabino Arana murió para esta vida
mortal y nos legó sus principios y sus fundamentos [...] Los nacionalistas
que recogieron de las manos mismas del Maestro las normas y los fundamentos
de nuestro renacimiento han sido para nosotros como unos arqueros ideales.
No- sotros somos las flechas lanzadas al viento. Apenas todavía, comenzamos
a recorrer la trayectoria que nos ha sido marcada. En las páginas que
escribió Sabino hemos visto que para nosotros y para nuestros sucesores y
aun para muchas generaciones más allá, ha de quedar por hacer mucha obra por
la Patria". Como gráficamente revela el pasaje transcrito, el entusiástico
fervor que el abuelo paterno de José María *Aznar* sentía por la persona y la
obra de Sabino Arana, le llevó a concebir la propagación de sus doctrinas
como una magna e inaplazable obra, que no sólo le atañía a él, como activo
militante nacionalista que era, sino también a sus hijos y descendientes, a
lo largo de “muchas generaciones”.


Animado por este propósito de proyectar sobre sus sucesores el compromiso
personal que había asumido para con la defensa de la causa nacional vasca,
*Aznar **Zubigaray* decidió bautizar a su primogénito ­el padre del actual
presidente del Gobierno español­, con el nombre vasco ­y sabiniano­ de
Imanol. Para comprender la auténtica significación política de este gesto,
es preciso retener que, en aquella época, la imposición de nombres
euskéricos a los descendientes era considerada como un acto de militancia
nacionalista de los progenitores. Tras años de intensas ­y no siempre
fáciles­ gestiones ante las autoridades eclesiásticas, el nacionalismo vasco
había conseguido arrancar al Vaticano una autorización para que, en las
parroquias del País Vasco, la inscripción del bautismo en los libros
sacramentales pudiera practicarse expresando el nombre propio del recién
nacido ­también­ en lengua vasca y, una vez abierta esta posibilidad, su
efectivo ejercicio se convirtió para los seguidores de Arana-Goiri en una
especie de obligación esencial de todo patriota serio y comprometido. El
diario Euzkadi, con la activa colaboración de *Aznar **Zubigaray*, desarrolló
una intensa campaña a favor de la imposición de nombres de pila en lengua
vasca, arguyendo que “la vida entera del vasco al que se le han impuesto
nombres euskéricos, es un recuerdo, una excitación y un acto incesante de
propaganda euzkérica y patriota”.


Cuando *Aznar **Zubigaray* y su esposa bautizaron a su hijo Imanol, los
compañeros de redacción felicitaron a los padres a través de una nota
recogida en el diario y formularon un deseo que hacía las veces de
exhortación: “A ver si estos niños crecen vascos firmes como vosotros”. Pero
no hubo tal. Imanol *Aznar* no pudo crecer vasco firme, porque su padre no le
enseñó a serlo. A finales de 1917, *Aznar **Zubigaray* se desplazó a Madrid,
donde muy pronto olvidó su adhesión juvenil a las ideas de Arana-Goiri e
inició una tortuosa evolución ideológica que le llevó viajar por el mundo de
la política, en vehículos tan diversos como el del liberalismo renovador de
Ortega, el upetismo del dictador Primo de Rivera, el azañismo, el
republicanismo conservador de Miguel Maura y el falangismo de José Antonio.
Y por si todo lo anterior no fuera suficiente, en las elecciones de 1936
concurrió por Albacete en las listas del partido político de Portela
Valladares. Durante este periodo, su evolución política fue tan escabrosa
que el republicano Rafael Sánchez Guerra le caracterizó sarcásticamente como
un destacado seguidor de “Frégoli”, el inolvidable transformista del
primitivo circo Price.


Con semejante trayectoria a sus espaldas, no resulta extraño que cuando
estalló la Guerra Civil, *Aznar **Zubigaray* fuese visto con recelo y
desconfianza en ambos bandos. En el territorio republicano le tuvieron por
fascista y en la zona insurrecta le tacharon de liberal, azañista y defensor
de la República. Pronto, sin embargo, descubrió que el futuro estaba con
Franco y no tardó en significarse a favor del bando rebelde, poniendo su
pluma y su gran talento de periodista de guerra, al servicio de la causa del
dictador. Tras decenas de artículos hagiográficos, ensalzando la figura de
Generalísimo y glosando sus gestas militares, consiguió hacerse con un
destacado puesto en la corte de aduladores del Caudillo.


