MANIFIESTO POLÍTICO A LOS ESPAÑOLES
Ante el progresivo deterioro que se está produciendo en la situación
política y social de España, la Junta Política de Falange Española de las
JONS, consciente de su responsabilidad no sólo ante los miles de
falangistas que en ella confían, sino también ante todos los españoles en
general, se ha visto obligada a alzar su voz para dejar clara su postura
ante los graves momentos de confusión e incertidumbre por los que
atraviesa España, momentos que a muchos traen a la memoria odios y
enfrentamientos pasados que fueron el fruto de irresponsabilidades
peligrosamente similares a las que se están produciendo en la actualidad,
y que nadie sensato puede querer repetir en pleno siglo XXI.
El Gobierno actual
Que el actual Presidente del Gobierno, José Luís Rodríguez Zapatero, llegó
al poder gracias a la reacción producida por los atentados del 11 de marzo
de 2004, es algo difícilmente discutible. Muy pocos eran quienes, incluso
en el propio PSOE, pensaban seriamente en el señor Zapatero como un
posible Presidente del Gobierno. Los años de gobierno del Partido Popular
daban razones suficientes para que su mandato no se repitiera: progresiva
precarización del empleo, participación en la injusta e ilegítima guerra
contra Iraq en contra de la opinión de la inmensa mayoría de los
españoles, malas formas a la hora de gobernar, legitimación, facilitación
y ampliación del aborto –llegándose a batir todos los récords y haciéndolo
libre de hecho-, legalización de la experimentación con fetos humanos,
etc. Pero aunque la lista era larga, lo cierto es que el señor Zapatero
como opositor y posible alternativa no daba la talla, y ni las encuestas
del propio PSOE le auguraban una victoria electoral. El atentado del 11-M
primero, y el intento de manipulación del mismo después por parte del
gobierno del PP para evitar su efecto electoral, sirvieron de excusa para
que el PSOE diera la vuelta a los resultados, sin importarle incluso que
no fuera respetada la jornada de reflexión y que muchos de sus
simpatizantes intimidaran a los votantes.
Lo cierto es que todo ello llevó inesperadamente al señor Zapatero a la
Moncloa, aunque sin el respaldo electoral suficiente como para poder
gobernar en solitario, lo que le obligó a buscar el apoyo parlamentario de
los comunistas de Izquierda Unida y de Izquierda Republicana de Cataluña,
que a lo anterior añade su condición de partido separatista. Es entonces
cuando el PSOE entra definitivamente en una dinámica de
irresponsabilidades en la que, lejos de intentar salir, parece empeñado en
reincidir constantemente en una especie de huida hacia delante que no
augura nada bueno. Las cesiones frente a IU se centraron en una falsa y
manipulada “recuperación de la memoria histórica” consistente en insultar
la memoria de quienes pertenecieron al bando que ganó la Guerra Civil y
falsear la realidad de lo sucedido entonces, como si por ello fueran a
ganar dicha contienda con carácter retroactivo. A ello se sumó la
destrucción de nuestro patrimonio histórico, copiando al detalle la más
pura y ortodoxa técnica de los talibán afganos, lo que incluye, cómo no,
derribar las estatuas, los escudos y toda clase de símbolos que no
resultan gratos a sus totalitarios, intolerantes y estrechos cerebros. La
Falange y su fundador, José Antonio Primo de Rivera, han sido dos de los
blancos preferidos de ese fanatismo iconoclasta que el señor Zapatero
vendió en un principio como “talante”. Se le olvidó explicar que el
talante puede ser bueno o puede ser malo...
