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#933 De: "jrtornel1" <jrtornel1@...>
Fecha: Vie, 1 de Feb, 2008 10:13 am
Asunto: Benedicto XVI: Recuerda que el ser humano no puede ser tratado como "una cosa"
jrtornel1
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Bioética: El ser humano no puede ser tratado como «una cosa», alerta
el Papa
Recuerda el deber de la Iglesia de iluminar en cuestiones bioéticas
CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 31 enero 2008 (ZENIT.org).- Benedicto
XVI ha alentado a la Iglesia a mantenerse atenta ante las complejas
cuestiones que plantea la bioética, pues no es posible tratar a la
persona como «una cosa».
Fue la consigna que dejó en particular a los participantes en la
sesión plenaria de la Congregación para la Doctrina de la Fe celebra
esta semana en el Vaticano.
El obispo de Roma consideró que «el Magisterio de la Iglesia no puede
y no debe intervenir en todas las novedades de la ciencia, pero tiene
el deber de poner de relieve los grandes valores que están en juego y
proponer a los fieles y a todos los hombres de buena voluntad
principios y orientaciones ético-morales para las nuevas cuestiones
importantes».
«Los dos criterios fundamentales para el discernimiento moral en este
campo -continuó-- son: el respeto incondicional del ser humano como
persona, desde su concepción hasta la muerte natural y el respeto de
la originalidad de la transmisión de la vida humana a través de los
actos propios de los cónyuges».
El Santo Padre subrayó que «los nuevos problemas relacionados con la
congelación de embriones humanos, con la reducción embrional, con la
diagnosis pre-implantatoria, con las investigaciones sobre células
estaminales embrionales y con los intentos de clonación humana,
muestran claramente que con la fecundación artificial extra corpórea,
se ha roto la barrera en defensa de la dignidad humana».
«Cuando seres humanos, en el estado más débil y más indefenso de su
existencia son seleccionados, abandonados, asesinados o usados como
puro "material biológico", ¿cómo negar que son tratados no ya como
un "alguien", sino como "una cosa", poniendo así en discusión el
concepto mismo de dignidad humana?».
«Ciertamente --recordó-- la Iglesia aprecia y alienta el progreso de
las ciencias biomédicas que abren perspectivas terapéuticas hasta
ahora desconocidas, a través, por ejemplo, del uso de células
somáticas, o también a través de tratamientos que buscan restituir la
fertilidad o curar enfermedades genéticas».
«Al mismo tiempo siente el deber de iluminar las conciencias de
todos, para que el progreso científico sea realmente respetuoso de
cada ser humano, al que se le debe reconocer la dignidad de persona,
puesto que ha sido creado a imagen de Dios».
«El estudio sobre estos temas contribuirá a promover la formación de
la conciencia de tantos hermanos nuestros», reconoció.
Y, citando una de las consigna dejadas por el Concilio Vaticano II en
la declaración Dignitatis Humanae (n. 14), concluyó diciendo: «Los
cristianos..., en la formación de su conciencia, deben prestar
diligente atención a la doctrina sagrada y cierta de la Iglesia. Pues
por voluntad de Cristo la Iglesia católica es la maestra de la
verdad, y su misión consiste en anunciar y enseñar auténticamente la
verdad, que es Cristo, y al mismo tiempo declarar y confirmar con su
autoridad los principios de orden moral que fluyen de la misma
naturaleza humana».

#932 De: "pilisonse" <pilisonse@...>
Fecha: Vie, 1 de Feb, 2008 6:51 am
Asunto: SANTOS DEL DÍA : 1 DE FEBRERO
pilisonse
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Santos: Pionio presbítero y mártir; Severo, Pablo, Cecilio, Basilio,
Everardo, obispos; Soro, Tuján, abades; Brígida (Ida), Inocencia y
Veridiana, vírgenes; David, Simón y Sigeberto III, confesores.
1º de Febrero San Raul, Santa Emma y Santa Alicia.
________________________________________
San Raul
Su nombre significa: "Consejero valiente".
Fue un monje muy fervoroso enviado por San Bernardo en el año 1132 a
fundar el famoso monasterio del Valle de las Celdas, al norte de
Francia, en Cambray. Allí estuvo de superior por veinte años y con
sus monjes se dedicó a la oración, a la lectura de los libros
sagrados y a enseñar a los campesinos a cultivargosto/2008.htm">San
Bernardo en el año 1132 a fundar el famoso monasterio del Valle de
las Celdas, al norte de Francia, en Cambray. Allí estuvo de superior
por veinte años y con sus monjes se dedicó a la oración, a la lectura
de los libros sagrados y a enseñar a los campesinos a cultivar
técnicamente los campos.
Recomendaba que las oraciones que más debemos repetir cada día son:
Miserere: o sea Señor ten piedad, perdón Señor que soy un pecador. Y
Aleluya, Tedeum: o sea: Gracias a Dios. Bendito sea Dios.
________________________________________
Santa Emma, de Inglaterra. Año 1300.
Emma significa: mujer fuerte.
Santa Emma era esposa de Ricardo "Sin miedo", jefe de Normandía. Fue
madre del rey San Eduardo, al cual supo formar muy bien en cuanto a
creencias religiosas y moralidad. Santa Emma fue sumamente generosa
en repartir ayudas a los pobres.
De ella pudo decir su santo hijo: "La única tristeza que nos produjo
en toda su vida, fue haberse muerto". Por muchos siglos se ha
conservado intacta la mano derecha de Santa Emma, la mano con la cual
repartió tantas limosnas a los pobres.
________________________________________
Santa Alicia
Alicia significa: "de buena familia".
Santa Alicia nació en el año 400 y desde los veinte años, hasta su
muerte, se dedicaba a asistir enfermos y ayudarles a soportar con
paciencia y por amor a Dios todos sus dolores en un hospital de
París. Su más grande deseo era obtener que Cristo le dijera en el día
del Juicio aquello que El prometió que les dirá a los que atienden
bien a los enfermos: "Estuve enfermo y me atendiste y me ayudaste.
Todo el bien que le hiciste a cada uno de estos humildes, fue a Mí
mismo a quien lo hiciste. Venid al reino preparado por mi Padre desde
el principio de los siglos"

#931 De: MARIA SAez <mjosesaez2004@...>
Fecha: Jue, 31 de Ene, 2008 7:57 pm
Asunto: Sobre Benedicto y la Educación
mjosesaez2004
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Que bien viene esta carta de Benedicto XVI , después de la presentación que hubo
anoche en Caná sobre una “Nueva” forma de oración por los hijos, tan antigua
como la maternidad , pero renovada en el mundo actual , este tipo de
conferencias nos ayuda a centrarnos objetivamenete en algo muy concreto y en las
que a veces nos sentimos solos :

Las dificultades con las que nos encontramos quienes de manera directa tenemos
la responsabilidad de EDUCAR DESDE EL AMOR, LA RESPOSABILIDAD Y LA LIBERTAD DE
LOS HIJOS DE DIOS.
Bellas palabras las de Benedicto XVI , son agüita fresca para cuando estamos
cansados y eso que yo , honestamente no puedo quejarme, pero es el día a día la
búsqueda del equilibrio entre la disciplina y el cariño, entre la libertad que
poco a poco has de ir cediendo y la responsabilidad de los que lo asumen ,
encontrándote a veces en la tesitura de saber que se la van a pegar .... y hay
que dejar que se la pequen y luego amorosamente escuchando(lo que ya preveias..)
volver a confiar , transmitirles tu esperanza y tu fe en ellos : tus hijos,
darles de nuevo la opción a equivocarse…Yo les digo muchas veces que sufrir es
crecer que no lo hagan gratuitamente sino a favor de una mayor maduración y
acercamiento a la verdad por que ello afianza los principios y los hace más
fuertes.
Y curiosamente los errores pasan a ser otros, de todos aprendemos y aprendemos
todos. Además tenemos los mejores aliados : quien mejor que su Madre María y su
Padre del cielo, que para eso los pensó y los amo antes de hacer posible que se
hicieran realidad en mi vida y la de mi marido.
De todas formas cada época ha tenido sus dificultades, y yo confío en que el
Señor siempre está presente librando con nosotros nuestras batallas ,sus
batallas , por eso muchas veces cuando estoy confundida o no se muy bien como
actuar , una vez vistas todas las opciones posibles desde mi papel de madre,
descaradamente me pongo delante del Sagrario y le digo al Señor:
“Mira , son más tuyos que míos, yo solo soy y ya es mucho un instrumento elegido
por Ti para traértelos aquí y ahora, ni siquiera yo me pertenezco por que
también soy tuya y como permites en mi este no saber que hacer , creo que
realmente a quien toca llevar esta guerra es a Tí que para eso eres el Padre,
así pues , te dejo este “marroncito” y me lo resuelves” y os prometo que me voy
tan pancha y sin sentirme nada irresponsable, todo lo contrario , en mejores
manos no puedo dejar mi preocupación.
Ojo confiar no es obviar mi obligación para con ellos. Pero confiando en Dios,
Él te ayuda a confiar en ellos y ellos como un boomerang tratan de no defraudar,
es un efecto domino el que se produce cuando como el Papa expresa: “. La
esperanza que se dirige a Dios no es nunca esperanza sólo para mí, al mismo
tiempo es siempre esperanza para los demás: no nos aísla, sino que nos hace
solidarios en el bien, nos estimula a educarnos recíprocamente en la verdad y el
amor.” Un abrazo blogeros, con todo cariño.Mariajo


Con cariño.Mariajo (MJ.SÁEZ)

«Vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó hasta entregarse por mí» (Ga 2,
20).



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#930 De: Clara Albert <claraalbert2000@...>
Fecha: Jue, 31 de Ene, 2008 4:01 pm
Asunto: Don de Sabiduria
claraalbert2000
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Los dones del Espíritu Santo . Espíritu de Sabiduría
   autor: Fray Alejandro Ferreirós

   La sabiduría del cristiano

   San Pablo pide para los cristianos de Éfeso el Espíritu de sabiduría y
revelación para conocerle perfectamente a Él, al Padre de la gloria que se nos
da en Cristo mediante el sello del Espíritu Santo.
   Esto nos permite ver todas las cosas en Jesús con una especie de instinto
divino, como por connaturalidad. En la tradición patrística espiritual este
conocimiento por connaturalidad se compara al sentido del gusto. Sentimos que un
alimento es dulce o salado pero no por un razonamiento sino por sintonía con la
sal o el azúcar. Lo mismo sucede con la sabiduría: siento que un hecho o acción
es conforme al plan de Dios, porque estoy en Jesús, porque amo al Padre que es
el autor de ese plan.
   Esta participación en la sabiduría de Cristo la podemos contemplar
especialmente en María cuando en su “Magníficat” relee la historia de Israel y
la suya propia desde los ojos de Dios:
   “Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador
porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora
todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor
maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de
generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo,
dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados
de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y
despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la
misericordia - como había anunciado a nuestros padres - en favor de Abraham y de
su linaje por los siglos”.(Lc 1,46-55).
   María proclama por anticipado el Evangelio de la inversión de valores gracias
al don de la Sabiduría.

   La sabiduría de la cruz
   Hay un dato importante de la sabiduría cristiana que no tiene nada que ver con
las otras porque es justamente revelado, el valor de la cruz que señala
maravillosamente Pablo en la carta a los Corintios:
   “Porque no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el Evangelio. Y no con
palabras sabias, para no desvirtuar la cruz de Cristo. Pues la predicación de la
cruz es una necedad para los que se pierden; mas para los que se salvan - para
nosotros - es fuerza de Dios. Porque dice la Escritura: Destruiré la sabiduría
de los sabios, e inutilizaré la inteligencia de los inteligentes. ¿Dónde está el
sabio? ¿Dónde el docto? ¿Dónde el sofista de este mundo? ¿Acaso no entonteció
Dios la sabiduría del mundo? De hecho, como el mundo mediante su propia
sabiduría no conoció a Dios en su divina sabiduría, quiso Dios salvar a los
creyentes mediante la necedad de la predicación. Así, mientras los judíos piden
señales y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo
crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; mas para los
llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de
Dios. Porque la necedad divina es más sabia que la
  sabiduría de los hombres, y la debilidad divina, más fuerte que la fuerza de
los hombres. ¡Mirad, hermanos, quiénes habéis sido llamados! No hay muchos
sabios según la carne ni muchos poderosos ni muchos de la nobleza. Ha escogido
Dios más bien lo necio del mundo para confundir a los sabios. Y ha escogido Dios
lo débil del mundo, para confundir lo fuerte. Lo plebeyo y despreciable del
mundo ha escogido Dios; lo que no es, para reducir a la nada lo que es. Para que
ningún mortal se gloríe en la presencia de Dios”. (1Cor 1,17-29)
   Y después de afirmar que no existe otro saber sino Jesucristo crucificado
explica lo que es la sabiduría cristiana:

   “Sin embargo, hablamos de sabiduría entre los perfectos, pero no de sabiduría
de este mundo ni de los príncipes de este mundo, abocados a la ruina; sino que
hablamos de una sabiduría de Dios, misteriosa, escondida, destinada por Dios
desde antes de los siglos para gloria nuestra, desconocida de todos los
príncipes de este mundo - pues de haberla conocido no hubieran crucificado al
Señor de la Gloria -. Más bien, como dice la Escritura, anunciamos: = lo que ni
el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, lo que Dios preparó
para los que le aman. Porque a nosotros nos lo reveló Dios por medio del
Espíritu; y el Espíritu todo lo sondea, hasta las profundidades de Dios. En
efecto, ¿qué hombre conoce lo íntimo del hombre sino el espíritu del hombre que
está en él? Del mismo modo, nadie conoce lo íntimo de Dios, sino el Espíritu de
Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que
viene de Dios, para conocer las gracias que Dios nos
  ha otorgado, de las cuales también hablamos, no con palabras aprendidas de
sabiduría humana, sino aprendidas del Espíritu, expresando realidades
espirituales. (1Cor 2,6-13)

   Y nos muestra cómo esta sabiduría ha sido revelada por medio del Espíritu que
permite al cristiano juzgarlo todo a la luz de Dios:
   “El hombre naturalmente no capta las cosas del Espíritu de Dios; son necedad
para él. Y no las puede conocer pues sólo espiritualmente pueden ser juzgadas.
En cambio, el hombre de espíritu lo juzga todo; y a él nadie puede juzgarle.
Porque ¿quién conoció la mente del Señor para instruirle? Pero nosotros tenemos
la mente de Cristo. (1Cor 1,14-16).
   Este don es un regalo que el Padre hace especialmente a los pequeños que se
abren al regalo de su Espíritu superando la autosuficiencia espiritual:
   “En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor
del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e
inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu
beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo
sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el
Hijo se lo quiera revelar”.(Mt 11,25-27).

   Fray Alejandro Ferreirós






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#929 De: Clara Albert <claraalbert2000@...>
Fecha: Jue, 31 de Ene, 2008 3:42 pm
Asunto: Eucaristia en Caná
claraalbert2000
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No se puede contemplar a María sin ser atraídos por Cristo y no se puede mirar
a Cristo sin advertir de inmediato la presencia de María. Existe un vínculo
inseparable entre la Madre y el Hijo generado en su seno por obra del Espíritu
Santo, y este vínculo lo advertimos, de modo misterioso, en el Sacramento de la
Eucaristía, …  Benedictus PP. XVI  ( Jornada Mundial del Enfermo 2008)



   Queridos hermanos:

   Recordamos como todos los meses,  ese momento especial de los lunes en nuestra
comunidad que es LA CELEBRACIÓN DE LA EUCARISTÍA.


    Lunes día 4 de Febrero, 8,30 PM, ¡¡Gloria al Señor!!
   El día 11 de Febrero se celebra la Jornada Mundial del Enfermo, os enviamos 
el mensaje del Santo Padre Benedicto XVI y os recordamos encomendar en vuestras
oraciones a todos los hermanos de la Renovación Carismática que están enfermos y
que nos piden oraciones, el ministerio de enfermos de la RCCeE de Sta. María de
Caná se sigue reuniendo los jueves a las 8,30 en la Cripta para orar por ellos
¡si quieres puedes asistir!
                               Un abrazo en el Señor


--
Servidores de Discernimiento
Don Jesús
Alfonso
Concha
Isabel
Luis
Luz
Mª Eugenia
María

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#928 De: Clara Albert <claraalbert2000@...>
Fecha: Jue, 31 de Ene, 2008 2:37 pm
Asunto: Dones y Carismas
claraalbert2000
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LOS DONES DEL ESPÍRITU SANTO

