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La novela soñada.
En una oscura noche de invierno del año
1855, en el dormitorio de su casa en
Bournemouth, Inglaterra, Robert Louis
Stevenson, enfermo y febril, empezó a
hablar y a gritar en sueños. Su esposa,
despertada por unos gritos que le parecían
terroríficos, le sacudió con brusquedad
para sacarle de la pesadilla.
Bañado en un sudor frío, Stevenson la
reprendió furiosamente:
-¿Por qué me despertaste? Estaba soñando
con una maravillosa historia de horror.
Paso en vela el resto de la noche,
escribiendo furiosamente el primer
borrador de El extraño caso del doctor
Jekyll y Mr. Hyde. Cuando el médico fue a
verle le dijo jubiloso:
-¡He encontrado el tema de la novela que
me hará célebre!
No era la primera vez que Stevenson
recurría a sus sueños para solucionar
problemas creativos.
Bien fuese por el abuso de narcóticos o
por un permanente estado febril debido a
la tuberculosis, había aprendido a
mantener el sueño a un nivel superficial,
que algunas investigaciones posteriores
consideran oníricamente muy productivo.
Era capaz incluso de reanudar cada noche
la trama de sus sueños en el punto en que
la había abandonado.
Para explicar su extraordinaria habilidad
onírica Stevenson hablaba de los Brownies,
unos hombrecillos que se le aparecían en
sueños y que le ayudaban a reconducir las
historias. Y llegaba a culparles de los
detalles de sus novelas que menos
agradaban a los lectores.
"Porque ese asunto de los polvos que toma
el doctor Jekyll -le escribió a un
crítico- y que tanto me han censurado,
debo confesar que no es mío, sino de los
Brownies".
Saludos.
javon
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