Los despropósitos del señor Zapatero y de su gobierno
Pero a lo anterior hay que sumar una serie de decisiones encadenadas y que
no pueden calificarse más que como despropósitos. Se decide destruir un
milenario concepto de familia para permitir los falsos matrimonios de
homosexuales –incluido el derecho de adopción para los mismos-; se
dinamitan los restos del sistema educativo tratando de convertirlo en un
instrumento al servicio del adoctrinamiento en el fundamentalismo
ideológico del Gobierno socialista, al tiempo que se trata de destruir
todo vestigio de enseñanza de valores tradicionales en la educación
pública (lo que no significa que todos los opositores a esta medida
tuvieran razón en todo lo que planteaban, especialmente quienes se movían
fundamentalmente por el interés en defender la educación privada); se
reaviva la idea de la despenalización total del aborto –aunque el PP ya
garantizó que el aborto fuera libre de hecho- y se abre el debate sobre la
eutanasia; se relaja la aplicación de la Ley contra los terroristas y sus
ramas políticas, dándoles un inestimable balón de oxígeno que sólo ha
servido para envalentonarles (el señor Zapatero ha llegado incluso a
defender su derecho de reunión como colectivo, pese a que la Justicia les
ha condenado como organización terrorista), y todo ello con el propósito
de negociar con los asesinos despreciando a las víctimas, algo que explica
las excarcelaciones de terroristas condenados a miles de años de cárcel
por sus crímenes tras cumplir condenas que en ningún momento llegan al
máximo legal, y es que es precisamente en este contexto en el que se
inscribe la sustitución del decidido acusador de terroristas y Fiscal Jefe
de la Audiencia Nacional, Eduardo Fungairiño, por parte de ese verdadero
comisario político del PSOE –en otro tiempo el cargo lo era del PP- que es
Fiscal General del Estado, Cándido Conde-Pumpido, pues el señor Fungairiño
no parecía el fiscal más adecuado para hacer la vista gorda que el señor
Zapatero necesita para la negociación con ETA, y es que cuando Arnaldo
Otegui afirma que ellos van ganando o cuando pregunta al ser detenido si
Conde-Pumpido está enterado de su detención, es por algo; la politización
de la Justicia es tal, que la partitocracia lo invade todo haciendo
realidad la muerte de la tesis de Montesquieu de la división de poderes,
pero no precisamente para retomar la doctrina tradicional de la unidad de
poder y la diversidad y autonomía de funciones, sino para monopolizarlo
todo en lo que resulta ser totalitarismo en el más estricto sentido del
término –para lo que resulta fundamental el papel de unos medios de
comunicación que, debidamente dirigidos, actúan como verdaderos
instrumentos de control social y de manipulación de las conciencias,
normalmente de forma subliminal, pero muchas veces incluso de forma
descarada-; se ha negociado un intolerable Estatuto catalán que supone el
reconocimiento de que Cataluña es una nación, y eso aparte de la realidad
de que el contenido del mismo supone prácticamente una independencia de
hecho (contenido, por otra parte, no muy alejado del que contiene el
Estatuto valenciano aprobado por el PP); se ha caído en la política de
claudicación frente al Gobierno de Marruecos, y ello pese a sus continuos
desaires y provocaciones de todo tipo con Ceuta, Melilla y nuestras aguas
jurisdiccionales (aparte de la cuestión del Sáhara); se reniega de España
como nación, de forma que se prefiere utilizar la absurda expresión
“Estado español” no para hacer referencia a tal organismo, sino como
sinónimo de España (lo cual no debe extrañarnos después de oír al propio
Presidente del Gobierno decir que no sabe si España es una nación, ya que
las palabras son interpretables y no son demasiado importantes...); se
expolia el Archivo de la Guerra Civil de Salamanca sólo para satisfacer
las ansias separatistas de Carod Rovira, el mismo que negoció una tregua
de ETA en Cataluña para que ésta centrara sus atentados en el resto de
España; se elige una serie de ministros cuyo nivel de incompetencia e
incultura es tal que cuesta creer que hayan sido escogidos siguiendo
criterios racionales, especialmente en el caso de varias ministras que
parecen empeñadas en demostrar cada día con sus manifestaciones y sus
actuaciones que la única razón por la que fueron seleccionadas es porque
había que completar como y con quien fuera la prometida cuota femenina del
50%; a nivel internacional no se desaprovecha ninguna oportunidad de hacer
el ridículo, misión de la que se encarga personalmente el inefable señor