   La vida cristiana se parece a un barco de vela. Cuando no hay viento los
marineros utilizan los remos, y avanzan poco y con mucha fatiga. Cuando sopla el
viento se viaja a vela desplegada, y se llega lejos y apenas sin fatiga. Cuando
hay poco Espíritu el cristiano tiene que trabajar fatigosamente en la
adquisición de las virtudes, pero cuando sopla el Espíritu con la fuerza de los
dones, se llega muy lejos, y con muy poca fatiga. El puerto al que viajamos es
Jesucristo y las virtudes teologales y demás actitudes que nos configuran con
Él. Si actuamos guiados sólo por nuestra razón y voluntad, aunque estén
motivadas por la fe y la Palabra de Dios, no superamos el nivel de un
cristianismo infantil y de poco alcance. Para llegar a las grandes metas
necesitamos otro impulso, que es el que hace el Espíritu Santo con los dones.  
Tradicionalmente se mencionan siete dones, tal como el profeta Isaías nos
refiere en su capítulo 11: sabiduría, inteligencia, ciencia, consejo,
  fortaleza, piedad, y temor de Dios. El espíritu del hombre los necesita para
poder tener un encuentro total con Jesucristo y con los demás, en la caridad. La
persona en la que no actúan los dones con fuerza, vive una vida cristiana muy
rastrera, sin elevarse nunca por encima de los juicios de la razón, que aun
iluminada por la fe, apenas llega a conocer y a encontrarse con Dios. Por eso
vemos tantos cristianos que no se arriesgan a nada, ni se comprometen con nada,
ni sufren por su fe, ni por lo tanto son fecundos. Todos los domingos van a
Misa, pero no son capaces de trasmitir a sus hijos ni una sola vibración
espiritual. Lo mismo se puede decir de muchos sacerdotes y religiosos que viven
un cristianismo apocado, sin elevarse nunca por encima del juicio teológico
covencional y de las normas morales más rancias.   Los dones son necesarios para
la santidad del bautizado. Por eso, a diferencia de los carismas, los recibimos
todos como semillas en el bautismo. Pertenecen al
  desarrollo normal de la vida cristiana, aunque en muchos se queden enanitos.
Son, como decía antes un chica, siete masters con los que el Espíritu culmina su
carrera en nosotros. Vivir a nivel de dones es dejar que el Espíritu sea el que
programe el itinerario y velocidad de tu camino. La vida mística es imposible
sin los dones. Las genialidades cristianas, los grandes amores, las grandes
santidades se dan por la actuación de los dones.*** San Pablo nos da el
auténtico sentido de la actuación de los dones en nosotros: "que el Padre de la
gloria os conceda espíritu de sabiduría y revelación para conocerle
perfectamente, iluminando los ojos de vuestro corazón, para que conozcáis, cuál
es la esperanza a la que habéis sido llamados por Él, cuál la riqueza de la
gloria otorgada por Él en herencia a los santos, y cuál la soberana grandeza de
su poder para con nosotros los creyentes, conforme a la eficacia de su fuerza
poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los
  muertos, y sentándolo a su diestra en los cielos (Ef. 1,17-19)   DON DE
SABIDURÍA. ¿Con qué intención infunde el Espíritu Santo el don de sabiduría en
nuestro espíritu? Para que conozcamos en plenitud a Jesucristo, en el cual se
encierran todos los tesoros de la sabiduría y ciencia de Dios. Para eso tiene
que elevar nuestro conocimiento a una dimensión que no es la suya propia. El
conocimiento humano dejado a sí mismo tiene como objeto la comprensión de las
cosas materiales, y no puede salir de esa dimensión, a no ser mediante
complicadas reflexiones. Con el don de sabiduría, que nos da un conocimiento
sobrenatural, podemos llegar a Dios en sí mismo, y ver al mundo desde Dios, con
los ojos de Dios, con el ritmo y la paciencia de Dios. Conocemos las cosas desde
su fuente y razones últimas que están en Dios. Según Tomás de Aquino, el don de
sabiduría perfecciona y es inseparable de la caridad, a la que da la modalidad
divina (II-II, 45,2). De esta forma podemos amar a las
  personas y a las cosas como las ama Dios, con su paciencia, con su ritmo. No
con nuestras prisas, exigencias y temores.   Con esta visión divina de las
cosas, se puede vivir como vivió Cristo, se puede amar a los enemigos, perdonar
setenta veces siete, y entregar la propia vida gratuitamente por los demás. No
te agobias, no eres pesimista, y entiendes que para todo hay un plan y un amor.
Ni el mal de la historia, ni la marcha de la política, ni la situación de la
Iglesia te agobia. Aprendes a quererte y aceptarte a ti mismo, que no eres capaz
de cambiar y convertirte.   Este don en la Renovación carismática nos da el
auténtico sentido que origina la alabanza: por su inmensa gloria, porque Dios
existe, porque es bueno en sí mismo, porque es amor. Nos da el gozo de haber
sido queridos y redimidos por Jesucristo, de una manera especial al celebrar la
eucaristía. Nos hace también ver la comunidad desde Dios, penetrar en su
misterio. No nos hemos reunido por nosotros mismos, ni
  por casualidad. Por lo tanto el misterio de nuestras pobrezas, cobra visión
divina. Lo relativiza todo para darnos un sentimiento de eternidad. Da en un
momento dado un amor especial por alguna persona, y pone raíz espiritual a una
amistad. De él derivan también el don de compasión, de misericordia, el don de
lágrimas.   DON DE INTELIGENCIA. El Espíritu da este don para comprender mejor a
Cristo y todo lo que se refiere a la fe. Es una visión de fe. Es un flash sobre
un tema de fe. Así, el incrédulo Tomás, después de decir que si no metía sus
dedos por el agujero de las llagas no creería en la resurrección del Señor, en
un impresionante flash del don de inteligencia, no sólo creyó en la
resurrección, sino en algo mucho más profundo que es la divinidad de Jesús. Y se
arrodilló y exclamó: "Señor mío, y Dios mío". Y lo mismo la Magdalena:
"Rabbuní".   Santo Tomás de Aquino, después de ser tal vez el mayor teólogo de
la historia, dejó de escribir a sus 48 años, por efecto de
  otro fortísimo golpe del don de inteligencia, dado en una visión. Ni una línea
más. Le preguntaron, y respondió: "Después de lo que he visto, me parece paja
todo lo que he escrito".   En la Renovación carismática este don es muy común.
Actúa cuando a uno se le revela con unción una frase de la Escritura, una
parábola, una imagen o figura, algún simbolismo litúrgico. En las personas
contemplativas Dios actúa mucho con este don, perfeccionando su fe de tal forma,
que nada ni nadie les puede hacer abdicar de lo que han visto y oído. Te hace de
tal modo inteligible la cruz de Cristo, cosa totalmente ajena a la razón, que te
la hace suave y hasta apetecible. A veces oyes decir a alguna persona: "mucho me
ha costado la perseverancia en la Renovación, pero ahora no lo cambio por nada".
DON DE CIENCIA. Para explicar este don se me ocurre poner un ejemplo asequible a
todo el mundo. Un niño muere en accidente. Ante este hecho pueden darse tres
posturas:   Un hombre sin fe: Es
  absurda la muerte de un niño. Me rebelo contra todo.   Un simple creyente: Su
razón duda. Acepta, pero no es capaz de evitar la rebeldía. Lucha con Dios.  
Con el don de ciencia: "Dejad que los niños se acerquen a mí". Acepta plenamente
la voluntad de Dios.   El don de ciencia tiene como objeto los acontecimientos
de la vida, los sucesos naturales, las cosas creadas. De ahí el Espíritu santo
nos eleva a Dios. En el don de sabiduría se conocen las cosas desde Dios, en el
de ciencia a Dios desde las cosas. Es el don que actuó en San Francisco cuando
compuso el "Cántico al hermano sol". Este don compuso también el "Cántico
espiritual" de San Juan de la Cruz, y le hacía caer arrobado ante la belleza de
una fuentecilla de la montaña. Nos enseña a amar la creación, y nos hace sentir
el valor divino de lo humano y natural. Si hubiera un don ecológico por
excelencia, este sería ese don.   El don de ciencia tiene en la Renovación
carismática algunas manifestaciones muy fuertes. A
  veces da una luz especial para conocer en la oración de intercesión la
situación interior de personas marcadas por sucesos o traumas, a veces ocultos,
y que el Espíritu los ilumina en orden a una sanación. Otra cosa típica de este
don, es una especie de instinto para conocer dónde hay Palabra de Dios o dónde
no la hay. Qué cosas son del Señor y cuáles no lo son, por ejemplo, en un gesto,
en el ejercicio de un carisma. Qué oraciones o canciones están ungidas, y cuáles
son simple hechura humana.   DON DE CONSEJO. No se refiere a algo que tengo que
conocer, sino a algo que tengo que hacer. Es un discernimiento a veces
instintivo, sobre qué tengo que hacer, cómo debo comportarme en tal situación,
qué camino seguir, qué cosas debo evitar para seguir a Jesucristo. Lo primario
de este don no consiste en dar buenos consejos a los demás, sino en estar bien
aconsejado. Viene a perfeccionar la virtud de la prudencia, pero no concluye
algo por razones humanas, sino por inspiración del
  Espíritu.   Un día del año 1216, Santo Domingo de Guzmán, que sólo tenía 16
frailes, los repartió por el mundo en grupos de cuatro. Cuatro envió a París y
cuatro a Bolonia, por ser grandes sedes universitarias. Cuatro envió a Madrid,
cuando Madrid no era nada, y dejó otros cuatro con él en Toulouse. Lo hizo
contra la opinión de todos. Al verse tan acosado por las opiniones contrarias,
dijo: "Yo sé muy bien lo que me hago". Al poco tiempo los frutos le dieron la
razón.   En la Renovación carismática el don de Consejo actúa, entre otras
maneras, dando claridad al discernimiento para dirigir un grupo, o para ver con
ojos del Espíritu el comportamiento de alguna persona. Da la capacidad de saber
conciliar la verdad con la suavidad, la necesidad de guardar un secreto sin
faltar a la verdad. En la Renovación es muy importante el tema de las relaciones
personales, pues se crea gran intimidad entre las personas. El don de Consejo
revela con luces superiores a las de la prudencia,
  cómo debes comportarte en determinados casos, y cuál debe ser tu actitud básica
en este tema. En fin, este don nos ilumina sobre todos los aspectos del
sometimiento a Dios y a los hermanos, sobre todo en la comunidad. Nos hace
entrar en la práctica de la cruz de Cristo. Nos ayuda a discernir nuestro
carisma, ministerio o vocación propia, y la de los demás.

   Chus Villarroel

   Seminario de la vida en el Espíritu

Publica: Sereca:1994.


C/ Fomento, 13 28013 Madrid ESPAÑA

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#927 De: "Francisco" <maisago@...>
Fecha: Jue, 31 de Ene, 2008 11:16 am
Asunto: Miercoles de ceniza
francisnava
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Miércoles de Ceniza Conoce el significado e importancia del miércoles
de Ceniza como el inicio formal a la Cuaresma. El miércoles de Ceniza
es el principio de la Cuaresma; un día especialmente penitencial, en
el que manifestamos nuestro deseo personal de conversión a Dios.

Al acercarnos a los templos a que nos impongan la ceniza, expresamos
con humildad y sinceridad de corazón, que deseamos convertirnos y
creer de verdad en el Evangelio.

El origen de la imposición de la ceniza pertenece a la estructura de
la penitencia canónica. Empieza a ser obligatorio para toda la
comunidad cristiana a partir del siglo X. La liturgia actual,
conserva los elementos tradicionales: imposición de la ceniza y ayuno
riguroso.

La bendición e imposición de la ceniza tiene lugar dentro de la Misa,
después de la homilía; aunque en circunstancias especiales, se puede
hacer dentro de una celebración de la Palabra. Las fórmulas de
imposición de la ceniza se inspiran en la Escritura: Génesis, 3, 19 y
Marcos 1, 15.

La ceniza procede de los ramos bendecidos el Domingo de la Pasión del
Señor, del año anterior, siguiendo una costumbre que se remonta al
siglo XII. La fórmula de bendición hace relación a la condición
pecadora de quienes la recibirán.

El simbolismo de la ceniza es el siguiente:

a) Condición débil y caduca del hombre, que camina hacia la muerte;

b) Situación pecadora del hombre;

c) Oración y súplica ardiente para que el Señor acuda en su ayuda;

d) Resurrección, ya que el hombre está destinado a participar en el
triunfo de Cristo;

La ceniza es el residuo de la combustión por el fuego de las cosas o
de las personas. Este símbolo ya se emplea en la primera página de la
Biblia cuando se nos cuenta que "Dios formó al hombre con polvo de la
tierra" (Gen 2,7). Eso es lo que significa el nombre de "Adán". Y se
le recuerda enseguida que ése es precisamente su fin: "hasta que
vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste hecho" (Gn 3,19).

Por extensión, pues, representa la conciencia de la nada, de la
nulidad de la creatura con respecto al Creador, según las palabras de
Abrahán: "Aunque soy polvo y ceniza, me atrevo a hablar a mi Señor"
(Gn 18,27).

Esto nos lleva a todos a asumir una actitud de humildad ("humildad"
viene de humus, "tierra"): "polvo y ceniza son los hombres" (Si
17,32), "todos caminan hacia una misma meta: todos han salido del
polvo y todos vuelven al polvo" (Qo 3,20), "todos expiran y al polvo
retornan" (Sal 104,29). Por lo tanto, la ceniza significa también el
sufrimiento, el luto, el arrepentimiento. En Job (Jb 42,6) es
explícítamente signo de dolor y de penitencia. De aquí se desprendió
la costumbre, por largo tiempo conservada en los monasterios, de
extender a los moribundos en el suelo recubierto con ceniza dispuesta
en forma de cruz. La ceniza se mezcla a veces con los alimentos de
los ascetas y la ceniza bendita se utiliza en ritos como la
consagración de una iglesia, etc.

La costumbre actual de que todos los fieles reciban en su frente o en
su cabeza el signo de la ceniza al comienzo de la Cuaresma no es muy
antiguo.

En los primeros siglos se expresó con este gesto el camino cuaresmal
de los "penitentes", o sea, del grupo de pecadores que querían
recibir la reconciliación al final de la Cuaresma, el Jueves Santo, a
las puertas de la Pascua. Vestidos con hábito penitencial y con la
ceniza que ellos mismos se imponían en la cabeza, se presentaban ante
la comunidad y expresaban así su conversión.

En el siglo XI, desaparecida ya la institución de los penitentes como
grupo, se vio que el gesto de la ceniza era bueno para todos, y así,
al comienzo de este período litúrgico, este rito se empezó a realizar
para todos los cristianos, de modo que toda la comunidad se reconocía
pecadora, dispuesta a emprender el camino de la conversión cuaresmal.

En la última reforma litúrgica se ha reorganizado el rito de la
imposición de la ceniza de un modo más expresivo y pedagógico. Ya no
se realiza al principio de la celebración o independientemente de
ella, sino después de las lecturas bíblicas y de la homilía. Así la
Palabra de Dios, que nos invita ese día a la conversión, es la que da
contenido y sentido al gesto.

Además, se puede hacer la imposición de las cenizas fuera de la
Eucaristía -en las comunidades que no tienen sacerdote-, pero siempre
en el contexto de la escucha de la Palabra.

Documento obtenido de, catolicosapostolicosyromanos@...
en nombre de carlos alberto leos gonzalez

#926 De: "jrtornel1" <jrtornel1@...>
Fecha: Jue, 31 de Ene, 2008 7:52 am
Asunto: Benedicto XVI: Fe y razón en san Agustín de Hipona
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BENEDICTO XVI: FE Y RAZÓN EN SAN AGUSTÍN DE HIPONA

Intervención en la audiencia general
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 30 enero 2008 (ZENIT.org).-
Publicamos la intervención de Benedicto XVI durante la audiencia
general de este miércoles, la tercera que dedica a la figura de san
Agustín de Hipona.
Queridos amigos:
Tras la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos volvemos
hoy a retomar la gran figura de san Agustín. Mi querido predecesor
Juan Pablo II le dedicó, en 1986, es decir, en el décimo sexto
centenario de su conversión, un largo y denso documento, la carta
apostólica Augustinum Hipponensem. El mismo Papa quiso definir este
texto como «una acción de gracias a Dios por el don que hizo a la
Iglesia, y mediante ella a la humanidad entera, gracias a aquella
admirable conversión». (Augustinum Hipponensem, 1). Quisiera afrontar
el tema de la conversión en una próxima audiencia. Es un tema
fundamental no sólo para su vida personal, sino también para la
nuestra. El Evangelio del domingo pasado el Señor mismo resumió su
predicación con la palabra: «Convertíos». Siguiendo el camino de san
Agustín, podremos meditar sobre qué es esta conversión: es algo
definitivo, decisivo, pero la decisión fundamental debe
desarrollarse, debe realizarse en toda nuestra vida.
La catequesis de hoy está dedicada, por el contrario, al tema fe y
razón, que es un tema determinante, o mejor, el tema determinante de
la biografía de san Agustín. De niño había aprendido de su madre,
Mónica, la fe católica. Pero siendo adolescente había abandonado esta
fe porque ya no lograba ver su razonabilidad y no quería una religión
que no fuera expresión de la razón, e decir, de la verdad. Su sed de
verdad era radical y le llevó a alejarse de la fe católica. Pero su
radicalidad era tal que no podía contentarse con filosofías que no
llegaran a la misma verdad, que no llegaran hasta Dios. Y a un Dios
que no fuera sólo una hipótesis última cosmológica, sino que fuera el
verdadero Dios, el Dios que da la vida y que entra en nuestra misma
vida. De este modo, todo el itinerario intelectual y espiritual de
san Agustín constituye un modelo válido también hoy en la relación
entre fe y razón, tema no sólo para hombres creyentes, sino para todo
hombre que busca la verdad, tema central para el equilibrio y el
destino de todo ser humano.
Estas dos dimensiones, fe y razón, no deben separarse ni
contraponerse, sino que deben estar siempre unidas. Como escribió
Agustín tras su conversión, fe y razón son «las fuerzas que nos
llevan a conocer» (Contra Academicos, III, 20, 43). En este sentido,
siguen siendo famosas sus dos fórmulas (Sermones, 43, 9) con las que
expresa esta síntesis coherente entre fe y razón: crede ut intelligas
(«cree para comprender») --creer abre el camino para cruzar la puerta
de la verdad--, pero también y de manera inseparable, intellige ut
credas («comprende para creer»), escruta la verdad para poder
encontrar a Dios y creer.
Las dos afirmaciones de Agustín manifiestan con eficacia y
profundidad la síntesis de este problema, en el que la Iglesia
católica ve su camino manifestado. Históricamente esta síntesis se
fue formando, ya antes de la venida de Cristo, en el encuentro entre
la fe judía y el pensamiento griego en el judaísmo helénico.
Sucesivamente en la historia esta síntesis fue retomada y
desarrollada por muchos pensadores cristianos. La armonía entre fe y
razón significa sobre todo que Dios no está lejos: no está lejos de
nuestra razón, de nuestra vida; está cerca de todo ser humano, cerca
de nuestro corazón y de nuestra razón, si realmente nos ponemos en
camino.
Precisamente esta cercanía de Dios al hombre fue experimentada con
extraordinaria intensidad por Agustín. La presencia de Dios en el
hombre es profunda y al mismo tiempo misteriosa, pero puede
reconocerse y descubrirse en la propia intimidad: no hay que salir
afuera --afirma el convertido--, «vuelve sobre ti mismo. La verdad
habita en el hombre interior. Y si encuentras que su naturaleza es
mutable, trasciéndete a ti mismo. Pero recuerda al hacerlo así que
trasciendes un alma que razona. Así pues, dirígete allí donde se
enciende la luz misma de la razón» (De vera religione, 39, 72). Él
mismo subraya en una afirmación famosísima del inicio de las
Confesiones, autobiografía espiritual escrita en alabanza de
Dios: «Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto,
hasta que descanse en ti» (I, 1, 1).
La lejanía de Dios equivale, por tanto, a la lejanía de sí
mismos. «Porque tú --reconoce Agustín (Confesiones, III, 6, 11)--
estabas dentro de mí, más interior que lo más íntimo mío y más
elevado que lo más sumo mío», interior intimo meo et superior summo
meo; hasta el punto de que, en otro pasaje, recordando el tiempo
precedente a su conversión, añade: «Tú estabas, ciertamente, delante
de mí, mas yo me había apartado de mí mismo y no me encontraba»
(Confesiones, V, 2, 2). Precisamente porque Agustín vivió en primera
persona este itinerario intelectual y espiritual, supo presentarlo en
sus obras con tanta cercanía, profundidad y sabiduría, reconociendo
en otros dos famosos pasajes de las Confesiones (IV, 4, 9 y 14, 22)
que el hombre es «un gran enigma» (magna quaestio) y «un gran abismo»
(grande profundum), enigma y abismo que sólo ilumina y colma Cristo.
Esto es importante: quien está lejos de Dios también está lejos de sí
mismo, alienado de sí mismo, y sólo puede encontrarse a sí mismo si
se encuentra con Dios. De este modo logra llegar a su verdadero yo,
su verdadera identidad.
El ser humano, subraya después Agustín en el De civitate Dei (XII,
27), es sociable por naturaleza pero antisociable por vicio, y es
salvado por Cristo, único mediador entre Dios y la humanidad,
y «camino universal de la libertad y de la salvación», como ha
repetido mi predecesor Juan Pablo II (Augustinum Hipponensem, 21):
fuera de este camino, que nunca le ha faltado al género humano, sigue
afirmando Agustín en esa misma obra, «nadie ha sido liberado nunca,
nadie es liberado, nadie será liberado» (De civitate Dei, X, 32, 2).
Como único mediador de la salvación, Cristo es cabeza de la Iglesia y
está unido místicamente a ella de modo que Agustín afirma: «Nos hemos
convertido en Cristo. De hecho, si él es la cabeza, nosotros somos
sus miembros, el hombre total es él y nosotros» (In Iohannis
evangelium tractatus, 21, 8).
Pueblo de Dios y casa de Dios, la Iglesia, según la visión de
Agustín, está por tanto ligada íntimamente al concepto de Cuerpo de
Cristo, fundamentada en la relectura cristológica del Antiguo
Testamento y en la vida sacramental centrada en la Eucaristía, en la
que el Señor nos da su Cuerpo y nos transforma en su Cuerpo. Por
tanto es fundamental que la Iglesia, pueblo de Dios, en sentido
cristológico y no en sentido sociológico, esté verdaderamente
integrada en Cristo, quien, según afirma Agustín en una página
hermosísima, «reza por nosotros, reza en nosotros, es rezado por
nosotros como nuestro Dios: reconocemos por tanto en él nuestra voz y
nosotros en él la suya» (Enarrationes in Psalmos, 85, 1).
En la conclusión de la carta apostólica Augustinum Hipponensem Juan
Pablo II quiso preguntar al mismo santo qué podía decir a los hombres
de hoy y responde sobre todo con las palabras que Agustín confió en
una carta dictada poco después de su conversión: «Me parece que se
debe llevar a los hombres a la esperanza de encontrar la verdad»
(Epistulae, 1, 1); esa verdad que es Cristo, Dios verdadero, a quien
se dirige una de las oraciones más hermosas y famosas de las
Confesiones (X, 27, 38): «¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan
nueva, tarde te amé! Y he aquí que tú estabas dentro de mí y yo
fuera, y por fuera te buscaba; y deforme como era, me lanzaba sobre
estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, mas yo no lo
estaba contigo. Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que, si no
estuviesen en ti, no serían. Llamaste y clamaste, y rompiste mi
sordera; brillaste y resplandeciste, y fugaste mi ceguera; exhalaste
tu perfume y respiré, y suspiro por ti; gusté de ti, y siento hambre
y sed, me tocaste, y abraséme en tu paz».
De este modo Agustín encontró a Dios y durante toda su vida hizo su
experiencia hasta el punto de que esta realidad --que es ante todo el
encuentro con una Persona, Jesús--cambió su vida, como cambia la de
cuantos, hombres y mujeres, en todo tiempo, tienen la gracia de
encontrarse con él. Pidamos al Señor que nos dé esta gracia y nos
haga encontrar así su paz.
[Al final de la audiencia, el Papa saludó en varios idiomas. En
español, dijo:]
Queridos hermanos y hermanas:
La catequesis de hoy trata algunos aspectos del inmenso legado de San
Agustín, reconocido por la Iglesia como uno de sus maestros más
autorizados, como lo puso de manifiesto el Papa Juan Pablo II en la
Carta Apostólica dedicada al Santo en la conmemoración de su
conversión, siendo, además, un Padre de la Iglesia muy apreciado
también por mí. El itinerario intelectual y espiritual de Agustín
representa un modelo de la relación armónica que debe existir entre
la fe y la razón. Esta armonía significa ante todo que Dios está
cerca de todo ser humano, cerca de su corazón y de su razón. Esta
presencia misteriosa de Dios puede ser reconocida en el interior del
hombre, porque, como decía Agustín con una expresión muy
conocida: «Nos has hecho, Señor, para ti y nuestro corazón está
inquieto hasta que descanse en ti». El hombre, añade el Santo, es un
grande enigma y un abismo que sólo Cristo es capaz de iluminar y
colmar. Además, en cuanto único mediador de la salvación, Cristo es
cabeza de la Iglesia, y está unido místicamente a ella. Ante la
pregunta ¿qué es lo que san Agustín puede decir al hombre de hoy?, se
podría contestar con estas palabras de una carta escrita después de
su conversión: «Me parece que se debe llevar a los hombres a la
esperanza de encontrar la verdad»; esa verdad que es Cristo mismo.
Saludo cordialmente a los visitantes de lengua española. En
particular, a los distintos grupos de estudiantes y peregrinos
venidos de Argentina, Chile, España y de otros países
latinoamericanos. Siguiendo el ejemplo y las enseñanzas de san
Agustín, os animo a buscar a Cristo con todas las fuerzas, para
encontrar en Él la verdad de vuestras vidas. ¡Muchas gracias!