Cuando, en junio de 1938 se conmemora el primer aniversario de la conquista
de Bilbao por las tropas de Franco, *Manuel **Aznar* era ya un periodista
reconocido en el territorio insurrecto, por la brillantez de los servicios
que había prestado a la causa nacional. Es entonces cuando su firma regresa
a las cabeceras de la capital vizcaina. El número extraordinario que El
Correo Español-El Pueblo Vasco sacó a la luz para celebrar el evento
incluía, junto a una fogosa editorial, significativamente titulada “Bilbao
de España”, diferentes columnas firmadas por eminentes personalidades de la
plaza como José María de Areilza o Esteban Bilbao, y un largo artículo
suscrito por *Manuel **Aznar*, bajo el epígrafe “Franco decidió en Bilbao la
guerra española”. El tono épico de sus líneas es el habitual en los
artículos que el periodista publica por estas fechas. La laudatio al
Caudillo, tampoco rompe la tónica general de sus escritos de la época. A
juicio de *Aznar*, “La genialidad y la técnica de Franco, unidas a la
superioridad moral y combativa de las fuerzas nacionales, garantizaban de
antemano el triunfo. Los rojos no tenían la menor probabilidad de victoria
(...) De la campaña de Vizcaya y de la conquista de Bilbao ­observaba­ ha de
escribirse mucho en los años venideros, porque ambas operaciones y maniobras
quedarán inscritas entre las más altas glorias del Ejército nacional”.


Entre los numerosos vecinos de la villa que las fuerzas franquistas
fusilaron en lo que *Aznar **Zubigaray* calificaba, con regocijo, como de una
“las más altas glorias del Ejército nacional”, se encontraban varios
colaboradores del diario Euzkadi; incluido algún antiguo compañero de
redacción del propio periodista. El director de la cabecera nacionalista,
don Pantaleón Ramírez de Olano, logró salvar el pellejo, pero quedó
profundamente marcado por aquellos terribles acontecimientos. Algún tiempo
después, ya en los años cincuenta, refería a sus amigos, con suma amargura,
que contaba nada menos que “diecinueve fusilados entre redactores,
colaboradores y empleados del periódico”.


Es posible que para Jon Juaristi, tan amigo de revisar los más oscuros
episodios del acerado e implacable nacionalismo español en el que ahora
milita, la suerte que corrieron los trabajadores fusilados del diario
Euzkadi, como la que corrió el euskera durante el franquismo, no fuera más
que un manojo intranscendente de “arbitrariedades, tropelías estúpidas y
cacicadas indecentes”, impulsadas por “pequeños funcionarios locales”. Pero
es preciso reconocer que el abandono del nacionalismo vasco y su progresiva
aproximación hacia el españolismo autoritario y recalcitrante, fue para
*Aznar **Zubigaray* una operación sumamente rentable, en términos personales e
incluso económicos. *Aznar* aplaudió a rabiar a los que descargaron sus
fusiles contra los trabajadores de su antiguo periódico y reservó para ellos
los más elogiosos y sublimes epítetos. Y cuando Ramírez de Olano se
lamentaba, atormentado, de la penosa suerte que le había tocado vivir,
*Manuel **Aznar* retozaba alegremente en el inmundo pesebre franquista, gozando
de todo tipo de prebendas y mercedes. Precisamente por aquella época,
regresaba a la península tras dejar su flamante cargo de embajador del
régimen de Franco en Argentina y merodeaba entre los próceres del sistema,
postulándose como ministro de Prensa y Propaganda.


Fueron muchos los bilbainos de diferentes adscripciones políticas que vieron
en las innumerables cabriolas de *Aznar **Zubigaray*, la trayectoria de un
personaje pérfido, abyecto e innoble. Indalecio Prieto le retrató como un
transformista convulso que abrazó con vileza y ruindad todos los credos en
los que vio la más mínima posibilidad de medrar. El lendakari Agirre le
recordó en su diario como el “tránsfuga *Aznar*”. Y Jesús de Galíndez, víctima
del fascismo español y del autoritarismo dominicano, se refirió a él, en
tono desdeñoso, como “el famoso traidor a su patria y a cuantas causas
abrazó”.


Como puede verse, lo que José María *Aznar* considera su sangre bilbaina, no
es más una sórdida secuencia biográfica, henchida de iniquidad y repleta de
secuencias marcadas por las más viles felonías. Si la invocación de su
sangre bilbaina como título justificativo de su presencia en las
candidaturas del Partido Popular al Ayuntamiento de Bilbao, es sinónimo de
adhesión a la rama de su progenie que le vincula a la capital vizcaína, no
es mucho lo que los vecinos de la villa pueden esperar de su rectitud,
nobleza y lealtad.





Mar, 24 de Feb, 2004 2:50 pm

hectoralos
Sin conexión Sin conexión
Enviar mensaje Enviar mensaje

Reenviar Mensaje #670 de 940 |
Desplegar mensajes Autor Ordenar por fecha

Buscant sobre l'avi de l'Aznar, m'he trobat això d'un Deia de l'any passat... Salut, Hèctor La sangre bilbaina de *Aznar* Josu Erkoreka El presidente del...
Hèctor Alòs i F...
hectoralos
Sin conexión Enviar mensaje
24 de Feb, 2004
2:50 pm
Avanzado

Copyright © 2009 Yahoo! Todos los derechos reservados.
Política de Privacidad Actualizada - Condiciones del servicio - Directrices - Ayuda