Moratinos; se promete una gran cantidad de viviendas oficiales que, tras
pasar por la fase de “soluciones habitacionales”, finalmente ha quedado en
la nada más absoluta; en la Unión Europea se ha perdido peso específico y
se apoya un proyecto de Constitución Europea antinacional, antisocial y
sin valores que, afortunadamente, otros países con más cordura han
rechazado; se prepara una reforma laboral que amenaza con suponer un
retroceso histórico en los derechos sociales de los trabajadores; la
desindustrialización, especialmente con fenómenos como el de la
deslocalización de empresas, está llegando a niveles alarmantes sin que
desde el Gobierno se haga nada; la incapacidad para gestionar de forma
racional el problema de la inmigración ilegal –que por otra parte se había
empezado a generar con los gobiernos del PP-, de forma que se pueda
conjugar el respeto a la dignidad de todo ser humano -y la debida
comprensión ante el hecho de la huída de la pobreza, que es la principal
causa de este fenómeno- con la también necesaria prudencia que debe tener
un gobernante, ha hecho que se busque la falsa pero fácil solución de las
regularizaciones masivas sin afrontar en ningún momento el problema de
fondo; la creciente inseguridad ciudadana debida en buena medida a la
proliferación de bandas juveniles y mafias criminales, sin que se haya
planteado el Gobierno una reforma legislativa adecuada para afrontar estos
problemas específicos... La lista de despropósitos es mucho más grande,
pero tocarlos todos resultaría excesivamente prolijo.
¿Sigue siendo España una nación?
España lleva demasiado tiempo en una dinámica de negación de sí misma, de
su historia y de su ser nacional, hecho incuestionable que en los dos
últimos años está llegando a extremos absolutamente inconcebibles. Esa
negación de lo que se podría denominar la “idea fundacional de España”
hace que hoy ya no pueda apenas hablarse de la existencia de una nación
española. Y es que el principal problema que ha tenido España en los
últimos siglos ha sido el empeño de sus élites dirigentes –teóricamente
ilustradas- en introducirla a la fuerza en un modelo de proyecto nacional
que le resulta extraño y que supone una negación de sí misma. A esto se
añade el reciente problema surgido cuando las competencias en materia de
educación fueron transferidas a las Comunidades Autónomas, ya que desde
entonces en muchas de ellas ya no se les enseña a los niños ni la historia
ni la geografía españolas, y encima se les somete a una inhumana y
totalitaria “inmersión lingüística” –ya aceptada en su momento por el
Gobierno del PP- que sólo persigue profundizar en las diferencias entre
españoles (hay lugares donde ser hispanohablante es ya un problema hasta
para hacer cualquier gestión). Esa nación ya sólo existe para unos pocos
(pocos en porcentaje, aunque aún muchos en número), para esos que todavía
le damos a España un sentido que trasciende el hecho meramente
constitucional (la actual Constitución no es más que un accidente
histórico como tantos otros que ha habido antes en una España que, desde
luego la precede, y que además esperemos que pueda sobrevivirla), pero lo
cierto es que para gran parte de los españoles España ya no es una nación.
Queda la inercia histórica de lo que fue una nación en el pasado, pero hoy
ya no se sabe ni qué es España, ni qué diferencia a una nación de una
región, ni qué proyecto histórico representa, ni nada de nada. El propio
Presidente del Gobierno cuestiona constantemente, con la inconsciencia que
le caracteriza, el hecho de que España sea una nación. Todo lo más habla
de “una nación de naciones”, expresión ridícula y sin sentido que sólo se
puede pronunciar desde la ignorancia más absoluta de lo que es una nación.
Gobiernos como los de Felipe González o José María Aznar resultaron muy
negativos en muchos aspectos, ciertamente, pero al menos se trataba de
Presidentes que tenían cierto sentido de Estado, por tenue que fuese;
creían que España era una nación, aunque fuera a su manera y no supiesen
muy bien por qué; creían en ella como proyecto histórico, aunque fuera uno
muy distinto al que la define en esencia y no tuviera demasiada sustancia
real. Lo que no había sucedido nunca hasta ahora es que el propio
Presidente del Gobierno de España no tuviera un concepto, por mínimo y
equivocado que fuese, de lo que es España. El señor Zapatero no sabe de
qué es Presidente; no sabe qué es España y precisamente por eso está
terminando con lo poco que queda de ella.