#925 De: "jrtornel1" <jrtornel1@...>
Fecha: Jue, 31 de Ene, 2008 7:42 am
Asunto: Benedicto XVI: Presenta a los jóvenes San Juan Bosco como maestro de vida
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BENEDICTO XVI PRESENTA A LOS JÓVENES SAN JUAN BOSCO COMO «MAESTRO DE
VIDA»

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 30 enero 2008 (ZENIT.org).- Benedicto
XVI presentó, en particular a los jóvenes, a los enfermos y a los
recién casados, la figura de san Juan Bosco, «sacerdote y educador»¸
cuya memoria litúrgica se celebra este jueves.
En particular, dirigiéndose a los jóvenes, les invitó ver en él a «un
auténtico maestro de vida».
Luego, ante los enfermos presentes en el Aula Pablo VI, algunos en
silla de ruedas, les invitó a aprender «de su experiencia espiritual
a confiar en toda circunstancia en Cristo crucificado».
Por último, saludando a los recién casados, algunos en traje de
bodas, les recomendó: «recurrir a su intercesión para asumir con
compromiso generoso vuestra misión de esposos».
San Juan Bosco (1815-1888), italiano, fundó las tres ramas de la
Familia Salesiana: Sociedad de San Francisco de Sales (Congregación
Salesiana), Instituto de las Hijas de María Auxiliadora y Asociación
de Salesianos Cooperadores.
Es conocido como el «apóstol de los jóvenes» con el método de la
persuasión, de la religiosidad auténtica, del amor orientado siempre
a prevenir más que a reprimir.
Uno de los frutos más excelsos de su pedagogía es san Domingo Savio,
de quince años, quien había sintetizado su lección con estas
palabras: «Nosotros, en la escuela de Don Bosco, hacemos consistir la
santidad en estar muy alegres y en el cumplimiento perfecto de
nuestros deberes».
El 31 de enero de 1988 Juan Pablo II le declaró «padre y maestro de
la juventud», «estableciendo que con este título sea honrado e
invocado, en particular por quienes se reconocen como sus hijos
espirituales».

#924 De: "pilisonse" <pilisonse@...>
Fecha: Jue, 31 de Ene, 2008 7:22 am
Asunto: SANTOS DEL DÍA 31 DE ENERO
pilisonse
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Santos: Juan Bosco, Patrono de aprendices, cinema e ilusionismo,
confesor y fundador; Geminiano, obispo; Ciro y Juan, Tarsicio,
Saturnino, Tirso y Víctor, Zótico, Ciriaco, Trifena, Sergio, mártires;
Julio, presbítero; Marcela, Luisa Albertonia, viudas; Francisco Javier
María Bianchi, confesor.

31 de enero
San Juan Bosco, presbítero (1815-1888)

Nació cerca de Turín, el año 1815, junto a Castelnuovo.
Su niñez fue dura.
Una vez ordenado sacerdote, empleó todas sus energías en la ciudad de
Turín, desviviéndose por la educación de los jóvenes más pobres y
abandonados.
Fundó la Congregación de los Salesianos destinada a procurar a esta
juventud una formación humana integral que abarcara tanto el campo
intelectual y religioso como el profesional.
Escribió también algunas obras en defensa de la religión.
Murió en el año 1888.

#923 De: "jrtornel1" <jrtornel1@...>
Fecha: Mié, 30 de Ene, 2008 1:36 pm
Asunto: Benedicto XVI: Por una ciencia con conciencia
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BENEDICTO XVI: POR UNA CIENCIA CON CONCIENCIA
Discurso a un congreso organizado, entre otros, por la Academia de
las Ciencias de París
CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 28 enero 2008 (ZENIT.org).- Publicamos el
discurso que dirigió Benedicto XVI este lunes a los participantes en
el congreso interacadémico sobre el tema «La identidad cambiante del
individuo», organizado, entre otras instituciones, por la Academia de
las Ciencias de París y por la Academia Pontificia de las Ciencias.
* * *
Señores cancilleres, excelencias, queridos amigos académicos,
Señoras y señores:
Con mucho gusto os doy la bienvenida al final de vuestro coloquio que
se ha concluido aquí, en Roma, después de haberse desarrollado en el
Instituto de Francia, en París, consagrado al tema «La identidad
cambiante del individuo».
Doy las gracias ante todo al príncipe Gabriel de Broglie por las
palabras de saludo con las que ha querido introducir este encuentro.
Quisiera saludar al mismo tiempo a los miembros de todas las
instituciones que organizan este encuentro: la Academia Pontificia de
las Ciencias y la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales, la
Academia de las Ciencias Morales y Políticas de Francia, la Academia
de las Ciencias de Francia, el Instituto Católico de París. Me alegra
el que por vez primera se haya podido instaurar una colaboración
interacadémica de esta naturaleza, abriendo el camino a amplias
investigaciones interdisciplinares cada vez más fecundas.
En el momento en el que las ciencias exactas, naturales y humanas han
alcanzado prodigiosos avances en el conocimiento del ser humano y de
su universo, la tentación consiste en querer circunscribir totalmente
la identidad del ser humano y de encerrarle en el saber que podemos
tener. Para evitar este peligro, es necesario dejar espacio a la
investigación antropológica, a la filosofía y a la teología, que
permiten mostrar y mantener el misterio propio del hombre, pues una
ciencia no puede decir quién es el hombre, de dónde viene o adónde
va. La ciencia del hombre se convierte, por tanto, en la más
necesaria de todas las ciencias. Es lo que decía Juan Pablo II en la
encíclica «Fides et ratio»: «Un gran reto que tenemos es el de saber
realizar el paso, tan necesario como urgente, del fenómeno al
fundamento. No es posible detenerse en la sola experiencia; incluso
cuando ésta expresa y pone de manifiesto la interioridad del hombre y
su espiritualidad, es necesario que la reflexión especulativa llegue
hasta su naturaleza espiritual y el fundamento en que se apoya» (n.
83).
El hombre constituye algo que va más allá de lo que se puede ver o de
lo que se puede percibir por la experiencia. Descuidar la cuestión
sobre el ser humano lleva inevitablemente a negar la búsqueda de la
verdad objetiva sobre el ser en su integridad y, de este modo, a la
incapacidad para reconocer el fundamento sobre el que se apoya la
dignidad del hombre, de todo hombre, desde su fase embrionaria hasta
su muerte natural.
A lo largo de vuestro coloquio, habéis experimentado que las
ciencias, la filosofía y la teología pueden ayudarse a percibir la
identidad del hombre, que está en constante devenir. A partir de la
cuestión sobre el nuevo ser surgido de la fusión celular, que lleva
en sí un patrimonio genético nuevo y específico, habéis presentado
elementos esenciales del misterio del hombre, caracterizado por la
alteridad: ser creado por Dios, ser a imagen de Dios, ser amado hecho
para amar. En cuanto ser humano, nunca está encerrado en sí mismo;
siempre conlleva una alteridad y se encuentra desde su origen en
interacción con otros seres humanos, como nos lo revelan cada vez más
las ciencias humanas. No es posible dejar de evocar la maravillosa
meditación del salmista sobre el ser humano, formado en lo secreto
del seno de su madre y al mismo tiempo conocido en su identidad y
misterio únicamente por Dios, que le ama y protege (Cf. Salmo 138
[139], 1-16).
El hombre no es fruto del azar, ni de un conjunto de circunstancias,
ni de determinismos, ni de interacciones fisicoquímicas; es un ser
que goza de una libertad que, teniendo en cuenta su naturaleza, la
trasciende y es el signo del misterio de alteridad que lo habita.
Desde esta perspectiva el gran pensador Pascal decía que «el hombre
sobrepasa infinitamente al hombre». Esta libertad, propia del ser
humano, hace que pueda orientar su vida hacia un fin, que por sus
actos puede orientarse hacia la felicidad a la que está llamado para
la eternidad. Esta libertad pone de manifiesto que la existencia del
hombre tiene un sentido. En el ejercicio de su auténtica libertad, la
persona realiza su vocación; se cumple; da forma a su identidad
profunda. En el ejercicio de su libertad ejerce también su
responsabilidad sobre sus actos. En este sentido, la dignidad
particular del ser humano es al mismo tiempo un don de Dios y la
promesa de un porvenir.
El hombre tiene una capacidad específica: discernir lo bueno y el
bien. Impresa en él como un sello, la sindéresis le lleva a hacer el
bien. Movido por ella, el hombre está llamado a desarrollar su
conciencia por la formación y por el ejercicio para orientarse
libremente en su existencia, fundándose en las leyes esenciales que
son la ley natural y la ley moral. En nuestra época, cuando el
desarrollo de las ciencias atrae y seduce por las posibilidades
ofrecidas, es más importante que nunca educar las conciencias de
nuestros contemporáneos para que la ciencia no se transforme en el
criterio del bien, y el hombre sea respetado como centro de la
creación y no se convierta en objeto de manipulaciones ideológicas,
de decisiones arbitrarias, ni tampoco de abuso de los más fuertes
sobre los más débiles. Se trata de peligros cuyas manifestaciones
hemos podido conocer a lo largo de la historia humana, y en
particular en el siglo XX.
Todo progreso científico debe ser también un progreso de amor,
llamado a ponerse al servicio del hombre y de la humanidad y de
ofrecer su contribución a la edificación de la identidad de las
personas. En efecto, como subrayaba en la encíclica «Deus caritas
est», «El amor engloba la existencia entera y en todas sus
dimensiones, incluido también el tiempo... El amor es "éxtasis", pero
no en el sentido de arrebato momentáneo, sino como camino permanente,
como un salir del yo cerrado en sí mismo hacia su liberación en la
entrega de sí y, precisamente de este modo, hacia el reencuentro
consigo mismo» (n. 6).
El amor permite salir de sí mismo para descubrir y reconocer al otro;
al abrirse a la alteridad, afirma también la identidad del sujeto,
pues el otro me revela a mí mismo. Es la experiencia que han hecho
numerosos creyentes a lo largo de la Biblia, a partir de Abraham. El
modelo por excelencia del amor es Cristo. En el acto de entrega de su
vida por los hermanos, al darse totalmente, se manifiesta su
identidad profunda y la clave de lectura del misterio insondable de
su ser y de su misión.
Encomendando vuestra investigación a la intercesión de santo Tomás de
Aquino, a quien la Iglesia honra en este día, quien sigue siendo
un «auténtico modelo para quienes buscan la verdad» («Fides et
ratio», n. 78), os aseguro mi oración por vosotros, por vuestras
familias, por vuestros colaboradores y os imparto con afecto la
bendición apostólica.
[Traducción del original en francés realizada por Zenit

#922 De: "jrtornel1" <jrtornel1@...>
Fecha: Mié, 30 de Ene, 2008 1:32 pm
Asunto: Benedicto XVI: Carta sobre la educación
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Carta del Papa sobre la tarea urgente de la educación

A la diócesis de Roma
CIUDAD DEL VATICANO, martes, 29 enero 2008 (ZENIT.org).- Publicamos
la carta que ha enviado Benedicto XVI a la diócesis y a la ciudad de
Roma sobre la tarea urgente de la educación.
Queridos fieles de Roma:
He querido dirigirme a vosotros con esta carta para hablaros de un
problema que vosotros mismos experimentáis y en el que están
comprometidos los diferentes componentes de nuestra Iglesia: el
problema de la educación. Todos nos preocupamos profundamente por el
bien de las personas que amamos, en particular de nuestros niños,
adolescentes y jóvenes. Sabemos, de hecho, que de ellos depende el
futuro de nuestra ciudad. Debemos, por tanto, preocuparnos por la
formación de las futuras generaciones, por su capacidad de orientarse
en la vida y de discernir el bien del mal, por su salud no sólo
física sino también moral.
Ahora bien, educar nunca ha sido fácil, y hoy parece ser cada vez más
difícil. Lo saben bien los padres de familia, los maestros, los
sacerdotes y todos los que tienen responsabilidades educativas
directas. Se habla, por este motivo, de una gran «emergencia
educativa», confirmada por los fracasos que encuentran con demasiada
frecuencia nuestros esfuerzos por formar persona sólidas, capaces de
colaborar con los demás, y de dar un sentido a la propia vida.
Entonces se echa la culpa espontáneamente a las nuevas generaciones,
como si los niños que hoy nacen fueran diferentes a los que nacían en
el pasado. Se habla, además de una «fractura entre las generaciones»,
que ciertamente existe y tiene su peso, pero es más bien el efecto y
no la causa de la falta de transmisión de certezas y de valores.
Por tanto, ¿tenemos que echar la culpa a los adultos de hoy que ya no
son capaces de educar? Ciertamente es fuerte la tentación de
renunciar, tanto entre los padres como entre los maestros, y en
general entre los educadores, e incluso se da el riesgo de no
comprender ni siquiera cuál es su papel o incluso  la misión que se
les ha confiado. En realidad, no sólo están en causa las
responsabilidades personales de los adulos y de los jóvenes, que
ciertamente existen y no deben esconderse, sino también un ambiente
difundido, una mentalidad y una forma de cultura que llevan a dudar
del valor de la persona humana, del significado mismo de la verdad y
del bien, en última instancia, de la bondad de la vida. Se hace
difícil, entonces, transmitir de una generación a otra algo válido y
cierto, reglas de comportamiento,  objetivos creíbles sobre los que
se puede construir la propia vida.
Queridos hermanos y hermanas de Roma: ante esta situación quisiera
deciros algo muy sencillo: ¡No tengáis miedo! Todas estas
dificultades, de hecho, no son insuperables. Son más bien, por así
decir, la otra cara de la moneda de ese don grande y precioso que es
nuestra libertad, con la responsabilidad que justamente implica. A
diferencia de lo que sucede en el campo técnico o económico, en donde
los progresos de hoy pueden sumarse a los del pasado, en el ámbito de
la formación y del crecimiento moral de las personas no se da una
posibilidad semejante de acumulación, pues la libertad del hombre
siempre es nueva y, por tanto, cada persona y cada generación tiene
que tomar nueva y personalmente sus decisiones. Incluso los valores
más grandes del pasado no pueden ser simplemente heredados, tienen
que ser asumidos y renovados a través de una opción personal, que con
frecuencia cuesta.
Ahora bien, cuando se tambalean los cimientos y faltan las certezas
esenciales, la necesidad de esos valores se siente de manera urgente:
en concreto, aumenta hoy la exigencia de una educación que sea
realmente tal. La piden los padres, preocupados y con frecuencia
angustiados por el futuro de sus hijos; la piden tantos maestros, que
viven la triste experiencia de la degradación de sus escuelas; la
pide la sociedad en su conjunto, que ve cómo se ponen en duda las
mismas bases de la convivencia; la piden en su intimidad los mimos
muchachos y jóvenes, que no quieren quedar abandonados ante los
desafíos de la vida. Quien cree en Jesucristo tiene, además, un
ulterior y más intenso motivo para no tener miedo: sabe que Dios no
nos abandona, que su amor nos alcanza allí donde estamos y como
estamos, con nuestras miserias y debilidades, para ofrecernos una
nueva posibilidad de bien.
Queridos hermanos y hermanas: para hacer más concretas mis
reflexiones puede ser útil encontrar algunos requisitos comunes para
una auténtica educación. Ante todo, necesita esa cercanía y esa
confianza que nacen del amor: pienso en esa primera y fundamental
experiencia del amor que hacen los niños, o que al menos deberían
hacer, con sus padres. Pero todo auténtico educador sabe que para
educar tiene que dar algo de sí mismo y que sólo así puede ayudar a
sus alumnos a superar los egoísmos para poder, a su vez, ser capaces
del auténtico amor.
En un niño pequeño ya se da, además, un gran deseo de saber y
comprender, que se manifiesta en sus continuas preguntas y peticiones
de explicaciones. Ahora bien, sería una educación sumamente pobre la
que se limitara a dar nociones e informaciones, dejando a un lado la
gran pregunta sobre la verdad, sobre todo sobre esa verdad que puede
ser la guía de la vida.
El sufrimiento de la verdad también forma parte de nuestra vida. Por
este motivo, al tratar de proteger a los jóvenes de toda dificultad y
experiencia de dolor, corremos el riesgo de criar, a pesar de
nuestras buenas intenciones, personas frágiles y poco generosas: la
capacidad de amar corresponde, de hecho, a la capacidad de sufrir, y
de sufrir juntos.
De este modo, queridos amigos de Roma, llegamos al punto que quizá es
el más delicado en la obra educativa: encontrar el equilibrio
adecuado entre libertad y disciplina. Sin reglas de comportamiento y
de vida, aplicadas día tras día en pequeñas cosas, no se forma el
carácter y no se prepara para afrontar las pruebas que no faltarán en
el futuro. La relación educativa es ante todo el encuentro entre dos
libertades y la educación lograda es una formación al uso correcto de
la libertad. A medida en que va creciendo el niño, se convierte en un
adolescente y después un joven; tenemos que aceptar por tanto el
riesgo de la libertad, permaneciendo siempre atentos a ayudar a los
jóvenes a corregir ideas o decisiones equivocadas. Lo que nunca
tenemos que hacer es apoyarle en los errores, fingir que no los
vemos, o peor aún compartirlos, como si fueran las nuevas fronteras
del progreso humano.
La educación no puede prescindir del prestigio que hace creíble el
ejercicio de la autoridad. Ésta es fruto de experiencia y
competencia, pero se logra sobre todo con la coherencia de la propia
vida y con la involucración personal, expresión del amor auténtico.
El educador es, por tanto, un testigo de la verdad y del bien:
ciertamente él también es frágil, y puede tener fallos, pero tratará
de ponerse siempre nuevamente en sintonía con su misión.
Queridos fieles de Roma, de estas simples consideraciones se ve cómo
en la educación es decisivo el sentido de responsabilidad:
responsabilidad del educador, ciertamente, pero también, en la medida
en que va creciendo con la edad, responsabilidad del hijo, del
alumno, del joven que entra en el mundo del trabajo. Es responsable
quien sabe dar respuestas a sí mismo y a los demás. Quien cree busca,
además y ante todo responder a Dios, que le ha amado antes.
La responsabilidad es, en primer lugar, personal; pero también hay
una responsabilidad que compartimos juntos, como ciudadanos de una
misma ciudad y de una misma nación, como miembros de la familia
humana y, si somos creyentes, como hijos de un único Dios y miembros
de la Iglesia. De hecho, las ideas, los estilos de vida, las leyes,
las orientaciones globales de la sociedad en que vivimos y la imagen
que ofrece de sí misma a través de los medios de comunicación,
ejercen una gran influencia en la formación de las nuevas
generaciones, para el bien y con frecuencia también para el mal.
Ahora bien, la sociedad no es algo abstracto; al final somos nosotros
mismos, todos juntos, con las orientaciones, las reglas y los
representantes que escogemos, si bien los papeles y la
responsabilidad de cada uno son diferentes. Es necesaria, por tanto,
la contribución de cada uno de nosotros, de cada persona, familia o
grupo social para que la sociedad, comenzando por nuestra ciudad de
Roma se convierta en un ambiente más favorable a la educación.
Por último quisiera proponeros un pensamiento que he desarrollado en
la reciente carta encíclica «Spe salvi» sobre la esperanza cristiana:
sólo una esperanza fiable puede ser alma de la educación, como de
toda la vida. Hoy nuestra esperanza es acechada por muchas partes y
también nosotros corremos el riesgo, como los antiguos paganos,
hombres «sin esperanza y sin Dios en este mundo»¸ como escribía el
apóstol Pablo a los cristianos de Éfeso (Efesios  2, 12). De aquí
nace precisamente la dificultad quizá aún más profunda para realizar
una auténtica obra educativa: en la raíz de la crisis de la educación
se da, de hecho, una crisis de confianza en la vida.
Por tanto, no puedo terminar esta carta sin una calurosa invitación a
poner en Dios nuestra esperanza. Sólo Él es la esperanza que resiste
a todas las decepciones; sólo su amor no puede ser destruido por la
muerte; sólo la justicia y la misericordia pueden sanar las
injusticias y recompensar los sufrimientos padecidos. La esperanza
que se dirige a Dios no es nunca esperanza sólo para mí, al mismo
tiempo es siempre esperanza para los demás: no nos aísla, sino que
nos hace solidarios en el bien, nos estimula a educarnos
recíprocamente en la verdad y el amor.
Os saludo con afecto y os garantizo un especial recuerdo en la
oración, mientras os envío a todos mi bendición.
Vaticano, 21 de enero de 2008

