|
> No sé si ayuda a tu inquietud, esta es una pequeña meditación sobre el
amor.
> Martín
>
> AMOR SIVE NATURA
> por Martín Ayos
> "Ama et fac quod vis." [i]
> San Agustín.
>
> Los hombres, y entre ellos los de visión más profunda, es decir los
> "románticos", han hallado en el Amor el sentido de la existencia; no sólo
> respecto del hombre, sino de las cosas todas. Al Amor debemos el que
"haya"
> mundo, y que, "en" el mundo, existan la poesía, la filosofía [ii], el
arte
> y la ciencia.
> El Amor ha estado siempre acompañado de las nociones de pathos
> (pasión-afección) y póiesis (producción inmanente o deseante). El es el
> nombre del Ser, de la energía, del élan (impulso) vital.
> Hesíodo coloca a Eros, el Dios-Amor, al principio de su Teogonía, después
> del Caos y de la Tierra, como el Dios creador del mundo. Los órficos son
de
> igual parecer. Un poema tardío, atribuido a Orfeo [iii], nos relata que
> "(Eros es) el poseedor de los resortes de todas las cosas, esto es, de la
> bóveda celeste, del mar, de la tierra y de cuantas respiraciones produce
la
> diosa que produce frutos verdes". Eros, además, es el subyugador de dioses
y
> mortales, quienes son afectados por la pasión amorosa y, de este modo, son
> llamados a producir, a engendrar. Sólo Psyché, el Alma, ha sido capaz de
> conquistarlo; y a tal punto, que acabó haciéndola su esposa y
convirtiéndola
> en "Inmortal". Parte del Eros hesiódico se traslada hasta Parménides [iv],
> con quien comienza la ontología (la indagación por el Ser y la Verdad).
Pero
> es, a todas luces, Empédocles quien realmente le da un estatuto, si no
> ontológico, al menos cosmológico-metafísico, al identificarlo con la más
> perfecta armonía , el Sphairos, aquello que todo lo reune y en lo que todo
> es reunido; y también, con el brotar de la physis , que, de las manos de
la
> diosa Afrodita, se extiende a todos los entes, colmándolos de divinidad.
Con
> Platón el Amor conserva la misma fuerza. Aunque despojado, aparentemente,
de
> la physis, es pathos y póiesis, y ocupa el papel principal en su teoría
del
> conocimiento, -y en la mayéutica socrática-, como aquello que hace que la
> tarea del filósofo sea realmente un "ayudar a dar a luz". Con Plotino, es
la
> cópula entre psyché y nous pensamiento. En el cristianismo, el Amor,
> entendido anteriormente como eros, pasa a ser charitas (caridad). Pero ni
> sublimado de esta manera pierde su fuerza. El Amor constituye el máximo
> acercamiento a Dios ("Dios es Amor" [v]): el Maestro Ekhart dice: "lo
bueno
> del amor es que me fuerza a amar a Dios". La charitas sigue siendo pathos
> ("amaos los unos a los otros"); y póiesis, en tanto el Misterio de la
> Santísima Trinidad descansa en la Inmaculada Concepción. En el
Renacimiento,
> el Amor puede respirarse por todas partes: está en los escritos de
Giordano
> Bruno, en los de Tomasso Campanella, en los de Telesio; puede ser admirado
> en su lieteratura, en su música, en su arte... El Renacimiento es la gran
> boda del mundo, el momento de mayor divinización que conozcamos. Y no por
> casualidad es también la era de todas las revoluciones: el Sol deja de
girar
> alrededor de la Tierra, la Tierra deja de ser el Centro del Universo... El
> Renacimiento constituye la auténtica resurreción del Amor, el retorno a
> aquello que, anteriormente, hombres inconmensurablemente grandes llamaron
> Uno-Todo. En los comienzos de la Modernidad y del Racionalismo, Spinoza
[vi]
> dice que la cupiditas (el deseo) "es la esencia del hombre", cuya máxima
> aspiración es el Amor Itellectualis Dei (Amor intelectual de Dios). Alma y
> Cuerpo son poder de afectar y de ser afectado. La composición o
> descomposición de los seres reside en este poder, según las pasiones en
las
> que éste se vea comprometido sean alegres o tristes. Se trata de lograr un
> umbral de afecciones cada vez mayor, de producir relaciones de composición
> entre los cuerpos, de aprender a amar a través de los atributos
> (pensamiento, cuerpo...) que nosotros somos de la Sustancia divina o acto
> puro. Este Amor, como fuerza vital liberada, es lo que impulsará (otra
vez,
> transformándose, metamorfoseándose) la ascesis romántica: aquella de la
cual
> Goethe dará muestras en su genial Fausto; Hoffman en su Noche de San
> Silvestre; Hölderlin, en Hyperión, en su Empédocles; por ella, Novalis se
> internará en la Noche, como Orfeo, para rescatar la presencia evanescente
de
> su Amada. A partir del movimiento romántico, el hombre permanece abierto a
> todas las cosas desde la desgarradura inagotable de su ser. Ama y es
amado.
> Retorna al mundo. Su esencia es la circulación del Amor universal. Nuestra
> contemporaneidad lo hallará en Nietzsche y en Bergson, en quienes la
> claridad con que, lo anteriormente expuesto, se halla manifiesto es, por
lo
> menos, asombrosa. En Nietzsche, bajo su concepto de amor fati (amor por el
> acontecimiento), cuya explicación es el mundo mismo, entendido como
Voluntad
> de Potencia y Eterno Retorno e identificado con el matrimonio divino entre
> Ariadna y Dionysos [vii]. En Bergson, cuando dice que "(el Universo) es
> aspecto visible y tangible del amor y de la necesidad de amar". Y es que,
a
> través del Amor, las cosas son; pues son, en tanto aman, expresión del
Amor
> que expresan. En el Amor, como Giordano Bruno dice: "en nada se
diferencian
> la potencia del acto puro". El Amor es pathos, en tanto todo afecta y es
> afectado de Amor. Es póiesis, pues todo lo genera y es generado por todo.
Y
> es el Ser de cuanto "es", ya que todo se da por su intermedio y regresa a
su
> seno.
> El Amor es el poder transformador del mundo, nuestra posibilidad de ser;
> porque en el mundo -como el mundo mismo-, sólo es, sólo persiste, quien se
> transforma: sólo es libre quien ama.
>
>
|
Vie, 6 de Mayo, 2005 1:25 pm
"x" <cmayos@...>
cmayos
Sin conexión Enviar mensaje
|