Reacciones en las Fuerzas Armadas
La situación actual ha llegado a tal extremo que recientemente varios
militares se han atrevido a dar la voz de alarma. El pasado día 6 de
enero, en un tono –por cierto- nada amenazador ni golpista, sino todo lo
contrario, apelando a la neutralidad política respecto a los distintos
partidos políticos, el Teniente General José Mena Aguado alertó de los
peligros que encierra el Estatuto de Cataluña para la unidad de España,
recordando que el artículo 8 de la Constitución hace a las Fuerzas Armadas
garantes de la soberanía e independencia de España, de su integridad
territorial y del ordenamiento constitucional. La respuesta del Ministro
de Defensa, José Bono, fue su destitución y arresto fulminantes... Y eso a
pesar de que hoy se pueden decir las mayores barbaridades bajo el amparo
de la libertad de expresión (que, por cierto, también afecta a los
militares con una serie de limitaciones que no fueron sobrepasadas por el
Teniente General Mena en ningún momento), e incluso se puede decir
impunemente –como ha hecho un tal Iu Forn desde el periódico “Avui”- que
los militares que visiten Barcelona lo mejor es que dejen a sus madres en
las afueras, ya que las Ordenanzas Municipales no permiten el ejercicio de
la prostitución en la vía pública.
El 18 de enero el Capitán Roberto González Calderón, destinado en la
Legión en Melilla, manifestaba la inquietud que sentía por el proceso de
destrucción nacional, todo ello perfectamente explicado con una sencillez
y una claridad meridianas en una carta publicada en el periódico “Melilla
hoy”. Lógicamente el señor Bono no tardó en arrestarle, tal y como ha
hecho después con varios militares más por motivos idénticos. Él siempre
tan contundente con los débiles y los subordinados para compensar de
alguna forma su frustración personal frente a los que tienen más poder e
influencia política que él.
Pero estas manifestaciones de dos militares no son opiniones aisladas. Es
el sentir mayoritario de las Fuerzas Armadas y de una gran parte de los
españoles. Es posible que los militares tengan en estas circunstancias una
especial sensibilidad ante lo que está pasando en España, pero no sólo por
el patriotismo que se les supone en razón de su profesión, sino también
por muchas de las experiencias vividas en sus misiones en el extranjero.
Seguramente, y a pesar de las diferencias existentes entre los dos casos,
lo sucedido en lo que fuera Yugoslavia esté presente en el subconsciente
de más de uno: un país se desintegra en un breve espacio de tiempo y el
propio Ejército se queda sin patria a la que servir... ¿Acaso no es
evidente que los políticos en España están introduciendo desde hace tiempo
un proceso de “balcanización” de nuestro país, aunque sólo sea para
satisfacer sus espurios intereses políticos? ¿No está suficientemente
claro que no les importa provocar enfrentamientos con tal de salirse con
la suya? ¿Hasta dónde están dispuestos a llegar? Las Fuerzas Armadas no
deben imponer sus criterios al poder civil ni involucrarse en las disputas
políticas, pero están al servicio de España, y no pueden permanecer
tampoco como simples espectadores de la destrucción nacional. Cuando esa
entidad permanente a la que sirven está en trance de desaparecer, tienen
la obligación no ya constitucional, que también, sino básicamente moral,
de intervenir y evitar que tal cosa suceda.