BENEDICTUS PP. XVI

#921 De: "jrtornel1" <jrtornel1@...>
Fecha: Mié, 30 de Ene, 2008 1:22 pm
Asunto: Benedicto XVI: Explica en qué consiste el Reino de Cristo
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BENEDICTO XVI EXPLICA EN QUÉ CONSISTE EL REINO DE CRISTO

Intervención con motivo del Ángelus

CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 27 enero 2008 (ZENIT.org).- Los
milagros realizados por Jesús constituyeron una provocación frontal
al imperio romano, explica Benedicto XVI, pues con ellos mostró que
ha llegado el «Reino de Dios», que el señor del mundo es Dios y no el
emperador.
A esta conclusión llegó este domingo al comentar el pasaje evangélico
dominical (Mateo 4, 12-23), en el que se presenta el inicio de la
vida pública de Cristo, cuando predicaba el Reino de Dios y curaba
enfermos.
El obispo de Roma aclaró que «el término «evangelio», en los tiempos
de Jesús, era utilizado por los emperadores romanos para hacer sus
proclamas. Independientemente del contenido, eran definidos
como «buenas nuevas», es decir, anuncios de salvación, pues el
emperador era considerado como el señor del mundo y cada uno de sus
edictos era portador de bien».
«Aplicar esta palabra a la predicación de Jesús tuvo, por tanto, un
sentido fuertemente crítico, era como decir: «Dios, y no el
emperador, es el Señor del mundo y el verdadero evangelio es el de
Cristo», recordó el Santo Padre.
El Papa resumió la «buena nueva» que Jesús proclama en estas
palabras: «El reino de Dios --o reino de los cielos-- está cerca».
«¿Qué significa esta expresión?», preguntó. «Ciertamente no indica un
reino terreno, delimitado en el espacio y en el tiempo, sino que
anuncia que Dios reina, que Dios es el Señor y que su señorío está
presente, es actual, se está realizando», respondió.
«La novedad del mensaje de Cristo es por tanto que Dios se ha hecho
cercano en Él, que ya reina entre nosotros, como lo demuestran los
milagros y las curaciones que realiza», aclaró.
«Dios reina en el mundo a través de su Hijo, hecho hombre, y con la
fuerza del Espíritu Santo», aclara. Por eso, «el señorío de Dios se
manifiesta entonces en la curación integral del hombre».
«Jesús quiere revelar el rostro del verdadero Dios, el Dios cercano,
lleno de misericordia por cada ser humano; el Dios que nos dona la
vida en abundancia, su misma vida», aclaró.
«El reino de Dios es, por tanto, la vida que vence a la muerte, la
luz de la vedad que disipa las tinieblas de la ignorancia y de la
mentira», dijo.
El Papa concluyó pidiendo a los cristianos que vivan las dos pasiones
de la vida de Jesús: «pasión por Dios, por su señorío de amor y de
vida» y «pasión por el hombre, con el que se encuentra verdaderamente
con el deseo de entregarle el tesoro más precioso: el amor de Dios,
su Creador y Padre».

#920 De: "jrtornel1" <jrtornel1@...>
Fecha: Mié, 30 de Ene, 2008 12:36 pm
Asunto: Benedicto XVI: Rinde tributo al fallecido Arzobispo Ortodoxo de Atenas
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BENEDICTO XVI RINDE TRIBUTO AL FALLECIDO ARZOBISPO ORTODOXO DE ATENAS
Su Beatitud Christodoulos ha promovido «una nueva era de cordial
cooperación» con los católicos
CIUDAD DEL VATICANO, martes, 29 enero 2008 (ZENIT.org).- Benedicto
XVI ha rendido tributo al papel decisivo que ha tenido en las
relaciones entre católicos y ortodoxos el arzobispo de Atenas y de
toda Grecia, Su Beatitud Christodoulos, fallecido este 27 de enero a
los 69 años
En un mensaje enviado a Su Eminencia Seraphim, metropolita de
Karystia y Skyros, de la Iglesia ortodoxa de Grecia, el obispo de
Roma manifiesta su cercanía espiritual a cuantos lloran la muerte
de «ese distinguido pastor de la Iglesia de Grecia».
  «La acogida fraternal con que Su Beatitud recibió a mi predecesor
Juan Pablo II con motivo de su visita a Atenas en mayo de 2001, así
como la visita tributada por el arzobispo Christodoulos a Roma en
diciembre de 2006, abrieron una nueva era de cordial cooperación
entre nosotros que desembocó en la intensificación de los contactos y
de la amistad en la búsqueda de una comunión más estrecha en el
contexto de la creciente unidad de Europa», afirma.
«Yo y los católicos de todo el mundo --asegura el Papa-- rezamos para
que la gracia de Dios sostenga a la Iglesia Ortodoxa de Grecia de
modo que siga afianzándose en los logros pastorales del fallecido
arzobispo, y al encomendar la noble alma de Su Beatitud al amor
misericordioso de nuestro Padre celestial os consuele la promesa del
Señor de recompensar a sus fieles servidores».
El patriarca ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I, presidirá este
jueves los funerales del arzobispo en la catedral de Atenas. En
representación de la Santa Sede, participarán el cardenal Paul
Poupard, presidente emérito del Consejo Pontificio de la Cultura, y
el obispo Brian Farrell L.C., secretario del Consejo Pontificio para
la Promoción de la Unidad de los Cristianos.

#919 De: "jrtornel1" <jrtornel1@...>
Fecha: Mié, 30 de Ene, 2008 12:34 pm
Asunto: Benedicto XVI: Invita a descubrir a Cristo en los pobres
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EL PAPA INVITA A DESCUBRIR A CRISTO EN LOS POBRES CON LA LIMOSNA
En su mensaje de preparación a la pasión, muerte y resurrección de
Jesús
CIUDAD DEL VATICANO, martes, 29 enero 2008 (ZENIT.org).- Benedicto
XVI propone a los creyentes que en esta Cuaresma descubran a Cristo
en los pobres a través de la limosna.
La limosna es precisamente el tema del mensaje que ha escrito con
motivo de este período litúrgico de preparación para la pasión,
muerte y resurrección de Jesús, que en este año comenzará el 6 de
febrero, Miércoles de Ceniza.
El lema escogido por el Papa está tomado de una de las cartas de San
Pablo «Nuestro Señor Jesucristo, siendo rico, por vosotros se hizo
pobre» (2 Corintios 8, 9).
«La Cuaresma nos invita a "entrenarnos" espiritualmente, también
mediante la práctica de la limosna, para crecer en la caridad y
reconocer en los pobres a Cristo mismo», alienta el pontífice en el
mensaje presentado este martes a los periodistas.
La limosna, según él mismo recuerda, forma parte junto a la oración y
al ayuno, de los compromisos específicos que propone la Iglesia para
acompañar a los fieles en el proceso de «renovación interior»
sugerido por la Cuaresma.
Esta práctica, aclara el Santo Padre, «representa una manera concreta
de ayudar a los necesitados y, al mismo tiempo, un ejercicio ascético
para liberarse del apego a los bienes terrenales».
«Cuán fuerte es la seducción de las riquezas materiales y cuán
tajante tiene que ser nuestra decisión de no idolatrarlas»,
subraya. «La limosna nos ayuda a vencer esta constante tentación,
educándonos a socorrer al prójimo en sus necesidades y a compartir
con los demás lo que poseemos por bondad divina».
La misiva recuerda que, según el Evangelio, «no somos propietarios de
los bienes que poseemos, sino administradores: por tanto, no debemos
considerarlos una propiedad exclusiva, sino medios a través de los
cuales el Señor nos llama, a cada uno de nosotros, a ser un medio de
su providencia hacia el prójimo».
«La limosna evangélica no es simple filantropía --subraya--: es más
bien una expresión concreta de la caridad, la virtud teologal que
exige la conversión interior al amor de Dios y de los hermanos, a
imitación de Jesucristo, que muriendo en la cruz se entregó a sí
mismo por nosotros».
«La limosna, acercándonos a los demás, nos acerca a Dios y puede
convertirse en un instrumento de auténtica conversión y
reconciliación con él y con los hermanos», indica.
Recordando el episodio evangélico de la viuda que, en su miseria,
echa en el tesoro del templo «todo lo que tenía para vivir», exhorta
a «aprender a hacer de nuestra vida un don total».
Debemos estar dispuestos a dar, «no tanto algo de lo que poseemos,
sino a darnos a nosotros mismos»
«El cristiano, cuando gratuitamente se ofrece a sí mismo, da
testimonio de que no es la riqueza material la que dicta las leyes de
la existencia, sino el amor».
«Por tanto --concluye--, lo que da valor a la limosna es el amor, que
inspira formas distintas de don, según las posibilidades y las
condiciones de cada uno».

#918 De: "jrtornel1" <jrtornel1@...>
Fecha: Mié, 30 de Ene, 2008 12:32 pm
Asunto: Benedicto XVI: Mensaje del Papa para la Cuaresma 2008
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MENSAJE DEL PAPA PARA LA CUARESMA 2008
«Nuestro Señor Jesucristo, siendo rico, por vosotros se hizo pobre»
(2 Corintios 8,9)
CIUDAD DEL VATICANO, martes, 29 enero 2008 (ZENIT.org).- Publicamos
el mensaje que ha enviado Benedicto XVI con motivo de la Cuaresma
2008 con el tema: «Nuestro Señor Jesucristo, siendo rico, por
vosotros se hizo pobre» (2 Corintios 8,9).
* * *
¡Queridos hermanos y hermanas!
1. Cada año, la Cuaresma nos ofrece una ocasión providencial para
profundizar en el sentido y el valor de ser cristianos, y nos
estimula a descubrir de nuevo la misericordia de Dios para que
también nosotros lleguemos a ser más misericordiosos con nuestros
hermanos. En el tiempo cuaresmal la Iglesia se preocupa de proponer
algunos compromisos específicos que acompañen concretamente a los
fieles en este proceso de renovación interior: son la oración, el
ayuno y la limosna. Este año, en mi acostumbrado Mensaje cuaresmal,
deseo detenerme a reflexionar sobre la práctica de la limosna, que
representa una manera concreta de ayudar a los necesitados y, al
mismo tiempo, un ejercicio ascético para liberarse del apego a los
bienes terrenales. Cuán fuerte es la seducción de las riquezas
materiales y cuán tajante tiene que ser nuestra decisión de no
idolatrarlas, lo afirma Jesús de manera perentoria: «No podéis servir
a Dios y al dinero» (Lc 16,13).
La limosna nos ayuda a vencer esta constante tentación, educándonos a
socorrer al prójimo en sus necesidades y a compartir con los demás lo
que poseemos por bondad divina. Las colectas especiales en favor de
los pobres, que en Cuaresma se realizan en muchas partes del mundo,
tienen esta finalidad. De este modo, a la purificación interior se
añade un gesto de comunión eclesial, al igual que sucedía en la
Iglesia primitiva. San Pablo habla de ello en sus cartas acerca de la
colecta en favor de la comunidad de Jerusalén (cf. 2Cor 8,9; Rm 15,25-
27 ).
2. Según las enseñanzas evangélicas, no somos propietarios de los
bienes que poseemos, sino administradores: por tanto, no debemos
considerarlos una propiedad exclusiva, sino medios a través de los
cuales el Señor nos llama, a cada uno de nosotros, a ser un medio de
su providencia hacia el prójimo. Como recuerda el Catecismo de la
Iglesia Católica, los bienes materiales tienen un valor social, según
el principio de su destino universal (cf. nº 2404).
En el Evangelio es clara la amonestación de Jesús hacia los que
poseen las riquezas terrenas y las utilizan solo para sí mismos.
Frente a la muchedumbre que, carente de todo, sufre el hambre,
adquieren el tono de un fuerte reproche las palabras de San Juan: «Si
alguno que posee bienes del mundo, ve a su hermano que está
necesitado y le cierra sus entrañas, ¿cómo puede permanecer en él el
amor de Dios?» (1Jn 3,17). La llamada a compartir los bienes resuena
con mayor elocuencia en los países en los que la mayoría de la
población es cristiana, puesto que su responsabilidad frente a la
multitud que sufre en la indigencia y en el abandono es aún más
grave. Socorrer a los necesitados es un deber de justicia aun antes
que un acto de caridad.
3. El Evangelio indica una característica típica de la limosna
cristiana: tiene que ser en secreto. «Que no sepa tu mano izquierda
lo que hace la derecha», dice Jesús, «así tu limosna quedará en
secreto» (Mt 6,3-4). Y poco antes había afirmado que no hay que
alardear de las propias buenas acciones, para no correr el riesgo de
quedarse sin la recompensa de los cielos (cf. Mt 6,1-2). La
preocupación del discípulo es que todo vaya a mayor gloria de Dios.
Jesús nos enseña: «Brille así vuestra luz delante de los hombres,
para que vean vuestra buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que
está en los cielos» (Mt 5,16). Por tanto, hay que hacerlo todo para
la gloria de Dios y no para la nuestra. Queridos hermanos y hermanas,
que esta conciencia acompañe cada gesto de ayuda al prójimo, evitando
que se transforme en una manera de llamar la atención. Si al cumplir
una buena acción no tenemos como finalidad la gloria de Dios y el
verdadero bien de nuestros hermanos, sino que más bien aspiramos a
satisfacer un interés personal o simplemente a obtener la aprobación
de los demás, nos situamos fuera de la óptica evangélica. En la
sociedad moderna de la imagen hay que estar muy atentos, ya que esta
tentación se plantea continuamente. La limosna evangélica no es
simple filantropía: es más bien una expresión concreta de la caridad,
la virtud teologal que exige la conversión interior al amor de Dios y
de los hermanos, a imitación de Jesucristo, que muriendo en la cruz
se entregó a sí mismo por nosotros. ¿Cómo no dar gracias a Dios por
tantas personas que en el silencio, lejos de los reflectores de la
sociedad mediática, llevan a cabo con este espíritu acciones
generosas de sostén al prójimo necesitado? Sirve de bien poco dar los
propios bienes a los demás si el corazón se hincha de vanagloria por
ello. Por este motivo, quien sabe que «Dios ve en el secreto» y en el
secreto recompensará no busca un reconocimiento humano por las obras
de misericordia que realiza.
4. Invitándonos a considerar la limosna con una mirada más profunda,
que trascienda la dimensión puramente material, la Escritura nos
enseña que hay mayor felicidad en dar que en recibir (Hch 20,35).
Cuando actuamos con amor expresamos la verdad de nuestro ser: en
efecto, no hemos sido creados para nosotros mismos, sino para Dios y
para los hermanos (cf. 2Cor 5,15). Cada vez que por amor de Dios
compartimos nuestros bienes con el prójimo necesitado experimentamos
que la plenitud de vida viene del amor y lo recuperamos todo como
bendición en forma de paz, de satisfacción interior y de alegría. El
Padre celestial recompensa nuestras limosnas con su alegría. Y hay
más: San Pedro cita entre los frutos espirituales de la limosna el
perdón de los pecados. «La caridad -escribe- cubre multitud de
pecados» (1P 4,8). Como a menudo repite la liturgia cuaresmal, Dios
nos ofrece, a los pecadores, la posibilidad de ser perdonados. El
hecho de compartir con los pobres lo que poseemos nos dispone a
recibir ese don. En este momento pienso en los que sienten el peso
del mal que han hecho y, precisamente por eso, se sienten lejos de
Dios, temerosos y casi incapaces de recurrir a él. La limosna,
acercándonos a los demás, nos acerca a Dios y puede convertirse en un
instrumento de auténtica conversión y reconciliación con él y con los
hermanos.
5. La limosna educa a la generosidad del amor. San José Benito
Cottolengo solía recomendar: «Nunca contéis las monedas que dais,
porque yo digo siempre: si cuando damos limosna la mano izquierda no
tiene que saber lo que hace la derecha, tampoco la derecha tiene que
saberlo» (Detti e pensieri, Edilibri, n. 201). Al respecto es
significativo el episodio evangélico de la viuda que, en su miseria,
echa en el tesoro del templo «todo lo que tenía para vivir» (Mc
12,44). Su pequeña e insignificante moneda se convierte en un símbolo
elocuente: esta viuda no da a Dios lo que le sobra, no da lo que
posee sino lo que es. Toda su persona.
Este episodio conmovedor se encuentra dentro de la descripción de los
días inmediatamente precedentes a la pasión y muerte de Jesús, el
cual, como señala San Pablo, se ha hecho pobre a fin de enriquecernos
con su pobreza (cf. 2Cor 8,9); se ha entregado a sí mismo por
nosotros. La Cuaresma nos empuja a seguir su ejemplo, también a
través de la práctica de la limosna. Siguiendo sus enseñanzas podemos
aprender a hacer de nuestra vida un don total; imitándole conseguimos
estar dispuestos a dar, no tanto algo de lo que poseemos, sino a
darnos a nosotros mismos. ¿Acaso no se resume todo el Evangelio en el
único mandamiento de la caridad? Por tanto, la práctica cuaresmal de
la limosna se convierte en un medio para profundizar nuestra vocación
cristiana. El cristiano, cuando gratuitamente se ofrece a sí mismo,
da testimonio de que no es la riqueza material la que dicta las leyes
de la existencia, sino el amor. Por tanto, lo que da valor a la
limosna es el amor, que inspira formas distintas de don, según las
posibilidades y las condiciones de cada uno.
6. Queridos hermanos y hermanas, la Cuaresma nos invita
a «entrenarnos» espiritualmente, también mediante la práctica de la
limosna, para crecer en la caridad y reconocer en los pobres a Cristo
mismo. Los Hechos de los Apóstoles cuentan que el Apóstol San Pedro
dijo al hombre tullido que le pidió una limosna en la entrada del
templo: «No tengo plata ni oro; pero lo que tengo, te lo doy: en
nombre de Jesucristo, el Nazareno, echa a andar» (Hch 3,6). Con la
limosna regalamos algo material, signo del don más grande que podemos
ofrecer a los demás con el anuncio y el testimonio de Cristo, en cuyo
nombre está la vida verdadera. Por tanto, que este tiempo esté
caracterizado por un esfuerzo personal y comunitario de adhesión a
Cristo para ser testigos de su amor. María, Madre y Sierva fiel del
Señor, ayude a los creyentes a llevar adelante la «batalla
espiritual» de la Cuaresma armados con la oración, el ayuno y la
práctica de la limosna, para llegar a las celebraciones de las
fiestas de Pascua renovados en el espíritu. Con este deseo, os
imparto a todos una especial Bendición Apostólica.
Vaticano, 30 de octubre de 2007
BENEDICTUS PP. XVI

#917 De: "pilisonse" <pilisonse@...>
Fecha: Mié, 30 de Ene, 2008 6:58 am
Asunto: SANTOS DEL DÍA: 30 DE ENERO
pilisonse
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Santos: Martina, virgen; Félix, papa; Matías, Armentario, Barsén,
obispos; Hipólito, presbítero; Adelelmo (Lesmes), Feliciano,
Filapiano, Alejandro, mártires; Sabina, vírgenes; Aldegunda, Jacinta
de Mariscotti, Tiadilde, abadesas.

