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#38 De: Información desde Frayescoba.info <claraalbert2000@...>
Fecha: Mar, 8 de Ago, 2006 4:10 pm
Asunto: «Cristo sigue hoy transfigurándose», advierte el predicador del Papa
claraalbert2000
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«Cristo sigue hoy transfigurándose», advierte el predicador del Papa


ROMA, sábado, 5 agosto 2006 (ZENIT.org).- Publicamos el comentario
del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap. --predicador de la Casa
Pontificia-- a la liturgia del próximo domingo, fiesta de la
Transfiguración del Señor.


* * *




Transfiguración del Señor




6 de agosto de 2006
Daniel 7, 9-10.13-14; 2 Pedro 1, 16-19; Marcos 9, 2-10



En lugar del XVIII domingo del Tiempo Ordinario, este año se celebra
la fiesta de la Transfiguración del Señor. El episodio de la
Transfiguración, como se lee en los Evangelios, refleja ciertamente
la fe posterior de la Iglesia, pero se basa en un hecho ocurrido
realmente. «El relato hace pensar un acontecimiento verdaderamente
sucedido en Jesús, más que en una visión subjetiva de los tres
discípulos o de uno de ellos» (H. Schurmann). Negar a la
Transfiguración la relevancia histórica y el carácter sobrenatural y
objetivo atestiguado por los Evangelios significaría considerar
imposible en la vida de Cristo lo que se observa frecuentemente en
la vida de los santos, por ejemplo, en la de San Serafín de Sarov,
quien un día se transfiguró, literalmente, en presencia de su
discípulo Motovilov.

Pero los acontecimientos de la vida de Cristo son históricos en un
sentido del todo especial. Sucedidos en un tiempo y lugar preciso,
extienden su acción a todos los tiempos y a todo lugar.
Son «misterios», esto es, acontecimientos abiertos. El creyente está
llamado a revivirlos, no sólo a recordarlos. Cada uno, en la fe, se
hace contemporáneo al evento y el evento contemporáneo a él. En
otras palabras, Cristo sigue hoy transfigurándose, revelándose a los
ojos del creyente con la misma «evidencia» con la que se apareció a
los discípulos en el Tabor.

A veces esto ocurre mientras se leen con fe sus palabras. Las
palabras del Evangelio son también, a su modo, las vestiduras de
Cristo: «Cuando veas a alguien que conoce perfectamente la divinidad
de Jesús y que es capaz de "aclarar" cada texto evangélico, no dudes
en decir que para él las vestiduras de Jesús se han vuelto blancas
como la nieve» (Orígenes).

Otras veces esta transfiguración sucede en la contemplación de la
creación. Dios ha escrito dos libros: uno es la Escritura, el otro
la creación. Uno está hecho de letras y palabras, el otro de cosas.
No todos conocen y pueden leer el libro de la Escritura, pero todos,
también los iletrados, pueden leer el libro que es la creación. Está
abierto de par en par a los ojos de todos.

En el Tabor, decía un antiguo autor, Cristo «transfiguró en su
imagen la creación entera». Al celebrar esta fiesta en el corazón de
las vacaciones de verano, en las que todos buscan un renovado
contacto con la naturaleza, desearía insistir sobre este punto. No
basta con abrir los ojos del cuerpo; es necesario abrir también los
del alma. Los tres apóstoles habían pasado mucho tiempo con Jesús,
pero habían visto sólo las apariencias, la humanidad; aquel día sus
ojos se abrieron. Así ocurre con la presencia de Dios en la
creación. Vivimos en medio de ella, pero raramente reconocemos ahí
la gloria de Dios, de la que «los cielos y la tierra están llenos».
Pensamos sólo en utilizarla en nuestro beneficio, en disfrutar de
las cosas. Es un universo para nosotros opaco, no transparente. Esto
es lo que la Escritura llama «necedad de los hombres» (Sb 13, 1 ss.).

Las vacaciones de verano son una ocasión para poner remedio a esta
necedad. Existe una dimensión religiosa de las vacaciones que se
evidencia por su propio nombre: ferias [días de fiesta. Ndt], en el
sentido originario, eran días libres dedicados al culto de la
divinidad. Es el sentido que el término tiene también hoy en el uso
litúrgico. El término inglés holydays literalmente significa días
santos. En un salmo Dios se dirige a los hombres y dice: «Deteneos
(literalmente: vacate. Ndt.), sabed que yo soy Dios» (Sal 46, 11).
Se podría traducir el versículo (como hacía la Vulgata latina):
Tomaos una vacación (vacate) para descubrir la única verdad que
importa: que existe un Dios y que tú, precisamente tú, existes en
presencia de este Dios.

No es necesario, ni sería posible para todos, ir a los Dolomitas o a
las Maldivas para descubrir la gloria de Dios en la creación. Cada
lugar tiene su fascinación y su belleza: un campo de trigo, una
viña, una flor, una mariposa volando. Basta con abrir los ojos del
corazón. La fe es un poco como la poesía y el arte en general. El
poeta y el pintor, cuanto están bajo la inspiración, transfiguran
todo aquello sobre lo que se posan sus ojos. Van Gogh era capaz de
descubrir la belleza hasta en una silla de paja con una pipa apoyada
en ella.

«Los cielos y la tierra están llenos de su gloria», pero no pueden,
por sí solos, «vaciarse». Como la mujer embarazada, tienen también
necesidad de las hábiles manos de una comadrona para sacar a la luz
todo aquello de lo que están llenos. Y estas «comadronas» de la
gloria de Dios debemos ser nosotros, criaturas razonables a quienes
la Escritura nos define «alabanza de su gloria» (Ef 1,12).

Había comprendido esta tarea el beato Enrico Susone, quien
escribe: «Cuando en el canto de la Misa llego a las palabras Sursum
corda [levantemos el corazón. Ndt.], me imagino que tengo ante mí a
todos los seres creados por Dios en el cielo y en la tierra: el
agua, el aire, el fuego, la luz y todo elemento, cada uno con su
propio nombre, así como los pájaros del cielo, los peces del mar y
las flores del bosque, la hierba y todas las plantas del campo, las
innumerables arenas del mar, el polvillo que se ve a la luz del sol,
las gotas de lluvia caídas o que caerán, el rocío que perla el
prado. Entonces imagino que estoy entre estas criaturas como un
maestro de canto en medio de un inmenso coro».

[Traducción del italiano realizada por Zenit]

#37 De: ignacio marcos <imarcos2006@...>
Fecha: Vie, 28 de Jul, 2006 4:28 pm
Asunto: declaracion justificacion
imarcos2006
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DECLARACIÓN CONJUNTA
SOBRE LA DOCTRINA DE LA JUSTIFICACIÓN
 
 
Preámbulo 
 1. La doctrina de la justificación tuvo una importancia capital para la Reforma luterana del siglo XVI. De hecho, sería el «artículo primero y principal»[1], a la vez, «rector y juez de las demás doctrinas cristianas»[2]. La versión de entonces fue sostenida y defendida en particular por su singular apreciación contra la teología y la iglesia católicas romanas de la época que, a su vez, sostenían y defendían una doctrina de la justificación de otra índole. Desde la perspectiva de la Reforma, la justificación era la raíz de todos los conflictos, y tanto en las Confesiones luteranas[3] como en el Concilio de Trento de la Iglesia Católica Romana hubo condenas de una y otra doctrinas. Estas últimas siguen vigentes, provocando divisiones dentro de la iglesia. 
 2. Para la tradición luterana, la doctrina de la justificación conserva esa condición particular. De ahí que desde un principio, ocupara un lugar preponderante en al diálogo oficial luterano-católico romano.
 3. Al respecto, les remitimos a los informes The Gospel and the Church (1972)[4] y Church and Justification (1994)[5] de la Comisión luterano-católico romana; Justification by Faith (1983)[6] del Diálogo luterano-católico romano de los EE.UU. y The Condemnations of the Reformation Era - Do They Still Divide? (1986)[7] del Grupo de trabajo ecuménico de teólogos protestantes y católicos de Alemania. Las iglesias han acogido oficialmente algunos de estos informes de los diálogos; ejemplo importante de esta acogida es la respuesta vinculante que en 1994 dio la Iglesia Evangélica Unida de Alemania al estudio Condemnations al más alto nivel posible de reconocimiento eclesiástico, junto con las demás iglesias de la Iglesia Evangélica de Alemania.[8]
4. Respecto a los debates sobre la doctrina de la justificación, tanto los enfoques y conclusiones de los informes de los diálogos como las respuestas trasuntan un alto grado de acuerdo. Por lo tanto, ha llegado la hora de hacer acopio de los resultados de los diálogos sobre esta doctrina y resumirlos para informar a nuestras iglesias acerca de los mismos a efectos de que puedan tomar las consiguientes decisiones vinculantes.
 
5. Una de las finalidades de la presente Declaración conjunta es demostrar que a partir de este diálogo, las iglesias luterana y católica romana[9] se encuentran en posición de articular una interpretación común de nuestra justificación por la gracia de Dios mediante la fe en Cristo. Cabe señalar que no engloba todo lo que una y otra iglesia enseñan acerca de la justificación, limitándose a recoger el consenso sobre las verdades básicas de dicha doctrina y demostrando que las diferencias subsistentes en cuanto a su explicación, ya no dan lugar a condenas doctrinales. 
 6. Nuestra declaración no es un planteamiento nuevo e independiente de los informes de los diálogos y demás documentos publicados hasta la fecha; tampoco los sustituye. Más bien, tal como lo demuestra la lista de fuentes que figura en anexo, se nutre de los mismos y de los argumentos expuestos en ellos.
 7. Al igual que los diálogos en sí, la presente Declaración conjunta se funda en el convicción de que al superar las cuestiones controvertidas y las condenas doctrinales de otrora, las iglesias no toman estas últimas a la ligera y reniegan su propio pasado. Por el contrario, la declaración está impregnada de la convicción de que en sus respectivas historias, nuestras iglesias han llegado a nuevos puntos de vista. Hubo hechos que no solo abrieron el camino sino que también exigieron que las iglesias examinaran con nuevos ojos aquellas condenas y cuestiones que eran fuente de división.
 
1.      El mensaje bíblico de la justificación
 8. Nuestra escucha común de la palabra de Dios en las Escrituras ha dado lugar a nuevos enfoques. Juntos oímos lo que dice el evangelio: «De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito para que todo aquel que en él cree no se pierda sino que tenga vida eterna» (San Juan 3:16). Esta buena nueva se plantea de diversas maneras en las Sagradas Escrituras. En el Antiguo Testamento escuchamos la palabra de Dios acerca del pecado (Sal 51:1-5; Dn 9:5 y ss; Ec 8:9 y ss; Esd 9:6 y ss.) y la desobediencia humanos (Gn 3:1-19 y Neh 9:16-26), así como la «justicia» (Is 46:13; 51:5-8; 56:1; cf. 53:11; Jer 9:24) y el «juicio» de Dios (Ec 12:14; Sal 9:5 y ss; y 76:7-9). 
 9. En el Nuevo testamento se alude de diversas maneras a la «justicia» y la «justificación» en los escritos de San Mateo (5:10; 6:33 y 21:32), San Juan (16:8-11); Hebreos (5:1-3 y 10:37-38), y Santiago (2:14-26).[10] En las epístolas de San Pablo también se describe de varias maneras el don de la salvación, entre ellas: «Estad pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres» ( 5:1-13, cf. Ro 6:7); «Y todo esto proviene de Dios que nos reconcilió consigo mismo» (2 Co 5:18-21, cf. Ro 5:11); «tenemos paz para con Dios» (Ro 5:1); «nueva criatura es» (2 Co 5:17); «vivos para Dios en Cristo Jesús» (Ro 6:11-23) y «santificados en Cristo Jesús» (1 Co 1:2 y 1:31; 2 Co 1:1) A la cabeza de todas ellas está la «justificación» del pecado de los seres humanos por la gracia de Dios por medio de la fe (Ro 3:23-25), que cobró singular relevancia en el período de la Reforma.
 10. San Pablo asevera que el evangelio es poder de Dios para la salvación de quien ha sucumbido al pecado; mensaje que proclama que «la justicia de Dios se revela por fe y para fe» (Ro 1:16-17) y ello concede la «justificación» (Ro 3:21-31). Proclama a Jesucristo «nuestra justificación» (1 Co 1:30) atribuyendo al Señor resucitado lo que Jeremías proclama de Dios mismo (23:6). En la muerte y resurrección de Cristo están arraigadas todas las dimensiones de su labor redentora por que él es «Señor nuestro, el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación» (Ro 4:25). Todo ser humano tiene necesidad de la justicia de Dios «por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios» (Ro 1:18; 2:23 3:22; 11:32 y 3:22). En Gálatas 3:6 y Romanos 4:3-9, San Pablo entiende que la fe de Abraham (Gn 15:6) es fe en un Dios que justifica al pecador y recurre al testimonio del Antiguo Testamento para apuntalar su prédica de que la justicia le será reconocida a todo aquel que, como Abraham, crea en la promesa de Dios. «Mas el justo por la fe vivirá» (Ro 1:17 y Hab 2:4, cf. 3:11). En las epístolas de San Pablo, la justicia de Dios es también poder para aquellos que tienen fe (Ro 1:17 y 2 Co 5:21). Él hace de Cristo justicia de Dios para el creyente (2 Co 5:21). La justificación nos llega a través de Cristo Jesús «a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre» (Ro 3:2; véase 3:21-28). «Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. No por obras...» (Ef 2:8-9).  
 11. La justificación es perdón de los pecados (cf. Ro 3:23-25; Hechos 13:39 y San Lucas 18:14), liberación del dominio del pecado y la muerte (Ro 5:12-21) y de la maldición de la ley ( 3:10-14) y aceptación de la comunión con Dios: ya pero no todavía plenamente en el reino de Dios a venir (Ro 5:12). Ella nos une a Cristo, a su muerte y resurrección (Ro 6: 5). Se opera cuando acogemos al Espíritu Santo en el bautismo, incorporándonos al cuerpo que es uno (Ro 8:1-2 y 9-11; y 1 Co 12:12-13). Todo ello proviene solo de Dios, por la gloria de Cristo y por gracia mediante la fe en «el evangelio del Hijo de Dios» (Ro 1:1-3).
 12. Los justos viven por la fe que dimana de la palabra de Cristo (Ro 10:17) y que obra por el amor ( 5:6), que es fruto del Espíritu ( 5:22) pero como los justos son asediados desde dentro y desde fuera por poderes y deseos (Ro 8:35-39 y 5:16-21) y sucumben al pecado (1 Jn 1:8 y 10) deben escuchar una y otra vez las promesas de Dios y confesar sus pecados (1 Jn 1:9), participar en el cuerpo y la sangre de Cristo y ser exhortados a vivir con justicia, conforme a la voluntad de Dios. De ahí que el Apóstol diga a los justos: «...ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad» (Flp 2:12-13). Pero ello no invalida la buena nueva: «Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús» (Ro 8:1) y en quienes Cristo vive ( 2:20). Por la justicia de Cristo «vino a todos los hombres la justificación que produce vida» (Ro 5:18).  
 
2. La doctrina de la justificación en cuanto problema ecuménico
13. En el siglo XVI, las divergencias en cuanto a la interpretación y aplicación del mensaje bíblico de la justificación no solo fueron la causa principal de la división de la iglesia occidental, también dieron lugar a las condenas doctrinales. Por lo tanto, una interpretación común de la justificación es indispensable para acabar con esa división. Mediante el enfoque apropiado de estudios bíblicos recientes y recurriendo a métodos modernos de investigación sobre la historia de la teología y los dogmas, el diálogo ecuménico entablado después del Concilio Vaticano II ha permitido llegar a una convergencia notable respecto a la justificación, cuyo fruto es la presente declaración conjunta que recoge el consenso sobre los planteamientos básicos de la doctrina de la justificación. A la luz de dicho consenso, las respectivas condenas doctrinales del siglo XVI ya no se aplican a los interlocutores de nuestros días.
 
3. La interpretación común de la justificación
14. Las iglesias luterana y católica romana han escuchado juntas la buena nueva proclamada en las Sagradas Escrituras. Esta escucha común, junto con las conversaciones teológicas mantenidas en estos últimos años, forjaron una interpretación de la justificación que ambas comparten. Dicha interpretación engloba un consenso sobre los planteamientos básicos que, aun cuando difieran, las explicaciones de las respectivas declaraciones no contradicen.
 15. En la fe, juntos tenemos la convicción de que la justificación es obra del Dios trino. El Padre envió a su Hijo al mundo para salvar a los pecadores. Fundamento y postulado de la justificación es la encarnación, muerte y resurrección de Cristo. Por lo tanto, la justificación significa que Cristo es justicia nuestra, en la cual compartimos mediante el Espíritu Santo, conforme con la voluntad del Padre. Juntos confesamos: «Solo por gracia mediante la fe en Cristo y su obra salvífica y no por algún mérito nuestro, somos aceptados por Dios y recibimos el Espíritu Santo que renueva nuestros corazones, capacitándonos y llamándonos a buenas obras».[11]
 16. Todos los seres humanos somos llamados por Dios a la salvación en Cristo. Solo a través de Él somos justificados cuando recibimos esta salvación en fe. La fe es en sí don de Dios mediante el Espíritu Santo que opera en palabra y sacramento en la comunidad de creyente y que, a la vez, les conduce a la renovación de su vida que Dios habrá de consumar en la vida eterna.
 17. También compartimos la convicción de que el mensaje de la justificación nos orienta sobre todo hacia el corazón del testimonio del Nuevo Testamento sobre la acción redentora de Dios en Cristo: Nos dice que en cuanto pecadores nuestra nueva vida obedece únicamente al perdón y la misericordia renovadora que de Dios imparte como un don y nosotros recibimos en la fe y nunca por mérito propio cualquiera que este sea.
 18. Por consiguiente, la doctrina de la justificación que recoge y explica este mensaje es algo más que un elemento de la doctrina cristiana y establece un vínculo esencial entre todos los postulados de la fe que han de considerarse internamente relacionados entre sí. Constituye un criterio indispensable que sirve constantemente para orientar hacia Cristo el magisterio y la práctica de nuestras iglesias. Cuando los luteranos resaltan el significado sin parangón de este criterio, no niegan la interrelación y el significado de todos los postulados de la fe. Cuando los católicos se ven ligados por varios criterios, tampoco niegan la función peculiar del mensaje de la justificación. Luteranos y católicos compartimos la meta de confesar a Cristo en quien debemos creer primordialmente por ser el solo mediador (1 Ti 2:5-6) a través de quien Dios se da a sí mismo en el Espíritu Santo y prodiga sus dones renovadores (cf. fuentes de la sección 3).   
 
4.  Explicación de la interpretación común de la justificación
4.1    La impotencia y el pecado humanos respecto a la justificación
 19. Juntos confesamos que en lo que atañe a su salvación, el ser humano depende enteramente de la gracia redentora de Dios. La libertad de la cual dispone respecto a las personas y las cosas de este mundo no es tal respecto a la salvación porque por ser pecador depende del juicio de Dios y es incapaz de volverse hacia él en busca de redención, de merecer su justificación ante Dios o de acceder a la salvación por sus propios medios. La justificación es obra de la sola gracia de Dios. Puesto que católicos y luteranos lo confesamos juntos, es válido decir que: 
 20.Cuando los católicos afirman que el ser humano «coopera", aceptando la acción justificadora de Dios, consideran que esa aceptación personal es en sí un fruto de la gracia y no una acción que dimana de la innata capacidad humana.
 21.Según la enseñanza luterana, el ser humano es incapaz de contribuir a su salvación porque en cuanto pecador se opone activamente a Dios y a su acción redentora. Los luteranos no niegan que una persona pueda rechazar la obra de la gracia, pero aseveran que solo puede recibir la justificación pasivamente, lo que excluye toda posibilidad de contribuir a la propia justificación sin negar que el creyente participa plena y personalmente en su fe, que se realiza por la Palabra de Dios.
 4.2 La justificación en cuanto perdón del pecado y fuente de justicia
22.Juntos confesamos que la gracia de Dios perdona el pecado del ser humano y, a la vez, lo libera del poder avasallador del pecado, confiriéndole el don de una nueva vida en Cristo. Cuando los seres humanos comparten en Cristo por fe, Dios ya no les imputa sus pecados y mediante el Espíritu Santo les transmite un amor activo. Estos dos elementos del obrar de la gracia de Dios no han de separarse porque los seres humanos están unidos por la fe en Cristo que personifica nuestra justificación (1 Co 1:30): perdón del pecado y presencia redentora de Dios. Puesto que católicos y luteranos lo confesamos juntos, es válido decir que:
23. Cuando los luteranos ponen el énfasis en que la justicia de Cristo es justicia nuestra, por ello entienden insistir sobre todo en que la justicia ante Dios en Cristo le es garantida al pecador mediante la declaración de perdón y tan solo en la unión con Cristo su vida es renovada. Cuando subrayan que la gracia de Dios es amor redentor («el favor de Dios»)[12] no por ello niegan la renovación de la vida del cristiano. Más bien quieren decir que la justificación está exenta de la cooperación humana y no depende de los efectos renovadores de vida que surte la gracia en el ser humano. 
24. Cuando los católicos hacen hincapié en la renovación de la persona desde dentro al aceptar la gracia impartida al creyente como un don,[13] quieren insistir en que la gracia del perdón de Dios siempre conlleva un don de vida nueva que en el Espíritu Santo, se convierte en verdadero amor activo. Por lo tanto, no niegan que el don de la gracia de Dios en la justificación sea independiente de la cooperación humana (cf. fuentes de la sección 4.2).
 4.3 Justificación por fe y por gracia
25. Juntos confesamos que el pecador es justificado por la fe en la acción salvífica de Dios en Cristo. Por obra del Espíritu Santo en el bautismo, se le concede el don de salvación que sienta las bases de la vida cristiana en su conjunto. Confían en la promesa de la gracia divina por la fe justificadora que es esperanza en Dios y amor por él. Dicha fe es activa en el amor y, entonces, el cristiano no puede ni debe quedarse sin obras, pero todo lo que en el ser humano antecede o sucede al libre don de la fe no es motivo de justificación ni la merece.
26.Según la interpretación luterana, el pecador es justificado sólo por la fe (sola fide). Por fe pone su plena confianza en el Creador y Redentor con quien vive en comunión. Dios mismo insufla esa fe, generando tal confianza en su palabra creativa. Porque la obra de Dios es una nueva creación, incide en todas las dimensiones del ser humano, conduciéndolo a una vida de amor y esperanza. En la doctrina de la «justificación por la sola fe» se hace una distinción, entre la justificación propiamente dicha y la renovación de la vida que forzosamente proviene de la justificación, sin la cual no existe la fe, pero ello no significa que se separen una y otra. Por consiguiente, se da el fundamento de la renovación de la vida que proviene del amor que Dios otorga al ser humano en la justificación. Justificación y renovación son una en Cristo quien está presente en la fe. 
27. En la interpretación católica también se considera que la fe es fundamental en la justificación. Porque sin fe no puede haber justificación. El ser humano es justificado mediante el bautismo en cuanto oyente y creyente de la palabra. La justificación del pecador es perdón de los pecados y volverse justo por la gracia justificadora que nos hace hijos de Dios. En la justificación, el justo recibe de Cristo la fe, la esperanza y el amor, que lo incorporan a la comunión con él.[14] Esta nueva relación personal con Dios se funda totalmente en la gracia y depende constantemente de la obra salvífica y creativa de Dios misericordioso que es fiel a sí mismo para que se pueda confiar en él. De ahí que la gracia justificadora no sea nunca una posesión humana a la que se pueda apelar ante Dios. La enseñanza católica pone el énfasis en la renovación de la vida por la gracia justificadora; esta renovación en la fe, la esperanza y el amor siempre depende de la gracia insondable de Dios y no contribuye en nada a la justificación de la cual se podría hacer alarde ante Él (Ro 3:27). (Véase fuentes de la sección 4.3)
 4.4 El pecador justificado 
28. Juntos confesamos que en el bautismo, el Espíritu Santo nos hace uno en Cristo, justifica y renueva verdaderamente al ser humano, pero el justificado, a lo largo de toda su vida, debe acudir constantemente a la gracia incondicional y justificadora de Dios. Por estar expuesto, también constantemente, al poder del pecado y a sus ataques apremiantes (cf. Ro 6:12-14), el ser humano no está eximido de luchar durante toda su vida con la oposición a Dios y la codicia egoísta del viejo Adán (cf. 5:16 y Ro 7:7-10). Asimismo, el justificado debe pedir perdón a Dios todos los días, como en el Padrenuestro (Mt 6:12 y 1 Jn 1:9), y es llamado incesantemente a la conversión y la penitencia, y perdonado una y otra vez.
29. Los luteranos entienden que ser cristiano es ser «al mismo tiempo justo y pecador». El creyente es plenamente justo porque Dios le perdona sus pecados mediante la Palabra y el Sacramento, y le concede la justicia de Cristo que él hace suya en la fe. En Cristo, el creyente se vuelve justo ante Dios pero viéndose a sí mismo, reconoce que también sigue siendo totalmente pecador; el pecado sigue viviendo en él (1 Jn 1:8 y Ro 7:17-20), porque se torna una y otra vez hacia falsos dioses y no ama a Dios con ese amor íntegro que debería profesar a su Creador (Dt 6:5 y Mt 22:36-40). Esta oposición a Dios es en sí un verdadero pecado pero su poder avasallador se quebranta por mérito de Cristo y ya no domina al cristiano porque es dominado por Cristo a quien el justificado está unido por la fe. En esta vida, entonces, el cristiano puede llevar una existencia medianamente justa. A pesar del pecado, el cristiano ya no está separado de Dios porque renace en el diario retorno al bautismo, y a quien ha renacido por el bautismo y el Espíritu Santo, se le perdona ese pecado. De ahí que el pecado ya no conduzca a la condenación y la muerte eterna.[15] Por lo tanto, cuando los luteranos dicen que el justificado es también pecador y que su oposición a Dios es un pecado en sí, no niegan que, a pesar de ese pecado, no sean separados de Dios y que dicho pecado sea un pecado «dominado». En estas afirmaciones coinciden con los católicos romanos, a pesar de la diferencia de la interpretación del pecado en el justificado.
30. Los católicos mantienen que la gracia impartida por Jesucristo en el bautismo lava de todo aquello que es pecado «propiamente dicho» y que es pasible de «condenación» (Ro 8:1).[16] Pero de todos modos, en el ser humano queda una propensión (concupiscencia) que proviene del pecado y compele al pecado. Dado que según la convicción católica, el pecado siempre entraña un elemento personal y dado que este elemento no interviene en dicha propensión, los católicos no la consideran pecado propiamente dicho. Por lo tanto, no niegan que esta propensión no corresponda al designio inicial de Dios para la humanidad ni que esté en contradicción con Él y sea un enemigo que hay que combatir a lo largo de toda la vida. Agradecidos por la redención en Cristo, subrayan que esta propensión que se opone a Dios no merece el castigo de la muerte eterna[17] ni aparta de Dios al justificado. Ahora bien, una vez que el ser humano se aparta de Dios por voluntad propia, no basta con que vuelva a observar los mandamientos ya que debe recibir perdón y paz en el Sacramento de la Reconciliación mediante la palabra de perdón que le es dado en virtud de la labor reconciliadora de Dios en Cristo (véase fuentes de la sección 4.4).
4.5 Ley y evangelio
31. Juntos confesamos que el ser humano es justificado por la fe en el evangelio «sin las obras de la Ley» (Ro 3:28). Cristo cumplió con ella y, por su muerte y resurrección, la superó en cuanto medio de salvación. Asimismo, confesamos que los mandamientos de Dios conservan toda su validez para el justificado y que Cristo, mediante su magisterio y ejemplo, expresó la voluntad de Dios que también es norma de conducta para el justificado.
32. Los luteranos declaran que para comprender la justificación es preciso hacer una distinción y establecer un orden entre ley y evangelio. En teología, ley significa demanda y acusación. Por ser pecadores, a lo largo de la vida de todos los seres humanos, cristianos incluidos, pesa esta acusación que revela su pecado para que mediante la fe en el evangelio se encomienden sin reservas a la misericordia de Dios en Cristo que es la única que los justifica.
33. Puesto que la ley en cuanto medio de salvación fue cumplida y superada a través del evangelio, los católicos pueden decir que Cristo no es un «legislador» como lo fue Moisés. Cuando los católicos hacen hincapié en que el justo está obligado a observar los mandamientos de Dios, no por ello niegan que mediante Jesucristo, Dios ha prometido misericordiosamente a sus hijos, la gracia de la vida eterna[18] (véase fuentes de la sección 4.5)
4.6 Certeza de salvación
34. Juntos confesamos que el creyente puede confiar en la misericordia y las promesas de Dios. A pesar de su propia flaqueza y de las múltiples amenazas que acechan su fe, en virtud de la muerte y resurrección de Cristo puede edificar a partir de la promesa efectiva de la gracia de Dios en la Palabra y el Sacramento y estar seguros de esa gracia.
35. Los reformadores pusieron un énfasis particular en ello: En medio de la tentación, el creyente no debería mirarse a sí mismo sino contemplar únicamente a Cristo y confiar tan solo en él. Al confiar en la promesa de Dios tiene la certeza de su salvación que nunca tendrá mirándose a sí mismo.
36. Los católicos pueden compartir la preocupación de los reformadores por arraigar la fe en la realidad objetiva de la promesa de Cristo, prescindiendo de la propia experiencia y confiando solo en la palabra de perdón de Cristo (cf. Mt 16:19 y 18:18). Con el Concilio Vaticano II, las católicos declaran: Tener fe es encomendarse plenamente a Dios[19] que nos libera de la oscuridad del pecado y la muerte y nos despierta a la vida eterna.[20] Al respecto, cabe señalar que no se puede creer en Dios y, a la vez, considerar que la divina promesa es indigna de confianza. Nadie puede dudar de la misericordia de Dios ni del mérito de Cristo. No obstante, todo ser humano puede interrogarse acerca de su salvación, al constatar sus flaquezas e imperfecciones. Ahora bien, reconociendo sus propios defectos, puede tener la certeza de que Dios ha previsto su salvación (véase fuentes de la sección 4.6). 
4.7 Las buenas obras del justificado
37. Juntos confesamos que las buenas obras, una vida cristiana de fe, esperanza y amor, surgen después de la justificación y son fruto de ella. Cuando el justificado vive en Cristo y actúa en la gracia que le fue concedida, en términos bíblicos, produce buen fruto. Dado que el cristiano lucha contra el pecado toda su vida, esta consecuencia de la justificación también es para él un deber que debe cumplir. Por consiguiente, tanto Jesús como los escritos apostólicos amonestan al cristiano a producir las obras del amor.
38. Según la interpretación católica, las buenas obras, posibilitadas por obra y gracia del Espíritu Santo, contribuyen a crecer en gracia para que la justicia de Dios sea preservada y se ahonde la comunión en Cristo. Cuando los católicos afirman el carácter «meritorio» de las buenas obras, por ello entienden que, conforme al testimonio bíblico, se les promete una recompensa en el cielo. Su intención no es cuestionar la índole de esas obras en cuanto don, ni mucho menos negar que la justificación siempre es un don inmerecido de la gracia, sino poner el énfasis en la responsabilidad del ser humanos por sus actos.  
39. Los luteranos también sustentan el concepto de preservar la gracia y de crecer en gracia y fe, haciendo hincapié en que la justicia en cuanto ser aceptado por Dios y compartir la justicia de Cristo es siempre completa. Asimismo, declaran que puede haber crecimiento por su incidencia en la vida cristiana. Cuando consideran que las buenas obras del cristiano son frutos y señales de la justificación y no de los propios «méritos", también entienden por ello que, conforme al Nuevo Testamento, la vida eterna es una «recompensa» inmerecida en el sentido del cumplimiento de la promesa de Dios al creyente (véase fuentes de la sección 4.7).
 
