|
La
palabra fallonazo pertenece al léxico de los costarricenses y no es sinónimo
de un fallo grande importante, algo así como el bazucazo de la reelección. Y
por el mismo orificio, por el mismo agujero de aquel bazucazo judicial, el
que perpetró la Sala Constitucional al alterar la Constitución Política para
permitir la reelección presidencial, sin que se tramitara la reforma en la
Asamblea Legislativa, como manda con toda claridad la propia Constitución,
por ahí, por esa falla en el edificio jurídico del país, se salieron los
magistrados para venir a decir ahora que el TLC, con más defectos
constitucionales que ningún otro proyecto, "no tiene roces con la
Constitución". Más que un fallo, esto es un fallonazo.
¿Y será un fallonazo? ¿Se falla acaso cuando el resultado es producto de una
acción totalmente intencional? No podría decirse que se equivocaron. No. No
se equivocaron. A los ojos del gobernante que ayer nomás salió a decir de
manera desfachatada que aceptaba el fallo, esto no pudo haber sido más acertado.
Pero se equivoca quien pretendiendo algo, yerra y obtiene un resultado
diferente. Este no es el caso. Hubo fallo, pero a los ojos de un gran número
de juristas, abogados y de quienes, aun sin ser expertos, con solo saber leer
y haber visto la actuación de la Sala, hay algo más grave, hay
intencionalidad política.
¿No es esta la misma Sala que ha partido pelos en el aire y ha declarado
inconstitucional cuanta ley ha querido? ¿No es esta la misma Sala que
acostumbró a los costarricenses a esperar resultados de análisis jurídicos
hechos con lupa potente? ¿Qué pasó ahora? Son sinónimos de la palabra fallo
pifiar, faltar, fracasar, errar, malograr, frustrar, pero también lo es
sentenciar. Veamos de qué sentencia hablamos.
Algunos abogados y periodistas no aceptan que se critique un fallo. Como si
fueran decisiones del Papa, serían infalibles. ¿Pero qué pasa cuando son
absolutamente inconsistentes con la conducta usual y con las evidencias? ¿No
es esta la misma Sala que falló para reglar la pesca en el Golfo de Nicoya?
¿Y la que decidió meterse a definir el largo del pelo recomendable para los
jóvenes estudiantes de secundaria? ¿No fue esta la Sala que acabó con los
festejos de Zapote porque con maestría gastronómica llegó a valorar la
calidad de las comidas en los "chinamos"? ¿No ha sido esta la instancia que,
sin saber nada de medicina, ha obligado a la Caja a recetar tal o cual
medicamento? En algunos casos, sin siquiera haber pasado las pruebas
clínicas, la Sala ha obligado a la Caja a dar medicinas caras hasta a
extranjeros de países ricos que se vienen al país a recibir tratamiento
gratuito, con medicamentos que no podrían pagar en sus propios países.
Claro. Esta es una Sala con delirio político, con aires de soberano. Se ha
metido a gobernar al país. Al punto de que, gracias a su actuación, se ha
roto el equilibrio, el balance de poderes en el país. ¿Que la Asamblea sea el
Primer Poder de la República, como se decía antes? Eso se acabó. Ahora ni los
representantes del soberano, de la nación, tienen potestades capaces siquiera
de equilibrar el poder disparado de esta Sala Constitucional.
Este ha sido, al lado de la corrupción y la desconfianza que se ha generado
en la sociedad costarricense, el síntoma más visible de la ingobernabilidad,
de la parálisis en que se ha sumido el país desde hace años. Un solo diputado
puede detener ad eternum, una reforma constitucional. Cinco diputados del
Partido Libertario forzaron hasta enviar al archivo una reforma
constitucional para fortalecer las garantías de nuestra soberanía sobre el
recurso hídrico. Para aprobar una reforma ahora se requiere más que la
unanimidad. Hace falta que el verdadero poder, la Sala Cuarta, esté de
acuerdo.
Pero aquí no estuvo el espíritu de aquella Sala que durante casi dos décadas
acostumbró a los costarricenses a una rigurosidad extrema para valorar
constitucionalidades. Aquí hay poderes fácticos superiores. Hay grandes
intereses detrás de la aprobación del TLC, empresas cuyos presupuestos
superan el PIB de Costa Rica, potencias extranjeras, corporaciones
transnacionales. Esto no es lo mismo, y han gastado millones en una
propaganda mentirosa y han pretendido hacer un lavado de cerebro a los
costarricenses. El mismo fallonazo de la Sala caerá como fertilizante en la
conciencia popular para comprender mejor lo qué se está jugando.