Jacinta de Mariscotti, abadesa (1585-1640)

Puede ser un ejemplo para las niñas-bien. Bueno, es un ejemplo para
todos, pero dado que su vida pasó por unas situaciones peculiares de
quienes proceden de buena cuna, tienen bienes materiales abundantes y
hasta pueden predecir un futuro lleno de posibilidades que mucha
gente llama ´idealesª..., pues por eso escribí lo que escribí. Sobre
todo, cuando esas previsiones de futuro probables se convierten en
sólo futuribles por las disposiciones de la Divina Providencia. Y si
no, conozcamos algo de su vida.
Nació cerca de Viterbo, en Vignatello, en el año 1585 del matrimonio
formado por Marcantonio Mariscotti y Octavia Orsini, condesa de
Vignatallo. Top en la sociedad del tiempo. De sus hermanos hay algo
que decir también. Ginebra, que se llamó luego Inocencia, vivió y
murió santamente como Terciaria Franciscana de San Bernardino.
Hortensia, joven virtuosa que casó con el marqués de Podio Catino,
Paolo Capizucchi. Sforza se casó con Vittoria Ruspoli y heredó el
título de la familia de los Mariscotti. Galeazo trabajó y murió en la
Curia romana.
Se llamó Clarix como nombre bautismal. Sus padres quisieron darle la
mejor educación y pensaron que el camino óptimo era ponerla junto a
sor Inocencia, su hermana, para que creciera al calor de los buenos
ejemplos y virtudes del monasterio. Su intención fue más buena que
acertada. Todo lo de fuera le ilusiona, le atrae, le embelesa y
encanta más que el aire religioso de dentro. Abandona el monasterio y
como conoce su hermosura y la prosapia de su familia, se hace
vanidosa, presumida y coqueta. Más, cuando su hermana encontró su
buen partido y, enamorada, contrajo matrimonio; ahora se vuelve tan
ligera, mundana y extraviada que está a las puertas de su definitiva
ruina espiritual. El único camino viable es entrar de la peor gana en
el monasterio; y, más por despecho que por vocación, toma el hábito
de Terciaria franciscana con el nombre de Jacinta. Tiene veinte años.
Por diez años, que son bastantes, lleva en el convento una vida
mundana. Su celda parece un bazar por los lujosos adornos; la piedad
en ella es tibieza; la mortificación prescrita, un tedio; hasta
recibe las amonestaciones con desprecio.
Pero con treinta años llega la hora de Dios y surge potente la casta
noble y cristiana que lleva dentro. Una enfermedad grave la espabila
del sueño. Una confesión general es el comienzo. Se suceden los actos
de petición de perdón, de arrepentimiento, está horrorizada por el
mal ejemplo... suenan las disciplinas en público, da besos en los
pies de sus hermanas, obediencia rendida, aceptación de los
sufrimientos. La conversa aparece en público alguna vez como animal,
con la soga al cuello. Aunque claramente se tiene por la mujer más
pecadora la nombran vicesuperiora y maestra de novicias pero ha de
vencer su repugnancia a intentar educar a otras que son mejores.
Ahora tiene su contento en la oración, es devota del Arcángel san
Miguel, ama sin cansancio la contemplación de la Pasión de
Jesucristo, la Misa le da lágrimas, las imágenes de la Virgen son su
refugio. Le causan pena las almas que pasan por el extravío del
pecado y por su recuperación para Dios funda dos cofradías: La
Compagnia dei Sacconi para la atención material de los enfermos y
ayudarlos a bien morir y La Congregación de los Oblatos de María para
avivar la piedad, hacer obras de caridad y fomentar el apostolado de
los seglares. Aquí ya quiso recompensar Dios a su sierva enamorada
con dones extraordinarios como el de profecía, milagros, penetra los
corazones, es instrumento de conversión y el éxtasis es frecuente en
ella ... Así hasta que murió el año 1640, cuando tenía cincuenta y
cinco.
¿Es o no es una linda ´esperanzaª para quienes, niñas-bien, están
lejos?
También para padres ´desconfiadosª de los poderes del Cielo.

30 de Enero    San Fulgencio de Ruspe, obispo. Año 533

Nace en Cartago, Africa, hacia el año 468.
Fulgencio significa: resplandeciente, brillante.
Aprendió a hablar perfectamente el griego y el latín y resultó ser un
excelente administrador. Por eso fue nombrado tesorero general de la
provincia donde vivía. Pero alarmado ante los peligros de pecar que
hay en el mundo, y desilusionado de lo que lo material promete y no
cumple, dispuso dedicarse a la vida espiritual.
Lo conmovió profundamente el leer un sermón que San Agustín hizo
acerca del bellísimo Salmo 36 que dice: "No envidies a los que se
dedican a obrar mal, porque ellos se secarán pronto como la hierba.
Dedícate a hacer el bien y a confiar en el Señor, y El te dará lo que
pide tu corazón". Desde entonces se dedicó a leer libros
espirituales, a orar, a visitar templos y a mortificarse en el comer
y en el beber.
A los 22 años llegó a un monasterio y pidió ser admitido como
religioso. El Superior, viendo que era un hombre de mundo y de
negocios, le dijo: "Primero aprenda a vivir en el mundo sin dedicarse
a placeres prohibidos. ¿Se imagina que va a ser capaz de pasar una
vida llena de dinero y de comodidades a una vida de pobreza y de
ayunos como es la de los monjes?". Pero Fulgencio le respondió
humildemente: ¿Padre: el buen Dios que me ha iluminado que me
conviene hacerme religioso, no me concederá la fuerza y el valor para
soportar las penitencias de los religiosos? Esta amable respuesta
impresionó al superior, el cual lo admitió a hacer la prueba de ser
monje.
Esta noticia conmovió a toda la ciudad. Pero la mamá se fue a la
puerta del convento a gritar que Fulgencio debía dedicarse a
administrar los bienes materialds, porque para ello tenía muy buenas
cualidades. Tanto insistió aquella mujer que Fulgencio tuvo que huir
de noche e irse a un convento a otra ciudad.
El año 499 una tribu de feroces guerreros de Numidia obligó a los
religiosos a salir huyendo. Fulgencio llegó a la ciudad de Siracusa
en Sicilia, Italia. Luego llegó a Roma y allí al ver las
impresionantes ceremonias llenas de tanta solemnidad exclamó: "Dios
mío: si aquí hay tanto esplendor, ¿Cómo será en el cielo?".
Volvió a su patria y fue nombrado obispo de la ciudad de Ruspe en
Túnez. Como obispo siguió vistiendo pobremente y sacrificándose como
un humilde monje. Siempre llevaba su traje pobre y desteñido de
religioso mortificado. Jamás comía carne. Si alguna vez tomaba vino
lo mezclaba con agua. Rezaba cada día más de 12 Salmos. Muchas veces
viajaba descalzo.
Pero las gentes admiraban su atractiva amabilidad, y su gran
humildad. Era querido y estimado por todos. E invitaba a muchos
jóvenes a irse de monjes, y para ello construyó un monasterio cerca
de la casa episcopal.
Un rey hereje expulsó a todos los jefes de la Iglesia Católica del
norte de Africa y los envió a la isla de Cerdeña. Allí desterrado,
Fulgencio se dedicó a escribir contra los herejes arrianos (que
niegan que Jesucristo es Dios) y al rey le impresionaron tanto los
escritos de este santo que le pidió que no los propagara. Le permitió
volver al Africa, pero allá los herejes al oír lo bien que hablaba
Fulgencio en defensa de la religión católica, pidieron que fuera
desterrado otra vez.
Al salir hacia el destierro les dijo a los católicos que
lloraban: "No se afanen. Pronto volveré y ya no me volverán a
desterrar". Y así sucedió. Poco después murió el rey hereje
(Trasimundo) y su sucesor (Hilderico) permitió que todos los
católicos desterrados volvieran a su país.
La gente de Cartago (Africa) salió en grandes multitudes a recibir a
Fulgencio. Como durante el desfile se desató un fuerte aguacero, los
cristianos hicieron un toldo con sus mantos y allí llevaron a su
queridísimo obisplvieran a su país.
La gente de Cartago (Africa) salió en grandes multitudes a recibir a
Fulgencio. Como durante el desfile se desató un fuerte aguacero, los
cristianos hicieron un toldo con sus mantos y allí llevaron a su
queridísimo obispo.
San Fulgencio predicaba tan sumamente bien, que el obispo de Cartago,
Bonifacio, decía: "No puedo oírle predicar sin que las lágrimas se me
vengan a los ojos y sin que la emoción me llene totalmente. Bendito
sea Dios que le dio tan grande sabiduría al obispo Fulgencio. En
verdad se merece el nombre que tiene, nombre que significa el
resplandeciente, el brillante".
Los últimos años sufría mucho por varias enfermedades y exclamaba
frecuentemente: "Señor: ya que me mandas sufrimientos, envíame
también la paciencia necesaria para soportarlos. Acepto en esta vida
los sufrimientos que permites que me llegue, y en cambio te pido tu
perdón y tu misericordia y la vida eterna".
Murió a los 66 años, en enero del año 533. Se había propuesto imitar
en todo lo posible a San Agustín y lo consiguió admirablemente. Tanta
era la estimación que la gente sentía por él que no le permitieron
que fuera enterrado en otro sitio sino debajo del altar mayor en la
Catedral. Aún hoy día, en los libros de oraciones de los sacerdotes
hay varios sermones de San Fulgencio de Ruspe, gran sabio y gran
santo.

#916 De: "Francisco" <maisago@...>
Fecha: Mar, 29 de Ene, 2008 8:20 pm
Asunto: Fotos de la Asamblea de Cataluña 2008
francisnava
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Os facilito la direccion donde podeis ir a ver algunas de las
fotografias, de este encuentro de hermanos, donde ha predicado el padre
Manolo Tercero, ni que decir tiene que ha sido un fin de semana de
bendición y de gracia.

http://picasaweb.google.es/francisnavaa/EncuentroGruposDeOraciNDeLaRCCEE\
DeCataluA2008
<http://picasaweb.google.es/francisnavaa/EncuentroGruposDeOraciNDeLaRCCE\
EDeCataluA2008>



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#915 De: "pilisonse" <pilisonse@...>
Fecha: Mar, 29 de Ene, 2008 6:49 am
Asunto: SANTOS DEL DÍA: 29 DE ENERO
pilisonse
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Santos: Gelasio II, papa; Valero, Sulpicio Severo, Potamión;
Constancio, obispos; Papías, Sarbelio y Bárbea, Bedaya, Seustio,
Mauro, mártires; Radegunda, virgen; Cesáreo (César), doctor; beato
Manuel Domingo y Sol, fundador de la Hermandad Sacerdotal de los
Operarios Diocesanos.

Radegunda, virgen († a. 1152)
Se desconoce todo lo que se refiere a su nacimiento. El martirologio
romano la llama Radegundis y es una de las gloriosas vírgenes que ha
dado España.
Aparece como la última religiosa del monasterio de san Pablo, en
Burgos, que perteneció a la Orden Premostratense. La extrema pobreza
llevó a la extinción a este monasterio que quedó anexionado al de san
Miguel de Treviño.
Llevada por sus deseos irresistibles de visitar los Santos Lugares de
Roma, donde murieron tantos mártires y donde reside el Vicario de
Cristo, marcha a la Ciudad Eterna. Tiene en su contra la poca salud
que disfruta y los pocos medios de que dispone para tan largo,
peligroso y costoso viaje; pero el fervor puede más que los miedos.
Saciada y llena de agradecimiento al Señor, animada por los besos
puestos en las calles que pisaron los mártires, venerados los
monumentos, regresa con numerosas reliquias. Ahora sólo quiere
soledad y retiro.
Junto al monasterio de San Miguel habita en una pobre y mísera
habitación que tiene un ventanuco por donde puede presenciar los
santos oficios de la iglesia. No cambiaría aquel sitio por el mejor
palacio. Sólo piensa en ser agradable a su Divino Esposo. Vive como
los antiguos anacoretas del desierto y la gente del pueblo comenta
con asombro sus penitencias, ayuno y oración.
Muere el 29 de enero del año 1152, cuando reina en Castilla Alfonso
VI y es papa Eugenio III.
Es sepultada en la iglesia de San Miguel de Treviño donde sus
reliquias son veneradas a través de los siglos.

San Pedro Nolasco
  Fundador de la Comunidad de
Padres Mercedarios
(+1258)
Nació cerca de Barcelona, España, hacia 1189.
A los 15 años quedó huérfano de padre, y dueño de grandes posesiones.
La madre le colaboró en todos sus deseos de hacer el bien y de
obtener santidad.
Estando en edad de casarse hizo una peregrinación a la Virgen de
Monserrat y allí se puso a pensar que las vanidades del mundo pasan
muy pronto y no dejan sino insatisfacción y que en cambio lo que se
hace para la vida eterna dura para siempre. Entonces promedió a la
Virgen mantenerse puro y se le ocurrió una idea que iba a ser de gran
provecho para muchas gentes.
En aquel tiempo la cuestión social más dolorosa era la esclavitud que
muchísimos cristianos sufrían de parte de los mahometanos. Estos
piratas llegaban a tierras donde había cristianos y se llevaban a
todos los hombres que encontraban. Las penalidades de los prisioneros
cristianos en las tenebrosas cárceles de los mahometanos sobrepasaban
lo imaginable. Y lo más peligroso era que muchos perdían su fe, y su
moralidad se dañaba por completo.
Esto fue lo que movió a Pedro Nolasco a gastar su gran fortuna en
libertar al mayor número posible de esclavos cristianos. Cuando se le
presentaba la ocasión de gastar una buena cantidad de dinero en
obtener la libertad de algún cautivo recordaba aquella frase de Jesús
en el evangelio: "No almacenen su fortuna en esta tierra donde los
ladrones la roban y la polilla la devora y el moho la corroe.
Almacenen su fortuna en el cielo, donde no hay ladrones que roben, ni
polilla que devore ni óxido que las dañe". (Mt. 6,20) Y este
pensamiento lo movía a ser muy generoso en gastar su dinero en ayudar
a los necesitados.
Y sucedió que, según dicen las antiguas narraciones, que una noche
(agosto de 1218) se apareció la Sma. Virgen a San Pedro Nolasco y al
rey Jaime de Aragón (que era amiguísimo de nuestro santo) y les
recomendó que fundaran una Comunidad de religiosos dedicados a
libertar cristianos que estuvieran esclavos de los mahometanos.
Consultaron al director espiritual de juntos, que era San Raimundo de
Peñafort, y éste los llevó ante el Sr. Obispo de Barcelona, al cual
le pareció muy buena la idea y la aprobó. Entonces el militar Pedro
Nolasco hizo ante el obispo sus tres votos o juramentos. de castidad,
pobreza y obediencia, y añadió un cuarto juramento o voto: el de
dedicar toda su vida a tratar de libertar cristianos que estuvieran
siendo esclavos de los mahometanos. Este cuarto voto o juramento lo
hacían después todos sus religiosos.
Los antiguos dicen que la Virgen les recomendó:
Fundad una asociación con hábito blanco y puro que sea defensa y muro
de la cristiana nación.
San Raimundo predicó con gran entusiasmo en favor de esta nueva
Comunidad y fueron muchos los hombres de buena voluntad que llegaron
a hacerse religiosos. El vestido que usaban era una túnica blanca y
una cruz grande en el pecho. San Pedro Nolasco fue nombrado Superior
General de la Congregación y el Papa Gregorio Nono aprobó esta nueva
Comunidad.
San Pedro Nolasco ayudó al rey Don Jaime a conquistar para los
cristianos la ciudad de Valencia que estaba en poder de los
mahometanos, y el rey, en agradecimiento, fundó en esa ciudad varias
casas de la Comunidad de los Mercedarios.
El rey Jaime decía que si había logrado conquistar la ciudad de
Valencia, ello se debía a las oraciones de Pedro Nolasco. Y cada vez
que obtenía algún resonante truinfo lo atribuía a las oraciones de
este santo.
San Pedro hizo viajes por muchos sitios donde los mahometanos tenían
prisioneros cristianos, para conseguir su libertad. Y viajó hasta
Argelia, que era un reino dominado por los enemigos de nuestra santa
religión. Allá lo hicieron prisionero pero logró conseguir su
libertad.
Como había sido un buen comerciante, organizó técnicamente por muchas
ciudades las colectas en favor de los esclavos y con esto obtuvo
abundante dinero con los cuales logró la libertad de muchísimos
creyentes.
Poco antes de morir repitió las palabras del Salmo 76: "Tú, oh Dios,
haciendo maravillas, mostraste tu poder a los pueblos y con tu brazo
has rescatado a los que estaban cautivos y esclavizados". Tenía 77
años de edad.
Por su intercesión se obraron muchos milagros y el Sumo Pontífice lo
declaró santo en 1628. La Comunidad fundada por él se dedica ahora a
ayudar a los que están encarcelados. Es un apostolado maravilloso.
Jesús nos recuerda lo que prometió a quienes ayuden y consuelen a los
encarcelados: "Estuve preso y me fuisteis a visitar. Todo el bien que
le habéis hecho a cada uno de estos necesitados, lo recibe como si me
lo hubierais hecho a Mí mismo (Mt. 25, 40).

#914 De: Eva María <ballesteroseva@...>
Fecha: Lun, 28 de Ene, 2008 2:07 pm
Asunto: 28 de Enero: Santo Tomás de Aquino
cantorredondo
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Santo Tomás de Aquino
El Doctor Angélico
Presbítero y Doctor de la Iglesia
(+1274)



SU VIDA
Nace en el Castillo de Rocaseca, cerca de Nápoles, Italia, en 1225.

Es el último hijo varón de una numerosa familia de doce hijos. Su
padre se llamaba Landulfo de Aquino.

Alto, grueso, bien proporcionado, frente despejada, porte
distinguido, una gran amabilidad en el trato, y mucha delicadeza de
sentimientos.

Cerca del Castillo donde nació estaba el famoso convento de los
monjes Benedictinos llamado Monte Casino. Allí lo llevaron a hacer
sus primeros años de estudios.

Los monjes le enseñaron a meditar en silencio. Es el más piadoso,
meditabundo y silencioso de todos los alumnos del convento. Lo que
lee o estudia lo aprende de memoria con una facilidad portentosa.

Continúa sus estudios por cinco años en la Universidad de Nápoles.
Allí supera a todos sus compañeros en memoria e inteligencia. Conoce
a los Padres Dominicos y se entusiasma por esa Comunidad. Quiere
entrar de religioso pero su familia se opone. El religiosos huye
hacia Alemania, pero por el camino lo sorprenden sus hermanos que
viajan acompañados de un escuadrón de militares y lo ponen preso. No
logran quitarle el hábito de dominico, pero lo encierran en una
prisión del castillo de Rocaseca.