5. Significado y alcance del consenso logrado
40. La interpretación de la doctrina de la justificación expuesta en la presente declaración demuestra que entre luteranos y católicos hay consenso respecto a los postulados fundamentales de dicha doctrina. A la luz de este consenso, las diferencias restantes de lenguaje, elaboración teológica y énfasis, descritas en los párrafos 18 a 39, son aceptables. Por lo tanto, las diferencias de las explicaciones luterana y católica de la justificación están abiertas unas a otras y no desbaratan el consenso relativo a los postulados fundamentales.
41. De ahí que las condenas doctrinales del siglo XVI, por lo menos en lo que atañe a la doctrina de la justificación, se vean con nuevos ojos: Las condenas del Concilio de Trento no se aplican al magisterio de las iglesias luteranas expuesto en la presente declaración y, la condenas de las Confesiones Luteranas, no se aplican al magisterio de la Iglesia Católica Romana, expuesto en la presente declaración. 
42. Ello no quita seriedad alguna a las condenas relativas a la doctrina de la justificación. Algunas distaban de ser simples futilidades y siguen siendo para nosotros «advertencias saludables» a las cuales debemos atender en nuestro magisterio y práctica.[21]
43. Nuestro consenso respecto a los postulados fundamentales de la doctrina de la justificación debe llegar a influir en la vida y el magisterio de nuestras iglesias. Allí se comprobará. Al respecto, subsisten cuestiones de mayor o menor importancia que requieren ulterior aclaración, entre ellas, temas tales como: La relación entre la Palabra de Dios y la doctrina de la iglesia, eclesiología, autoridad en la iglesia, ministerio, los sacramentos y la relación entre justificación y ética social. Estamos convencidos de que el consenso que hemos alcanzado sienta sólidas bases para esta aclaración. Las iglesias luteranas y la Iglesia Católica Romana seguirán bregando juntas por profundizar esta interpretación común de la justificación y hacerla fructificar en la vida y el magisterio de las iglesias. 
44. Damos gracias al Señor por este paso decisivo en el camino de superar la división de la iglesia. Pedimos al Espíritu Santo que nos siga conduciendo hacia esa unidad visible que es voluntad de Cristo.
 

ANEXO
 
 
Fuentes de la Declaración conjunta
sobre la doctrina de la justificación
En las secciones 3 y 4 de la presente declaración se hace referencia a los documentos del diálogo luterano-católico que figuran a continuación.
All Under One Christ, Statement on the Augsburg Confession by the Roman Catholic/Lutheran Joint Commission, 1980, in: Growth in Agreement, edited by Harding Meyer and Lukas Vischer, New York/Ramsey, Geneva, 1984, 241-247.
Commentsof the Joint Committee of the United Evangelical Lutheran Church of Germany and the LWF German National Committee regarding the document «The Condemnations of the Reformation Era. Do They Still Divide?» in: Lehrverurteilungen im Gespräch, Göttingen, 1993 (hereafter: VELKD).
Denzinger-Schönmetzer, Enchiridion Symbolorum ...32nd to 36th edition (hereafter: DS).
Denzinger-Hünermann, Enchiridion Symbolorum ...since the 37th edition (hereafter: DH).
Evaluationof the Pontifical Council for Promoting Christian Unity of the Study «Lehrverurteilungen - kirchentrennend?», Vatican, 1992, unpublished document (de aquí en adelante: PCPCU).
 ustification by Faith, Lutherans and Catholics in Dialogue VII, Minneapolis, 1985 (de aquí en adelante: USA).
The Condemnations of the Reformation Era. Do they Still Divide?.Edited by Karl Lehmann and Wolfhart Pannenberg, Minneapolis, 1990 (de aquí en adelante: LV:E)
 
Sección 3: La interpretación común de la justificación 
(párrafos 14 y 18, LV:E 68f; VELKD 95)  
- «... a faith centered and forensically conceived picture of justification is of major importance for Paul and, in a sense, for the Bible as a whole, although it is by no means the only biblical or Pauline way of representing God's saving work» (USA, no. 146).
- «Catholics as well as Lutherans can acknowledge the need to test the practices, structures, and theologies of the church by the extent to which they help or hinder 'the proclamation of God's free and merciful promises in Christ Jesus which can be rightly received only through faith' (para. 28)» (USA, no. 153).Regarding the «fundamental affirmation» (USA, no. 157; cf. 4) it is said:
- «This affirmation, like the Reformation doctrine of justification by faith alone, serves as a criterion for judging all church practices, structures, and traditions precisely because its counterpart is 'Christ alone' (solus Christus). He alone is to be ultimately trusted as the one mediator through whom God in the Holy Spirit pours out his saving gifts. All of us in this dialogue affirm that all Christian teachings, practices, and offices should so function as to foster 'the obedience of faith' (Rom. 1:5) in God's saving action in Christ Jesus alone through the Holy Spirit, for the salvation of the faithful and the praise and honor of the heavenly Father» (USA, no. 160).
- «For that reason, the doctrine of justification - and, above all, its biblical foundation - will always retain a special function in the church. That function is continually to remind Christians that we sinners live solely from the forgiving love of God, which we merely allow to be bestowed on us, but which we in no way - in however modified a form - 'earn' or are able to tie down to any preconditions or postconditions. The doctrine of justification therefore becomes the touchstone for testing at all times whether a particular interpretation of our relationship to God can claim the name of 'Christian.' At the same time, it becomes the touchstone for the church, for testing at all times whether its proclamation and its praxis correspond to what has been given to it by its Lord» (LV:E 69).
- «An agreement on the fact that the doctrine of justification is significant not only as one doctrinal component within the whole of our church's teaching, but also as the touchstone for testing the whole doctrine and practice of our churches, is - from a Lutheran point of view - fundamental progress in the ecumenical dialogue between our churches. It cannot be welcomed enough» (VELKD 95; cf. 157).   
- «For Lutherans and Catholics, the doctrine of justification has a different status in the hierarchy of truth; but both sides agree that the doctrine of justification has its specific function in the fact that it is “the touchstone for testing at all times whether a particular interpretation of our relationship to God can claim the name of ‘Christian’. At the same time it becomes the touchstone for the church, for testing at all times whether its proclamation and its praxis correspond to what has been given to it by its Lord” (LV:E 69). The criteriological significance of the doctrine of justification for sacramentology, ecclesiology and ethical teachings still deserves to be studied further» (PCPCU 96).  
Sección 4.1: La impotencia y el pecado humanos respecto a la justificación (LV:E 42ff; 46; VELKD 77-81; 83f)
- «Those in whom sin reigns can do nothing to merit justification, which is the free gift of God's grace. Even the beginnings of justification, for example, repentance, prayer for grace, and desire for forgiveness, must be God's work in us» (USA, no. 156.3).
- «Both are concerned to make it clear that ... human beings cannot ... cast a sideways glance at their own endeavors ... But a response is not a 'work.' The response of faith is itself brought about through the uncoercible word of promise which comes to human beings from outside themselves. There can be 'cooperation' only in the sense that in faith the heart is involved, when the Word touches it and creates faith» (LV:E 46f). 
- «Where, however, Lutheran teaching construes the relation of God to his human creatures in justification with such emphasis on the divine 'monergism' or the sole efficacy of Christ in such a way, that the person's willing acceptance of God's grace - which is itself a gift of God - has no essential role in justification, then the Tridentine canons 4, 5, 6 and 9 still constitute a notable doctrinal difference on justification» (PCPCU 22).
- "The strict emphasis on the passivity of human beings concerning their justification never meant, on the Lutheran side, to contest the full personal participation in believing; rather it meant to exclude any cooperation in the event of justification itself. Justification is the work of Christ alone, the work of grace alone» (VELKD 84,3‑8).
 Sección 4.2: La justificación en cuanto perdón del pecado y fuente de justicia (USA, nos. 98-101; LV:E 47ff; VELKD 84ff; cf. también las citas de la sección 4.4)
- «By justification we are both declared and made righteous. Justification, therefore, is not a legal fiction. God, in justifying, effects what he promises; he forgives sin and makes us truly righteous» (USA, no. 156,5).
- «Protestant theology does not overlook what Catholic doctrine stresses: the creative and renewing character of God's love; nor does it maintain ... God's impotence toward a sin which is 'merely' forgiven in justification but which is not truly abolished in its power to divide the sinner from God» (LV:E 49).
- «The Lutheran doctrine has never understood the 'crediting of Christ's justification' as without effect on the life of the faithful, because Christ's word achieves what it promises. Accordingly the Lutheran doctrine understands grace as God's favor, but nevertheless as effective power ... 'for where there is forgiveness of sins, there is also life and salvation'» (VELKD 86,15‑23).
- «Catholic doctrine does not overlook what Protestant theology stresses: the personal character of grace, and its link with the Word; nor does it maintain ... grace as an objective 'possession' (even if a conferred possession) on the part of the human being - something over which he can dispose» (LV:E 49).
 Sección 4.3: Justificación por fe y por gracia (USA, nos. 105ff; LV:E 49-53; VELKD 87-90)
- «If we translate from one language to another, then Protestant talk about justification through faith corresponds to Catholic talk about justification through grace; and on the other hand, Protestant doctrine understands substantially under the one word 'faith' what Catholic doctrine (following 1 Cor. 13:13) sums up in the triad of 'faith, hope, and love'» (LV:E 52).
- «We emphasize that faith in the sense of the first commandment always means love to God and hope in him and is expressed in the love to the neighbour» (VELKD 89,8-‑11).
- «Catholics ... teach as do Lutherans, that nothing prior to the free gift of faith merits justification and that all of God's saving gifts come through Christ alone» (USA, no. 105).
- «The Reformers ..understood faith as the forgiveness and fellowship with Christ effected by the word of promise itself. This is the ground for the new being, through which the flesh is dead to sin and the new man or woman in Christ has life (sola fide per Christum). But even if this faith necessarily makes the human being new, the Christian builds his confidence, not on his own new life, but solely on God's gracious promise. Acceptance in Christ is sufficient, if 'faith' is understood as 'trust in the promise' (fides promissionis)» (LV:E 50). 
- Cf. The Council of Trent, Session 6, Chap. 7: «Consequently, in the process of justification, together with the forgiveness of sins a person receives, through Jesus Christ into whom he is grafted, all these infused at the same time: faith, hope and charity» (Decrees of the Ecumenical Councils, vol. 2, London/Washington DC, 1990, 673).
- «According to Protestant interpretation, the faith that clings unconditionally to God's promise in Word and Sacrament is sufficient for righteousness before God, so that the renewal of the human being, without which there can be no faith, does not in itself make any contribution to justification» (LV:E 52).
- «As Lutherans we maintain the distinction between justification and sanctification, of faith and works, which however implies no separation» (VELKD 89,6-8).
- «Catholic doctrine knows itself to be at one with the Protestant concern in emphasizing that the renewal of the human being does not 'contribute' to justification, and is certainly not a contribution to which he could make any appeal before God. Nevertheless it feels compelled to stress the renewal of the human being through justifying grace, for the sake of acknowledging God's newly creating power; although this renewal in faith, hope, and love is certainly nothing but a response to God's unfathomable grace» (LV:E 52f).
- «Insofar as the Catholic doctrine stresses that 'the personal character of grace, and its link with the Word', this renewal ..is certainly nothing but a response effected by God's word itself and that 'the renewal of the human being does not contribute to justification, and is certainly not a contribution to which a person could make any appeal before God' our objection no longer applies» (VELKD 89,12-21).
Sección 4.4: El pecador justificado (USA, nos. 102ff; LV:E 44ff; VELKD 81ff)
- «For however just and holy, they fall from time to time into the sins that are those of daily existence. What is more, the Spirit's action does not exempt believers from the lifelong struggle against sinful tendencies. Concupiscence and other effects of original and personal sin, according to Catholic doctrine, remain in the justified, who therefore must pray daily to God for forgiveness» (USA, no. 102).
- «The doctrines laid down at Trent and by the Reformers are at one in maintaining that original sin, and also the concupiscence that remains, are in contradiction to God ..object of the lifelong struggle against sin ... After baptism, concupiscence in the person justified no longer cuts that person off from God; in Tridentine language, it is 'no longer sin in the real sense'; in Lutheran phraseology, it is peccatum regnatum, 'controlled sin'» (LV:E 46).
- «The question is how to speak of sin with regard to the justified without limiting the reality of salvation. While Lutherans express this tension with the term 'controlled sin' (peccatum regnatum) which expresses the teaching of the Christian as 'being justified and sinner at the same time' (simul iustus et peccator), Roman Catholics think the reality of salvation can only be maintained by denying the sinful character of concupiscence. With regard to this question a considerable rapprochement is reached if LV:E calls the concupiscence that remains in the justified a 'contradiction to God' and thus qualifies it as sin» (VELKD 82,29-39).
Sección 4.5: Ley y evangelio
- En el magisterio paulino se alude a la ley hebrea en cuanto medio de salvación. Ésta fue cumplida y superada en Cristo. Por lo tanto, esta aseveración y sus consecuencias han de ser comprendidas. 
- With reference to Canons 19f. of the Council of Trent VELKD (89,28-36) says as follows: «The ten commandments of course apply to Christians as stated in many places of the confessions. If Canon 20 stresses that a 'person ..is bound to keep the commandments of God,' this does not apply to us; if however Canon 20 affirms that faith has salvific power only on condition of keeping the commandments this applies to us. Concerning the reference of the Canon regarding the commandments of the church, there is no difference between us if these commandments are only expressions of the commandments of God; otherwise it would apply to us.»  
- The last paragraph is related factually to 4.3, but emphasizes the 'convicting function' of the law which is important to Lutheran thinking.
Sección 4.6: Certeza de salvación (LV:E 53-56; VELKD 90ff)
- «The question is: How can, and how may, human beings live before God in spite of their weakness, and with that weakness?» (LV:E 53).
- «The foundation and the point of departure (of the Reformers)..are: the reliability and sufficiency of God's promise, and the power of Christ's death and resurrection; human weakness, and the threat to faith and salvation which that involves» (LV:E 56). 
- The Council of Trent also emphasizes that «it is necessary to believe that sins are not forgiven, nor have they ever been forgiven, save freely by the divine mercy on account of Christ;» and that we must not doubt «the mercy of God, the merit of Christ and the power and efficacy of the sacraments; so it is possible for anyone, while he regards himself and his own weakness and lack of dispositions, to be anxious and fearful about his own state of grace» (Council of Trent, Session 6, chapter 9, 674). 
- «Luther and his followers go a step farther: They urge that the uncertainty should not merely be endured. We should avert our eyes from it and take seriously, practically, and personally the objective efficacy of the absolution pronounced in the sacrament of penance, which comes 'from outside.' ... Since Jesus said, 'Whatever you loose on earth shall be loosed in heaven' (Matt. 16:19), the believer ... would declare Christ to be a liar ..if he did not rely with a rock-like assurance on the forgiveness of God uttered in the absolution ..that this reliance can itself be subjectively uncertain - that the assurance of forgiveness is not a security of forgiveness (securitas); but this must not be turned into yet another problem, so to speak: the believer should turn his eyes away from it, and should look only to Christ's word of forgiveness» (LV:E 54f).
- «Today Catholics can appreciate the Reformer's efforts to ground faith in the objective reality of Christ's promise, 'whatsoever you loose on earth ...' and to focus believers on the specific word of absolution from sins. ... Luther's original concern to teach people to look away from their experience, and to rely on Christ alone and his word of forgiveness [is not to be condemned]» (PCPCU 24).
- A mutual condemnation regarding the understanding of the assurance of salvation «can even less provide grounds for mutual objection today - particularly if we start from the foundation of a biblically renewed concept of faith. For a person can certainly lose or renounce faith, and self‑commitment to God and his word of promise. But if he believes in this sense, he cannot at the same time believe that God is unreliable in his word of promise. In this sense it is true today also that - in Luther's words - faith is the assurance of salvation» (LV:E 56).
- With reference to the concept of faith of Vatican II see Dogmatic Constitution on Divine Revelation, no. 5: «'The obedience of faith' ... must be given to God who reveals, an obedience by which man entrusts his whole self freely to God, offering 'the full submission of intellect and will to God who reveals,' and freely assenting to the truth revealed by Him».
- «The Lutheran distinction between the certitude (certitudo) of faith which looks alone to Christ and earthly security (securitas), which is based on the human being, has not been dealt with clearly enough in the LV. ... Faith never reflects on itself, but depends completely on God, whose grace is bestowed through word and sacrament, thus from outside (extra nos)» (VELKD 92,2‑9).
Sección 4.7: Las buenas obras del justificado (LV:E 66ff, VELKD 90ff)
- «But the Council excludes the possibility of earning grace - that is, justification - (can. 2; DS 1552) and bases the earning or merit of eternal life on the gift of grace itself, through membership in Christ (can. 32: DS 1582). Good works are 'merits' as a gift. Although the Reformers attack 'Godless trust' in one's own works, the Council explicitly excludes any notion of a claim or any false security (cap. 16: DS 1548f). It is evident ...that the Council wishes to establish a link with Augustine, who introduced the concept of merit, in order to express the responsibility of human beings, in spite of the 'bestowed' character of good works» (LV:E 66).  
- If we understand the language of «cause» in Canon 24 in more personal terms, as it is done in chapter 16 of the Decree on Justification, where the idea of communion with Christ is emphasized, then we can describe the Catholic doctrine on merit as it is done in the first sentence of the second paragraph of 4.7: growth in grace, perseverance in righteousness received by God and a deeper communion with Christ. 
- «Many antitheses could be overcome if the misleading word 'merit' were simply to be viewed and thought about in connection with the true sense of the biblical term 'wage' or reward» (LV:E 67).
- «The Lutheran confessions stress that the justified person is responsible not to lose the grace received but to live in it ... Thus the confessions can speak of a preservation of grace and a growth in it. If righteousness in Canon 24 is understood in the sense that it effects human beings, then it does not apply to us. But if 'righteousness' in Canon 24 refers to the Christian's acceptance by God, it applies to us; because this righteousness is always perfect; compared with it the works of Christians are only 'fruits' and 'signs'» (VELKD 94,2-14).
- «Concerning Canon 26 we refer to the Apology where eternal life is described as reward: '... We grant that eternal life is a reward because it is something that is owed - not because of our merits but because of the promise'» (VELKD 94,20-24).


       N.de T. Se dejaron en inglés o alemán las notas al pie de página y los documentos de referencia que no se han publicado en español.
     [1]Artículos de Esmascalda, II, 1; Libro de concordia, 292.
   [2]«Rector et judex super omnia genera doctrinarum», Weimar Edition of Luther's Works (WA), 39,I,205.
    [3]Cabe señalar que las confesiones vinculantes de algunas iglesias luteranas solo abarcan la Confesión de Augsburgo y el Catecismo menor de Lutero, textos que no contienen condenas acerca de la justificación en relación con la Iglesia Católica Romana.
    [4]Report of the Joint Lutheran-Roman Catholic Study Commission, published in Growth in Agreement (New York; Geneva, 1984) - pp.168-189.
     [5]Published by the Lutheran World Federation (Geneva, 1994).
     [6]Lutheran and Catholics in Dialogue VII (Minneapolis, 1985).
     [7]Minneapolis, 1990.
     [8]Gemeinsame Stellungnahme der Arnoldshainer Konferenz, der Vereinigten Kirche und des Deutschen Nationalkomitees des Lutherischen Weltbundes zum Dokument «Lehrverurteilungen-kirchentrennend?», Ökumenische Rundschau 44 (1995):99-102; including the position papers which underlie this resolution, cf. Lehrverurteilungen im Gespräch, Die ersten offiziellen Stellungnahmen aus den evangelischen Kirchen in Deutschland (Göttingen: Vandenhoeck & Ruprecht, 1993).
     [9]En la presente declaración, la palabra «iglesia» se utiliza para reflejar las propias interpretaciones de las iglesias participantes sin que se pretenda resolver ninguna de las cuestiones eclesiológicas relativas a dicho término.
     [10]Cf.Malta Report paras. 26-30 y Justification by Faith, paras. 122-147. At the request of the US dialogue on justification, the non-Pauline New Testament texts were addressed in Righteousness in the New Testament, by John Reumann, with responses by Joseph A. Fitzmyer and Jerome D.Quinn (Philadelphia; New York: 1982), pp.124-180. The results of this study were summarized in the dialogue report Justification by Faith in paras 139-142.
     [11]All Under One Christ, para 14 in Growth in Agreement, 241-247.
     [12]Cf.WA 8:106; American Edition 32:227.
     [13]Cf. DS 1528.
     [14]Cf. DS 1530.
     [15]Cf. Apology II:38-45, Libro de concordia, 105f.
     [16]Cf. DS 1515.
     [17]Cf. DS 1515.
     [18]Cf. DS 1545.
     [19]Cf. DV 5.
     [20]Cf. DV 4.
     [21]Condemnations of the Reformation Era,27.



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#36 De: ignacio marcos <imarcos2006@...>
Fecha: Vie, 28 de Jul, 2006 4:27 pm
Asunto: acuerdo con los metodistas en la doctrina de la justificacion
imarcos2006
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SEUL, viernes, 28 julio 2006 (ZENIT.org).- La Conferencia Metodista Mundial, celebrada en Corea del Sur del 20 al 24 de julio, ha adherido a la Declaración conjunta sobre la Doctrina de la Justificación, firmada en 1999 por la Iglesia católica y la Federación Luterana Mundial.

El cardenal Walter Kasper, presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, que participó en la Conferencia, ha declarado que este gesto constituye «un don de Dios» y «uno de los principales éxitos del diálogo ecuménico», según refiere «Radio Vaticano».

Con esta declaración se supera uno de los motivos teológicos de división que dieron origen al movimiento de Reforma, promovido por Martín Lutero.

Según el reverendo George H. Freeman, secretario del Consejo Metodista Mundial, el acuerdo «abre la puerta a nuevas relaciones ecuménicas».

También ha manifestado su aprecio la Federación Luterana Mundial. Su secretario general, el doctor Ishmael Noko, ha deseado que otras comunidades cristianas, como las Iglesias reformadas, la Iglesia anglicana o la misma Iglesia ortodoxa, puedan llegar a esta posición común.

A finales del año pasado, al recibir a una delegación del Consejo Metodista Mundial –encabezada por su presidente, el obispo Sunday Mbang de Nigeria--, Benedicto XVI afirmó: «En caso de que el Consejo Metodista Mundial exprese su intención de asociarse a la Declaración Conjunta, contribuiría a la reconciliación que deseamos ardientemente y sería un paso significativo hacia la meta de la plena y visible unidad en la fe», apuntó Benedicto XVI al encontrarse con la delegación del Consejo Metodista Mundial (9 de diciembre de 2005).

El movimiento metodista, de carácter evangélico, heredero de la Reforma protestante del siglo XVI se originó en la Inglaterra del siglo XVIII como un movimiento de renovación espiritual, misionero y social. Hoy está presente en cerca de un centenar de países.



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#33 De: ignacio marcos <imarcos2006@...>
Fecha: Vie, 21 de Jul, 2006 11:17 am
Asunto: Pedro Reyero O.P
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 NOS recuerda "Canis" que mañana día 22-7-06celebramos el aniversario de la Llegada a la Casa del Padre de Pedro, la alabanza, con toda la lglesia sera a las 13,00 en su pueblo Renedo de Valtuetar (Leon) os esperamos 
 
 
besos y bendiciones
 
Ignacio



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#32 De: Información desde Frayescoba.info <claraalbert2000@...>
Fecha: Mié, 19 de Jul, 2006 4:29 pm
Asunto: Misa por Pedro Reyero en Renedo
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La celebración del aniversario de Pedro Reyero en Renedo, el próximo
sábado día 22, será hacia la una del mediodia. Confirmad con Chus o
con Esther los que os quedais a comer para que reserven.

Si alguien necesita instrucciones de como llegar a Renedo,
directamente el sábado, el mejor "mapa michelín de la comarca" es
Chus, que se ha ofrecido a tener el móvil de la mañana abierto el
jueves por la mañana y después de la misa que celebra a las ocho de la
tarde en Espejos. Asi que sepais que está disponible para dar las
instrucciones pertinentes a los que no conoceis la zona.

besos,

Clara

#31 De: Lurdes -- <lurdes3335@...>
Fecha: Mié, 19 de Jul, 2006 9:31 am
Asunto: un pequeño testimonio
lurdes3335
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Queridos hermanos
Hoy quisiera compartir un pequeño testimonio. Fue el martes pasado.  Al momento no me di cuenta, pero después, una vez en casa y reflexionando lo que había pasado comprendí que Grande es nuestro Dios!
Y no fue por lo que había pasado, sino por lo que no había pasado... pero empecemos por el principio.
 
Mientras aparcaba el coche una señora me gritó: Oye! Que no lo vés! Lo estas rayando!
- ay, Virgen Maria! Me puedes mirar si lo he chafado mucho... (Mientras luchaba por separar mi coche de la carrocería del otro coche aparcado)
- Pues Sí! Vaya rayón! – me contestó.
- Dios mío! Pues aparco y le dejo una nota
Acabé de aparcar, medio temblando por el susto. (Pero cosa extraña, no sentía miedo. Sólo paz., una paz profunda y serena. Una paz que yo no atendía a comprender dada la situación...).
Dije a las mujeres que llevaba en el coche que se bajaran y que yo iba a ir a ver cómo lo solucionaba. Ellas empezaron a bajarse, y en eso que veo que la mujer que me había pegado el grito de aviso se dirige a ese coche y me va mirando.
Crucé la calle.
- Ah! Pero es tuyo el coche!
- Sí – me contestó
- Pues cuanto lo siento de verdad, es que no lo he visto hasta que he sentido el golpe. Cuánto lo siento... ha sido mucho..
- No, mira es aquí, sólo es la goma...- me dijo señalando la parte dañada del coche.
- Pues si quieres arreglamos papeles, porqué para eso pagamos los seguros, para que nos arreglen las cosas cuando pasa esto.
- No! No es necesario.
- De verdad?, - la miré y ella me estaba sonriendo
- No pasa nada.
- Gracias! – Y me retuve, pues a punto estuve de abrazarla, y no la conocía de nada.
Volví a cruzar la calle, y una de las mujeres me dijo, qué ha pasado?. Yo le contesté; nada, me ha perdonado.
 
