Ante las elecciones del 9 de marzo muchos votantes de izquierdas se van a encontrar desamparados y desamparadas. Y no es de extrañar tal como han ido las cosas durante estos cuatro años.
El gobierno de Zapatero, consciente de que su victoria en 2004 se debió a las movilizaciones que hubo contra el PP, ha desarrollado varias políticas destinadas a contentar y a desmovilizar para estabilizar así su mandato. La retirada de las tropas de Irak (aunque para llevarlas a Afganistán), el matrimonio homosexual o la ley contra la violencia de género son medidas positivas pero insuficientes. A pesar de ello, el anterior gobierno del PP nunca las habría llevado a cabo. Sin embargo, la política económica del PSOE ha estado marcada por su compromiso con el neoliberalismo y el beneficio de los intereses empresariales. Se ha afianzado la precariedad laboral. Han disminuido los salarios reales mientras los precios de la vivienda se disparaban. Y los servicios públicos han continuado su declive.
El estado de sitio que se está viviendo en Euskal Herria y la persecución de la izquierda abertzale es responsabilidad directa del gobierno Zapatero, que no dio ningún paso para aprovechar la oportunidad que se había abierto con el alto el fuego.
Con este terreno abonado le habría resultado fácil a IU destacar con una oposición fuerte desde la izquierda, que ayudara a mostrar el malestar social y desacreditar las políticas gubernamentales. Sin embargo, aunque el discurso de IU está más a la izquierda que el del PSOE, el interés máximo de esta coalición parece haber sido situarse como aliados de plena confianza del gobierno, aun sin formar parte de éste. Pero este rumbo que ha tomado Izquierda Unida bajo el control de Llamazares está abriendo cada vez más fisuras dentro de la coalición. Por todo esto, la cuestión clave de esta campaña electoral es la ausencia de una izquierda anticapitalista que denuncie el neoliberalismo reinante y dé voz a las luchas de los movimientos y de la clase trabajadora.
La necesidad de una nueva izquierda se hace sentir cada vez más entre los movimientos sociales, la izquierda radical y en sectores de IU y EUiA en Catalunya. En los próximos meses, será necesario ir reforzando los procesos de confluencia existentes y crear nuevos, para ser capaces de avanzar en la construcción de una nueva izquierda.
Y es que hay un gran espacio político abierto a la izquierda de los partidos existentes. La aplicación de recortes sociales, por un lado, y el descrédito masivo del neoliberalismo, con un fuerte malestar social, por otro, abren la posibilidad de que un nuevo proyecto político vaya más allá de la izquierda radical y pueda tener un indispensable carácter amplio.
La oposición intransigente al neoliberalismo y la guerra, el vínculo con las luchas y los movimientos, y partir de la especificidad nacional existente dentro del Estado, con un compromiso con la autodeterminación, son puntos cruciales de los que debe partir la configuración de una izquierda alternativa.
Las potencialidades se van abriendo. La cada vez más probable salida de IU y EUiA de algunos de sus componentes más a la izquierda muestran la urgencia de comenzar un reagrupamiento de fuerzas.
En estas elecciones, ante la ausencia de esta izquierda que hace falta, y aun entendiendo los motivos por los cuales mucha gente no irá a votar, difícilmente la abstención tendrá un valor positivo. Pese a sus enormes insuficiencias y las críticas que se les debe hacer, no deja de ser importante que los partidos más a la izquierda, como IU e ICV-EUiA, saquen el mayor número de votos para llevar el balance de fuerzas hacia la izquierda y evitar que gane la derecha. En Euskal Herria, sumarse a la opción electoral que reivindique la izquierda abertzale es una obligación como muestra de solidaridad y para romper con el apartheid que se está estableciendo.
Respecto a las elecciones al Parlamento Andaluz, la situación no es muy distinta al resto del Estado, pero habiendo tenido el PSOE mayoría absoluta la última legislatura, y teniendo IU a una persona clave en el movimiento anticapitalista a nivel andaluz como es Juan Manuel Sánchez Gordillo, candidato número uno por Sevilla, unos resultados favorables a esta candidatura serían un altavoz importante para muchos movimientos sociales.
Pero el tema fundamental va más allá del voto. Importantes luchas vividas en las últimas semanas, como la de los conductores de autobuses en Barcelona, los trabajadores de la limpieza del metro en Madrid o la impresionante huelga general de la comunidad educativa en Catalunya, junto al éxito de los diferentes foros sociales, muestran un leve repunte de las luchas. El futuro de este tipo de luchas, la participación en éstas y la confluencia entre los distintos sectores anticapitalistas marcarán si dentro de cuatro años podremos estar haciendo campaña por una izquierda real y viva. Debemos trabajar para que así sea.
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