Tomás aprovecha su encierro de dos años en la prisión para aprenderse
de memoria muchísimas frases de la S. Biblia y para estudiar muy a
fondo el mejor tratado de Teología que había en ese tiempo, y que
después él explicará muy bien en la Universidad.

Sus hermanos al ver que por más que le ruegan y lo amenazan no logran
quitarle la idea de seguir de religioso, le envían a una mujer de
mala vida para que lo haga pecar. Tomás toma en sus manos un tizón
encendido y se lanza contra la mala mujer, amenazándola con quemarle
el rostro si se atreve a acercársele. Ella sale huyendo y así al
vencer él las pasiones de la carne, logró la Iglesia Católica
conseguir un gran santo. Si este joven no hubiera sabido vencer la
tentación de la impureza, no tendríamos hoy a este gran Doctor de la
Iglesia.

Esa noche contempló en sueños una visión Celestial que venía a
felicitarlo y le traía una estola o banda blanca, en señal de la
virtud, de la pureza que le concedía Nuestro Señor.

Liberado ya de la prisión lo enviaron a Colonia, Alemania, a estudiar
con el más sabio Padre Dominico de ese tiempo: San Alberto Magno. Al
principio los compañeros no imaginaban la inteligencia que tenía
Tomás, y al verlo tan robusto y siempre tan silencioso en las
discusiones le pusieron de apodo: "El buey mudo". Pero un día uno de
sus compañeros leyó los apuntes de este joven estudiante y se los
presentó al sabio profesor. San Alberto al leerlos les dijo a los
demás estudiantes: "Ustedes lo llaman el buey mudo. Pero este buey
llenará un día con sus mugidos el mundo entero". Y así sucedió en
verdad después.

Sus compañeros de ese tiempo dejaron este comentario: "La ciencia de
Tomás es muy grande, pero su piedad es más grande todavía. Pasa horas
y horas rezando, y en la Misa, después de la elevación, parece que
estuviera en el Paraíso. Y hasta se le llena el rostro de
resplandores de vez en cuando mientras celebra la Eucaristía.

A los 27 años, en 1252, ya es profesor de la famosísima Universidad
de París. Sus clases de teología y filosofía son las más concurridas
de la Universidad. El rey San Luis lo estima tanto que lo consulta en
todos los asuntos de importancia. Y en la Universidad es tan grande
el prestigio que tiene y su ascendiente sobre los demás, que cuando
se traba una enorme discusión acerca de la Eucaristía y no logran
ponerse de acuerdo, al fin los bandos aceptan que sea Tomás de Aquino
el que haga de árbitro y diga la última palabra, y lo que él dice es
aceptado por todos sin excepción.

En 1259 el Sumo Pontífice lo llama a Italia y por siete años recorre
el país predicando y enseñando, y es encargado de dirigir el colegio
Pontificio de Roma para jóvenes que se preparan para puestos de
importancia especial.

En 4 años escribe su obra más famosa: "La Suma Teológica", obra
portentosa en 14 tomos, donde a base de Sagrada Escritura, de
filosofía y teología y doctrina de los santos va explicando todas las
enseñanzas católicas. Es lo más profundo que se haya escrito en la
Iglesia Católica.

En Italia la gente se agolpaba para escucharle con gran respeto como
a un enviado de Dios, y lloraban de emoción al oírle predicar acerca
de la Pasión de Cristo, y se emocionaban de alegría cuando les
hablaba de la Resurrección de Jesús y de la Vida Eterna que nos
espera.

El Romano Pontífice le encargó que escribiera los himnos para la
Fiesta del Cuerpo y Sangre de Cristo, y compuso entonces el
Pangelingua y el Tantumergo y varios otros bellísimos cantos de la
Eucaristía (dicen que el Santo Padre encargó a Santo Tomás y a San
Buenaventura que cada uno escribiera unos himnos, pero que mientras
oía leer los himnos tan bellos que había compuesto Santo Tomás, San
Buenaventrua fue rompiendo los que él mismo había redactado, porque
los otros le parecían más hermosos). Después de haber escrito
tratados hermosísimos acerca de Jesús en la Eucaristía, sintió Tomás
que Jesús le decía en una visión: "Tomás, has hablado bien de Mi.
¿Qué quieres a cambio?". Y el santo le respondió: "Señor: lo único
que yo quiero es amarte, amarte mucho, y agradarte cada vez más".

De tal manera se concentraba en los temas que tenía que tratar, que
un día estando almorzando con el rey, de pronto dio un puñetazo a la
mesa y exclamó: "Ya encontré la respuesta para tal y tal pregunta".
Después tuvo que presentar excusas al rey por estar pensando en otros
temas distintos a los que estaban tratando los demás en la
conversación.

Pocos meses antes de morir tuvo una visión acerca de lo sobrenatural
y celestial, y desde entonces dejó de escribir. Preguntado por el
Hermano Reginaldo acerca de la causa por la cual ya no escribía más,
exclamó: "Es que, comparando con lo que vi en aquella visión, lo que
he escrito es muy poca cosa".

Santo Tomás logró que la filosofía de Aristóteles llegara a ser parte
de las enseñanzas de los católicos. Este santo ha sido el más famoso
profesor de filosofía que ha tenido la Iglesia.

Tan importantes son sus escritos que en el Concilio de Trento (o sea
la reunión de los obispos del mundo), los tres libros de consulta que
había sobre la mesa principal eran: la Sagrada Biblia, los Decretos
de los Papas, y la Suma Teológica de Santo Tomás.

Decía nuestro santo que él había aprendido más, arrodillándose
delante del crucifijo, que en la lectura de los libros. Su secretario
Reginaldo afirmaba que la admirable ciencia de Santo Tomás provenía
más de sus oraciones que de su ingenio. Este hombre de Dios rezaba
mucho y con gran fervor para que Dios le iluminara y le hiciera
conocer las verdades que debía explicar al pueblo.

Su humildad: Cumplía exactamente aquel consejo de San
Pablo: "Consideren superiores a los demás". Siempre consideraba que
los otros eran mejores que él. Aun en las más acaloradas discusiones
exponía sus ideas con total calma; jamás se dejó llevar por la cólera
aunque los adversarios lo ofendieran fuertemente y nunca se le oyó
decir alguna cosa que pudiera ofender a alguno. Su lema en el trato
era aquel mandato de Jesús: "Tratad a los demás como deseáis que los
demás os traten a vosotros".

Su devoción por la Virgen María era muy grande. En el margen de sus
cuadernos escribía: "Dios te salve María". Y compuso un tratado
acerca del Ave María.

SU MUERTE
El Sumo Pontífice lo envió al Concilio de Lyon, pero por el camino se
sintió mal y fue recibido en el monasterio de los monjes
cistercienses de Fosanova. Cuando le llevaron por última vez la
Sagrada Comunión exclamó: "Ahora te recibo a Ti mi Jesús, que pagaste
con tu sangre el precio de la redención de mi alma. Todas las
enseñanzas que escribí manifiestan mi fe en Jesucristo y mi amor por
la Santa Iglesia Católica, de quien me profeso hijo obediente".

Murió el 7 de marzo de 1274 a la edad de 49 años.

Fue declarado santo en 1323 apenas 50 años después de muerto. Y sus
restos fueron llevados solemnemente a la Catedral de Tolouse un 28 de
enero. Por eso se celebra en este día su fiesta.



Oración a Santo Tomás de Aquino
Angélico doctor Santo Tomás, gloria inmortal de la religión, columna
firmísima de la Iglesia, varón santísimo y sapientísimo, que por los
admirables ejemplos de tu inocente vida fuiste elevado a la cumbre de
una perfección consumada, y con tus prodigiosos escritos eres
martillo de los herejes, luz de maestros y doctores, y milagro
estupendo de sabiduría;

¡Oh! quien acertara, Santo mío, a ser en virtud y letras verdadero
discípulo, aprendiendo en el libro de vuestras virtudes y en las
obras que con tanto acierto escribiste la ciencia de los santos, que
es la verdadera y única sabiduría.
¡Quién supiera hermanar, como vos, la doctrina con la modestia, y la
alta inteligencia con la profunda humildad! Alcanzadme del Señor esta
gracia, junto con el inestimable don de la pureza y haced que,
practicando tu doctrina y siguiendo tus ejemplos, consiga la eterna
bienaventuranza. Amén.

#913 De: "jrtornel1" <jrtornel1@...>
Fecha: Do, 27 de Ene, 2008 8:24 pm
Asunto: BENEDICTO XVI: Junto a enfermos de lepra
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BENEDICTO XVI JUNTO A LOS ENFERMOS DE LEPRA

Pide mayor compromiso a los políticos

CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 27 enero 2008 (ZENIT.org).- Benedicto
XVI pidió este domingo un mayor compromiso, en particular a los
políticos, a favor de los enfermos de lepra y manifestó su cercanía a
las personas afectadas por la enfermedad.
Elevó su llamamiento con motivo de la Jornada Mundial de los Enfermos
de Lepra, comenzada hace 55 años por Raoul Follereau, que  se
celebraba en ese día.
Ante todo, el obispo de Roma saludó a los enfermos de
lepra, «asegurando una oración especial por ellos, que ofrezco
también por todos los que están comprometidos a su lado de diferentes
maneras, en particular a los voluntarios de la asociación Amigos de
Raoul Follereau».
Follereau (1903-1977), escritor francés, cuya causa de beatificación
está comenzando a estudiarse, fue el creador de esta jornada.
Hablando en francés, el Papa invitó «a los responsables políticos y
sanitarios a comprometerse aún más en los cuidados  a los que padecen
la enfermedad».
«Que todos nuestros contemporáneos estén junto a sus hermanos y
hermanas en humanidad. Cada uno de vosotros está llamado por Cristo y
debe ser un misionero de la buena nueva, con la palabra y con la
caridad activa», concluyó el Papa.
Según la Fundación Raoul Follereau, el flagelo de la lepra sigue
haciendo víctimas: afecta «cada tres minutos a una persona y cada
treinta minutos por un niño».

#912 De: "jrtornel1" <jrtornel1@...>
Fecha: Do, 27 de Ene, 2008 8:20 pm
Asunto: Benedicto XVI: Explica por qué Jesús hacía milagros
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EL PAPA EXPLICA POR QUÉ JESÚS HACÍA MILAGROS

Muestran que ha llegado el «Reino de Dios»

CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 27 enero 2008 (ZENIT.org).- Los
milagros realizados por Jesús constituyeron una provocación frontal
al imperio romano, explica Benedicto XVI, pues con ellos mostró que
ha llegado el «Reino de Dios».
A esta conclusión llegó este domingo al comentar el pasaje evangélico
dominical (Mateo 4, 12-23), en el que se presenta el inicio de la
vida pública de Cristo, cuando predicaba el Reino de Dios y curaba
enfermos.
El obispo de Roma aclaró que «el término "evangelio", en los tiempos
de Jesús, era utilizado por los emperadores romanos para hacer sus
proclamas. Independientemente del contenido, eran definidos
como "buenas nuevas", es decir, anuncios de salvación, pues el
emperador era considerado como el señor del mundo y cada uno de sus
edictos era portador de bien».
«Aplicar esta palabra a la predicación de Jesús tuvo, por tanto, un
sentido fuertemente crítico, era como decir: "Dios, y no el
emperador, es el Señor del mundo y el verdadero evangelio es el de
Cristo"», recordó el Santo Padre.
El Papa resumió la «buena nueva» que Jesús proclama en estas
palabras: «El reino de Dios --o reino de los cielos-- está cerca».
«¿Qué significa esta expresión?», preguntó. «Ciertamente no indica un
reino terreno, delimitado en el espacio y en el tiempo, sino que
anuncia que Dios reina, que Dios es el Señor y que su señorío está
presente, es actual, se está realizando», respondió.
«La novedad del mensaje de Cristo es por tanto que Dios se ha hecho
cercano en Él, que ya reina entre nosotros, como lo demuestran los
milagros y las curaciones que realiza», aclaró.
«Dios reina en el mundo a través de su Hijo, hecho hombre, y con la
fuerza del Espíritu Santo», aclara. Por eso, «el señorío de Dios se
manifiesta entonces en la curación integral del hombre».
«Jesús quiere revelar el rostro del verdadero Dios, el Dios cercano,
lleno de misericordia por cada ser humano; el Dios que nos dona la
vida en abundancia, su misma vida», aclaró.
«El reino de Dios es, por tanto, la vida que vence a la muerte, la
luz de la vedad que disipa las tinieblas de la ignorancia y de la
mentira», dijo.
El Papa concluyó pidiendo a los cristianos que vivan las dos pasiones
de la vida de Jesús: «pasión por Dios, por su señorío de amor y de
vida» y «pasión por el hombre, con el que se encuentra verdaderamente
con el deseo de entregarle el tesoro más precioso: el amor de Dios,
su Creador y Padre».

#911 De: Eva María <ballesteroseva@...>
Fecha: Do, 27 de Ene, 2008 9:21 am
Asunto: 27 de Enero, Santa Angela de Nerici
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27 de Enero

Santa Angela de Merici
(+ 1540)

Es la fundadora de las Hermanas Ursulinas. Su nombre
significa "Mensaje de Dios".

Nació en Italia en 1474 y tiene el mérito de haber fundado la primera
comunidad religiosa femenina para educar niñas.

Se crió en una familia campesina muy creyente, donde cada noche leían
la vida de un Santo, y esto la enfervorizaba mucho y la entusiasmaba
por la religión.

Quedó huérfana de padre y madre cuando aún era muy niña y esto la
impresionó muchísimo. Después durante toda su vida le pediría perdón
a Dios por no haber confiado lo suficientemente en su juventud en la
Providencia Divina que a nadie abandona.

Su infancia es muy sufrida y tiene que trabajar duramente pero esto
la hace fuerte y la vuelve comprensiva con las niñas pobres que
necesitan ayuda para poderse instruir debidamente.

Se hace Terciaria Franciscana y sin haber hecho sino estudios de
primaria, llega a ser Consejera de gobernadores, obispos, doctores y
sacerdotes. Es que había recibido del Espíritu Santo el Don del
Consejo, que consiste en saber lo que más conviene hacer y evitar en
cada ocasión.

Viendo que las niñas no tenían quién las educara y las librara de
peligros mortales, y que las teorías nuevas llevaban a la gente a
querer organizar la vida como si Dios no existiera, fundó la
Comunidad de Hermanas Ursulinas (en honor a Santa Ursula, la santa
mártir del siglo IV, que dirigía el grupo de muchachas llamadas "Las
once mil vírgenes, que murieron por defender su religión y su
castidad).

Lo que más le impresionaba era que las niñas de los campos y pueblos
que visitaba no sabían nada o casi nada de religión. Sus papás o no
sabían o no querían enseñarles catecismo. Por eso ella organizó a sus
amigas en una asociación dedicada a enseñar catecismo en cada barrio
y en cada vereda.

Angela era de baja estatura pero tenía todas las cualidades de líder
y de guía para influir en los demás. Y además tenía mucha simpatía y
agradabilidad en su trato.

En Brescia fundó una escuela y de allí se extendió su Comunidad de
Ursulinas por muchas partes. Un grupo de 28 muchachas muy piadosas se
vino a vivir en casa de Angela y con ellas fundó la Comunidad. En una
visión contempló un enorme grupo de jóvenes vestidas de blanco que
volaban hacia el cielo, y una voz le dijo: "Estas son tus religiosas
educadoras".

La gente consideraba a Santa Ursula como una gran líder o guía de
mujeres. Por eso Angela puso a sus religiosas el nombre de Ursulinas.

La Comunidad de Ursulinas fue fundada en 1535, y cinco años después
murió su fundadora, Santa Angela, el 27 de enero de 1540. Fue
canonizada en 1807.

Un hombre le preguntó un día en plena calle: ¿Qué consejo me
recomienda para comportarme debidamente? Y ella le
respondió: "Compórtese cada día como deseara haberse comportado
cuando le llegue la hora de morirse y de darle cuenta a Dios".

Sus últimas palabras fueron: "Dios mío, yo te amo".

Que estas sean también las palabras que nosotros digamos no sólo al
tiempo de morir, sino muchísimas veces durante toda nuestra vida.

#910 De: Maria José Saez <mjosesaez2004@...>
Fecha: Sáb, 26 de Ene, 2008 10:37 pm
Asunto: UNA LECCION PARA TODOS
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SUBLIME IMPROVISACIÓN



El 18 de Noviembre de 1995, el violinista Itzhak Perlman, subió al
escenario para dar un concierto en el salón Avery Fisher del "Lincoln
Center" en la ciudad de Nueva York. Si usted alguna vez ha estado en un
concierto de Perlman, sabrá que subir al escenario no es nada
fácil para él.

Padeció la enfermedad de polio cuando era niño, tiene abrazaderas
en ambas piernas y camina con la ayuda de muletas. Verlo caminar sobre
el escenario de un lado al otro, paso a paso, lenta y penosamente, es
una escena impresionante. Él camina penosamente pero majestuosamente,
hasta que alcanza su silla.
Después se sienta y lentamente pone las muletas sobre el piso, abre
los broches de las abrazaderas en sus piernas, recoge un pie y extiende
el otro hacia adelante. Después se inclina y recoge el violín, lo
pone bajo su barbilla, hace seña al Director y procede a tocar.

Hasta ahora, la audiencia ya estaba acostumbrada a este ritual.
Permanecían silenciosamente sentados mientras él caminaba por el
escenario hasta su silla. Permanecían respetuosamente en silencio
hasta que él estuviera listo para tocar; pero esta vez, algo
ocurrió. Justo cuando él terminaba de tocar sus primeras notas,
una cuerda de su violín se rompió. Se pudo escuchar el ruído en
toda la sala.
Salió disparada como una bala. No había duda de lo que ese sonido
significaba. No había duda de lo que él tendría que hacer.

Los que estaban ahí esa noche tal vez pensaron: "Para esta, él va
a tener que ponerse de pie, abrocharse las abrazaderas, recoger las
muletas, y salirse del escenario para encontrar otro violín u otra
cuerda."

Pero no fue así. En su lugar, el esperó un momento, cerró sus
ojos y después hizo seña al Director para empezar a tocar. La
orquesta empezó y él tocó desde donde había parado. El
tocó con tanta pasión, con tanto poder y con una claridad que
nunca antes nadie había escuchado.

Claro, cualquiera sabe que es imposible tocar una obra sinfónica con
sólo tres cuerdas. Lo sé yo y lo sabe usted, pero esa noche Itzhak
Perlman rehusó a saberlo. Uno podía observar como modulaba,
cambiaba y recomponía esa pieza en su cabeza. Sonaba como si él
estuviera redescubriendo la mejor combinación de sólo tres
cuerdas, dando la impresión de que no faltaba ninguna.

Cuando él terminó, se hizo un silencio impresionante en el
salón. Después, la gente se levantó y lo aclamó. Había
una explosión de aplausos desde cada rincón del auditorio. Todos
estábamos de pie, gritando y aclamando, haciendo todo lo posible para
mostrar cuánto apreciábamos lo que él había conseguido.

Él sonrió, se secó el sudor de sus cejas, alzó su arco para
callarnos, y después dijo, no presumidamente, pero en un tono
tranquilo, pensativo, y reverente:

"¿Saben ustedes que algunas veces la tarea del artista es la de
averiguar cuanta música podemos producir con lo que nos queda.?"

¡Qué frase tan poderosa!. Se ha quedado en mi mente desde que la
oí. ¿Y quien sabe? Tal vez esa sea la definición de la vida, no
sólo para los artistas sino para todos nosotros. He aquí un hombre
que se ha preparado durante toda su vida para producir música con un
violín de cuatro cuerdas. Sin embargo, se encuentra un buen día de
repente en medio de un concierto con sólo tres cuerdas; y entonces
produce música con tres cuerdas, y la música que él produjo esa
noche era más bonita y más memorable que cualquier otra que él
haya producido con cuatro cuerdas.

