Mientras esperaba en la recepción del consultorio de un dentista recién
llegado, noté en una de las paredes su título profesional, donde aparecían
sus nombres y apellidos completos.
Repentinamente, recordé a un chico alto y guapo, con el mismo nombre, con
quien había estudiado en la secundaria, hacía unos 40 años. Cuando entré a
su consultorio, rápidamente descarté esos pensamientos. Este hombre algo
calvo, con los cabellos muy grises, y el rostro surcado de arrugas, era
muy viejo para haber sido mi compañero de clases.
Después de que me examinó los dientes, le pregunté si él había estudiado
la secundaria en el colegio local.
"Claro que sí", contestó.
"¿Y en qué año terminaste?", le pregunté.
Él respondió, "En 1962."
"¡Vaya, entonces estuviste en mi clase!", exclamé entusiasmada.
Él me quedó mirando y después me preguntó, "¿Y qué curso enseñabas?"