Video-mensaje de Benedicto XVI a los estadounidenses
Con motivo de su viaje apostólico, del 15 al 20 de abril
CIUDAD DEL VATICANO, martes, 8 abril 2008 (ZENIT.org).- Publicamos el
video-mensaje que Benedicto XVI ha dirigido este martes a los
ciudadanos estadounidenses con motivo de su próximo viaje apostólico
a este país del 15 al 20 de abril.
* * *
[En inglés:]
Queridos hermanos y hermanas de los Estados Unidos de América:
¡La gracia y la paz de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo
estén con todos vosotros! En unos pocos días, comenzaré mi visita
apostólica a vuestro amado país. Antes de partir deseo enviaros un
cordial saludo y una invitación a la plegaria. Como sabéis, sólo
podré visitar dos ciudades: Washington y Nueva York. Ahora bien, la
intención de mi viaje es abrazar espiritualmente a todos los
católicos que viven en los Estados Unidos. Al mismo tiempo, deseo
profundamente que mi presencia entre vosotros sea vista como una
expresión de fraternidad hacia cada una de las comunidades
eclesiales, y como signo de amistad hacia todos los miembros de otras
tradiciones religiosas y hacia todos los hombres y mujeres de buena
voluntad. El Señor resucitado ha encomendado a los apóstoles y a la
iglesia su Evangelio de amor y de paz para que sea transmitido a
todos los pueblos.
En este momento quisiera añadir unas palabras de agradecimiento,
porque soy consciente de que muchas personas han estado trabajando
con esfuerzo y durante mucho tiempo, tanto en el ámbito eclesial como
en el civil, para preparar mi viaje. Doy las gracias a todos los que
han rezado por el éxito de la visita, dado que la oración es lo más
importante. Queridos amigos, os estoy profundamente agradecido,
porque estoy convencido - así nos lo enseña la Fe- que sin la fuerza
de la oración, sin la íntima unión con el Señor, bien poco valen
nuestras humanas iniciativas. Es Dios quien nos salva, salva al mundo
y a la historia. Es el pastor de su pueblo. Y yo vengo, enviado por
Jesucristo, a llevar su palabra de vida.
Junto a vuestros obispos he elegido como tema de mi viaje tres
sencillas, pero esenciales palabras: «Cristo, nuestra esperanza».
Siguiendo las huellas de mis venerados predecesores, Pablo VI y Juan
Pablo II, por primera vez iré como Papa a los Estados Unidos de
América, para proclamar esta gran verdad: Jesucristo es la esperanza
para los hombres y las mujeres de toda lengua, raza, cultura, y
condición social. Sí, Cristo es el rostro de Dios presente entre
nosotros. Gracias a Él nuestra vida alcanza su plenitud y juntos,
como individuos y pueblos, podemos formar una familia unida por el
amor fraterno, según el eterno designio de Dios Padre.
¡Sé bien hasta qué punto está arraigado en vuestro país este mensaje
del Evangelio! Vengo a compartirlo con vosotros en una serie de
celebraciones y en encuentros. Llevaré el mensaje de la experiencia
cristiana también a la gran asamblea de la Naciones Unidas, a los
representantes de los pueblos del mundo. En efecto, el mundo tiene
más que nunca necesidad de la esperanza: esperanza de paz, de
justicia, de libertad, pero no podrá realizar esta esperanza sin
obedecer a la ley de Dios, que Cristo llevó a su cumplimiento con el
mandamiento del amor mutuo. Haz a los otros lo que quieres que ellos
te hagan a ti, no les hagas lo que no quieras que ellos te hagan a
ti. Esta «regla de oro» se encuentra en la Biblia pero es válida para
todos, incluso para los no creyentes. Es la ley escrita en el corazón
humano, y en ella podemos reencontrarnos todos, de modo que el
encuentro de las diferencias sea positivo y constructivo para toda la
comunidad humana.
[En español:]
Dirijo un cordial saludo a los católicos de lengua española y les
manifiesto mi cercanía espiritual, en particular a los jóvenes, a los
enfermos, a los ancianos y a los que pasan por dificultades o se
sienten más necesitados. Les expreso mi vivo deseo de poder estar
pronto con Ustedes en esa querida Nación. Mientras tanto, les aliento
a orar intensamente por los frutos pastorales de mi inminente viaje
apostólico y a mantener en alto la llama de la esperanza en Cristo
Resucitado.
[En inglés:]
Queridos hermanos y hermanas, queridos amigos que vivís en los
Estados Unidos. ¡Tengo un gran deseo de estar con vosotros! Quiero
deciros que, aunque mi itinerario sea breve, con unos pocos
compromisos, mi corazón estará junto a todos, especialmente junto a
los enfermos, a los débiles y a los que están solos. Os doy de nuevo
las gracias por vuestro apoyo espiritual en mi misión. A cada uno
hago llegar mi afecto, mientras invoco para vosotros la materna
protección de bienaventurada Virgen María.
[En español:]
Que la Virgen María les acompañe y proteja. Que Dios les bendiga.
[En ingles:]
Que Dios os bendiga.