Benedicto XVI: El antídoto a la dictadura de la técnica
Las soluciones a los problemas no sólo pueden ser técnicas, explica en el
Ángelus
CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 12 de julio de 2009 (ZENIT.org).- Publicamos las
palabras que pronunció Benedicto XVI este domingo al rezar a mediodía el Ángelus
junto a varios miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro.
* * *
Queridos hermanos y hermanas:
En los días pasados, la atención de todos se ha dirigido al G8 que se ha
celebrado en L'Aquila, ciudad que tanto a sufrido a causa del terremoto. Algunos
de los problemas de la agenda eran dramáticamente urgentes. En el mundo hay
desigualdades sociales e injusticias estructurales que no pueden tolerarse, que
exigen, además de las debidas intervenciones inmediatas, una estrategia
coordinada para buscar soluciones globales duraderas. Durante la cumbre, los
jefes de Estado y de Gobierno han confirmado la necesidad de alcanzar acuerdos
comunes para asegurar a la humanidad un futuro mejor. La Iglesia no tiene
soluciones técnicas que ofrecer, sino, experta en humanidad, ofrece a todos la
enseñanza de la Sagrada Escritura sobre el hombre y anuncia el Evangelio del
Amor y de la justicia. El miércoles pasado, al comentar en la audiencia general
la encíclica "Caritas in veritate", publicada precisamente en vísperas del G8,
decía que "es necesaria una nueva proyección económica que vuelva a diseñar el
desarrollo de forma global, basándose en el fundamento ético de la
responsabilidad ante Dios y ante el ser humano como criatura de Dios". Pues,
como he escrito en la encíclica, "en una sociedad en vías de globalización, el
bien común y el esfuerzo por él, han de abarcar necesariamente a toda la familia
humana" (n. 7).
Ya el gran pontífice Pablo VI, en la encíclica "Populorum progressio", había
reconocido e indicado el horizonte mundial de la cuestión social. Continuando
por el mismo camino, también yo he experimentado la necesidad de dedicar la
"Caritas in veritate" a esta cuestión, que en nuestro tiempo "se ha convertido
radicalmente en una cuestión antropológica", es decir, afecta a la misma manera
de concebir al ser humano, que cada vez está más en manos del mismo hombre por
las modernas biotecnologías (Cf. ibídem 75). Las soluciones a los problemas
actuales de la humanidad no sólo pueden ser técnicas, sino que deben tener en
cuenta todas las exigencias de la persona, que está dotada de alma y cuerpo, y
que de este modo deben tener en cuenta al Creador, Dios. De hecho, podría
diseñar oscuros escenarios para el futuro de la humanidad "el absolutismo de la
técnica", que encuentra su máxima expresión en algunas prácticas contrarias a la
vida. Los ataques que no respetan la verdadera dignidad de la persona, incluso
cuando parecen motivados por una "opción de amor", en realidad son el fruto de
"una concepción materialista y mecanicista de la vida humana", que reduce el
amor sin verdad a "un envoltorio vacío que se rellena arbitrariamente" (Cf. n.
6) y que, de este modo, puede implicar efectos negativos para el desarrollo
humano integral.
Por más compleja que sea la actual situación del mundo, la Iglesia mira al
futuro con esperanza y recuerda a los cristianos que "el anuncio de Cristo es el
primer y principal factor de desarrollo". Precisamente hoy, en la oración
colecta de la misa, la liturgia nos invita a rezar: "Padre, que amemos a nada
más que a tu Hijo, que revela al mundo el misterio de tu amor y la verdadera
dignidad del hombre". Que la Virgen María nos permita caminar por la senda del
desarrollo con todo nuestro corazón y nuestra inteligencia, "es decir, con el
ardor de la caridad y la sabiduría de la verdad" (Cf. n. 8).
[Al final de la audiencia, el pontífice saludó a los peregrinos en varios
idiomas. En italiano dijo:]
En estos días estoy siguiendo con profunda preocupación los acontecimientos de
Honduras. Hoy quisiera invitaros a rezar por ese querido país para que, por
intercesión materna de Nuestra Señora de Suyapa, los responsables de la nación y
todos sus habitantes recorran con paciencia el camino del diálogo, de la
comprensión recíproca y de la reconciliación. Esto es posible si, superando las
tendencias particularistas, cada uno se esfuerza por buscar la verdad y
perseguir con tenacidad el bien común: ¡esta es la condición para asegurar una
convivencia pacífica y una auténtica vida democrática! Al querido pueblo
hondureño le aseguro mi oración y le imparto una especial bendición apostólica.
Mañana, si Dios quiere, partiré con motivo de un breve período de descanso en la
montaña. Viajaré al Valle de Aosta, a Les Combes, localidad que se hizo famosa
por las estancias de mi querido predecesor Juan Pablo II y que yo también amo
mucho. Al decir "arrivederci" a la Plaza de San Pedro y a la ciudad de Roma,
invito a todos a acompañarme con la oración. La oración no experimenta
distancias ni separaciones: allí donde estamos, hace de nosotros un solo corazón
y una sola alma.
Y a propósito de salidas, aprovecho la ocasión para confirmar una vez más el
deber de todos a la prudencia a la hora conducir en carretera y al respeto de
las normas de tráfico. ¡Una buenas vacaciones comienzan precisamente por ahí!
[Hablando en español, el Papa añadió:]
Saludo con afecto a los grupos de lengua española presentes en esta oración
mariana, en particular a los jóvenes guatemaltecos del Centro vocacional San
José. Deseo a todos que en estas fechas veraniegas puedan reponer las fuerzas
del cuerpo y encontrar también serenidad de espíritu, que brota del encuentro
con Jesucristo, bajo la maternal protección de la Santísima Virgen María.
Gracias por vuestra presencia y vuestras oraciones. Feliz domingo.