Entonces, tal vez nuestra tarea en este mundo inestable, cambiante, y
perplejo en el que vivimos es la de producir música, primero con lo
que tenemos, y después, cuando esto ya no sea posible, producir
música con lo que nos queda.


De la  web CAtolica de JAvier.

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<http://webcatolicodejavier.org/home.html>



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#909 De: "pilisonse" <pilisonse@...>
Fecha: Sáb, 26 de Ene, 2008 4:23 pm
Asunto: PREDICADOR DEL PAPA: CRISTO REDIMIÓ TAMBIÉN EL SUFRIMIENTO Y LA MUERTE
pilisonse
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Comentario del padre Cantalamessa a la liturgia del próximo domingo

III Domingo del Tiempo Ordinario

Isaías 8, 23b-9,3; I Corintios 1, 10-13.17; Mateo 4, 12-23

Curaba toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo

El pasaje del Evangelio del tercer domingo del tiempo ordinario
concluye con las palabras: «Recorría Jesús toda Galilea, enseñando en
sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y curando toda
enfermedad y toda dolencia en el pueblo». Cerca de un tercio del
Evangelio se ocupa de las curaciones obradas por Jesús durante el
breve tiempo de su vida pública. Es imposible eliminar estos milagros
o darles una explicación natural sin desmembrar todo el Evangelio y
hacerlo incomprensible.
Los milagros en el Evangelio tienen características inconfundibles.
Jamás están para sorprender o para ensalzar a quien los realiza. Hoy
algunos se dejan encantar al oír a ciertos personajes que dicen
poseer poderes de levitación, de hacer aparecer o desaparecer objetos
y cosas por el estilo. ¿A quién sirve este tipo de milagro,
suponiendo que sea tal? A nadie, o sólo a uno mismo para ganar
adeptos y dinero.
Jesús realiza milagros por compasión, porque ama a los demás: hace
milagros también para ayudarles a creer. Obra curaciones para
anunciar que Dios es el Dios de la vida y que al final, junto a la
muerte, también la enfermedad será vencida y «ya no habrá luto ni
llanto».
Jesús no es el único que sana, sino que ordena a sus apóstoles hacer
lo mismo detrás de Él: «Les envió a anunciar el Reino de Dios y a
curar a los enfermos» (Lc 9,2); «Predicad que el reino de los cielos
está cerca. Curad a los enfermos» (Mt 10,7 s.). Encontramos siempre
las dos cosas a la vez: predicar el Evangelio y curar a los enfermos.
El hombre tiene dos medios para intentar superar sus enfermedades: la
naturaleza y la gracia. Naturaleza indica la inteligencia, la
ciencia, la medicina, la técnica; gracia indica el recurso directo a
Dios, a través de la fe, la oración y los sacramentos. Estos últimos
son los medios que la Iglesia tiene a disposición para «curar a los
enfermos».
Lo malo empieza cuando se busca una tercera vía: la de la magia, la
que hace palanca en pretendidos poderes ocultos de la persona que no
se basan ni en la ciencia ni en la fe. En este caso o estamos ante
pura charlatanería o --peor--- ante la acción del enemigo de Dios. No
es difícil distinguir cuándo se trata de un verdadero carisma de
curación y cuándo de su falsificación en la magia. En el primer caso,
la persona jamás atribuye a poderes propios los resultados obtenidos,
sino a Dios; en el segundo, la gente no hace más que alardear de sus
pretendidos «poderes extraordinarios». Cuando por ello se leen
anuncios del tipo: mago tal de no sé quién «llega donde otros
fracasan», «resuelve problemas de todo tipo», «poderes
extraordinarios reconocidos», «expulsa demonios, aleja el mal de
ojo», no hay que dudar ni un instante: son grandes engaños. Jesús
decía que los demonios se expulsan «con ayuno y oración», ¡no
vaciando el bolsillo de la gente!
Pero debemos hacernos otra pregunta: ¿y quien no se cura? ¿Qué
pensar? ¿Qué no tiene fe, que Dios no le ama? Si la persistencia de
una enfermedad fuera señal de que una persona carece de fe o del amor
de Dios por ella, habría que concluir que los santos eran los más
pobres de fe y los menos amados de Dios, porque los hay que pasaron
toda la vida postrados. No; la respuesta es otra. El poder de Dios no
se manifiesta sólo de una manera -eliminando el mal, curando
físicamente--, sino también dando la capacidad, y a veces hasta el
gozo, de llevar la propia cruz con Cristo y completar lo que falta a
sus padecimientos. Cristo redimió también el sufrimiento y la muerte:
ya no es signo del pecado, participación en la culpa de Adán, sino
instrumento de redención.

#908 De: "jrtornel1" <jrtornel1@...>
Fecha: Sáb, 26 de Ene, 2008 11:41 am
Asunto: Benedicto XVI: La Ley de la Iglesia, "Ley de libertad"
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LA LEY DE LA IGLESIA, «LEY DE LIBERTAD»; EXPLICA BENEDICTO XVI

Intervención al celebrarse los 25 años de promulgación del Código de
Derecho Canónico

CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 24 enero 2008 (ZENIT.org).- Benedicto
XVI explicó este viernes que la ley de la Iglesia es ante todo «ley
de libertad» que tiene por objetivo la «salvación de las almas».
Fue el mensaje que dejó a los participantes en el congreso organizado
por el Consejo Pontificio para los Textos Legislativos con motivo de
los 25 años de la promulgación del Código de Derecho Canónico.
Este Código que rige actualmente la organización y vida de la Iglesia
fue promulgado por Juan Pablo II el 25 de enero de 1983. En 1990 se
promulgó el Código de los Cánones de las Iglesias Orientales.
«La ley de la Iglesia es sobre todo "lex libertatis" --aclaró el Papa-
-: ley que nos hace libres para adherir a Jesús».
Por eso, aclaró, «hay que saber presentar al Pueblo de Dios, a las
nuevas generaciones, y a cuantos están llamados a hacer respetar la
ley canónica, el concreto vínculo que tiene con la vida de la
Iglesia, para proteger los delicados intereses de las cosas de Dios,
proteger los derechos de los más débiles, de los que no tienen otras
fuerzas para hacerse valer».
Asimismo, según el Papa, la aplicación del Derecho en la Iglesia
sirve para «defender aquellos delicados "bienes" que todo fiel ha
recibido gratuitamente --el don de la fe, de la gracia de Dios, en
primer lugar--».
Estas normas del Derecho Canónico, aclaró, no son simples normas
creadas por legisladores eclesiásticos, sino más bien «la declaración
autorizada» «de los deberes y de los derechos, que se fundamentan en
los sacramentos y que han sido por tanto instituidos por el mismo
Cristo».
Esto quiere decir, subrayó, que las leyes en la Iglesia tienen como
objetivo «lograr la "salus animarum"», la salvación de las almas.
Por este motivo, señaló, la ley de la Iglesia «debe formularse de
modo claro, sin ambigüedades, y siempre en armonía con las otras
leyes de la Iglesia».
«Por tanto, es necesario abrogar las normas que están superadas;
modificar las que necesitan ser corregidas; interpretar --a la luz
del Magisterio vivo de la Iglesia-- las que son dudosas, y
finalmente, colmar las eventuales "lacunae legis"» (lagunas de la
ley).
En este contexto, aclaró que el Consejo Pontificio para los Textos
Legislativos tiene el deber de velar para los distintos órganos
competentes que deben dictar normas para los fieles «puedan reflejar
siempre en su conjunto la unidad y la comunión que son propias de la
Iglesia».

#907 De: "jrtornel1" <jrtornel1@...>
Fecha: Sáb, 26 de Ene, 2008 11:39 am
Asunto: Benedicto XVI: La oración impulsa la barca del Ecumenismo
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LA ORACIÓN IMPULSA LA «BARCA DEL ECUMENISMO», RECUERDA BENEDICTO XVI

Al clausurar la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos

CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 24 enero 2008 (ZENIT.org).- La oración
es el elemento que hace que salga del puerto «la barca del
ecumenismo», explicó Benedicto XVI este viernes en la tarde en la
Basílica de San Pablo Extramuros.
En las vísperas, al concluir la Semana de Oración por la Unidad de
los Cristianos, participaron representantes de las diferentes
Iglesias y comunidades eclesiales, así como el doctor Samuel Kobia,
secretario general del Consejo Mundial de Iglesias.
En la celebración, que sirvió para conmemorar los cien años de este
octavario ecuménico, estaba también presente el padre James Puglisi,
sucesor de Paul Wattson, pionero de esta iniciativa, y fundador de la
Sociedad franciscana del «Atonement».
Recordando el lema de la Semana de Oración por la Unidad de los
Cristianos, «No ceséis de orar», el Papa se preguntó: «¿Qué sería del
movimiento ecuménico sin la oración personal o común para que "todos
sean una sola cosa, como tú; Padre, está en mí y yo en ti"», que
elevó Jesús en la última cena?
«¿Dónde encontrar el empuje de fe, de caridad y de esperanza del que
hoy tiene particular necesidad nuestra búsqueda de la unidad?»,
preguntó.
«El camino de la oración ha abierto el camino al movimiento ecuménico
tal y como hoy es conocido», añadió.
De hecho, reconoció, «la unidad con Dios y con nuestros hermanos y
hermanas es un don que procede de lo Alto, que surge de la comunión
de amor entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo y en ella crece y
se perfecciona».
«No está en nuestras posibilidades decidir cuándo y cómo se realizará
plenamente esta unidad -reconoció el Papa--. ¡Sólo Dios puede
hacerlo!».
Por este motivo, dio gracias a Dios «por el gran movimiento de
oración que, desde hace cien años acompaña y apoya a los creyentes en
Cristo en su búsqueda de unidad. La barca del ecumenismo no habría
podido salir nunca del puerto si no estuviera movida por esta amplia
corriente de oración y empujada por el soplo del Espíritu Santo».
Benedicto XVI concluyó su intervención recordando que en la Basílica
de San Pablo Extramuros, el 29 de junio, se inaugurará el Año de San
Pablo.
«Que su incansable fervor en la edificación del Cuerpo de Cristo en
la unidad nos ayude a rezar incesantemente por la plena unidad de
todos los cristianos», deseó.

#906 De: "jrtornel1" <jrtornel1@...>
Fecha: Sáb, 26 de Ene, 2008 11:37 am
Asunto: Benedicto XVI: Impulsa la colaboración con el Consejo Mundial de Iglesias
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EL PAPA IMPULSA LA COLABORACIÓN CON EL CONSEJO MUNDIAL DE IGLESIAS

Y agradece a Dios los frutos del mutuo trabajo

CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 24 enero 2008 (ZENIT.org).- Benedicto
XVI impulsó este viernes una nueva fase en el trabajo del Grupo Mixto
de Trabajo entre el Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad
de los Cristianos y el Consejo Mundial de Iglesias, cuya sede está
en  Ginebra.
Al mismo tiempo, aplaudió los frutos que ha dado este diálogo que
comenzó en tiempos del Concilio Vaticano II.
Desde 1965, el Grupo Mixto de Trabajo mantiene encuentros anuales
para afrontar cuestiones de interés común y promover la colaboración.
«Esta cooperación ha sido una expresión efectiva de la comunión que
ya existe entre los cristianos y ha hecho avanzar la causa del
diálogo y la comprensión ecuménica», afirmó el Santo Padre al recibir
en audiencia a los miembros de este Grupo.
El encuentro, en el que se encontraba el reverendo Samuel Kobia,
secretario general del Consejo Mundial de Iglesias, sirvió para
celebrar los cien años de la Semana de Oración por la Unidad de los
Cristianos.
Este centenario «nos ofrece la oportunidad de dar gracias al
Todopoderoso por los frutos del movimiento ecuménico, en que podemos
ver la presencia del Espíritu Santo que fomenta el crecimiento de
todos los seguidores de Cristo en unidad de fe, esperanza y amor»,
añadió el Papa.
El Santo Padre volvió «la mirada con gratitud al trabajo de tantas
personas que, durante estos años, han intentado difundir la práctica
del ecumenismo espiritual mediante la oración, la conversión del
corazón y el crecimiento en la comunión. Damos gracias también por
los diálogos ecuménicos que dieron tantos frutos en el siglo pasado».
«La recepción de esos frutos es, en sí misma, un paso importante en
el proceso de promoción de la unidad de los cristianos y el Grupo de
Trabajo Mixto está particularmente habilitado para estudiar y alentar
este proceso», concluyó el Papa.
El Grupo Mixto se conforma de 17 miembros católicos y 17
representantes del Consejo Mundial de Iglesias.
El Consejo Mundial de Iglesias agrupa a 347 iglesias, denominaciones
y comunidades de iglesias en más de 110 países y territorios de todo
el mundo que representan más de 560 millones de cristianos, incluidas
la mayoría de las iglesias ortodoxas, gran cantidad de denominaciones
de tradiciones históricas de la Reforma Protestante como anglicanos,
bautistas, luteranos, metodistas y reformados, así como muchas
iglesias unidas e independientes.

#905 De: Eva María <ballesteroseva@...>
Fecha: Sáb, 26 de Ene, 2008 10:11 am
Asunto: 26 de Enero, San Timoteo y San Tito
cantorredondo
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26 de Enero

San Timoteo y San Tito



San Timoteo, obispo y mártir. Año 97.

Timoteo significa: tengo un gran respeto a Dios.

San Timoteo fue un discípulo muy amado de san Pablo. Era de Listra.
Los Hechos de los Apóstoles dicen: Había en Listra un discípulo
llamado Timoteo, hijo de una mujer judía creyente y de padre griego.
Los creyentes de la ciudad y de los alrededores daban de él muy
buenos testimonios. Pablo quiso que se fuera con él.

San Pablo le impuso las manos y le confió el misterio de la
predicación, y en adelante lo consideró siempre como un hijo suyo y
un discípulo muy amado. En la carta a los Corintios, el apóstol lo
llama "Timoteo: mi hijo amado" (1 Cor. 4,7) y de la misma manera lo
llama en las dos cartas que le escribió a él.

Timoteo acompañó a San Pablo en su segundo y tercer viajes
misioneros. El apóstol al escribirle más tarde le recordará lo buena
que fue su familia: "Quiero refrescar el recuerdo de la gran fe que
había en tu familia: en tu abuela Loida y en tu madre Eunice. Que esa
fe se conserve en ti, ya que desde tu más tierna infancia te hicieron
leer y meditar las Sagradas Escrituras" (1 Tim. 1,5;4,14)

La familia de Timoteo progresó mucho en santidad cuando San Pablo y
San Bernabé estuvieron hospedados en su casa en Listra. Y allí
aquella ciudad les sucedió a los dos apóstoles un hecho muy singular.

Las gentes al ver cómo Pablo curó instantáneamente a un tullido,
bendiciéndolo en nombre de Jesucristo, se imaginaron que estos
predicadores eran dos dioses disfrazados de homjbres.

Que Bernabé, por alto y elegante, era Júpiter, y que Pablo, por lo
bien que hablaba, era Mercurio, el mensajero de los dioses y patrono
de los oradores. Y corrieron a llamar a los sacerdotes del Templo de
Júpiter, los cuales llegaron trayendo un toro para ofrecérselo en
sacrificio a los dos dioses. San Pablo se dio cuenta del engaño en
que estaban, y rasgándose la camisa les gritó: "Hombres, nosotros no
somos dioses, somos pobres criaturas como todos ustedes."

Y entonces la situación cambió por completo. Los judíos incitaron al
populacho contra los predicadores y los apedrearon dejándolos medio
muertos. Fueron llevados a casa de Timoteo y allí les hicieron las
curaciones más necesarias y en la madrugada salieron de la ciudad.
Seguramente que a Timoteo le debió impresionar muy profundamente el
modo tan extraordinariamente heroico y alegre que tenía San Pablo
para ofrecer sus padecimientos por amor a Dios y por la salvación de
las almas, y esto lo movió más y más a dedicarse a seguirlo en sus
trabajos de apostolado.

Después de viajar con él en sus correrías de predicación por varios
países, Timoteo acompañó a San Pablo en la prisión que tuvo que
sufrir en Roma, pues en las cartas que desde Roma escribió el gran
apóstol anuncia que lo está acompañando Timoteo, su fiel discípulo.

Muy famosas son las dos cartas de San Pablo a Timoteo. En ellas le
recomienda: "Que nadie te desprecie por tu juventud. Muéstrate en
todo un modelo para los creyentes, por la palabra, la conducta, la
caridad, la pureza y la fe"(1 Tim. 4,12) y hasta desciende a detalles
prácticos: "Timoteo: no tomes sólo agua. Mézclale de vez en cuando un
poco de vino, por tus continuos males de estómago" (1 Tim. 5,23).

El historiador Eusebio dice que San Pablo nombró a Timoteo como
obispo de Efeso, y San Juan Crisóstomo afirma que fue nombrado
presidente de los obispos de esa región. Se cuenta también que en
tiempos del emperador Domiciano, hacia el año 97, Timotio fue
martirizado, apaleado y apedreado por haber tratado de impedir una
fiesta muy corrompida en aquella ciudad.

San Juan Crisóstomo y San Jerónimo narran que junto a los restos o
reliquias de San Timoteo, los cristianos obtenían muy grandes favores
de Dios (y ojalá los obtengamos también hoy nosotros al recordarlo
con cariño).

Lo que más simpatía le atrae a San Timoteo es haber sido discípulo
siempre fiel y muy preferido del gran San Pablo. (Que bueno que él
nos prendiera un poquito de su aprecio por las palabras de tan gran
apóstol).

San Tito, obispo (Siglo I).
Tito fue discípulo y secretario de San Pablo. Acompañó al apóstol en
muchos de sus viajes. En las dos cartas a los Corintios San Pablo
declara que él confía plenamente en su discípulo Tito, y a él lo
envía a tratar de que los cristianos cumplan lo que les ha dicho en
sus cartas. Y después dice que ha quedado muy satisfecho por las
noticias que Tito le ha traído.

San Pablo lo nombró obispo de la isla de Creta y le escribió una
bella carta, señalándole las cualidades que deben tener los
sacerdotes.
Parece que murió muy anciano y venerado. Tito significa: defensor.
Que él sea nuestro defensor contra los errores que atacan a nuestra
religión.

#904 De: "Clara" <claraalbert2000@...>
Fecha: Vie, 25 de Ene, 2008 11:43 pm
Asunto: Redescubrir la Alabanza
claraalbert2000
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Grupos y asambleas de oración: redescubrir la alabanza

Autor: Fray Alejandro R. Ferreirós OFMConv

Web: Poesía religiosa y mística cristiana





Uno de los fenómenos característicos de nuestro tiempo y en dinámico
crecimiento es la aparición de variados grupos y asambleas de
oración, ligados especialmente a la gran corriente de la Renovación
en el Espíritu en todas sus variadas formas y vertientes. Encontramos
desde expresiones pequeñas de unas seis diez personas reunidas en una
casa hasta grandes asambleas que congregan semanalmente cientos de
fieles con una sola finalidad: orar, adorar, alabar a Dios.

Según estadísticas oficiales de mínima, correspondientes al año 2000,
existirían vinculados solamente a la Renovación en el Espíritu
católica, unos 150.000 grupos de oración en el mundo, de los cuales
dos terceras partes se encuentran en América Latina.

Escribía recientemente el Papa Juan Pablo segundo a las comunidades
carismáticas de Alianza: "... doy gracias a Dios por la manera en la
que vuestras comunidades ayudan a las personas a experimentar
profundamente el misterio de la oración, de forma que lleguen a
ver `la gloria de Dios en el rostro de Cristo (2Cor 4,6). ...Que sean
vuestras comunidades, por lo tanto, más y más `auténticas escuelas de
oración' donde el encuentro con Cristo es expresado no solo en
implorar ayuda sino también en acción de gracias, alabanza,
adoración, contemplación, escucha y devoción ardiente, hasta que el
corazón verdaderamente `se enamora' (NMI,33). Porque esto es lo que
los santos son: personas que se han enamorado de Cristo. Y esta es la
razón por la que la Renovación Carismática ha sido tal regalo para la
Iglesia, ha conducido un gran número de hombre y mujeres, jóvenes y
adultos a esta experiencia de amor que es más fuerte que la muerte".