Lo más extraordinario no fue que me librara del papeleo. No os habéis dado cuenta? Que es lo que no hubo?
No hubo gritos, discusiones, insultos...
No hubo excusas ni paliativos...
No hubo rencor
Sólo Amor, Paz y Perdón... Y tanta fue la sobreabundancia de gracia que de poco no la beso y no la abrazo. Me tuve que contener. Dios mío, pero si el coche era nuevo! Cuando lo pienso me doy cuenta; Que Grande Eres Dios mío! Tú, mediaste entre nosotras. Calmaste nuestro corazón, nuestros miedos, nuestro enfado. Tú hiciste que viésemos más allá de las apariencias a un hermano, a una persona querida y amada, a la cual sólo debíamos respeto, amor y admiración. Que grande eres!
Gracias Señor!
**********
Lurdes

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#30 De: Clara Albert <claraalbert2000@...>
Fecha: Lun, 17 de Jul, 2006 7:28 pm
Asunto: Jubileo en Liébana: www.centrodeestudioslebaniegos.com
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Cantabria celebra en 2006, el año santo lebaniego. Un año en el que miles de peregrinos acudirán al Monasterio de Santo Toribio de Liébana para obtener su jubileo y uno de los acontecimientos sociales, culturales y religiosos más importantes de la Comunidad para el que se llevará a cabo un amplio programa de celebraciones que convertirán “Cantabria 2006. Liébana Tierra de Júbilo” en un reclamo atractivo para turistas y visitantes.

    Alcanzar el jubileo en Santo Toribio es uno de los objetivos de los visitantes pero también la celebración de esta efemérides representa la recuperación de una tradición cultural e histórico-social de gran envergadura. Quienes lleguen a Santo Toribio tendrán la oportunidad de disfrutar de la riqueza artística, cultural y natural de Cantabria.

   


    La Sociedad Año Jubilar Lebaniego es la encargada de agilizar y coordinar las gestiones y actividades programadas para la celebración de “Cantabria 2006. Liébana Tierra de Júbilo”. Tiene su sede el Oratorio de San Felipe Neri, capilla anexa a la antigua Iglesia de San Vicente de Potes. Un Centro de Exposiciones e Información permanente que se dedica principalmente a la promoción cultural de este gran evento.

    El Centro de Estudios Lebaniegos está gestionado por la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte del Gobierno de Cantabria, a través de la Asociación Año Jubilar Lebaniego. Durante el año 2006, con motivo de la celebración de “Cantabria 2006.Liébana Tierra de Júbilo”, se abrirá en el interior del mismo una oficina de atención al peregrino que dará información a todos los visitantes. Además, el centro alberga diversas exposiciones temporales y su interior está preparado para celebrar conciertos, conferencias u otro tipo de actos culturales.



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#29 De: Información desde Frayescoba.info <claraalbert2000@...>
Fecha: Do, 16 de Jul, 2006 8:38 pm
Asunto: Aniversario de la muerte del P- Pedro Reyero O.P. Sábado 22 misa-aniversario
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P. PEDRO FERNÁNDEZ REYERO, O.P.
(escrito procedente de la revista Nuevo Pentecostes, n. 64, 1999)
AUTOR:P. Francisco Arias, O.P



La llamada fue escueta, temblorosa: " Ha muerto el P. Pedro". ¿,De qué Pedro me hablas? Del nuestro, Salí inmediatamente para Renedo.

Ahí había empezado el camino el 29 de Septiembre de 1936 y ahí lo finalizaba, bajo el manto de la Virgen de la Velilla. Entre oraciones y recuerdos, recorrí los 120 kms. Me vino a la memoria la imagen del joven Pedro en el Seminario, donde lo conocí. Despierto, elegante, amante de los libros. Le gustaba escribir y lo hacía con soltura e ingenio. Recordé las largas conversaciones en los viajes que hicimos para dar retiros, ejercicios espirituales y los momentos de compartir en comunidad, en los que frecuentemente salía el tema del Noviciado, que comenzó en Palencia el 12 de Septiembre de 1954. Lo hizo bajo la dirección de un gran religioso, P. José merino (hoy en proceso de canonización), al que recordaba con cariño y agradecimiento. El lo inició en la oración, en la realidad de la gracia, la Persona de Jesús y el amor a la Virgen ( la Madre Maestra). Dada la distancia de edad recordaba lo que a él le oía de sus estudios de Filosofía y Teología realizados con brillantez. Su capacidad intelectual le permitía ayudar a los compañeros en sus estudios y en la comprensión de los temas.

Completados los estudios eclesiásticos y con una sólida y bien asentada base intelectual, fue destinado a una comunidad de predicación y luego a la Universidad Laboral de Córdoba como profesor. Tiempo que aprovechó para hacer la Licenciatura en Filosofía y Letras.

Con mis oraciones y recuerdos llegué a Renedo. Aquí empezó y aquí culminó su caminar a la Casa del Padre. Además de los familiares, abrumados por lo inesperado, había hermanos de Maranatha. Celebramos la Misa de "corpore insepulto" poniendo en el Misterio Salvador a quien tanto y tan profundamente había hablado de él.

Fueron llegando religiosos, hermanos de la Renovación, amigos. Las lágrimas y el dolor nos unían a todos como nos había unido la palabra cercana, transparente, de Pedro. Su entierro fue una manifestación de fe. Rodeado de más de 60 sacerdotes y del amor de los hermanos de Maranatha fue puesto en la fuerza de la Resurrección y la Vida eterna de Jesús. El canto de "Majestad" fue una explosión de fé en el ofertorio se entonó la Rosa de Sarón que tanto le gustaba a él. "Ven, amada mía, que el invierno pasó". Era el 19 de, Julio. Jesús, su amigo, le tenía preparado un lugar en la casa del Padre.

Hablar de P. Pedro es hablar de un hermano de la casa, de un familiar, de un amigo, de un testigo del triunfo de la gracia. En su afán de buscar la verdad hubo temporadas de oscuridad y un prolongado desierto, con dudas y perplejidades. Había alimentado con avidez su inteligencia. Le atraían las ideas, los sistemas filosóficos, el arte, la literatura, el saber humano. El Buen Padre Dios le puso en el camino un hermano que acogió, lo acompañó, lo abrió a la persona de Jesucristo, y lo puso bajo la acción del Espíritu Santo. El habló con frecuencia, y está recogido en las cintas, de su conversión. Superó fuertes combates, experimentó grandes limitaciones y pobrezas, de las que se servía el Espíritu para hacer una hermosa obra.

Volví a "encontrarlo" en 1982, en unos ejercicios espirituales para sacerdotes en Salamanca que daba en compañía del P. Chus, a raíz de su conversión. Me llamó la atención su lenguaje. Era distinto. Hablaron de la parábola del hijo pródigo. Me impresionó la aplicación que hacían a sus vidas, testimoniando la fuerza del Espíritu. Descubrí a otro Pedro, abierto a una realidad nueva, que ofrecía a la Renovación, a la que amaba con la pasión del que vive una certeza. Ahí están los centenares de enseñanzas, semanas de oración, ejercicios espirituales, como orientación y aliento para los que viven la acción del Espíritu en sus vidas.

En este extenso y rico servicio a la Palabra de Dios, quiero resaltar algunas facetas:

La gratuidad de los dones de Dios. Su experiencia era la prueba. Dios lo levantó del polvo para sentarlo con los hijos muy amados. Dominaba el tema de la gracia, pero no era vida en él hasta que sintió el amor y la ternura de Dios como gratuidad absoluta en su corazón.

La misericordia de Dios fue proclamada por el P. Pedro. Por naturaleza cercano, familiar, acogedor, en su conversión se sintió envuelto en la paternal misericordia de Dios, que lo configuró, para ser misericordia prolongada. De esto dan testimonio los que a él se acercaban en busca de aliento, consuelo y esperanza. Tenía un don especial para desculpabilizar y serenar los espíritus.

La Persona y la obra del Espíritu Santo fue una de las prioridades de su vida y su enseñanza. Hablaba con frecuencia de la renovación de la Iglesia como obra del Espíritu Santo. Habló con profundidad de la acción del Espíritu por medio de sus dones, carismas y frutos.

Amó la Palabra de Dios hasta el punto de tramitar la jubilación anticipada como catedrático, para ponerse total y exclusivamente al su servicio.

El P.Pedro debió mucho a la Renovación. La Renovación debe mucho al P. Pedro. Ahí queda su enseñanza, su obra que se prolonga en las Comunidades carismáticas, en las de Religiosas, que se sirven de ellas para sus retiros y formación. No escatimó sacrificios, viajes y entrega cuando se trataba de servir a la Renovación. Su enseñanza, como su amistad perdurará entre nosotros.

Tenemos un valioso intercesor y, al igual que Santo Domingo decía a sus frailes al final de su vida "Os seré más útil en el cielo", el P. Pedro seguirá siendo el amigo, el consejero, el intercesor desde la Patria, porque Jesús se adelantó a prepararle un lugar cerca de El. El mejor recuerdo y homenaje al P. Pedro será seguir escuchando su palabra, viva en los centenares de cassettes, y pidiendo que el Señor realice una renovación profunda en nuestras vidas, como la realizó en él.

P. Francisco Arias, O.P.

#28 De: Información desde Frayescoba.info <claraalbert2000@...>
Fecha: Do, 16 de Jul, 2006 1:41 pm
Asunto: Benedicto XVI: María, «cumbre del encuentro del hombre con Dios»
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Benedicto XVI: María, «cumbre del encuentro del hombre con Dios»

INTROD, domingo, 16 julio 2006 (ZENIT.org).- Publicamos las palabras que dirigió Benedicto XVI ante miles de fieles (peregrinos y residentes de Les Combes –Introd--, en el Valle de Aosta, en plenos Alpes italianos, donde pasa desde el martes unos días de descanso) antes de rezar la oración mariana del Ángelus.

* * *



Queridos hermanos y hermanas:

También este año tengo la alegría de pasar un tiempo de descanso aquí, en el Valle de Aosta, en la casa que muchas veces acogió al amado Juan Pablo II. Me he sumergido inmediatamente en este estupendo panorama alpino que ayuda a revigorizar el cuerpo y el espíritu, y hoy estoy contento de vivir este encuentro familiar. A cada uno de vosotros, residentes y veraneantes, un cordial saludo. Deseo, ante todo, saludar y dar las gracias al pastor de la Iglesia que vive en este Valle, el obispo de Aosta, monseñor Giuseppe Anfossi, así como a los sacerdotes, a los religiosos, a las religiosas y a los laicos de la comunidad diocesana. Aseguro por cada uno un recuerdo en la oración, en especial por los enfermos y los que sufren. Mi pensamiento agradecido se dirige además a los Salesianos, que han puesto a disposición del Papa esta casa suya. Un saludo deferente dirijo a las autoridades del Estado y de la Región, al administrador municipal de Introd, a las fuerzas del orden y a todos cuantos de diferentes maneras colaboran por el sereno desarrollo de mi estancia. ¡Que el Señor os lo recompense!

Por una feliz coincidencia, este domingo es 16 de julio, día en que la liturgia recuerda a la Santísima Virgen María del Monte Carmelo. El Carmelo, alto promontorio que se yergue en la costa oriental del Mar Mediterráneo, a la altura de Galilea, tiene en sus faldas numerosas grutas naturales, predilectas de los eremitas. El más célebre de estos hombres de Dios fue el gran profeta Elías, quien en el siglo IX antes de Cristo defendió valientemente de la contaminación de los cultos idolátricos la pureza de la fe en el Dios único y verdadero. Inspirándose en la figura de Elías, surgió al Orden contemplativa de los «Carmelitas», familia religiosa que cuenta entre sus miembros con grandes santos, como Teresa de Ávila, Juan de la Cruz, Teresa del Niño Jesús y Teresa Benedicta de la Cruz (en el siglo, Edith Stein). Los Carmelitas han difundido en el pueblo cristiano la devoción a la Santísima Virgen del Monte Carmelo, señalándola como modelo de oración, de contemplación y de dedicación a Dios. María, en efecto, antes y de modo insuperable, creyó y experimentó que Jesús, Verbo encarnado, es el culmen, la cumbre del encuentro del hombre con Dios. Acogiendo plenamente la Palabra, «llegó felizmente a la santa montaña» (Oración de la colecta de la Memoria), y vive para siempre, en alma y cuerpo, con el Señor. A la Reina del Monte Carmelo deseo hoy confiar todas las comunidades de vida contemplativa esparcidas por el mundo, de manera especial las de la Orden Carmelitana, entre las que recuerdo el monasterio de Quart, no muy lejano de aquí. Que María ayude a cada cristiano a encontrar a Dios en el silencio de la oración.

[Después del Ángelus el Papa añadió las siguientes palabras, también en italiano:]

En estos últimos días, las noticias de Tierra Santa son para todos motivo de nuevas y graves preocupaciones, en particular por la expansión de acciones bélicas también en Líbano, y por las numerosas víctimas entre las población civil. En el origen de estas oposiciones despiadadas hay, lamentablemente, situaciones objetivas de violación del derecho y de la justicia. Pero ni los actos terroristas ni las represalias, sobre todo cuando existen trágicas consecuencias para la población civil, pueden justificarse. Por caminos así –como la amarga experiencia demuestra— no se llega a resultados positivos.

Este día está dedicado a la Virgen del Carmelo, Monte de Tierra Santa que, a pocos kilómetros de Líbano, domina la ciudad israelí de Haifa, también ésta recientemente golpeada. Roguemos a María, Reina de la Paz, para que implore a Dios el don fundamental de la concordia, devolviendo a los responsables políticos al camino de la razón y abriendo nuevas posibilidades de diálogo y de acuerdo. En esta perspectiva invito a las Iglesias locales a elevar especiales oraciones por la paz en Tierra Santa y en todo Oriente Medio.

[A continuación, Benedicto XVI saludó a los presentes en distintos idiomas. En español dijo:]

Saludo a los peregrinos de lengua española aquí presentes y a los que participáis en el rezo del Ángelus a través de los diversos medios de comunicación. Que el tiempo veraniego sea un aliciente para recobrar el sosiego interior que nos permite descubrir con mayor nitidez la hermosura de los muchos dones que hemos recibido de Dios a través de la naturaleza y contemplarlos en familia y con los demás en espíritu de amistad. ¡Feliz domingo!

[En italiano expresó:]

Saludo con afecto a las personas y a los grupos de lengua italiana, en particular a los participantes del curso de formación organizado por la Conferencia Episcopal italiana para animadores de la pastoral familiar. Estando aún vivo el recuerdo del Encuentro Mundial de las Familias recientemente celebrado en Valencia, en España, renuevo el aliento a las familias cristianas, para que sepan vivir y transmitir con gozo la fe a las nuevas generaciones. Saludo además a los numerosos grupos parroquiales, a los jóvenes, a los niños, así como a las religiosas, a los nuevos esposos y a los novios. A todos deseo feliz domingo y felices vacaciones.

[Traducción: Zenit.org -
© Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana]

#27 De: Información desde Frayescoba.info <claraalbert2000@...>
Fecha: Sáb, 15 de Jul, 2006 1:55 pm
Asunto: SALIDA DEL VIAJE A GRECIA: SAN PABLO 2006
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SALIDA DEL VIAJE A GRECIA: SAN PABLO 2006 FRAYESCOBA

DÍA 1 DE AGOSTO:

11.10 A.M. encuentro en el aeropuerto de Madrid / Barajas, terminal 4. en salidas de  OLYMPIC AIRWAYS 

13.10 h.salida en vuelo de línea regular de la Cía Olympic Airways.

17.45 h. Llegada a Atenas y conexión con destino a TESALONICA.

21.30 h. salida a Tesalónica

22.25 h. Llegada, recogida de equipajes .

Inicio de la visita panorámica a TESALONICA. La segunda ciudad griega, también conocida como Salónica es el puerto comercial más importante del país heleno. Su ambiente es abigarrado y cosmopolita fruto de cinco siglos de dominación turca. La ciudad cuenta con la mejor colección de iglesias bizantinas de Grecia. Destacan San Demetrio (la iglesia más grande del país) y Santa Sofía (muy parecida a su homónima de Istambul).Cena y alojamiento en el hotel.

 

Salida en vuelo de línea regular de la Cía Olympic Airways.


#26 De: Información desde Frayescoba.info <claraalbert2000@...>
Fecha: Vie, 14 de Jul, 2006 3:34 pm
Asunto: RUTA GRIEGA DE SAN PABLO . FRAYESCOBA 2006
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RUTA GRIEGA DE SAN PABLO





Aparece, en primer lugar, una comerciante de púrpura, Lidia, que es la primera en acoger la Palabra que anuncia Pablo. En segundo lugar nos encontramos con la esclava poseída de un espíritu adivino que, exorcizada por Pablo fue liberada del mencionado espíritu. Las consecuencias que esto trajo a nuestros misioneros por parte de los amos de la esclava su actuación, produjo su encarcelamiento. En todo este procedimiento pseudo-judicial aparecen distintos funcionarios romanos: los pretores, lictores, el carcelero. En cuanto al carcelero, éste ocupa un lugar destacable en le relato de liberación, ya que es protagonista de un pequeño episodio de conversión junto a su familia. Los pretores son destacados en cuando al final de episodio, ya que deben rendir a Pablo excusas por su condición de ciudadano romano, al no haber éstos respetados los derechos del mismo en el proceso abierto contra él .


DIA 1º MADRID / TESALÓNICA.-
Encuentro en el aeropuerto de Madrid / Barajas, terminal 4. Trámites de facturación asistidos por nuestro personal. Salida en vuelo de línea regular de la Cía Olympic Airways. Llegada a Atenas y conexión con destino a TESALONICA. Llegada, recogida de equipajes y saludo de bienvenida por parte de nuestro guía local de habla hispana. Inicio de la visita panorámica a TESALONICA. La segunda ciudad griega, también conocida como Salónica es el puerto comercial más importante del país heleno. Su ambiente es abigarrado y cosmopolita fruto de cinco siglos de dominación turca. La ciudad cuenta con la mejor colección de iglesias bizantinas de Grecia. Destacan San Demetrio (la iglesia más grande del país) y Santa Sofía (muy parecida a su homónima de Istambul).Cena y alojamiento en el hotel.

"...Desde el puerto de Tróade se dirigen en barco a la isla de Samotracia y, desde ésta, al puerto de Neápolis en la costa macedonia; desde allí parten hacia Filipos."

DIA 2º TESALÓNICA / FILIPI / KAVALA / ANFIPOLIS / TESALÓNICA.- (350 Kms.)
Desayuno. realizaremos excursión de un día a MACEDONIA ORIENTAL. Visitaremos Filipi, Kavala y Anfípolis. Esta región, fronteriza con Tracia, tiene en su naturaleza el verde y el azul más vivo de toda Grecia. Las colinas y el mar, en perfecta armonía, ofrecen unas panorámicas espectaculares. Salida de Tesalónica A las 08,00 hrs. Ascenderemos por una carretera que asciende entre colinas durante 175 Kms. Nuestra ruta discurrirá entre mezquitas, cementerios turcos y mujeres que caminan por los arcenes con el rostro tapado. Turquía está muy cerca y el mestizaje de las dos culturas, otomana y ortodoxa, es palpable. En FILIPI visitaremos sus ruinas y su museo. Se conserva el teatro del S. IV A.d.C., dos basílicas, la plaza pública, un templo y numerosos bancos de mármol de los baños públicos. Tras un corto viaje, de aproximadamente veinte minutos en autocar, llegaremos a Kavala. Visitaremos su centro histórico donde destaca un acueducto construido por los turcos que recorre la ciudad hasta el barrio turco que rodea la ciudadela bizantina. Aquí se alza la estatua y la casa natal de Mehmet Ali , héroe local del S. XVIII que llegó a ser Pachá de Egipto. A las 13,30 hrs., almuerzo en un restaurante de Kavala. De regreso a Tesalónica visitaremos las excavaciones de la ciudad macedonia de ANFIPOLIS, donde se han conservado restos helenísticos y de varias basílicas paleocristianas decoradas con mosaicos. Llegada a nuestro hotel sobre las 18,00 hs. Cena y alojamiento. "

Pasando por Anfípolis y Apolonia llegan hasta Tesalónica, predicando en esta ciudad. Después de ésta se dirigen hacia Berea"


DIA 3º TESALÓNICA / PELLA / VERGINA / BERIA / KALAMBAKA.- (300 Kms.)
Desayuno. Sobre las 09,00 hs. salida hacia PELLA, tras recorrer 88 Km llegaremos a este pequeño emplazamiento que en sus tiempos fue la floreciente capital de la Macedonia. Visitaremos el museo de las excavaciones, guarda algunos de los mosaicos mejor conservados de toda Grecia. A las 11,30 hs traslado a VERGINA, necrópolis de los macedonios. Visitaremos la tumba del Rey Filipo, padre de Alejandro Magno. Descubierta en 1.977 constituyó uno de los hallazgos arqueológicos más relevantes del S. XX. Visita del Museo donde se exponen las joyas y la impresionante urna funeraria de oro del Rey Filipo. Estas maravillas estaban antes expuestas en el Museo arqueológico de Tesalónica. Almuerzo en un restaurante de BERIA. En esta ciudad se conservan más de 50 iglesias "granero", todas ellas construidas entre los siglos XVII y XVIII. Sobre las 18,00 hrs salida hacia Kalambaka, llegada aproximadamente a las 20,00 hrs. Cena y alojamiento en el hotel.


DIA 4: KALAMBAKA /METEORA / DELFOS. – (300 kms.)
Desayuno. Salida a las 07,30 hrs. hacia Meteora. Visita de los monasterios colgantes emplazados en la cima de las montañas de METEORA. Centro religioso y monástico entre los Siglos XII-XVII. Se construyeron 23 monasterios de los que solo permanecen seis. Visitaremos los tres monasterios más importantes: San Esteban, Varlaam (debe su nombre al monje fundador) y Gran Meteoro (construido a 623 mts. de altura; es el más alto y fue el primero en ser fundado). A las 13,00 hs cierran los monasterios y finalizan las visitas. Almuerzo en un restaurante. Salida hacia DELFOS, realizaremos una parada en ruta para visitar el emplazamiento de la batalla de las Termópilas. Llegada sobre las 19,00 hrs. Cena y alojamiento en el hotel.


DIA 5: DELFOS / MONASTERIO DE OSSIOS LUCAS / ATENAS.-
Desayuno. Cuenta la leyenda que Zeus soltó dos águilas desde puntos opuestos del mundo; su vuelo se cruzó en el cielo sobre DELFOS, estableciendo este lugar como centro de la tierra. A las 08,00 hrs. inicio de la visita a la ciudad del Monte Parnaso. Destaca el Oráculo de Apolo, uno de los más grandes santuarios de la antigua Grecia. En el Museo de Delfos podremos contemplar la famosa estatua del Auriga de bronce. A las 13,00 hrs. almuerzo en un restaurante cercano a Delfos y tras recorrer unos 30 Kms. llegada al Monasterio de OSSIOS LUCAS. Dedicado a Lucas, ermitaño y santo local, este monasterio medieval ofrece al visitante preciosos mosaicos y una muy interesante cripta decorada con frescos. Durante el imperio otomano fue escenario de numerosas batallas tal como atestiguan los numerosos cañones del patio. Cena y alojamiento en el hotel de Atenas, situado a dos horas de autocar.

"Pablo se encamina sin sus dos acompañantes hacia Atenas. La mayor parte del recorrido se realiza en barco costeando."

DIA 6: ATENAS
Desayuno. A las 08,30 hrs. Iniciaremos una visita panorámica de tres horas y media de duración. Se realizará un recorrido por los principales monumentos y puntos de interés: Parlamento, Tumba del Soldado Desconocido, Palacio Real, el Estadio, Puerta de Adriano, Templo de Zeus, la Academia, la Biblioteca Nacional y por último la Acrópolis donde podremos admirar el Partenón. Este templo se empezó a construir en el 47 a. C. y fue consagrado a la diosa Atenea Partenos. A lo largo de los siglos, ha sido iglesia, mezquita y arsenal, y ha sufrido muchos daños. Construido como expresión de la gloria de la antigua Atenas, hoy es el emblema de la ciudad. A las 13,30 hs. almuerzo en un restaurante del colorista barrio de Plaka. Por la tarde visita del Museo Arqueológico Nacional. Recomendamos centrar el recorrido en las salas más importantes ya que este museo presenta la mayor colección de arte griego del mundo y su contenido es muy denso. Las piezas claves son; LOS FRESCOS DE THYRA: hallados en la isla de Thira (Santorini). Presentan imágenes de una expedición naval. Pertenecen a la civilización minoica aunque en un principio se pensaba que procedían de la mítica Atlántida. ARTE MICENICO: La sala, con sus impresionantes tesoros de oro es la más popular del museo. Destacan la máscara de Agamenón y las "rhytons" o jarras de vino. ESCULTURA CLASICA Y HELENISTICA: Estela de Hegeso, la Atenea Varvakkion, etc. Cena y alojamiento en el hotel.

"Costeando, frente al Peloponeso, llega Pablo a la ciudad de Corinto."

DIA 7: ATENAS / CORINTO / MICENAS / EPIDAURO / ATENAS.- (300 Kms.)
Desayuno. Salida a las 08,00 hs para realizar una excursión a la ARGOLIDA., Salida hacia el Canal de Corinto que une el Mar Egeo con el Jónico. Tras una corta parada en el Canal visitaremos el centro arqueológico de CORINTO. A continuación nos dirigiremos a la ciudad homérica de los Aticas: MICENAS. Visita de sus célebres ruinas donde destacan :la Puerta de Los Leones, las murallas, el recinto de las tumbas reales y la Tumba de Agamenón. Almuerzo en el restaurante Agamenón de Micenas. Por la tarde llegaremos a EPIDAURO donde se visitará el Santuario de Asclepios. Aquí se aprecia la acústica del famoso teatro de Epidauro, obra única del siglo IV a J.C., y su Museo. Regreso a Atenas. Cena y alojamiento en el hotel.


DIA 8: ATENAS – MADRID.-
Desayuno en el hotel.Traslado al aeropuerto y salida en vuelo.regular de Olympic Airways con destino Madrid.


#25 De: Información desde Frayescoba.info <claraalbert2000@...>
Fecha: Vie, 14 de Jul, 2006 3:23 pm
Asunto: Año Jubilar Lebaniego (Sto. Toribio de Liébana)
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2006 Año Jubilar Lebaniego (Sto. Toribio de Liébana)

Más de mil años lleva guardándose y venerándose en este lugar el trozo más grande de la Cruz donde Cristo murió

El Monasterio de Santo Toribio tiene, junto a Jerusalén, Roma, Santiago de Compostela y Caravaca de la Cruz el privilegio de celebrar el Año Santo, otorgado por medio de una bula del papa Julio II, en el año 1512.

En el Monasterio de Santo Toribio de Liébana se guarda y venera el "Lignum Crucis", el mayor trozo conocido de la cruz donde murió Cristo. Santo Toribio, obispo de Astorga, la trajo de Tierra Santa y se encuentra en el monasterio desde el siglo VIII, siendo trasladado a dicho lugar ante el peligro de la invasión de los árabes.

La celebración del jubileo en este monasterio data del siglo XVI, pero en los documentos pontificios de dicho siglo se dice que es de "tiempo inmemorial". Algo parecido se afirma en los versos o loores a Santo Toribio del siglo XV, de autor desconocido.

La razón, la fuerza y el motivo principal de la celebración del jubileo están en esto: que aquí se guarda y se venera el trozo más grande de la Cruz donde Cristo murió. Más de mil años lleva guardándose y venerándose en este lugar. Si la finalidad de de todo jubileo es encontrarse con el Dios acogedor y generoso del perdón, el signo de la Cruz es la expresión más clara de lo que Dios es y quiere para nosotros.

El Año Jubilar Lebaniego, que se celebra el año en que la festividad de Santo Toribio, el día 16 de Abril, cae en domingo, queda inaugurado oficialmente cuando, con gran pompa, se abre la Puerta del Perdón del monasterio.El encuentro ante la Puerta del Perdón y el pasar por ella resulta un momento clave. El que acoge, abraza y perdona es siempre Dios y la Puerta del Perdón simboliza y hace presente a Dios acogiéndonos, abrazándonos y perdonándonos como al hijo pródigo. Es un acto sencillo y expresivo que nos despierta para abrirnos al don del jubileo.

El Año Santo Lebaniego es en 2006, y será en ese momento cuando se concentre la afluencia de viajeros, pero también es preciso señalar que en este periodo, es muy recomendable acercarse a Liébana y al monasteri de Santo Toribio, recorrer sus preciosas aldeas de montaña, degustar su sabrosa gastronomía y participar del trato sencillo de sus gentes.

Autor: Consejería de Cultura, Turismo y Deporte del Gobierno de Cantabria | Fuente: www.jubileolebaniego.com


#24 De: Información desde Frayescoba.info <claraalbert2000@...>
Fecha: Vie, 14 de Jul, 2006 3:30 pm
Asunto: VIAJES DE SAN PABLO
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VIAJES DE SAN PABLO

1. PRIMER VIAJE: MISIÓN DE PABLO Y BERNABÉ (13,1-14,28)



1.1. Misión de Pablo y Bernabé (13,1-3)

Pablo y Bernabé son elegidos por el mismo Espíritu para llevar a cabo el anuncio entre los gentiles. La comunidad antioquena es testigo de esta comunicación divina.



