Bolivia
Ignacio Ramonet
Era una democracia perfecta. ¿No respetaba acaso los dos derechos humanos
fundamentales: la libertad de prensa y las libertades políticas? Al parecer, que
el derecho al trabajo, a la vivienda, a la salud, a la educación, a la
alimentación y tantos otros derechos igualmente fundamentales hayan sido
sistemáticamete pisoteados no disminuía la "perfección democrática" de este
Estado.
En Bolivia, un país con apenas 8,5 millones de habitantes, y uno de los
subsuelos más generosos del planeta, un pequeño grupo de poderosos acapara desde
hace 200 años las riquezas y el poder político mientras el 60% de la población
vive por debajo del umbral de la pobreza. Los amerindios (población mayoritaria)
siguen siendo discriminados, la mortalidad infantil alcanza tasas indecentes, el
desempleo es endémico, el analfabetismo prevalece y el 51% de los habitantes
carece de electricidad. Pero eso no modifica lo esencial: se trata de una
democracia.
Los pasados 11 y 12 de octubre, por orden del presidente Gonzalo Sánchez de
Lozada, el ejército apuntó las ametralladoras contra los manifestantes
provocando alrededor de 60 muertos y cientos de heridos (1). Sin embargo,
Condolezza Rice, asesora del presidente de Estados Unidos, refiriéndose a esa
revuelta al dirigirse a los miembros de la Sociedad Interamericana de Prensa
(SIP) reunidos en Chicago, declara que Washington advierte a los manifestantes
(¡) contra "todo intento de derribar por la fuerza a un gobierno
democráticamente elegido" (2).
Recordemos que el 11 de abril de 2002 cuando Hugo Chávez, presidente de
Venezuela elegido democráticamente, fue derrocado momentáneamente por militares
que apoyaban a la patronal y a los grandes medios, Washington se apresuró a
reconocer a los golpistas con el pretexto mentiroso de que Chávez "había
ordenado disparar contra su pueblo."
" El carnicero", como apodan ahora los bolivianos a Sánchez de Lozada, buscó
naturalmente refugio en Miami el 17 de ocubre, sin que Estados Unidos se
proponga llevarlo ante la justicia por crímenes contra la humanidad.
¿ Por qué lo haría? Ministro de Planificación de 1986 a 1989, Sánchez de Lozada,
aconsejado por el economista Jeffrey Sachs, había sometido a su país a una
"terapia de shock", de acuerdo con los deseos de Washington; una política que
tuvo como consecuencia el despido de decenas de miles de asalariados del Estado.
Con motivo de su primer mandato (1993-1997), este presidente ultraliberal,
convertido en uno de los hombres más ricos de su país, aceptó, siempre bajo la
presión de Estados Unidos, aplicar un programa de erradicación de la coca
responsable de la ruina de cientos de miles de agricultores. Este programa no
fue acompañado de soluciones de superviviencia alternativas, por lo que estos
agricultores, desde entonces se encuentran en estado de revuelta permanente.
Además inició la privatización de todo el patrimonio del Estado: ferrocarriles,
minas, petróleo, electricidad, teléfonos, compañías aéreas, agua, a favor de
empresas mayormente estadounidenses.
La privatización de la distribución del agua en la ciudad de Cochabamba a favor
de la estadounidense Bechtel (una de las grandes beneficiarias del programa de
privatización integral de Irak que llevan a cabo actualmente las autoridades de
ocupación), dió lugar en abril de 2000 a una insurrección que se saldó con la
partida de Bechtel, la marcha atrás del gobierno y la renacionalización del
agua.
Estos dos conflictos, el de los cocaleros y el de Cochabamba, dieron lugar a la
emergencia de un dirigente popular fuera de norma: Evo Morales. Indio aymara de
42 años, autodidacta, dirigente sindical, dirige desde hace alrededor de veinte
años al sector más reivindicativo, el de los campesinos arruinados por la
erradicación de la coca.
A escala latinoamericana y entre los altermundialistas, Evo Morales, figura
prominente de un movimiento indigenista que se manifiesta con fuerza en Ecuador,
Perú, Chile y Paraguay, se ha convertido en un personaje muy popular. Él y su
organización, el Movimiento al Socialismo (MAS), junto con otro dirigente
indígena, Felipe Quispe, del Movimiento Indígena Pachakuti (MIP) lideraron la
ofensiva contra la política neoliberal de Sánchez de Lozada y su aliado
socialdemócrata Jaime Paz Zamora. Una política que a través de un grupo de
multinacionales se proponía privar al país de sus reservas de gas vendiéndolas a
bajo precio a Estados Unidos, y que en última instancia fue lo que provocó la
explosión.
El hartazgo de los indígenas bolivianos se funda en siglos de experiencia
histórica. La exportación de las riquezas naturales (plata, estaño, petróleo)
nunca ha mejorado la situación de los pobres ni ha permitido la modernización
del país. Lo mismo que en Ecuador, en enero de 2000, contra el presidente Jamil
Mahuad, en Perú, en noviembre de 2000, contra el presidente Alberto Fujimori, en
Argentina, en diciembre de 2001, contra Fernando de La Rúa, la población
boliviana, al destituir a Sánchez de Lozada, rechaza un modelo económico que en
toda América Latina ha agravado la corrupción, ha arruinado a las poblaciones e
incrementado la exclusión social.
NOTAS:
(1) International Herald Tribune, París, 15-10-2003. En total, la cantidad de
víctimas de la represión se elevaría a 78 muertos y varios cientos de heridos.
Corresponde añadir los 34 muertos y 205 heridos de febrero, con ocasión de un
levantamiento de los trabajadores y de la policía contra la aplicación de un
impuesto sobre los bajos salarios. Ni un solo diario francés se dignó poner en
primera página estas informaciones.
(2) Despachos de AP y EFE, 13-10-2003.
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