La oración comunitaria, espontánea y carismática



Antes de entrar propiamente en el tema sería bueno comenzar con una
pregunta: ¿Cuál es el motivo de la importancia de la participación
semanal en un grupo o una asamblea de oración? ¿Por qué dedicamos una
parte relevante de nuestro tiempo a la oración comunitaria? En
definitiva, ¿cuál es la fuerza que nos atrae, que nos lleva a
participar en la reunión de oración? Estas preguntas son importantes
para evitar que nuestra participación en la oración comunitaria se
vuelva simplemente una costumbre. Es necesario que cada uno descubra
en sí mismo las razones de esta llamada, de esta vocación que en
definitiva es la razón principal de la adhesión a la Renovación en el
Espíritu.

Para responder a esta pregunta es necesario referirnos a la
experiencia de la Efusión en el Espíritu. Una experiencia que, como
sabemos, nos ha hecho encontrar a Cristo de un modo personal, no como
una noción o una teoría, sino como una realidad viviente, presente,
personal. ¿Qué es lo que sucedió? Lo que sucedió es que desde ese
instante nuestro corazón está inquieto y vive en la búsqueda
incesante de una experiencia siempre más intensa de la presencia de
Cristo. ¡Tenemos hambre y sed de Él! En cierto modo deseamos que esta
efusión pueda renovarse y continuar en el tiempo.

La experiencia nos dice que este deseo encontró una respuesta
magnífica: el Espíritu nos hace encontrar a Cristo de un modo
especial en aquel lugar en el cual mis hermanos se reúnen para
invocarlo, alabarlo y escucharlo. En aquel lugar sagrado en el cual
mis hermanos se reúnen para contemplar su presencia, para adorarlo en
Espíritu y Verdad (Jn 4,23).

  Es en este lugar espiritual, en este encuentro comunitario de
oración que la presencia de Cristo se manifiesta particularmente
porque Él nos ha asegurado que "donde dos o tres se reúnen en mi
nombre, Yo estoy en medio de ellos" (Mt 18,20).

Una presencia que se hace real, en la acogida de los hermanos, en su
alegría, que nos habla de cosas que el mundo no conoce, un modo
diverso, simple y profundo de ser hermanos.

Una presencia que habla con cantos que vienen del corazón y que
comunica sentimientos que parecían olvidados.

Una presencia que impacta y conmueve porque el Espíritu mismo habla
con palabras proféticas que alcanzan nuestra misma profundidad.
Incluso en el canto en lenguas cuando el Señor se vuelve
verdaderamente el Rey que se levanta por encima de todos nuestros
pensamientos, ¡el único motivo de alabanza!

Se manifiesta, entonces, cuan verdadera es la promesa de
Cristo: "Donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, Yo estoy en
medio de ellos" Este encuentro con Cristo es real.

Si esto es así, ¿no podemos decir también nosotros con san Juan "lo
que nosotros hemos visto y oído se lo anunciamos"?

Hemos recibido una llamada del Señor, una invitación que el Señor nos
ha hecho de diversas maneras para que pudiésemos encontrarlo
manteniendo viva y fuerte la experiencia de nuestra efusión, de
nuestra primera llamada, de nuestro primer encuentro experiencial con
Dios.

Vivimos entonces, de un recuerdo, de una nostalgia, pero de una
realidad siempre renovada y viva.

Esta es la respuesta de Dios a aquel deseo que el Espíritu mismo ha
colocado en nuestro corazón.

Este es el motivo que nos atrae al grupo de oración. Si no fuese así,
si no fuese la fuerza del Espíritu la que nos llama y nos impulsa,
podemos estar seguros que nuestra participación en el grupo será muy
limitada en el tiempo.

Tenemos que reflexionar en este aspecto porque en ciertos momentos,
cuando las dificultades personales son fuertes o cuando nuestra
ingratitud nos hace pensar que "todo esto ya lo conocemos" podemos
caer en el error de creer que nuestra presencia en el grupo es una
iniciativa puramente nuestra: exclusivamente dependiente de nuestra
buena voluntad y de nuestra disponibilidad a realizar un ministerio
determinado.

Sin embargo se trata de una convocatoria, de una llamada que se
realiza en el Amor de Dios. El Espíritu pasa, y te dice "¡ánimo,
ven!" ¡Verás que sentirás mi amor una vez más! ¡Mis maravillas no han
terminado! ¡Todavía puedo sorprenderte!

Esta es la convocatoria que todas las semanas se repite y en la que
el Señor mismo invita a la reunión del grupo de oración.



¿Qué sucede en la asamblea de oración?



Si verdaderamente creemos que es el Espíritu Santo el que nos convoca
surge en nosotros otra pregunta simple pero no banal: ¿ por qué nos
convoca? ¿Por qué es tan importante para el Señor mantenernos en la
experiencia viva de su presencia? ¿Que quiere el Espíritu Santo de
mi?

La respuesta nos lleva de lo que sucede en la misma asamblea de
oración. Todo lo que ya mencionamos: el recibimiento de los hermanos,
los cantos, las oraciones, las profecías y los testimonios serían
insignificantes si no aferrásemos el significado más profundo de todo
esto: Dios sale a nuestro encuentro y manifiesta nuevamente su gloria
en medio de nosotros para guiar nuestro camino. Para conducir a cada
hermano y a toda la comunidad hacia una realidad nueva y estupenda.

Actúa la misma potencia de la gloria de Dios que se manifiesta en el
Pueblo de Israel, en el monte Horeb, en el templo, en la "tienda de
David" (Ex 24, 16-17; Nm 9,15ss; Nm 16,19; 2Cr 7,1-2). La misma
potencia de Dios se manifiesta para nosotros aquí y ahora. La misma
nube divina, no ya en el misterio, nos guía como su pueblo hacia una
tierra santa hecha de su presencia en medio nuestro.

La asamblea de oración se vuelve, entonces, esa tierra santa hacia la
cual nos ponemos en camino partiendo de nuestras casas, de nuestros
lugares de trabajo, para ir más allá. Allí adonde el Espíritu nos
conduce.

¿Más allá de qué? Más allá de nuestras situaciones del momento, de
nuestros miedos, deseos, comodidades, para encontrar el lugar de la
manifestación de Su presencia, de su gloria en medio de nosotros, en
los hermanos de la comunidad, hasta que nuestros ojos sean capaces de
descubrir esta presencia maravillosa en todas las situaciones que
vivimos a diario.

Es necesario tomar conciencia de que se renueva en nosotros la
llamada de Abraham (Gn 12,1): "El Señor dijo a Abraham: Sal de tu
tierra, de tu patria, de la casa de tu padre y ve al país que yo te
mostraré".

El mismo Dios dice a cada uno: "sal de tu casa, de tus comodidades
aparentes..."

Esta llamada de Dios no es una simple invitación que se pueda
discutir es casi como una orden : "¡Sal de tu tierra!" que solamente
se puede rechazar.

Se renueva en nosotros la misma llamada que Dios hizo a Moisés. Él
también tuvo que ir más allá, al desierto. Llegó hasta las laderas
del monte Horeb. Alcanzó, como se hace en cada reunión de oración el
lugar en el que Dios hará sentir su voz. En el que Dios lo llama por
su propio nombre: "¡Moisés, Moisés!" ... "aquí estoy" ... "Quítate
las sandalias de los pies, porque estás pisando suelo santo".



Ahora podemos responder mejor a la pregunta inicial: ¿Por qué ir a un
grupo de oración? Voy a un grupo de oración porque Dios me llama para
ir más allá. Y yo le respondo : "Señor, aquí estoy".

Este es el motivo esencial de nuestra llamada a la oración
comunitaria. Motivo del que brotan todos los frutos de la oración
para mí y para los demás.

¿Cuál es el primer fruto? Es participar en una asamblea de oración
con esta conciencia, con este sentido vivo de la presencia de Dios en
medio de nosotros, hará brotar necesariamente una oración fuerte,
vibrante y movida por el Espíritu.

Una oración que nos llenará de alegría sobrenatural porque entonces,
todos sentirán la presencia de Dios.



¿Qué significa sacarnos las sandalias?



Tiene en primer lugar el significado de alejar de nosotros todo lo
que es polvo, recuerdo del pasado, del camino ya realizado. Es la
aceptación de comenzar, cada vez, un camino completamente nuevo. Un
camino conducido por el Espíritu en el que ya es demasiado incluso
aquello que consideramos indispensable para seguir adelante.

Quitarnos las sandalias es signo de nuestra necesaria pobreza y
desnudez para colocarnos a la escucha de Dios con una actitud de
confianza ilimitada y libre. Una pobreza y una desnudez que nos hace
a todos iguales, hijos, salvados. La condición necesaria para poder
verdaderamente acogernos mutuamente.

Quitarnos las sandalias significa sacarnos de encima todo lo que
puede contaminar esta tierra santa, o sea, nuestros pecados, nuestras
divisiones, nuestros juicios, nuestros egoísmos.

Sin esta actitud personal Dios permanecerá aparentemente mudo.
Sentiremos con los oídos sonidos de palabras, profecías, cantos...
pero Dios no nos habrá hablado.



Oración comunitaria, espontánea y carismática



Esta  oración es una oración comunitaria, espontánea y carismática.
Tres palabras a las que uno podría habituarse hasta perder su mismo
sentido. Y sin embargo, con el eje de la asamblea de oración.









Oración "comunitaria"



La oración es comunitaria no porque se realiza estando junto a muchas
personas físicamente presentes. Esto es importantísimo pero no es
suficiente. La oración es comunitaria sólo si en la asamblea está
presente el don de la comunión y si estamos dispuestos a recibirlo.

¿Cómo podemos saberlo? La respuesta es : ¿nos hemos sacado las
sandalias para no profanar esta tierra santa con nuestros juicios,
nuestras divisiones sutiles y nuestras incomprensiones? Si falta este
don de la comunión que debemos descubrir dentro nuestro, sería una
ilusión y tiempo perdido creer que oramos verdaderamente incluso
cuando lográsemos pronunciar muchas palabras hermosas y espirituales.

Si hemos acogido el don de la comunión del Espíritu entraremos en la
oración comunitaria y podremos ser capaces de custodiarla: mantenerla
bajo su Señorío y su guía.

Esta tarea no corresponde solamente al servicio de animación sino a
todos los participantes. Cada uno de los miembros de la asamblea
tiene una responsabilidad altísima en esta tarea de respeto sagrado
por la oración. ¿De qué hay que custodiar la oración? De todo los que
puede desviarnos de la escucha verdadera del Espíritu que el único
animador de la oración.

Los peligros son muchos: desde nuestra distracción a la
superficialidad de la relación con Dios.

Hay que señalar dos peligros especialmente dañinos que suelen
aparecer solapados y enmascarados: el "protagonismo espiritual" y
el "egoísmo espiritual".



El protagonismo espiritual



Es el deseo, más o menos consciente pero frecuente, de colocarnos en
el primer lugar de la escena.

Un deseo que se descubre en la falta de simplicidad, en las
intervenciones numerosas y largas, en las lecturas incluso fuera de
lugar, en las pseudo-profecías, en las enseñanzas, en la preocupación
de llenar los espacios vacíos y pensando que "si no intervengo la
oración no puede ir adelante". En la certeza indiscutible de que
estamos movidos por Dios... y por lo tanto la oración debería hacerse
como yo la siento o pienso.

¡Cuanto orgullo y protagonismo personal! Es tan sutil que raramente
se puede escapar de él en todas las ocasiones.



El egoísmo espiritual



Este es el más común. El de ir al encuentro de oración solamente para
recibir. De este modo se participa de la oración con un cierto
instinto consumista. Ciertamente las justificaciones son tantas: "me
siento árido", "tengo tanta necesidad de ser animado y
entusiasmado", "espero encontrar un poco de paz".

Todas motivaciones comprensibles pero, es necesario reconocerlo,
todas motivaciones egoístas.

Este instinto consumista es tan fuerte que en Estados Unidos nacieron
verdaderas agencias de "marketing espiritual" para aumentar la
frecuencia de las personas en la Iglesia.

Por lo tanto, se participa en la oración solamente para recibir. En
definitiva, el encuentro de oración se vuelve simplemente una pausa
refrescante en medio de tantas dificultades. Por lo tanto se termina
participando en la oración en silencio, concentrados en sí mismos,
sobre los propios problemas. Y frecuentemente se sale de la oración
en las mismas condiciones en las que se entró. En el mejor de los
casos al final de la oración se puede llegar a decir : "¡Que hermoso,
hoy realmente estuve bien!".

Este comportamiento personal, si se arraiga, corre el riesgo de
llevar a otro: el peligro de que el servicio de la animación,
preocupado por esta ausencia de participación, por esta "falta de
respuesta de la asamblea", pase de la tarea que le es propia: "guiar
la oración" ( manteniéndola dócil a la acción del Espíritu)
y "sostener la oración" (con la alabanza, el canto en lenguas,
etc...) al rol de asumir como propia toda la tarea de animar la
oración.

Es importante repetir con fuerza que también en estos momentos la
oración de la asamblea necesita el silencio de Dios.

Un silencio de Dios que elimina el silencio humano. Porque el
silencio de Dios, a diferencia del silencio humano, es una voz que te
interroga, que te habla en una plenitud de amor y de infinito respeto
de tu libertad.

Este silencio de Dios es necesario para que su Espíritu se una a
nuestro espíritu para que puedan salir del corazón palabras simples
de bendición y de agradecimiento: ¡Gracias Señor!, ¡Alabado seas Mi
Señor!

No hay que tener miedo de los silencios incluso prolongados. En aquel
silencio Dios habla a cada persona, encuentra singularmente a cada
uno. Son, sobre todo, los ancianos deben recordar y hacer conocer a
los nuevos hermanos lo que significa el silencio de Dios.



Oración "espontánea"



¿Por qué la oración debe ser espontánea, es decir, no preparada o
condicionada por situaciones precedentes? Porque ¡no debemos
preestablecer la acción del Espíritu! Porque la espontaneidad nos
ayuda a ser libres para recibir lo que Él nos dice. Para que cada uno
sea un siervo sometido al Espíritu, capaz de dar su contribución
propia a todo el pueblo de Dios del que formamos parte.

Pero, atención, la espontaneidad tiene que estar inspirada. No
consiste en sentirnos libres para expresarnos con hermosas
reflexiones espirituales, aunque sean pseudo-litúrgicas, sino que
tiene que habituarnos a recibir la acción del Espíritu que actúa en
aquel momento.

La oración comunitaria es una epifanía, la manifestación de la
presencia de Dios en medio de nosotros. ¡No es nuestra manifestación
personal!

¿Cuales son las causas de esta espontaneidad no carismática que
podríamos llamar mejor "espontaneísmo"? Comunitariamente residen
frecuentemente en una cierta pobreza de vida carismática y en la
falta de formación, porque ésta es extremadamente importante.
Personalmente cuando prevalece este protagonismo espiritual del que
hemos hablado ya, en dejarnos tomar del sentimentalismo espiritual
(que es algo muy distinto de la participación de nuestros
sentimientos).



Oración carismática



Finalmente, la oración es carismática. Decir "carismática" quiere
decir ciertamente movida por el Espíritu Santo. Pero la presencia del
Espíritu  en una oración de la renovación tiene que manifestarse
necesariamente con la presencia de dones y carismas. Dones y carismas
necesarios para que Jesús pueda convertir, liberar, curar, consolar.

Entonces los carismas y el más importante es la profecía, tienen que
ser pedidos incesantemente a Dios por la comunidad, recibidos y
usados.

Recordemos algunas afirmaciones conocidas pero que nunca serán
repetidas suficientemente.



Los carismas tienen que ser recibidos por todos: no existen personas
que están "encargadas" de recibir y usar los carismas. Si hay un
encargo, viene del Espíritu en ese momento, en esa situación
particular. No podemos preestablecerlo nosotros con criterios
meramente humanos. La participación carismática involucra a toda la
asamblea, según los dones recibidos.



Los carismas deben ser recibidos con fe y con humildad: podría
parecer que fe y humildad son realidades contrastantes.

La fe nos da el coraje de intervenir, de usar el carisma, confiando
en que Dios actúa y puede actuar incluso por medio de mi.

La humildad nos ayuda a someternos al discernimiento de la comunidad
sin dar por descontado que la inspiración o la profecía vengan
seguramente de Dios. La disponibilidad para someterse al
discernimiento de la comunidad es un elemento de discernimiento
fundamental para reconocer al verdadero profeta.



Los carismas son usados en la caridad: el Espíritu es amor y los
carismas no pueden estar en contraste con el mismo Espíritu. El
carisma debe estar inmerso siempre en la caridad, en la compasión, en
la paz. Este es uno de los discernimientos fundamentales para juzgar
si nos encontramos en presencia de una verdadera profecía aunque
tuviese el contenido de una amonestación o un reproche.



La palabra profética



Durante la oración comunitaria hemos visto que Dios nos habla y
cuánto sea importante esto para el grupo de oración.

Si Dios no hablase más a mi grupo podría sacar la conclusión de que
se fue a otra parte. Para mí sería inútil ir a otra parte. Pero si Él
habla y está presente significa que es el lugar que Él eligió para
que yo lo escuche de un modo particular.

La palabra profética, como sabemos, puede venir a nosotros con la
lectura inspirada de la Escritura o con otra acción del Espíritu que
se manifestará de todos modos en una profecía verbal.

De todos modos es Dios el que habla, es Dios que quiere que lo
escuchemos y que nos dice "Shemá Israel". Escucha Israel. Esto
significa sumisión, es decir, ¡Obedece Israel!

Por lo tanto, para nosotros, escuchar a Dios que habla no puede
significar simplemente sentir. Escuchar significa es hacer que la
palabra de Dios se vuelva el centro de nuestra atención y de nuestro
actuar. Sólo de este modo la Palabra será el comienzo de un nuevo
camino por el cual Dios quiere llevarnos. Porque la Palabra de Dios
siempre crea es fuente de novedad.

En esta Palabra, Dios se manifiesta al mismo tiempo grande y cercano,
me habla, se inclina con amor sobre mí, y yo quisiera acogerlo con
respeto, silencio, adoración, gratitud.

Pero no siempre es así. La multiplicación de las intervenciones, las
lecturas largas, parecen expresar otra cosa: una superficialidad en
la escucha, una falta de respeto por la Palabra. Una serie de
resonancias y redundancias personales que tienen poco que ver con la
profecía auténtica.

Debemos tener por la Palabra el mismo amor, gratitud y ardor que
expresaba el profeta Jeremías cuando decía "cuando tus palabras
vinieron a mí, las devoré con avidez; tu Palabra fue la alegría y el
gozo de mi corazón, porque yo llevaba tu Nombre, Señor, Dios de los
ejércitos" (Jer 15,16).



La evangelización



La oración es el primer instrumento de la evangelización. La
evangelización en la Iglesia se diversifica en tantas acciones e
iniciativas. La participación en un grupo de oración de alabanza y
adoración parte de la convicción de que la "Renovación en el Espíritu
existe para evangelizar y nuestros encuentros de oración comunitaria
son verdaderos encuentros de evangelización. Son verdaderas liturgias
misioneras.

La evangelización, para ser eficaz necesita humildad y conciencia de
nuestra pobreza, porque es Dios el que ha querido elegir y el que
elige todavía hoy lo que a los ojos del mundo no vale y es débil para
confundir a los soberbios y a los poderosos.

La oración comunitaria, participada con docilidad al Espíritu, con la
manifestación de los carismas, con la acogida de la Palabra, toca
inevitablemente la vida de los presentes y es un medio de
evangelización potente. Podemos responder entonces con toda
simplicidad al mandato de evangelización de Jesús (Mt 28,19) y no nos
preocupamos demasiado de medir el largo de las llamas de santidad que
se encuentran sobre nuestras cabezas.

No nos debemos preocupar demasiado del suceso de nuestra oración,
porque, como dice el Cardenal Ratzinger: "suceso" no es un nombre de
Dios.

Nos colocamos a disposición de Dios para que, lo que sucedió en la
historia de muchos participantes suceda continuamente con otros ya
que Dios se seguirá sirviendo de estos grupos de oración como un
instrumento privilegiado para poder encontrarlo.

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