Todo esto es muy grave. Nunca antes se habían mostrado las fallas geológicas
de una ley como esta, cuyos errores arrancan con el carácter secreto de la
negociación. Y con la firma de un Tratado que no alcanza a esta categoría. Un
tratado implica reciprocidad, que ambas partes adquieran compromisos
semejantes. ¿Qué tratado puede haber entre el gobernante de un país con un
regidor municipal de otro? Costa Rica se compromete a la altura de un
Tratado, pero los Estados Unidos no lo hacen, no se compromete, aprueba una
decisión rala, a la cual llaman Acuerdo, por debajo de todas sus leyes. ¿No
sería este como el caso de una mujer que se case de por vida y se compromete
hasta el final de sus días con un novio que queda soltero? El TLC no es un
tratado, es un acta de sometimiento. ¿Qué constitucionalidad puede haber en
esto? No hace falta ser jurista para darse cuenta de la gravedad de los
hechos, pero el elenco de exministros y allegados al actual gobernante que
han tomado la decisión es una señal para pensar más en lo que está pasando.
¿No quedaron diputados con la palabra cortada en la boca porque no pudieron
proponer ni decir lo que querían a la hora de aprobar la convocatoria del
referéndum? ¡Qué barbaridad! ¿Hasta dónde hemos llegado?
Y no solo tiene que ver con la Sala Constitucional. También hay para el
Tribunal Supremo de Elecciones, el cual por su actuación, dejó tremendas
dudas sobre el examen del último proceso electoral. Que haya dudas en Costa
Rica sobre la pureza en unas elecciones era impensable, pero está ocurriendo,
es real, se oye por muchas partes. Y ahora las decisiones del TSE sobre la
convocatoria al referéndum dejan mayores espacios. ¿Cómo no ver la atrocidad
de que se ha empezado un proceso en el que pueblo debe decidir y solo una
parte tiene dinero y puede publicitar en la televisión? ¿No tiene el pueblo
que va a decidir derecho a conocer cuáles son las razones del sí y las
razones del no por igual? Pero se está permitiendo una consulta al pueblo en
la cual solo las grandes empresas que tienen el dinero pueden otorgar el
derecho a voz. El gobierno reparte bonos, usa fondos públicos, a vista y
paciencia del TSE. Esto es un horror digno de las conocidas dictaduras de
América Latina. Pero todo seguirá adelante y como repetía don Pepe, el enojo
reprimido del pueblo se expresaba en la frase "nada tiene". Nada tiene. Luego
veremos.
Con el antecedente del bazucazo judicial, este fallo nos conduce a
preguntarnos si esa palabra no tiene la misma raíz latina de fallecer, o
desfallecer. Estamos en los confines de una etapa histórica que muestra con
claridad la decadencia. Uno de los ideólogos de los libertarios, al ver el
atropello con que se han aprobado las cosas ha dicho que aun siendo abierto
partidario del TLC, advierte los peligros y nos recuerda que la democracia es
más importante que este TLC. Se está llevando al país a un enfrentamiento que
ya trasciende esta discusión. Y nada debe sorprender cuando día a día se
comprueba cómo la corrupción sigue avanzando y penetra en todas partes, cunde
por toda la administración pública, por la sociedad misma, grande y
pequeña; abierta, como el caso de los fondos aprobados para su uso
prácticamente personal a un diputado. ¿Será porque ha ofrecido apoyo al TLC?
¿Cómo se llama esto? ¿Y qué pasó con la prensa que otrora tronó contra las
asociaciones creadas por diputados para manejar partidas específicas como
fondos propios? Se denuncian los abusos de convenciones colectivas, pero se
ignora la existencia de hoteles privados construidos con fondos públicos. La
corrupción avanza, el piso de las instituciones está desfondado. Ha llegado
el momento para cambios mayores. Esto no aguanta más. -Redobla, Juan,
redobla-, ha llegado la hora de izar de nuevo la bandera tricolor. ¡De pie
Costa Rica! ¡No al TLC!
|
|