1.2. Chipre (13,4-12)

v Recorrido: bajan desde Antioquía al puerto de Seleucia, en éste embarcan en dirección a Chipre, llegando en primer lugar a la ciudad de Salamina, donde tiene lugar una rápida predicación. Desde Salamina parten hacia Pafos. En esta ciudad tienen lugar los principales hechos de esta escala chipriota del viaje paulino.

v Sucesos: en Salamina ya se nos señala lo que será una constante en la predicación paulina: Pablo siempre comienza su predicación anunciando la Palabra a los judíos en la sinagoga local.En Salamina se destaca la ayuda de Juan en esta escala. En lo tocante a su estancia en Pafos, hay que considerar el episodio sobre el enfrentamiento entre Pablo y el mago Elimas (Bar-Jesús). Pablo, mediante la demostración práctica de la superioridad del Espíritu frente a las magias de Bar-Jesús (oscuridad y tinieblas para el mago) . Hemos de recalcar que el castigo es sólo momentáneo, y parece que causó una honda impresión en el procónsul Sergio Paulo, llegando este a convertirse "impresionado por la doctrina".

v Personajes: Juan ayudando a los dos Apóstoles en su predicación en Salamina; Bar-Jesús, uno de los muchos magos que pululaban por aquella zona y con los cuales los predicadores cristianos tuvieron que vérselas; el procónsul romano que se convierte impresionado por la acción del Espíritu y la predicación de Pablo.



1.3. Antioquía de Pisidia (13,13-52)

v Recorrido: la primera etapa de esta predicación en Asia Menor es Antioquía. Pablo y su acompañante embarcan en Pafos con dirección al puerto de Atalia, continuando viaje hasta la vecina Perge, adentrándose en al región de Galacia Meridional hasta su escala en Antioquía de Pisidia.

v Sucesos: nos encontramos en este episodio con el modelo estándar de predicación paulina: primero se anuncia el Kerigma a los judíos (primeros en el orden de prelación del anuncio) , en este caso mediante un discurso que se convierte en paradigma del modo de anunciar a Jesucristo a los judíos. Es importante destacar que en este anuncio modélico(16-41) se encuentran los puntos fundamentales de la teología lucana, así como algunos de los ejes esenciales de la teología paulina (justificación por la fe y no por la ley); en segundo lugar, aparece la envidia de los judíos ante la predicación paulina y el intento consiguiente de hacerla fracasar; por último la conspiración de los judíos provoca la ira de los gentiles contra Pablo, teniendo éste que salir precipitadamente de la ciudad en la cual se encuentra predicando. En el caso de Antioquía de Pisidia es destacable el papel de las mujeres acomodadas de la ciudad que adoraban a Dios, que después de ver con simpatía el anuncio paulino pasan, por mor de las malas artes de los judíos a perseguir al Apóstol de los gentiles.

v Personajes: Juan que una vez llegados a Perge se separa de Pablo y Bernabé con dirección a Jerusalén. También es destacable la mención a las mujeres influyentes de la ciudad que finalmente se convierten en instrumentos de la inquina judía hacia el Apóstol de los gentiles.



1.4. Iconio (14,1-7)

v Recorrido: de Antioquía de Pisidia marchan precipitadamente hacia Iconio.

v Sucesos: el esquema de los acontecimientos de la predicación en Iconio es muy similar a la etapa anterior, pero debemos destacar que durante las varias semanas que estuvieron en Iconio se sucedieron episodios de carácter taumatúrgico, seguramente curaciones.

v Personajes: los judíos y los gentiles, aunque debe puntualizarse que los segundos se dividieron en dos bandos (unos a favor de los judíos y otros a favor de los Apóstoles )

v Recorrido: como es costumbre en Hechos, nuestros Apóstoles salen precipitadamente hacia Licaonia, Listra y Derbe. Predicando en estas dos últimas ciudades.

v Sucesos: durante la estancia de Pablo en Listra Lucas hace alusión a una curación prodigiosa. Un tullido que escuchaba el anuncio de Pablo es curado, gracias en parte a su fe y en parte al Espíritu. Este hecho provoca una reacción inmediata de los paganos: éstos creen que los Apóstoles son divinidades u hombres divinos, ofreciéndoles sacrificios y ofrendas como era costumbre en los cultos paganos. Los Apóstoles intentan deshacer el entuerto, pero aparecen en escena los judíos venidos de Antioquía e Iconio que proceden como de costumbre provocando la reacción violenta de los gentiles. Esta vez, incluso llegan a la lapidación hasta dar por muerto al Apóstol. Pablo salva milagrosamente la vida y junto a Bernabé parten hacia Derbe, en donde obtienen una buena cosecha de conversiones, volviendo más tarde, desandando sus pasos,se encamina hacia las comunidades que ya habían sido fundadas por ellos hasta el punto del cual habían partido.

v Personajes: los judíos de Antioquía e Iconio, y el tullido (historia de milagros)



2. SEGUNDO VIAJE: CICLO DE GRECIA (15,36-18,22)



2.1. Separación de Pablo y Bernabé (15.36-39)

Comienza este viaje con una discusión entre Pablo y Bernabé sobre la conveniencia de la compañía de Juan Marcos (parecen referirse al mismo Juan que les había acompañado a partir de Salamina, abandonando su compañía en Perge) Este hecho, a la postre, provocará la separación de los dos Apóstoles,siendo Pablo acompañado en su nuevo periplo por Silas y Bernabé por el citado Marcos.

Este segundo viaje misional estará dedicado al fortalecimiento y estructuración de aquellas comunidades que ya habían sido fundadas por Pablo en el anterior viaje.



2.2. Asia Menor : Timoteo (15,40-16,10)

v Recorrido: parten de Antioquía , recorriendo la península de Anatolia, visitando aquellas comunidades que ya habían fundado con anterioridad. En primer lugar atraviesan Derbe y después encaminan sus pasos hacia Listra.Más tarde siguen recorrido por la región de Galacia del Sur, atravesando Misia y bajando hasta Tróade; finalmente, inquiridos por el Espíritu se dirigen hacia la región de Macedonia.

v Sucesos: en Listra tiene lugar la elección de un cristiano piadoso llamado Timoteo como acompañante de las siguientes etapas de este segundo viaje.Esta elección viene enmarcada en el curiosos episodio de la circuncisión de Timoteo; suceso de difícil interpretación teológica, debido a las posiciones que Pablo mantenía con respecto a la ley y las costumbres judías (aunque las cartas paulinas pueden introducir algún criterio de conveniencia con respecto a esta cuestión de la circuncisión en la actuación paulina).

El segundo hecho resaltable en este relato es la insistencia de Lucas en aclarar al lector , de una manera expresa, la unidad de toda la Iglesia . Esta se encuentra representada en "conforme iban pasando por las ciudades, les iban entregando…….las decisiones tomadas por los Apóstoles y presbíteros en Jerusalén.En tercer lugar nos encontramos con la intervención del Espíritu, que dirige sus pasos lejos de Asía con dirección a las ciudades de Macedonia.

v Personajes: Timoteo, que es circuncidado y acompañará a Pablo en este ciclo viajero, siendo uno de los discípulos más fieles del Apóstol de los gentiles. También existe una referencia a los judíos, numerosos por aquellos lares, que hicieron conveniente la circuncisión de Timoteo.



2.3. Filipos (16,11-40)

v Recorrido: desde el puerto de Tróade se dirigen en barco a la isla de Samotracia y, desde ésta, al puerto de Neápolis en la costa macedonia; desde allí parten hacia Filipos, donde tendrán lugar los hechos más importantes de estos versículos del segundo viaje paulino.

v Sucesos: esta predicación contiene los elementos típicos del esquema estándar de la predicación paulina. En primer lugar hemos de resaltar que las primeras personas en escuchar el mensaje salvífico de Pablo son las mujeres de la ciudad.En segundo lugar nos encontramos con un relato de exorcismos, efectuado en la persona de una esclava que estaba poseída por un espíritu adivino.Los dueños de la esclava denuncian a Pablo por razones obvias ante las autoridades romanas. Ante estas acusaciones los habitantes de Filipos se amotinan contra nuestros mensajeros del anuncio, y éstos son azotados inmediatamente por las autoridades romanas, quizás con el fin de calmar a la turba. Después de ser encarcelados nos encontramos con una historia interesante de liberación: el Espíritu, de nuevo, interviene a favor de la expansión de la Palabra aunque las dificultades sean enormes . Siguiendo la interpretación teológica lucana, a través de un hecho natural, que es interpretado como una intervención providencial del Espíritu, Pablo y Silas son liberados de su cautiverio. Como no podía ser menos, el autor de hechos introduce como epílogo de este relato de liberación la conversión del carcelero y toda su familia.El final de este relato de liberación insiste en la condición de ciudadano romano del Apóstol y la convicción de las autoridades romanas de la ciudad de haber violada las garantías procesales que prescribía el ius gentis en el caso de Pablo. Pablo sabedor de esta circunstancia fuerza una disculpa pública de éstas , de modo que los pretores les ruegan que salgan de la ciudad .

v Personajes: en primer lugar aparece una comerciante de púrpura, Lidia, que es la primera en acoger la Palabra que anuncia Pablo. En segundo lugar nos encontramos con la esclava poseída de un espíritu adivino que, exorcizada por Pablo fue liberada del mencionado espíritu. Las consecuencias que esto trajo a nuestros misioneros por parte de los amos de la esclava su actuación, produjo su encarcelamiento.En todo este procedimiento pseudojudicial aparecen distintos funcionarios romanos: los pretores, lictores, el carcelero. En cuanto al carcelero, éste ocupa un lugar destacable en le relato de liberación, ya que es protagonista de un pequeño episodio de conversión junto a su familia. Los pretores son destacados en cuando al final de episodio, ya que deben rendir a Pablo excusas por su condición de ciudadano romano, al no haber éstos respetados los derechos del mismo en el proceso abierto contra él .



2.4. Tesalónica y Berea (17,1-15)

v Recorrido: pasando por Anfípolis y Apolonia llegan hasta Tesalónica, predicando en esta ciudad. Después de ésta se dirigen hacia Berea, en donde ocurrirán hechos similares.

v Sucesos : nos encontramos, otra vez, con el primitivo esquema de predicación cristiana. Pablo se dirige a los judíos en la sinagoga, éstos rechazan el anuncio, anuncio que tiene una mejor acogida entre los gentiles. Los judíos enfadados por el éxito del anuncio a los gentiles provocan la persecución de Pablo y Silas, pero el anuncio no puede ser paralizado , ya que está bajo la protección divina.Debemos destacar en esta persecución de los judíos en Tesalónica, la introducción de una táctica que se convertirá en general en esta persecución contra la expansión del anuncio: convertir las acusaciones religiosas en acusaciones políticas. Jasón, finalmente paga la fianza para que Pablo y Silas sean liberados , enviándolos hacia Berea. En esta ciudad se suceden similares acontecimientos.Los judíos de Tesalónica bajan hasta Berea con las mismas intenciones, de modo que provocan las iras contra el Apóstol de los gentiles. Pablo, Silas,Timoteo con la ayuda de algunos mienbros de la comunidad cristiana , son ayudados a salir de la ciudad: Pablo hacia Atenas , permaneciendo Silas y Timoteo en la ciudad.

v Personajes: En Tesalónica aparece Jasón, que debía ocupar alguna posición influyente en la comunidad cristiana de esta ciudad. Además reaparecen los funcionarios romanos, en este caso magistrados, en relación con la pretensión judía de acabar con la misión paulina.



2.5. Pablo en Atenas (17,16-34)

v Recorrido: Pablo se encamina sin sus dos acompañantes hacia Atenas.La mayor parte del recorrido se realiza en barco costeando.

v Sucesos: En Atenas se produce el importante discurso a los paganos en el Areópago. La importanica de este acontecimiento consiste en que el Apóstol predica en el centro de la cultura helenística, cultura que por lo demás, se encontraba muy alejada en su concepción del mundo de las categorías y tradiciones de la cultura judía. Por tanto, Pablo se encuentra en la obligación de ofrecer una predicación sensiblemente distinta a la ofrecida en las sinagogas judías o a las gentiles familiarizados con la religión y las tradiciones hebreas. De esta manera, la estructura del discurso en el Areópago es distinta a la estructura de los discursos paulinos precedentes: comienza el discurso con un afán conciliador hacia la cultura y la religiosidad pagana, aprovechando la inscripción al Dios desconocido como punto de arranque de su argumentación. En segundo lugar el Apóstol plantea la comunicación de Dios a través de la revelación creacional. En tercer lugar esta revelación de Dios a través de la creación ha permitido a los paganos ,en una propedeútica divina , un conocimiento imperfecto de la divinidad. Se nombra a un poeta griego con la intención clara de fundamentar su argumento en una afirmación procedente de la propia cultura helena;eso sí, sacada de su contexto original. En quinto lugar afirma el tiempo del anuncio inequívoco de la palabra de Dios a los paganos . Finaliza el discurso con la afirmación cristológica fundamental de la resurrección de Jesús. Como es lógico los griegos tenían enormes dificultades para conciliar esta afirmación con el atomismo mecanicista , de cuño epicúreo que constituía la visión del mundo dominante en la cultura helenística. A pesar de todo, unos pocos se convierten a la fe.

v Personajes: al final del relato aparecen los nombres de dos de los convertidos: Dionisio Aeropagita y una mujer de nombre Damaris.



2.6.Corinto (18,1-17)

v Recorrido: costeando frente al Peloponeso llega Pablo a la ciudad de Corinto.

v Sucesos: esta es la más importante de todas las etapas de este segundo viaje paulino. Pablo conoce en la ciudad a un matrimonio de curtidores,con los cuales entablará amistad y convivirá durante un considerable periodo de tiempo. Silas y Timoteo se vuelven a reencontrar con Pablo después de su peregrinaje por Macedonia( no sabemos los motivos que impidieron su encuentro en Atenas. A pesar de ser rechazado el anuncio en la sinagoga es digno de mención la conversión del jefe de la sinagoga local y su familia. En esta tesitura , Pablo tiene una comunicación del Espíritu que le advierte sobre la posibilidad tranquila del anuncio de la palabra,al menos durante un tiempo prolongado, en esta ciudad.Como era de esperar, al final las malas artes de los perseguidores judíos entran en acción, llevando a Pablo ante las autoridades romanas. Aquí nos encontramos con la actitud lucana resaltando la actitud neutral de las autoridades judía, que sólo entendían de delitos tipificados en la ley romana. La referencia a la agresión a Sóstenes parece ser una reacción antisemita de la población pagana más que un ataque de los contrariados judíos.

v Personajes: el matrimonio de fabricantes de tiendas. Sobre todo se debe resaltar el importante papel de la mujer llamada Priscila. De nuevo nos encontramos con la figura de un funcionario romano : el procónsul de Acaya Galión.; éste, como es costumbre en Hechos, se limita a no entrar en discusiones sobre cuestiones judías. También se hace referencia a la conversión de la familia de Crispo, aunque resulta algo paradójica después del fracaso en la sinagoga. Se nombra del mismo modo a Sóstenes como jefe de la sinagoga envuelto en un episodio con ciertos tintes de antisemitismo (según algunos exegetas)



2.7. Vuelta a Antioquía (18,18-22)

v Recorrido: parte por mar en dirección a Éfeso; desde aquí, también por mar se dirige hacia Cesarea;desde esta ciudad continúa, presumiblemente costeando hasta el punto de partida de este segundo viaje: la ciudad de Antioquía.

v Sucesos: se narra la partida de Pablo de Corinto después de un tiempo considerable. En esta partida le acompañan el matrimonio de fabricantes de tiendas durante un trecho; éstos se separan de Pablo en la escala de Éfeso. En esta ciudad el Apóstol predicó con cierta brevedad en la sinagoga, prometiendo su próxima vuelta. En Cesarea su estancia es muy breve , partiendo, después de una rápida visita hacia Antioquía.

v Personajes: Vuelve a reaparecer el matrimonio de Priscila y Aquila.



3. TERCER VIAJE: CICLO DE ASIA MENOR (18,23-21,15)



3.1.Asia Menor: Apolo (18,23-28)

v Recorrido: viaja, seguramente por tierra , hasta Éfeso, primera etapa de este tercer periplo misional.

v Sucesos: Lucas nos cuenta un episodio sobre un tal Apolo.Éste pudiera ser un predicador ambulante de los muchos existentes en los primeros tiempos de cristianismo. El matrimonio de curtidores amigos de Pablo toman bajo su protección al predicador itinerante, ayudándole a completar su corta formación doctrinal. Una vez instruido Apolo se dirige a Acaya , donde servirá de gran ayuda en la defensa y mantenimiento del anuncio salvífico.

v Personajes: vuelven a escena Priscila y Aquila como instructores en la doctrina de Apolo (alguien cercano al círculo joánico, según algún exegeta).



3.2.Éfeso (19,1-40)

v Recorrido: Por tierra de Antioquía a Éfeso, atravesando Frigia y Galacia.

v Sucesos: en primer lugar , nos encontramos con el episodio del bautismo en el Espíritu de unos discípulos de Juan Bautista . Este episodio bautismal se cierra con unos hechos semejantes a los de Pentecostés.en segundo lugar aparece un sumario sobre la actividad de Pablo en Éfeso. En tercer lugar, Lucas ha introducido el curioso episodio del intento de exorcismo fallido en nombre de Jesús por parte de unos exorcistas judíos.En este episodio Lucas intenta resaltar como el nombre de Cristo puede ser ensalzado incluso por aquellos que no lo conocen del todo.En cuarto lugar se sitúa un breve texto sobre las intenciones paulinas de cara a las próximas etapas de su viaje.En quinto lugar el episodio de la revuelta de los orfebres: se produce ésta como consecuencia del malestar por la merma económica producida por la predicación paulina. Los orfebres invocan razones para provocar la adhesión del pueblo. Finalmente ante el tumulto debe intervenir la autoridad romana, en este caso el magistrado Alejandro, el cuál advierte a los reunidos de las consecuencias legales de su conducta, y de la existencia de instituciones legales para tomar en consideración cualquier acusación legitima que se hiciese.

v Personajes: En el primer episodio aparecen los discípulos del Bautista. Los exorcistas judíos ambulantes del relato sobre los mismos. Aparece por primera vez como asistente de Pablo un tal Erasto, que es mandado junto a Timoteo a predicar a Macedonia. Asímismo, hay que resaltar la aparición en el relato de la revuelta de los orfebres de dos personajes que son calificados como compañeros de viaje del Apóstol: Gayo y Aristarco. También en este relato aparece un magistrado romano que encarna perfectamente la actitud conciliadora con el poder político que trata de transmitir Lucas en su libro. Finalmente hemos de destacar la figura del orfebre instigador de esta revuelta: Demetrio; éste sería una especie de portavoz del gremio de los orfebres en la zona.



3.3.De Éfeso a Corinto, pasando por Macedonia (20,1-5)

v Recorrido: Pablo se marcha de Éfeso para continuar misión en Macedonia. Sobre el itinerario concreto del viaje a Macedonia existen distintas versiones, lo más probable es que el viaje de Éfeso a Corinto se realizase mediante un rodeo por Illia, en dirección oeste hasta Durazzo, y desde aquí hacia el sur , pasando por Nicópolis. Se encamina hacia Grecia donde permanece tres meses, seguramente los meses de invierno en Corinto. Pablo piensa reemprender la navegación rumbo a Siria, pero los acontecimientos cambian su itinerario dirigiéndose a Tróade.

v Sucesos: Pablo se hace acompañar en su camino hacia Tróade de numerosos discípulos; éstos llegan con anterioridad al Apóstol , mientras Pablo, con algunos acompañantes embarca en el puerto de Filipos hacia Tróade.

v Personajes: Aparecen por su nombre algunos discípulos del Apóstol, que en algún caso ya habían aparecido con anterioridad: Sópratos,Aristarco, Segundo, Gayo y Timoteo, Tíquico y Trófimo; además éstos aparecen junto a una indicación sobre su origen.



3.4.Tróade (20,6-12)

v Recorrido: Pablo encamina sus pasos hacia Asia Menor , haciendo escala en Tróade.

v Sucesos: sobresale la única indicación en todo el libro de la eucaristía dominical que aparece en todo el libro. Esta celebración consiste en una fracción nocturna del pan. En este marco se introduce la historia de Eutico, en la cúal se produce otro hecho taumatúrgico como es la resurrección del mismo; pero este acontecimiento no queda nada claro , ya que en ningún momento se indica si Eutico estaba muerto o sólo había perdido la consciencia.Por tanto, resulta arriesgado hablar de una resurrección propiamente dicha.

v Personajes: Eutico , el cúal es presuntamente resucitado por la acción del Espíritu.



3.5. Mileto (20,13-38)

v Recorrido: Pablo decide realizar este viaje por tierra hasta Aso. Esta ciudad al sur de Tróade, dista de ésta unos 40 km, siendo el trayecto por tierra considerablemente más corto que por mar. Pablo y sus compañeros realizan un recorrido por diversos lugares de Asia Menor en dirección hacia Antioquía y Jerusalén. La estancia más importante es en Mileto y algunas comunidades cercanas del valle de Lico: Hierápolis, Sardes etc.

v Sucesos: en Mileto, para no perder tiempo, manda llamar a los presbíteros de Éfeso para que se desplacen hasta allí. Pablo tienen la intención de darles un discurso de despedida (el tercero más largo en extensión. Pablo comienza resumiendo su actividad misional. Más tarde prosigue hablando sobre el presente, es decir, el incierto viaje a Jerusalén. Continúa hablando sobre el futuro, ya que su misión en estos lugares ha sido cumplida, le resta encomendar la comunidad al cuidado vigilante de los presbíteros, investidos por el Espíritu con la gracia necesaria para el desempeño de sus funciones.

v Personajes: los presbíteros venidos de Éfeso para escuchar el discurso de despedida paulino a las comunidades que él ha fundado.



3.6.Viaje hacia Jerusalén (21,1-9)

v Recorrido: Pablo parte de Mileto, pasando por diversas islas del Egeo, haciendo escala en el puerto de Pátara donde cambia de embarcación. Este carguero le llevará a Tiro en tan sólo cinco días. Desde Tiro Pablo se dirige a Ptolemaida, y desde aquí hasta Cesarea por tierra, realizando una parada de varios días en casa del diácono Felipe.

v Sucesos: después de una abigarrada travesía, Pablo se encuentra con alguno discípulos en Tiro, permaneciendo una semana en la ciudad. En esta comunidad existen varios mienbros dotados del carisma de la profecía que avisan a Pablo de los peligros que le aguardaban en Jerusalén; Pablo haciendo caso omiso a sus advertencias, se dirige hacia Ptolemaida donde permanece apenas una jornada. Desde esta ciudad se encamina hacia Cesarea, realizando una parada de varios días en casa de Felipe, miembro prominente de la comunidad cristiana de la ciudad. El diácono Felipe tenía cuatro hijas vírgenes que poseían el don de la profecía (seguramente relacionado con su estado de castidad permanente).

v Personajes:Los hermanos que encuentra en su escala en Tiro (cuidado con el número de días que puede ser simbólico ). Debemos destacar al diácono Felipe, en cuya casa pasa un cierto periodo de tiempo Pablo, y a sus hijas, éstas poseedoras del don de la profecía, encontrándose en permanente estado de castidad.



3.7. La predicación de Ágabo (21,10-14)

v Recorrido: Pablo permanece en la ciudad de Cesarea durante este episodio.

v Sucesos: El profeta Ágabo, natural de Jerusalén baja hasta Cesarea. Éste, en parecidos términos a los ya acontecidos en Tiro, profetiza el destino que le espera en Jerusalén. Son destacables los gestos simbólicos que acompañan a la profecía de Ágabo, semejantes a los profetas del AT. Pablo , resuelto a enfrentar el destino que le reserva su misión, y sabedor que el destino que le aguarda es la voluntad de Dios, desoye las advertencias de Ágabo.

v Personajes: El profeta ambulante Ágabo.



4. CUARTO VIAJE: CICLO DE ROMA (27,1-28,28)



4.1. de Cesarea a Creta (27,1-13)

v Recorrido: parten del puerto de Cesarea Marítima, arribando en una jornada al puerto de Sidón; desde esta ciudad , donde permanecen varios días, se dirigen costeando entre Chipre y Cilicia hasta Mira; esta travesía dura unos quince días. Desde Mira reemprenden viaje hacia Creta, arribando en el puerto de Lasea (Puerto Hermoso). Presuntamente, debido a las condiciones meteorológicas, se disponían a pasar la invernada en este enclave, pero alrededor del 6 de octubre reemprenden viaje con la intención de llegar al puerto de Fenice, pensando que éste sería mejor lugar para pasar la invernada.

v Sucesos: Pablo es embarcado junto a otros prisioneros rumbo a Italia. En la escala en Sidón se le permite visitar a sus amigos y ser atendido por ellos. Después de quince días de navegación llegan a Mira, y allí toman una nave alejandrina, llegando finalmente a Puerto Bonito (Creta) El centurión Julio, a pesar de las advertencias del Apóstol, avezado en estas lides, toma la decisión de partir, tomando en consideración la opinión del piloto y el patrón partidarios de invernar en el puerto de Fenice, al parecer mejor preparado para pasar allí el invierno. Aprovechando un ligero viento del sur zarpan hacia Fenice.

v Personajes: el centurión encargado de la custodia de los prisioneros, entre ellos Pablo llamado Julio. Se nombra al ya mencionado con anterioridad Aristarco, macedonio natural de Tesalónica; Éste acompañaría a Pablo, al menos durante una parte de su viaje.



4.2. La tempestad (27,14-38)

v Recorrido: el barco en que se encuentra Pablo costeando frente a Creta es sorprendido por un viento huracanado procedente de la isla, como consecuencia de este viento son empujados frente a un islote llamado Cirte. Ala deriva, fuera de su ruta intentan no chocar contra las rocas de la costa por medio de distintos procedimientos.

v Sucesos: La tempestad provoca la deriva del barco. Éste permanece a merced de la tempestad mientras ésta continúa durante varios días. La tripulación del navío intenta por todos los medios mantenerlo a flote, pero al prolongarse el temporal, con el paso de los días cunde el desánimo. Pablo en todo momento intenta que sus acompañantes mantengan la calma y coman, ya que estuvieron varios días sin comer. De este modo , el Apóstol promete a la tripulación que ha intercedido por ellos ante el Espíritu , y no deben temer nada , ya que ninguno de ellos perderá la vida en este lance. La tripulación, en medio del Adriático decide sondear la profundidad del mar, pero observan que es escasa y deciden anclar la nave de todas las formas posibles, evitando , de esta manera, chocar contra los escollos de la costa. Los tripulantes intentan escapar de l barco arriando un bote, pero Pablo sabedor de la necesidad de todos para salvarse indica al centurión el particular, procediendo el centurión a cortar las amarras del bote. Finalmente , el Apóstol se dirige a sus acompañantes indicándoles la necesidad de no seguir por más tiempo en ayunas si es qué pretenden salvarse. El mismo toma pan, y después de dar gracias procede a comerlo y partirlo. Todos los demás le imitan de inmediato.

v Personajes: los ya mentados en el episodio anterior.



4.3. El naufragio (27,39-44)

v Recorrido: finalmente divisan una ensenada con una playa frente a las costas de Malta.

v Sucesos: Al divisar la ensenada, deciden lanzar la nave hacia ella. Entre dos bancos de tierra la nave naufraga , siendo desmembrada por la fuerza del oleaje. Los soldados deciden matar a los prisioneros, pero el centurión, queriendo salvar la vida de Pablo sé lo prohibe. Julio da órdenes para que el abandono del barco se realice de una manera ordenada: primero los que sepan nadar y después los que no sepan ayudados de tablas. Al final todos logran ponerse a salvo, tal y como les había prometido el Apóstol.

v Personajes: aparece un cierto protagonismo de los soldados que intentan matar a los prisioneros para que no escapen.



4.4.En la isla de Malta (28,1-10)

v Recorrido: una vez a salvo descubren que se encuentran en la isla de Malta.

v Sucesos: nos encontramos con el episodio de la mordedura de la víbora. El Apóstol es mordido por una víbora que se encuentra entre la rama. De inmediato los nativos de la isla interpretan el hecho como un signo desfavorable para Pablo, pero al no sufrir daño alguno los nativos cambian de opinión. Los náufragos son atendidos por el principal de la isla. En este marco se introduce un relato de curaciones mediante la oración y la imposición de manos. Finalmente, parten de la isla con toda clase de parabienes de sus habitantes (provisiones etc)

v Personajes: los nativos de la isla y el principal del lugar, además del padre de este que es objeto de la curación a través del Espíritu.



4.5. Llegada a Roma (28,11-16)

v Recorrido: la navegación se reanuda , embarcando en una nave alejandrina. Llegan a Siracusa, capital de Sicilia. Desde allí costeando llegan al puerto de Pozzuoli y, desde este lugar por tierra hasta Roma.

v Sucesos: En Siracusa permanecen tres días, en Pozzuoli una semana en compañía de hermanos. Finalmente, en Roma son recibidos por cristianos de esta ciudad, sabedores de que Pablo llegaba a la misma. La situación de arresto del Apóstol entraña una cierta ambigüedad: de un lado se afirma que éste se encontraba vigilado en una casa particular por un custodio, pero de otro se afirma más adelante que Pablo gozaba de cierta autonomía para realizar sus tareas pastorales.




http://www.historialago.com/jesucristo.htm
por MANUEL GONZÁLEZ PÉREZ (2001).