Llamamiento de Falange Española de las JONS
Ante la gravedad de la situación política y social que atraviesa España,
Falange Española de las JONS señala a un culpable principal –que no único-
en el momento presente: el Presidente del Gobierno, José Luís Rodríguez
Zapatero. Es su inconsciencia, su absoluta falta de sensatez y de cordura,
la que está precipitando los acontecimientos en una vertiginosa deriva
hacia el caos. Pero él no es el primero ni el único culpable. La propia
Constitución española sienta las bases del modelo político que permite
este cúmulo de cosas; el Partido Popular, como no tiene un concepto
nacional digno de tal nombre –fuera de lo que son intereses económicos y
de mercado, que es lo que en realidad más le preocupa-, se refugia en ese
absurdo “patriotismo constitucional” que le inhabilita como alternativa
real, como ha demostrado en múltiples ocasiones, por ejemplo cuando aceptó
la ley de política lingüística de la Generalidad de Cataluña de 1998, o
cuando decidió promover una recogida de firmas para pedir un referéndum
sobre el Estatuto de Cataluña cuya pregunta es: “¿Considera conveniente
que España siga siendo una única nación (...)?”, ¡como si eso pudiera
decidirse legítimamente en un referéndum!; los separatistas se aprovechan
de la situación para sacar réditos políticos según sus pretensiones; el
Rey sigue más preocupado por sus regatas, sus paseos por la nieve, su
descendencia y sus veraneos, que por España; el propio pueblo español
sigue estando en gran parte más interesado por los resultados de la
jornada futbolística o por los cotilleos de los famosos... ¿Acaso no
tienen todos ellos también una gran responsabilidad en lo que está
sucediendo? Unos por acción y otros por omisión, pero todos tienen un alto
grado de responsabilidad.
Falange Española de las JONS, consciente de su responsabilidad en estas
circunstancias, manifiesta al pueblo español su firme voluntad de no cejar
en el servicio a España, luchando tanto por mantener viva la idea de la
Unidad Nacional, como la de la Justicia Social, los dos pilares básicos
del Nacionalsindicalismo que defiende. Para lo primero recuperará el
proyecto histórico nacional de España, basado fundamentalmente en la
defensa de una cosmovisión universalista de inspiración esencialmente
católica frente a la cosmovisión protestante que desembocó en el
liberalismo y en el capitalismo. Esa es nuestra esencia nacional y
precisamente por tratarse de una realidad irrevocable nunca podremos
afrontar el reto del futuro renegando de ella como se está haciendo ahora.
Ese proyecto histórico nacional tiene que mirar a esa Patria Grande que es
la Hispanidad para ser su eje espiritual y reconstruir un verdadero bloque
hispánico que tenga algo que decir en el concierto internacional. Y en
cuanto a la Justicia Social, Falange Española de las JONS defiende un
modelo económico alternativo al injusto sistema capitalista: el
Sindicalismo; un sistema basado en la preeminencia del trabajo como fuente
de dignidad social, de riqueza y de valor; un sistema que permitirá la
soberanía económica nacional; que hará que la economía esté al servicio
del hombre, y no el hombre al servicio de la economía –tal y como
corresponde a nuestra concepción filosófica personalista-, y que evitará
las injusticias sociales que son inherentes al capitalismo. Por todo ello
somos revolucionarios y proclamamos una auténtica Revolución social: el
Nacionalsindicalismo.
La Falange difundirá con renovada energía este mensaje por toda la
geografía nacional y, sean cuales fueren las circunstancias futuras,
permanecerá firme en su puesto; presentará candidaturas electorales en
todos los comicios, organizará actos públicos por todos los rincones de
España y seguirá ofreciendo una verdadera alternativa de carácter nacional
y sindicalista, alternativa que, hoy por hoy, no existe fuera de Falange
Española de las JONS.
La Falange hace un llamamiento a todos los españoles de bien para que sean
conscientes de la gravedad de la situación actual de España, al tiempo que
les pide a todos ellos que se impliquen activamente en la defensa de
nuestra Patria antes de que sea demasiado tarde. Nuestros hijos y nuestros
nietos no merecen que les leguemos una España en proceso de
descomposición. Hay que tener el coraje y el arrojo suficientes para
afrontar la difícil situación actual, y Falange Española de las JONS es la
única plataforma política que puede servir para ello y que ofrece una
alternativa real, seria y coherente. Quien esté dispuesto a dar el paso al
frente siempre tendrá un hueco en la Falange.
Es la hora de la responsabilidad, y cada uno tendrá que tomar su propia
decisión y responder de ella. O se defiende a España o se la deja morir.
Por la Patria, el Pan y la Justicia
¡ARRIBA ESPAÑA!
Crónica del acto de presentación del MANIFIESTO POLÍTICO A LOS ESPAÑOLES
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