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Predicador del Papa: Tenemos la vida en «administración», no en p   Lista de mensajes  
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Comentario del padre Cantalamessa a la liturgia del próximo domingo

XXV Domingo del tiempo ordinario [C]
Amós 8, 4-6; I Timoteo 2, 1-8; Lucas 16,1-13

Haceos amigos con el dinero

El Evangelio de este domingo nos presenta una parábola en cierto modo
bastante actual, la del administrador infiel. El personaje central es
el administrador de un propietario de tierras, figura muy popular
también en nuestros campos, cuando regían sistemas usufructuarios.

Como las mejores parábolas, ésta es como un drama en miniatura, lleno
de movimiento y de cambios de escena. La primera tiene como actores
al administrador y a su señor y concluye con un despido tajante: «Ya
no puedes ser administrador». Éste no esboza siquiera una
autodefensa. Tiene la conciencia sucia y sabe perfectamente que de lo
que se ha enterado el patrón es cierto. La segunda escena es un
soliloquio del administrador que se acaba de quedar solo. No se da
por vencido; piensa enseguida en soluciones para garantizarse un
futuro. La tercera escena –el administrador y los campesinos— revela
el fraude que ha ideado con ese fin: «"¿Tú cuánto debes?"
Respondió: "Cien cargas de trigo". Le dijo: "Toma tu recibo y escribe
ochenta"». Un caso clásico de corrupción y de falsa contabilidad que
nos hace pensar en frecuentes episodios parecidos en nuestra
sociedad, si bien a escala mucho mayor.

La conclusión es desconcertante: «El señor alabó al administrador
injusto porque había obrado astutamente». ¿Es que Jesús aprueba o
alienta la corrupción? Es necesario recordar la naturaleza del todo
especial de la enseñanza en parábolas. La parábola no hay que
trasladarla en bloque y con todos sus detalles en el plano de la
enseñanza moral, sino sólo en aquel aspecto que el narrador quiere
valorar. Y está claro cuál es la idea que Jesús ha querido inculcar
con esta parábola. El señor alaba al administrador por su sagacidad,
no por otra cosa. No se afirma que se vuelva atrás en su decisión de
despedir a este hombre. Es más, visto su rigor inicial y la prontitud
con la que descubrió la nueva estafa, podemos imaginar fácilmente la
continuación, no relatada, de la historia. Tras haber alabado al
administrador por su astucia, el señor debe haberle ordenado que
devolviera inmediatamente el fruto de sus transacciones deshonestas,
o pagarlas con la cárcel si no podía saldar la deuda. Esto, o sea, la
astucia, es también lo que alaba Jesús, fuera de parábolas. Añade, de
hecho, casi como comentario a las palabras de ese señor: «Los hijos
de este mundo son más astutos con los de su generación que los hijos
de la luz».

Aquel hombre, frente a una situación de emergencia, cuando estaba en
juego su porvenir, dio prueba de dos cosas: de extrema decisión y de
gran astucia. Actuó pronta e inteligentemente (si bien no
honestamente) para ponerse a salvo. Esto –viene a decir Jesús a sus
discípulos— es lo que debéis hacer también vosotros para poner a
salvo no el futuro terreno, que dura algunos años, sino el futuro
eterno. «La vida –decía un filósofo antiguo— a nadie se le da en
propiedad, sino a todos en administración» (Séneca). Somos todos
los «administradores»; por ello debemos hacer como el hombre de la
parábola. Él no dejó las cosas para mañana, no se durmió. Está en
juego algo más importante como para confiarlo al azar.

El Evangelio a menudo hace diversas aplicaciones prácticas de esta
enseñanza de Cristo. En la que se insiste más tiene que ver con el
uso de la riqueza y del dinero: «Yo os digo: haceos amigos con el
dinero injusto, para que, cuando llegue a faltar, os reciban en las
eternas moradas». Es como decir: haced como aquel administrador;
haceos amigos de quienes un día, cuando os encontréis en necesidad,
puedan acogeros. Estos amigos poderosos, se sabe, son los pobres,
puesto que Cristo considera dado a Él en persona lo que se da al
pobre. Los pobres, decía San Agustín, son, si lo deseamos, nuestros
correos y porteadores: nos permiten transferir, desde ahora, nuestros
bienes en la morada que se está construyendo para nosotros en el más
allá.






Sáb, 22 de Sep, 2007 2:50 pm

pilisonse
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