#23 De: Información desde Frayescoba.info <claraalbert2000@...>
Fecha: Vie, 14 de Jul, 2006 12:50 pm
Asunto: MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI : II CONGRESO MUNDIAL DE LOS MOVIMIENTOS
claraalbert2000
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MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
A LOS PARTICIPANTES EN EL II CONGRESO MUNDIAL DE LOS MOVIMIENTOS ECLESIALES
Y DE LAS NUEVAS COMUNIDADES



Queridos hermanos y hermanas:

A la espera del encuentro, previsto para el sábado 3 de junio en la plaza de San Pedro, con los miembros de más de cien Movimientos eclesiales y nuevas comunidades, me alegra saludaros cordialmente a vosotros, representantes de todas estas realidades eclesiales, reunidos en Rocca di Papa en un congreso mundial, con las palabras del Apóstol: "El Dios de la esperanza os colme de todo gozo y paz en vuestra fe, hasta rebosar de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo" (Rm 15, 13).

Sigue vivo en mi memoria y en mi corazón el recuerdo del anterior Congreso mundial de los Movimientos eclesiales, celebrado en Roma del 26 al 29 de mayo de 1998, al que fui invitado a dar mi contribución, entonces en calidad de prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe, con una conferencia sobre la situación teológica de los Movimientos. Ese congreso culminó en el memorable encuentro con el amado Papa Juan Pablo II, el 30 de mayo de 1998 en la plaza de San Pedro, durante el cual mi predecesor confirmó su aprecio por los Movimientos eclesiales y las nuevas comunidades, que definió "signos de esperanza" para el bien de la Iglesia y de los hombres.

Hoy, consciente del camino recorrido desde entonces a través de la senda trazada por la solicitud pastoral, por el afecto y por las enseñanzas de Juan Pablo II, quisiera congratularme con el Consejo pontificio para los laicos, en las personas de su presidente mons. Stanislaw Rylko, del secretario mons. Josef Clemens y de sus colaboradores, por la importante y válida iniciativa de este Congreso mundial, cuyo tema —"La belleza de ser cristiano y la alegría de comunicarlo"— se inspira en una afirmación que hice en la homilía de inicio de mi ministerio petrino.

Es un tema que invita a reflexionar sobre una característica esencial del acontecimiento cristiano, pues en él nos sale al encuentro Aquel que en carne y sangre, de forma visible e histórica, trajo a la tierra el esplendor de la gloria de Dios. A él se aplican las palabras del Salmo 45: "Eres el más bello de los hombres". Y a él, paradójicamente, hacen referencia también las palabras del profeta: "No hay en él parecer, no hay hermosura para que le miremos, ni apariencia para que en él nos complazcamos" (Is 53, 2).

En Cristo encontramos la belleza de la verdad y la belleza del amor; pero, como sabemos, el amor implica también la disponibilidad a sufrir, una disponibilidad que puede llegar incluso a la entrega de la vida por aquellos a quienes se ama (cf. Jn 15, 13).

Cristo, que es "la belleza de toda belleza", como solía decir san Buenaventura (Sermones dominicales 1, 7), se hace presente en el corazón del hombre y lo atrae hacia su vocación, que es el amor. Gracias a esta extraordinaria fuerza de atracción, la razón sale de su entorpecimiento y se abre al misterio. Así se revela la belleza suprema del amor misericordioso de Dios y, al mismo tiempo, la belleza del hombre que, creado a imagen de Dios, renace por la gracia y está destinado a la gloria eterna.

A lo largo de los siglos, el cristianismo se ha comunicado y se ha difundido gracias a la novedad de vida de personas y comunidades capaces de dar un testimonio eficaz de amor, de unidad y de alegría. Precisamente esta fuerza ha puesto en "movimiento" a tantas personas generación tras generación. ¿Acaso no ha sido la belleza que la fe ha engendrado en el rostro de los santos la que ha impulsado a tantos hombres y mujeres a seguir sus huellas?

En el fondo, esto vale también para vosotros: a través de los fundadores y los iniciadores de vuestros Movimientos y comunidades habéis vislumbrado con singular luminosidad el rostro de Cristo y os habéis puesto en camino. También hoy Cristo sigue haciendo resonar en el corazón de muchos la invitación: "Ven y sígueme", que puede decidir su destino. Eso se produce normalmente a través del testimonio de quienes han experimentado personalmente la presencia de Cristo. En el rostro y en la palabra de estas "nuevas criaturas" resulta visible su luz y audible su invitación.

Así pues, a vosotros, queridos amigos de los Movimientos, os digo: haced que sean siempre escuelas de comunión, compañías en camino, en las que se aprenda a vivir en la verdad y en el amor que Cristo nos reveló y comunicó por medio del testimonio de los Apóstoles, dentro de la gran familia de sus discípulos. Que resuene siempre en vuestro corazón la exhortación de Jesús: "Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos" (Mt 5, 16).

Llevad la luz de Cristo a todos los ambientes sociales y culturales en los que vivís. El impulso misionero es una confirmación del radicalismo de una experiencia de fidelidad, siempre renovada, al propio carisma, que lleva a superar cualquier encerramiento, cansado y egoísta, en sí mismos.

Iluminad la oscuridad de un mundo trastornado por los mensajes contradictorios de las ideologías.

No hay belleza que valga si no hay una verdad que reconocer y seguir, si el amor se reduce a un sentimiento pasajero, si la felicidad se convierte en un espejismo inalcanzable, si la libertad degenera en instintividad. ¡Cuánto daño puede producir en la vida del hombre y de las naciones el afán de poder, de posesión, de placer!

Llevad a este mundo turbado el testimonio de la libertad con la que Cristo nos ha liberado (cf. Ga 5, 1). La extraordinaria fusión entre amor de Dios y amor al prójimo embellece la vida y hace que vuelva a florecer el desierto en el que a menudo vivimos. Donde la caridad se manifiesta como pasión por la vida y por el destino de los demás, irradiándose en los afectos y en el trabajo, y convirtiéndose en fuerza de construcción de un orden social más justo, allí se construye la civilización capaz de frenar el avance de la barbarie. Sed constructores de un mundo mejor según el "ordo amoris" en el que se manifiesta la belleza de la vida humana.

Los Movimientos eclesiales y las nuevas comunidades son hoy signo luminoso de la belleza de Cristo y de la Iglesia, su Esposa. Vosotros pertenecéis a la estructura viva de la Iglesia. La Iglesia os agradece vuestro compromiso misionero, la acción formativa que realizáis de modo creciente en las familias cristianas, la promoción de las vocaciones al sacerdocio ministerial y a la vida consagrada que lleváis a cabo en vuestro interior. También os agradece la disponibilidad que mostráis para acoger las indicaciones operativas no sólo del Sucesor de Pedro, sino también de los obispos de las diversas Iglesias locales, que son, juntamente con el Papa, custodios de la verdad y de la caridad en la unidad.

Confío en vuestra obediencia pronta. Más allá de la afirmación del derecho a la propia existencia, siempre debe prevalecer, con indiscutible prioridad, la edificación del Cuerpo de Cristo entre los hombres. Los Movimientos deben afrontar cualquier problema con sentimientos de profunda comunión, con espíritu de adhesión a los legítimos pastores.

Que os sostenga la participación en la oración de la Iglesia, cuya liturgia es la expresión más elevada de la belleza de la gloria de Dios, y constituye de algún modo un asomarse del cielo en la tierra.

Os encomiendo a la intercesión de María, a la que invocamos como la "Tota pulcra", la "Toda hermosa", un ideal de belleza que los artistas siempre han tratado de reproducir en sus obras, la "Mujer vestida del sol" (Ap 12, 1), en la que la belleza humana se encuentra con la belleza de Dios.

Con estos sentimientos, envío a todos, como prenda de constante afecto, una especial bendición apostólica.

Vaticano, 22 de mayo de 2006

BENEDICTUS PP. XVI

[© Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana]

#22 De: Información desde Frayescoba.info <claraalbert2000@...>
Fecha: Vie, 14 de Jul, 2006 12:48 pm
Asunto: El envío misionero de Jesús también es para los laicos, recuerda R. Cantalamessa
claraalbert2000
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El envío misionero de Jesús también es para los laicos, recuerda el predicador del Papa

Comentario del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap., a la liturgia del próximo domingo

ROMA, viernes, 14 julio 2006 (ZENIT.org).- Publicamos el comentario del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap. --predicador de la Casa Pontificia-- a la liturgia del próximo domingo, XV del tiempo ordinario.

* * *



Les envió de dos en dos



XV Domingo del tiempo ordinario (B)
Amós 7, 12-15; Efesios 1, 3-14; Marcos 6, 7-13



«Y llama a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón; ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja; sino "Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas"...».

Los estudiosos de la Biblia nos explican que, como de costumbre, el evangelista Marcos, al referir los hechos y las palabras de Cristo, tiene en cuenta la situación y necesidades de la Iglesia en el momento en el que escribe el Evangelio, esto es, después de la resurrección de Cristo. Pero el hecho central y las instrucciones que en este pasaje da Cristo a los apóstoles se refieren al Jesús terreno.

Es el inicio y como las pruebas generales de la misión apostólica. Por el momento se trata de una misión limitada a los pueblos vecinos, esto es, a los compatriotas judíos. Tras la Pascua esta misión será extendida a todo el mundo, también a los paganos: «Id por todo el mundo y predicad la Buena Nueva a toda la creación» [Mc 16, 15. Ndt.].

Este hecho tiene una importancia decisiva para entender la vida y la misión de Cristo. Él no vino para realizar una proeza personal; no quiso ser un meteorito que atraviesa el cielo para después desaparecer en la nada. No vino, en otras palabras, sólo para aquellos pocos miles de personas que tuvieron la posibilidad de verle y escucharle en persona durante su vida. Pensó que su misión tenía que continuar, ser permanente, de manera que cada persona, en todo tiempo y lugar de la historia, tuviera la posibilidad de escuchar la Buena Nueva del amor de Dios y ser salvado.

Por esto eligió colaboradores y comenzó a enviarles por delante a predicar el Reino y curar a los enfermos. Hizo con sus discípulos lo que hace hoy con sus seminaristas un buen rector de seminario, quien, los fines de semana, envía a sus muchachos a las parroquias para que empiecen a tener experiencia pastoral, o les manda a instituciones caritativas a que ayuden a cuantos se ocupan de los pobres, de los extracomunitarios, para que se preparen a la que un día será su misión.

La invitación de Jesús «¡Id!» se dirige en primer lugar a los apóstoles, y hoy a sus sucesores: el Papa, los obispos, los sacerdotes. Pero no sólo a ellos. Éstos deben ser las guías, los animadores de los demás, en la misión común. Pensar de otro modo sería como decir que se puede hacer una guerra sólo con los generales y los capitanes, sin soldados; o que se puede poner en pié un equipo de fútbol sólo con un entrenador y un árbitro, sin jugadores.

Tras este envío de los apóstoles, Jesús, se lee en el Evangelio de Lucas, «designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios a donde él había de ir» (Lc 10, 1). Estos setenta y dos discípulos eran probablemente todos los que Él había reunido hasta ese momento, o al menos todos los que le seguían con cierta continuidad. Jesús, por lo tanto, envía a todos sus discípulos, también a los laicos.

La Iglesia del post-Concilio ha asistido a un florecimiento de esta conciencia. Los laicos de los movimientos eclesiales son los sucesores de esos 72 discípulos... La vigilia de Pentecostés brindó una imagen de las dimensiones de este fenómeno con esos cientos de miles de jóvenes llegados a la Plaza de San Pedro para celebrar con el Papa las Vísperas de la Solemnidad. Lo que más impresionaba era el gozo y el entusiasmo de los presentes. Claramente para esos jóvenes vivir y anunciar el Evangelio no era un peso aceptado sólo por deber, sino una alegría, un privilegio, algo que hace la vida más bella de vivir.

El Evangelio emplea sólo una palabra para decir qué debían predicar los apóstoles a la gente («que se convirtieran»), mientras que describe largamente cómo debían predicar. Al respecto, una enseñanza importante se contiene en el hecho de que Jesús les envía de dos en dos. Eso de ir de dos en dos era habitual en aquellos tiempos, pero con Jesús asume un significado nuevo, ya no sólo práctico. Jesús les envía de dos en dos –explicaba San Gregorio Magno— para inculcar la caridad, porque menos que entre dos personas no puede haber ahí caridad. El primer testimonio que dar de Jesús es el del amor recíproco: «En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros» (Jn 13, 35).

Hay que estar atentos para no interpretar mal la frase de Jesús sobre el marcharse sacudiéndose también el polvo de los pies cuando no son recibidos. Éste, en la intención de Cristo, debía ser un testimonio «para» ellos, no contra ellos. Debía servir para hacerles entender que los misioneros no habían ido por interés, para sacarles dinero u otras cosas; que, más aún, no querían llevarse ni siquiera su polvo. Habían acudido por su salvación y, rechazándoles, se privaban a sí mismos del mayor bien del mundo.

Es algo que también hay que recalcar hoy. La Iglesia no anuncia el Evangelio para aumentar su poder o el número de sus miembros. Si actuara así, traicionaría la primera el Evangelio. Lo hace porque quiere compartir el don recibido, porque ha recibido de Cristo el mandato: «Gratis lo habéis recibido, dadlo gratis».

[Traducción y adaptación del italiano: Zenit.org]


#21 De: ignacio marcos <imarcos2006@...>
Fecha: Lun, 10 de Jul, 2006 8:28 am
Asunto: discurso vigilia
imarcos2006
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Discurso del Papa en la Vigilia del V Encuentro Mundial de las Familias
En el entorno de la Ciudad de las Artes y las Ciencias
VALENCIA, sábado, 8 julio 2006 (ZENIT.org).- Publicamos el discurso que dirigió Benedicto XVI en la noche de este sábado, durante la vigilia del V Encuentro Mundial de las Familias, que se celebró en el entorno de la Ciudad de las Artes y las Ciencias.

* * *


Amados hermanos y hermanas:
Siento un gran gozo al participar en este encuentro de oración, en el cual se quiere celebrar con gran alegría el don divino de la familia. Me siento muy cercano con la oración a todos los que han vivido recientemente el luto en esta ciudad, y con la esperanza en Cristo resucitado, que da aliento y luz aún en los momentos de mayor desgracia humana.

Unidos por la misma fe en Cristo, nos hemos congregado aquí, desde tantas partes del mundo, como una comunidad que agradece y da testimonio con júbilo de que el ser humano fue creado a imagen y semejanza de Dios para amar y que sólo se realiza plenamente a sí mismo cuando hace entrega sincera de sí a los demás. La familia es el ámbito privilegiado donde cada persona aprende a dar y recibir amor. Por eso la Iglesia manifiesta constantemente su solicitud pastoral por este espacio fundamental para la persona humana. Así lo enseña en su Magisterio: "Dios, que es amor y creó al hombre por amor, lo ha llamado a amar. Creando al hombre y a la mujer, los ha llamado en el Matrimonio a una íntima comunión de vida y amor entre ellos, «de manera que ya no son dos, sino una sola carne» (Mt 19, 6)" (Catecismo de la Iglesia Católica. Compendio, 337).

Ésta es la verdad que la Iglesia proclama sin cesar al mundo. Mi querido predecesor Juan Pablo II, decía que "El hombre se ha convertido en ‘imagen y semejanza’ de Dios, no sólo a través de la propia humanidad, sino también a través de la comunión de las personas que el varón y la mujer forman desde el principio. Se convierten en imagen de Dios, no tanto en el momento de la soledad, cuanto en el momento de la comunión" (Catequesis, 14-XI-1979). Por eso he confirmado la convocatoria de este V Encuentro Mundial de las Familias en España, y concretamente en Valencia, rica en sus tradiciones y orgullosa de la fe cristiana que se vive y cultiva en tantas familias.

La familia es una institución intermedia entre el individuo y la sociedad, y nada la puede suplir totalmente. Ella misma se apoya sobre todo en una profunda relación interpersonal entre el esposo y la esposa, sostenida por el afecto y comprensión mutua. Para ello recibe la abundante ayuda de Dios en el sacramento del matrimonio, que comporta verdadera vocación a la santidad. Ojalá que los hijos contemplen más los momentos de armonía y afecto de los padres, que no los de discordia o distanciamiento, pues el amor entre el padre y la madre ofrece a los hijos una gran seguridad y les enseña la belleza del amor fiel y duradero.
La familia es un bien necesario para los pueblos, un fundamento indispensable para la sociedad y un gran tesoro de los esposos durante toda su vida. Es un bien insustituible para los hijos, que han de ser fruto del amor, de la donación total y generosa de los padres. Proclamar la verdad integral de la familia, fundada en el matrimonio como Iglesia doméstica y santuario de la vida, es una gran responsabilidad de todos.

El padre y la madre se han dicho un "sí" total ante de Dios, lo cual constituye la base del sacramento que les une; asimismo, para que la relación interna de la familia sea completa, es necesario que digan también un "sí" de aceptación a sus hijos, a los que han engendrado o adoptado y que tienen su propia personalidad y carácter. Así, éstos irán creciendo en un clima de aceptación y amor, y es de desear que al alcanzar una madurez suficiente quieran dar a su vez un "sí" a quienes les han dado la vida.

Los desafíos de la sociedad actual, marcada por la dispersión que se genera sobre todo en el ámbito urbano, hacen necesario garantizar que las familias no estén solas. Un pequeño núcleo familiar puede encontrar obstáculos difíciles de superar si se encuentra aislado del resto de sus parientes y amistades. Por ello, la comunidad eclesial tiene la responsabilidad de ofrecer acompañamiento, estímulo y alimento espiritual que fortalezca la cohesión familiar, sobre todo en las pruebas o momentos críticos. En este sentido, es muy importante la labor de las parroquias, así como de las diversas asociaciones eclesiales, llamadas a colaborar como redes de apoyo y mano cercana de la Iglesia para el crecimiento de la familia en la fe.

Cristo ha revelado cuál es siempre la fuente suprema de la vida para todos y, por tanto, también para la familia: "Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que quien da la vida por sus amigos" (Jn 15,12-13). El amor de Dios mismo se ha derramado sobre nosotros en el bautismo. De ahí que las familias están llamadas a vivir esa calidad de amor, pues el Señor es quien se hace garante de que eso sea posible para nosotros a través del amor humano, sensible, afectuoso y misericordioso como el de Cristo.

Junto con la transmisión de la fe y del amor del Señor, una de las tareas más grandes de la familia es la de formar personas libres y responsables. Por ello los padres han de ir devolviendo a sus hijos la libertad, de la cual durante algún tiempo son tutores. Si éstos ven que sus padres -y en general los adultos que les rodean- viven la vida con alegría y entusiasmo, incluso a pesar de las dificultades, crecerá en ellos más fácilmente ese gozo profundo de vivir que les ayudará a superar con acierto los posibles obstáculos y contrariedades que conlleva la vida humana. Además, cuando la familia no se cierra en sí misma, los hijos van aprendiendo que toda persona es digna de ser amada, y que hay una fraternidad fundamental universal entre todos los seres humanos.

Este V Encuentro Mundial nos invita a reflexionar sobre un tema de particular importancia y que comporta una gran responsabilidad para nosotros: "La transmisión de la fe en la familia". Lo expresa muy bien el Catecismo de la Iglesia Católica: "Como una madre que enseña a sus hijos a hablar y con ello a comprender y comunicar, la Iglesia, nuestra Madre, nos enseña el lenguaje de la fe para introducirnos en la inteligencia y la vida de fe" (n. 171).

Como se simboliza en la liturgia del bautismo, con la entrega del cirio encendido, los padres son asociados al misterio de la nueva vida como hijos de Dios, que se recibe con las aguas bautismales.

Transmitir la fe a los hijos, con la ayuda de otras personas e instituciones como la parroquia, la escuela o las asociaciones católicas, es una responsabilidad que los padres no pueden olvidar, descuidar o delegar totalmente. "La familia cristiana es llamada Iglesia doméstica, porque manifiesta y realiza la naturaleza comunitaria y familiar de la Iglesia en cuanto familia de Dios. Cada miembro, según su propio papel, ejerce el sacerdocio bautismal, contribuyendo a hacer de la familia una comunidad de gracia y de oración, escuela de virtudes humanas y cristianas y lugar del primer anuncio de la fe a los hijos" (Catecismo de la Iglesia Católica. Compendio, 350). Y además: "Los padres, partícipes de la paternidad divina, son los primeros responsables de la educación de sus hijos y los primeros anunciadores de la fe. Tienen el deber de amar y de respetar a sus hijos como personas y como hijos de Dios... En especial, tienen la misión de educarlos en la fe cristiana" (ibíd., 460).

El lenguaje de la fe se aprende en los hogares donde esta fe crece y se fortalece a través de la oración y de la práctica cristiana. En la lectura del Deuteronomio hemos escuchado la oración repetida constantemente por el pueblo elegido, la Shema Israel, y que Jesús escucharía y repetiría en su hogar de Nazaret. Él mismo la recordaría durante su vida pública, como nos refiere el evangelio de Marcos (Mc 12,29). Ésta es la fe de la Iglesia que viene del amor de Dios, por medio de vuestras familias. Vivir la integridad de esta fe, en su maravillosa novedad, es un gran regalo. Pero en los momentos en que parece que se oculta el rostro de Dios, creer es difícil y cuesta un gran esfuerzo.

Este encuentro da nuevo aliento para seguir anunciando el Evangelio de la familia, reafirmar su vigencia e identidad basada en el matrimonio abierto al don generoso de la vida, y donde se acompaña a los hijos en su crecimiento corporal y espiritual. De este modo se contrarresta un hedonismo muy difundido, que banaliza las relaciones humanas y las vacía de su genuino valor y belleza. Promover los valores del matrimonio no impide gustar plenamente la felicidad que el hombre y la mujer encuentran en su amor mutuo. La fe y la ética cristiana, pues, no pretenden ahogar el amor, sino hacerlo más sano, fuerte y realmente libre. Para ello, el amor humano necesita ser purificado y madurar para ser plenamente humano y principio de una alegría verdadera y duradera (cf. Discurso en san Juan de Letrán, 5 junio 2006).

Invito, pues, a los gobernantes y legisladores a reflexionar sobre el bien evidente que los hogares en paz y en armonía aseguran al hombre, a la familia, centro neurálgico de la sociedad, como recuerda la Santa Sede en la Carta de los Derechos de la Familia. El objeto de las leyes es el bien integral del hombre, la respuesta a sus necesidades y aspiraciones. Esto es una ayuda notable a la sociedad, de la cual no se puede privar y para los pueblos es una salvaguarda y una purificación. Además, la familia es una escuela de humanización del hombre, para que crezca hasta hacerse verdaderamente hombre. En este sentido, la experiencia de ser amados por los padres lleva a los hijos a tener conciencia de su dignidad de hijos.

La criatura concebida ha de ser educada en la fe, amada y protegida. Los hijos, con el fundamental derecho a nacer y ser educados en la fe, tienen derecho a un hogar que tenga como modelo el de Nazaret y sean preservados de toda clase de insidias y amenazas.
Deseo referirme ahora a los abuelos, tan importantes en las familias. Yo soy el abuelo del mundo, hemos escuchado ahora. Ellos pueden ser -y son tantas veces- los garantes del afecto y la ternura que todo ser humano necesita dar y recibir. Ellos dan a los pequeños la perspectiva del tiempo, son memoria y riqueza de las familias. Ojalá que, bajo ningún concepto, sean excluidos del círculo familiar. Son un tesoro que no podemos arrebatarles a las nuevas generaciones, sobre todo cuando dan testimonio de fe ante la cercanía de la muerte.
Quiero ahora recitar una parte de la oración que habéis rezado pidiendo por el buen fruto de este Encuentro Mundial de las Familias:

Oh, Dios, que en la Sagrada Familia
nos dejaste un modelo perfecto de vida familiar
vivida en la fe y la obediencia a tu voluntad.
Ayúdanos a ser ejemplo de fe y amor a tus mandamientos.
Socórrenos en nuestra misión de transmitir la fe a nuestros hijos.
Abre su corazón para que crezca en ellos
la semilla de la fe que recibieron en el bautismo.
Fortalece la fe de nuestros jóvenes,
para que crezcan en el conocimiento de Jesús.
Aumenta el amor y la fidelidad en todos los matrimonios,
especialmente aquellos que pasan por momentos de sufrimiento o dificultad.
(. . .)
Unidos a José y María,
Te lo pedimos por Jesucristo tu Hijo, nuestro Señor. Amén.



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#20 De: ignacio marcos <imarcos2006@...>
Fecha: Lun, 10 de Jul, 2006 8:27 am
Asunto: homilia del papa (domingo)
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Homilía del Papa en la misa de clausura del V Encuentro Mundial de las Familias
VALENCIA, domingo, 9 julio 2006 (ZENIT.org).- Publicamos la homilía que pronunció Benedicto XVI durante la misa de clausura del V Encuentro Mundial de las Familias que celebró en la Ciudad de las Artes y de las Ciencias de Valencia.

* * *


Queridos hermanos y hermanas:
En esta Santa Misa que tengo la inmensa alegría de presidir, concelebrando con numerosos Hermanos en el episcopado y con un gran número de sacerdotes, doy gracias al Señor por todas las amadas familias que os habéis congregado aquí formando una multitud jubilosa, y también por tantas otras que, desde lejanas tierras, seguís esta celebración a través de la radio y la televisión. A todos deseo saludaros y expresaros mi gran afecto con un abrazo de paz.

Los testimonios de Ester y Pablo, que hemos escuchado antes en las lecturas, muestran cómo la familia está llamada a colaborar en la transmisión de la fe. Ester confiesa: "Mi padre me ha contado que tú, Señor, escogiste a Israel entre las naciones" (14,5). Pablo sigue la tradición de sus antepasados judíos dando culto a Dios con conciencia pura. Alaba la fe sincera de Timoteo y le recuerda "esa fe que tuvieron tu abuela Loide y tu madre Eunice, y que estoy seguro que tienes también tú" (2 Tm 1,5). En estos testimonios bíblicos la familia comprende no sólo a padres e hijos, sino también a los abuelos y antepasados. La familia se nos muestra así como una comunidad de generaciones y garante de un patrimonio de tradiciones.

Ningún hombre se ha dado el ser a sí mismo ni ha adquirido por sí solo los conocimientos elementales para la vida. Todos hemos recibido de otros la vida y las verdades básicas para la misma, y estamos llamados a alcanzar la perfección en relación y comunión amorosa con los demás. La familia, fundada en el matrimonio indisoluble entre un hombre y una mujer, expresa esta dimensión relacional, filial y comunitaria, y es el ámbito donde el hombre puede nacer con dignidad, crecer y desarrollarse de un modo integral.

Cuando un niño nace, a través de la relación con sus padres empieza a formar parte de una tradición familiar, que tiene raíces aún más antiguas. Con el don de la vida recibe todo un patrimonio de experiencia. A este respecto, los padres tienen el derecho y el deber inalienable de transmitirlo a los hijos: educarlos en el descubrimiento de su identidad, iniciarlos en la vida social, en el ejercicio responsable de su libertad moral y de su capacidad de amar a través de la experiencia de ser amados y, sobre todo, en el encuentro con Dios. Los hijos crecen y maduran humanamente en la medida en que acogen con confianza ese patrimonio y esa educación que van asumiendo progresivamente. De este modo son capaces de elaborar una síntesis personal entre lo recibido y lo nuevo, y que cada uno y cada generación está llamado a realizar.

En el origen de todo hombre y, por tanto, en toda paternidad y maternidad humana está presente Dios Creador. Por eso los esposos deben acoger al niño que les nace como hijo no sólo suyo, sino también de Dios, que lo ama por sí mismo y lo llama a la filiación divina. Más aún: toda generación, toda paternidad y maternidad, toda familia tiene su principio en Dios, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo.

A Ester su padre le había trasmitido, con la memoria de sus antepasados y de su pueblo, la de un Dios del que todos proceden y al que todos están llamados a responder. La memoria de Dios Padre que ha elegido a su pueblo y que actúa en la historia para nuestra salvación. La memoria de este Padre ilumina la identidad más profunda de los hombres: de dónde venimos, quiénes somos y cuán grande es nuestra dignidad. Venimos ciertamente de nuestros padres y somos sus hijos, pero también venimos de Dios, que nos ha creado a su imagen y nos ha llamado a ser sus hijos. Por eso, en el origen de todo ser humano no existe el azar o la casualidad, sino un proyecto del amor de Dios. Es lo que nos ha revelado Jesucristo, verdadero Hijo de Dios y hombre perfecto. Él conocía de quién venía y de quién venimos todos: del amor de su Padre y Padre nuestro.

La fe no es, pues, una mera herencia cultural, sino una acción continua de la gracia de Dios que llama y de la libertad humana que puede o no adherirse a esa llamada. Aunque nadie responde por otro, sin embargo los padres cristianos están llamados a dar un testimonio creíble de su fe y esperanza cristiana. Han de procurar que la llamada de Dios y la Buena Nueva de Cristo lleguen a sus hijos con la mayor claridad y autenticidad.

Con el pasar de los años, este don de Dios que los padres han contribuido a poner ante los ojos de los pequeños necesitará también ser cultivado con sabiduría y dulzura, haciendo crecer en ellos la capacidad de discernimiento. De este modo, con el testimonio constante del amor conyugal de los padres, vivido e impregnado de la fe, y con el acompañamiento entrañable de la comunidad cristiana, se favorecerá que los hijos hagan suyo el don mismo de la fe, descubran con ella el sentido profundo de la propia existencia y se sientan gozosos y agradecidos por ello.

La familia cristiana transmite la fe cuando los padres enseñan a sus hijos a rezar y rezan con ellos (cf. Familiaris consortio, 60); cuando los acercan a los sacramentos y los van introduciendo en la vida de la Iglesia; cuando todos se reúnen para leer la Biblia, iluminando la vida familiar a la luz de la fe y alabando a Dios como Padre.

En la cultura actual se exalta muy a menudo la libertad del individuo concebido como sujeto autónomo, como si se hiciera él sólo y se bastara a sí mismo, al margen de su relación con los demás y ajeno a su responsabilidad ante ellos. Se intenta organizar la vida social sólo a partir de deseos subjetivos y mudables, sin referencia alguna a una verdad objetiva previa como son la dignidad de cada ser humano y sus deberes y derechos inalienables a cuyo servicio debe ponerse todo grupo social.

La Iglesia no cesa de recordar que la verdadera libertad del ser humano proviene de haber sido creado a imagen y semejanza de Dios. Por ello, la educación cristiana es educación de la libertad y para la libertad. "Nosotros hacemos el bien no como esclavos, que no son libres de obrar de otra manera, sino que lo hacemos porque tenemos personalmente la responsabilidad con respecto al mundo; porque amamos la verdad y el bien, porque amamos a Dios mismo y, por tanto, también a sus criaturas. Ésta es la libertad verdadera, a la que el Espíritu Santo quiere llevarnos" (Homilía en la vigilia de Pentecostés, L’Osservatore Romano, edic. lengua española, 9-6-2006, p. 6).

Jesucristo es el hombre perfecto, ejemplo de libertad filial, que nos enseña a comunicar a los demás su mismo amor: "Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor" (Jn 15,9). A este respecto enseña el Concilio Vaticano II que "los esposos y padres cristianos, siguiendo su propio camino, deben apoyarse mutuamente en la gracia, con un amor fiel a lo largo de toda su vida, y educar en la enseñanza cristiana y en los valores evangélicos a sus hijos recibidos amorosamente de Dios. De esta manera ofrecen a todos el ejemplo de un amor incansable y generoso, construyen la fraternidad de amor y son testigos y colaboradores de la fecundidad de la Madre Iglesia como símbolo y participación de aquel amor con el que Cristo amó a su esposa y se entregó por ella" (Lumen gentium, 41).

La alegría amorosa con la que nuestros padres nos acogieron y acompañaron en los primeros pasos en este mundo es como un signo y prolongación sacramental del amor benevolente de Dios del que procedemos. La experiencia de ser acogidos y amados por Dios y por nuestros padres es la base firme que favorece siempre el crecimiento y desarrollo auténtico del hombre, que tanto nos ayuda a madurar en el camino hacia la verdad y el amor, y a salir de nosotros mismos para entrar en comunión con los demás y con Dios.

Para avanzar en ese camino de madurez humana, la Iglesia nos enseña a respetar y promover la maravillosa realidad del matrimonio indisoluble entre un hombre y una mujer, que es, además, el origen de la familia. Por eso, reconocer y ayudar a esta institución es uno de los mayores servicios que se pueden prestar hoy día al bien común y al verdadero desarrollo de los hombres y de las sociedades, así como la mejor garantía para asegurar la dignidad, la igualdad y la verdadera libertad de la persona humana.

En este sentido, quiero destacar la importancia y el papel positivo que a favor del matrimonio y de la familia realizan las distintas asociaciones familiares eclesiales. Por eso, "deseo invitar a todos los cristianos a colaborar, cordial y valientemente con todos los hombres de buena voluntad, que viven su responsabilidad al servicio de la familia" (Familiaris consortio, 86), para que uniendo sus fuerzas y con una legítima pluralidad de iniciativas contribuyan a la promoción del verdadero bien de la familia en la sociedad actual.

Volvamos por un momento a la primera lectura de esta Misa, tomada del libro de Ester. La Iglesia orante ha visto en esta humilde reina, que intercede con todo su ser por su pueblo que sufre, un prefiguración de María, que su Hijo nos ha dado a todos nosotros como Madre; una prefiguración de la Madre, que protege con su amor a la familia de Dios que peregrina en este mundo. María es la imagen ejemplar de todas las madres, de su gran misión como guardianas de la vida, de su misión de enseñar el arte de vivir, el arte de amar.

La familia cristiana –padre, madre e hijos- está llamada, pues, a cumplir los objetivos señalados no como algo impuesto desde fuera, sino como un don de la gracia del sacramento del matrimonio infundida en los esposos. Si éstos permanecen abiertos al Espíritu y piden su ayuda, él no dejará de comunicarles el amor de Dios Padre manifestado y encarnado en Cristo. La presencia del Espíritu ayudará a los esposos a no perder de vista la fuente y medida de su amor y entrega, y a colaborar con él para reflejarlo y encarnarlo en todas las dimensiones de su vida. El Espíritu suscitará asimismo en ellos el anhelo del encuentro definitivo con Cristo en la casa de su Padre y Padre nuestro. Éste es el mensaje de esperanza que desde Valencia quiero lanzar a todas las familias del mundo. Amén.



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#19 De: Información desde Frayescoba.info <claraalbert2000@...>
Fecha: Mié, 5 de Jul, 2006 4:09 pm
Asunto: Seis mil personas en el Congreso Teológico-Pastoral sobre la Familia
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La crisis de fe, crisis de la familia; según el cardenal Cañizares

Seis mil personas en el Congreso Teológico-Pastoral sobre la Familia

VALENCIA, miércoles, 5 julio 2006 (ZENIT.org).- En el marco del V Encuentro Mundial de las Familias que se celebra en Valencia desde el día 1 de julio, se ha vivido este miércoles la segunda jornada del Congreso Teológico-Pastoral al que asisten unas seis mil personas, con treinta cardenales y numerosos obispos de todo el mundo.

Tras una oración introductoria, guiada por el cardenal Telesphore Placidus Toppo, arzobispo de Ranchi, India, la ponencia primera del día estuvo a cargo del cardenal Antonio Cañizares, arzobispo de Toledo, sobre «la transmisión de la fe en la familia».

«La experiencia personal --empezó diciendo el cardenal Cañizares-- pone de manifiesto que cuando falla la familia, se encuentran serias dificultades para transmitir la fe y acoger la fe, y cuando esta transmisión no se ha dado en el ámbito familiar en los primeros pasos de la vida, qué difícil es suscitarla años más tarde».

Sin embargo hoy, recalcó el cardenal arzobispo de Toledo, «en buena parte de los casos, la familia ha dejado de ser cauce para la transmisión de la fe. Ahí apunta buena parte de la crisis de la fe, de la educación de la fe. Crisis de la familia, crisis de fe; pero también crisis de fe es crisis de la familia».

El cardenal se preguntó: «¿Ha dejado, en verdad, la familia de ser cauce y ámbito? ¿Qué es lo que pasa en la familia, o qué es lo que debiera pasar para que la familia en nuestros días fuera de nuevo ese ámbito, esa matriz donde no sólo seamos engendrados y venidos a la vida, sino donde también seamos nacidos y educados a la vida de fe de manera insustituible?».

En este sentido, denunció una «situación lacerante» de «fortísima secularización, de una cultura que se nos impone en la que se pretende olvidar a Dios y que Dios no cuente en la esfera pública».

Recalcó que estamos «ante el drama de la apostasía silenciosa de buena parte de cristianos, ante la secularización interna de la misma comunidad eclesial». Por lo que «la familia cristiana tiene, hoy más que nunca, una misión nobilísima e ineludible, como es transmitir la fe, que implica la entrega a Jesucristo y la inserción en la comunidad eclesial».

El cardenal enunció tres principios que fundamentan la transmisión de la fe en la familia: Jesucristo, luz que ilumina la verdad y misión de la familia; La familia, comunidad de personas, al servicio de la vida; La familia transmisora y educadora de la fe.

«No lo tiene fácil la familia para llevar a cabo su cometido de educadora y de transmisora de la fe –afirmó el cardenal Cañizares--. Hay mucho prejuicio y sospecha en nuestros tiempos contra la familia; se piensa que la familia es incapaz de educar, de formar la personalidad de los hijos; otras instituciones de la sociedad y aún de la misma Iglesia –así piensan- han de hacer por los hijos lo que la familia no puede hacer».

«Muchos padres --concluyó-- se encuentran hoy desalentados, han dimitido de su labor educadora, y no digamos nada de la transmisión de la fe; se sienten impotentes o piensan que ese cometido lo han de ocupar otros. Pero la familia tiene recursos para darle al hombre lo que no puede dar ninguna otra institución simplemente humana. En una sociedad disgregada y fragmentada, la familia es la primera y fundamental escuela de humanización».


#18 De: Información desde Frayescoba.info <claraalbert2000@...>
Fecha: Mié, 5 de Jul, 2006 4:04 pm
Asunto: Inaugurado el Congreso Teológico-Pastoral sobre la Familia en Valencia
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Inaugurado el Congreso Teológico-Pastoral sobre la Familia en Valencia

«La transmisión de la fe en familia»

VALENCIA, martes, 4 julio 2006 (ZENIT.org).- Con una oración por las víctimas del trágico accidente del metro de Valencia, presidida por el cardenal Alfonso López Trujillo, se inauguró esta tarde en Valencia el Congreso Teológico-Pastoral con el lema «la transmisión de la fe en familia».

En atención al luctuoso acontecimiento, se han eliminado del programa de la Feria de las Familias todos los actos festivos y se han suprimido de este Congreso las intervenciones de las autoridades y del arzobispo de Valencia en el acto de inauguración, debido a que están dedicados a la atención al funeral por las víctimas.

El cardenal López Trujillo, en la oración, dijo que este «es un momento de dolor y de prueba para una ciudad alegre, gozosa que espera al Sucesor de Pedro. Queremos sumarnos desde lo hondo de nuestra fraternidad en una oración que nos recuerda el encuentro definitivo».

Para poder facilitar la asistencia de los congresistas al funeral de las siete de la tarde en la catedral, se acortaron las intervenciones de este congreso.

El cardenal Carlo Caffarra, arzobispo de Bolonia, dividió la ponencia inaugural en dos partes. En la primera se propuso mostrar la bondad ética de la institución matrimonial en sí, aparte del sacramento. En la segunda, mostrar lo que es hoy en occidente la discusión sobre el tema. Optó por desarrollar sólo la segunda parte.

«No hay duda --dijo el cardenal Caffarra-- de que la percepción clara del valor, de la preciosidad propia del matrimonio se va hoy gradualmente oscureciendo. El hecho a mi juicio más emblemático de este oscurecimiento ha sido que el 18 de enero de 2006, con 468 votos a favor, 149 contrarios y 41 abstenciones, el Parlamento Europeo aprobó una resolución que invita a equiparar las parejas homosexuales a las de hombre y mujer y condena como homofóbicos a los Estados y países que se oponen al reconocimiento de las parejas gay».

«Este hecho --añadió-- no había sucedido nunca en la historia de la humanidad. La relación homosexual ha sido siempre y es también hoy diversamente juzgado desde el punto de vista del comportamiento personal».

¿Por qué se ha llegado a esta petición? ¿Qué estamos arriesgando en ella?, se preguntó el ponente.

«La petición de equiparar en los ordenamientos jurídicos matrimonio, uniones de hecho y convivencias homosexuales es el punto de llegada coherente con una falsa concepción de laicidad del Estado», respondió.

De estos se deduce que «ninguna concepción de vida buena es verdadera en alternativa a la contraria. Es imposible (según esta concepción) cualificar como verdadera una concepción de vida y como falsa a su contraria, desde el momento en que expresan siempre y simplemente fines y preferencias subjetivamente motivados y siempre revisables».

El corolario de este presupuesto, dijo el cardenal Caffarra, es que «cualquier opción (legislativa, administrativa…) a favor de una concepción en lugar de otra se hace inevitablemente parcialidad injusta y violación de la autonomía del sujeto. Por tanto: completa equiparación entre matrimonio, parejas gay y uniones de hecho».

El segundo presupuesto del que nace la actual radicalización del concepto de laicidad es que «debe ser posible organizar la vida asociada prescindiendo imparcialmente de las diversas concepciones de vida buena, a través de propuestas universalmente condivisibles porque justificables sin referencia a ninguna de las diversas concepciones de vida buena, pero también a través de propuestas que no son meramente formales o procedimentales».

Respecto a la segunda pregunta, ¿qué estamos arriesgando?, el cardenal afirmó que «una entrada en una crisis sin precedentes de la institución matrimonial, que acompañará la construcción de una sociedad de extraños los unos a los otros. La torre de Babel se hará cada día más la `cifra' de nuestros edificios sociales».

El cardenal Caffarra dijo que la santidad no es más que «el esplendor de la verdad y de la bondad propia de la persona humana. Es el esplendor del amor conyugal que refulge hoy todavía en tantas parejas el que disolverá la niebla de ideologías devastantes: y lo harán simplemente viviendo».

Por último, se preguntó por los jóvenes. «No dudo en decir que hoy en nuestra sociedad occidental la principal emergencia es la emergencia educativa: una entera generación de adultos no sabe ya educar a una entera generación de jóvenes. Ya la razón es simple y grave. Educar significa introducir a la realidad y la clave que abre la puerta es la razón, una razón que no renuncie a sí misma, a tomar en cuenta –sin excluir ninguna- todas las demandas que la realidad presenta».

«Tenemos una gran tarea --concluyó el cardenal--: reconstruir un fuerte lazo educativo dentro y fuera de las familias. Porque la devastación de lo humano a la que asistimos no se para en inútiles lamentos e ineficaces palabras, sino en la regeneración educativa de personas humanas verdaderamente libres y libremente verdaderas. Una vez más a la Iglesia se le pide generar al hombre en Cristo».

 


#17 De: Información desde Frayescoba.info <claraalbert2000@...>
Fecha: Mié, 5 de Jul, 2006 4:06 pm
Asunto: Líderes religiosos buscan en Moscú caminos para garantizar el diálogo
claraalbert2000
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Líderes religiosos buscan en Moscú caminos para garantizar el diálogo entre civilizaciones

Influyendo en las decisiones de los políticos y promoviendo el papel positivo de los creyentes

MOSCÚ, martes, 4 julio 2006 (ZENIT.org).- En un encuentro sin precedentes, poco más de 200 líderes de todas las religiones del mundo y de 40 países distintos, se han reunido durante tres días en la capital rusa para discutir sus posiciones acerca de problemas que aquejan a la sociedad contemporánea.

El objetivo: influenciar de forma favorable las decisiones de los políticos y propiciar un cambio general en el papel que desempeña la religión en tiempos de globalización.

A decir del metropolita Kirill de Smolensk y Kaliningrad, presidente del Departamento de Relaciones Exteriores del Patriarcado de Moscú, en un mundo globalizado donde todos vivimos bajo un «mismo techo», es de suma importancia trabajar no por una «unificación» que acabe con las tradiciones y culturas de los pueblos, sino por una «unión global» donde existan y se respeten dichas tradiciones, entre ellas, las religiosas.

Inaugurada con la presencia del presidente de Rusia, Vladimir Putin, en uno de los hoteles de la zona centro de la ciudad, la «Cumbre Mundial de Líderes Religiosos» era verdaderamente un mosaico multicultural y plurirreligioso.

En los salones y vestíbulos se podían ver monjes budistas, rabinos, metropolitas, cardenales y muftíes conviviendo «codo con codo», en un ambiente donde las diferencias existentes parecían haberse dejado de lado para tratar de encontrar soluciones a problemas tan actuales como el terrorismo, el extremismo, la xenofobia y la intolerancia.

De igual forma se afrontan los desafíos del diálogo entre civilizaciones, el narcotráfico, la venta de armamentos, el papel de los medios de comunicación, la defensa y promoción de la familia y la vida humana, la responsabilidad ecológica y el respeto a los sentimientos religiosos.

«Los ideologistas del terror han construido sus especulaciones basados no sólo en los problemas sociales más apremiantes, sino también en el "analfabetismo" religioso y en los sentimientos separatistas y nacionalistas», dijo en su discurso Vladimir Putin.

«El desconocimiento de las bases culturales de las religiones hace a las personas, sobre todo a las más jóvenes, vulnerables a los movimientos extremistas. La degradación de los principios morales en las sociedades es en gran parte responsable de la xenofobia y el odio racial», expresó el presidente ruso.

«Cada comunidad religiosa tiene experiencia propia en el diálogo entre civilizaciones y es de gran importancia que la utilicen para continuar este diálogo por el bien de nuestros países y naciones», agregó.

Reconociendo la calidad humana y la preparación de los líderes presentes, el presidente Putin sorprendió fuera de protocolo con la promesa de llevar las propuestas de la Cumbre a la reunión del Grupo de los Ocho países más industrializados (G-8), que tendrá lugar en San Petersburgo del 15 al 17 de julio.

«Todas sus ideas serán no solamente escuchadas por los líderes del G-8, sino recibidas para ser llevadas a cabo», prometió Putin.

Por su parte el Patriarca de Moscú y de todas las Rusias, Su Beatitud Alejo II, anfitrión principal de la Cumbre, expresó su esperanza de que los líderes religiosos sean capaces de formular un acercamiento en común para afrontar los problemas tratados en el encuentro.

La Cumbre, según el patriarca, busca «prevenir que conflictos étnicos se conviertan en religiosos y detener la proliferación de movimientos destructivos pseudo-religiosos», afirmó el Patriarca.

En representación del Islam, el ayatolá Ali-Tashiri, de Irán, pidió que la misión de la Cumbre se orientara hacia «la sinceridad y el respeto de todos los líderes religiosos para que las diferencias fueran resueltas y se actuara en favor del mundo, del hombre y de Dios [Alá]».

Afirmó que los líderes religiosos del mundo «están llamados a encontrar denominadores comunes y a cooperar en lo que los une, en lugar de centrar su atención en lo que los separa».

Agregó que el Islam llama a la gente a trabajar por el bien común, por lo que se debía luchar contra el terrorismo. «Si elevamos los valores morales, podremos librarnos entonces de esta enfermedad», mencionó Ali-Tashiri.

Por su parte, el rabino jefe de Israel, Yonah Metzger, en nombre de la religión Judía, llamó a los líderes presentes a formar una organización internacional, tipo Naciones Unidas, para las comunidades religiosas.

«Las religiones deben dialogar entre ellas. Aún y cuando entre los países no existan relaciones diplomáticas», declaró Metzger.

En sus palabras una organización de este tipo debería reunirse constantemente para ayudar a la solución de los problemas más urgentes y al fortalecimiento de la espiritualidad. Y el objetivo principal debería ser: predicar el mandamiento de «no matar», dijo el rabino.

«Nunca hay que permitir matar en nombre de Dios, en nombre de la religión», subrayó.

Resaltando también el papel de los líderes religiosos en el combate de los problemas contemporáneos, el patriarca principal de los budistas en Camboya, Tep Vong, aseguró que los monjes budistas «van a luchar contra el terrorismo y el extremismo, así como a favorecer el diálogo».

«La solución de los problemas actuales debe buscarse en los estudios religiosos porque la religión conlleva solidaridad y hermandad», señaló el patriarca budista.

Al platicar Zenit con el cardenal Theodore Edgar McCarrick, arzobispo emérito de Washington, sobre qué era a su parecer lo más relevante del encuentro, sin titubear respondió: «lo más importante es que el evento haya tenido lugar y que sea en Rusia, en Moscú, donde 15 años atrás hubiera sido simplemente impensable».

Los periodistas preguntaron al metropolita Kirill de Smolensk y Kaliningrad por qué no fue invitado a la Cumbre el Papa Benedicto XVI. El representante del patriarcado respondió: «El encuentro entre el Papa y el Patriarca Alejo II debe ser un evento diferente a la Cumbre. Si se dan las circunstancias, por sus características e importancia, debe ser en otro momento y lugar. No en la Cumbre. Y esto lo entiende bien el Vaticano. Por ello nos han mandado una delegación de muy alto nivel».

«Me parece que es más una percepción de los periodistas el tratar de hallar algo en esto», comenta.

Entre los ausentes también está el Dalai Lama. A decir del metropolita Kirill, el hecho se debió a una serie de negociaciones delicadas con el gobierno chino. Para no interferir en las relaciones diplomáticas los organizadores tuvieron que abstenerse de su presencia.


#14 De: ignacio marcos <imarcos2006@...>
Fecha: Lun, 3 de Jul, 2006 7:03 pm
Asunto: homilia del dia de S. Pedro
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 CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 3 julio 2006 (ZENIT.org).- El jueves 29 de junio, solemnidad de San Pedro y San Pablo, patronos de Roma, Benedicto XVI presidió por la mañana, en la basílica vaticana, una misa durante la cual bendijo e impuso el palio a 27 arzobispos metropolitanos procedentes de 17 países: eran 11 de América, 8 de Europa, 5 de África y 3 de Asia.

Entre los presentes, un lugar destacado ocupaba la delegación la Iglesia de Constantinopla, enviada por el patriarca ecuménico Bartolomé I, presidida por S. E. Ioannis (Zizioulas), metropolita de Pérgamo.

Publicamos la homilía del Santo Padre.

* * *



Queridos hermanos y hermanas:

"Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia" (Mt 16, 18). ¿Qué es lo que dice propiamente el Señor a Pedro con estas palabras? ¿Qué promesa le hace con ellas y qué tarea le encomienda? Y ¿qué nos dice a nosotros, al Obispo de Roma, que ocupa la cátedra de Pedro, y a la Iglesia de hoy?

Si queremos comprender el significado de las palabras de Jesús, debemos recordar que los evangelios nos relatan tres situaciones diversas en las que el Señor, cada vez de un modo particular, encomienda a Pedro la tarea que deberá realizar. Se trata siempre de la misma tarea, pero las diversas situaciones e imágenes que usa nos ilustran claramente qué es lo que quería y quiere el Señor.

En el evangelio de san Mateo, que acabamos de escuchar, Pedro confiesa su fe en Jesús, reconociéndolo como Mesías e Hijo de Dios. Por ello el Señor le encarga su tarea particular mediante tres imágenes: la de la roca, que se convierte en cimiento o piedra angular, la de las llaves y la de atar y desatar. En este momento no quiero volver a interpretar estas tres imágenes que la Iglesia, a lo largo de los siglos, ha explicado siempre de nuevo; más bien, quisiera llamar la atención sobre el lugar geográfico y sobre el contexto cronológico de estas palabras.

La promesa tiene lugar junto a las fuentes del Jordán, en la frontera de Judea, en el confín con el mundo pagano. El momento de la promesa marca un viraje decisivo en el camino de Jesús: ahora el Señor se encamina hacia Jerusalén y, por primera vez, dice a los discípulos que este camino hacia la ciudad santa es el camino que lleva a la cruz: "Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que él debía ir a Jerusalén y sufrir mucho de parte de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, y ser matado y resucitar al tercer día" (Mt 16, 21).

Ambas cosas van juntas y determinan el lugar interior del Primado, más aún, de la Iglesia en general: el Señor está continuamente en camino hacia la cruz, hacia la humillación del siervo de Dios que sufre y muere, pero al mismo tiempo siempre está también en camino hacia la amplitud del mundo, en la que él nos precede como Resucitado, para que en el mundo resplandezca la luz de su palabra y la presencia de su amor; está en camino para que mediante él, Cristo crucificado y resucitado, llegue al mundo Dios mismo.

En este sentido, Pedro, en su primera Carta, asumiendo esos dos aspectos, se define "testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe de la gloria que está para manifestarse" (1 P 5, 1). Para la Iglesia el Viernes santo y la Pascua están siempre unidos; la Iglesia es siempre el grano de mostaza y el árbol en cuyas ramas anidan las aves del cielo. La Iglesia, y en ella Cristo, sufre también hoy.
En ella Cristo sigue siendo escarnecido y golpeado siempre de nuevo; siempre de nuevo se sigue intentando arrojarlo fuera del mundo. Siempre de nuevo la pequeña barca de la Iglesia es sacudida por el viento de las ideologías, que con sus aguas penetran en ella y parecen condenarla a hundirse.

Sin embargo, precisamente en la Iglesia que sufre Cristo sale victorioso. A pesar de todo, la fe en él se fortalece siempre de nuevo. También hoy el Señor manda a las aguas y actúa como Señor de los elementos. Permanece en su barca, en la navecilla de la Iglesia. De igual modo, también en el ministerio de Pedro se manifiesta, por una parte, la debilidad propia del hombre, pero a la vez también la fuerza de Dios: el Señor manifiesta su fuerza precisamente en la debilidad de los hombres, demostrando que él es quien construye su Iglesia mediante hombres débiles.

Veamos ahora el evangelio según san Lucas, que nos narra cómo el Señor, durante la última Cena, encomienda nuevamente una tarea especial a Pedro (cf. Lc 22, 31-33). Esta vez las palabras que Jesús dirige a Simón se encuentran inmediatamente después de la institución de la santísima Eucaristía. El Señor acaba de entregarse a los suyos, bajo las especies del pan y el vino. Podemos ver en la institución de la Eucaristía el auténtico acto de fundación de la Iglesia. A través de la Eucaristía el Señor no sólo se entrega a sí mismo a los suyos, sino que también les da la realidad de una nueva comunión entre sí que se prolonga a lo largo de los tiempos "hasta que vuelva" (cf. 1 Co 11, 26).

Mediante la Eucaristía los discípulos se transformaran en su casa viva que, a lo largo de la historia, crece como el nuevo templo vivo de Dios en este mundo. Así, Jesús, inmediatamente después de la institución del Sacramento, habla de lo que significa ser discípulos, el "ministerio", en la nueva comunidad: dice que es un compromiso de servicio, del mismo modo que él está en medio de ellos como quien sirve.

Y entonces se dirige a Pedro. Dice que Satanás ha pedido cribar a los discípulos como trigo. Esto alude al pasaje del libro de Job, en el que Satanás pide a Dios permiso para golpear a Job. De esta forma, el diablo, el calumniador de Dios y de los hombres, quiere probar que no existe una religiosidad auténtica, sino que en el hombre todo mira siempre y sólo a la utilidad.

En el caso de Job Dios concede a Satanás la libertad que había solicitado, precisamente para poder defender de este modo a su criatura, el hombre, y a sí mismo. Lo mismo sucede con los discípulos de Jesús, en todos los tiempos. Dios da a Satanás cierta libertad. A nosotros muchas veces nos parece que Dios deja demasiada libertad a Satanás; que le concede la facultad de golpearnos de un modo demasiado terrible; y que esto supera nuestras fuerzas y nos oprime demasiado. Siempre de nuevo gritaremos a Dios: ¡Mira la miseria de tus discípulos! ¡Protégenos! Por eso Jesús añade: "Yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca" (Lc 22, 32).

La oración de Jesús es el límite puesto al poder del maligno. La oración de Jesús es la protección de la Iglesia. Podemos recurrir a esta protección, acogernos a ella y estar seguros de ella. Pero, como dice el evangelio, Jesús ora de un modo particular por Pedro: "para que tu fe no desfallezca". Esta oración de Jesús es a la vez promesa y tarea. La oración de Jesús salvaguarda la fe de Pedro, la fe que confesó en Cesarea de Filipo: "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo" (Mt 16, 16).

La tarea de Pedro consiste precisamente en no dejar que esa fe enmudezca nunca, en fortalecerla siempre de nuevo, ante la cruz y ante todas las contradicciones del mundo, hasta que el Señor vuelva. Por eso el Señor no ruega sólo por la fe personal de Pedro, sino también por su fe como servicio a los demás. Y esto es exactamente lo que quiere decir con las palabras: "Y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos" (Lc 22, 32).

"Tú, una vez convertido": estas palabras constituyen a la vez una profecía y una promesa. Profetizan la debilidad de Simón que, ante una sierva y un siervo, negará conocer a Jesús. A través de esta caída, Pedro, y con él la Iglesia de todos los tiempos, debe aprender que la propia fuerza no basta por sí misma para edificar y guiar a la Iglesia del Señor. Nadie puede lograrlo con sus solas fuerzas.

Aunque Pedro parece capaz y valiente, fracasa ya en el primer momento de la prueba. "Tú, una vez convertido". El Señor le predice su caída, pero le promete también la conversión: "el Señor se volvió y miró a Pedro..." (Lc 22, 61). La mirada de Jesús obra la transformación y es la salvación de Pedro. Él, "saliendo, rompió a llorar amargamente" (Lc 22, 62).

Queremos implorar siempre de nuevo esta mirada salvadora de Jesús: por todos los que desempeñan una responsabilidad en la Iglesia; por todos los que sufren las confusiones de este tiempo; por los grandes y los pequeños: Señor, míranos siempre de nuevo y así levántanos de todas nuestras caídas y tómanos en tus manos amorosas.

El Señor encomienda a Pedro la tarea de confirmar a sus hermanos con la promesa de su oración. El encargo de Pedro se apoya en la oración de Jesús. Esto es lo que le da la seguridad de perseverar a través de todas las miserias humanas. Y el Señor le encomienda esta tarea en el contexto de la Cena, en conexión con el don de la santísima Eucaristía. En su realidad íntima, la Iglesia, fundada en el sacramento de la Eucaristía, es comunidad eucarística y así comunión en el Cuerpo del Señor. La tarea de Pedro consiste en presidir esta comunión universal, en mantenerla presente en el mundo como unidad también visible. Como dice san Ignacio de Antioquía, él, juntamente con toda la Iglesia de Roma, debe presidir la caridad, la comunidad del amor que proviene de Cristo y que supera siempre de nuevo los límites de lo privado para llevar el amor de Cristo hasta los confines de la tierra.

La tercera referencia al Primado se encuentra en el evangelio de san Juan (Jn 21, 15-19). El Señor ha resucitado y, como Resucitado, encomienda a Pedro su rebaño. También aquí se compenetran mutuamente la cruz y la resurrección. Jesús predice a Pedro que su camino se dirigirá hacia la cruz. En esta basílica, erigida sobre la tumba de Pedro, una tumba de pobres, vemos que el Señor precisamente así, a través de la cruz, vence siempre. No ejerce su poder como suele hacerse en este mundo. Es el poder del bien, de la verdad y del amor, que es más fuerte que la muerte. Sí, como vemos, su promesa es verdadera: los poderes de la muerte, las puertas del infierno no prevalecerán contra la Iglesia que él ha edificado sobre Pedro (cf. Mt 16, 18) y que él, precisamente de este modo, sigue edificando personalmente.

En esta solemnidad de los apóstoles san Pedro y san Pablo, me dirijo de modo especial a vosotros, queridos arzobispos metropolitanos, que habéis venido de numerosos países del mundo para recibir el palio de manos del Sucesor de Pedro. Os saludo cordialmente a vosotros y a las personas que os acompañan.

Saludo, asimismo, con particular alegría a la delegación del Patriarcado ecuménico presidida por su eminencia Ioannis Zizioulas, metropolita de Pérgamo, presidente de la Comisión mixta internacional para el diálogo teológico entre católicos y ortodoxos. Expreso mi agradecimiento al Patriarca Bartolomé I y al Santo Sínodo por este signo de fraternidad, que pone de manifiesto el deseo y el compromiso de progresar con más rapidez por el camino de la unidad plena que Cristo imploró para todos sus discípulos.

Compartimos el ardiente deseo expresado un día por el Patriarca Atenágoras y el Papa Pablo VI: beber juntos del mismo cáliz y comer juntos el mismo Pan, que es el Señor mismo. En esta ocasión imploramos de nuevo que nos sea concedido pronto este don. Y damos gracias al Señor por encontrarnos unidos en la confesión que Pedro hizo en Cesarea de Filipo por todos los discípulos: "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo". Esta confesión queremos llevarla juntos al mundo de hoy.
Que nos ayude el Señor a ser, precisamente en este momento de nuestra historia, auténticos testigos de sus sufrimientos y partícipes de la gloria que está para manifestarse (cf. 1 P 5, 1). Amén.



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#13 De: "chusvillarroel" <chusvillarroel@...>
Fecha: Lun, 3 de Jul, 2006 4:26 pm
Asunto: Sugerencia sobre el nombre verdadero
chusvillarroel
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 Hola, soy Chus, una sugerencia: ¿Por qué no ponemos el nombre verdadero al subscribirnos al grupo? Así nos conoceríamos mejor y haríamos más comunidad. Para los extranjeros también nos gustaría conocer vuestro país. Un abrazo. Yo soy el primero que no he puesto mi nombre y lo voy a poner ahora mismo. Un abrazo bis.

#12 De: Clara Albert <claraalbert2000@...>
Fecha: Lun, 3 de Jul, 2006 10:28 am
Asunto: Comentario del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap., a la liturgia del domingo 2 de julio
claraalbert2000
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Predicador del Papa: «Qué triste es ver a los jóvenes... tristes»; «hay muchísimos»
Comentario del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap., a la liturgia del  domingo 2 de julio
ROMA, viernes, 30 junio 2006 (ZENIT.org).- Publicamos el comentario del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap. --predicador de la Casa Pontificia-- a la liturgia del próximo domingo, XIII del tiempo ordinario.

* * *


Talitá kum, ¡muchacha, levántate!


XIII Domingo del tiempo ordinario (B)
Sabiduría 1, 13-15-2,23-25; 2 Corintios 8,7.9. 13-15; Marcos 5, 21-43


El pasaje del Evangelio de este domingo está hecho de escenas que se suceden rápidamente en lugares distintos. Está ante todo la escena a orillas del lago. Jesús está rodeado de un gran gentío cuando un hombre se arroja a sus pies y le dirige una súplica: «Mi hija está a punto de morir; ven, impón tus manos sobre ella, para que se salve y viva». Jesús deja a la mitad su discurso y se pone en marcha con el hombre hacia su casa.

La segunda escena acontece en el camino. Una mujer que sufría hemorragias se acerca a escondidas a Jesús para tocar su manto, y se siente curada. Mientras Jesús hablaba con ella, de la casa de Jairo llegan a decirle: «Tu hija ha muerto. ¿A qué molestar ya al Maestro?». Jesús, que ha oído todo, dice al jefe de la sinagoga: «No temas; solamente ten fe».

Y he aquí la escena crucial, en la casa de Jairo. Gran confusión, gente que llora y grita, como es comprensible ante el fallecimiento recién ocurrido de una adolescente. «Entra y les dice: “¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no ha muerto; está dormida”. [...] Él, después de echar fuera a todos, toma consigo al padre de la niña, a la madre y a los suyos, y entra donde estaba la niña. Y tomando la mano de la niña, le dice: “Talitá kum”, que quiere decir: “Muchacha, a ti te digo, levántate”. La muchacha se levantó al instante y se puso a andar; tenía doce años. [...]. Y les insistió mucho en que nadie lo supiera; y les dijo que le dieran a ella de comer».

El pasaje del Evangelio sugiere una observación. Se vuelve a discutir continuamente sobre el grado de historicidad y fiabilidad de los Evangelios. Hemos asistido recientemente al intento de poner en el mismo nivel, como si tuvieran la misma autoridad, los cuatro evangelios canónicos y los evangelios apócrifos de los siglos II-III.

Pero este intento es sencillamente absurdo y demuestra también buena dosis de mala fe. Los evangelios apócrifos, sobre todo los de origen gnóstico, fueron escritos varias generaciones después por personas que habían perdido todo contacto con los hechos y que, por lo demás, no se preocupaban lo más mínimo de hacer historia, sino sólo de poner en labios de Cristo las enseñanzas propias de la escuela de ellas. Los evangelios canónicos, al contrario, fueron escritos por testigos oculares de los hechos o por personas que habían estado en contacto con los testigos oculares. Marcos, de quien leemos este año el Evangelio, estuvo en estrecha relación con el Apóstol Pedro, de quien refiere muchos episodios que le tuvieron como protagonista.

El pasaje de este domingo nos ofrece un ejemplo de este carácter histórico de los Evangelios. El nítido retrato de Jairo y su petición angustiosa de ayuda, el episodio de la mujer que se encuentran de camino a su casa, la actitud escéptica de los mensajeros hacia Jesús, la tenacidad de Cristo, el clima de la gente que llora a la niña muerta, el mandato de Jesús referido en la lengua original aramea, la conmovedora solicitud de Jesús de que se dé algo de comer a la niña resucitada. Todo hace pensar en un relato que remite a un testigo ocular del hecho.

Ahora, una breve aplicación del Evangelio del domingo a la vida. No existe sólo la muerte del cuerpo, también está la muerte del corazón. La muerte del corazón existe cuando se vive en la angustia, en el desaliento o en una tristeza crónica. Las palabras de Jesús: Talitá kum, ¡muchacha, levántate!, no se dirigen por tanto sólo a chicos y chicas muertos, sino también a chicos y chicas que viven.

Qué triste es ver a los jóvenes... tristes. Y hay muchísimos a nuestro alrededor. La tristeza, el pesimismo, el no deseo de vivir, son siempre cosas malas, pero cuando se ven o se las oye expresar a jóvenes oprimen el corazón todavía más.

En este sentido Jesús sigue resucitando también hoy a chicas y chicos muertos. Lo hace con su palabra y también enviándoles a sus discípulos, quienes, en Su nombre y con Su mismo amor, repiten a los jóvenes de hoy aquel grito Suyo: Talitá kum: ¡muchacho, levántate! Vuelve a vivir.

[Traducción del italiano y adaptación: Zenit.org]



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#11 De: Clara Albert <claraalbert2000@...>
Fecha: Do, 2 de Jul, 2006 10:12 pm
Asunto: Benedicto XVI subraya la importancia del V Encuentro Mundial de las Familias
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Benedicto XVI subraya la importancia del V Encuentro Mundial de las Familias
En el que participará, en Valencia, entre el 8 y el 9 de julio
CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 2 julio 2006 (ZENIT.org).- Publicamos las palabras que dirigió Benedicto XVI este domingo al rezar a mediodía la oración mariana del Ángelus junto a miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano.

* * *


Queridos hermanos y hermanas:
El próximo sábado y domingo se desarrollará en España, en la ciudad de Valencia, el V Encuentro Mundial de las Familias. La primera reunión se celebró en Roma en 1994, con motivo del Año Internacional de la Familia, promovido por las Naciones Unidas. En aquella ocasión, el querido Juan Pablo II escribió una larga y apasionada meditación sobre la familia, que dirigió en forma de «Carta» a las familias de todo el mundo. A ese primer gran encuentro de las familias le siguieron otros: el de Río de Janeiro, en 1997; el de Roma, en 2000 con motivo del Jubileo de las Familias; el de Manila en 2004, donde no pudo participar personalmente, pero envió un mensaje audiovisual. Es importante que a las familias de hoy también les llegue el memorable llamamiento que Juan Pablo II dejó hace 25 años en la exhortación apostólica «Familiaris consortio»: «Familia, ¡sé lo que eres!» (Cf. número 17).

El tema del próximo Encuentro de Valencia es la transmisión de la fe en la familia. En este compromiso se inspira el lema de mi visita apostólica a esa ciudad: «¡Familia, vive y transmite la fe!». En tantas comunidades que hoy están secularizadas la primera urgencia para los creyentes en Cristo consiste precisamente en renovar la fe de los adultos para que sean capaces de comunicarla a las nuevas generaciones

Por otra parte, el camino de iniciación cristiana de los niños y adolescentes puede convertirse en una oportunidad útil para que los padres se vuelvan a acercar a la Iglesia y profundicen cada vez más en la belleza y en la verdad del Evangelio.

En definitiva, la familia es un organismo vivo, en el que se realiza un recíproco intercambio de dones. Lo importante es que nunca falte la Palabra de Dios, que mantiene viva la llama de la fe. Con un gesto particularmente significativo, durante el rito del Bautismo, el padre o el padrino enciende una vela en el gran Cirio pascual, símbolo de Cristo resucitado y a continuación, el celebrante dice: «A vosotros padres y padrinos, se os confía el encargo de velar por esta luz, para que este niño, iluminado por Cristo, viva siempre como hijo de la luz». Ese gesto, en el que subyace todo el sentido de la transmisión de la fe en la familia, para que sea auténtico, tiene que estar precedido y acompañado por el compromiso de los padres de profundizar en el conocimiento de la propia fe, reavivando la llama con la oración y la asidua práctica de los sacramentos de la Confesión y de la Eucaristía.

Encomendemos a la Virgen María el éxito del próximo gran Encuentro de Valencia, y todas las familias del mundo para que sean auténticas comunidades de amor y de vida, en las que la llama de la fe se transmita de generación en generación.

[Después del Ángelus, el Papa saludó en seis idiomas a los peregrinos. En italiano, dijo:]

Sigo con creciente preocupación los acontecimientos en Irak y en Tierra Santa. Ante la ciega violencia que provoca matanzas atroces, por una parte, y ante la amenaza de que se agrave la crisis que desde hace algunos días es todavía más dramática, por otra, hace falta justicia y un serio y creíble compromiso de paz, que por desgracia no se ven. Por este motivo, invito a todos a unirse en una oración confiada y perseverante: que el Señor ilumine los corazones y que nade se exima del deber de construir una convivencia pacífica, en el reconocimiento de que cada hombre es un hermano, independientemente del pueblo al que pertenezca.

Se celebra en Moscú, del 3 al 5 de julio, una importante cumbre de líderes religiosos, organizada por el Consejo Interreligioso de Rusia. Por invitación del Patriarca de Moscú, la Iglesia católica participa con una propia delegación. Deseo hacer llegar a Su Santidad Alejo II y a todos los participantes mi cordial saludo. Esta significativa reunión de tantos exponentes de las religiones del mundo indica el común deseo de promover el diálogo entre las civilizaciones y la búsqueda de un orden mundial más justo y pacífico. Deseo que, gracias al sincero compromiso de todos, se puedan encontrar ámbitos de efectiva colaboración, en el respeto y en la comprensión recíproca, para afrontar los actuales desafíos. En el caso de los cristianos, se trata de aprender a conocerse cada vez más profundamente y a estimarse mutuamente a la luz de la dignidad del hombre y de su destino eterno. Asegurando mi oración para que Dios haga fecundas las sesiones de trabajo de la cumbre, invoco sobre todos las abundantes bendiciones del Cielo.

[En francés]

Os saludo, queridos peregrinos de lengua francesa. Que las vacaciones sean para todos una ocasión de descanso y de vida familiar más intensa para reforzar las relaciones entre las generaciones, permitiendo particularmente a los jóvenes dialogar con los adultos sobre las cuestiones esenciales de la fe y del sentido de la existencia. Con mi bendición apostólica.

[En español]
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española aquí presentes y a cuantos se unen a través de la radio y la televisión a esta oración mariana. Os invito vivamente a rezar por los frutos espirituales del V Encuentro Mundial de las Familias que tendrá lugar el próximo fin de semana en Valencia, España. Que la Virgen María, que con José y Jesús, formaron el Hogar de Nazaret, sean modelo de la familia evangelizadora y transmisora de la fe en el mundo de hoy. ¡Feliz domingo!

[Traducción del original italiano y francés realizada por Zenit
© Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana]



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#8 De: Información desde Frayescoba.info <claraalbert2000@...>
Fecha: Vie, 30 de Jun, 2006 2:30 pm
Asunto: Entrevista con monseñor Agustín García-Gasco .VALENCIA, viernes, 30 junio 2006
claraalbert2000
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Entrevista con monseñor Agustín García-Gasco

VALENCIA, viernes, 30 junio 2006 (ZENIT.org).- En la víspera del inicio del Encuentro Mundial de las Familias (www.wmf2006.org), al que acudirá Benedicto XVI y que hará de la ciudad española de Valencia meta de cientos de miles de familias de todo el mundo, su arzobispo anfitrión, monseñor Agustín García-Gasco, ha compartido con Zenit los desafíos y expectativas de una cita de esta magnitud.

--Recientemente ha tenido oportunidad de reunirse con Benedicto XVI con vistas al ya inminente Encuentro Mundial de las Familias (EMF) ¿Cómo contempla el Papa esta gran cita?

--Monseñor García-Gasco: El Papa me ha transmitido mucha ilusión y alegría por este encuentro mundial en defensa de la familia. No soy portavoz del Papa y por tanto no puedo hablar por él, pero sí que puedo indicarle que he visto a Su Santidad muy interesado. El Encuentro Mundial en Valencia fue convocado por Juan Pablo II y ha sido un gran motivo de alegría comprobar que su sucesor Benedicto XVI lo confirmaba y anunciaba su presencia los días 8 y 9 de julio para concluir el EMF.

--Durante nueve días Valencia será la capital mundial de las familias. ¿Cuál es su mayor desafío y su mayor esperanza como pastor de la archidiócesis anfitriona?

--Monseñor García-Gasco: Todo Encuentro Mundial supone en sí un desafío en la organización de actos tan multitudinarios. Afortunadamente, además de la cooperación de todos los sacerdotes de la diócesis y miles de seglares y voluntarios, hemos contado con el apoyo institucional del presidente de la Generalitat Valenciana, Francisco Camps, del presidente de la Diputación, Fernando Giner, y de la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, por lo que las instituciones, desde una sana cooperación, están ayudándonos en materias muy importantes como son las infraestructuras, comunicaciones, etc.

La mayor esperanza es que el Encuentro Mundial sea útil y eficaz para iluminar la grandeza insustituible del matrimonio y la familia, que está sufriendo auténticos malos tratos por parte de las leyes de algunos países. En España se ha llegado a una confusión absoluta en materia de matrimonio y familia. España está siendo el banco de experimentación de inventos legales en las que unas minorías echan por tierra el legado de la civilización sobre la complementariedad del hombre y la mujer y su especial dimensión en la sociedad.

--Se esperan cientos de miles de familias de todo el mundo en Valencia, y millones de personas se asomarán al encuentro a través de los medios de comunicación. ¿Qué se llevarán todas ellas de un acontecimiento así?

--Monseñor García-Gasco: Efectivamente esperamos a muchos peregrinos, hasta el extremo de que se ha ampliado el plazo de inscripción para asistir al evento y a los congresos que son gratuitos.

Esperamos que todos los peregrinos se lleven por una parte, la claridad del magisterio de la Iglesia. En esta época en que se fomenta la adulación de cualquier forma de vida, creo que es bueno resaltar que la Iglesia no vive a merced a las modas o intereses del momento. Hay quien dice que si la Iglesia aceptara el divorcio tendría más gente en los templos, pero eso sería faltar a la verdad de su misión. La Iglesia no es un partido político en busca de votos, o una secta en busca de adeptos mediante el halago.

De otro lado, los católicos hemos de profundizar en la familia como Iglesia doméstica. Dios ha querido que la fe se transmita fundamentalmente a través de personas y la familia, los padres, los abuelos y los mismos niños tienen una labor evangelizadora en su propia familia que es un caudal inagotable como transmisión y fortalecimiento de la fe. Ser misioneros de la fe en el propio matrimonio y en la propia familia fortalece y une a la familia.

Su Santidad, Benedicto XVI, es en muchos aspectos una bendición para la Iglesia. Su facilidad natural para divulgar los aspectos teológicos más complejos y para dar luz a las personas de toda condición intelectual es un gran bien que miles de personas vamos a poder vivir en directo.

--Usted es miembro del Pontificio Consejo para la Familia y desarrolla su ministerio episcopal en un país que se ha convertido en un laboratorio político y legislativo para corrientes que buscan sustituir la familia con otras formas de convivencia. ¿Qué camino sugiere seguir ante esta realidad? ¿Ve señales de esperanza?

--Monseñor García-Gasco: En primer lugar, no hay que tener miedo a tratar las cuestiones desde el respeto, aunque no sean «políticamente correctas», concepto usado por la nueva moral progresista con la intención de desautorizar a quien denuncia las falsedades que contiene.

Por otra parte, tampoco podemos caer en la injusticia de considerar a todas las personas homosexuales o divorciadas como si fueran enemigos de la Iglesia. Los grupos activistas radicales pretenden justamente un enfrentamiento y una quiebra total con la Iglesia. Hemos de resaltar que la Iglesia tiene la obligación de mostrar su magisterio a todas las personas sin excepción, cualquiera que sea su condición. Nadie está excluido de escuchar la llamada salvadora de Cristo resucitado que en la misma Cruz le aseguró la salvación a un delincuente condenado a muerte. La Iglesia está abierta a todas las personas. El magisterio y el amor de Dios que muestra la Iglesia no son incompatibles, sino que son las dos manos que se ponen al alcance de cualquier hombre y mujer que anhela la trascendencia divina.

El camino a seguir debe ser el del ejemplo personal de cada familia, de cada parroquia y también la claridad de la Iglesia en la difusión del mensaje. En no pocas ocasiones y por causas muy diversas, en España algunos medios de comunicación presentan una imagen de la Iglesia en la que los cristianos no se reconocen o que se prestan a todo tipo de equívocos. En dicho sentido quiero felicitar de corazón la magnífica labor que están desarrollando desde la Agencia de Noticias Zenit que es un gran bien para la Iglesia.

--Por nuestra parte, tenemos que unirnos a la felicitación del Santo Padre por sus recientes bodas de oro sacerdotales y le pedimos su bendición en nuestro trabajo.

--Monseñor García-Gasco: Doy gracias a Dios por cada día que me ha permitido servir a la Iglesia y así lo haré mientras lo estime oportuno el Santo Padre, al que no puedo sino agradecerle de corazón la confianza que viene depositando.

Me gustaría que supieran que cada día, desde que nació Zenit, en el Arzobispado de Valencia se imprimen sus noticias para que tanto los tres obispos auxiliares, los vicarios, como el personal de la curia estén al tanto de sus informaciones. El estilo claro y ameno de su agencia nos ha unido más a los cristianos en este mundo globalizado. En muchas ocasiones hemos rezado por los cristianos perseguidos en tantos lugares del mundo, de los que hemos tenido noticia gracias a la efectividad y profesionalidad de los periodistas de la Agencia Zenit, por ello sepan que cuentan con mis oraciones y bendiciones en la hermosa tarea que desempeñan como periodistas.

[Entrevista realizada por Marta Lago]

ZS06063003


#7 De: "Adriana Ivette Dávila Zerpa" <adrianaivette20@...>
Fecha: Jue, 29 de Jun, 2006 10:36 pm
Asunto: envio saludos
davilaivette
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hola gracias por aceptarme en su grupo espero crecer mucho espiritualmente con uds:adriana

#6 De: ignacio marcos <imarcos2006@...>
Fecha: Mié, 28 de Jun, 2006 10:14 am
Asunto: indulgencias-decreto, para los ausentes en Valencia
imarcos2006
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Decreto por el que se concede la indulgencia plenaria con motivo del Encuentro Mundial de las Familias
CIUDAD DEL VATICANO, martes, 27 junio 2006 (ZENIT.org).- Publicamos el decreto de la Penitenciaría Apostólica por el que se concede a los fieles de todo el mundo la indulgencia plenaria con motivo del V Encuentro Mundial de las Familias, que se celebrará en Valencia, España, del 1 al 9 de julio de 2006.


DECRETO
Se concede a los fieles la indulgencia plenaria
Con motivo del V Encuentro Mundial de las Familias


Juan Pablo II, de venerada memoria, al querer proponer a la consideración de toda la Iglesia el tema de la familia, estableció que cada tres años se celebrara el Encuentro Mundial de las Familias. Le movía sobre todo la preocupación pastoral de que el argumento fuera ilustrado a través de estudios profundos, de que se defendiera a la institución familiar de los errores y de las malas costumbres que se están difundiendo hoy, y de que con la oración fuera confiada a Dios, Creador, por quien fue instituida la misma familia y de quien, en cuanto Autor del orden sobrenatural, el matrimonio de los bautizados ha sido elevado al rango de sacramento.

El Sumo Pontífice Benedicto XVI, al asumir las intenciones de su predecesor, ha establecido que clausurará con su presencia el V Encuentro Mundial de las Familias, que este año se celebrará en Valencia, del 1 al 9 de julio, pidiendo a la Santísima Trinidad que alcance un gran beneficio para la Iglesia; en particular, con la profundización en el tema que ha sido asignado, el de la familia, sede de la vida y del amor, iglesia doméstica, en la que los padres transmiten a los hijos el don inestimable de la fe.

El Santo Padre, por tanto, uniéndose de todo corazón a la convocación mundial de Valencia, ha establecido con agrado la concesión del don de la indulgencia plenaria a los fieles en los términos que a continuación se indican, deseando vivamente que participen numerosos desde todas las partes del mundo. Que participen con fervor y atención en las diferentes iniciativas y celebraciones religiosas que allí tendrán lugar a favor de la familia, y que, una vez regresados a sus casas, fortificados por la gracia de Dios, se dediquen generosamente a conformar sus familias y las de su prójimo según las santas reglas del Evangelio. Que ofrezcan, además, el ejemplo de una vida embellecida por las virtudes cristianas y llena de obras de piedad y caridad, bajo la protección de la Bienaventurada Virgen María y de San José, su castísimo esposo, a quienes el misterioso designio de dios confió la constitución de esa familia en la que nuestro Señor Jesucristo, hecho hombre, «crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él» (Lucas 2, 40).

Por este motivo, el Sumo Pontífice concede a los fieles la indulgencia plenaria, que se obtendrá según las condiciones acostumbradas (confesión sacramental, comunión eucarística y oración según las intenciones del mismo Sumo Pontífice), con espíritu desapegado de cualquier pecado, si participan fervientemente en alguna solemne celebración, en Valencia, en el transcurso del V Encuentro Mundial de las Familias, y en su solemne clausura.

Todos los demás fieles que no puedan participar en ese acontecimiento alcanzarán el mismo don de la indulgencia plenaria, con las mismas condiciones, en los días en los que se celebra y en el día conclusivo, si, unidos con el espíritu y el pensamiento a los fieles presentes en Valencia, recitan en familia el «Padre Nuestro», el «Credo» y otras oraciones devotas para invocar de la Divina Misericordia las finalidades antes indicadas.

Este decreto sólo tiene vigor en esta ocasión
. No obstante cualquier disposición contraria.

Dado en Roma, en la sede de la Penitenciaría apostólica, el 15 de junio de 2006, en la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo.



Cardenal James Francis STAFFORD
Penitenciario mayor


Gianfranco GIROTTI, o.f.m.conv.
Regente
 



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#5 De: ignacio marcos <imarcos2006@...>
Fecha: Mié, 28 de Jun, 2006 9:31 am
Asunto: revista
imarcos2006
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ahíos va la direccion de una neo-revista electronica que parece que pinta bien, comentamos
 
 
besos y abrazos
 
 
Ignacio 



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#2 De: "claraalbert2000" <claraalbert2000@...>
Fecha: Mié, 19 de Abr, 2006 11:46 am
Asunto: El primer año de pontificado de Benedicto XVI
claraalbert2000
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El primer año de pontificado de Benedicto XVI

ROMA, martes, 18 abril 2006 (ZENIT.org).- Presentamos el artículo que publica la edición semanal en lengua española de «L'Osservatore Romano» en el número de la semana de Pascua con el título «El primer año de pontificado de Benedicto XVI».

El artículo ha sido escrito por Jesús Villagrasa, L.C., profesor de Filosofía en el Ateneo Pontificio «Regina Apostolorum».

Zenit publicó el 16 de abril un artículo del mismo autor sobre «El espíritu eclesial de Joseph Ratzinger», que a diferencia de lo que se había anunciado, no aparecerá en esa edición del periódico vaticano. Pedimos disculpas por el error.

* * *



En la serena tarde romana del 19 de abril de 2005, faltaban cuatro minutos para las seis cuando una temprana «fumata bianca» anunció al mundo que un nuevo papa había sido elegido. Pocas veces se ha llenado con tanta rapidez la Plaza de San Pedro como aquella luminosa tarde primaveral. A las 18.43, el cardenal protodiácono de la Iglesia católica, Jorge Medina Estévez, presentaba al 264º sucesor de san Pedro. Cuando pronunció el nombre «Josephum», muchos en la plaza se le adelantaron: «¡Ratzinger!» No se equivocaron: «Josephum Sanctae Romanae Ecclesiae Cardinalem Ratzinger qui sibi nomen imposuit Benedictum XVI».

Su predecesor había llegado a la Sede de Pedro siendo un desconocido; muchos cardenales ni siquiera sabían pronunciar el apellido «Wojtyla». Del Cardenal Ratzinger, al menos en Occidente, casi todos conocían el nombre y el rostro. Y la mayoría creía conocer también su persona y su pensamiento. ¡Habían leído tantas cosas de él en los periódicos! Quizá, por eso mismo, para muchas personas, la primera sorpresa del pontificado fue descubrir «otro Ratzinger», el real, alguien que no coincidía con la caricatura que les habían presentado o con la imagen que se habían forjado.

Otra sorpresa del pontificado fue la brevedad del conclave, claro indicio de que los cardenales no tuvieron grandes dificultades para encontrar al candidato que, a sus ojos, reunía las cualidades necesarias para guiar la Iglesia en este momento. Su elección cayó sobre quien Juan Pablo II había llamado «el amigo fiel» en su libro ¡Levantaos, vamos!

Había que presentarlo al mundo y los periodistas se apresuraron a publicar biografías. Las editoriales reeditaban sus obras, que se agotaban por días. Algunos vaticanistas aventuraban hipótesis en torno a los motivos de la elección: «Le han elegido –escribía Juan Vicente Boo, corresponsal de ABC en Roma– porque su talla intelectual, talante y humildad están a la altura del enorme desafío de suceder a Juan Pablo II. Le han votado porque saben que, en cuanto se despejen los tópicos y la gente le conozca directamente, Joseph Ratzinger va a meterse en el bolsillo a los jóvenes, a los responsables de otras religiones y a los mandatarios del mundo» (20-IV-2005). Aunque los conocidos del cardenal podrían suscribir esta opinión, quizás el nuevo Papa no. Al menos, sus primeras intervenciones no dejan traslucir eso. En ellas prevalece la conciencia de la grave responsabilidad que ha asumido, en obediencia a Dios, y la confianza que depositaba en la potencia de Cristo resucitado y en la asistencia del Espíritu Santo vivificador.

Sin pretender hacer un análisis del primer año de Pontificado de Benedicto XVI, es posible, sin embargo, dibujar una semblanza de su persona y ministerio tal como ha aparecido en cuatro momentos significativos de sus primeros doce meses: su presentación a la Iglesia y al mundo en los primeros días, la Jornada Mundial de la Juventud en Colonia, la vivencia del Año de la Eucaristía y, finalmente, el diálogo con el mundo. Como telón de fondo de estos cuatro momentos colocamos su primera encíclica, Deus caritas est.



La presentación de los primeros días
La tarde de su elección, el nuevo papa se presentó como «un sencillo, humilde, trabajador en la viña del Señor». Su autobiografía, Mi vida. Recuerdos (1927-1977) , confirma esta descripción: tiene la sencillez de una personalidad y vida unificadas, la humildad del insobornable servidor de la verdad y se entrega a Cristo, a su Iglesia y a los hombres sin cálculos o protagonismos indebidos. Se siente, ha sido y es un cooperador de Dios y de sus hermanos, primero como profesor universitario, después como obispo y, ahora, como Vicario de Cristo: un cooperador de la verdad.

Al día siguiente de su elección, el 20 de abril de 2005, en el discurso programático a los cardenales electores pronunciado en la Capilla Sixtina, Benedicto XVI indicó algunos temas que iban a estar más presentes en su pontificado: la unidad del Colegio apostólico, el Concilio Vaticano II como brújula para orientarse en el nuevo milenio, el Año de la Eucaristía, la caridad hacia todos, la unidad de los cristianos promovida con gestos concretos que interpelen a las conciencias, el diálogo abierto y sincero con los seguidores de otras religiones y con todas las personas que están buscando una respuesta a las preguntas fundamentales de la existencia, el compromiso a favor de la paz y de un auténtico desarrollo social respetuoso de la dignidad de todo ser humano. En efecto, estas prioridades pastorales ya han encontrado expresión en el multiforme magisterio y ministerio de estos doce meses.

Dos homilías completaron la presentación del Pontífice. En la Misa de inicio solemne del Pontificado en la plaza de San Pedro, el 24 de abril, se definió como un miembro de una Iglesia viva, que se siente acompañado por la oración de los fieles y por una multitud de santos que se dilata por todos los tiempos y latitudes, algunos de los cuales habían sido invocados por la asamblea en las letanías de los santos durante la procesión de ingreso: Tu illum adiuva. A quienes esperaban un «programa de gobierno» les dijo: «Mi verdadero programa de gobierno es no hacer mi voluntad, no seguir mis propias ideas, sino ponerme, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la palabra y de la voluntad del Señor y dejarme conducir por él, de tal modo que sea él mismo quien conduzca a la Iglesia en esta hora de nuestra historia». Un programa más «detallado» con los elementos principales de su misión ya había sido comunicado en el discurso del día 20.

La segunda homilía, pronunciada el 7 de mayo del 2005 durante su toma de posesión de la cátedra del Obispo de Roma en la Basílica de San Juan de Letrán, revela la conciencia que Benedicto XVI tiene del papado y del cambio radical que se ha operado en su vida. En su libro La sal de la tierra (1997) había dicho que el papado en su núcleo central no cambiará, porque siempre habrá un hombre que suceda a san Pedro y asuma la responsabilidad personal última, sostenida colegialmente, de conservar la unidad de la Iglesia y de proclamar el Magisterio universal en materias de fe y moral. Podrían cambiar las formas de ejercer el primado. Y añadía: «No puedo, ni tampoco quiero, imaginar las variaciones concretas que pueda haber en el futuro» (Palabra, 20055, 279). No podía prever entonces que la Providencia preparaba un futuro en el que podría tocar a él marcar alguna variación en el ejercicio del papado.

En la Iglesia cada fiel está llamado a dar el propio testimonio, a cumplir su personal misión al servicio de toda esta familia. Y, entre la multitud de testigos de la fe común que pueblan la historia y la geografía de la Iglesia, él, como Vicario de Cristo, ha recibido de Dios la misión de rendirle un particular testimonio de Cristo, que quiso ilustrar en esta homilía pronunciada en la Basílica de San Juan de Letrán. Pedro, en nombre de los Apóstoles, fue el primero en profesar la fe: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo» (Mt 16, 16). «Esta es la tarea de todos los sucesores de Pedro: ser el guía en la profesión de fe en Cristo, el Hijo de Dios vivo. La cátedra de Roma es, ante todo, cátedra de este credo. Desde lo alto de esta cátedra, el Obispo de Roma debe repetir constantemente: Dominus Iesus, `Jesús es el Señor'».

Pedro, una vez convertido, debía confirmar a sus hermanos. Eso mismo hace el titular del ministerio petrino: «debe tener conciencia de que es un hombre frágil y débil, como son frágiles y débiles sus fuerzas, y necesita constantemente purificación y conversión. Pero debe tener también conciencia de que del Señor le viene la fuerza para confirmar a sus hermanos en la fe y mantenerlos unidos en la confesión de Cristo crucificado y resucitado».

El Señor confirió a Pedro y, después de él, a los Doce, los poderes y el mandato de atar y desatar. Parte esencial de esta misión es la potestad de enseñar, simbolizada en la cátedra donde se sienta el obispo de Roma para dar testimonio de Cristo.

Esta potestad de enseñanza asusta a muchos hombres, dentro y fuera de la Iglesia. Se preguntan si no constituye una amenaza para la libertad de conciencia, si no es una presunción contrapuesta a la libertad de pensamiento. No es así. El poder conferido por Cristo a Pedro y a sus sucesores es, en sentido absoluto, un mandato para servir. La potestad de enseñar, en la Iglesia, implica un compromiso al servicio de la obediencia a la fe. El Papa no es un soberano absoluto, cuyo pensamiento y voluntad son ley. Al contrario: el ministerio del Papa es garantía de la obediencia a Cristo y a su Palabra. No debe proclamar sus propias ideas, sino vincularse constantemente a sí mismo y la Iglesia a la obediencia a la Palabra de Dios, frente a todos los intentos de adaptación y alteración, así como frente a todo oportunismo (7-V-2005).

El servicio de la potestas docendi –y, análogamente, de la potestas regendi et sanctificandi – que el Papa ejerce no se limita a la explicación fiel de la Palabra de Dios, sino que pasa también por la obediencia a la fe de la Iglesia, porque, en su ministerio petrino de decidir y enseñar, el Papa está unido a la gran comunidad de la fe de todos los tiempos y a las interpretaciones vinculantes surgidas a lo largo del camino de la Iglesia peregrinante. La potestad de enseñanza es, por lo tanto, una potestad de obediencia y un servicio a la verdad.

Admirable ha sido durante este primer año el magisterio de Benedicto XVI, por la riqueza, claridad y unción de sus homilías, discursos y cartas. Escribe personalmente las intervenciones, comenzando por las homilías, y no raras veces improvisa. La encíclica Deus caritas est ocupa un lugar excelente en el magisterio de este año.

Los primeros actos de gobierno de Benedicto XVI estuvieron marcados por la continuidad: el nombramiento del cardenal Angelo Sodano como Secretario de Estado y la confirmación –donec aliter provideatur: mientras no se provea diversamente– de los cardenales y arzobispos responsables de los dicasterios de la Curia Romana y del presidente de la Pontificia Comisión para el Estado de la Ciudad de Vaticano, así como de los altos cargos de la Secretaría de Estado –el Sustituto para los Asuntos generales y el Secretario para la relaciones con los Estados– y, finalmente, la confirmación para el quinquenio en curso de los secretarios de los dicasterios de la Curia Romana. El esperado nombramiento del Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe recayó en el norteamericano Mons. William Joseph Levada, hasta entonces arzobispo de San Francisco y, durante varios años, colaborador en ese dicasterio. Tras once meses de pontificado hizo el primer ajuste considerable de la curia vaticana, uniendo «por ahora» la presidencia del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso a la del Consejo Pontificio de la Cultura, y la presidencia del Consejo Pontificio de la Pastoral para los Emigrantes y los Itinerantes a la del Consejo Pontificio de la Justicia y de la Paz.

En los primeros días de pontificado, algunos encuentros parecían marcar pautas para su pontificado. El 22 de abril, el Papa Benedicto XVI se encontró con el Colegio de los cardenales para rogarles que no dejen de prestarle su apoyo, pues todos están unidos a él por la voluntad de obedecer a la voluntad divina y de prestar un servicio sencillo y disponible a la Iglesia. No se concluía el primer año de pontificado cuando el 24 de marzo de 2006 reunía el Consistorio para nombrar 15 nuevos miembros del Colegio Cardenalicio.

Al día siguiente, encontró a los representantes de los medios de comunicación social para agradecerles la cobertura mundial que dieron a la muerte y a los funerales del Papa Juan Pablo II y a su elección. Les recordó, también, «la responsabilidad ética de quienes trabajan en este sector, particularmente por lo que respecta a la búsqueda sincera de la verdad, así como a la defensa del carácter central y de la dignidad de la persona».

El 25 de abril, se reunió con los representantes de las Iglesias y Comunidades cristianas, y con los de otras religiones no cristianas. A estos últimos aseguró «que la Iglesia quiere seguir construyendo puentes de amistad con los seguidores de todas las religiones, para buscar el verdadero bien de cada persona y de la sociedad entera». A los primeros reafirmó «el compromiso irreversible» de la Iglesia –su personal «compromiso prioritario» había dicho en el discurso a los cardenales del 20 de abril– a favor del ecumenismo y de la comunión plena querida por Jesús para sus discípulos. El ecumenismo ocupa un lugar principal en el corazón de Benedicto XVI. En la misa solemne de inicio de pontificado, después de explicar los signos del palio y del anillo, que evocan al pastor y al pescador, renovó su compromiso de proseguir en el camino hacia un solo rebaño y un solo pastor y de procurar que la red de la Iglesia no se rompa. En efecto, Cristo, el Buen Pastor, tiene otras ovejas que están fuera del redil a las que tiene que traer: «y escucharán mi voz y habrá un solo rebaño, un solo Pastor» (Jn 10, 16). El relato de los 153 peces grandes termina con la gozosa constatación: «Y aunque eran tantos, no se rompió la red» (Jn 21, 11). «¡No permitas –oraba el Papa en su homilía– que se rompa tu red y ayúdanos a ser servidores de la unidad!». Un gesto ecuménico del Santo Padre ha sido la renuncia al título de Patriarca de Occidente que se dio a conocer con la publicación del Anuario Pontificio de la Santa Sede, el pasado mes de febrero. Otro gesto de Benedicto XVI fue la carta enviada el pasado 17 de febrero y la medalla de oro del pontificado donada al patriarca ortodoxo de Moscú Alejo II con motivo de su aniversario y onomástico. Su Beatitud Alejo II correspondió con una carta firmada el 22 de febrero y el regalo de una cruz pectoral. Han confirmado en este intercambio de cartas la voluntad común de promover la colaboración entre ambas Iglesias. El mismo día 22, el Papa Benedicto XVI en una carta al cardenal Lubomyr Husar, arzobispo mayor de Kiev-Halic, con ocasión del sexagésimo aniversario de la persecución comunista contra la Iglesia grecocatólica, que tuvo lugar tras el «pseudo-sínodo» de Lvov, en marzo de 1946, expresó su deseo de que este aniversario sirva para promover la unidad con la Iglesia ortodoxa, pues a la Iglesia greco-católica se le ha confiado la misión de mantener visible en la Iglesia católica la tradición oriental y de favorecer el encuentro de las tradiciones, testimoniando no sólo su compatibilidad, sino también su profunda unidad en la diversidad.

Además del diálogo ecuménico, el Papa desea impulsar las relaciones con los judíos y con el Estado de Israel. Al día siguiente de su elección, uno de sus primeros actos como pontífice fue enviar un telegrama al rabino jefe de Roma, Riccardo di Segni, en el que confía en la ayuda de Dios para reforzar una fecunda colaboración y un diálogo respetuoso con el pueblo judío. El 16 de enero de 2006, al ser recibido en audiencia por Benedicto XVI, el rabino di Segni lo invitó a visitar la sinagoga de Roma, con ocasión del 20º aniversario de la histórica visita de Juan Pablo II a ese lugar, el 13 de abril de 1986.

Estas y otras pautas iniciales se han desarrollado a lo largo del primer año de pontificado como expresiones de una misma caridad pastoral. No es posible hacer un análisis exhaustivo. La mayor afluencia de peregrinos a las audiencias de los miércoles y a los ángelus dominicales –por comparación al último año de pontificado del Papa Juan Pablo II– puede ser signo de la fecundidad de los últimos sufridos meses de Juan Pablo II y de la acogida sobrenatural y cordial que los fieles han dispensado a su sucesor. La humildad y caridad de Benedicto XVI manifestadas en estos primeros meses, y que tienen su expresión doctrinal en su primera encíclica, han sido un signo fuerte de la presencia de Cristo, el Supremo Pastor, entre sus fieles.


Jornada mundial de la juventud
En Colonia, superando fronteras de nación, lengua o raza, más de un millón de jóvenes se reunieron para escuchar la Palabra de Dios, rezar, recibir el sacramento de la Reconciliación, adorar y recibir al Señor eucarístico y, también, para cantar y hacer fiesta juntos. La Jornada mundial de la juventud de Colonia, centrada en la búsqueda y adoración de Cristo, tuvo por lema «Hemos venido a adorarle».

Quizás esta jornada haya sido el mayor don que Dios haya hecho al Papa en este primer año de Pontificado. Él no la planeó. Fue algo que «la Providencia divina quiso». El Papa marcó esta jornada con una palabra y un gesto. La palabra, siempre repetida, fue Cristo. El gesto fue el abrazo:

en Colonia abrazó a obispos y seminaristas, a cristianos separados, judíos y musulmanes, a cada joven en el barco sobre el Rin y, con un abrazo inmenso, al millón de jóvenes reunidos para la vigilia de oración. La imagen que resume la jornada es, sin duda, la multitud silenciosa de los adoradores de Cristo presente en la Eucaristía. «Hemos venido a adorarle».

Los Magos fueron los «guías» de los jóvenes peregrinos en su búsqueda y adoración de Cristo. Cada joven fue invitado por el pontífice a realizar el viaje interior de la conversión a Dios, «para conocerlo, encontrarlo, adorarlo y, después de haberlo encontrado y adorado, volver a partir llevando en el corazón, en nuestro interior, su luz y su alegría» (Audiencia, 24-VIII-2005). Ese ritmo de adoración y misión, de contemplación y servicio, está remarcado en la encíclica de la caridad, Deus caritas est, que advierte del riesgo de caer en los extremos del pietismo y del activismo.

El encuentro con los seminaristas ocupó un lugar destacado en esta jornada para poner de relieve que muchas vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada han surgido, a lo largo de estos veinte años, en estas jornadas, ocasiones privilegiadas en las que el Espíritu Santo hace oír con fuerza su voz.

Por desarrollarse en Alemania, tuvieron particular intensidad los encuentros celebrados con los representantes de las demás Iglesias y Comunidades eclesiales, con los judíos y con los musulmanes. Alemania tiene un papel importante en el diálogo ecuménico, tanto por la triste historia de las divisiones, como por la significativa función que ha desempeñado en el camino de la reconciliación. En la sinagoga de Colonia, con la comunidad judía más antigua de Alemania, Benedicto XVI recordó la Shoah, el 60° aniversario de la liberación de los campos de concentración nazis y el 40° aniversario de la declaración conciliar Nostra aetate «que inauguró una nueva etapa de diálogo y solidaridad espiritual entre judíos y cristianos, así como de estima por las otras grandes tradiciones religiosas». A los seguidores del Islam, que «adoran al único Dios y veneran al patriarca Abraham» manifestó las esperanzas y las preocupaciones del difícil momento histórico que vivimos, «deseando que se extirpen el fanatismo y la violencia, y que colaboremos juntos para defender siempre la dignidad de la persona humana y tutelar sus derechos fundamentales» (24-VIII-2005).

En todos los encuentros, pero sobre todo a los jóvenes, Benedicto XVI ha entregado un mensaje esencial: el cristianismo como encuentro con Cristo y su adoración en el misterio de la Eucaristía. De este encuentro y de esta fuente nacerá una revolución del amor y, con ella, la verdadera reforma de la Iglesia y el ardor misionero. El primer libro del Papa, La revolución de Dios, presentado a mediados del mes de octubre, recoge sus discursos en Colonia. Dos frases podrían sintetizar su mensaje: la revolución de Dios es el amor; sólo una gran explosión de bien puede vencer al mal y transformar al hombre y al mundo. Sólo Dios y su amor transforman al mundo. Ni fórmulas, ni burocracias, ni falsas reformas. Menos aun la miopía de quienes en la Iglesia sólo se ven a sí mismos y siguen dando vueltas a asuntos marginales en el cristianismo, como son el celibato sacerdotal o la ordenación de mujeres. La verdadera reforma no puede reducirse a la erección de nuevas y sofisticadas estructuras; la única reforma que cuenta es la de los santos, la revolución a lo divino. Esta revolución divina pasa por la colaboración humana, también por la colaboración asociada e institucional. Al espíritu, competencia y profesionalidad de quienes trabajan en las organizaciones caritativas de la Iglesia, el Papa Benedicto XVI ha dedicado la segunda parte de su encíclica. Las notas que sonaron en Colonia eran los compases que anunciaban los temas de la sinfonía que Benedicto XVI estaba preparando a su Iglesia: la encíclica Deus caritas est.

El Papa Benedicto XVI está impulsando con vigor las Jornadas mundiales de la juventud. En su mensaje para la jornada XXI, firmado el 22 de febrero, ha presentado las etapas de una peregrinación ideal al encuentro mundial de Sydney: el año 2006 la atención se centrará en el Espíritu de la verdad que nos revela a Cristo; el 2007 en el Espíritu de amor que infunde en nosotros la caridad divina; el encuentro mundial del 2008 en Sydney tendrá como lema «Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos».



Año de la Eucaristía
Benedicto XVI ha visto la mano de la Providencia en el hecho de que su pontificado haya iniciado en el Año de la Eucaristía: «La Eucaristía, corazón de la vida cristiana y manantial de la misión evangelizadora de la Iglesia, no puede menos de constituir siempre el centro y la fuente del servicio petrino que me ha sido confiado» (20-IV-2005). Las indicaciones esenciales para la vivencia de este año ya habían sido dadas por el Papa Juan Pablo II en la encíclica Ecclesia de Eucharistia y en la carta apostólica Mane nobiscum Domine. El Sínodo de los Obispos, celebrado en el mes de octubre, además de profundizar en esa doctrina, manifestó la actual riqueza de la vida eucarística de la Iglesia y el carácter inagotable de su fe eucarística. Al hacer un balance de sus primeros meses, en el discurso navideño a la Curia romana, Benedicto XVI se dice consolado al ver que, por doquier, en la Iglesia, se ha despertado la alegría de «la adoración del Señor resucitado, presente en la Eucaristía con su carne y su sangre, en cuerpo y alma, con su divinidad y humanidad» y que se va superando la contraposición que algunos veían –y que en realidad no existe– entre la misa y la adoración eucarística fuera de ella. «Recibir la Eucaristía significa adorar a quien recibimos. Precisamente de este modo y sólo de este modo nos convertimos en una sola cosa con él. Por ello, el desarrollo de la adoración eucarística, con la forma que asumió en la Edad Media, es la consecuencia más coherente del mismo misterio eucarístico: sólo en la adoración puede madurar una acogida profunda y verdadera» (22-XII-2005).

Una imagen puede resumir este año de pontificado: el Papa de rodillas ante Cristo Eucaristía, en silencio adorante, acompañado de la comunidad de fieles: el día del Corpus Christi, sobre el papamóvil en procesión con sus nuevos fieles diocesanos; en Colonia con un millón de jóvenes; en la plaza de San Pedro con cien mil niños de primera comunión; el 17 de octubre con los 250 obispos y cardenales reunidos en Roma para el Sínodo.

La palabra del Papa ha orientado la mirada de los fieles a Cristo Eucaristía: en Colonia con una exigente y vital lección de teología eucarística; a los niños de la primera comunión con una sencilla y cálida catequesis en respuesta a sus preguntas, para explicarles porqué y cómo ir a misa, confesar los pecados y adorar a Jesucristo. En ambos casos, su palabra ha preparado el momento culminante de los encuentros: la adoración silenciosa de Cristo, el único necesario.

A finales de mayo, su primer viaje fuera de Roma tuvo por objeto la clausura del Congreso eucarístico de Bari. En esa ocasión recordó a la Iglesia de hoy el testimonio de los mártires de la antigua Roma y su exclamación «Sine dominico non possumus»: no podemos vivir sin la misa del día del Señor. La misa daba identidad y vida a las comunidades de los primeros cristianos; los distinguía de los paganos. La Eucaristía engendró mártires y constructores de una nueva cultura: la civilización del amor. Recibir a Jesucristo eucaristía con fe significa comulgar con el amor de Dios que da vida al mundo. Esta íntima conexión de fe, liturgia y práctica de la caridad es una de las estructuras conceptuales más fuertes de la encíclica Deus caritas est.


Apertura al mundo y diálogo

En la introducción al libro La revolución de Dios de Benedicto XVI, su Vicario para la diócesis de Roma, el Cardenal Camilo Ruini, ha dibujado un penetrante retrato del nuevo pontífice: no es sólo un catequista de extraordinaria profundidad y claridad, sino también un evangelizador que con garbo sabe casi forzar a prestar atención a Cristo. Su peculiar carisma consiste en juntar la apertura universal y la identidad católica, el testimonio límpido e integral de la verdad de Cristo y la dulzura del amor fraterno. Otra imagen que puede resumir este primer año de pontificado es el Papa, en pie, ante la multitud que representa al mundo, con los brazos abiertos. La comunión con el Dios adorado se manifiesta en la caridad que busca la comunión fraterna. Esta apertura y dulzura es caridad, no ingenuidad.

Con su palabra y ejemplo, Benedicto XVI invita a la Iglesia a abrirse al mundo y a la modernidad sin temores, aunque sin falsas ilusiones. La Iglesia será siempre signo de contradicción. Los cristianos no se oponen al mundo, pero el mundo se rebela siempre que al pecado y a la gracia se les llama por su propio nombre, siempre que los cristianos proclaman la verdad sobre Dios y sobre el hombre. Esta oposición a su anuncio de la verdad puede resultar opresiva, pero no debería sorprendernos demasiado.

Benedicto XVI compartió con los sacerdotes de la diócesis de Aosta sus inquietudes y sufrimientos por la frialdad, cuando no hostilidad, de los ambientes en los que ejercen su ministerio. Los invitó a tener paciencia, sostenidos en la certeza de que el mundo no puede vivir sin el Dios que se reveló en Jesucristo mostrándonos un rostro de amor. Y sólo ese amor transforma el mundo. Debemos tener la profundísima certeza de que sin el Dios con el rostro de Cristo, el mundo y el hombre se autodestruyen: «Él es la Verdad y sólo caminando tras sus huellas vamos en la dirección correcta, y debemos caminar y guiar a los demás en esta dirección» (25-VII-2005).

Con esa certeza, antes como cardenal y ahora como papa, Joseph Ratzinger se ha abierto al diálogo con el mundo «laico». Los «laicos» ya habían reconocido su ánimo dialogante, sin asperezas y sin la ansiedad de la imposición. Los diálogos que, como cardenal, sostuvo con el filósofo alemán Jürgen Habermas y con el presidente del Senado italiano Marcello Pera alcanzaron resonancia internacional. En ellos defendió la genuina laicidad del Estado y la necesidad de un diálogo franco entre el cristianismo y la modernidad, del que ambas partes iban a salir ganando.

Benedicto XVI ha escrito dos cartas a altos representantes de la política italiana. Al Presidente del Congreso de los diputados, Pier Ferdinando Casini, para conmemorar el tercer aniversario de la histórica visita que el Papa Juan Pablo II realizó al Parlamento italiano y para reafirmar que la Iglesia, en cualquier país del mundo, «no pretende reivindicar para sí ningún privilegio, sino sólo tener la posibilidad de cumplir su misión, dentro del respeto de la legítima laicidad del Estado. Por lo demás, bien entendida, ésta no está en contraste con el mensaje cristiano, sino que más bien tiene una deuda con él, como saben bien los estudiosos de la historia de la civilización» (18-X-2005).

Al Presidente del Senado italiano, Marcello Pera, con motivo del congreso «Libertad y laicidad» celebrado en Nursia, expresó su deseo de que la reflexión de los congresistas tuviera en cuenta la dignidad de la persona y sus derechos fundamentales. Éstos representan valores previos a cualquier jurisdicción estatal porque «no son creados por el legislador, sino que están inscritos en la naturaleza misma de la persona humana, y se remontan por tanto en último término al Creador. Por tanto, parece legítima y provechosa una sana laicidad del Estado, en virtud de la cual las realidades temporales se rigen según normas que les son propias, a las que pertenecen también esas instancias éticas que tienen su fundamento en la existencia misma del hombre» (16-X-2005).

En su encíclica, Benedicto XVI ha proclamado con vigor que la Iglesia enseña y promueve la legítima y sana laicidad del Estado: «Es propio de la estructura fundamental del cristianismo la distinción entre lo que es del César y lo que es de Dios (cf. Mt 22, 21), esto es, entre Estado e Iglesia o, como dice el Concilio Vaticano II, el reconocimiento de la autonomía de las realidades temporales (GS 36). El Estado no puede imponer la religión, pero tiene que garantizar su libertad y la paz entre los seguidores de las diversas religiones; la Iglesia, como expresión social de la fe cristiana, por su parte, tiene su independencia y vive su forma comunitaria basada en la fe, que el Estado debe respetar. Son dos esferas distintas, pero siempre en relación recíproca» (Deus caritas est, n. 29).

Como teólogo y cardenal, Ratzinger se había caracterizado por su apertura a la modernidad, de la que aprecia su estima por la racionalidad y la libertad. No ocultaba, sin embargo, los límites de los conceptos iluministas de una racionalidad cerrada a la trascendencia y de una libertad absoluta sin referencia a Dios, a las demás personas y a la naturaleza de las cosas.

El discurso de análisis del año, que el Santo Padre dirigió con los augurios navideños a la Curia, se concluye con unas reflexiones sobre la nueva relación que el Concilio Vaticano II ha querido impulsar entre el cristianismo y el mundo moderno. El «sí» fundamental de la Iglesia a la edad moderna, su «apertura al mundo», no está exenta de dificultades, porque la misma edad moderna vive profundas tensiones interiores y contradicciones y no debe subestimarse la «peligrosa fragilidad de la naturaleza humana, que en todos los períodos de la historia y en toda situación histórica es una amenaza para el camino del hombre». La Iglesia, como el Evangelio que anuncia, sigue siendo un signo de contradicción. «El Concilio no podía tener la intención de abolir esta contradicción del Evangelio respecto a los peligros y los errores del hombre. En cambio, no cabe duda de que quería eliminar contradicciones erróneas o superfluas, para presentar al mundo actual la exigencia del Evangelio en toda su grandeza y pureza». Si al inicio de la edad moderna, la relación entre la razón iluminista y la fe cristiana fue negativa y de conflicto, el Concilio Vaticano II ha trazado en grandes líneas la dirección esencial para el diálogo entre la razón moderna y la fe. «Este diálogo se debe desarrollar con gran apertura mental, pero también con la claridad en el discernimiento de espíritus que el mundo, con razón, espera de nosotros precisamente en este momento». En este campo, como en tantos otros, el Concilio Vaticano II, correctamente interpretado, puede ser una gran fuerza de renovación en la Iglesia y, a través de ella, del mundo. No faltan pensadores «laicos» que están pidiendo a la Iglesia este servicio al hombre, a la sociedad y a la cultura de nuestro tiempo. Benedicto XVI sigue impulsando esta apertura evangélica de la Iglesia al mundo.

Un broche de oro para este primer año de Pontificado ha sido la encíclica Deus caritas est. La ciencia teológica, la piedad personal, la experiencia humana y la asistencia del Espíritu Santo han contribuido a la redacción de esta obra maestra. Benedicto XVI ha puesto al servicio de su ministerio el fruto maduro de sus largos estudios teológicos y ha podido presentar al mundo, de forma a la vez sencilla y profunda, el corazón del misterio cristiano: el encuentro personal del amor de Dios con el ansia humana de amor y felicidad; la transformación por la gracia de este aspiración, hasta la configuración con Cristo que entrega su vida por los hermanos. Este amor divino que se derrama en nuestros corazones y a través de ellos en el mundo se expresa también en formas eclesiales e institucionales.

El amor de Dios, que no abandona nunca a su Iglesia, le ha dado en la persona de Benedicto XVI un buen pastor y un padre de todos. A Dios se eleve, la gratitud por sus dones y la ferviente oración de la Iglesia por su persona y ministerio. ¡ Ad multos annos, Santo Padre!
ZS06041801


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